PALACIOS DE COLECCIONISTA EN ÁVILA

P a l a c i o s d e c o l e c c i o n i s t a en PALACIOS DE COLECCIONISTA EN ÁVILA Jesús Mª Sanchidrián Gallego CONFERENCIA EN EL MUSEO DE ÁVIL...
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PALACIOS DE COLECCIONISTA EN ÁVILA Jesús Mª Sanchidrián Gallego

CONFERENCIA EN EL

MUSEO DE ÁVILA 27 de marzo de 2014

Á v i l a

PALACIOS DE COLECCIONISTA EN ÁVILA Jesús Mª Sanchidrián Gallego

INTRODUCCIÓN

El texto que sigue constituye el guión de la conferencia dada en el Museo de Ávila el jueves 27 de marzo de 2014 con motivo de la celebración del 150 aniversario del nacimiento de Bernardino de Melgar y Álvarez de Abréu (1863-1942), marqués de Benavites, de Piedras Albas y Grande de España y luego marqués de Canales de Chozas, y se enmarca dentro del programa de actividades de promoción y divulgación de su figura por su contribución al enriquecimiento cultural de Ávila. El tema elegido pretende acentuar la faceta de coleccionista que con tanta fortuna cultivó el Marqués, y relacionar la misma con las colecciones artísticas, entendidas éstas en el más amplio sentido de la palabra, que se formaron, en alguna medida, por los nobles y aristócratas abulenses en torno a los palacios que fundaron en la ciudad ricos caballeros de antiguos linajes, lo mismo que hizo Bernardino Melgar.

No tratamos aquí de la riqueza artística que guardan iglesias y conventos, ni de los museos monásticos, ni de colecciones externas que puedan tener fondos de Ávila, y lo hacemos solo de la herencia de algunas de las casas fuertes de la ciudad y/o de las colecciones que formaron los linajes ligados a las mismas, pues este es el punto de encuentro con el Marqués. Y hablaremos de los personajes que conservaron y reunieron en sus casas objetos de coleccionista; de los palacios que algún día custodiaron artículos de interés cultural; del conservador Museo de Ávila nacido para preservar el patrimonio histórico y artístico de la Ávila y su provincia; de los ilustres veraneantes que aireaban los caserones cerrados durante el año; de la curiosidad y misterio que rodean a los viejos palacios; de los verracos vettones que fueron motivo de adorno de las residencias palaciegas; de algunas colecciones museísticas de Ávila que exhibieron sus palacios; de los parlamentarios por Ávila y damas teresianas que dejaron su nombre aristocrático como impronta señorial; de la venta de colecciones como síntoma de decadencia; de la impresionante colección pictórica de Goya, Madrazo y Sorolla que aglutina a numerosos personajes de la historia abulense, con quienes existen lazos familiares y/o de vecindad o paisanaje que tanto unen, y de las colecciones que guardan en otros palacios fuera de Ávila; y de las colecciones que no tienen palacio, y de los palacios que no tienen colecciones. Y todo se expone y lo contamos de una forma ilustrada y visual, y en un breve espacio de tiempo que no permite profundizar en exceso en cada uno de los temas seleccionados, aunque cabe esperar que sea suficiente para aproximarnos a los mismos y contagiarnos de su interés para otras oportunidades. El contexto temático elegido entonces se desarrolla en los siguientes apartados: 1) Ávila de coleccionistas. 2) Palacios cerrados. 3) Un museo para la ciudad. 4) La colonia veraniega abre puertas y ventanas. 5) ¿Qué guardan los palacios? 6) Verracos vettones para los palacios. 7) Colecciones museísticas en palacios de Ávila. 8) Nobles

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parlamentarios por Ávila y damas de Santa Teresa. 9) Exposición y venta de colecciones. 10) Goya en las colecciones de nobles abulenses. 11) Los Madrazo retratan el linaje abulense. 12) Sorolla en las colecciones de Ávila. 13) Colecciones de nobles abulenses en palacios fuera de Ávila. 14) Colecciones con y sin palacio y palacios sin y con colecciones.

1. ÁVILA DE COLECCIONISTAS

Ávila palaciega fue en un tiempo también Ávila de coleccionistas aristócratas que apostaron por el arte como signo de distinción, como no podía ser de otro modo, ya que con ello se vestían las llamativas mansiones que exigían una decoración a la altura de su señorial arquitectura. Los históricos palacios renacentistas que dieron renombre y relumbrón a la ciudad medieval fueron, en algún momento, con mayor o menor relevancia, ricos contenedores culturales de ilustres propietarios. Uno de los mejores ejemplos de ello es el palacio del regidor Juan Henao (actual parador de turismo) que guardaba la colección formada por Bernardino Melgar y Álvarez Abreu, marqués de Benavites y marqués de Piedras Albas. Lo mismo que destacan el palacio de Superunda, donde se reúne la colección del pintor Caprotti, y el palacio de don Suero del Águila, que fue del duque de Valencia, donde se agolpaban igual numerosas obras de arte y otras antigüedades y se está preparando desde hace años para sede del Prado disperso. También el palacio de Abrantes mantiene su decoración de antaño con mobiliario y carruajes de época. Hubo un tiempo en que la casa señorial se convirtió en un museo que reunía gran multiplicidad de objetos de valor que daba prestancia y prestigio a sus dueños, el mismo que ahora reivindicamos como patrimonio común para orgullo de la ciudad, lugar que configura la arquitectura urbana de la que forman parte las residencias palaciegas de nobles caballeros.

Y añadimos que la fuerte personalidad de alguna celebridad de las grandes familias nobiliarias españolas que tuvieron casa en Ávila transciende del ámbito local, lo que nos sirve de excusa para compartir sus interesantes colecciones artísticas, tales como la del museo Cerralbo, y otras que lo fueron, como las de los duques de Parcent y de Tamames, a los cuales unimos los nombres de los Alba, Montijo y Medinaceli, quienes tuvieron parte de su patrimonio en la capital abulense donde sólo se ocupaban de administrar sus bienes a través de apoderados. Todo queda relacionado en torno a la institución palaciega y sus dueños, porque los propietarios de las mansiones señoriales, personajes de la aristocracia, eran los solían formar colecciones de interés, ya que se lo permitía su posición económica y social. De ahí que sus nombres y genealogías se repitan como una constante cuando hablamos de palacios abulenses, a los que despojamos de la aureola de antaño para hacernos imaginariamente con sus colecciones o las de sus señores con el fin de convertirlas en patrimonio cultural de todos. Y aunque Ávila también aporta bienes de la ciudad a otras colecciones, públicas o privadas, entre cuyos fondos sobresalen obras artísticas creadas, inspiradas o procedentes de aquí, no trataremos ahora sobre ello, y dejamos ejemplos como los vistos en la Biblioteca Nacional, donde está la Biblia de Ávila; en el Museo del Prado, donde se exhiben pinturas de Berruguete; en el Museo del Romanticismo, donde se hallan cuadros de Valeriano Bécquer; en el Museo de Lázaro Galdiano, en el que están los dibujos de Carderera; en el Museo de Escultura, que guarda los apuntes sobre Ávila de Genaro Pérez Villaamil; en el Museo Reina Sofía, donde Ávila se representa en la pintura de Zuloaga y Echevarría; en el Museo Arqueológico, que exhibe algunos verracos vettones de Ávila; en el Museo del Traje, que luce ropajes y atuendos de nuestros paisanos; y en otros muchos lugares que podríamos seguir citando en una larga lista que nos sobrepasa.

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2. PALACIOS CERRADOS

La época de esplendor palaciega de Ávila no duró siempre y los viejos caserones de la nobleza abulense pasaron siglos de progresivo abandono, lo que propició la ruina y desaparición de algunos de ellos, y de otros el vaciado de muebles, tapices, porcelanas, pinturas, armaduras y otros elementos decorativos. Y sobre esta sensación de decrepitud de los palacios renacentistas que nunca lograron impregnar de su espíritu a la ciudad medieval, porque Ávila siempre fue Edad Media, José Martínez Ruiz Azorín (1873-1967), en su discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua de 1924 que titula Una hora de España, nos traslada tristes impresiones intemporales que fueron atractivo y motivo de melancolía romántica con las siguientes palabras:

Las ventanas de estos palacios y caserones están cerradas. Cerradas están las puertas en el huerto que respalda las casas; crecen viciosas las hierbas por los caminos. Los señores de estos palacios se han marchado más allá de los mares. Dentro de los caserones, en las anchas salas, el polvo ha ido formando una delgada capa sobre los muebles. La baraúnda de las cosas que asombraba a Santa Teresa descansa en armarios, bufetes y escaparates. Correrán los siglos ¿Quién abrirá de nuevo estos palacios? ¿Dónde, dentro de trescientos, de cuatrocientos años veremos muchas de las cosas que forman la sorprendente baraúnda? En este sillón de cuero realzado, ¿quién se sentará? Este retrato de un caballero con su lagarto de Santiago o el tao de San Juan al pecho, ¿de dónde colgará? Diez, doce, quince caserones en la noble ciudad están cerrados; en tierras lejanas, más allá de los mares, bajo el fulgor de otras estrellas están sus dueños. Y en las horas de melancolía, en aquellas inmensidades, seguramente tendrán un recuerdo henchido de ternura para estos palacios y para

estos jardines en que las rosas, no cortadas por nadie, se deshojan lentamente en los senderos por la primavera y el otoño.

Y sobre la imagen de relativo abandono que sufre Ávila, José Nicolás de Melgar y Álvarez de Abreu, Marqués de San Andrés, hermano del académico Marqués de San Juan de Piedras Albas, describió en 1960 la ciudad palaciega refiriéndose a la situación que presentaba cuando “en el año 1877 vinieron a Ávila a reedificar el solar de sus mayores sus padres, don Juan de Melgar y Quintano, quinto marqués de Canales de Chozas, y su mujer, doña Campanar Álvarez de Abreu y Álvarez de las Asturias Bohórquez”: De los treinta palacios que existían, como restos del antiguo esplendor de la que fue capital de Castilla en la Edad Media, solo están vividos por sus dueños el de los duques de Abrantes; el de los condes de Superunda y marqueses de Bermudo, señores de Zurraquín y de Bularros, que hoy es residencia y museo del artista Guido Caprotti; el torreón de los condes de Oñate, hoy de la condesa de Crecente; el de los duque de la Roca, hoy Audiencia Provincial, y por último, el de los Sofraga y Villaviciosa, habitado por los marqueses de Peñafuente, condes de Villamediana. Todos los restantes señores emigraron a la Corte y dejaron al cuidado de sus palacios a los administradores de sus fincas, y por ello se llamó en algún tiempo a esta ciudad, en lugar de Ávila del Rey y de los Caballeros, “Ávila de los Administradores”. Más aún, abundando en esta idea, Azorín retoma en 1924 lo que decía la guía de Valeriano Garcés de 1863, y en Una hora de España insiste: Ávila es ciudad de los administradores que las grandes casas españolas tienen en Ávila. Y tienen administradores aquí S. M. la Emperatriz de los franceses, los Duques de Abrantes, Alba, Medinaceli, Roca, Tamames; los Marqueses de Cerralbo, Fuente el Sol, Obisco, San Miguel de Gros; los Condes de Campomanes, Parcent, Polentinos, Superunda, Torrearias; y la Condesa de Montijo.

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En el primer tercio del siglo XX estaban ocupados y en uso, con más o menos frecuencia, los palacios de Abrantes, Águilas, Canales de Chozas, Cerralbo, Crecente, Parcent, Polentinos, Roca, Superunda, Sofraga, Velada y Verdugo, y son muchos los aristócratas que tienen casa en Ávila que pasan temporadas en la ciudad dejando su impronta. Y en este contexto, y a propósito del magnífico ejemplo que supuso la actividad de Bernardino Melgar y Álvarez Abréu, nuestro marqués de Benavites y de Piedras Albas, sobresalen las actividades palatinas de los duques de Valencia, Parcent, Tamanes, Abrantes, y Cerralbo, por ejemplo, quienes ejercieron como mecenas culturales, esporádicamente, en sus mansiones abulenses y más en sus palacios madrileños. De todo ello, contamos con excelentes testimonios que nos sirven, por contagio de paisanaje, para presumir de los valores culturales de dichas actividades, aunque otros nobles ya habían vendido sus posesiones en Ávila y se afanaban en formar colecciones en las casas de Madrid.

3. UN MUSEO PARA LA CIUDAD

Como una de las respuestas a la necesidad de preservar el patrimonio histórico y artístico de Ávila y su provincia, y ante la general decadencia de la nobleza abulense que tenía abandonadas sus mansiones señoriales, Ávila inauguró el Museo en 1911, efemérides celebrada con éxito en el centenario de tal acontecimiento que hicimos en 2011. La creación del museo se produjo por el impulso de personajes honoríficos de la cultura que integraban las Comisiones Provinciales de Monumentos como una de las metas propuestas desde 1844. El nuevo museo se instala en el edificio denominado “Museo y Biblioteca Teresianos” construido según proyecto del arquitecto Enrique María Repullés (1845-1922), siendo en 1968

cuando se traslada a la señorial y palaciega casa de los Deanes, después de pasar por otros emplazamientos. Con motivo de la inauguración del Museo, que presidió el arqueólogo y académico José Ramón Mélida (1856-1933), se organizó una exposición que reunía vestigios prehistóricos, verracos, figuras de bronce, antigüedades romanas, elementos árabes, canecillos de San Vicente, una escultura yacente del obispo Roelas, una pintura de influencia flamenca, casullas bordadas, pergaminos, escudos heráldicos y bajorrelieves, el pote de Ávila y fotografías de los principales monumentos. Y entre las contribuciones a la exposición inaugural del Museo figuran algunas procedentes de los viejos palacios abulenses, como las del Marqués de Benavites, que cedió un óleo sobre tabla, un lienzo, mobiliario, lozas y otros objetos curiosos de parte de la colección universal que guardaba el palacio de Henao, la misma que en 1968 llegó al Museo cedida por la Diputación Provincial tras adquirirla en 1958. Otras aportaciones palaciegas fueron una pequeña pila cerámica de agua bendita que solía colocarse sobre la pared del dormitorio, cedida por la condesa viuda de Crecente, y una cruz de bronce que prestó el duque de Valencia. Sin olvidar aquí la colaboración, entre otros miembros de la Comisión Provincial de Monumentos de Ávila, del académico y cronista de la ciudad el marqués Manuel de Foronda (1840-1920), así como de Fernando de la Cerda y Carvajal (1847-1927), I duque de Parcent, patrono de Mosén Rubí donde tenía su mansión palaciega y antes propietario del palacio de Bracamonte, quien era un artista y pintor experto de las Bellas Artes, casado en primera nupcias con la escritora malagueña Pepita Barrientos, y en segundas con María Trinidad Scholtz, gran mecenas de arte y destacada activista cultural. La andadura centenaria que siguió y sigue el Museo después de su inauguración sobrepasa el tema que nos ocupa, lo que no impide que añadamos que pronto se convirtió en el mayor referente para la conservación, el estudio, el conocimiento y la divulgación de

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todo lo relacionado con la arqueología, las bellas artes y la cultura popular de Ávila y su provincia, aspectos todos ellos que cultivó con éxito el marqués de Piedras Albas.

guías de la época. Con ello, se enriquece también la vida cultural de Ávila en la que juegan una parte activa el marqués de Piedras Albas, el duque de Parcent y el duque de Valencia, quienes presumen de las colecciones que guardan sus mansiones.

4. LA COLONIA VERANIEGA ABRE PUERTAS Y VENTANAS 5. ¿QUÉ GUARDAN LOS PALACIOS? En época estival, Ávila vuelve, por un momento, a tiempos pasados de olvido de esplendor, y en estas fechas muchos palacios ventilan sus estancias y enseñan sus antigüedades, lo que hace sentirse vivos a sus dueños, a la vez que contagian su señorío a la ciudad estancada en la edad media. Efectivamente, de los lazos familiares y querencias de los moradores de nuestros palacios sabemos que la ciudad imantaba su presencia durante los meses de verano. Y de ello escribió León Roch en su guía de Ávila (1912), donde da cuenta del noble grupo de celebridades que forman la colonia veraniega que abre puertas y ventanas de las históricas casonas que despiertan del letargo invernal: La colonia veraniega en Avila está compuesta, en su mayor parte, de fieles amadores, que van por tradición. Muchas de las familias que allí pasan el verano son abulenses, que tienen en Avila su palacio ó su casa, aunque residen el resto del año en Madrid. Entre éstas figuran los marqueses de San Juan de Piedras Albas, más conocidos como marqueses de Benavites, que pasan en su palacio todos los veranos, con sus padres los marqueses de Canales de Chozas, y sus hermanos los señores de Melgar; el conde de Parcent... También veranean en Avila los duques de Valencia, los de Sessa y Maqueda (del linaje de Altamira y Velada), los marqueses de Peñafuente, Somió y Zornoza; los condes de las Navas y de Torrecilla de Cameros (herederos de Sagasta). Como se ve, por lo menos siempre nos quedará el verano, y la presencia de personajes célebres que abren los palacios cerrados y casi olvidados dan prestancia a la ciudad, de ahí que se recoja en las

En una ciudad monumental, cuyo conjunto urbano está invadido de iglesias, conventos y palacios, éstos últimos tienen un aire de misterio envuelto entre los fantasmas de antiguos caballeros que debieron guardar un botín joyas y tesoros, y por ello nos preguntamos: ¿Qué guardan entre sus muros las casas o palacios de tan insignes paisanos de temporada? ¿Qué tesoros se esconden entra las piedras centenarias de estas mansiones señoriales? ¿Qué causó el abandono de estas antiguas moradas? ¿Qué fue de los estandartes, las armaduras, las espadas, los ropajes, el mobiliario, las tapicerías, la cacharrería y otros objetos de la vida cotidiana? ¿Qué misterios esconcen estas imponentes construcciones que sobresalen entre el caserío empequeñecido que se agrupa en barrios y parroquias a la sombra de iglesias y conventos arropados todos por la muralla? ¿Quiénes son sus ilustres y ausentes propietarios? Sobre ello, Azorín, en su discurso de entrada a la Real Academia, nos contagia de la curiosidad y asombro de Santa Teresa y dice: ¿Cómo será un palacio? ¿De qué manera será la estancia de un rey? Santa Teresa no sabe cómo son. No está segura de que se llamen camerines los aposentos de los reyes. “entráis –escribe Santa

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Teresa en la VI de las Moradas-; entráis en un aposento de un rey o gran señor (creo camarín los llaman), a donde tienen infinitos géneros de vidrios y barros y muchas cosas puestas por tal orden, que casi todas se ven entrando”. Y añade la Santa este recuerdo suyo: “Una vez me llevaron a una pieza de estas en caso de la Duquesa de Alba, viniendo de camino, me mandó la obediencia estar dos días, por importunación de esta señora, que me quedé espantada en entrando, y consideraba de qué podía aprovechar aquella baraúnda de cosas que veía que se podía alabar al Señor de ver tantas diferencia de cosas, y ahora me cae en gracia cómo me ha aprovechado para aquí”. La curiosidad no satisfecha y el misterio perduran todavía en la actualidad, pues apenas se conserva algo de las inmensas riquezas que trajeron de Indias y de Flandes los fundadores de los palacios levantados en Ávila en tiempos de esplendor renacentista. Por ello, tantos interrogantes siguen hoy sin una respuesta concreta, aunque sí muchas intuiciones nos hablan del paso inexorable del tiempo, de las crisis y cambios sociales y económicos, y de la decadencia. Bien es verdad, que los palacios abulenses no se prodigaron en demasiados derroches artísticos, pues hay que pensar que eran residencias donde vivían sus propietarios sin pretensiones museísticas. Además, los edificios religiosos y conventuales eran los que acaparaban el arte de la época manifestado en excelentes muestras escultóricas y pictóricos, retablos, rejerías, labras de nobles maderas en coros y carpinterías, joyas bibliográficas de misales y cantorales, etc. No obstante, de los palacios nos quedan buenos ejemplos de tapices flamencos, artesonados de buena talla, muebles antiguos, pinturas históricos, objetos domésticos de uso cotidiano y otros utensilios de artesanía, y de algunos de los linajes de sus nobles propietarios encontramos excelentes retratos de pintores de tanto renombre como Goya, Madrazo y Sorolla.

6. VERRACOS VETTONES PARA LOS PALACIOS

Aparte de los elementos constructivos que conforman las singulares arquitecturas palaciegas, los cuales tienen voluntad de permanencia, algunos de sus propietarios incorporan otros objetos con afán de coleccionista que agrupan y ordenan con desigual resultado. Y entre estos, llaman la atención muebles antiguos, tapices flamencos, cuadros y pinturas, porcelanas y diversos adornos, e incluso verracos de piedra. En esto, nos asombra la peculiar exhibición de esculturas zoomorfas de granito que son el exponente de la cultura vettona de los verracos que se lucen en varios palacios. Y deducimos que la llamativa originalidad de las esculturas de animales pétreos pronto se convierte en un atractivo que da raigambre a la nobleza abulense del siglo XIX, y por ello se incorporan como elemento histórico y ornamental de algunos palacios, donde suelen llegar procedentes de fincas cercanas de su propiedad en las que hubo asentamientos de antiguos pobladores. Como ejemplo de lo anterior, nos cuentan Carramolino (1872) y Enrique Ballesteros (1896) sobre el Palacio de los Verdugo: En los ángulos que forman con la fachada las dos torres referidas, había, en tiempos, dos toros de piedra, de los que solo uno perdura allí, encontrándose el otro caído en la plazuela del Rollo, donde quedó al romperse el carro en que intentaron transportarlo a la Serna. Dentro del portal de la casa hay otro toro pequeño. Este palacio era propiedad de los Condes de Campomanes, linaje de ilustrados al que pertenecía la esposa de su último morador que lo fue de forma continuada, Pedro Muñoz Morera (presidente de la Diputación y hermano del Marqués de la Casa-Muñoz) casado con María Ignacia, la hija de Teresa Hurtado Fernández de Campomanes y de Claudio Sánchez Albornoz, si bien una parte del palacio con una de sus torres (conocida como torreón de los Narváez) fue propiedad de los duques de Valencia. En la actualidad, el palacio es propiedad

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del Ayuntamiento que lo adquirió en 1998 libre de vestigios ornamentales y mobiliario en su interior, que lo destina a oficinas administrativas de cultura, turismo y patrimonio, archivo municipal, sede de la agrupación de ciudades declaradas patrimonio mundial, y lugar de recepciones oficiales y exposiciones, una vez rehabilitado según proyecto de José Ramón Duralde. Y los verracos también se exhiben en el palacio del Duque de Abrantes, donde se agolpan los nombres de Navamorcuende, Dávila, las Navas y Villafranca, y donde había cuatro ejemplares, dos de los cuales se trasladaron al Museo Arqueológico Nacional, y así dice el marqués de San Andrés en la guía de 1922: A continuación de la de los Dávila (hoy palacio episcopal), se halla la casa de Navamorcuende, de estilo gótico. Tuvo dos cerdos de piedra a los lados de su puerta, en forma de medio punto y anchas dovelas con el escudo de trece roeles debajo de un casco, y defendida por su barbacana correspondiente… Y a los lados de la puerta principal (del palacio del Marqués de las Navas) había dos grandes toros, marranos o elefantes de piedra que para facilitar el paso de la acera de la calle pública se hallan hoy en el patio recogidos. Y ya antes, Francisco de las Barras de Aragón, en el artículo que publica en la revista Alrededor del mundo (1901), escribió: Ponz dice (Viaje de España, 1783) que “en varias partes, dentro de la ciudad, se conservan diferentes bultos informes, que unos dicen representan toros y otros elefantes”. La misma denominación de elefantes conserva don José María Quadrado (España, 1884) para lo que nosotros suponemos jabalíes o cerdos. De los que cita en su libro hemos visto los cuatro de distintos tamaños que existen en el palacio de Abrantes. Igualmente, en el palacio del conde de Crecente un verraco presidía el patio central, el cual se encuentra actualmente en el complejo de ocio de Naturávila propiedad de la Diputación. En su lugar, el palacio, que pertenece a la institución provincial, alberga el conocido verraco de La Romanina encontrado en San Miguel de

Serrezuela y rescatado por mediación de Arsenio Gutiérrez Palacios, director entonces del Museo de Ávila. De la misma manera, otro verraco adornaba el patio del palacio del Marqués de Canales de Chozas ideado por su heredero Bernardino Melgar, quien después de la muerte de sus padres inició obras de reforma, y así escribe su hermano José Nicolás: En el centro del patio colocó restaurado uno de los verracos de piedra, como se encuentran en varios palacios abulenses... En el jardín se repartían como ornamento piezas de piedra, entre ellas un cerdo celtibérico, sepulcros, lápidas, columnas, capiteles, basas y escudos heráldicos. También frente a la fachada posterior del palacio de Polentinos, que hace plaza que con la desparecida iglesia de Santo Domingo, otro verraco traído del castro de las Cogotas de Cardeñosa custodia el territorio circundante de la Academia Militar hoy emplazado en la plaza de Adolfo Suárez. Y en el edificio de la Biblioteca y Museo Teresianos, y después en el local del Museo de Ávila instalado en el jardín de San Vicente, dos verracos custodiaban la entrada. Igual que ocurre en el patio del palacio de Travesedo y Silvela reformado en 1946 para vivienda y recientemente para sede del Colegio de Arquitectos donde dos verracos se hallan instalados en el patio. Por su parte, el marqués de Santo Domingo coloca cinco toros o verracos vettones en los jardines Winthuysen de la finca situada intramuros, junto al lienzo norte y oeste de la muralla, que adquiere a Eusebio de Güell y López, vizconde de Güell, allá por los años cuarenta del siglo XX. Y aunque en el palacio de Sofraga o de Peñafuente no llegó a colocarse verraco alguno, lo cierto es que en la finca de Valdeprados de su propiedad sí que se ha localizado algún ejemplar. En la actualidad, la asombrosa riqueza escultórica de la cultura vettona ha encontrado especial acomodo en el almacén

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visitable del Museo de Ávila ubicado en las dependencias de la antigua iglesia de Santo Tomé, mientras que el palacio Provincial de los Crecente alberga en los sótanos exposiciones sobre los antiguos pobladores de esta tierra. Por su parte, el Ayuntamiento ha recuperado las que denomina “bóvedas” del Carmen, que son las caballerizas del desaparecido palacio de Polentinos, para colocar aquí diversos restos arqueológicos y algún verraco.

7. COLECCIONES EN PALACIOS DE ÁVILA

La riqueza museística de algunos palacios se ensalza en los textos que se escriben de la ciudad como parte de su riqueza histórica, tal y como leemos en La Correspondencia de España del 1 de octubre de 1878 sobre el palacio del Conde de Oñate, luego de Crecente, y actualmente sede de la Diputación Provincial, a propósito de la visita del rey Alfonso XII a Ávila: Tiene el Palacio un magnífico y espacioso salón, cuyos muros están cubiertos con ricos tapices y el techo forma un artesonado de maderas talladas de un extraordinario mérito. Los muebles son de la época del salón y el conjunto llama la atención por su antigüedad y su riqueza.

Y a ello añade el marqués de San Andrés en su guía de 1922: Por una amplia escalera, adornada de rico tapiz mural, se sube a las cuatro galerías que dan entrada al soberbio salón de tapices, con monumental chimenea y de magnífico techo de alfarjes y robustas vigas sostenidas por preciosos canecillos tallados. Igualmente, en la misma guía de 1922 del marqués de San Andrés leemos sobre el palacio de Los Águila: “Por monumental y vieja escalera, cubierta de retratos de familia, se penetra en la galería o antecámara, en la que se admira

magnífica colección de Cerámica española de Talavera, Alcora, Puente del Arzobispo y Manises con notables ejemplares. De la galería se pasa al salón de grabados, despacho, salón principal, gabinetes y comedor. Todas estas grades piezas se hallan amuebladas con ricos cuadros, bronces, tapices, sedas y telas antiguas, armas, bargueños, arcones, mesas y sillas de talla. En la galería del último piso (que llamamos la atención al describir el patio), tiene instalada capilla que sirve de oratorio a este espléndido y rico Palacio, verdadero museo de arte. De los numerosos objetos de arte atesorados en el palacio de los Águila presumirá especialmente Luisa Narváez Macías (19121983), V Duquesa de Valencia, orgullosa de sus colecciones familiares, atesoradas por padres y abuelos, de cerámica, muebles góticos y centenares de cuadros de los grandes maestros españoles, flamencos, franceses y alemanes como Cranach, Brueguel y Goya. Más aún, la visita a este museo palaciego se anuncia en las guías turísticas de la época, como la de Rafael Gómez Montero y Luís Belmonte (1946 y 1965). En 1969, el palacio de los Águila es declarado monumento histórico artístico, y en la sesión celebrada al efecto por la Real Academia el día 30 de junio de se recoge: “En el salón, gabinete y comedor hay ricos adornos antiguos con lienzos atribuidos a Palmaroli, Vicente López y Luis Madrazo”. También nos cuenta José Nicolás de Melgar que el palacio de Superunda, antes de ser morada y estudio del pintor Guido Caprotti, tiene Paredes cubiertas totalmente por soberbios tapices flamencos… Mobiliario de bargueños, sillas tapizadas, arcas, mesas talladas y sillones fraileros. Este palacio perteneció al regidor Ochoa Aguirre y luego a los condes de Superunda, de cuyo linaje destacamos al arquitecto Luis de Landecho Jordán de Urríes (1852 -1941), VIII conde de Superunda, quien proyectó el Ateneo de Madrid (1882) y la reforma del palacio de los duques de Parcent en Madrid (1922). 8

El palacio de Superunda fue adquirido en 1930 por el pintor Guido Caprotti (1887-1966) y su esposa Laura de la Torre (18951988). Caprotti llegó desde Da Monza (Italia) en 1918, y en Ávila se casó y vivió, y en este palacio llegó a reunir una importante colección artística formada por su inmensa obra pictórica de temática abulense, tapices flamencos, porcelanas, bronces, cerámicas, mobiliario castellano y de estilo isabelino, indumentaria típica, libros y fotografías, diversos objetos que abarrotaban todas sus dependencias y miniaturas que hacía Laura de la Torre, gran aficionada a la arqueología y colaboradora con el Museo de Ávila. Actualmente, el palacio y todas sus colecciones (debidamente inventariadas por la empresa “Castela” de Nuria Fuentes y Sonsoles López y pendientes de su musealización completa) son propiedad del Ayuntamiento de Ávila, y en él se exhiben sus afamados tapices y una numerosa selección de la pintura de Caprotti, después de la rehabilitación del edificio según proyecto de José Ramón Duralde y su apertura al público en octubre de 2013. Con igual o mayor mérito, citamos también el palacio del marqués de las Navas que ocupan los herederos del duque de Abrantes, en el que se conserva una vistosa colección de carrozas y coches de caballos, mobiliario de época, armaduras, tapices y pinturas antiguas, además de los útiles propios de las grandes mansiones palaciegas. Y algunos de los famosos tapices de la casa de Abrantes que habían adquirido los marqueses de Portago sirvieron para adornar la iglesia en la boda de su hija, reseñaba el periódico El Día del 22 de abril de 1919. En un tiempo, los duques de Abrantes tuvieron su palacio madrileño en la calle Mayor, en el edificio que luego fue embajada de Italia, el cual estaba decorado con gran lujo dicen las crónicas de la época. Sobre el palacio de Henao, restaurado por el marqués de Canales, que musealiza su hijo Bernardino Melgar, Marqués de Piedras Albas, y adaptado después como Parador de Turismo, dice José Nicolás Melgar, hermano del marqués, en su guía de 1922: Las cuatro galerías altas están convertidas hoy en pequeño Museo; la primera, de cerámica española y cuadros en tablas de arte

primitivo; otra de armería, con toda clase de armas de fuego y blancas y armaduras españolas, italianas, alemanas y francesas y gran colección de espadas de todas las épocas; la siguiente de tallas con gran profusión de imágenes góticas y bizantinas, y cerámica de reflejo metálico, y la última de hierros de todas clases y épocas... Estas cuatro galerías están adornadas de zócalo con azulejos de la Moncloa, Valencia y Alcora. El salón principal esta cubierto de tapices… Los restantes salones y comedor están amueblados con tapices, telas antiguas, alpujarreñas, retratos de familia, primitivos, bargueños, sillones fraileros, mesas y arcones tallados… La planta baja, destinada a capilla y monumental librería, ocupa seis salones, uno de éstos con estrado para conferencias. La Biblioteca Teresiana es tan completa que no habrá otra que la supere, enriquecida con buen número de manuscritos, veinticuatro autógrafos de la insigne patrona de Ávila, y documentos relativos a los padres de la Santa. Es muy buena también la cervantina y la general, que consta de treinta mil volúmenes aproximadamente y entre ello más de trescientos incunables, Códices auténticos y copiados, etcétera. A espalda del amplio huerto que aún conserva, hay un pequeño museo de objetos de piedra, sepulcros, escudos, hitos, fustes, chapiteles, basas, pilas, cerdos y de más restos de antiguos edificios. Y además, el palacio de Henao tuvo también un museo de arte popular español y otro Museo del toro con una biblioteca taurina de unos mil ejemplares. Todo un extraordinario patrimonio que fue adquirido por el Estado en 1944 y que actualmente se encuentra depositado en la Biblioteca que ocupa el solar del antiguo palacio del Rey niño que luego fue palacio episcopal, y en el Museo de Ávila que ocupa la casa palaciega de los Deanes. El atractivo de las colecciones artísticas palaciegas fue un reclamo cultural y turístico interesante con el que solía presentarse la ciudad. Y un ejemplo de ello se observa en las guías de León Roch (1912), el Marqués de San Andrés (1922 y 1960), Veredas (1935), Mayoral (1916, 1922 y 1948) y Belmonte (1946 y 1965), textos que se complementan con los trabajos de Serna (2000), Mará Teresa López Fernández (1984), Eduardo Cabezas (2000), Isabel López

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(2002) y Armando Ríos (2007), entre otros títulos que reseñamos en el apartado bibliográfico. Y así, José Mayoral Fernández decía en “Ávila en los viejos y nuevos caminos” (1948): El palacio de Henao, propiedad del Marqués de San Juan de Piedras Albas cuenta “con museo grandioso y rica biblioteca”, el de la duquesa de Valencia “pletórico de porcelanas, muebles de época y cuadros” y el del pintor Caprotti, “amante fervoroso de Ávila por su interés histórico y típico, Hijo adoptivo de también de la ciudad”. Y al atractivo que destacan las guías de Ávila de ataño sumamos el Museo de Ávila de la Casa de los Deanes, el renovado Museo Caprotti y el recientemente inaugurado Museo de Intendencia. El Museo de Intendencia que se halla instalado en el palacio de Polentinos, si bien, en un principio el conde de Polentinos tenía su palacio junto a la puerta del Carmen, pero al arruinarse éste se instaló en la Casa de los Contreras de la calle La Rúa al que dio su nombre. Este palacio, que también fue morada del marqués de Novaliches y sede del Ayuntamiento, se cedió al Ejército para academia militar en 1875, y desde 2011 alberga el Museo de Intendencia y es sede del Archivo General Militar. En él se exhibe cómo era la administración de los ejércitos a través de la Historia, se exponen diferentes tipos de carros, se muestran aspectos de equipo y la alimentación, se enseña como era la vida académica y la formación, y se exhiben retratos de intendentes, de sus héroes y sus caídos, así como prendas de uniforme algunos objetos de la antigua Academia. Con ello, se nos traslada una visión militar del palacio propio de su antiguo uso militar, lo que propició que mantuviera una actividad casi permanente en sus instalaciones durante más de cien años.

8. NOBLES PARLAMENTARIOS POR ÁVILA Y DAMAS DE SANTA TERESA

De igual manera que Ávila ha sido ciudad palaciega gestionada por administradores de grandes casas nobiliarias, a la vez que ciudad veraniega de primer orden para la aristocracia, no es de extrañar que en la larga lista de senadores y diputados que fueron elegidos a Cortes Generales encontremos numerosos parlamentarios procedentes de la nobleza, aunque no todos ellos tenían palacio abierto en la ciudad ni tampoco, puede decirse, prestaran demasiados servicios a la misma. Y entre tales nobles celebridades que dicen representar a esta tierra, aparecen los nombres de José Ramón Rodil, marqués Rodil, que fue parlamentario en 1843; Narciso Salabert, marqués de Torrecilla, en 1872; Andrés Caballero, marqués de Somosancho, en 1859-1863; Francisco Caballero, marqués del Villar y marqués de Torneros, en 1863-1876 (fue alcalde de Madrid); Vicente del Alcázar y Nero, marqués de Sofraga, en 1871-1872; Cristóbal Colón, duque de Veragua, en 1871-1872; Enrique Pérez de Guzmán, marqués de Santa Marta, en 1871-1873; Mariano Aboín, conde de Montefrío, en 1872-1879; Estanislao Urquijo, marqués de Urquijo, en 1886; Andrés Avelino Salabert, marqués de Torrecilla, en 1876 y 1891; Diego del Alcázar y Guzmán, marqués de Peñafuente, en 1891-1899; Gabriel del Alcázar y Guzmán, conde de Crecente, 1899-1901; y Alberto Muñoz Morera, marqués de Casa Muñoz, en 1899 Y entre ellos, sabemos de las casas de los titulados nobiliarios de Santa Marta, Sofraga, Peñafuente, Crecente, Montefrío y Casa Muñoz. A los que siguieron el marqués de Arenas, el de Silvela y de San Juan de Piedras Albas durante el primer tercio del siglo XX. Por su parte, las mujeres y esposas forman parte de la Junta Nacional de Damas, organizadora del III Centenario de Santa Teresa de 1882 y promovida por la marquesa Campanar, esposa del marqués de canales de Chozas, y entre ellas vemos los nombres de las duquesas de Alba, de Medinaceli, y de la Roca, y de las

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condesas de Superunda y de Peñafuente, entre otras, de cuyo linaje nos quedan palacios y mansiones que llenan la ciudad señorial. Ellas fueron las promotoras del nuevo Instituto de Segunda Enseñanza que se instaló en el edificio de la antigua casa Bullona de la calle la Rúa frente a al palacio de Polentinos que era Academia militar. Con tanto titulado aristocrático parece como si Ávila fuera una extensión de la corte madrileña, si bien, lo cierto es que no hemos encontrado demasiados testimonios de su mecenazgo artístico o del legado de sus colecciones en la ciudad que les acogió. Valga entonces el mero enunciado de tales nombres para reconocer su herencia en la arquitectura palaciega que nos queda.

inmensa cantidad de muebles de lujo, antiguos y modernos, estatuas, bases, guarniciones de relojes, en bronces, porcelanas de Sevres y de Sajonia, etc., pinturas de renombres maestros, arañas y otros miles de objetos de alto mérito y arte sublime. Regia y notable exposición y venta extraordinaria que se abrirá en muy breves días en el palacio del conde de Altamira (duque de Sessa) en la calle de la Flor Alta, 10, esquina a la calle ancha de San Bernardo. De ventas como la reseñada, de los anticuarios que acuciaban a los aristócratas venidos a menos y de otras oportunidades se sirvió, en parte, el marqués de Benavites para enriquecer la colección que compuso en el palacio de Henao y que ahora se conserva en la Casa de los Deanes del Museo de Ávila.

9. EXPOSICIÓN Y VENTA DE COLECCIONES 10. GOYA EN LAS COLECCIONES DE NOBLES ABULENSES La mayoría de los titulados de relumbrón tenían en sus moradas y casas fuertes interesantes objetos de arte que siempre han resultado atractivos para coleccionistas, aunque en la mayoría de los casos estos objetos se trasladaron de su emplazamiento original y pasaron a engrosar la decoración de otros inmuebles de propietarios más adinerados, si no se perdieron o vendieron a lo largo del tiempo. Y de las numerosas ventas de las joyas y objetos artísticos de los palacios que se producían en tiempos de su decadencia es un buen ejemplo la exposición y subasta organizada en Madrid en casa del conde de Altamira y marqués de Velada, a cuyo linaje perteneció el palacio abulense de los Velada. Y prueba de las enajenaciones de los bienes y reliquias que antaño que llenaban las mansiones señoriales arruinadas para desgracia de sus dueños es el siguiente anuncio publicado en el periódico La Iberia del 28 de octubre de 1882: En breves días se abrirá en el palacio del conde de Altamira una exposición y venta extraordinaria como nunca se ha visto en tan gran escala en Madrid ni en ninguna parte, compuesta de una

Siguiendo los hilos conductores que nos llevan por la ruta palaciega abulense, nos encontramos con intensos lazos en los que se entroncan la mayoría de las familias, y con curiosas coincidencias en aspectos tan interesantes como la pintura de Goya, de los Madrazo y de Sorolla, lo que descubrimos en retratos de personajes cuya linaje tuvo asiento en Ávila. Y de ello componemos una peculiar colección pictórica que tiene su origen en el mecenazgo de la nobleza abulense que en alguna época dominó la ciudad. A finales del siglo XVIII, Goya retrató al duque de la Roca y marqués de Sofraga, don Vicente María de la Vera de Aragón y Ladrón de Guevara, un político, militar e ilustrado que fue Director de la Real Academia de la Historia y cuyos títulos nobiliarios encontramos entre los propietarios del palacio de Blasco Núñez Vela que fue Academia Militar y desde 1941 Audiencia provincial. El duque de Medinaceli, que también era marqués de las Navas y propietario del palacio abulense de los Dávila, hacia 1785 encargó a Goya un cuadro de la Anunciación, y entre su colección hay hoy un óleo de una plaza de toros pintado por Goya procedente

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del marquesado de Torrecilla cuyos titulares fueron parlamentarios por Ávila en varias legislaturas entre 1871 y 1891 y cuyo patrimonio en la ciudad era administrado por el gobernador Ibarreta. Los condes de Altamira y marqueses de Velada, Vicente Osorio y María Ignacia Álvarez de Toledo, fueron retratados por Goya hacia 1787, y también su hijo. Ellos eran los propietarios del palacio de los Velada, el cual fue vendido a mediados del siglo XIX por su nieto Vicente Pío Osorio de Moscoso, heredero de dichos títulos y otros, al hermano del conde de Montefrío, Enrique Aboín, quien lo habitó con su esposa Rafaela Morera y Moreno. Y Goya pintó también a la Duquesa de Abrantes e hija de los duques de Osuna, Doña Manuela Isidra Téllez Girón y Pimentel, título que obtuvo por su matrimonio en 1813 con Ángel Mª de Carvajal y Fernández de Córdoba y Gonzaga (1793-1839), VIII duque de Abrantes, VIII marqués de Sardoal y XI marqués de Navamorcuende, entre otros títulos, y cuyo linaje está unido al palacio del Marqués de las Navas del que eran sus propietarios y que actualmente lo son sus descendientes. En 1913, la Sociedad de Amigos del Arte fundada por la duquesa de Parcent, vinculada con su marido al patronato de Mosén Rubí donde estaba su mansión abulense, organizó en Madrid una excelente exposición de pintura en la que se mostraron diversas obras de Goya pertenecientes a la marquesa de la Romana, cuyo título ostentó Dña. María de la Piedad Caro y Martínez de Irujo, casada en 1922 con Diego del Alcázar y Roca de Togores, VIII marqués de Peñafuente y XII conde de Villamediana, propietario del palacio de Sofraga. También la duquesa de Valencia, Luisa Narváez Macías, presumía de contar con un Goya en su colección de arte que gustaba enseñar a sus visitantes en el Palacio de los Águila. Igual que los duques Tamames tenían en su colección un vistoso retrato anónimo del pintor de Fuendetodos y el cuadro titulado “La cucaña”, y que los duques de Parcent exhibían “cuadros vivos” de Goya en su palacio madrileño de la calle de San Bernardo.

Y siguiendo aquí la relación que hizo Valeriano Garcés en 1863 de las grandes casas de España que tienen riquezas en Ávila, observamos que Goya también retrató a la Condesa de Montijo y sus hijas y a los duques de Alba. Y a estos retratos sumamos nosotros los que hizo a los arquitectos Juan Antonio Cuervo y Ventura Rodríguez, los primeros que diseñaron la plaza del Mercado Chico. Y añadimos también otros que pintó de Jovellanos, licenciado en la universidad de Santo Tomás, y de Manuel Silvela García de Aragón, “El Afrancesado”, cabeza de una larga dinastía que siempre ha estado vinculada a Ávila, ciudad en la que vivió hasta los 17 años. Finalmente, cuadros de Goya hay en la colección del marqués de Cerralbo (atribuido), y varios ejemplares de la serie de tauromaquia que grabó Goya existen en las colecciones del Marqués de Piedras Albas que guardaba en el palacio de Henao, y del pintor Caprotti que se exhibía en el palacio de Superunda. Por lo demás, Goya también dejó testimonios pictóricos de su paso por la provincia abulense en los cuadros que hizo del infante Don Luís de Borbón en Arenas de San Pedro en 1783, y de otros inspirados en el valle del Corneja cuando visitaba el palacio de la duquesa de Alba en Piedrahita en 1786.

11. LOS MADRAZO RETRATAN EL LINAJE ABULENSE

De la obra de Goya pasamos a la de los Madrazo. Y en ello nos encontramos con Federico de Madrazo Kuntz (1815-1894), retratista por excelencia de la burguesía y aristocracia, que fue maestro de Ángel Lizcano, autor del cuadro “Recuerdo de Ávila”, y del pintor abulense de Adanero Juan Giménez Martín. De su larga trayectoria interesa destacar ahora el retrato que hizo de Eugenia de Montijo, Emperatriz de los franceses y propietaria en Ávila, y otro de la marquesa de Espeja (1852), Dña. María Josefa del Águila y Ceballos, una de las personalidades más influyentes de la nobleza del siglo XIX que enseguida enraizó con la historiografía abulense.

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Una copia del cuadro de La Marquesa de Espeja fue pintada en 1892 por Ricardo Federico de Madrazo Garreta (1851-1917), quien por entonces se había instalado en el cercano pueblo de Villacastín, cuadro éste que se conserva en el Museo de Ávila cedido por la V duquesa de Valencia. La marquesa de Espeja se casó con el II Duque de Valencia, quien había rehabilitado el título de su tío el General Narváez (17991868), político moderado y militar que fue seis veces presidente de gobierno entre 1844 y 1868. A la muerte de la marquesa en 1888, su retrato pasó a su hijo José M.ª Narváez del Águila, III Duque de Valencia, casado en 1880 con María Luisa de Guzmán el Bueno y Gordón, marquesa de Santa Marta y heredera del palacio de los Águila en Ávila que administraba y habitaba Celedonio Sastre, quien fue alcalde de la ciudad en 1878-1879. Los nuevos inquilinos del palacio pronto se hicieron asiduos visitantes de Ávila durante el verano, y partir de entonces su residencia empezó a convertirse en un verdadero museo privado. En 1988, el palacio fue cedido al Estado por la V duquesa de Valencia, y actualmente está siendo rehabilitado según proyecto de Pedro Fecuchi para sede del Museo del Prado, mientras que la copia del retrato de la marquesa de Espeja se exhibe en el Museo de Ávila. Y Federico de Madrazo también retrató en 1875 a Casilda de Salabert y Arteaga, IX marquesa de la Torrecilla, cuyo padre Narciso Salabert y su hermano Avelino Salabert fueron diputados por Ávila varias veces entre 1871 y 1891, y quien tres años después contrajo matrimonio en segundas nupcias con Luis Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas, XVI duque de Medinaceli, quien falleció al año siguiente en su castillo de las Navas del Marqués. Antes, en 1854, Federico de Madrazo había retratado a su madre María Pérez de Barradas, esposa del XV duque de Medinaceli, Luís Fernández de Córdoba Figueroa y Ponce de León. Luis de Madrazo Kuntz (1825-1897), hermano de Federico, hizo el retrato de Isabel la Católica y la escena titulada “El primer Milagro de Santa Teresa”, los personajes más emblemáticos de Ávila, así como el retrato del Duque de Abrantes, heredero del

Palacio abulense de los Dávila y senador por la provincia en 1871. Luis de Madrazo destacó como retratista en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y ejerció como catedrático de la Academia de San Fernando, donde le sucedió a su muerte José Garnelo, autor del cuadro Capea en Las Navas del Marqués y del titulado La madre de los gracos que se conserva en el Ayuntamiento de Ávila procedente del legado del los hermanos Clemente Romeo. Por su parte, Raimundo de Madrazo y Garreta (1841-920), hijo de Federico, hizo el retrato de Trinidad von Scholtz Hermensdorff, duquesa de Parcent, que se exhibía en su palacio madrileño, junto con otros de Moreno Carbonero, Ortiz Echagüe, Benlliure y Capuz, según reseñan las revistas Voluntad (1920) y Blanco y Negro (1924). La duquesa fue una gran coleccionista y mecenas cultural que fundó la “Sociedad Española de Amigos del Arte” y contribuyó, de alguna manera, a la creación del futuro Museo del Traje (entonces Museo Nacional de Artes Industriales) con una exposición celebrada en 1925 donde se lucieron varios tipos de Ávila según publicó Isabel de Palencia al año siguiente.

12. SOROLLA EN LAS COLECCIONES DE ÁVILA

Después de contemplar la obra de los Madrazo descubrimos que la pintura rompedora de Joaquín Sorolla también se ocupa de nuestros personajes célebres. Entre ellos, actualmente se exhiben en el palacio de Superunda, que adquirió el pintor Guido Caprotti (1887-1966) y que ahora es museo municipal, dos grandes retratos de cuerpo entero, uno de Félix de la Torre y otro de su esposa Laura Hernández pintados por Sorolla en 1894 y cedidos por Ana Isabel Aizpurúa de Caprotti. Félix de la Torre entró a formar parte de la singular historia abulense en 1894 al emparentar con Bernardino Melgar cuando contrajo matrimonio con Laura Hernández, hermana de la esposa del marqués de Benavites. Y más aún, su memoria

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toma asiento en Ávila cuando en 1920 su hija Laura de la Torre (1895-1988) se casó con Caprotti y ambos se afincaron en 1930 en el palacio de los Superunda o del regidor Ochoa Aguirre. Antes, Félix de la Torre había luchado ardientemente en Ávila por obtener el escaño de diputado a Cortes Generales por el distrito de BarcoPiedrahita que perdió escandalosamente frente a Jorge Silvela, como bien se cuenta en el periódico El País del 28 de mayo de 1910. Otro cuadro de Sorolla de interés es el que hizo en 1905 a la familia del heredero del título de duque de Parcent con diez años, dueño y patrono que lo fue del palacio y la fundación de Mosén Rubí. La pintura de Sorolla fue concebida como un díptico donde en una parte se representaba a Estanislao Granzow y en la otra a la esposa con su hijo. A la muerte del Sr. Granzow la obra fue separada en dos, pasando cada una a pertenecer a colecciones y propietarios distintos hasta su exhibición conjunta en Valencia en 2011. La pintura se titula la “Familia Granzow”, formada por Estanislao Granzow, su esposa, María del Pilar de la Cerda y Seco, y Casimiro, el hijo de ambos. Don Estanislao Federico Granzow (1861-1905) era un industrial polaco de aristocrático origen que se casó con Mª del Pilar de la Cerda, nacida en Valencia en 1877, nieta de José de la Cerda marqués de Fuente el Sol y de Barbales y VIII Conde de Parcent y de Contamina y del Villar, y de su segunda mujer Dª Juana Cortés y Valero. El niño del retrato, Casimiro Florencio Granzow de la Cerda (1895-1969), heredó por vía materna los títulos de II Duque de Parcent, XI conde de Contamina y XI conde del Villar. Fue encargado de asuntos culturales en Varsovia durante 1939-1946, escribiendo entonces “El drama de Varsovia” donde cuenta su experiencia durante la guerra en un clima de terror y persecución nazi y soviética y su colaboración en la salvación de numerosos judíos. Le sucedió su hijo Fernando (19222014), III Duque de Parcent, quien fue un entusiasta miembro de la Asociación de Amigos del Museo de Ávila hasta su fallecimiento el 18 de enero de este año.

El 17 de mayo de 1918, los duques de Parcent, Don Fernando de la Cerda y Carvajal y Dña. Trinidad von Scholtz celebraron una recepción a los artistas franceses en su palacio de la calle madrileña de San Bernardo, en la que los ilustres asistentes admiraron soberbios tapices, grandes mesas, viejos arcones, candelabros labrados, porcelanas chinas y japonesas, tablas de pintores primitivos, lienzos de grandes maestros, obras de Murillo, El Greco y Coello y de pintores de la antigua Escuela española, y el retrato de la duquesa hecho por Raimundo de Madrazo. Y a esta recepción asistió Sorolla, amigo de la familia, produciéndose el siguiente diálogo: - Duquesa, dijo Sorolla a la de Parcent; los artistas debían venir con frecuencia a esta casa. Siempre tenemos cosas que aprender. - Pues abierta está -contestó rápidamente la dama-; con ello me darán una alegría. Finalmente, apuntamos que Sorolla visitó la ciudad de Ávila en diversas ocasiones (1910 y 1912), pintando entonces una vista de la catedral desde el antiguo palacio del Rey Niño y otra del Palacio de los Dávila, el primero desaparecido y el segundo habitado por sus dueños los duques de Abrantes.

13. COLECCIONES DE NOBLES ABULENSES EN PALACIOS FUERA DE ÁVILA

El interés por el arte de la nobleza se deja notar en la revista Arte Español que editaba la “Sociedad de Amigos del Arte” bajo el patrocinio de la duquesa de Parcent, para lo que contó con varias celebridades allegadas a Ávila, como fueron el marqués de Torrecilla, los duques de Alba y de Valencia, el conde de Montijo y el marqués de la Romana, entre otras. A la vez, cobran relevancia también un grupo de personajes de la historia abulense que formaron interesantes colecciones artísticas, aunque lo hicieron en

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palacios que tenían fuera de Ávila, con lo que podemos imaginar que algún objeto originario de sus posesiones abulenses fue a parar a aquellos. Sobre este particular, la revista La Esfera del 31 de enero de 1914 publica: Tenemos en España, entre la añeja nobleza, mansiones señoriales que llegan a ser verdaderos museos de arte antiguo, guardándose en ellos riquezas incalculables en lienzos de nuestros mejores pintores del siglo XVII, en antiquísimo mobiliario, en esculturas, en ricas joyas y en históricos recuerdos. Y todo ello hay en estos palacios, mientras que en las casas provincianas de sus dueños hace tiempo que dejaron de lucir los vestigios artísticos de otros tiempos, pues se vendieron o trasladaron a otros lugares más nobles. Y entre estas mansiones señoriales que ya dejamos apuntadas antes, destacamos algunas de los nobles cuyo linaje estuvo vinculado a Ávila y cuyas residencias en la corte madrileña eran verdaderos museos, como era el caso de las casas palaciegas ya referidas de Alba y Parcent, a las que unimos ahora Cerralbo, Medinaceli y Tamames que seguidamente reseñamos. El marqués de Cerralbo y de Almarza fue propietario en Ávila del palacio llamado también de Almarza, ocupado por la congregación religiosa de las Siervas de María desde 1882. La colección artística de este linaje es la que dio lugar al museo Cerralbo abierto en Madrid con importantes fondos por Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), XVII marqués de Cerralbo, donde hay lienzos de El Greco, Rivera, Tiziano, Van-Dick, Rafael, Murillo, Goya (atribuido) y Carderera, entre otros, además de importantes piezas arqueológicas, mobiliario e época, esculturas, porcelanas, etc. El edificio de la casa museo fue proyectada como residencia por el arquitecto Alejandro Sureda Chaprón (1883), arquitecto del Ministerio de Fomento que también trabajó para el Museo del Prado y antes había intervenido en el palacio abulense de los Cerralbo.

Los Medinaceli, del antiguo linaje titular de los palacios abulenses de los Dávila, Navamorcuende y Navas, y del castillo de las Navas del Marqués, presumían de lienzos, tapices, armaduras, esculturas, porcelanas, maderas talladas y bronces hasta que el palacio sufrió un grave incendió en 1917. Los duques de Medinaceli, emparentados con los Alba, ejercieron el cargo honorífico de teniente Alférez mayor de Ávila por su condición de marqueses de Las Navas, y fue por ello que el duque asistió como representante de la ciudad en las Cortes de Bayona en 1808. El palacio de los duques de Tamames en Ávila se encontraba situado en la manzana que da a la plazuela del Rastro y a la plaza de los Cepeda (actual plaza de Corral de Campanas o Diputación), si bien a principios del siglo XX se derribó la portada para ampliar la plaza y se construyó sobre parte de su solar el convento de las monjas Reparadoras, a cuyo instituto religioso se lo había vendido José Messía del Barco y Gayoso (1853-1917), IV duque de Tamames, grande de España, quien fue senador, diputado, gobernador de Madrid, y jefe de la casa de la reina Isabel II, así como el más elegante de Madrid. En 1873 se casó con María Asunción Fitz James Stuart, hija de los duques de Alba y sobrina de la Emperatriz Eugenia de Montijo, de quien heredó la finca “La Quinta” en las afueras de Madrid, lugar donde al fallecer el duque se acopiaron las colecciones familiares de obras de arte antes depositadas en la mansión de la calle Duque de Alba donde tenía armaduras, tapices y retratos de antepasados, pinturas de Rubens, Goya, Mengs, Vicente López, etc. y un busto en mármol de la Emperatriz Eugenia por Rossi. Con todo, los linajes de Tamames y Montijo, con quienes estaban emparentados los Alba, hacendados propietarios en Ávila, recopilaron aquí una parte de su patrimonio cultural, mientras que los escudos nobiliarios de su palacio abulense se conservan en el Museo de la ciudad.

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14. COLECCIONES CON Y SIN PALACIO - PALACIOS SIN Y CON COLECCIONES

Finalmente, Ávila también cuenta con colecciones que todavía no tienen palacio de exhibición permanente, como es el caso de la que formaron los cuatro Hermanos Clemente Romeo, un rico legado recibido por el Ayuntamiento de Ávila en 1968 compuesto por infinidad de objetos (libros, pinturas de Eugenio Lucas y Solana, entre otros cuadros, esculturas, fotografías, pequeño mobiliario, porcelanas y lozas, utensilios de medicina, artículos de oficina, etc.). Esta colección, bien conservada en el Archivo municipal, se ha enseñado y divulgado puntualmente ilustrando diversas actividades culturales, la última en 2012 en el palacio de los Verdugo coincidiendo con el día del libro. Como hemos visto, Ávila tiene numerosos palacios, que son grandes casonas o mansiones señoriales de patios claustrales de columnas, arcadas y galerías. No todos ellos albergaron colecciones artísticas y algunos han sido recuperados como museos, hoteles, espacios culturales, o para usos religiosos o administrativos, como es el caso de los palacios de Cerralbo o Almarza (convento Siervas María), Henao (Parador), Deanes (Museo de Ávila), Guzmanes o Crecente (Diputación Provincial), Superunda (Museo Caprotti), Serrano (Espacio Caja de Ávila), Verdugo (Ayuntamiento y ciudades Patrimonio), Polentinos (Museo y Archivo militar), Águila y Torre Arias (en obras para el Museo del Prado), Bracamonte (oficinas Junta de Castilla y León), Gaspar del Águila (PP Paules y luego JCyL), Navamorcuende (palacio episcopal), Velada (hotel), Valderrábanos (hotel), y Núñez Vela (Audiencia). Otros palacios y casonas mantienen el uso residencial de sus propietarios, como los de Abrantes, Parcent y Lesquinas, este último ocupado por Gonzalo Crespi de Valladura, actual conde Orgaz, descendiente del protagonista del famoso cuadro de El Greco, quien aquí mantiene un valioso archivo familiar abierto a los investigadores. Y a ellas sumanos otras mansiones singulares de

futuro incierto, como el palacio de Sofraga, la casa de los Guillamas (Residencia Adoratrices) y la de Don Pedro del Águila (C/ Conde Don Ramón, 4). Y otros edificios palaciegos desparecieron arruinados, como el antiguo de Polentinos (junto a la puerta del Carmen, cuya portada se reubicó en parte de antiguo palacio de los Dávila), el de doña Urraca en el Alcázar (actual plaza de Adolfo Suárez), el del Rey Niño y antiguo palacio Episcopal (actual biblioteca), el de Tamames (MM. Reparadoras y hotel El Rastro), el de Bermudo (C/ Blasco Jimeno) y el de los Dávila (integrado en el de Los Navas). También destacamos algunas casas señoriales que sobresalen en el caserío de la ciudad por sus valores culturales, como la del regidor Antonio Navarro (Cámara de Comercio), la de Travesedo y Silvela (Colegio de Arquitectos), la del licenciado Pedro Álvarez Serrano (residencia Tellamar), la del licenciado Pacheco (Casa de las Aguas), la de Diego Salcedo (restaurante Posada de la Fruta) y la de Vicente Salcedo (vivienda), a las cuales deberíamos añadir otras muchas en las que ahora no podemos extendernos por problemas de espacio. Con todo, la mayoría las casas fuertes y palacios de Ávila han permanecido bien atrincherados con mayor o menor fortuna luciendo la elegante arquitectura con que se visten y los hermosos patios de columnas, balaustradas, escudos y artesonados. Y como decíamos al principio, de los tesoros que albergaron son buena muestra las colecciones que formó Piedras Albas y guardan la Biblioteca y el Museo de Ávila, junto con alguna pieza de la duquesa de Valencia, así como la colección de “Caprotti - De la Torre” que se exhibe en el palacio de Superunda, o los testimonios arqueológicos que se muestran en el almacén visitable Museo de Ávila de Santo Tomé, en las bóvedas del Carmen y en el torreón de los Guzmanes del palacio de Crecente de la Diputación provincial. Jesús Mª Sanchidrián Gallego. Ávila, 27 de marzo de 2014

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Palacio de las Navas o Abrantes. Foto Laurent, 1867

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Introducción



Ávila de coleccionistas



Palacios cerrados



Un museo para la ciudad



La colonia veraniega abre puertas y ventanas



¿Qué guardan los palacios?



Verracos vettones para los palacios



Colecciones museísticas en palacios de Ávila



Nobles parlamentarios por Ávila y damas de Santa Teresa



Exposición y venta de colecciones



Goya en las colecciones de nobles abulenses



Los Madrazo retratan el linaje abulense



Sorolla en las colecciones de Ávila



Colecciones de nobles abulenses en palacios fuera de Ávila



Colecciones con y sin palacio, y palacios sin y con colecciones

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Los históricos palacios renacentistas que dieron renombre y relumbrón a la ciudad medieval fueron, en algún momento, con mayor o menor relevancia, ricos contenedores culturales de ilustres propietarios. Uno de los mejores ejemplos de ello es el palacio del regidor Juan Henao. Lo mismo que destacan el palacio de

Palacio del regidor Juan Henao. Dibujo del José Nicolás de Melgar, 1960

Palacio de Abrantes. Foto Pelayo Mas, 1929

Superunda del pintor Caprotti y el palacio de don Suero del Águila, que fue del duque de Valencia, también el palacio de Abrantes. Y añadimos las grandes familias nobiliarias españolas con propiedades en Ávila e hicieron sus colecciones fuera de la ciudad, como las de Cerralbo, Parcent, Tamames, Alba, Montijo y Medinaceli.

Palacio de Superunda. Foto Pelayo Mas, 1929

Palacio de Cerralbo. Fot Laurent, h. 1867

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Azorín retoma en 1924 lo que decía la guía de Valeriano Garcés de 1863 y dice: Ávila es ciudad de los administradores que las grandes casas españolas tienen en Ávila.

Y añade:

Ávila es, entre todas

Azorín ingresa en la Academia Blanco y Negro, 27.11.1924

las ciudades españolas, la más siglo XVI. Se llama Ávila de los En 1924 Azorín ingresa en la

Caballeros.

Academia con el

Los más bellos palacios de Ávila

discurso Una

son del siglo XVI.

hora de España

El ambiente es aristocrático.

con especial dedicación a la ciudad de Ávila.

Azorín ingresa en la Academia. La Voz, 27.10.1924

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La época de esplendor palaciega de Ávila no duró siempre y los viejos caserones de la nobleza abulense pasaron siglos de progresivo deterioro. El abandono propició la ruina y desaparición de algunos de ellos, y de otros el vaciado de muebles, tapices, porcelanas, pinturas, armaduras y otros elementos decorativos. Y sobre esta sensación de decrepitud de los palacios renacentistas que nunca lograron impregnar de su espíritu a la ciudad medieval, porque Ávila siempre fue Edad Media.

Portada del palacio de Vaderrábanos. Foto Laurent, h. 1878.

Portada del palacio de Polentinos o de Contreras. Foto Laurent, h. 1867.

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Antiguo palacio del Rey Niño luego palacio episcopal

Desaparecido el

Vista parcial del antiguo palacio del Rey Niño, h. 1929.

palacio del que la portada y la ventana fueron reutilizadas, en su solar se construyó la oficina de correos y la actual Biblioteca que guarda los fondo bibliográficos del marqués de San Juan Portada del palacio de Episcopal, tarjeta postal, h. 1930

de Piedras Albas

Antiguo palacio del Rey Niño, h. 1898.

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Antiguo palacio de Polentinos en ruinas Actualmente forma parte de los jardines del parador de Turismo ubicado en el palacio del regidor Juan de Henao que fue del Marqués de Canales de Chozas. Fotos anónimas, h. 1929

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Las ventanas de estos palacios y caserones están cerradas.

Cerradas están las puertas en el huerto que respalda las casas; crecen viciosas las hierbas por los caminos.

Patio del Palacio de Crecente

Patio del Palacio de Velada

Los señores de estos palacios se han marchado más allá de los mares.

Dentro de los caserones, en las anchas salas, el polvo ha ido formando una delgada capa sobre los muebles. Patio del Palacio de Abrantes o de Las Navas

Azorín, Una hora de España, 1924

Patio de Palacio de Blasco Núñez o de la Audiencia

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Ávila es ciudad de los administradores que las grandes casas españolas tienen en Ávila. Y tienen administradores aquí, en 1863: S. M. la Emperatriz de los franceses,

Eugenia de Montijo, h. 1860

Duque de Alba , h. 1863

Duque de Medinaceli, 1863

los Duques de Abrantes, Alba, Medinaceli, Roca, Tamames; los marqueses de Cerralbo, Fuente el Sol, Obisco, San Miguel de Gros; los Condes de Campomanes, Parcent, Polentinos, Superunda, Torrearias; y la Condesa de Montijo.

Duque de Tamames, h. 1890

Marqués de Abrantes , 1871

Marqués de Cerralbo, h. 1875

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Hacia 1875, de los treinta palacios que existían, como restos del antiguo Palacio de Abrantes, Mayoral, 1925

esplendor de la que fue capital de Castilla en la Edad Media solo están vividos por sus dueños

Palacio de Crecente. Foto Laurent,. 1867

Marqués de San Andrés, 1922

“El de los duques de Abrantes, El de los condes de Superunda, después residencia y museo del artista Guido Caprotti, El torreón de los condes de Oñate, después residencia de la

Palacio de Sofraga, 2014

condesa de Crecente, El de los duque de la Roca, hoy Audiencia Provincial, Y el de los Sofraga y Villaviciosa, después de los marqueses de Palacio de Superunda, Mayoral, 1925

Palacio de la Audiencia, Tarjeta postal, h. 1915

Peñafuente”.

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Una de las respuestas a la necesidad de preservar el patrimonio histórico y artístico de Ávila y su provincia, y ante la general decadencia de la nobleza abulense que tenía abandonadas sus mansiones señoriales, Ávila inauguró el Museo en 1911, efemérides celebrada con éxito en el centenario de tal acontecimiento que hicimos en 2011. La creación del museo se produjo por el impulso de personajes honoríficos de la cultura que integraban las Comisiones Provinciales de Monumentos como una de las metas propuestas desde 1844. El nuevo museo se instala en el edificio denominado “Museo y Biblioteca Teresianos” construido según proyecto del arquitecto Enrique María Repullés Biblioteca y Museo Teresiano. Foto Vidal publicada en “ La Hormiga de oro”, 1922

En 1968 el Museo se traslada a la señorial y palaciega casa de los Deanes, después de pasar por otros emplazamientos. Foto ánonima, h. 1896

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Paneles de la exposición “Museo de Ávila, cien años 1911-2011”. Museo de Ávila

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Paneles de la exposición “Museo de Ávila, cien años 1911-2011” Museo de Ávila

Otras aportaciones palaciegas fueron una pequeña pila cerámica de agua bendita que solía colocarse sobre la pared del dormitorio, cedida por la condesa viuda de Crecente, y una cruz de bronce que prestó el duque de Valencia. Sin olvidar aquí la colaboración, entre otros miembros de la Comisión Provincial de Monumentos de Ávila, del académico y cronista de la ciudad el marqués Manuel de Foronda, así como de Fernando de la Cerda y Carvajal (1847-1927), I duque de Parcent, patrono de Mosén Rubí.

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Panel de la exposición “Museo de Ávila, cien años 1911-2011

Entre las contribuciones a la exposición inaugural del Museo figuran algunas procedentes de los viejos palacios abulenses, como las del Marqués de Benavites, que cedió un óleo sobre tabla, un lienzo, mobiliario, lozas y otros objetos curiosos de parte de la colección universal que guardaba el palacio de Henao, la misma que en 1968 llegó al Museo cedida por la Diputación Provincial tras adquirirla en 1958.

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De los lazos familiares y querencias de los moradores de nuestros palacios sabemos que la ciudad imantaba su presencia durante los meses de verano. Y de ello escribió León Roch en su guía de Ávila (1912), donde da cuenta del noble grupo de celebridades que forman la colonia veraniega que abre puertas y ventanas de las históricas casonas que despiertan del letargo invernal:

“LA COLONIA VERANIEGA en Ávila está compuesta, en su mayor parte, de fieles amadores, que van por tradición. Muchas de las familias que allí pasan el verano son abulenses, que tienen en Ávila su palacio ó su casa, aunque residen el resto del año en Madrid. Entre éstas figuran los marqueses de San Juan de Piedras Albas, más conocidos como marqueses de Benavites, que pasan en su palacio todos los veranos, con sus padres los marqueses de Canales de Chozas, y sus hermanos los señores de Melgar; el conde de Parcent... También veranean en Ávila los duques de Valencia, los de Sessa y Maqueda (del linaje de Altamira y Velada), los marqueses de Peñafuente, Somió y Zornoza; los condes de las Navas y de Torrecilla de Cameros”.

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Apenas se conserva algo de las inmensas riquezas que trajeron de Indias y de Flandes los fundadores de los palacios levantados en Ávila en tiempos de esplendor renacentista. Muchas intuiciones nos hablan del paso inexorable del tiempo, de las crisis y cambios sociales y económicos, y de la decadencia.

Foto Elena Arés, 2013

Algunos ejemplos del interior palaciego de Abrantes y de tapices flamencos. Foto José Luís Díaz, 2013

Foto Chevalier, h. 1910

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PALACIO DE LOS VERDUGO En los ángulos que forman con la fachada las dos torres referidas, había, en tiempos, dos toros de piedra, de los que solo uno perdura allí, encontrándose el otro caído en la plazuela del Rollo, donde quedó al romperse el carro en que intentaron transportarlo a la Serna. Dentro del portal de la casa hay otro toro pequeño. CARRAMOLINO, 1872. BALLESTEROS, 1896

Fotos Pelayo Mas (1929), Francisco de las Barras (1901) y tarjeta postal (1935)

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Tarjeta postal, h. 1925 (izda.) y Foto Francisco de las Barras, 1901 (Fototeca Univ. Sevilla)

“Ponz dice (Viaje de España, 1783) que “en varias partes, dentro de la ciudad, se conservan diferentes bultos infomes, que unos dicen representan toros y otros elefantes. La misma denominación de elefantes conserva don José María Quadrado (España, 1884) para lo que nosotros suponemos jabalíes o cerdos. De los que cita en su libro hemos visto los

Foto Gómez Moreno, 1901 CSIC

cuatro de distintos tamaños que existen en el palacio de Abrantes”. Francisco de las Barras de Aragón, 1901 Foto de Laurent, h. 1864. Colec. Joaquín Hernández

Palacio de Abrantes y Verracos existentes en el palacio, dos de los cuales se trasladaron al Museo Arqueológico Nacional.

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Palacio del marqués de Canales de Chozas En el centro del patio colocó restaurado uno de los verracos de piedra, como se encuentran en varios palacios abulenses.

Fotos Colec. Gonzalo Melgar, 1922

En el jardín se repartían como ornamento piezas de piedra, entre ellas un cerdo celtibérico.

Foto colección Rafael Gómez Benito, h. 1930

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Existen también algunos ejemplares en otros varios sitios de la ciudad. Tal es el que está junto a la iglesia de santo Domingo, detrás de la Academia de Administración Militar, que representa, en nuestro sentir, un jabalí, y que fue traído de Cardeñosa hace años por Orden del gobernador de la provincia, causando, por cierto gran descontento en las gentes de aquel pueblo, que hicieron cuanto estuvo en su mano para oponerse a la traslación.

TEXTO Y FOTO FRANCISCO DE LAS BARRAS DE ARAGÓN. Revista “Alrededor del Mundo”, 23.05.1901

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Nos asombra la peculiar exhibición de esculturas zoomorfas de granito que son el exponente de la cultura vettona de los verracos que se lucen en varios palacios. Y deducimos que la llamativa originalidad de las esculturas de animales pétreos pronto se convierte en un atractivo que da raigambre a la nobleza abulense del siglo XIX, y por ello se incorporan como elemento histórico y ornamental de algunos palacios, donde suelen llegar procedentes de fincas cercanas de su propiedad en las que hubo asentamientos de antiguos pobladores.

En el edificio de la Biblioteca y Museo Teresianos, y después en el local del Museo de Ávila instalado en el jardín de San Vicente, dos verracos custodiaban la entrada.

Museo. Foto Vidal publicada en “La Hormiga de oro”, 22.10.1922.

Foto sin identificar autor, h. 1925

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Panel de la exposición “Museo de Ávila, cien años 1911-2011”. Museo de Ávila

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En los años cuarenta el marqués de Santo Domingo coloca cinco toros o verracos vettones en los jardines Winthuysen de la finca situada intramuros, junto al lienzo norte y oeste de la muralla, que adquiere a Eusebio de Güell y López, vizconde de Güell .

En el patio del palacio de Travesedo y Silvela, reformado en 1946 para vivienda y actualmente para sede del Colegio de

Fotos Elena Arés Osset, 2010

Arquitectos de Ávila, fueron colocados dos verracos en el patio.

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Palacio del Conde Oñate y patio central con verraco en el patio (actualmente en Naturávila) Tarjetas postales, h. 1920-1930

El palacio del Conde de Oñate (luego de los Guzmanes, de Crecente y sede de la Diputación Provincial) tiene un magnífico y espacioso salón, cuyos muros están cubiertos con ricos tapices y el techo forma un artesonado de maderas talladas de un extraordinario mérito. Los muebles son de la época del salón y el conjunto llama la atención por su antigüedad y su riqueza. (La Correspondencia de España del 1 de octubre de 1878)

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EL PALACIO DE LOS ÁGUILA es un verdadero museo de arte, esplendido y rico. Tiene una magnífica colección de cerámica española de Talavera, Alcora, Puente del Arzobispo y Manises, está amueblada con ricos cuadros, bronces, tapices, sedas y telas antiguas, armas, bargueños, arcones, mesas y sillas de talla . (Marqués de San Andrés, 1922)

El palacio fue declarado monumento en 1969, reseñándose por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando : En el salón, gabinete y comedor hay ricos adornos antiguos con lienzos atribuidos a Palmaroli, Palacio de Don Suero del Águila, h. 1896. Foto anónima. Colección particular

Vicente López y Luis Madrazo.

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Palacio de Superunda. Foto Laurent, h. 1870. Archivo IPCE. Ministerio de Cultura

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Retrato de la condesa de Superunda y detalles de interior del palacio, 1922

“El palacio de Superunda tiene paredes cubiertas totalmente por soberbios tapices flamencos, mobiliario de bargueños, sillas tapizadas, arcas, mesas talladas y sillones fraileros”. (José Nicolás de Melgar, 1922).

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Palacio de Superunda - Caprotti Fue adquirido en 1930 por el pintor Guido Caprotti (1887-1966) y su esposa Laura de la Torre (18951988). Caprotti llegó desde Da Monza (Italia) en 1918. En Ávila se casó y vivió largas temporadas. Hizo de este palacio su estudio. Y lo convirtió en un museo.

Retrato y estudio del pintor Caprotti, h. 1945. Fotos Moreno. Fototeca IPCE. Mª Cultura.

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Palacio de Superunda - Caprotti

En este palacio, Caprotti llegó a reunir una importante colección artística formada por su inmensa obra pictórica de temática abulense, tapices flamencos, porcelanas, bronces, cerámicas, mobiliario castellano y de estilo isabelino, indumentaria típica, libros y fotografías, diversos objetos que abarrotaban todas sus dependencias y miniaturas que hacía Laura de la Torre, gran aficionada a la arqueología y colaboradora con el Museo de Ávila.

Salón principal en planta alta con tapices cubriendo las paredes

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Palacio de Superunda - Caprotti

En este palacio, Caprotti llegó a reunir una importante colección artística formada por su inmensa obra pictórica de temática abulense, tapices flamencos, porcelanas, bronces, cerámicas, mobiliario castellano y de estilo isabelino, indumentaria típica, libros y fotografías, diversos objetos que abarrotaban todas sus dependencias y miniaturas que hacía Laura de la Torre, gran aficionada a la arqueología y colaboradora con el Museo de Ávila.

Galería en planta alta con mobiliario e época, tallas y cerámicas

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Palacio de Superunda - Caprotti

En este palacio, Caprotti llegó a reunir una importante colección artística formada por su inmensa obra pictórica de temática abulense, tapices flamencos, porcelanas, bronces, cerámicas, mobiliario castellano y de estilo isabelino, indumentaria típica, libros y fotografías, diversos objetos que abarrotaban todas sus dependencias y miniaturas que hacía Laura de la Torre, gran aficionada a la arqueología y colaboradora con el Museo de Ávila.

Sala estudio del pintor Guido Caprotti en la planta baja

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Palacio de Superunda - Caprotti En este palacio, Caprotti llegó a reunir una importante colección artística formada por su inmensa obra pictórica de temática abulense, tapices flamencos, porcelanas, bronces, cerámicas, mobiliario castellano y de estilo isabelino, indumentaria típica, libros y fotografías, diversos objetos que abarrotaban todas sus dependencias y miniaturas que hacía Laura de la Torre, gran aficionada a la arqueología y colaboradora con el Museo de Ávila.

Sala con cacharros, vasijas, calentadores y ajuar doméstico de cobre y cerámica

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Los históricos palacios renacentistas que dieron renombre y relumbrón a la ciudad medieval fueron, en algún momento, con mayor o menor relevancia, ricos contenedores culturales de ilustres propietarios. Uno de los mejores ejemplos de ello es el palacio del regidor Juan Henao que guardaba la colección formada por Bernardino Melgar y Álvarez Abreu, marqués de Benavites y de San Juan de Piedras Albas.

Vistas del palacio del regidor Juan Henao, retrato del marqués de S Juan de Piedras Albas por Caprotti, y detalle de una sala del palacio dedicada a museo, 1920-1945

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Las cuatro galerías altas están convertidas hoy en pequeño Museo; la primera, de cerámica española y cuadros en tablas de arte primitivo; otra, de armería, con toda clase de armas de fuego y blancas y

FOTOS COLEC. GONZALO MELGAR, 1922

armaduras y gran colección de espadas; la siguiente, de tallas y cerámica y la última de hierros de todas clases y épocas. Los salones están amueblados con tapices, telas antiguas, alpujarreñas, retratos de familia, primitivos, bargueños, sillones fraileros, mesas y arcones tallados.

Salas de palacio museo formado por el marqués de San Juan de Piedras Albas, h. 1922

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Reportaje sobre el Marqués de San Juan de Piedras Albas y sus colecciones. La Voz del Pueblo, 23.12.1924

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El atractivo de las colecciones artísticas palaciegas fue un reclamo cultural y turístico interesante con el que solía presentarse la ciudad. Y así, José Mayoral Fernández decía en “Ávila en los viejos y nuevos caminos” (1948): El palacio de Henao, propiedad del Marqués de San Juan de Piedras Albas cuenta “con museo grandioso y rica biblioteca”, el de la duquesa de Valencia “pletórico de porcelanas, muebles de época y cuadros” y el del pintor Caprotti, “amante fervoroso de Ávila por su interés histórico y típico, Hijo adoptivo de también de la ciudad”.

Guías de Ávila que reseñan las colecciones palaciegas de la ciudad, 1912-1965

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El Museo de Intendencia se halla instalado en el palacio de Polentinos, el cual también fue morada del marqués de Novaliches y sede del Ayuntamiento. Fue cedido al Ejército para academia militar en 1875, y desde 2011 es museo y sede del Archivo General Militar. Palacio de Polentinos, 1875

En él se muestra cómo era la

Batalla de Alpens, Víctor Morelli, 1873

administración de los ejércitos a través de la Historia, se exponen diferentes tipos de carros y aspectos de equipo y la alimentación, se enseña cómo era la vida académica y la formación, y se exhiben retratos de intendentes, de sus héroes y sus caídos, así como prendas de uniforme y algunos objetos de la antigua Academia.

Marqués de Novaliches, 1871

Museo y Archivo en el Palacio de Polentinos, 2013

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Otros palacios y casonas mantienen el uso residencial de sus propietarios, como el de LESQUINAS, ocupado por Gonzalo Crespi de Valladura, actual conde Orgaz, descendiente del protagonista del famoso cuadro de El Greco, quien aquí mantiene un valioso archivo familiar abierto a los investigadores.

El conde Orgaz en la casa palacio de Lesquinas de Ávila. Foto diario El Mundo, 2013.

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De igual manera que Ávila ha sido ciudad palaciega gestionada por administradores de grandes casas nobiliarias, no es de extrañar que en la larga lista de senadores y diputados que fueron elegidos a Cortes Generales encontremos numerosos parlamentarios procedentes de la nobleza, aunque no todos ellos tenían palacio abierto en la ciudad ni tampoco, puede decirse, prestaran demasiados servicios a la misma. Y entre ellos, sabemos de las casas de Santa Marta, El Marqués de Benavites fue senador y diputado a Cortes en repetidas ocasiones.

Sofraga, Peñafuente, Crecente, Montefrío y Casa Muñoz. A los que siguieron el marqués de Arenas, el de Silvela y de San Juan de Piedras Albas durante el primer tercio del siglo XX. Por su parte, las mujeres y esposas forman parte de la Junta Nacional de Damas organizadora del III Centenario de Santa Teresa promovida en 1882 por la marquesa Campanar, esposa del marqués de canales de Chozas, y entre ellas vemos los nombres de las duquesas de Alba, de Medinaceli, y de la Roca, y de las condesas de Superunda y de Peñafuente, entre otras, de cuyo linaje nos quedan palacios y mansiones que llenan la ciudad señorial. Y el mero enunciado de tales nombres para

La marquesa de Campanar auspició la Junta de Damas de Santa Teresa en 1882.

reconocer su herencia en la arquitectura palaciega que nos queda.

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De las numerosas ventas de las joyas y objetos artísticos de los palacios que se producíán en tiempos de su decadencia, es un buen ejemplo la exposición y subasta organizada en Madrid en casa del conde de Altamira y marqués de Velada, a cuyo linaje perteneció el palacio abulense de los Velada. Y prueba de las enajenaciones de los bienes y reliquias que antaño llenaban las mansiones señoriales arruinadas para desgracia de sus dueños es el siguiente anuncio publicado en el periódico La Iberia del 28 de octubre de 1882.

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A finales del siglo XVIII, Goya retrató al duque de la Roca y marqués de Sofraga, don Vicente María de la Vera de Aragón y Ladrón de Guevara, un político, militar e ilustrado que fue Director de la Real Academia de la Historia y cuyos títulos nobiliarios encontramos entre los propietarios del palacio de Blasco Núñez Vela que fue Academia Militar y desde 1941 Audiencia provincial.

Palacio de Blasco Núñez Vela. Tarjeta postal, h. 1915

Retrato del marqués de la Roca y de Sofraga, Goya, finales s. XVIII.

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Los condes de Altamira y marqueses de Velada, Vicente Osorio y María Ignacia Álvarez de Toledo, y también su hijo, fueron retratados por Goya hacia 1787. Retratos de los condes de Altarmira realizados por Goya

Ellos eran los propietarios del palacio de los Velada, el cual fue vendido a mediados del siglo XIX por su nieto Vicente Pio Osorio de Moscoso, heredero de dichos títulos y otros, al hermano del conde de Montefrío, Enrique Aboín, quien lo habitó Vicente Pío Osorio de Moscoso XII conde de Altamira

con su esposa Rafaela Morera y Moreno. Palacio del conde Altamira y de Velada

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Duquesa de Abrantes, 1813

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Duquesa de Alba, 1795

Duque de Alba, 1795

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Condesa de Montijo e hijas

Goya pintó a la Duquesa de Abrantes e hija de los duques de Osuna, Doña Manuela Isidra Tellez Girón y Pimentel, título que obtuvo por su matrimonio en 1813 con Ángel Mª de Carvajal y Fernández de Córdoba y Gonzaga (1793-1839), VIII duque de Abrantes, cuyo linaje está unido al palacio del Marqués de las Navas del que eran sus propietarios y que actualmente son sus descendientes. También retrató a la Condesa de Montijo y sus hijas, y a los duques de Alba, otros ilustres propietarios de Ávila, así como a la familia del Infante Don Luís afincado en Arenas de San Pedro. Familia del Infante Don Luís, 1784

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El duque de Medinaceli, que

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c o l e c c i o n i s t a Anunciaciónb oceto. Goya, 1785. Museo de Boston

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La mulillas. Goya, 1793. Fundación Medinaceli

también era marqués de las Navas, hacia 1785 encargó a Goya un cuadro de la Anunciación, y entre su colección hay hoy un óleo de una plaza de toros pintado por Goya procedente del marquesado de Torrecilla cuyos titulares fueron parlamentarios por Ávila en varias legislaturas entre 1871 y 1891. Los duques Tamames tenían en su colección un vistoso retrato anónimo de Goya y el cuadro titulado “La cucaña” .

La cucaña. Goya, h. 1816. Colec. Duque Tamames

Retrato de Goya, anómimo. Foto Moreno, h. 1945. IPCE

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En 1913, la Sociedad de Amigos del Arte fundada por la duquesa de Parcent, organizó en Madrid una excelente exposición de pintura en la que se mostraron diversas obras de Goya pertenecientes a la marquesa de la Romana,

Marqués de la Romana por Vicente López, 1815 Bandido desnudando a una mujer. Goya, 1810

cuyo título ostentó Dña. María de la Piedad Caro y Martínez de Irujo, casada en 1922 con Diego del

Coloquio galante. Goya, h. 1810

Alcázar y Roca de Togores, VIII marqués de Peñafuente y XII conde de Villamediana, propietario del palacio de Sofraga en Ávila. Bandidos fusilando a un grupo de mujeres. Goya, h. 1810

Palacio de Sofraga o de Peñafuente en Ávila

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Juan Antonio Cuervo, 1819

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Ventura Rodríguez, 1784

Jovellanos, 1798

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Manuel Silvela , h. 1810

Y a los retratos que hizo Goya de los nobles de linaje abulense sumamos nosotros los que hizo a los arquitectos Juan Antonio Cuervo y Ventura Rodríguez, los primeros que diseñaron la plaza del Mercado Chico. Y añadimos también otros que pintó de Jovellanos, licenciado en la universidad de Santo Tomás de Ávila, y de Manuel Silvela García de Aragón, “El Afrancesado”, cabeza de una larga dinastía que siempre ha estado vinculada a Ávila, ciudad en la que vivió hasta los 17 años.

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La marquesa de Espeja, Dña. María Josefa del Águila y Ceballos, se casó con el II Duque de Valencia, quien había rehabilitado el título de su tío el General Narváez (1799-1868). A la muerte de la marquesa en 1888, su retrato pasó a su hijo José M.ª Narváez del Águila, III Duque de Valencia, casado en 1880 con María Luisa de Guzmán el Bueno y Gordón, marquesa de Santa Marta y heredera del palacio de los Águila en Ávila. En 1988, el palacio fue cedido al Estado

Retrato de la marquesa de

por la V duquesa de Valencia

Espeja de Federico de

junto con una copia del

Madrazo (1853)

retrato que se exhibe en el

y detalle de copia (dcha)

Museo de Ávila.

de Ricardo Madrazo (1892) procedente del palacio de Los Águila (Museo de Ávila).

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Federico de Madrazo retrató en 1875 a Casilda de Salabert y Arteaga, IX marquesa de la Torrecilla, cuyo padre, Narciso Salabert, y su hermano, Avelino, fueron diputados por Ávila entre 1871 y 1891, y quien tres años después contrajo matrimonio en segundas nupcias con Luís Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas, XVI duque de Medinaceli, quien falleció al año

Palacio de Medinaceli y de Abrantes de Ávila. Foto Mas, 1929

Retrato de María Pérez de Barradas por Federico de Madrazo, 1854

siguiente en su castillo de las Navas del Marqués. Antes, en 1854, Federico de Madrazo había retratado a su madre María Pérez de Barradas, esposa del XV duque de Medinaceli, Luís Fernández de Córdoba Figueroa y Ponce de León. Luís de Madrazo Kuntz, hermano de Federico, hizo el retrato del Duque de Abrantes, heredero del Palacio abulense de los Dávila y senador por la provincia en 1871.

Retrato de Casilda Salabert, por Federico de Madrazo, 1875.

Retrato del Marqués de Abrantes por Luís de Madrazo, h. 1865

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Dos grandes retratos de cuerpo entero, uno de Félix de la Torre y otro de su esposa Laura Hernández, pintados por Sorolla en 1894 se exhiben en el palacio de Superunda. El palacio fue adquirido por Laura, la hija de ambos, y su marido el pintor Guido Caprotti. Laura Hernández era hermana de la esposa del marqués de Benavites. Y Félix de la Torre fue arquitecto y destacado político republicano que se presentó a las elecciones a Cortes por el distrito de Barco-Piedrahita.

Retratos de Laura Hernández y Félix de la Torre. Sorolla, 1894. Donados por Ana Isabel Aizpurúa de Caprotti

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Sorolla ante el cuadro de la Familia Granzow. La Ilustración Artística, 6.08.1906. Arriba dcha. boceto. Museo Sorolla

Sorolla pintó en 1905 un díptico donde en una parte

Casimiro Florencio Granzow de la Cerda

se representaba a Estanislao Granzow y en la otra a

(1895-1969), heredó por vía materna el

la esposa con su hijo Casimiro con diez años. A la

título de II Duque de Parcent. Le sucedió

muerte del Sr. Granzow la obra fue separada en dos,

su hijo Fernando (1922-2014), quien fue

pasando cada una a pertenecer a colecciones y

un entusiasta miembro de la Asociación

propietarios distintos hasta su exhibición conjunta

de Amigos del Museo de Ávila hasta su

en Valencia en 2011.

fallecimiento el 18 de enero de este año.

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La familia Granzow, Sorolla, 1905. Museo de San Pío y de Bellas Artes de Valencia

La “Familia Granzow” estaba formada por Estanislao Granzow, un industrial polaco de origen aristocrático, y su esposa, María del Pilar de la Cerda y Seco, nieta de José de la Cerda marqués de Fuente el Sol y de Barbales y VIII Conde de Parcent y de Contamina y del Villar, y de su segunda mujer Dª Juana Cortés y Valero. El niño del retrato, su hijo Casimiro, heredó por vía materna los títulos de II Duque de Parcent, XI conde de Contamina y XI conde del Villar. Fue encargado de asuntos culturales en Varsovia durante 1939-1946, escribiendo entonces “El drama de Varsovia” donde cuenta su experiencia de la guerra y su colaboración en la salvación de numerosos judíos.

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Palacio de Abrantes y Catedral desde el antiguo palacio del Rey Niño (1910-1912). Museo Sorolla de Madrid.

Sorolla visitó la ciudad de Ávila en diversas ocasiones (1910 y 1912), pintando entonces una vista del palacio de los Dávila, habitado entonces por sus dueños los duques de Abrantes, y otra de la catedral desde el antiguo Palacio del Rey Niño.

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El duque de Parcent era patrono de Mosén Rubí, un artista y pintor experto de las Bellas Artes y miembro de la Comisión de Munomentos de Ávila, donde colaboró en la creación del museo de la ciudad. Estuvo casado en primera nupcias con la escritora malagueña Pepita Barrientos, y en segundas con María Trinidad Scholtz.

Los duques de Parcent. La Esfera, 4.02.1922

Antiguo hospital y capilla de Mosén Rubí. Tarjeta Postal, h. 1910.

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Los duques de Parcent, Don Fernando de la Cerda y Carvajal y Dña. Trinidad von Scholtz tenían su palacio en la calle madrileña de San Bernardo, donde podían admirarse soberbios tapices, grandes mesas, viejos arcones, candelabros labrados, porcelanas chinas y japonesas, tablas de pintores primitivos, lienzos de grandes maestros, obras de Murillo, El Greco y Coello y de pintores de la antigua Escuela española, y el retrato de la duquesa de Raimundo Madrazo (Revista “Voluntad” 15.06.1920).

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Los duques de Parcent, Don Fernando de la Cerda y Carvajal y Dña. Trinidad von Scholtz, tenían su palacio en la calle madrileña de San Bernardo, donde podían admirarse soberbios tapices, grandes mesas, viejos arcones, candelabros labrados, porcelanas chinas y japonesas, tablas de pintores primitivos, lienzos de grandes maestros, obras de Murillo, El Greco y Coello y de pintores de la antigua Escuela española, y el retrato de la duquesa de Raimundo Madrazo (Revista “Voluntad” 15.06.1920).

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La duquesa de Parcent promovió la exposición del Traje Regional celebrada en 1925. Con el tiempo, estos fondos dieron lugar a la creación de distintos museos y colecciones que actualmente forman el Museo del Traje, aunque todavía tardarían años en tener esta denominación (La Esfera, 6.06. 1925). Abajo tipos de Ávila (Isabel de Palencia, 1926)

Retrato de Trinidad von Scholtz, duquesa de Parcent, por Raimundo de Madrazo, que se exhibía en su palacio madrileño. La duquesa fue una gran coleccionista y mecenas cultural.

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MEDINACELI

Palacio de Medinaceli en Madrid

D. Medinaceli, Alférez Mayor de Ávila

Palacio de los Dávila, Mayoral, h. 1920

Los Medinaceli, del antiguo linaje titular de los palacios abulense de los Dávila, Navamorcuende y Navas, y del castillo de las Navas del Marqués, presumían de lienzos, tapices, armaduras, esculturas, porcelanas, maderas talladas y bronces hasta que el palacio sufrió un grave incendió en 1917. Los duques de Medinaceli, emparentados con los Alba, ejercieron el cargo honorífico de teniente Alférez mayor de Ávila por su condición de marqueses de Las Navas, y fue por ello que el duque asistió como representante de la ciudad en las Cortes de Bayona en 1808. (Fotos Moreno, h. 1914. IPCE).

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Sala de armas del palacio museo de los duques de Medinaceli. La Esfera, 14.03.1914

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Sala de especies cinegéticas del palacio museo de los duques de Medinaceli. La Esfera, 14.03.1914

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El palacio de los duques de Tamames se encontraba en la plaza de los Cepeda (actual Corral de Campanas o Diputación). A principios del siglo XX se derribó la portada para ampliar la plaza y se construyó sobre el convento de las monjas Reparadoras, a quien se lo había vendido José Messía del Barco y Gayoso (1853-1917), IV duque de Tamames, grande de España, quien fue senador, diputado, gobernador de Madrid, y jefe de la casa de de reina Isabel II, así como el más elegante de Madrid. Portada del palacio de Tamames (dcha). Dibujo Villaamil, h. 1840. Mº Nac. Escultura

En 1873 se casó con María Asunción Fitz James Stuart, hija los duques de Alba y sobrina de la Emperatriz Eugenia de Montijo. En su mansión madrileña de la calle Duque de Alba tenía armaduras, tapices y retratos de antepasados, pinturas de Rubens, Goya, Mengs, Vicente López, etc.

Reportaje de la casa museo del Duque de Tamames en Madrid. La Ilustración Española y Americana, 30.03.1894

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Reportaje de la casa museo del Duque de Tamames situada en la calle Duque de Alba de Madrid. La Ilustración Española y Americana, 30.03.1894

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El marqués de Cerralbo fue propietario en Ávila del palacio llamado también de

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Enrique Alberto de Aguilera y Gamboa, XVII marqués de Cerralbo. Museo Cerralbo

Almarza. La colección artística de este linaje es la que dio lugar al museo Cerralbo abierto en Madrid por Enrique de Aguilera y

Casa museo del marqués de Cerralbo en Madrid proyectada por Alejandro Sureda en 1883

Gamboa (1845-1922), XVII marqués de Cerralbo, donde hay lienzos de El Greco,

Palacio de Cerralbo en Ávila.

Rivera, Tiziano, Van-Dick, Rafael, Murillo y Carderera, entre otros, además de importantes piezas arqueológicas, mobiliario de época, esculturas, porcelanas, etc.

Fotos Museo Cerralbo. Madrid

Muestra de obras artísticas en la casa museo del marqués de Cerralbo en Madrid

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Reportaje de la casa museo del Marqués de Cerralbo en Madrid. La Esfera, 31.01.1914

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EL PALACIO DE LIRIA, RESIDENCIA DEL DUQUE DE ALBA EN MADRID

Los duques de Alba, cuyo linaje procedía de la localidad de Piedrahita donde estaba su palacio, eran una de las grandes casas españolas que tenían administrador en la ciudad de Ávila para gestionar su patrimonio, donde también estaba emparentada con las familias de los duques de Tamames y Medinaceli y de los condes de Montijo. La riqueza artística de las colecciones de los duques de Alba sobrepasa, con creces, la simbólica de los palacios abulenses que hace tiempo se quedaron vacíos . (La Esfera, 23.05.1914)

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Ávila cuenta con colecciones que todavía no tienen palacio de exhibición permanente, como es el caso de la que formaron los cuatro Hermanos Clemente Romeo, un rico legado

Madre de los Gracos. José Garnelo Alda, h. 1890

recibido por el

Talla antigua

Ayuntamiento de Ávila en 1968 formado por infinidad

Majas. Eugenio Lucas, h. 1860

de objetos (libros, pinturas de Eugenio Lucas y Solana, entre otros, esculturas, fotografías, pequeño mobiliario, porcelanas y Moisés. Copia de Lucas Jordán, s/d

lozas, utensilios de medicina, artículos de oficina, etc.) que se expone

Lavanderas en el Manzanares. E. Poy Dalmau, h. 1900

puntualmente. Fotos Ayuntamiento de Ávila.

La Máscarada. José Gutiérrez Solana, h. 1910 Bargueño antiguo