SALMO 146 (145) COMENTARIOS

SALMO 146 (145) COMENTARIOS I. COMENTARIO BÍBLICO SAN JERÓNIMO: 162 Sal 146. Himno de alabanza o quizá salmo de acción de gracias. Estructura: 1-2, i...
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SALMO 146 (145) COMENTARIOS I. COMENTARIO BÍBLICO SAN JERÓNIMO:

162 Sal 146. Himno de alabanza o quizá salmo de acción de gracias. Estructura: 1-2, introducción hímnica (que recita una sola persona); 3-4, amonestación sobre la vanidad de confiar en el hombre; 5-10, ampliación hímnica sobre Yahvé como creador y salvador: la razón para confiar en él (5). Este salmo inaugura el último grupo de salmos aleluyáticos (cf. comentario a Sal 113). 12. Cf. Sal 104,1.33. 3-4. Esta amonestación, característica de los cantos de acción de gracias, abre el camino para la contraposición de 5-10, donde Yahvé es alabado como la persona en quien se puede confiar en cualquier momento. Los «príncipes » son probablemente jefes ricos y poderosos, y no miembros de la familia real. 5-10. Este nutrido catálogo de atributos divinos es típicamente concreto y constituye un ejemplo de cómo concebían a Yahvé los hombres del AT.

II. NUEVO COMENTARIO BÍBLICO SAN JERÓNIMO:

163. Sal 146. Himno individual, el primero de los cinco salmos que proporcionan una conclusión doxológica, no sólo al libro V, sino al Salterio en su conjunto. Cada uno de ellos está enmarcado por hallĕlû yāh. Estructura: los vv. 1-6a (alabanza de Dios creador); vv. 6b-10 (alabanza de Dios redentor de los oprimidos y desvalidos). Diversos comentaristas han datado Sal 146 en el período posexílico apoyándose en razones lingüísticas. 1-2. Invitación a alabar a Dios. 3-6a. Estos versos tienen carácter sapiencial: establecen un contraste entre la mortalidad humana y el Dios creador; cf. Sal 90,2-3 para los mismos temas. El lenguaje sapiencial reaparece en los vv. 8-9. 5-6. Cf. Sal 121,2-3 para la misma secuencia que describe a Dios como fuente de auxilio, 1

hacedor de cielo y tierra y «conservador». 6-7. el hacedor de cielo y tierra... que hace justicia: El mismo poder creador sostiene el universo físico y el orden moral. Cf. lo contrario en Sal 82,2-5, donde la ausencia de justicia es la responsable de la conmoción de los cimientos mismos de la tierra. 7b. La provisión de alimento para los hambrientos y la liberación de los prisioneros recuerda los acontecimientos del éxodo, lo mismo que los vv. 9-10 infra. 8a. Yahvé da vista al ciego: Expresión equivalente a poner en libertad al cautivo (cf. Is 42,7; 61,1). 8-9. Yahvé ama a los justos... trastorna el camino de los malvados: Cf. el mismo pensamiento sapiencial en Sal 1,6. 9. forasteros... el huérfano y la viuda: Cf. Éx 22,20-21; Dt 10,18. 10. Yahvé es rey para siempre: Cf. Éx 15,18. Para la responsabilidad regia de proteger al extranjero, el huérfano y la viuda, cf. Jr 22,1-4. Sión: Nótese la inclusión con el vocativo «alma mía» en el v. 1, y el paso que se da, del salmista como individuo, a la comunidad. [Pág. 837] III. CASA DE LA BIBLIA:

SALMO 146 (145) El Señor levanta a los humillados. Himno de alabanza a Dios, creador del universo y defensor de los oprimidos. Su estructura comprende tres partes muy desiguales: introducción hímnica (Sal 146,1-2); exhortación y descripción de los mortales (Sal 146,34); bienaventuranza y descripción de Dios (Sal 146,5-10). Tanto la primera como la segunda parte se pueden entender como motivos para alabar a Dios, expresados negativa y afirmativamente. A pesar de ser un himno, este salmo tiene algunos rasgos sapienciales: exhortación de la primera parte, bienaventuranza, tema del camino de los malvados. Detectamos también un leve parentesco con los Sal 1 y 103, y con J r 17,5s. Este es el primero de la serie de los cinco salmos aleluyáticos ("hallelu-yah" = alabad al Señor) con que concluye el salterio (Sal 146-50). Las primeras frases, invitación del salmista a sí mismo y propósitos de alabanza permanente, son bastante comunes en los salmos (véase Sal 103,1; 104,1.33; 145,1-2; etc.). Lo que no es 2

tan frecuente es el paso de esa introducción a una exhortación de matiz sapiencial dirigida en segunda persona a unos oyentes anónimos: No pongáis vuestra confianza... Los poderosos (nobles, príncipes) parecen dignos de fiar, pero son seres humanos y, por lo tanto, pobres mortales, a pesar de todo su poder y magnificencia. Son, en una palabra, polvo, seres caducos (véase Sal 39,6-7; 90,3ss; 144,4), como lo son sus proyectos y sus planes "de salvación", que perecen y se acaban con ellos. Está implícito en esta parte el consejo -por contraste- de confiar en el Señor (véase Sal 118,8-9). Puede entenderse como motivo de alabanza en el sentido de que de Dios sí puede uno fiarse. Véase el contraste entre caducidad humana y eternidad de Dios en Sal 102,12-13; 103,15-17. ¿Quienes son éstos que confían en poderosos, o están a punto de hacerlo, y a quienes se dirige el salmista? ¿Serán los oprimidos, enfermos, pobres de la segunda parte? ¿Serán los habitantes de Jerusalén, ciudad a la que el salmista menciona al final? La segunda parte comienza bruscamente con una bienaventuranza. Hay que suponer un paso lógico que está ausente, pero sobreentendido, en el salmo: no se debe confiar en los poderosos, sino en el Señor; el que lo hace así, será "dichoso". Aquí enlaza esta segunda parte. Dios es el Dios de Jacob, el Señor (Yahvé). Nombre éste que va a ocupar un gran espacio a partir de este momento: siete veces se menciona, de las nueve que aparece en el salmo. El Señor es digno de alabanza, porque se puede confiar en él, ya que, en fuerte contraste con los poderosos y con los seres humanos en general, es verdaderamente poderoso. Basta decir que ha creado el universo (Sal 146,6). No es un Dios caduco, existe desde siempre y para siempre (véase Sal 48,14; 93,2), y sus proyectos de fidelidad y justicia son estables y permanentes, no acaban nunca, "porque es eterno su amor" (véase Sal 136). Beneficiarios y testigos de este amor son todos los desgraciados: los que deben su desgracia a la acción de otros hombres (oprimidos, hambrientos, cautivos), o a la enfermedad (ciegos, desfallecidos), o a las circunstancias de la vida (emigrantes, huérfanos, viudas). Además de esos, hay otros beneficiarios de la acción salvadora y protectora de Dios: los justos, a los que Dios ama (Sal 146,8), y que aparecen en contraste con los malvados, de los que Dios también se ocupa, 3

pero para "trastornar su camino" (Sal 146,9; véase Sal 1,6). La acción de Dios es un auténtico reinado de justicia y prosperidad. El ejercicio de ese reinado es el motivo fundamental para la alabanza de Israel a su Señor (véase, por ejemplo, Sal 96,10-13; 99,4). Y eso es lo que el salmista proclama a voz en grito en el último verso: ¡El Señor reina por siempre! (véase Sal 10,16-18). La Ciudad santa, Sión, es la destinataria gozosa del anuncio: ¡Tu Dios, Sión, reina por todas las edades! No sabemos por qué el salmista -los salmistas- parece descubrir una relación entre la ciudad y la eternidad de Dios (véase Sal 48,9.14-15; 68,17; 125,1). ¿Quizá porque en ella el rey humano se sienta sobre un trono "permanente" y desde ella imparte la justicia a sus súbditos en nombre y por encargo de Dios? (véase Sal 45,5-8; 72; 122,5; etc.). Los mesías humanos -tantos y con tantos medios-, que prometen la salvación a cada momento, puede que nos hayan hecho escépticos: ya no nos fiamos de nadie. Sólo Jesús, el Cristo, el verdadero Mesías de Dios, merece nuestra confianza. El dio a los enviados del Bautista las pruebas de la llegada del Reinado de Dios, que son prácticamente las mismas acciones que el salmo 146 canta (véase Mt 11,1-6). ¡Bendito sea Dios que en Cristo nos ha concedido las riquezas de su reinado, sus bendiciones espirituales y materiales! (véase Ef 1,3).

IV. SAN AGUSTÍN: ENARRACIONES DE LOS SALMOS 4° (XXII)

SALMO 146 [Alabanzas a Dios por la restauración de Sión] Sermón 1 [v.l]. Oíamos atentos cuando se cantaba el presente salmo, pero no todos los que lo oíamos lo entendíamos. ¡Con cuánta mayor atención ha de ser oído ahora si, conforme espero y deseo, ayudándonos las oraciones de todos los oyentes, se revelare, concediéndolo Dios, lo que quizá en él haya oscuro, para que así sea provechosa la audición y no vuelva con las manos vacías a casa el oyente que estuvo atento cuando oía ¿Cómo empieza? Se 4

nos dice: Alabad al Señor. Esto se dice no sólo a nosotros, sino a todas las gentes. Esta voz que suena, debido al lector, en cada lugar determinado, la oyen todas las iglesias. Una sola voz de Dios, resonando sobre todos, nos incita a alabarle. Pero como si preguntásemos por qué debemos alabar a Dios, ved el motivo que aduce: Alabad al Señor, porque el salmo es bueno. ¿Es éste el total galardón de los que alaban? Alabemos al Señor. ¿Por qué? Porque es bueno el salmo. "Yo quisiera—dice alguno— alabar al Señor si me diese algo por la alabanza. Pues ¿quién alaba gratuitamente, al menos al hombre? Los loadores de los hombres esperan alguna recompensa, ¿y los de Dios no han de ansiar, pedir o esperar ninguna? Se alaba al débil, y se espera algo de él; se alaba al Omnipotente, ¿y no habrá galardón? ¿O es que quizás deseo lo que El no puede dar?” ¿Qué desea el hombre que Dios no pueda darlo? Cuando alabas al hombre, quizás deseas lo que no puede darte. Alaba seguro a Dios, a quien nadie puede decir que no puede dar lo que tú puedes desear. Debemos alabar a Dios esperando que nos ha de dar algún galardón; pero no cuanto anhelamos, pues es padre, y, por tanto, no da lo malo que desean los hijos. Alabemos, esperemos y deseemos, no esto o aquello, sino lo que cree conveniente que ha de darse Aquel a quien alabamos. El sabe lo que conviene ha de darnos; nosotros atendamos a lo que nos aprovecha recibir. El Apóstol dice: No sabemos lo que hemos de pedir según nos conviene. El mismo apóstol San Pablo creta que le había de servir de provecho que se apartase de él el aguijón de su carne, al ángel de Satanás que le abofeteaba, según confiesa él, diciendo: ...por lo cual por tres veces rogué al Señor para que me le quitase, y me dijo: "Te basta mi gracia, porque la fortaleza se perfecciona en la flaqueza.” Deseó algo. No le fue concedido en cuanto al deseo, atendiendo al bien de la salud. ¿Qué se nos propuso aquí? Alabad, dice el Señor. ¿Por qué debemos alabar al Señor? Porque es bueno el salmo. El salmo es alabanza de Dios. Luego viene a decir: ** Alabad al Señor, porque es bueno alabar #1 Señor. ” No dejemos de alabar de este modo al Señor. Se dijo y pasó; se hizo y callamos; hemos alabado y hemos callado; hemos cantado y hemos, descansado. Nos dirigimos a otra cosa, quizá a hacer lo que resta; pues bien, cuando se presenten otras ocupaciones, 5

¿cesará la divina alabanza en nosotros? Ciertamente que no; tu lengua alaba temporalmente, alabe siempre tu vida. Por esto es bueno el salmo (el alabar). 2. El salmo es ciertamente un cántico, no de cualquier clase, sino acomodado al salterio. El salterio es cierto instrumento sonoro, como la lira, la cítara e instrumentos parecidos que se inventaron para acompañar al cántico. Quien salmea, no salmea solamente con la voz, sino que, tomando cierto instrumento músico llamado salterio, aplicando las manos a él, lo concuerda con la voz. ¿Quieres salmear? No cante tu voz únicamente las alabanzas de Dios, sino que tus obras concuerden con ella. Cuando cantas con la boca, callas algún tiempo; canta con la vida de modo que no calles nunca. Te entregas al negocio y piensas en el fraude; callaste la alabanza de Dios; y, lo que es mucho más grave, no sólo callaste la alabanza, sino que viniste a parar a las blasfemias. Cuando Dios es alabado por tu obra buena, alabas a Dios con tu obra, y, cuando Dios es ultrajado por tu obra mala, ultrajas a Dios con tu obra. Canta con la voz por lo que se refiere a los oídos, pero no calles con el corazón, no calles con la vida. ¿No piensas en fraude al negociar? Salmeas a Dios. Cuando comes y bebes, salmea; no confundas las dulzuras del sonido, apropiadas al oído, sino come y bebe con moderación, frugalidad y parcamente, porque el Apóstol dice así: Ya comáis, ya bebáis] ya hagáis otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. Luego, si obras bien y lo que comes y bebes lo tomas con miras al alivio del cuerpo y reparación de los miembros, dando gracias al que te proporcionó estos socorros suplementarios, tu comida y tu bebida alaban a Dios; pero, si sobrepasas por la inmoderación de la voracidad la medida que se debe a la naturaleza y bebes con exceso el vino, por muchas alabanzas que tu lengua tribute a Dios, le ultrajas con la vida. Después de la comida y la bebida reposas para dormir. No ejecutes nada torpe en el lecho; no te excedas más allá de lo concedido por la ley de Dios. Sea casto el hecho nupcial con la esposa; y, si procuras engendrar, no te entregues con desenfrenada lascivia a los placeres; trata con deferencia en el lecho a tu mujer, porque ambos sois miembros de Cristo, ambos creados por El, ambos redimidos con su sangre; haciendo estas cosas, alabas a 6

Dios y de ningún modo callará la alabanza de Dios. ¿Qué acontecerá cuando llegue el sueño? Cuando duermes, no te despierte tu mala conciencia, y entonces la probidad de tu sueño alaba a Dios. Luego, si ababas, canta no sólo con la lengua, sino también tomando el salterio de la buenas obras: porque el salterio es bueno. Alabas cuando comercias, alabas cuando comes y bebes, alabas cuando descansas en el lecho, alabas cuando duermes. ¿Cuándo no alabas? Pero esta alabanza de Dios se perfeccionará en nosotros cuando lleguemos a aquella ciudad, cuando hayamos sido hechos iguales a los ángeles de Dios, cuando ninguna necesidad corporal nos atormente por parte alguna, cuando ni el hambre ni la sed nos turben, ni el calor nos fatigue, ni el frío nos entumezca, ni la fiebre nos haga guardar cama, ni la muerte acabe con nosotros. Nos ejercitemos para aquella perfectísima alabanza con esta alabanza de las buenas obras. 3. Por eso, cuando dijo: Alabad al Señor, porque es bueno el salmo, añadió: La alabanza es grata a nuestro Dios. ¿Cómo será grata la alabanza a nuestro Dios? Alabándole viviendo bien. Oye cómo entonces le será grata la alabanza. En otro sitio dice: No es preciosa la alabanza en la boca del pecador. Si no es bella la alabanza en boca del pecador, tampoco será grata, pues tanto es grato como bello. ¿Quieres que sea grata la alabanza a tu Dios? No interrumpan las malas costumbres tus buenos cánticos. Grata es la alabanza a nuestro Dios. ¿Qué dijo? Que quienes alabáis vivid bien. La alabanza de los impíos desagrada a Dios. El atiende más a cómo vives que a cómo cantas. Sin duda, quieres tener paz con Aquel a quien alabas. Pero ¿cómo la podrás tener con El, cuando contigo mismo no la tienes? “ ¿Cómo no la tengo conmigo mismo? ” Porque una cosa profiere la lengua y otra demuestra la vida. Grata es la alabanza a nuestro Dios. La alabanza puede ser grata al hombre cuando oye alabar con armoniosas y agudas sentencias y dulce voz al loador. Pero sólo es grata a nuestro Dios la alabanza (que se basa en el buen vivir), puesto que El aplica el oído, no a la boca, sino al corazón; no a la lengua, sino a la vida del que alaba.

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4 [v.2J. ¿Quién es le Dios nuestro a quien es grata la alabanza? El nos endulza, El se entrega a nosotros gradas a su dignación. Pues se digna entregársenos, no como a los que había de prestar alguna cosa, sino más bien como a los que habían de recibir muchas de El. ¿Cómo se entrega el Señor a nosotros? Oye al apóstol San Pablo: Dios —dice—nos entrega su amor. ¿Cómo lo entrega? Oíd; hable el Apóstol para compararle con el salmo: Dios— dice—nos entrega su amor. ¿Cómo lo entrega? Porque, siendo nosotros aún pecadores, Cristo murió por nosotros. ¿Qué reservará a quienes le alaban, cuando de este modo se entrega a los pecadores? Luego como dijo el Apóstol que Dios de tal modo nos entregó su amor que Cristo murió por los impíos, no para que permaneciesen impíos, sino para que por la muerte del justo fuesen librados de la injusticia, ¿qué oyes ahora después de haber dicho: Es grata la alabanza a nuestro Dios? Veamos si ésta es la entrega de la cual el Apóstol habló cuando dijo: Cristo murió por los impíos y los pecadores. El Señor edifica—dice el salmo—a Jerusalén y congrega la dispersión de Israel. Ved que el Señor edifica a Jerusalén y congrega la dispersión de su pueblo. El pueblo Jerusalén es el pueblo Israel. Jerusalén es la ciudad celeste y eterna en donde también son ciudadanos los ángeles. ¿Por qué se llama Israel? Atendiendo al varón nieto de Abrahán, que se llamó también Jacob. ¿Cómo entenderemos que los ángeles son también Israel? Si examinamos la interpretación del nombre, (vemos) que a Jacob, por cambio del nombre, se le llamó Israel, y con toda propiedad cuadra a la ciudad este nombre. ¡Ojalá que, siendo nosotros ciudadanos de ella, seamos Israel! Pues ¿qué significa Israel? El que ve a Dios. Luego todos los moradores de aquella dudad se gozan en aquella amplísima e inmensa ciudad viendo a Dios, pues el mismo Dios es su espectáculo. Pero nosotros, expulsados de ella por el pecado, al no permanecer en ella, peregrinamos lejos de ella, y sobrecargados debido al pecado. Sin embargo, Dios miró compasivamente nuestra peregrinación, y El, que edifica a Jerusalén, restauró la parte derribada. ¿Cómo la restauró? Congregando las dispersiones de Israel. Cayó una parte y se hizo peregrina; pero Dios la miró con misericordia y buscó a los que no le buscaban. ¿Cómo buscó? ¿A quién envió a nuestro cautiverio? Envió al Redentor, según 8

consigna el Apóstol, pues dice: Nos entregó su amor, porque, siendo nosotros aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Luego envió a nuestro cautiverio a su Hijo redentor. Contigo lleva el saco (el cuerpo), encerrando en él el precio de los cautivos, pues se vistió de la mortalidad de la carne, y en ella se encerraba la sangre con la que nos redimiría al derramarla. Con aquella sangre congregó la dispersión de Israel. Si en otro tiempo El congregó a los dispersos, ¿cómo no ha de ponerse ahora gran empeño en recoger a los dispersos? Si fueron recogidos los dispersos para que, mediante la mano del Arquitecto, entrasen a formar parte del edificio, ¿cómo no han de ser recogidos quienes cayeron de la mano del Artífice debido a la inquietud? El Señor edifica a Jerusalén. Ved a quién alabamos, ved a quién debemos la alabanza durante toda nuestra vida. El Señor edifica a Jerusalén y congrega las dispersiones de Israel. 5 [v.3]. ¿Cómo congrega? ¿Qué hace para congregar? Sana a los contritos de corazón. Ved cómo son congregadas las dispersiones de Israel sanando a los contritos de corazón. Los que no quebrantan el corazón no son sanados. ¿Qué es quebrantar el a> razón? Sabido es, carísimos; hágase para que podáis ser sanados. Se dijo en otros muchos pasajes de la Escritura, y principalmente en aquel lugar en donde, cantando uno con nuestra voz, decía : Porque, si hubieses querido sacrificio (de animales), lo hubiese ofrecido. A Dios decía: Si hubieses querido sacrificio, te lo hubiese ofrecido; pero no te deleitarás con holocaustos. Entonces ¿qué? ¿Permaneceremos sin la oblación de sacrificios? Oye lo que quiere que ofrezcas, pues prosigue y dice: El sacrificio para Dios es el espíritu atribulado; Dios no despreciará el corazón contrito y humillado. Luego sana a los contritos de corazón. A ellos se acerca para sanarlos, conforme dice en otro salmo : Cerca está el Señor de aquellos que atribularon su corazón. ¿Quiénes atribularon su corazón? Los humildes. ¿Quiénes no lo atribularon? Los soberbios. Sanará al atribulado, quebrantará al engreído; y quizá quebranta para que, contrito, sane. Hermanos, no trate de elevarse nuestro corazón antes de ser recto, pues se endereza mal lo que primeramente no se corrige.

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6. Sana a los contritos de corazón y ata sus quebraduras. Sana, dice, a los contritos de corazón; luego sana a los humildes de corazón, sana a los que confiesan, sana a los que a sí mismos se castigan ejerciendo en sí un severo juicio para que puedan percibir su misericordia. Sana a éstos; pero la perfecta sanidad tendrá lugar una vez que haya pasado la mortalidad; cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad; cuando nada exista procedente de la carne, que incite a la caída; cuando no sólo no haya nada a lo que consintamos, sino nada que pueda sugerir la carne. Pues ahora, hermanos míos, ¡cuántos deleites ilícitos conmueven el corazón! Y aunque no consintamos en ellos, porque nuestros miembros sirven a la justicia, no a la iniquidad; sin embargo, como sientes estos deleites, aunque no consientas, aún no tienes la sanidad perfecta. Sanarás, sanarás habiendo atribulado el corazón. No te avergüences, atribula el corazón, pues Dios sana a éstos. Pero ahora dirás: "¿Qué hago?” Me deleito en la ley de Dios según el hombre interior, pero veo otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi mente y que me tiene cautivo en la ley del pecado. ¿Qué harás? Atribulado el corazón, confiesa, obra y di lo siguiente: ¡Infeliz hombre yo! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Decir: ¡Infeliz hombre yo!, ya es atribular el corazón. Espere la felicidad el que confiesa la desgracia. Di, pues: /Infeliz hombre yo! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?, para que se te responda: La gracia de Dios por Jesucristo nuestro Señor. ¿Cómo librará la gracia de Dios? ¿De dónde recibiremos tal prenda? Oye al mismo Apóstol decir: El cuerpo ciertamente está muerto por el pecado, mas el espíritu es vida por la justicia. Luego, si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesucristo de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Jesucristo de entre los muertos vivificará vuestros cuerpos mortales por Espíritu suyo que habita en vosotros. Nuestro espíritu recibió esta prenda para que comencemos a servir a Dios por la fe y a ser llamados justos por ella, porque el justo vive de la fe. Todo lo que aún combate y resiste contra nosotros, procede de la mortalidad de la carne; pero esto será sanado. Vivificará—-dice—vuestros cuerpos mortales por el Espíritu que habita en vosotros, Dio la prenda para cumplir lo que prometió. ¿Qué hará ahora, en esta 10

vida, cuando aún somos confesores, mas no poseedores? ¿Qué hará en esta vida? ¿Cómo será curado? Sana a los contritos de corazón. Pero la perfecta salud se alcanzará cuando dijimos. Luego ahora, ¿qué hace? Ata sus quebraduras. El que cura, dice el salmista, a los contritos de corazón, los cuales conseguirán la perfecta sanidad en la resurrección de los justos, ata ahora sus quebraduras. 7. ¿Cuáles son los ligamentos de las quebraduras? Los semejantes a los que usan los médicos al vendar las fracturas. Algunas veces, y entienda esto vuestra caridad, pues es conocido por quienes lo observaron o lo oyeron de los médicos; algunas veces, los médicos, para corregir lo malo y torcidamente soldado, lo rompen y producen nueva herida, porque no está bien curado. También la Escritura consigna esto, diciendo: Los caminos del Señor son rectos] mas el depravado de corazón tropezará en ellos. ¿Qué quiere decir depravado de corazón? Prevaricador, que tiene torcido el corazón. Este piensa que todas las cosas que Dios dice están torcidas, que son malas todas las cosas que Dios hizo, y, por tanto, le desagradan todos sus juicios, y principalmente aquellos por los que él es corregido; y, por lo mismo, permanece en sus trece y discute las obras de Dios, porque no las hace conforme a su deseo. Por tanto, tiene el corazón depravado de tal modo, que es poco no encaminarse a Dios, y, por lo mismo, quiere torcer a Dios hacia sí. Pero ¿qué dice Dios desde arriba? "Tú estás depravado, yo soy justo; si fueses recto, percibirías mi equidad.” Así como, al colocar en un pavimento nivelado un madero torcido, no se ajustaría al pavimento, y por todas partes se movería, por todas se tambalearía, lo cual no procedería de la desigualdad del suelo, sino de que el madero estaba torcido, así dice la Escritura refiriéndose a la rectitud del corazón: ¡Cuán bueno es el Dios de Israel para los rectos de corazón! ¿Qué ha de hacerse? ¿Cómo se enderezará el corazón torcido? Se encuentra torcido y duro ; pues bien, se rompa y quiebre el torcido y duro para que se enderece. Tú no puedes enderezar tu corazón. Quebrántalo tú, que lo enderece el Señor. ¿Cómo lo quebrarás, cómo lo quebrantarás? Confesando, castigando tus pecados. ¿Qué otra cosa significa el golpe de pecho? ¿O es que pensamos que 11

pecaron nuestros huesos cuando nos golpeamos el pecho? Con esto indicamos que quebrantamos el corazón para que Dios lo enderece. 8. Sana a los contritos de corazón y a los que le atribulan, pero la sanidad de su corazón será perfecta cuando tenga lugar la prometida reparación corporal. Entre tanto, ahora, ¿qué hace el Médico? Ata tus quebraduras mientras se consolida lo que fue quebrado, lo que fue atado, para que puedas llegar a la completa firmeza. ¿Cuáles son estos vendajes? Los sacramentos temporales. Las ataduras medicinales de nuestras roturas son por ahora los sacramentos temporales, con los cuales nos aliviamos. También son ataduras de las roturas todo esto que os hablamos, las mismas palabras que suenan y pasan, todo lo que se hace temporalmente en la Iglesia. Así como el médico quita la ligadura conseguida la curación, así desaparecerá en aquella ciudad de Jerusalén cuando hubiéremos sido hechos iguales a los ángeles ; pues ¿acaso pensáis que allí hemos de recibir lo que recibimos aquí? ¿O que allí se nos ha de recitar el evangelio para sostener nuestra fe? ¿O que han de imponerse las manos por algún prepósito? Todas estas cosas son ligamentos de fracturas; conseguida la curación, desaparecerán; pero no la conseguiremos si no fuesen atadas las quebraduras. Luego sana a los contritos de corazón y ata sus quebraduras, 9 [v.4]. Cuenta la multitud de las estrellas y a todas las llama por su nombre. ¿Qué extraordinario es a Dios contar la multitud de las estrellas? Esto lo intentaron hacer también los hombres; vean ellos si lo han conseguido, pues no lo hubieran intentado si no hubiesen esperado conseguirlo. Dejémosles a ellos con lo que pudieron y hasta el punto que llegaron. Para Dios juzgo que no es cosa extraordinaria contar todas las estrellas. Pero ¿acaso las cuenta para no olvidarse? ¿Es algo grande para Dios, que tiene contados todos los cabellos de nuestra cabeza, contar las estrellas? Es evidente, hermanos, que Dios quiso darnos a entender algo especial en aquello que dice el salmista: Cuenta la multitud de las estrellas y a todas las llama por su nombre. Las estrellas son ciertos luminares que en la Iglesia alivian nuestra noche; es decir, 12

todos aquellos que aparecen como lumbreras en el mundo, de quienes el Apóstol dice: En esta generación aviesa y extraviada lucís como lumbreras en el mundo sosteniendo la palabra de vida, Dios cuenta estas estrellas, cuenta a todos los que reinarán con El y tiene contados a todos los agregados al Cuerpo de su Unigénito. El que es indigno, no es contado. Muchos creyeron; muchos, por un cualquier remedo de fe, se agregaron a sí mismos al pueblo de Dios; sin embargo, Dios sabe qué ha de contar y qué ha de aventar. Con todo, tan grande es la sublimidad del Evangelio, que se cumplirá lo que se dijo: Anuncié y hablé, y se multiplicaron sobre todo número. Luego, en cierto modo, también hay entre los pueblos supernumerarios. ¿Qué significa "supernumerarios”? Que hay más de los que ha de haber allí. Dentro de estas paredes hay más que ha de haber en el reino de Dios, en aquella Jerusalén celestial; y éstos son los supernumerarios. Vea cada uno de vosotros si luce en las tinieblas, si no es seducido por la tenebrosa iniquidad del mundo. Si no fuese arrastrado ni vencido, será como estrella que ya cuenta Dios. 10. Ya todas llama por su nombre. En esto consiste todo el premio. Tenemos ciertos nombres ante Dios. Debemos desear, debemos perseguir, debemos cuidar cuanto podamos que Dios conozca nuestros nombres, sin alegrarnos de otras cosas, ni siquiera de ciertos dones espirituales. Atienda vuestra caridad. En la Iglesia hay muchos dones, conforme dice el Apóstol: A uno se da por el Espíritu Santo habla de sabiduría; a otro, habla de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe en el mismo Espíritu; a otro, don de curaciones; a otro, discernimiento de espíritus; es decir, que discierna entre los buenos y malos espíritus; a otro, linaje de lenguas; a otro, profecía. Cuántas y cuán grandes cosas dijo! Sin embargo, muchos, usando mal de tales dones, oirán al fin: No os conozco. ¿Y qué han de decir al fin los que oirán: No os conozco? Señor, ¿por ventura no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? En tu nombre hicieron todas estas cosas. Pero qué les dirá? Jamás os conocí; apartaos de mí, obradores de iniquidad. Luego ¿qué significa ser luz del cielo, que alivia o atenúa la 13

noche, y no ser vencida por la noche? Aún—dice el Apóstol—os voy a enseñar un camino más excelso. Si hablare todas las lenguas de los hombres y de los ángeles y no tuviere caridad, soy bronce que suena y címbalo que clamorea. ¡Cuán grande prerrogativa es hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles! Sin embargo, dice: Si no tuviere caridad, soy bronce que suena y címbalo que tañe. Si supiere—prosigue—todos los misterios y toda la ciencia; y si tuviere todo el don de profecía y toda la fe, de suerte que trasladase los montes—¡cuán grandes son estos dones!—y no tuviere caridad, nada soy. ¡Cuán grande es la ofrenda del martirio y la distribución de los bienes a los pobres! ; y, sin embargo, si distribuyere todos mis bienes a los pobres y entregase mi cuerpo a las llamas, y no tuviere caridad, de nada me aprovecha. Quien no tiene caridad, aunque temporalmente tenga estos dones, se le quitarán. Se le quitará lo que tiene, porque le falta alguna otra cosa, le falta esta cosa por la cual tendría todas las cosas y él mismo no perecería. ¿Qué es lo que ahora dice el Señor? Al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Luego al que no tiene ha de quitársele lo que tiene. Tiene la virtud de poseer, pero no tiene la caridad en el obrar; luego, como le falta esto, lo que tiene le será quitado. Por eso, para que tuviesen caridad los discípulos, a los que quería enseñar el camino excelentísimo y hacerlos estrellas ambulantes en el cielo, Aquel que cuenta la multitud de las estrellas y a todas llama por su nombre, al volver gozosos de la misión que habían recibido y decirle: Señor, hasta los espíritus inmundos se sometieron a nosotros en tu nombre, El, que cuenta la multitud de las estrellas y a todas llama por su nombre, sabiendo que muchos habían de decir: ¿Por ventura no arrojamos los demonios en tu nombre?, a los que se dirá al fin: No os conozco, porque no los contó entre la multitud de las estrellas y los llamó por su nombre, les dice: No os alegréis porque se os sometieron los espíritus, sino alegraos de que vuestros nombres están escritos en el cielo. Enumera la multitud de las estrellas y a todas llama por su nombre. 11 [v.5]. Grande es nuestro Señor. Lleno de gozo eructó algo inefable. No era capaz de decir no sé qué cosa, y, por lo mismo, 14

piensa cómo lo sea. Grande es nuestro Señor, y grande su fortaleza; y su inteligencia no tiene número. El que cuenta la multitud de las estrellas, no puede ser contado. Grande es nuestro Señor, y grande su fortaleza; y su inteligencia no tiene número. ¿Quién explicará esto? ¿Quién pensará dignamente lo que se dijo: Y su inteligencia no tiene número? ¡Ojalá se infunda El en vosotros para que, en lo que yo desfallezco o soy incapaz de explicar, El, que es poderoso, ilumine vuestras mentes, y de este modo sepáis qué quiere decir y su inteligencia no tiene número! Ved, hermanos: ¿por ventura puede contarse la arena? Por nosotros, no ; por Dios, sí. Aquel por quien están contados los cabellos de nuestra cabeza, también tiene contada la arena. Todo lo que este mundo contiene de innumerable, aunque lo es para el hombre, no lo es para Dios; digo poco al decir para Dios; también para los ángeles está contado. Y su inteligencia no tiene número, Su inteligencia excede a todos los calculadores; no puede ser numerada o medida por nosotros. ¿Quién numera al número? Todas las cosas que se numeran o cuentan, se cuentan por el número. SÍ todo lo que se numera, se numera por el número, el número no puede ser número del número; de ninguna manera puede numerarse el número. Pero ¿qué es para Dios (el número), por el cual y en el cual hizo todas las cosas, y a quién se dice: Todas las cosas las dispusiste en medida, número y peso? ¿Quién puede contar, medir y pesar la misma medida, el mismo número y el mismo peso en que Dios dispuso todas las cosas? Luego su inteligencia no tiene número. Callen las voces humanas, no se molesten los pensamientos de los hombres; no se entreguen a las cosas incomprensibles como si hubieran de comprenderlas, sino como seres que han de participar de ellas, pues seremos participantes. No seremos lo que percibimos ni lo percibimos todo; pero seremos partícipes, pues se dijo de Jerusalén, de la que Dios congrega las dispersiones; se dijo de ella algo grande: Jerusalén, que está edificada como ciudad, su participación {será) en El mismo. ¿Qué quiere decir in idipsum, en El mismo, sino que no puede cambiar? Las demás cosas creadas pueden ser de esta o de otra forma. El es siempre el mismo, idipsum, puesto que se dijo de El: Cambiarás todas las cosas, y se cambiaránt pero tú "idem ipse es”, eres siempre el mismo, y tus años no 15

tienen fin. Si, pues, El es siempre el mismo y no puede cambiar de ninguna manera, participando nosotros de su divinidad, seremos también inmortales en la vida eterna. Esta prenda se nos dio de parte del Hijo de Dios, pues ya dije a vuestra santidad que, antes de hacernos partícipes de su inmortalidad, se hizo El participante de nuestra mortalidad. Así como El es mortal, no por su sustancia, sino por la nuestra, así nosotros somos inmortales, no por nuestra naturaleza, sino por la de Dios. Seremos partícipes; nadie lo dude; la Escritura lo dijo. Pero de lo que participamos, ¿participaremos porque haya partes en Dios o porque Dios se divida en partes? ¿Quién explicará cómo participen muchos de una cosa simplicísima? No exijáis lo que no puede decirse convenientemente; pienso que lo comprendéis. Encaminaos al preservativo del Salvador; atribulad el corazón; se quebrante la dureza, la obstinación del ánimo, se delate el mal y se renazca en el bien. El enderezará, El vendará la rotura y consolidará la salud, y entonces no habrá imposibles para nosotros como ahora los hay. Le conviene confesar la debilidad al que quiere llegar a la divinidad. Su inteligencia no tiene número. 12 [v.6]. Al decir a seguida: El Señor ampara a los mansos, te manifestó lo que debes hacer en la dificultad o en la imposibilidad de entender. Por tanto, no entiendes, entiendes poco, no llegas a percibir; venera la Escritura de Dios, honra la palabra de Dios, aun la que no es patente; pospón la inteligencia a la piedad. No seas insolente censurando de oscuridad o malignidad a la Escritura. Nada hay en ella injusto; y, si hay algo oscuro, no es para que se te niegue su entendimiento, sino para hacer desear lo que ha de recibirse. Luego, si hay algo os* curo, el Médico lo recetó de este modo para que llames; quiso que te ejercitases llamando. Lo quiso así para abrir al que llama. Llamando, te ejercitarás; ejercitado, te harás más capaz; siendo más capaz, percibirás lo que se da. Luego no te indignes porque esté cerrado. Sé afable, sé manso. No te opongas a las cosas oscuras y digas: "'Mejor se diría si se dijese así.” ¿Cómo puedes decir o juzgar tú el modo como conviene se diga? Se dijo como debió decirse. No cambie el enfermo los medicamentos, pues el Médico sabe recetar como es debido; cree al que te cura. Por tanto, ¿qué sigue? El 16

Señor ampara a los mansos. No te opongas a las cosas ocultas de Dios; sé manso para que te ampare. Si te opones, oye lo que sigue: Y abate a los pecadores hasta el polvo. Hay muchas clases de pecadores: Y abate a los pecadores hasta el polvo. ¿A qué pecadores? A los contrarios a los mansos. Por lo que dijo: El Señor ampara a los mansos y humilla a los pecadores hasta el polvo, quiso se entendiese, por la antedicha mansedumbre, cierta clase de pecadores. Por pecadores entendemos en este lugar los inhumanos y altaneros. ¿Por qué los abate hasta la tierra? Porque censuran las cosas del entendimiento, y, por lo tanto, han de percibir sólo las terrenas. 13. Esto hizo con los hombres que quisieron mofarse de la ley antes de conocerla; no fueron, pues, mansos. Atienda vuestra caridad. Existió cierta secta perversísima de los maniqueos que, aceptando y leyendo las santas Escrituras, se mofaban de ellas. Censuraban lo que no entendían; y, discutiendo y vituperando lo que no entendían, envolvían en sus lazos a no pocos incautos. Pero fueron abatidos hasta el polvo los que pretendieron hacer esto. No se les permitió entender las cosas celestes, y, por lo mismo, se alimentaron de las cosas de la tierra. Todo lo que oyes en sus fábulas es blasfemia y cierta ficción de imágenes sensibles, ya que, queriendo conocer a Dios, llegaron a pensar en cierta luz visible no pudiendo comprender cosa más excelsa; así asignaron al reino de Dios tal condición de luz cual veían que tenía este sol terreno, como si fuese resultado de aquella luz divina. Todo lo que se percibe aquí por la tierra carnal, es tierra para Dios. Tenemos, pues, medios por los que vemos, oímos, olemos, gustamos y palpamos. Esta carne percibe únicamente las cosas corporales por cinco mensajeros, a los que llamamos sentidos. Las inteligibles y espirituales se perciben por la mente. Luego como ellos se mofaron de la oscuridad de las santas Escrituras, las que se hallaban cerradas para ejercitar a los que llaman, no para negar su conocimiento a los pequeños, de aquí que fueron abatidos hasta el polvo para que no pudieran pensar en más que en lo que se percibe por la tierra. Al decir por la tierrat quiero decir "por la carne”. Pues esta carne es tierra y de la tierra fue hecha. Cuanto percibes por los ojos, pertenece a la tierra; cuanto 17

percibes por el oído, por el olfato, por el gusto y por el tacto, pertenece a la tierra, porque se percibe por la tierra. Ellos no eran capaces de entender la inteligencia, la cual no tiene número, porque su inteligencia no tiene número. Censurando las santas Escrituras, que ocultan saludablemente el conocimiento con algunos misterios de cosas para que se ejerciten los párvulos, y, haciéndose altaneros por la misma reprensión, lo que es opuesto a los mansos, fueron abatidos hasta el polvo para que no pudieran percibir al Dios incorporal, y cuanto de Dios pensasen, únicamente lo entendiesen corporalmente. 14 {V.7]. Dios abate a los pecadores hasta el polvo. ¿Qué debemos hacer nosotros si no queremos ser abatidos hasta el polvo? Gran cosa es arribar hasta lo inteligible, hasta lo espiritual; gran cosa es llegar el corazón a tal estado, que conozca que hay algo que no se extiende por espacios ni varía con el tiempo. ¿Cuál es, pues, la naturaleza de la sabiduría? ¿Quién piensa sobre ella? ¿Es larga, es cuadrada, es redonda? ¿Ahora está aquí, ahora allí? Uno piensa que se halla en el oriente, otro que en el occidente; si piensan bien de ella, toda ella se encuentra en presencia de estos dos sitios, que se hallan colocados en tan diversos lugares. ¿Qué es esto? ¿Quién lo entiende? ¿Quién comprende esta sustancia, esta divina e inmutable naturaleza? No te aceleres; puedes comprenderla. Oye lo que sigue: Empieza a alabar al Señor con la confesión. Comienza desde aquí si quieres llegar al conocimiento claro de la verdad. Si quieres ser llevado del camino de la fe a la posesión de la visión, comienza por la confesión. Primero acúsate; acusado, alaba a Dios. Invoca al que todavía no conoces para que venga y le comprendas; mejor dicho, no que venga El, sino que te lleve El a sí. Pues ¿cómo viene El al lugar de donde nunca se apartó? Esta es la excelencia de la Sabiduría: hallarse en todos los lugares y estar lejos de los malos. Está, diré, en todos los lugares y se halla lejos de los malos en cualquier sitio que se hallen. Os pregunto: ¿De quiénes se encuentra lejos lo que está en todas las partes? ¿Por qué pensáis esto si no es porque yacen en su desemejanza por haber destruido en sí la imagen de Dios? Se apartaron al hacerse desemejantes; vuelvan reformados. "¿Cómo—dicen—y cuándo seremos reformados? ” Comenzad a 18

alabar a Dios con la confesión. Después de la confesión, ¿qué más ha de hacerse? Sigan las buenas obras: Salmead a nuestro Dios con la cítara. ¿Qué significa con la cítara? Lo que ya expliqué: como el salmo se cantaba acompañado del salterio, así también la cítara acompañe al cántico. Se cante no sólo con la voz, sino también con las obras. Salmead a nuestro Dios con la cítara. 15 [v.8]. Confesad, ejecutad obras de misericordia: Salmead a nuestro Dios. ¿A qué Dios nuestro? A Aquel que cubre el cielo de nubes. ¿Qué significa que cubre el cielo de nubes? Que encubre la Escritura de figuras y misterios. El que abate a los pecadores hasta el polvo, el que ampara a los mansos, cubre el cielo de nubes. Pero ¿quién verá el cielo que esté cubierto de nubes? No temas. Oye lo que sigue: El que cubre el cielo de nubes, prepara lluvia a la tierra. Cubre el cielo de nubes. Te asustaste, porque no ves el cielo; al llover fructificarás y le verás sereno. Cubre el cielo de nubes el que prepara lluvia a la tierra. Sin duda hizo esto el Señor, Dios nuestro. Si la oscuridad de la Escritura no nos hubiera dado ocasión, no os hubiera dicho estas cosas de las que os gozáis. Esta es quizá la lluvia por la cual os gozáis. No se os hubiera podido explicar con palabras si Dios no hubiera cubierto el cielo de las Escrituras con nubes de símbolos. Luego cubrió el cielo de nubes para preparar la lluvia a la tierra. Quiso que fuesen oscuras las palabras de los profetas para que tuviesen después los siervos de Dios algo que interpretado penetrase en los oídos y en los corazones humanos que reciben de las nubes de Dios el alimento de la alegría espiritual. El cubre el cielo de nubes y prepara lluvia a la tierra. 16. Hace brotar heno en los montes, y hierba para servicio de los hombres. He aquí el fruto de la lluvia. Dice que hace brotar heno en los montes. ¿Por ventura no lo hace brotar también en la tierra humilde o baja? Pero lo que es más grande: lo hace brotar en los montes. Llama montes a los poderosos del mundo. Toma en este pasaje por montes a los dotados de alguna gran dignidad, pues no es de extrañar que echase en el gazofilacio dos ochavos no sé qué viuda. La tierra, la tierra humilde, produjo heno; pero también lo 19

produjo el monte: Zaqueo, príncipe de los publícanos. Más admirable fue que el monte produjese heno. Pues cuanto más encumbrados se hallan los hombres, tanto son más avaros, y cuanto son más excelsos en este mundo, tanto más aman sus riquezas. De aquí que se apartó apesadumbrado el que llamó al Señor Maestro bueno y le pedía un consejo para la vida eterna, diciendo: ¿Qué haré para conseguir la vida eterna? Y el Señor le responde: Guarda los mandamientos. ¿Cuáles?, dice él. Y el Señor le contesta: "Los de la ley.” Todos éstos—replica el joven—los cumplí desde mi juventud. Una cosa te falta—le contesta el Señor—; si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; y ven y sígueme. ¿Qué dijo el Señor? Ve que eres monte; recibe la lluvia y da heno. Pues ¿qué ha de dar? ¿Acaso no has de dar heno? Efectivamente, todas estas cosas que se dan a la Iglesia por los ricos para socorrer las necesidades de los que sirven a Dios, ¿qué son sino heno? Son cosas materiales y que sirven temporalmente, pero que no se consigue por ellas algo carnal. Ve lo que compras con estas cosas viles. El Apóstol, demostrando que todo ello es heno, dice: Si nosotros hemos sembrado para vosotros los bienes espirituales, ¿será cosa grande que recojamos de vosotros los bienes carnales? Ve cómo los bienes carnales son heno: Toda carne es heno, y todo el esplendor del hombre, como flor de heno. El joven se alejó entristecido, y el Señor dijo entonces: /Difícilmente entra un rico en el reino de los délos! Luego es cosa grande hacer brotar heno en los montes. ¿;Y cómo hace brotar heno en los montes, si el rico, habiendo oído que debía dar sus bienes a los pobres, se alejó entristecido? ¿Qué declaró después a los contristados apóstoles? Lo que es dificilísimo al hombre, es facilísimo a Dios. Luego Aquel para quien todas las cosas son facilísimas, hace brotar heno en los montes. Nada hay más estéril que los ásperos montes. Pero llueve el que hace brotar el heno en los montes, y la hierba para servicio del hombre. Para servicio, ¿de quién? Atiende al mismo San Pablo: Nosotros—dice—somos vuestros servidores por Jesucristo. El que decía: Si nosotros sembramos para vosotros bienes espirituales, ¿será gran cosa que recojamos vuestros bienes carnales?, se llamó siervo. Os servimos, hermanos. Seremos mayores si somos más humildes. 20

Cualquiera que desee ser entre vosotros mayor—y es sentencia del Señor—, sea vuestro servidor. Luego hace brotar heno en los montes, y hierba para servicio del hombre. El apóstol San Pablo, viviendo de su propio trabajo, no quiso recibir este heno de los montes; quiso sentir la necesidad; pero, sin embargo, los montes ofrecían heno. ¿Acaso porque no quiso El recibirlo no debieran dar heno los montes, permaneciendo estériles? Se debe fruto a la lluvia, se debe alimento al servidor, según dice el Señor: Comed las cosas que son de ellos. Y, para que no pensasen que daban algo de lo suyo, dice además: El obrero es acreedor a su jornal. 17. Aconteció, hermanos, que, tomando pie de ocasión parecida, os hablé algo sobre esto (ser.3 n.9-12 del salmo 103). Como precisamente hablo a los que no pido tales cosas, por eso hablo con más libertad; pero, aunque os las pidiese, pediría vuestro fruto y no vuestras riquezas, pediría vuestra justicia. Con todo, os amonesto brevemente, porque ya he dicho muchas cosas, y ha de terminarse el sermón, que, si no queréis ser estériles, exigíos a vosotros mismos, haceos vuestros cobradores para que de este modo devolváis por la lluvia; no suceda que más tarde sea condenada vuestra esterilidad, pues amenaza Dios con el fuego a la tierra estéril y espinosa, así como prepara la troje para la fructuosa. Cristo, callado, pide; pero la voz del que calla es más intensa, puesto que en el Evangelio no calla, pues no calla al decir: Granjeaos amigos con la riqueza de la iniquidad para que ellos os reciban en los eternos tabernáculos. No calla; oíd su voz. Nadie puede pediros, a no ser que, exigiéndolo el trabajo diario, os pidan los que os sirven en el Evangelio. Si se llegare a pedir, ved no suceda que lo que vosotros pedís a Dios, lo pidáis en vano. Luego sed cobradores de vosotros mismos, no acontezca que aquellos que os sirven en el Evangelio, no digo que se vean obligados a pedir algo, porque quizá ni forzados piden, sino que os inculpen en silencio. De aquí que se escribió: Bienaventurado el que entiende sobre el necesitado y el pobre. Al decir atiende al necesitado y al pobre, no espera que pida. Le atiende. Te busca un indigente; tú busca a otro. Una y otra cosa se dijo, hermanos míos; ahora se leyó: Da a todo el que pide; y la Escritura dice en otro sitio: Sude la limosna en tu mano hasta que encuentres al 21

justo a quien se la entregues. Te busca uno, tú debes buscar a otro. No despaches vacío al que te busca, da a todo el que te pida; pero hay otro a quien tú debes buscar: Sude la limosna en tu mano hasta que encuentres al justo a quien des. No haréis jamás esto si no tenéis separado algo de vuestras riquezas, lo que a cada uno agrade según las necesidades de su casa, y que deba dar como deuda al fisco. Cristo, si no tiene república, no tiene fisco. ¿Sabéis qué es el fisco? Un saquito. De aquí, de fiscus, se dijo también fiscellus, fiscina, cestillo, canastillo. No penséis que el fiscus es algún dragón, porque se oye con temor al recaudador del fisco; el fisco es el canasto, el depósito o el erario público. El Señor tenía este erario aquí en la tierra cuando contaba con la bolsa, la cual se encomendó a Judas. El Señor soportaba al traidor y al ladrón, mostrando en todo momento su paciencia con él; sin embargo, los que depositaban las limosnas, las depositaban en la bolsa del Señor. A no ser que penséis que el Señor, a quien servían los ángeles y que con cinco panes dio de comer a otros tantos miles de hombres, se encargaba de esto, y pedía o mendigaba. ¿Por qué quiso hallarse necesitado? Para incitar a los montes, a fin de que produjesen heno y no devolviesen esterilidad en recompensa de la lluvia Luego separad algo y destinadlo al fisco, ya de los productos anuales, ya de vuestras ganancias diarias. Porque viviendo debes dar, y es necesario que se mueva tu mano alargándola a lo que no habías prometido. Separa alguna parte de tus ganancias. ¿Quieres que sean los diezmos? Aparta los diezmos, aunque sea poco. Pues se dijo que los fariseos daban diezmos: Ayuno dos veces por semana, doy diezmo de todo cuanto poseo. ¿Y qué dijo el Señor? Si vuestra justicia no sobrepasa la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Ve que Aquel sobre quien debe aventajar tu justicia da diezmos, y tú no das ni milésimas. ¿Cómo aventajarás al que ni siquiera igualas? Cubre el cielo de nubes y prepara lluvia para la tierra; hace brotar el heno en los montes] y la hierba para servicio del hombre. 18 [v.9]. Y da a las bestias su alimento. Estos animales son la grey de Dios. Dios no deja de dar a su grey los alimentos propios de ella mediante los hombres, para cuyo servicio hace brotar la 22

hierba. De aquí que dice el Apóstol: ¿Quién apacienta el rebaño y no toma la leche de él? Y da a las bestias su alimento, y a los pollos de los cuervos que claman a EL ¿Quizá pensamos que los cuervos invocan a Dios para que les dé alimento? No penséis que el alma irracional invoca a Dios; sólo sabe invocar a Dios el alma racional. Entended que se dijo esto figuradamente, y no creáis, como dicen algunos impíos, que las almas humanas se reencarnan en las bestias, en los perros, en los puercos, en los cuervos. Alejad tal cosa de vuestro pensamiento y de vuestra fe. El alma humana fue hecha a imagen de Dios, (y Dios) no entregará su imagen al perro o al puerco. Luego ¿qué significa y a los pollos de los cuervos que le invocan? ¿Quiénes son los pollos de los cuervos? Los israelitas decían que sólo eran justos ellos, porque habían recibido la ley, y que todos los hombres restantes de todas las demás naciones eran pecadores. Ciertamente que todas las naciones se hallaban envueltas en el pecado, en la idolatría, en el culto de las piedras y de los árboles. Pero ¿por ventura permanecieron así? Si los mismos cuervos, nuestros padres, no invocaron a Dios, sin embargo, nosotros, polluelos de los cuervos, le invocamos. Da su alimento a las bestias, y a los pollos de los cuervos que le invocan. Son polluelos de los cuervos aquellos de quienes dice San Pedro: Sabéis que no fuisteis redimidos de vuestra vanísima costumbre, recibida de vuestros padres, con oro o plata corruptible. Progresando, pues, los polluelos de los cuervos, que veían adorar los ídolos de sus padres, se volvieron a Dios. Por eso oyes ahora al polluelo del cuervo que invoca al único Dios. " ¿Pues qué, abandonaste a tu padre? ”, preguntas al polluelo del cuervo. "Le abandoné por completo—te dice, pues el cuervo no invocó a Dios—; pero yo, polluelo del cuervo, le invoco.” Y alimenta a los polluelos de los cuervos que le invocan.

19 [v.10]. No se agradará en la fuerza del caballo. La fuerza del caballo es la soberbia. El caballo parece acomodado para ser palco del hombre, a fin de que camine más alto. Y, a la verdad, él tiene cerviz, que simboliza la soberbia. No se engrían los hombres por sus dignidades, no se tengan por excelsos debido a los honores; cuiden de no ser precipitados por el indómito caballo. 23

Ve lo que se dice en otro salmo: Los potentados, unos confían en los carros, otros en los caballos; mas nosotros nos ensalzaremos en el nombre del Señor, Dios nuestro. Es decir, ellos se ensalzarán con los honores temporales, nosotros nos ensalzaremos en el nombre del Señor, Dios nuestro. Por lo mismo, ¿qué les acontece? Ved lo que sigue: A ellos les fueron atados los pies, y cayeron; nosotros nos levantamos y estamos en pie. No se agradará en la fuerza del caballo ni se complacerá en los tabernáculos del hombre. Dice en los tabernáculos o tiendas del hombre, pues existe el tabernáculo del Señor, el cual es la santa Iglesia difundida por el orbe. Los herejes, al separarse de los tabernáculos de la Iglesia, establecieron tabernáculos para sí; Dios no se complacerá en estos tabernáculos o tiendas de los hombres. Oye, pues, al polluelo de los cuervos decir: Elegí hallarme abatido en la casa del Señor antes que habitar en los tabernáculos de los pecadores. Efectivamente, si quizá acontece carecer de honor temporal en la Iglesia a algún polluelo de cuervo bueno, piadoso, que confiesa su flaqueza e invoca a Dios, no va fuera de la Iglesia, no se constituye tabernáculo fuera de ella, en el que Dios no se complace. ¿Qué dice entonces? Elegí hallarme abatido en la casa del Señor antes que morar en los tabernáculos de los pecadores. Dios no se complacerá en los tabernáculos del hombre. 20 [v.11]. ¿Qué más añade? El Señor se complacerá en los que le temen y en los que confían en su misericordia. El Señor se complacerá en los que le temen; pero ¿se teme a Dios como al ladrón? Es cierto que se teme al ladrón, a la bestia; se teme en gran manera al hombre injusto y poderoso. El Señor se complacerá en los que le temen; pero en los que le temen, ¿de qué manera? Y en los que confían en su misericordia. Ved cómo Judas, que entregó a Cristo, le temió; pero no confió en su misericordia, pues más tarde se arrepintió de haber entregado al Señor, y dijo: Pequé entregando la sangre del Justo. Ciertamente hubieras temido bien si hubieses confiado en la misericordia de Aquel a quien entregaste, ya que, desesperado, se apartó y se ahorcó. Luego teme a Dios de modo que confíes en su misericordia. Pues, temiendo al ladrón, esperas socorro, no de 24

aquel a quien temes, puesto que pides auxilio a aquel a quien no temes contra aquel a quien temes. SÍ de este modo temes a Dios, y le temes, porque eres pecador, ¿de quién vas a recibir auxilio contra Dios? ¿Adonde irás? ¿Qué has de hacer? ¿Quieres huir de El? Refúgiate en El. ¿Quieres huir de El airado? Refúgiate en El aplacado. Le aplacarás si esperas en su misericordia. Evita pecar en adelante y pide perdón de los pecados pasados para que te los perdone el Señor, que tiene el poder y la gloria con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

V. COMENTARIO BÍBLICO INTERNACIONAL [HERDER]

Salmo 146: Comienza con este salmo de origen postexílico el llamado «Hallel final»: todos estos salmos finales se caracterizan, de hecho, por el uso del aleluya. Lo mismo que en el precedente, también el núcleo de este himno está constituido por la proclamación de la realeza divina: «YHWH reina por siempre» (v. 10). Llegamos a este vértice a través del canto de una letanía de atributos divinos que se articulan según el número perfecto 12 (nueve participios y tres imperfectos): creador del cielo y de la tierra, fiel a la alianza con su pueblo, hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos, libera a los prisioneros, abre los ojos a los ciegos, levanta al que ha caído, ama a los justos, custodia al extranjero, defiende al huérfano y a la viuda, destruye el camino de los impíos, reina por siempre. El hombre es situado ante una opción: o «confiar en el hombre», es decir, en un ser frágil y mortal, o «esperar en el Señor», Dios eterno y fiel. El v. 4b es citado en 1 Mac 2,63. VI. BIBLIA DE JERUSALÉN 2009 [BJ4]

SALMO 146 (145) HIMNO AL DIOS TEMIBLE 25

1

¡Aleluya!

¡Alaba, alma mía, a Yahvé! 2

A Yahvé, mientras viva, alabaré, mientras exista tañeré para mi Dios. 3

No pongáis la confianza en los nobles, en un ser humano, incapaz de salvar; 4

exhala su aliento, retorna a su barro, ese mismo día se acaban sus planes. 5

Feliz quien se apoya en el Dios de Jacob, quien tiene su esperanza en Yahvé, su Dios, 6

que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos; que guarda por siempre su lealtad, 7

que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. Yahvé libera a los condenados. 8

Yahvé abre los ojos a los ciegos,

Yahvé endereza a los encorvados, 9

Yahvé protege al forastero, sostiene al huérfano y a la viuda. 8c

Yahvé ama a los honrados,

9c

y tuerce el camino del malvado.

10

Yahvé reina para siempre,

tu Dios, Sión, de edad en edad. I. VISIÓN DE CONJUNTO Los cinco últimos salmos del salterio comienzan con la palabra «Aleluya». Forman el llamado «Hallel final» (Sal 146-150), compañero del «pequeño Hallel» (Sal 113-118) y del «gran Hallel» (Sal 136). Si nos fijamos en los dos primeros versos, el Sal 146 es una «laus perennis» que ocupa toda la vida del orante, 26

porque toda ella está marcada por el amor de Dios. El poeta enumera diversas categorías de menesterosos (con carencias físicas, socioeconómicas o sociofamiliares, vv. 7-9), de modo que este salmo es el himno de los pobres que confían en Yahvé. El salmo es, sin duda, un himno litúrgico de alabanza, pero la invitación a la alabanza (vv. 1-2) va seguida de una exhortación a la verdadera confianza: no en los nobles, que no pueden salvar, sino en Yahvé, se entiende (vv. 3-4). La confianza en Yahvé se sanciona con una bienaventuranza bien fundada (vv. 5-9). Finaliza el poema con el anuncio de Yahvé-Rey. Creo que tanto la alabanza como la bienaventuranza están al servicio de la confianza. «El proceso lógico es el siguiente: podéis confiar en Dios, porque él tiene recursos para todos los casos (alabanza por predicados), porque tenerlo de protector será vuestra dicha (bienaventuranza)» (Alonso-Carniti, II, 1643). La exhortación a confiar (v. 3 a) en el que puede salvar introduce y orienta la lectura del cuerpo del himno. A la vez que exhorta a confiar, el poeta desgrana ante su auditorio los motivos para la confianza mediante nueve participios y tres acciones verbales realizadas por Yahvé, que arrojan una suma de doce «bellísimos nombres» de Yahvé (vv. 6-10), cuya presencia nominal en el poema es insistente: hasta nueve veces resuena el nombre divino, como si fuera un tañido de campana, sobre todo en la repetición anafórica de los vv. 7b-9a. A esos nueve nombres habría que sumar los otros tres que presentan a Dios con un posesivo de primera persona (v. 2b), de tercera persona (v. 5b) y de segunda persona en el verso último (v. 10b). Los doce «bellísimos nombres» de Yahvé se corresponden con los doce nombres divinos (Yahvé y Dios). La exhortación a la confianza, en segunda persona, finaliza con el posesivo de segunda persona acompañando a Dios (v. 10b). La segunda persona engloba el cuerpo del salmo (vv. 3-10). La confianza, en consecuencia, es el motivo principal del himno de alabanza. Es clara la invitación a la alabanza (vv. 1-2). Los nueve participios vienen tras la proclamación de la bienaventuranza (vv. 6-9a) y se completan con los tres verbos de los vv 9b-10. Entre la invitación y la bienaventuranza queda una pequeña unidad, 27

formada por los vv. 3-4, como invitación negativa a la confianza: en quién no se debe confiar e, indirectamente, en quién se debe confiar. Acaso este desequilibrio cuantitativo entre las estrofas (34 y 5-10) sea intencionado, porque el salmo es un cántico al Salvador con ciertos matices mesiánicos, que acercan el salmo al famoso ungido de Is 61,1-2. En el comentario no seguiré el esquema de las estrofas, dada la brevedad de la invitación (vv. 12) y de la exhortación negativa a la confianza (vv. 3-4). II. COMENTARIO: «Su esperanza es Yahvé, su Dios» El hemistiquio que me sirve para titular el comentario puede ser un buen resumen del poema. He dicho que la confianza es el motivo que predomina y define el género del salmo. Ahora la confianza comporta una actitud de espera y de esperanza. La confianza y la esperanza reposan en Yahvé, nombre nueve veces reiterado a lo largo del poema. Los tres posesivos delante del nombre divino (vv. 2.5.10) vinculan a Dios con el poeta, que alaba a Dios (v. 2), con el que confía o espera en Dios (v. 5), con el «tú» al que exhorta el salmista (v. 10). La alabanza comienza con la exclamación litúrgica aleluya, sin ser un mero rito formal, sino que toda la vida se torna un cántico de alabanza: mientras dure la vida, durante todo el tiempo de la existencia, la alabanza será el quehacer del salmista (vv. 1-2). La alabanza ritual entonada en el templo está avalada por la alabanza existencial del diario vivir. «Alabamos al Señor con nuestra vida, es decir, con nuestra conducta», escribía Arnobio. La vida en este mundo es la mejor profesión de la fe, cuya vertiente negativa viene definida en los dos versos siguientes. «Los profetas rechazan que el pueblo deposite su afecto y confianza en una realidad distinta del Señor, atribuyendo a los imperios unas cualidades que sólo a Dios competen» (J.L. Sicre, Los dioses olvidados, 81). Es inútil, por ejemplo, confiar en Egipto: «es humano, no divino, y sus caballos, carne, y no espíritu. Yahvé extenderá su mano, tropezará el ayudador y caerá el ayudado, y todos a una perecerán» (Is 31,3). El noble, o poderoso (v. 3a), no es más que un ser humano, un «hijo-delhombre-tierra» (ben-Adam); en cuanto tal, retornará a la tierra o al 28

barro (adamah), del que ha sido formado, una vez que Dios le retire el aliento vital, el espíritu. En ese mismo instante, todos sus proyectos, maquinaciones o programas desparecerán con él, apenas iniciado el día escatológico («ese mismo día»), el día de la intervención definitiva de Yahvé. ¿Cómo esperar la salvación liberadora de seres tan frágiles? (vv. 3-4). Acaso en estos versos tan genéricos esté latente una polémica contra el culto al poder o al temor servil a otras fuerzas, o sencillamente sea una reflexión sobre la caducidad del ser humano. En todo caso, tras estos dos versos negativos se entrevé quién ha de ser el depositario de la confianza: sólo Yahvé es capaz de socorrer. Opuesta a la conducta del que confía en los nobles es la de aquel que se apoya en el «Dios de Jacob» (v. 5a). Esta denominación arcaizante del Dios de Israel (véase Sal 33,12; 46,4; 144,15) nos conduce a las raíces de la fe bíblica. La mención de Jacob trae el recuerdo de las doce tribus y la conciencia de seguir formando un pueblo. Aunque falte el rey humano, el Dios de Jacob continúa aglutinando a todo el pueblo. Este Dios, por lo demás, se identifica con Yahvé, el Dios de Israel. Los nobles no pueden salvar; el Dios de Jacob, Yahvé, apoya y ayuda. ¡Feliz quien se apoya en este Dios! (v. 5); feliz, porque cuenta con «el que es», por oposición a aquel otro que «no es» (véase Ex 3,11-15). Es ésta una bienaventuranza parecida a aquella otra que leemos en Dt 3,29: «¡Felicidades, Israel! ¿Quién como tú? / Pueblo salvado por el Señor; / tu escudo protector, cuya espada es tu orgullo». Dios es, y muestra que es actuando en el marco de la alianza, como la gran categoría, acogedora tanto de las virtudes divinas cuanto de sus acciones. A partir de aquí se desgrana la letanía de los «bellísimos nombres» de Yahvé; los denomino de este modo por paralelismo con los «99 bellísimos nombres de Alá». El primer artículo de la fe de Israel retornado del destierro es la afirmación de Dios como creador de todo lo existente: cielo, tierra y mar, según la visión tripartita de cosmología bíblica (v. 6ab). Yahvé es el Creador: el primer bellísimo nombre de Yahvé. La creación es el preludio del gran acto de la salvación, de la alianza de Yahvé con su pueblo. El segundo nombre bellísimo es 29

«Guardador de su lealtad por siempre» (v. 6c). Fiel es el título fundamental de Yahvé. Ante la inconsistencia y la infidelidad de las criaturas se yergue la fidelidad divina, que desafía el paso de los siglos, como la roca resiste el paso del tiempo. Yahvé es la roca invencible (Sal 18,3; 20,2-3; 28,1; etc.). Clasifico los restantes nombres divinos agrupando en distintas categorías a los que se benefician de la actuación de Yahvé. Entre aquellos a los que ayuda el Dios de Jacob hay disminuidos físicos: ciegos y encorvados (v. 8). «Yahvé abre los ojos a los ciegos» y éstos ven la luz. El triunfo de la luz sobre las tinieblas es un signo de la nueva creación (véase Gn 1,2-5) y de la era mesiánica (véase Is 29,18; 35,5; 42,7). Es también signo de la nueva revelación de Dios (véase Is 9,1-2). Yahvé no se comporta con los encorvados como un emperador impasible que cabalga sobre sus cráneos, sino que se inclina hacia ellos, como un padre hacia su hijo, y los endereza (v. 8b; 1 S 2,8). La curvatura hacia el suelo o el polvo es una prefiguración del descenso hacia la muerte; Yahvé se anticipa y evita que sus protegidos sean derribados. A la categoría socioeconómica pertenecen los oprimidos, los hambrientos, los prisioneros y los emigrantes. La justicia define el reino- reinado de Yahvé. De esa justicia se benefician todos los oprimidos; Yahvé es su justiciero (v. 7a; Sal 103,6). Según Jr 50,33, oprimidos son los desterrados. Entre los oprimidos, alguno de ellos mueren de hambre, se ven excluidos de la mesa, mientras otros engordan a su costa; «Yahvé da pan a los hambrientos» (v. 7b; Sal 145,15). Los prisioneros nos remiten a la cárcel de la esclavitud egipcia o del destierro babilónico; Yahvé los libera (v. 7c) y los reúne en Sión como anticipo de la salvación final que les espera. Los emigrantes, privados de la protección de su familia o clan, están expuestos a toda clase de vejación y de pobreza; la moral de la alianza prevé que Yahvé sea su defensor (v. 9a; véase Ex 22,20; Dt 10,18; 14,29). En la categoría socio-familiar entran el huérfano y la viuda (v. 9b). Económicamente el huérfano y la viuda forman una categoría afín a la del emigrante. Los tres son pobres de solemnidad. Sin 30

poder económico que los respalde, el huérfano y la viuda pueden ser esclavizados sin que nadie los rescate. Yahvé es su «redentor»: paga por ellos el precio de su rescate. Si el huérfano y la viuda viven en un mundo lleno de violencia y de opresión, como puede ser el destierro, no recibirán ayuda de las potencias extranjeras ni del orgullo nacionalista, sino de la alianza con Yahvé, que «sostiene al huérfano y a la viuda» (v. 9b). La cuarta y última categoría es ética. Agrupa a los honrados y al malvado. Los honrados se comportan de acuerdo con las estipulaciones de la alianza; aman a Yahvé. Yahvé les corresponde con su amor (v. 8c) e interviene para proteger al justo (Sal 33,5; 99,4), cuando ya no existe un monarca en Israel que defienda a su pueblo con justicia. La justicia divina, con relación al malvado, ha de ser vindicativa. El malvado es una nota cacofónica en el armónico proyecto divino. Yahvé erradicará el mal con todas sus ramificaciones: «Tuerce el camino del malvado» (v. 9c). La imagen del camino alude al proceder del malvado, a sus opciones y acciones. Si lo tuerce de modo que el pecador cambie de conducta y viva (Ez 18,23.32), es lo que Dios pretende. Si no fuera así, cabe preguntarse con la liturgia oriental: «¿Por qué no los suprimes para purificar la creación?». Es la única acción negativa realizada por Yahvé. El título real suena al final del poema, como síntesis de los títulos y de las acciones precedentes. El verso final del salmo (v. 10) es paralelo al inicial. «Alabanza y acción salvífica se entrecruzan en el reino de Dios inaugurado en Sión... Es ésta la meta de todo el himno. Un himno que es un cántico al amor divino con relación a la pobreza humana. Un himno que, aun en la más pura teología de la alianza, puede ser la oración de todos los que buscan la justicia» (Ravasi, III, 940). La alabanza de este poema no consiste tanto en palabras de encomio cuanto en una vida convertida en alabanza. Para que así sea, es preciso desechar algunas confianzas estériles y confiar en Yahvé, sobre cuya sólida fidelidad se construye la frágil fidelidad del creyente. El Dios alabado, en el que se espera y confía, reúne suficientes títulos para ser enaltecido. Recuerdo tan sólo el primero y el último: es el Creador y el Rey. Las acciones que 31

median entre estos dos títulos son un despliegue del inmenso amor divino. Los indigentes de toda clase son los primeros que experimentan el amor de Dios. Si este salmo afianzó la confianza de un pueblo que pasó por la cárcel del destierro, también puede robustecer la confianza del pueblo de Dios que camina hasta llegar al templo santo de Sión, mientras, como decía en el salmo anterior, expresa su deseo de que venga el reino de Dios. III. ORACIÓN «Dios omnipotente y glorioso, en quien confiaron esperanzadamente todos los bienaventurados, concédenos que, iluminados con tu ayuda, merezcamos amarte con un corazón limpio y gozoso. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén» (PL 142,520). VII. COMENTARIO BÍBLICO LATINOAMERICANO:

5 f. El Hallel final (pequeño) [146-150] Los redactores proveyeron a todos los salmos de este Hallel de dos aleluyas. Uno al comienzo y uno al final, indicando con esto la advertencia final fortissimo del canto. El templo al que hemos entrado por el portal del Sal 145 no es solo el pequeño templo de Judá, si bien la mayor parte de estos salmos es del primer postexilio, con adiciones más tardías (final de 148 y todo el 149). En esta última etapa de la composición el Hallel toca los argumentos nacionalistas, predilectos de Esdras o, hasta, como algunos quisieran, de la época macabea. Pero los otros salmos, atribuidos por los LXX a Ageo y Zacarías (excepto el último), tienen un tono sereno y universal y una perspectiva cósmica. No es necesario tomar al pie de la letra las atribuciones de los LXX; pero al menos el comienzo de este tipo de alabanza se debería atribuir a los dos profetas del primer postexilio. Aquí ya no se habla más de la historia de Israel, ya no hay lamentos, individuales o nacionales. La misma terminología de la 32

alabanza no es ya la del agradecimiento o confesión, expresada con el verbo yd‘ y vista al final del 4o libro. Ella se basaba en los recuerdos históricos de Israel. Por otra parte, aquí no aparece todavía el verbo brk en el sentido de alabanza, como en los textos redaccionales de la alabanza, especialmente en el gran Hallel (Sal 135) o en el 145. Este verbo dominará en Nehemías y en las Crónicas, hasta las oraciones deuteronómicas de Daniel. Quedó el verbo clásico de la alabanza. hll. Este fue adoptado también por los redactores finales, los que dotaron de aleluyas a todos los Hallel del salterio. Fue usado siempre en la plegaria de alabanza de Israel, aun la más antigua. Aquí no está solo en estas tardías aleluyas finales redaccionales (10 veces), sino en el interior mismo de los salmos: 25 veces, de las cuales 11 en el último salmo. Esto nos hace pensar, como varias veces se ha dicho, que ellos no son la última forma de alabanza del salterio y que este Hallel existía ya sustancialmente como alabanza final cuando terminaba en el 4° libro. No se habla más del templo hasta el final (150,1), para ponerlo, como antes Jerusalén (147), en el centro de una alabanza cósmica, a la que se hace participar sobre todo los pobres, descritos enseguida (146s) con varias categorías y privilegiados de Dios, pero también todas las demás criaturas (148). El último canto (las últimas palabras son: que todo viviente alabe al Señor) nos hace acudir a todos los instrumentos musicales y a todos los modos posibles de alabar a Dios. Este es el vértice de la oración alcanzado por la primera comunidad postexílica, todavía bajo el influjo del Dt-Is y de la prodigiosa gracia del retomo. En este nivel quien ora se olvida totalmente de él mismo para concentrarse en Dios. Ya no se piensa en los propios problemas, como en las lamentaciones. No influyen más ni siquiera los beneficios recibidos, en donde juega todavía el propio yo, aunque no sea sino en la forma de la gratitud. Es la forma de oración de quien llega a la verdadera contemplación de Dios. Será la oración del paraíso. SALMO 146 Observaciones generales 33

Comienzan los salmos que los LXX atribuyen a Ageo y Zacarías, los dos profetas del comienzo de la restauración después del exilio. La introducción (1 s) lo hace parecer un himno individual. Quizá sea un efecto redaccional parecido al salmo anterior. Pero enseguida se hace una invitación a la comunidad (3s) a no pensar en el hombre. Las motivaciones de la alabanza son sorprendentes: es una lista de 9 casos de pobreza humana (3 en cada verso) favorecida por Dios (7ss), desde los oprimidos a las viudas. La lista, como si no fuera suficiente, se completará al comienzo del siguiente salmo. La conclusión (10) vuelve a tomar el tema de la realeza divina del salmo anterior y se dirige a Sión, tema del siguiente. Universalismo Pero lo que más sorprende es 146,5. La singular descripción de Dios como 'El Ya'qob (no el título ’elohe Ya'qob), a quien se mira en espera, parece tener en cuenta Sal 24,5 e Is 55,5. La bienaventuranza parece dirigida aquí a los no hebreos (Lohfink), que, volviéndose a Israel, aguardan la salvación de Dios, según el espíritu Dt-Is más genuino. Si es así, las diversas categorías de pobres son ciertamente las de Israel con la esperanza de ser también ellos ayudados. Es así, con la gracia para los pobres (para los oprimidos se habla por la penúltima vez de mishpat, después hablará el tardío 149,9 en sentido nacionalista; en 147,19s el plural designa las leyes de Israel), como se establece el reino de Dios en el mundo. Y son sobre todo los pobres, los únicos mencionados en el templo de la gloria (146,8 incluye los justos y el tardío 149 habla de los piadosos, jasidim), los primeros invitados a esta plegaria. Lectura cristiana Vienen a la mente las palabras del diácono san Lorenzo que muestra a los ávidos emisarios del gobierno imperial cuál es el tesoro de la Iglesia: los pobres. Y surge la pregunta: ¿Qué pasó hoy con el dicho y el programa del Concilio Vaticano II: la opción por los pobres o la Iglesia de los pobres? *** 34

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