Tema 4. Naciones y Nacionalismo en la segunda mitad del siglo XIX. Las unificaciones alemana e italiana

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Naciones y nacionalismo. Tema 4. 4º E.S.O. IES Torre del Tajo (Barbate) Rafael Pecero Sayago

Tema 4. Naciones y Nacionalismo en la segunda mitad del siglo XIX. Las unificaciones alemana e italiana. I.E.S. Torre del Tajo. 4º E.S.O. Grupo B Rafael Pecero Sayago.

Naciones y nacionalismo. Tema 4. 4º E.S.O. IES Torre del Tajo (Barbate) Rafael Pecero Sayago

Introducción El nacionalismo, junto al liberalismo y al socialismo, fueron las tres corrientes de pensamiento que determinaron la ideología del siglo XIX en Europa y América. El pensamiento nacionalista estaba basado fundamentalmente en la creencia que el Estado y la Nación estaban por encima de cualquier individuo y sus derechos, por lo que era una doctrina claramente contraria al pensamiento liberal. Además, el nacionalismo fue una herramienta de la que muchos pueblos se valieron para reivindicarse como un pueblo unitario, y de ese modo llevar a cabo procesos de independencia (como en la América española o Bélgica); de unificación (como la llevada a cabo en Alemania e Italia) o de expansión (proceso imperial).

1.- Nacionalismo: concepto y planteamientos teóricos. El nacionalismo es una doctrina política, económica y social que tiene como principio la defensa a ultranza de un concepto: la nación. Según todos los autores que defendían esta corriente de pensamiento (el nacionalismo), la nación es la unión de una sociedad o colectividad humana bajo tres principios básicos: 1. La lengua: Es un elemento que supone la cohesión (sinónimo de unión, solidaridad) entre personas que hablan un mismo idioma, y utilizan un mismo código de términos. La lengua, además, establece las fronteras territoriales entre los pueblos. Por lo tanto, según el nacionalismo el lenguaje es el primer paso para llevar a un pueblo a la identidad como nación. 2. La tradición: Este elemento está integrado por el conjunto de creencias, costumbres, religiones y principios comunes a todos los habitantes de un territorio determinado1. El hecho de compartir los cuatro rasgos comunes, hace del una sociedad o un pueblo una nación integrada en el proceso temporal, y por lo tanto estar integrado en la Historia. La Historia de un país es elemental para los nacionalistas, puesto que los pueblos oprimidos o dispersos la utilizarán como la justificación de una guerra de independencia o un proceso de unificación. Además, para reforzar esa Historia, se hallaban símbolos como las banderas o los himnos. 3. El territorio: Es el tercer y último elemento que forma una nación. Consiste en el territorio donde viven las personas que comparten una misma lengua, una misma tradición y tienen una Historia en común. Sus límites están formados por la frontera, que es el espacio que separa una nación y otra, y que puede estar compuesta a partir de un accidente geográfico (mares, ríos, sistemas montañosos) o decisiones políticas.

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En ese circunscripción territorial, todos sus habitantes comparten la misma lengua, como se ha señalado en el punto anterior.

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Una vez que las naciones se forman y se consolidan a partir de esos tres principios anunciados previamente, esas naciones tienen dos características según los principales teóricos del nacionalismo: a) La nación y su supervivencia está por encima del ciudadano y sus derechos. Según esta teoría, el ciudadano debe supeditarse a su pueblo, puesto que es en ella donde se desarrolla y crece como individuo. Debe, si fuera necesario, renunciar a sus derechos civiles para defender a la nación, que es por otro lado la principal obligación del ciudadano. Todo ello se debe a que el ser humano y las naciones comparten la misma naturaleza2. b) Toda las naciones poseen un alma común. Ese alma fue lo que los alemanes llamaron Volksgeist. Consistía una entidad superior que se fragua en la Historia, y bajo la cual quedan auspiciados (sinónimo de protegidos) todos y cada uno de los ciudadanos de un territorio. Por último, la nación tenía un último elemento que la definía. Era la gestión política. Esa gestión debía siempre beneficiar la unidad de la sociedad, así como defender los intereses económicos de la población de ese territorio, ya que era el único modo de perpetuar el futuro nacional. De este modo, la clase política debía estar preparada al respecto. Por ese motivo, será usual que el político adquiera la imagen de héroe nacional. Ejemplo de esta clase de dirigentes serán Otto Von Bismarck en Alemania, Jules Ferry en Francia, o Victor Manuel II, Cavour y Garibaldi en Italia.

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Afirmación del Nacionalista alemán Von Herder, gran impulsor al mismo tiempo del Romanticismo teutón.

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2.- Los Nacionalismos y sus características por países. En todo caso, pese a que somos capaces de definir el término nacionalismo con unos rasgos comunes, vamos a ser testigos de como en cada lugar y en cada territorio toma un cariz diferente, y las características son muy diferentes debido a las condiciones históricas de cada zona. En este sentido, vamos a estudiar los principales autores del siglo XIX, lo que servirá de base para el análisis de los posteriores epígrafes. Alemania. Alemania destaca porque a mediados del siglo XIX no es un país, sino una aspiración dividida en 39 estados. Existía una confederación de estados alemanes que estaba sometida a los reinos de Dinarmarca y Prusia en el Norte, a Francia en el Oeste y a Austria en el sur. Rápidamente, se extendió por todos estos territorios la idea de construir un Estado fuerte llamado la Gran Alemania. Entre los autores más importantes podemos destacar a: 1. Von Herder: Uno de los precursores del Romanticismo alemán. Fue el intelectual que afirmó que cada nación tiene un alma colectiva que la identifica llamada Volksgeist, y señaló que el pueblo alemán debía reclamar la unión de todos los estados y el fin del sometimiento a Austria, Dinamarca y Francia. 2. Fichte: Contribuyó al nacionalismo con una teoría que afirmaba que existían dos tipos de nacionalismo: el metafísico como el alemán; y el histórico como el francés o el británico. 3. List: Economista brillante que ideó el final de las aduanas entre los estados alemanes para comenzar la unidad por el sistema económico3. Italia. Por su parte, destacar que en Italia también habrá un movimiento que busca la Unificación de un país dividido en 6 partes diferenciadas. Entre los autores más importantes de este movimiento nacionalista destacamos a: 1. Mazzini: Consideraba que para que Italia llegara a ser un país, tenía dos enemigos: Austria al norte, y el Papado en el centro de la Península. Ambos debían ser destruido. Al mismo tiempo, pensaba que la nación era un elemento intermedio que se situaba entre Dios y el hombre. 2. Gioberti: Creía en la unificación pero al contrario que el anterior, defendía que era el Papa el que debía establecerse jefe del estado italiano. Francia. En Francia, el nacionalismo será mucho más solidario. De este modo destacaremos a dos autores que creen en que la nación es un medio para unir a la humanidad.

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Se conoció en Alemania como el Zollsverein al fin de los impuestos aduaneros que gravaban sobre los productos alemanes, lo cual hizo que el mercado interior alemán creciera muy por encima de la media europea al reducir costes de transportes.

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1. Michelet: Defendía que tarde o temprano todas las naciones del mundo desembocarían en una unión que supondría el gran paso del hombre hacia la paz perpetua. 2. Renan: Era contrario a las ideas de los nacionalistas alemanes, a los que acusaba de dar ventaja a unas naciones u a otras. Para él, la nación no era más que una “gran solidaridad” entre individuos que forman una sociedad y que tienen un pasado común. Otros nacionalismos: Destacar el ruso, defensor de uno de los pocos sistemas absolutistas que quedaban en Europa (el zarismo); o el británico, muy vinculado a la expansión imperialista de las colonias, en las que intelectuales como Ryduard Kipling justificaban la expansión como un hecho que era explicado por la fuerte noción de nacionalismo de la sociedad inglesa y del carácter “solidario” de esta, al llevar su civilización a zonas de otros continentes. Texto 2.1: El nacionalismo alemán de Fichte. El espíritu del pueblo en Fichte. “Nuestros primeros antepasados comunes, los alemanes, como los llamaron los romanos, resistieron valientemente la dominación romana. ¿Acaso no reconocieron los alemanes el brillo superior de las cercanas provincias romanas, así como la plenitud de sus leyes? (...) Los descendientes de estos alemanes, tan pronto como pudieron, llegaron, incluso, a asimilar la cultura romana, sin perder su libertad, y, en la medida de lo posible, su identidad. Preguntémonos, entonces. ¿Por qué lucharon durante varias generaciones (...)? Un senador romano puso en boca de sus dirigentes estas palabras: ¿Qué otra cosa podían hacer salvo mantener su libertad o perecer, antes que convertirse en esclavos? La libertad para ellos significaba esto: mantenerse firmes para continuar siendo alemanes, independientes y en consonancia con el espíritu original de su raza... y propagar esta independencia en la posteridad (...). Nosotros, herederos de su patria, de su lengua y su manera de pensar, debemos estar agradecidos por haber sido alemanes (...). Nuestro actual problema... es sencillamente preservar la existencia y la continuidad de lo que es alemán. Todas las demás desavenencias se desvanecen ante este superior punto de vista... Es esencial que el supremo amor a la Patria, por parte de todo el pueblo de la nación alemana, no tenga rival alguno, por derecho propio, en todos y en cada uno de los estados alemanes”. FICHTE, Johan G. Discursos a la Nación alemana. 1807-1808.

Texto 2.2: El nacionalismo italiano de Mazzini. Somos un pueblo de 21 a 22 millones de hombres, conocidos desde tiempo inmemorial con un mismo nombre -el pueblo italiano-; vivimos entre los límites naturales más precisos que Dios haya trazado jamás -el mar y las montañas más altas de Europa-; hablamos la misma lengua,(...) tenemos las mismas creencias, las mismas costumbres y hábitos, (...) nos sentimos orgullosos del más glorioso pasado político, científico y artístico que se ha conocido en la historia europea (...). No tenemos ni bandera, ni nombre político, ni un puesto entre las naciones europeas (...) Estamos desmembrados en ocho Estados (...) independientes unos de otros, sin alianza, sin unidad de destino, sin relación organizada entre ellos (...). No existe libertad ni de prensa, ni de asociación, ni de palabra, (...); nada. Uno de estos Estados que comprende la cuarta parte de la península, pertenece a Austria: los otros padecen ciegamente su influencia. Mazzini. “Italia, Austria y el Papa”. 1851

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3.- La unificación alemana. Antes de la unificación de Alemania, este país estaba dividido en un total de 39 estados. Pero en ellos había crecido un sentimiento de unidad, con raíces románticas e ilustradas, que pretendían crear un imperio. Los 39 estados estaban divididos en varias partes. Analicemos la situación: •

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En el centro, había estados independientes, como Oldenburgo, Sajonia o, sobre todo, Prusia, que en 1861 ya estaba gobernada por el rey Guillermo I, que eligió al militar conservador Otto von Bismarck como canciller. Ambos van a ser los grandes responsables del proceso de unificación. En el Sur, se encontraban los estados que estaban bajo el poder de Austria, como Baviera o Wurtemberg; y sometidos a un poder conservador que sofocaba con violencia cualquier pensamiento o manifestación a favor de Prusia. En el norte, existían dos estados en manos del reino de Dinamarca (Schleswig y Holstein).

De todos estos reinos, el más fuerte económica y políticamente era Prusia. En 1834 crea el Zollsverein o unión aduanera que genera un fuerte beneficio a los estados que se acogen a él y provoca un rápido desarrollo comercial, pero sobre todo, ayuda a que la idea de unidad nacional en estos territorios sea más consolidada. Prusia también disponía del mejor ejército de Europa. Precisamente es Prusia la responsable de la Unificación. Tendrá tres enemigos: Dinamarca, Austria y Francia. Y podemos definir el proceso en tres partes: 1) La Guerra contra Dinamarca (1864-1866). Dinamarca tenía en su posesión dos Estados cuya población querían formar parte de la Confederación Alemana (Holstein y Schleswig). Por ello Austria y Prusia se unen y logran vencer a los daneses. En el tratado de paz, se reparten los territorios: Holstein para los primeros y Schleswig para los alemanes, pero pronto Von Bismarck decide invadir Holstein y apoderarse también de él. A raíz de ese hecho, Austria se convierte en la segunda enemiga de Prusia. 2) La Guerra contra Austria (1867). Prusia venció sin problemas a los austríacos, que sucumbieron en la importante batalla de Sadowa. La Confederación de la Alemania del Norte ya estaba formada en 1867 por 21 estados y sólo quedaban por anexionar 10 de ellos en el sur. 3) La Guerra contra Francia (1868-1871). En 1867, Prusia declara la guerra a la Francia de Napoleón III. Los alemanes vencen en las batallas sucesivas de Sedán y Metz de 1870, tras las que incorpora los 10 estados restantes, incluidas Alsacia y Lorena. Tras estos hechos, hubo cambios de interés en Alemania, que se establece como un nuevo país soberano. En primer lugar, Guillermo I es coronado como emperador del II Reich. Además, se crea una Constitución de libertades relativas inspirada en la persona de Von Bismarck y la creación de unas cortes bicamerales formadas por un Consejo (Bundesrat) y un Parlamento (Reichstag) elegidos por sufragio universal.

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Texto 4.1.- La unión económica: El Zollverein. Creación del Zollverein. “S.M. el Rey de Prusia, S.A. el Príncipe electoral de Hesse-Cassel, S.A.R. el Gran Duque de Hesse-Darmstadt, de una parte, y S.M. el Rey de Baviera y S.M. el Rey de Wurtemberg, de otra, de acuerdo en su deseo de favorecer la libertad de comercio y las relaciones comerciales entre sus Estados, y toda Alemania en general (...), han abierto negociaciones para las que han dado plenos poderes. 4. En los territorios de los estados contratantes se establecerán leyes uniformes sobre los derechos de entrada, salida y tránsito. 41. El término de este tratado, que será puesto en práctica el 1 de enero de 1834, se fija provisionalmente el 1 de enero de 1842. “ Tratado del Zollverein, de 22 de marzo e 1833.

Texto 4.2 La proclamación del II Reich Proclamación del II Reich Alemán. “Al pueblo alemán: Nos, Guillermo, por la gracia de Dios , rey de Prusia, ante la petición unánime que hemos recibido por parte de los príncipes alemanes y de las ciudades libres para asumir de nuevo y aceptar, una vez restaurado el imperio alemán, la dignidad imperial alemana (...) declaramos por las presentes que hemos considerado un deber hacia la patria común acceder a esta petición de las ciudades y de los príncipes alemanes confederados y aceptar la dignidad imperial alemana. En consecuencia, Nos y nuestros sucesores en la corona de Prusia ostentaremos en el futuro el título imperial en nuestras relaciones exteriores y en los asuntos concernientes al Imperio alemán y esperamos, con la gracia de Dios, que el pueblo alemán podrá conducir la patria hacia un porvenir próspero bajo el emblema de su antigua grandeza. Nos hacemos cargo de la dignidad imperial con la conciencia del deber de proteger, en el ejercicio de la lealtad alemana, los derechos del Imperio y de sus miembros, de preservar la paz, de defender la independencia de Alemania fundada sobre la fuerza unida de su pueblo. La asumimos en la esperanza de que al pueblo alemán le será concedido gozar de la recompensa de sus duros y costosos combates en una paz duradera y en el interior de unas fronteras que garanticen a la patria, contra nuevos ataques de Francia, la seguridad de que ha carecido durante siglos. Quiera Dios conceder a Nos y a nuestros sucesores en la corona imperial poder aumentar siempre el esplendor del Imperio alemán, no mediante conquistas de guerra, sino mediante los bienes y los dones de la paz en el dominio de la prosperidad, de la libertad y de la civilización nacionales.” Cuartel general de Versalles, el 18 de enero de 1871.

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4.- La Unificación Italiana. La unificación italiana se llevó a cabo entre los años de 1859 y 1870, en los mismos años en los que edificaba la nueva unificación alemana. El proceso italiano toma el nombre de Risorgimento, que tiene que ver con una expresión que representaba tanto a la nación italiana, sus ideas culturales e históricas, como al estado liberal que se pretendía crear. Sus ideas políticas están basadas en las obras de dos intelectuales que tuvieron una importancia manifiesta en su tiempo: Mazzini y Gioberti. Su nacionalismo era diferente pero tenían un objetivo común, lograr la unión de los 8 estados que debían componer la Gran Italia. Al igual que en Alemania, fue necesario que un reino se pusiera al frente de la unificación, puesto que tenían que enfrentarse a varios enemigos muy poderosos: Austria y los Estados Pontificios. El motor de esa unificación fue el reino de PiamonteCerdeña cuyo rey era Víctor Manuel II y su primer ministro Cavour. Al igual que pasaba con Prusia en Alemania, era un estado muy fuerte económica y militarmente. La unificación italiana tiene tres fases: 1) La Unificación del Norte (1858-1860): Cavour (ministro del reino de Piamonte-Cerdeña) logra una alianza militar con Francia para luchar contra Austria. De este modo, las tropas Piamontesas y francesas vencen al ejército austriaco en las batallas de Magenta (1858), y Solferino (1859) y Lombardía es incorporada al reino de Piamonte. Más tarde, Módena y Parma derribaron sus regímenes absolutistas al votar a favor de su anexión a Piamonte-Cerdeña. La Italia del norte quedaba unida así bajo la monarquía de Víctor Manuel II. 2) La Unificación del sur (1860-1861): De ella se ocupó un general del ejército piamontés, Garibaldi. Este derrocó a los Borbones que gobernaban en el Reino de las dos Sicilias que se incorporó a Italia. Al mismo tiempo, Venecia (reino del norte) se incorporaba en 1866 debido a la derrota de los austriacos ante Prusia en Sadowa. 3) Los Estados Pontificios: Ahora sólo quedaba por incorporar el centro de la península. Ese territorio estaba ocupado por el Papado, que era contrario a la unificación por su carácter liberal. En 1870, el ejército de Víctor Manuel ocupó Roma y estableció la capital del reino de Italia en la ciudad. Pío IX, el Papa de aquel momento, se negó a aceptar los hechos y excomulgó a Víctor Manuel. Pese a todo, se había logrado la Unificación de la nación italiana.

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