TEMA 18: EL CAMINO DE LA MODERNIDAD: LAS ARTES FIGURATIVAS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

TEMA 18: EL CAMINO DE LA MODERNIDAD: LAS ARTES FIGURATIVAS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. La pintura realista. Courbet. Entre 1850-1860 surge en F...
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TEMA 18: EL CAMINO DE LA MODERNIDAD: LAS ARTES FIGURATIVAS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. La pintura realista. Courbet. Entre 1850-1860 surge en Francia un grupo de pintores que pretenden reflejar la realidad social (la realidad del pueblo oprimido por la clase burguesa ascendente) con la mayor fidelidad y, al mismo tiempo, con la mayor simplicidad posible, sirviéndose de la pincelada firme que origina formas precisas alejadas de la exaltación cromática del Romanticismo. La pintura no quiso sustraerse de la lucha de clases, asociada a la Revolución Industrial y al pensamiento de Karl Marx. El arte abandona los temas políticos del romanticismo para centrarse en los problemas sociales. Poco a poco crece en los artistas la conciencia de los problemas sociales provocados por la industrialización, el trabajo de niños y mujeres, la vida insalubre y las pésimas condiciones laborales. Charles Dickens y Courbet opinan que la misión del artista estriba en la denuncia de esas lacras. El Realismo se niega a idealizar las imágenes: hombres y mujeres aparecen representados en sus tareas normales y el tema de la fatiga se convierte en motivo fecundo de inspiración. Uno de los pintores más representativos será François Millet (1814-1875), que exalta la figura del ser humano y dignificar su trabajo. Es el pintor de los campesinos, de los humildes conscientes de su situación ante la que ha sabido resignarse. Un espíritu de fraternidad humana inspira sus temas, incluso cuando reflejan el esfuerzo del trabajo, alejándose del efectismo y la teatralidad del Romanticismo. Aspectos como la sencillez, la calma y la serenidad son perceptibles en obras como El Ángelus o Las espigadoras. Gustave Courbet (1819-1877) nació en una familia de terratenientes acomodados, pero abandonó los designios familiares para convertirse en pintor y abrazar las ideas del socialismo, lo que le trajo muchos problemas (fue director de Bellas Artes durante la Comuna de 1871). Siempre desafió a la tradición y quiso que su obra fuera para el pueblo, provocando enormes polémicas por los temas elegidos. Así, escenificó temas poco convencionales, sobre todo escenas de la vida cotidiana que se desarrollan en el contexto rural que le es propio. En ocasiones, estas pinturas son sólo testigo de la realidad y no pretenden trasmitir ningún mensaje, como Sobremesa en Ornans y El encuentro, donde el pintor se autorretrata paseando por el campo y saludando a un cliente. 1

Sus dos obras más importantes son el Entierro de Ornans (1849), bella descripción de la sociedad rural de su pueblo con un realismo y una veracidad aplastante, y El estudio del pintor (1885), obra de gran formato en la que aparece pintando un paisaje junto a una mujer desnuda, su musa, bajo la atenta mirada de un niño, rodeado por una nutrida representación de los personajes de su tiempo, entre los que se encontraban buena parte de sus amigos, los artistas, y los miserables que viven explotados en la miseria, realizados con colores oscuros y textura suelta. Honore Daumier es conocido por su espíritu crítico y sus caricaturas políticas de gran mordacidad para la prensa. Sus personajes son gente sencilla del pueblo e incluso marginales que sufrían las opresiones de las clases poderosas. Demostró sus dotes de dibujante que supo traspasar al grabado, y en la pintura, como se aprecia en El vagón de tercera, realizada con hábiles trazos y vigorosas líneas. La pintura impresionista. El neoimpresionismo. El Impresionismo significó la ruptura definitiva con la tradición. Convulsiona al mundo artístico desde sus raíces y, en sus inicios, contó con la más firme oposición de la mayor parte de los sectores sociales. Esta corriente cuestiona el objetivo prioritario de la pintura anterior, la realidad, y reinventa el papel que en su percepción desempeñará la pintura. Este movimiento surge en torno a 1860, pero se venía postulando desde tiempo atrás. Un grupo de pintores tienen la voluntad consciente de llevar a cabo determinados cambios oponiéndose a la pintura tradicional y académica. La captación de la luz mediante toques cromáticos fue ambición de todos los grandes maestros, de los que se ha afirmado que tuvieron una fase “impresionista”. Antecedentes: la prioridad colorista y la pincelada suelta y ligera de la escuela veneciana, los pintores flamencos, Rembrandt, Velázquez, Goya, Turner, Constable y los pintores de la escuela de Barbizon, que comenzaron a pintar directamente del natural. Las características más importantes de los Impresionistas son: • El tema más repetido es el paisaje, tema hasta entonces secundario salvo para los pintores holandeses. El paisaje servía a los impresionistas para analizar los cambios de luz y la incidencia de la misma sobre los objetos. Las representaciones del paisaje se hacían directamente del natural ( a plein air), pintando un instante concreto en un momento particular del día que no puede recrear en su estudio. Su deseo es “limpiar de barro” los colores y reproducirlos puros, frente a las composiciones mecánicas de los estudios.

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• La luz es el elemento fundamental, intentando trasladar al lienzo las sensaciones que se producen cuando la materia es acariciada por la luz. Así, los impresionistas representan en varias ocasiones un mismo motivo, con la finalidad de captar como los cambios de luz transforman ese elemento (relación luz, tiempo, espacio). • La pincelada impresionista es suelta, rápida y vigorosa, ya que el pintor trabaja a gran velocidad, utilizando gran cantidad de pasta de pintura pastosa y gruesa. • La llamada teoría de los colores, que sostiene que existen colores primarios (amarillo, rojo y azul) y complementarios (violeta, verde y naranja), era conocida y utilizada por los impresionistas. Siguiendo los estudios del químico Eugene Crevreul y Newton, quién había estudiado como se descomponía la luz al atravesar un prisma, la retina del espectador es la que se encarga de mezclar los colores al mirar el cuadro a una distancia conveniente. Por lo tanto, el pintor no los mezcla en la paleta, sino que los yuxtapone en el lienzo. Eliminan la idea de Leonardo y Alberti que pensaban que los colores eran realidades inmutables. Para los impresionistas los colores dependían de la percepción individual, es decir, que formaban parte del universo de la luz. • Eliminaron los contornos y la importancia del dibujo. La sombra nunca es negra en un cuadro impresionista, sino del color complementario correspondiente. Así, desaparecen los contrastes del claroscuro. • Los impresionistas no fueron bien acogidos por la sociedad francesa, salvo casos aislados como el escritor Emile Zola. El término Impresionista, acuñado por el crítico Louis Leroy refiriéndose a un cuadro de Monet Impresión: sol naciente, conlleva una fuerte carga negativa. • La fotografía también ejerció una gran influencia sobre los pintores impresionistas, debido a su idea de documentar los acontecimientos. Las nuevas técnicas fotográficas permitieron que la pintura se desligase de su propio pasado y alcanzase una libertad inusitada. La cámara fotográfica creaba ángulos de visión originales que tratarán de imitar los pintores impresionistas. Se estableció una cierta relación entre los pintores y fotógrafos, como Nadar, que acogió en su casa la primera exposición de este grupo de pintores en 1874. El precursor del Impresionismo se considera que fue Eduard Manet (18321883) por su ruptura con los salones oficiales. Desde su niñez mostró un especial interés por el dibujo, y pronto tuvo reconocimiento de crítica y el interés de algunos 3

jóvenes artistas. Poco a poco se produce un cambio en su obra que le lleva a preferir temas de la vida cotidiana, como en Música en las Tullerías (1860). En 1863 expone en el Salón de los Rechazados Almuerzo en la hierba, inspirada en un grabado de Rafael. Este cuadro fue muy criticado por la manera en que abordó un tema tradicional y por la técnica poco convencional ya que la pincelada es bastante suelta. También fue muy criticada Olimpia, que si fue admitida en el salón de 1865. En esta obra la piel nacarada y la blancura de la cama contrastan con el fondo oscuro, de la misma manera que la piel de la criada lo hace con sus vestiduras y con el ramo, predominantemente blanco que lleva entre sus manos. En 1865 estuvo en España donde pudo estudiar en directo las obras de Velázquez y Goya, que ejercerán una gran influencia sobre él. En 1874, gracias a las aportaciones de Manet, los pintores que se reunían en el café Guerbois organizan la exposición en el estudio de Nadar y comienzan a ser conocidos bajo el nombre de impresionistas. Una de sus obras más importantes es el Pífano, rechazada por el Salón de 1866, donde una figura se encuentra en un fondo neutro al que se liga gracias a su propia sombra, como ya lo había hecho Velázquez en sus bufones. Otro gran retrato es el de Emile Zola, donde la silueta del escritor se recorta sobre alguna de las fuentes fundamentales de inspiración del pintor: el grabado japonés (les interesaba por el color plano distribuido en amplias áreas claramente delimitadas por la línea, así como las insólitas perspectivas), y Los borrachos de Velázquez.

El bar del Folies-Bergére fue exhibido con gran éxito en el salón de 1882. En él, la camarera posa mirando al espectador apoyada en la barra, al tiempo que su imagen se refleja en el espejo que hay a sus espaldas. Se produce de este modo una sensación de confusión entre lo real e irreal, entre la imagen de la camarera y su reflejo en el espejo que no parece corresponder a la misma persona. La pintura de Manet se caracteriza por su persistente utilización del rojo, blanco y negro, color poco frecuente en la paleta del resto de los pintores impresionistas, la firmeza de su dibujo y la proximidad, en cierto modo, a la pintura realista. El más puro de los impresionistas es Claude Monet (1840-1926), que llegó a realizar más de tres mil cuadros. Durante sus primeros años sintió gran admiración por los pintores de la Escuela de Barbizon, al igual que por Manet y Courbet. Viajará a Holanda, Francia, y se instalará en Argenteuil y, posteriormente, en Giverny donde se establece de modo definitivo hasta su muerte.

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En sus primeras obras muestra interés por la figura humana, como se aprecia en Almuerzo campestre (1865), e inaugura el problema de las sombras coloreadas que tanta importancia tuvo en los cuadros impresionistas, y en Mujeres en el jardín, donde hace un análisis de la luz que traspasa la sombrilla y las hojas de los árboles para reflejarse en el suelo. Pero su grandeza reside en el paisaje, donde la paleta se va aclarando poco a poco y las pinceladas se hacen cada vez más cortas y rápidas, los objetos se deshacen gracias a la luz y el dibujo pierde interés, como se aprecia en el cuadro que dio nombre al movimiento Impresión: sol naciente (1872), donde el sol se ha convertido en un disco intensamente rojo que se refleja en el mar, atrayendo nuestra atención de una manera especial dentro del nebuloso espacio de tonalidades rosadas y azules. En La estación de San Lázaro recuerda notablemente a Turner, y las grandes masas de vapor ocultan los objetos. En Venecia se enamora su luz dorada y su paleta se aclara considerablemente. Sus series más importantes las realiza en la Catedral de Ruán, al estudiar la catedral en diferentes horas del día y diferentes estados atmosféricos. Las Ninfeas de su jardín, obra de vejez, muestra el grado supremo de disolución etérea al reflejarse las luces temblorosas sobre la superficie quieta y sucia del estanque familiar. Su afán por captar las formas en continua vibración en su característica más personal. Otros pintores impresionistas relevantes son Pierre Auguste Renoir (18411919), fuertemente influido por la obra de Courbet, la pintura pompeyana, Rafael y la escuela de Barbizon. Es el más optimista y vital de los pintores de esta corriente, representando incansablemente figuras femeninas y redondeadas, inspirado en Tiziano y Rubens. La figura humana fue siempre la preocupación central de su obra, uniendo en su estilo revolución y tradición. Su obra más célebre es El baile en el Moulin de la Galette (1876), exhibida en la 3º exposición impresionante y criticada en su época por considerarse caótica y desordenada. Los personajes son cuidadosamente distribuidos en grupos desde un primer plano, en el que charlan animadamente, hasta el fondo en el que aparecen bailando, transmitiendo la alegría de vivir. Supo reflejar extraordinariamente la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles y se refleja sobre los objetos del suelo, como en El columpio. Otra de sus obras más importantes es Las grandes bañistas, donde es posible percibir una preocupación por la forma que está presente en su obra tras los años iniciales de su Impresionismo. Este tema causará gran influencia en Cezanne. Edgar Degas (1834-1917), hijo de banqueros, demostró desde joven cualidades extraordinarias para el dibujo. Es el miembro del movimiento más 5

interesado por las posibilidades que ofrecía la fotografía, por eso se dice que es un impresionista más de la forma que del color. En Las carreras, el ángulo desde el que el pintor ve los caballos, la pista y la tribuna, requiere una gran capacidad técnica que le iguala en muchos aspectos a algunos pintores renacentistas como Paolo Ucello. Sus temas favoritos eran los hipódromos, el ballet, la ópera y el teatro, donde la luz es interior y artificial, consiguiendo separar la escena de la realidad, e interesado por captar la figura humana y la capacidad de contorsión. Son especialmente interesantes sus bailarinas, pretexto para estudiar el modo en que la luz artificial refleja en sus cuerpos y en los tules. Camille Pisarro (1830-1910) es el mayor del grupo y destaca por sus paisajes consistentes donde predominan las tonalidades terrosas. Los caminos parecen perderse en el fondo, las composiciones son cerradas y la línea del horizonte muy alta. A partir de 1885 se interesa por los ensayos de Seurat y Signac. Alfred Sisley era un pintor británico que desarrolló su carrera en Francia, conviviendo con Monet y Renoir. Se le ha calificado de impresionista lírico, al reflejar las sensaciones más sutiles y los temas evanescentes: el agua, el cielo, la bruma y la nieve en los que predominan los colores irisados, violetas y rosas (Inundación en Port Marley). Neoimpresionismo Para comprender la pintura neoimpresionista (terminado empleado por primera vez por el crítico Félix Feneon) es necesario conocer las aportaciones sobre los colores de Chevreul, mencionadas anteriormente, y de Charles Blanc, que consideraba que el color, igual que la música, al estar controlado por leyes fijas, podía ser enseñado. Si los Impresionistas pretendían borrar los contornos, en los neoimpresionistas estos son nítidos y claros; si los impresionistas defienden la espontaneidad e inmediatez, los neoimpresionistas defienden la premeditación, frialdad y el análisis concienzudo de las obras. Si los impresionistas recreaban la poética de la luz, los neoimpresionistas reivindican el estudio científico del color. Quien mejor recogió sus enseñanzas fue Georges Seurat (1859-1891), creador del llamado Divisionismo o Puntillismo. Así, si se coloca la pintura con pequeños puntos de color puro, es el ojo del espectador el que los mezcla, como si de un mosaico de pequeñas pinceladas se tratase, organizándose las pinturas en áreas de color. En sus obras hay un intento de recuperar la forma, perdida por parte de algunos impresionistas, y una marcada tendencia a la geometrización. Su teoría se ve reflejada en Domingo por la tarde en la isla de la Grande Jatte (1886), caracterizada por un notable estatismo del que se desprende paz y armonía (para 6

realizarlo tuvo que hacer 20 dibujos preliminares y 40 bocetos). Sus cuadros resultan fríos y están construidos a partir de un cuidadoso proceso de análisis, como en Bañistas en Asnières. El otro gran pintor puntillista fue Paul Signac (1863-1935), que trabajó junto a Signac. Sus obras, realizadas por toda Europa, como Puerto de Marsella, se caracteriza por una pincelada más grande y redondeada, como puede verse en Las velas amarillas. Los pintores posimpresionistas como fundamento de las vanguardias. El impresionismo tuvo gran influencia en Francia a partir de 1880, y poco a poco comenzó a extenderse fuera de sus fronteras. Empiezan a aparecer una serie de pintores que revisan sus postulados, y son la base de toda la pintura del siglo XX (fauvismo, cubismo, primitivismo, expresionismo….). Estos cuatro autores son Toulouse Lautrec, Gauguin, Van Gogh y Cezanne. El postimpresionismo supone una recuperación del dibujo y la preocupación por captar no sólo la luz sino también la expresividad de las cosas y las personas iluminadas. Henry Toulouse Lautrec (1864-1901) procedía de una familia noble, pero la ruptura de sus dos piernas en un accidente de caballo, junto a una deficiencia de calcificación, le impidió el normal crecimiento y desarrollo de las extremidades inferiores de su cuerpo. En el alcohol, la bohemia y la pintura intenta olvidar su tragedia. Su formación pictórica, como hábil dibujante, le llevan a reflejar los ambientes de cabarets, el mundo de la Bohemia y del Moulin Rouge, en los carteles, de los cuales fue el creador. Los trazos rotos y nerviosos, de abreviaciones inestables de las formas, con toques coloreados aprendidos en Seurat, planos cromáticos tomados de la estampa japonesa y líneas dinámicas e instantáneas tomadas de Degas. Su obra esta repleta de su universo personal, poblado de personajes que se repiten incesantemente: la bailarina Jane Avril, Chocolat, la payasa Cha-U-Kao, La Goulue….Su dibujo es rápido, produciendo sensación de abocetamiento, de obra no concluida, estableciendo paralelismos con la obra de Degas. Al igual que a Van Gogh, la influencia de la estampa japonesa fue muy importante. Paul Gauguin (1848-1903) posee una agitada biografía, que le hace abandonar una vida burguesa por la pintura. Tras conocer al pintor Emile Bernard, su obra cambia, liberándose de las ataduras del Impresionismo, como puede apreciarse en La visión después del sermón. Viaja a Panamá y, posteriormente, a la Martinica, con la clara intención de ser un “salvaje”, volver al origen y liberarse de la pintura de su época.

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Una grave enfermedad le obliga a regresar a Francia. Conoce a Van Gogh con el que inicia una turbulenta amistad, llegando a vivir juntos. En 1891 se marcha a Tahití, donde una pinta una serie sobre las mujeres de este lugar ( Mujeres de Tahití). Su estilo destaca por la importancia del color, utilizado arbitrariamente en amplias zonas planas claramente delimitadas por la línea, sin necesidad de atenerse a las normas que impone la realidad ni interesarse por los problemas derivados de la perspectiva. La fascinación de sus cuadros radica en calma de las zonas anchas de colores, como si realizara vidrieras, y sus figuras grandes contorneadas de manera nítida, cual tallas de madera. A la vez, renuncia a la perspectiva, suprime el modelado y las sombras, uniéndose lo que ve y lo que se imagina. Su forma de pintar influirá al movimiento posterior conocido como Fauvismo. La obra de Gauguin ha de ser entendida como un canto al color y una exaltación del primitivismo que, durante el siglo XX, tendrá una gran revalorización. Vincent Van Gogh (1853-1890) sufrió el desprecio en vida y el reconocimiento posterior mundial. Su turbulenta biografía está inexorablemente ligada a su producción artística, de tal manera que es difícil estudiarlas por separado. Toda su vida queda reflejada en las cartas que enviaba a su hermano Theo. Sus primeros años como pintor, y como pastor religioso, se producen en Holanda, donde se interesa por los pobres, los mineros y la biblia, la pintura de Rembrandt, Daumier y Millet. En París se pondrá en contacto con el efervescente mundo artístico del momento, decidiéndose por la pintura. En Arles (Provenza) quedó deslumbrado por el sol, los intensos colores y la exuberancia del paisaje. Vivió con Gauguín, con el que tuvo terribles disputas, y en un famoso incidente se cortó la oreja. Consciente de su mala salud mental, en 1889 es ingresado en el hospital psiquiátrico de Saint-Rémy, que abandona un año más tarde para dirigirse a Auvers, donde el doctor Gachet decide tomarlo bajo su cargo. Muere en 1890, tras dos días de agonía, a consecuencia de un disparo en el corazón. De sus primeras obras destacamos Los comedores de patatas (1885), donde se nota la influencia del realismo holandés, el claroscuro y la temática social, reflejando el ambiente mísero de los obras. Al igual que Rembrandt, sintió enorme fascinación por su propio rostro, reflejando su situación psicológica y su evolución artística. A medida que pasa el tiempo su paleta se aclara, su pincelada se hace más vigorosa y emplea mayor cantidad mayor de masa pictórica.

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De igual modo, los paisajes nos revelan su estado mental. Existen algunos serenos, plácidos y equilibrados, como la llanura del Crau (1888), bañada por la luz dorada de la Provenza. Otros, como los dos cipreses, demuestran su inestabilidad psíquica: los cipreses se agitan como si de llamas se tratase y el cielo y el suelo se nos aparecen inestables. También en su producción son importantes las naturalezas muertas, como Los girasoles, símbolo del ardiente sol del sur de Francia, han dejado de ser simples flores en masas ardientes, pura energía y luz. También las personas y los ambientes que le rodeaban fueron retratados, como El doctor Gachet, o el Tio Tanguy, rodeado de estampas japonesas. Su última obra, Campo de trigo con vuelo de cuervos (1890), demuestra que en el momento en que lo pintó no existía paz en su interior, reflejo de la angustia que le llevó al suicidio. La capacidad para expresar a través de su agitada pincelada y de sus intensos colores es lo que le convirtió en el origen del Expresionismo: la pintura como liberación, catarsis de su angustia interior y un mecanismo de expresión. Su pincelada es corta y vigorosa, en forma de coma, los contornos se presentan temblorosos, con amplias áreas de colores planos que nos remiten a las estampas japonesas y edificios y espacios interiores inestables como reflejo de su inestabilidad psíquica. Paul Cezanne (1839-1906) abrirá nuevos caminos a la pintura, pese a que su pintura fuese reconocida posteriormente. Partiendo de la influencia impresionista de sus primeras obras, reflejado en los paisajes y naturalezas muertas (sus temas favoritos), su obra cambia hacia una pincelada más ancha y cuadrada, que desembocará en un gusto por las formas geométricas en las que descompone todos los elementos. Cezanne busca en la naturaleza las formas esenciales, que para él son figuras geométricas (prisma, pirámide y la esfera). En sus paisajes destaca la silueta de los árboles, concebidos como cilindros, de sus casas, cuya geometría arquitectónica resalta mediante el ensamblaje de series de planos, de los caminos con cercas de contornos mágicos. Esta geometrización se aprecia en la serie de La montaña de Santa Victoria. El mismo propósito de subrayar la forma mediante el color, en vez de diluirla como los primeros impresionistas, se detecta en sus Naturalezas Muertas o Los jugadores de Cartas. De este modo, es el precursor del cubismo. Si tomamos como ejemplo La mujer de la cafetera, advertiremos que la figura de la mujer, la taza y la cafetera están reducidos a sus volúmenes primarios, a formas geométricas que preludian los retratos precubistas de Picasso. Su pintura es más intelectual, debido a su elaboración y análisis en el taller, y menos inmediata que la impresionista, al no estar interesado por la captación del 9

natural. Su labor será reconocida posteriormente por los nabis, fauves y cubistas, como su maestro indiscutible. En España el impresionismo y su técnica de manchas, tardó en cuajar, debido al desarrollo de la factura retocada (de aires neoclásicos y románticos) de los cuadros de Historia. Regoyos y Beruete darán paso al gran representante español, Joaquín Sorolla, catalogado más como luminista que como impresionista. Influenciado por Velázquez y Goya, sus obras destacan por las escenas valencianas de playa y pesca, de dibujo poderoso y profunda composición, con una técnica suelta de mancha gruesa donde capta la vibración lumínica del cielo mediterráneo y sus brillos. La escultura. Rodin El Impresionismo fue un movimiento fundamentalmente pictórico, pero ejerció en las décadas finales del siglo XIX una profunda influencia en la literatura, la música y la escultura. Pese a que la escultura no parecía el mejor espacio para traducir vibraciones atmosféricas, algunos maestros supieron introducir juegos lumínicos mediante una renovación de las técnicas. Auguste Rodin (1840-1917) fue un personaje muy admirado en su tiempo, el escultor más valorado desde Bernini. Estaba interesado en investigar todas las facetas del ser humano, en la expresión del sentimiento, aislado o en grupo, así como todos los aspectos de la escultura: volumen, espacio, masa, textura, movimiento y luz. Todos estos aspectos los consigue con sus continuos viajes, descubriendo la obra del barroco flamenco, Miguel Ángel o Carpeaux. Se le negó la entrada en la Escuela de Bellas Artes de París. Una de sus primeras obras, El hombre con la nariz rota, destaca por la imperfección, lo inconcluso y la fealdad, provocando grandes críticas en su época. Su primer gran éxito llegó con la edad de bronce. Para las inconclusas Puertas del Infierno del museo de artes decorativas realizó sus obras más destacables: El pensador (1880), figura del escritor Dante sentado y meditabundo. En su obra se aprecia la influencia de Miguel Ángel, tanto por la terribilitá de alguno de sus personajes como por el aspecto inacabado de sus obras (non finito), como los esclavos o la pietá Rondanini. Su interés por las superficies rugosas de aspecto indeterminado es una de las claves de su obra y un elemento decisivo para los escultores del siglo XX. Destacamos obras como El beso, Balzac o los Burgueses de Calais, afirmación de la dignidad del hombre. El deterioro de la anatomía de los personajes anticipa las deformaciones del expresionismo. En algunas esculturas Rodin eliminó partes del cuerpo como recurso expresivo, como en la creación o Iris, mensajera de los dioses , que carece del brazo 10

izquierdo y de la cabeza. En el arte de Rodin se funden una técnica impresionista, que con la rugosidad de las superficies y la multiplicación de los planos obtiene efectos de luz, vida profunda y fuerza colosalista en las figuras. Sin abandonar la temática de las formas ondulantes su estilo deriva en plena madurez hacia el simbolismo, como la catedral, reducida a dos manos en posición orante, o la mano de dios, en la que de una etérea nube de mármol brota un cuerpo humano. También debemos destacar la figura de Medardo Rosso, que luchó contra la tradición escultórica. El mismo inventó una nueva técnica: cera sobre escayola. La cera traslúcida se combinaba con la luz y hacía que las formas pareciesen más suaves, más blandas, que se diluyesen tanto que de ellas tan sólo nos quedase una impresión: podemos hablar de una escultura plenamente impresionista.

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