NAVARRA Y PAIS VASCO, 1936: CONSPIRACION CONTRA LA REPUBLICA

NAVARRA Y PAIS VASCO, 1936: CONSPIRACION CONTRA LA REPUBLICA Manuel Ferrer Muñoz Cuadernos de Sección. Historia-Geografía 22 (1994) p. 239-264 ISSN: ...
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NAVARRA Y PAIS VASCO, 1936: CONSPIRACION CONTRA LA REPUBLICA Manuel Ferrer Muñoz

Cuadernos de Sección. Historia-Geografía 22 (1994) p. 239-264 ISSN: 0212-6397 Donostia: Eusko Ikaskuntza

Gerra Zibila, 1931n aldarrikatu erregimen errepublikarraren amaiera eta Franco jeneralaren gobernu autoritarioa ekarri zituen konspirazio zibil eta militarra 1936ko martxotik uztailera burutu zen. Eta konspirazio honi buruzko idazkiak asko dira. Nafarroa, guztiz era berezian, konplot horren lekukoa gertatu zen, haren isileko ihardunak garaiko autore batzuek kontatu dituztelarik, hala nola Lizarza, Iribarren edo Maiz. Gauza ezaguna da, berebat, 1936ko martxoan DonibaneLohizune ondoan eratu zen Junta Suprema Militar Cariista delakoaren eta Comunión Tradicionalista-ko buruzagi nafarren arteko irizpide bikoiztasuna; adostasun gabezia horretaz bailatu zen Mola bere konspirazio lanetarako. Hala eta guztiz, eta gertakari horiek hedatu dituzten idazkien ugaritasuna gorabehera, puntu ilun anitz geratzen dira, behar bezala esplikatu ez direnak, eta kontraesan asko atzematen dira gureganaino iritsi diren bertsio ezberdinen artean. Anabasa horretan ordena jartzea eta lekukotasunak adosten saiatzea ikerlan honen helburuetariko bat izan da. Gainera, Fal Conderen artxiboa irispidean izateak balio historiografiko berezia duten dokumentu zenbait jarri ditu nire esku. Horiek argi berria egiten dute Gerra Zibila ekarriko zuen konplotaren sarearen inguruan, bai eta Errepublikako legalitatea haustea helburu zuten proiektuetan sartzeko buruzagi tradizionalistek erakusten zuten erresistentziaren arrazoiak argitzen laguntzen dute.

Abundan, ciertamente, los relafos de la conspiración cívico-militar que, urdida entre los meses de marzo a julio de 1936, acabó desencadenando la Guerra Civil que terminó con el régimen republicano proclamado en 1931 y dio paso al gobierno autoritario del general Franco. Navarra, muy particularmente, fue testigo de ese complot cuyos entresijos narraron contemporáneos de los hechos como Lizarza, iribarren o Maiz. También es conocida la dualidad de criterios de la Junta Suprema Militar carlista, constituida cerca de San Juan de Luz en marzo de 1936, y de las autoridades navarras de la Comunión Tradicionalista: divergencia de pareceres que Mola explotó para sus planes conspiratorios. Con todo, y a pesar de la profusión de escritos que han divulgado esos acontecimientos, restan aún muchos puntos oscuros, insatisfactoriamente explicados, y se detectan abundantes contradicciones entre las diversas versiones que han legado hasta nosotros. Poner orden en ese pandemónium y tratar de conjugar aquellos testimonios ha sido uno de los objetivos de esta investigación. Además, la posibilidad de acceder al Archivo Fal Conde ha puesto a mi disposición documentos de extraordinario valor historiográfico, que arrojan nueva luz sobre la trama del complot que desencadenaría la Guerra Civil, y contribuyen a clarificar el porqué de las resistencias de los dirigentes tradicionalistas a embarcarse en los proyectos que apuntaban a la ruptura con la legalidad republicana.

Nombreux son en effet les récits sur la conspiration civique et militaire ourdie entre Mars et Juillet de 1936, qui déchéna la Guerre Civile qui mit fin au régime républicaine proclamé en 1931 et qui eu comme résultat le gouvernement autoritaire du Général Franco. La Navarre, en particulier, fut témoin de ce complot qui a été narré par de nombreux contemporains des faits, entre autres Lizarza, Iribarren ou Maiz. Aussi est bien connue la dualité de critères du Conseil Militaire Suprème Carliste-Conseil qui fut créé près de Saint Jean de Luz en Mars de 1936. et des autorités Navarres de la Communion Traditionaliste: divergences d’opinions que Mola exploita afin de pouvoir accomplir ses projets. Pourfant et maigré la profusion de récits qui ont permis de connaître les faits il reste encore de nombreuses questions qui n’ont pas encore été convenablemenf expliquées, ainsi que de contradictions entre les diverses versions que nous connaissons. Un des objectifs principaux de cette recherche a été de vouloir mettre un peu d’ordre à toute cette confusion. La possibilité d’avoir accès à l'Archive Fal Conde m’a permit de disposer de documents d’une extraordinaire importance historique qui permettent de devoiler de nombreux faits au sujet de la trame du complot qui provoca le déchainement de la Guerre Civile et qui contribuiront à éclaircir les résistences des dirigeants traditionalistes a affronter des projets qui visaient à la rupture de la Iégalitè républicaine.

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Pocas semanas después de las elecciones generales de febrero de 1936 se establecieron los primeros contactos entre dirigentes carlistas y miembros de la guarnición de Pamplona pertenecientes a la Unión Militar Española, que ya desde enero venían alentando planes conspiratorios1. Entre los oficiales más inquietos se contaban los capitanes Barrera -que actuaba como delegado de la UME-, Díez de Lastra, Vicario, Moscoso, Lorduy, Vizcaíno, Villas y Vázquez, varios de los cuales estaban vinculados a Falange Española. No obstante, la común hostilidad de unos y otros hacia la República difícilmente hubiera desembocado en planes de una cierta envergadura de no mediar, al menos, dos circunstancias decisivas: el traslado del general Mola al mando de la XII Brigada de Infantería y las tentativas gubernamentales encaminadas a reemplazar a la Diputación derechista por una Gestora integrada por elementos afines a la política del Frente Popular. Aunque entre la llegada a Pamplona de Mola (14 de marzo) y la maniobra contra la Diputación (27 de junio)2 transcurrieran varios meses, ambos episodios se complementan: el carlismo navarro entendió, a raíz del ataque a la Gestora provincial, que no podía pretender salvaguardar la región sin vincularse a un movimiento nacional español en el que Mola, como veremos, era uno de los elementos fundamentales3. También más adelante nos referiremos a la parte que correspondió a Falange y a la CEDA en estos complots antirrepublicanos. Aquí nos interesa solamente destacar el protagonismo de Mola en la conjunción de los esfuerzos encaminados al derribo del régimen: él coordinó la acción de los militares -al menos, a partir de abril- y a él se dirigieron los representantes de aquellas formaciones políticas decididas a emplear la violencia para instaurar un nuevo orden. Después de su destitución en el mando de Marruecos (28 de febrero), Mola se dirigió a Madrid. Allí permaneció ocho días durante los cuales celebró varios encuentros con destacados miembros del Ejército que, como él, empezaban a inclinarse por una solución de fuerza. En la decisiva reunión del 8 de marzo, celebrada en casa de José Delgado y Hernández de Tejada, agente de Bolsa y diputado de CEDA, tomaron parte Franco, Mola, Orgaz, Villegas, Fanjul, Varela, Saliquet, Rodríguez del Barrio, Kindelán y González Carrasco, y se trató pormenorizadamente de las condiciones de un hipotético alzamiento 4. De acuerdo con

1. Cfr. PAYNE, S.G., “Navarrismo y españolismo en la política navarra bajo la Il República”, en Príncipe de Viana, XLIII (1982), p, 902, y BLINKHORN, M., Carlismo y contrarrevolución en España, Barcelona, Crítica, 1979, p. 317. 2. Cfr. FERRER MUÑOZ, M., Elecciones y partidos políticos en Navarra durante la Segunda República, Pamplona, Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, 1992, p: 419. 3. Cfr. IRIBARREN, J.M., Con el general Mola, p. 30, y PAYNE, S.G., “Navarrismo y españolismo”, p. 903

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lo estipulado entonces, se pondría en marcha el movimiento militar sólo en el caso de que la unidad de la patria se hallara seriamente amenazada y fuera límite el estado de quiebra del orden público. No se contemplaba, sin embargo, la alteración de la- forma de gobierno, por tratarse de una acción cuyo único común denominador consistía en frenar el deterioro de la situación y asegurar la salvación de España5. Al día siguiente, Franco -uno de los más caracterizados asistentes, junto con Mola, y pieza decisiva de la conspiración en su última fase- emprendía camino hacia Canarias6. No volvería a encontrarse con Mola hasta el 13 de agosto, en Sevilla, cuando el golpe militar había degenerado en una cruenta guerra civil. El 14 de marzo llegaba Mola a Pamplona, el mismo día en que ingresaban en la cárcel los principales dirigentes de Falange y era decretada la suspensión de funciones de ese partido. En la capital navarra encontró Mola al coronel Francisco García Escámez, que también había sido trasladado desde Africa y que no tardaría en convertirse en uno de los más estrechos colaboradores del general. Un día después, el capitán Lastra, requerido por Mola, encontraba ocasión propicia para informarle del estado de opinión generalizado en la guarnición y para expresarle su respaldo a cualquier acción orientada a la rectificación del rumbo de la República; aunque Lastra -y con él los demás oficiales de Pamplona- desconocía los contactos de Mola con otros generales. La segunda quincena de abril asistió a un avance importante en los planes conspiratorios de los militares: el día 12 Queipo de Llano visitó a Mola en Pamplona y, superadas las mutuas desconfianzas iniciales, se entreveía la posibilidad de un pleno acuerdo; y una semana más tarde terminarían por anudarse las dos conspiraciones militares en marcha: la más amplia de los generales y la de los capitanes acuartelados en Pamplona, que extendía sus tentáculos a Logroño, Estella y San Sebastián7. Según testimonio de José María Iribarren, las reticencias de Mola para embarcarse en una insurrección armada fueron vencidas por el conocimiento que adquirió acerca de unos

4. Cfr. CIERVA Y DE LAS HOCES, R. de la, Franco, Barcelona, Planeta, 1986, pp. 141-142: Las referencias que en esta obra se contienen acerca de la reunión proceden del orden del día elaborado por el general González Carrasco, que actuaba como notario de la junta de generales. 5. De acuerdo con la versión escrita de González Carrasco, “por iniciativa de Mola y decisión de Franco se decide que el movimiento ‘fuese exclusivamente por España, sin ninguna etiqueta determinada”’ (ibídem, p. 141). 6. Entre los primeros decretos militares del ministerio formado por Azaña tras las elecciones de febrero de 1936, hechos públicos el día 22 de ese mes, figuraba el cese de Franco como jefe del Estado Mayor Central y su destino a la Comandancia General de Canarias. 7. Sin embargo, la conspiración de los generales se vino prácticamente abajo en la misma fecha del 19 de abril, y varios de los implicados se vieron descubiertos: el general Varela fue detenido y trasladado a Cádiz, y el general Orgaz, confinado en Canarias (cfr. ARRARAS, J., Historia de la Segunda República Española, 4 vols., Madrid, Editora Nacional, 1964-1968, vol. IV, p. 303, y BLINKHORN, M., Carlismo, pp. 336-337).- Un informe sobre los preparativos de la sublevación en Madrid, elaborado el 5 de abril, señalaba a Varela como “el motor que organiza y después dejará dirección provisional yendo a su puesto”; Orgaz, por su parte, “sólo se ocupará de Madrid” (Archivo Fal Conde).- Un informe posterior, del 22 de abril, cuyo texto integro se recoge en el Apéndice 1, se hace eco del fracaso del pronunciamiento previsto para el 19 de ese mes, que revestía un carácter eminentemente monárquico, y refleja un completo desánimo y un escepticismo total ante las perspectivas de éxito de otros complots para derribar el régimen: cfr. Archivo Fal Conde. Apéndice 1.

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presuntos planes de los comunistas, que se preparaban para tomar el poder: así lo deducía de una nota manuscrita del general en el dorso de una hoja del calendario de su mesa de despacho, correspondiente al 19 de abril8. Por su parte, B. Félix Maiz trascribe algunos textos, entresacados del archivo de Mola, que documentan aquellos preparativos comunistas9. Todavía antes de terminar el mes, el día 25, expedía Mola la primera de la serie de Instrucciones Directrices que, con el seudónimo de “El Director”, impartiría en los meses sucesivos10. También a finales de abril se producía la destitución del teniente coronel de la Guardia Civil Ignacio Gregorio Muga, que fue separado de la comandancia y sustituido interinamente por el comandante Luis Espinosa, hasta entonces segundo jefe de las fuerzas del Cuerpo en Navarra. La salida de Gregorio Muga coincidió con el relevo en la secretaría del Gobierno Civil de Modesto Font. Los dos ceses fueron interpretados en clave política, a la vista de las manifiestas simpatías derechistas de Font y de Gregorio Muga. Mayo fue, en apariencia, un mes tranquilo, inquietado sólo por la visita a Pamplona del general Juan García Gómez Caminero, inspector del Ejército en la VI División. Su breve estancia en la ciudad, el día 9, le permitió percatarse del encrespado estado de ánimo de los elementos jóvenes de la oficialidad de la guarnición. También en mayo acudió a ver a Mola Ignacio Baleztena, destacado miembro de la Junta Regional Carlista. La hostilidad de las izquierdas hacia la Diputación sirvió de pretexto al dirigente tradicionalista para tantear la disposición de la máxima autoridad militar de la provincia; y Mola pudo averiguar cuántos eran los efectivos del Requeté con los que podría contar en caso de insurrección popular11. En el mismo mes se sitúa el viaje a Pamplona del teniente coronel Seguí, que aseguró el apoyo de las fuerzas de la Legión y de los Regulares12. En un escenario distante se desarrollaban entretanto importantes conversaciones. El general Sanjurjo, exiliado en Portugal, recibía primero a Fal Conde y a otros representantes de la Comunión y, más adelante -en el Hotel Hispano Americano de Lisboa-, al Príncipe don Javier, a Fal Conde y a Aurelio González de Gregorio. El general comprometió su participación en un levantamiento civil, promovido por el Requeté, aun en el caso de que fallara el alzamiento de los militares13. Estas gestiones conectaban con las emprendidas por Mola por medio de Raimundo García, diputado en Cortes por Navarra y director de Diario de Navarra: en efecto, a través de esta mediación, Sanjurjo invistió a Mola de la jefatura suprema de la

8. Cfr. IRIBARREN, J.M., Mola, pp. 48-49. 9. Cfr. MAIZ, B.F., Mola, aquel hombre, 94-96, y Alzamiento en España, pp. 45-47. 10. “A finales del mes de abril, el general Mola, harto de la ineficacia de la junta de generales y de la UME, decide asumir la dirección de los preparativos para el alzamiento” (CIERVA Y DE LAS HOCES, R. de la, Franco, p. 144). 11. Cfr. LIZARZA IRIBARREN, A., Memorias de la conspiración, pp. 110-111 12. Cfr. ANDRES-GALLEGO, José, LLERA, Luis de, VELARDE, Juan y GONZALEZ, Nazario, Historia de España, vol. 13,1, España Actual. La Guerra Civil (1936-1939), Madrid, Gredos, 1989, p. 115. 13. Ibídem, p. 75

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conspiración14. Rodezno, que estaba al corriente por medio de Garcilaso del buen entendimiento entre ambos generales, estimaba esa colaboración como “lo único serio y eficaz”, a la vista de la inoperancia de los mandos militares que operaban en Madrid. En una carta fechada el 10 de junio expresaba, no obstante, ciertos temores por la lentitud de los preparativos de Mola que, al parecer, esperaba algún acontecimiento político que precipitara la insurrección, y se mostraba preocupado por el estado aún muy incompleto de la organización del movimiento. Una conversación entre Yagüe y Mola que, a requerimiento de éste, había de celebrarse en Villafranca, el feudo de Rodezno, podía tal vez impulsar la concertación de esfuerzos de los generales implicados15. Esta articulación de esfuerzos contribuyó a impulsar una desbordante actividad en el mes de junio. De un lado, Mola proseguía y aun intensificaba sus conexiones con otros generales (De Benito, Queipo de Llano, Cabanellas, Kindelán, González Carrasco y Saliquet); y, por otra parte, emprendía un ardua negociación con los líderes de la Comunión Tradicionalista. El 4 de junio procuró un sobresalto no ligero a cuantos se hallaban comprometidos en proyectos de insurrección: de un modo imprevisto se personó en Pamplona Alonso Mallol, Director General de Seguridad, acompañado de un aparatoso dispositivo policial, con objeto de sorprender posibles alijos de armas y de clarificar la actitud de Mola. Este fue avisado con doce horas de antelación por medio de un comisario de policía de Madrid, y esta delación hizo fracasar la operación, que se saldó con unos resultados decepcionantes: sólo se encontró una pistola con licencia, pero sin guía, perteneciente al teniente coronel Utrilla, figura importante del Requeté navarro16. Horas después de la conversación con el Director General de Seguridad, Mola se encontraba en el alto de Azpíroz con José Luis Oriol, diputado tradicionalista por Alava, que le ofreció el apoyo de los requetés de esa provincia y su colaboración personal. Al día siguiente se incorporaba a su destino en Pamplona el nuevo comandante de la Guardia Civil, José Rodríguez Medel, conocido por su inequívoca adhesión al Gobierno. Dispuesto a “republicanizar” a sus guardias, contó en esa tarea con la colaboración del comandante Martínez Friera y del capitán Ricardo Fresno17. Tanto la presencia de Mallol como el cambio efectuado en el mando de la Guardia Civil corroboraban la preocupación de las autoridades por las presumibles maquinaciones de Mola, aunque la habilidad del general lograra ocultar las huellas de sus trabajos conspiratorios. Prueba del difundido estado de opinión sobre las andanzas de Mola fue la recomenda-

14. Cfr. ROBINSON, R., Los orígenes de la España de Franco. Derecha, República y Revolución 1931-1936, Barcelona, Grijalbo, 1974, p. 483, y ANDRES-GALLEGO, José, LLERA, Luis de, VELARDE, Juan y GONZALEZ, Nazario, Historia de España, vol. 13,1, p. 116. 15. Carta de Rodezno a Sanjurjo, 10-VI-1936 (Archivo Fal Conde) 16. Cfr. LIZARZA IRIBARREN, A., Memorias de la conspiración, pp. 80-81, y ARRARAS, J., Historia de la Segunda República, vol. IV, p. 312-313 que, siguiendo a Maiz, atribuye equivocadamente la fecha del 27 de junio al viaje de Mallol. 17. Cfr. BURGO TORRES, J. del, Conspiración, p. 23, y PEREZ MADRIGAL, J., Augurios, estallido y episodios de la guerra civil (Cincuenta días con el Ejército del Norte), Avila, Imprenta Católica de Sigirano Díaz, 1937, pp. 103-104.

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ción que éste recibió de Mariano Ansó, diputado de Izquierda Republicana y antiguo alcalde de Pamplona, que le aconsejó que no se sublevase, “pues cuando él fuera ministro de la Guerra (y confiaba en serlo pronto) le otorgaría el mando supremo del Ejército”18. Las negociaciones entre Mola y los carlistas, facilitadas por los contactos informales que el general había sostenido con Baleztena y con Oriol, entraron en su fase decisiva en la segunda decena de junio. El primer intento formal de aproximación había sido el encargo confiado a Zamanillo, Delegado Nacional de Requetés, para que se entrevistara con Mola. Este, sin embargo, se negó a recibirlo; pero, al cabo de unos días, presionado por las quejas de los dirigentes tradicionalistas, accedió a enviar un emisario a Fal que, a partir del 8 de junio, conferenció con el Jefe Delegado de la Comunión durante varias jornadas. Mola requirió la entrega por escrito de las condiciones exigidas por los carlistas para sumarse al movimiento, y el día 11 -previa autorización de don Alfonso Carlos- se redactó una nota firmada por Fal Conde y entregada en mano por Zamanillo el día siguiente -en el Palacio de Capitanía de Pamplona-, que fijaba las demandas de la Comunión. Mola no debió de quedar nada convencido de esa propuesta, como lo revela una anotación suya escrita uno o dos días después, en la que expresaba su negativa a hipotecar el porvenir del nuevo Estado19. Por eso se hizo necesaria otra conversación, esta vez entre Fal Conde y Mola. El lugar elegido fue el Monasterio de Irache y la fecha, el 15 de junio 20 . Mola entregó al Jefe Delegado de la Comunión una nota, fechada el 5 de junio en Madrid, que era una contestación a la que había recibido de manos de Zamanillo. La propuesta del general incluía algunos puntos que difícilmente podían ser aceptados por los carlistas: constitución de un Directorio militar, elección por sufragio de un Parlamento constituyente, defensa de una Dictadura Republicana, separación de la Iglesia y el Estado y libertad de cultos: Naturalmente que el proyecto se tuvo por inaceptable. Esto no obstante la conversación siguió y en ella se puso de manifiesto que querían salir con la tricolor por exigencia de Cab. [Cabanellas]. A ello dijo Vázquez [Fal] que no nos podíamos prestar, y si todo lo más a no salir con ninguna siempre que se garantizara que el contenido sería esencialmente de reconstrucción y sin partidos

18. Cfr. IRIBARREN, J.M., Con el general Mola, p. 34 19. Informe del 6-VII-1936 (Archivo Fal Conde). El texto integro de este escrito se recoge en el Apéndice 2. Cfr. también LIZARZA IRIBARREN, A., Memorias de la conspiración, pp. 112-113, v MAIZ, B.F., Mola, aquel hombre, pp. 188-189: Angel Pascual (cfr. PASCUAL BONIS, A., “El inicio de Ia guerra civil en Navarra”, en GARITAONANDIA, C.y GRANJA SAINZ, J.L. de la (eds.), La Guerra Civil en el País Vasco, 50 años después, Bilbao, Servicio Editorial Universidad del País Vasco, 1987, p. 305), conocedor del primer rechazo de Mola a Zamanillo, sostiene que la entrevista de Zamanillo y Mola no llegó a celebrarse: pero los testimonios coincidentes de Lizarza y de Maiz certifican ese encuentro, si bien lo fechan el día 11 cuando en realidad ocurrió el 12, como consta en un escrito de la dirección tradicionalista datado el 6 de julio: “el día 11 por fin y previa autorización del Señor, se redactó la nota adjunta Nº 1, que se hizo llegar el 12 a manos de Quintana [Mola]. En ella no se pedía ni la monarqu. ni la dinast. ni siquiera el Gobierno en cuanto implicaba ejecución y administración; solamente se pedían garantías prácticas de que la dirección política sería antiparlamentaria y con desaparición de partidos, a fin de que los políticos no se lanzaran sobre el botín esterilizando todo”: Informe del 6-VII-1936 (Archivo Fal Conde). Apéndice 2. 20. Así lo señala Lizarza, que condujo personalmente a Fal desde San Juan de Luz (cfr. LIZARZA IRIBARREN, A., Memorias de la conspiración, p. 113). Maiz, en cambio, sostiene que el encuentro de Irache se celebró el 16 de junio a las cinco de la tarde (cfr. MAIZ, B.F., Mola, aquel hombre, p. 189, y Alzamiento en España, pp. 148 y 207). También ARRARAS, J., Historia de la Cruzada Española, Madrid, Datafilms, 1984, Alzamiento, vol. III, p. 406, y BLINKHORN, M., Carlismo, p. 340 recogen, erróneamente, la fecha del 16 de junio.

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políticos ni sufragio liberal. Quintana [Mola] dijo que no pensaba contar con políticos que no aportaran gente de acción y por tanto sólo con Fal y nosotros. En cuanto a nuestra gente la necesitaba parte para encuadrarla en las unidades por no tener confianza en que el soldado luche, y parte para guarnecer ciudades que quedaran sin fuerzas. No se llegó a acuerdo alguno, pero la cordialidad fue tal y tal el interés que le inspiró a Quintana la conversación y el conocimiento y estima de nuestro modo de ser, que quedaron ambos al habla y fijados taxativamente los únicos enlaces, que serían Sanjuan [Zamanillo] en lo político y Ricart [Lizarza] en el otro aspecto21.

Así, pues, resulto inevitable proseguir la discusión de las condiciones del acuerdo dos semanas después: el 1 de julio, en Echauri, en casa de Esteban Ezcurra22. Los interlocutores fueron Mola y Zamanillo, porque Fal encontró dificultades para cruzar la frontera. La Comunión se mostró irreductible en su defensa de los fundamentos del nuevo Estado, que debía responder “a los dictados de la religión”, excluir el parlamentarismo, el sufragio liberal y los partidos políticos. Aunque se aceptaba la presidencia de un militar en el Directorio, se exigía la presencia de dos consejeros designados por la Comunión Tradicionalista, a los que debía encomendarse “la obra de la reconstrucción orgánica o corporativa y de educación nacional”; y se consideraba también irrenunciable la bandera bicolor23 Mola declinó aceptar esos presupuestos, amparándose en que lo impedían los compromisos adquiridos con Cabanellas y con Queipo, y comunicó a Zamanillo los nombres de las personas designadas para el Directorio, “para los cuales -testimonia un documento interno de la Comunión- no tenemos más que palabras de respeto, admiración y confianza”, si bien, como hizo notar el representante tradicionalista, “ellos, como ajenos a la política, no podrían realizar ni dirigir por sí solos la reconstrucción del país”. Llegados a un punto muerto, Mola pidió una contestación definitiva por nuestra parte, y este carácter tuvo la nota Nº 3 que se dio a Sanjuan [Zamanillo] en la noche del 2 y que el 3 tuvo Quintana [Mola]. Ni en ella hay nuevas exigencias ni negativa a actuar, sino sólo en tanto en cuanto nuestra colaboración se hace imposible por el matiz que se la da24.

Entretanto, en los últimos días de junio se había planteado a Mola una extraña tesitura cuando dos personas procedentes de Madrid -Francisco Herrera Oria y Carlos Salamancase presentaron en el domicilio del capitán Lastra y pretendieron hacerle entrega de un maletín que contenía medio millón de pesetas, para los gastos de la conspiración, Ese dinero procedía del remanente del fondo electoral de Acción Popular y les había sido confiado por Gil Robles en la creencia de que se trataba de emisarios de Mola. Lastra consultó con Mola, que no quiso aceptar el dinero. Por fin se decidió ingresarlo en un banco, en espera de que se clarificaran las cosas25.

21. Informe de la dirección tradicionalista, 6-VII-1936 (Archivo Fal Conde). Apéndice 2. 22. También en relación con esta fecha se contradicen los testimonios de Lizarza y de Maiz. El primero habla del 2 de julio (cfr. LIZARZA IRIBARREN, A., Memorias de la conspiración, p. 116) mientras Maiz sitúa la entrevista un día antes (cfr. MAIZ, B.F., Alzamiento en España; p. 221). En este caso es más fiable el secretario de Mola, que llevó al general desde Pamplona hasta Echauri y lo dejó anotado en su diario. Este es también el parecer de ECHEVERRIA, T., Cómo se preparó, p. 101. 23. Cfr. LIZARZA IRIBARREN, A., Memorias de la conspiración, p. 116 24. Informe de la dirección tradicionalista, 6-VII-1936 (Archivo Fal Conde). Apéndice 2. 25. Cfr. MAIZ, B.F., Mola, aquel hombre, pp. 230-235; GIL ROBLES, J.M., No fue posible la paz, Barcelona, Ariel, 1968, p. 798, nota 50, y BURGO TORRES, J. del, Conspiración, pp. 215-216.

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El 5 de julio, por la mañana, cruzaron la frontera francesa para entrevistarse con la dirección tradicionalista Gil Robles, Francisco Herrera y Luca de Tena, que manifestaron ir de parte de Mola. No hubo entendimiento posible, y afloraron discrepancias al parecer insuperables, toda vez que Gil Robles -en contacto con Cabanellas y Queipo de Llano- contemplaba una primera fase de gobierno militar que sería seguida de un “gobierno de partidos de derechas que se repartirán los Gobiernos Civiles”26. Dos días antes, la Comunión Tradicionalista había hecho llegar a Mola una nota, cuyo texto completo se reproduce en el Apéndice 3, en la que se volvía a insistir en los dos requisitos estimados como insoslayables para autorizar la entrada en liza de sus fuerzas: reconstrucción política del Estado sobre nuevas bases, superadoras del parlamentarismo y el sufragio liberal (que implicaba la presencia de dos Consejeros de la Comunión “a los que se encomiende la obra de la reconstrucción orgánica o corporativa y de educación nacional”), y la adopción de la bandera bicolor27. Después de las conversaciones de Echauri y antes de que se reanudaran los contactos entre Mola y las autoridades tradicionalistas, escasas jornadas antes del comienzo de las fiestas de San Fermín debió atender Mola a un visitante molesto, el general Batet, recién nombrado jefe de la VI División Orgánica, que no ocultó su preocupación por las actitudes de algunos oficiales de la guarnición, al tiempo que intentaba sondear los propósitos de Mola y así poder aconsejar la eventualidad de un cese que el Gobierno estaba sopesando. En los días sucesivos se mantuvieron en comunicación escrita Mola y Fal. El 8 de julio, Fal contestaba a una carta que Mola le dirigió la víspera28. Aunque coincidía con el general en que el movimiento debía revestir carácter de “nacional” y no realizarse en favor de partidos, entendía que el único medio para alcanzar ese objetivo era la inmediata disolución de todos los partidos políticos. Además, exigía garantías de que el Directorio llevara a cabo una auténtica reconstrucción del país sobre bases orgánicas y antidemocráticas: si se prescindía de los Consejeros propuestos por la Comunión, ¿No se corría el peligro de que se desnaturalizara ese programa? Volvía a la carga en su reivindicación de la bandera bicolor, que provenía de “una tradición de lealtad a unos principios, a una Monarquía y a unos símbolos servidos durante un siglo y en varias guerras”. Rechazaba las imputaciones de “intransigencia absurda” y precisaba que la firmeza en sus pretensiones no era una opción personal sino “actitud invariable de un partido monárquico, quiero decir con una autoridad de la que sólo soy yo Delegado y que no resuelve sin antes tomar amplios asesoramientos, que nunca como ahora han sido tan concordes y teminantes”29. Fal, en un intento de desatascar la situación, dirigió una carta a Sanjurjo. Pero no parecía viable un entendimiento y el 9 de julio Mola -que por medio de Fanjul fue informado de las dificultades existentes en Madrid- decidió comunicar a Fal la ruptura de relaciones30. Y,

26. Informe de la dirección tradicionalista, 6-VII-1936 (Archivo Fal Conde). Apéndice 2 27. Nota del día 2-VII-1936 entregada a Mola el día 3-VII-1936 por la Comunión Tradicionalista (Archivo Fal Conde). Apéndice 3. 28. Carta de Fal Conde a Mola, 8-VII-1936 (Archivo Fal Conde). Apéndice 4. 29. Ibídem. 30. Carta de Mola a Fal Conde, 9-VII-1936 (Archivo Fal Conde). Apéndice 5.

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sin embargo, ese mismo día, cuando todo apuntaba a la imposibilidad de un acuerdo entre militares y carlistas, se dieron dos importantes pasos adelante: Sanjurjo, informado de estas dificultades, preparó sendas cartas para Mola y para Fal; y una conversación entre Mola y Rodezno, diputado tradicionalista por Navarra, lograba superar momentáneamente el punto muerto. El conde, que se había desplazado desde Madrid, pasó antes por Villafranca y, ya en Pamplona, se entrevistó con Mola en un rincón del claustro de la catedral. En el curso de ese encuentro, que había sido sugerido por Raimundo García, Rodezno propuso a Mola que se dirigiera a la Junta Regional Carlista que presidía Joaquín Baleztena. Inmediatamente después, Rodezno informó a los miembros de la Junta Navarra de que se habían interrumpido las relaciones de Mola con las autoridades nacionales de la Comunión, y les daba a entender que sólo ellos podían desbloquear la negociación31. Se abría así una nueva vía para el desesperado general, que decidía prescindir de las amenazas de que había hecho gala en sus desagradables conversaciones con Fal Conde, para intentar sacar partido de las divisiones existentes en el seno de la Comunión. Entretanto, Antonio Lizarza era enviado por Fal Conde a Estoril para exponer a Sanjurjo el estado de la cuestión. El día ll estaba ya de regreso en San Juan de Luz con las dos referidas cartas del general en el exilio: una dirigida a Mola y otra para Fal, que incluía el texto remitido a Mola. El escrito de Sanjurjo suponía el espaldarazo a las pretensiones de la Comunión puesto que, al enunciar las líneas maestras de su programa, recogía las reivindicaciones de los carlistas. Mola negó que la autoría de la carta correspondiera a Sanjurjo, y Lizarza -que había ido a Pamplona para hacerle entrega de la misiva- volvió enseguida a San Juan de Luz para notificar la respuesta del general. Como era previsible, se decidió dar por terminados los contactos con Mola, que había puesto en duda la honorabilidad del enlace de la Comunión: una orden de Fal del 12 de julio prohibía el respaldo a cualquier movimiento armado que no revistiera carácter exclusivamente carlista. El mismo día 12, y como consecuencia de las sugerencias de Rodezno, se presentó en San Juan de Luz una delegación de la Junta Regional de Navarra (Ignacio y Joaquín Baleztena y José Martínez Berasáin), a la que acompañaban Fermín Sagüés, Isidro Arraiza y

31. Lizarza y Maiz coinciden en atribuir la fecha del 9 de julio a este encuentro, el primero entre ambos personajes, aunque discrepan en cuestiones de menor importancia. Lo más seguro en este caso es atenerse a la versión de Maiz, que concreta al máximo los detalles: la reunión fue en el claustro de la catedral, junto a la capilla de la Barbazana, a las 4,30 de la tarde; y, terminada la entrevista, Mola y Rodezno salieron del recinto de la catedral por puertas distintas, para no llamar la atención (cfr. LIZARZA IRIBARREN, A., Memorias de la conspiración, pp. 124-125, y MAIZ, B.F., Mola, aquel hombre, p. 253). Iribarren, en cambio, adelanta esa conversación al 5 de julio (cfr. IRIBARREN, J.M., Mola, pp. 80-81). A favor de la fecha propuesta por Lizarza y Maiz está la referencia a la llegada del conde de Rodezno a Pamplona que se contiene en Diario de Navarra el 11 de julio: según informaba dicho periódico, el lugar de procedencia era Villafranca, el hogar familiar de Domínguez Arévalo.- Esteban-Infantes, por su parte, alude a una visita a Mola de Rodezno, Baleztena y Martínez Berasáin: aunque no concreta la fecha, el contexto permite situarla entre las conversaciones de Mola con Fal Conde y los Sanfermines (cfr. ESTEBAN-INFANTES, E., Genera/ Sanjurjo (Un laureado en el penal del Dueso), Barcelona, Ed. AHR, 1958, p. 255). Por último, Vigón sostiene que tres carlistas -no precisa nombres, pero es evidente que son las tres personas de que habla Esteban-Infantes- estuvieron con Mola después del 29 de junio (cfr. VIGON, J., General Mola (El Conspirador), Barcelona, Ed. AHR, 1957, p. 99). Desconozco la fuente de que se sirvieron Esteban-Infantes y Vigón, pero me parecen más fiables los testimonios de Lizarza y de Maiz, muy próximos a los hechos que narran. La Historia de la Cruzada (Alzamiento, vol. III, pp. 412-413) recoge el testimonio de Rodezno, que confirma la fecha del 9 de julio, aunque traslada el lugar de la entrevista a los alrededores de Pamplona. En fin, la interpretación que hace ECHEVERRIA, T., Cómo se preparó, pp. 139-142 coincide plenamente con las hipótesis que he formulado.

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Luis Arellano, con objeto de proponer la movilización de los Requetés de Navarra en apoyo del levantamiento organizado por Mola32. Preguntados por las contrapartidas ofrecidas por el general, respondieron que éste les había prometido que la enseña nacional sería la bandera bicolor y que los ayuntamientos de Navarra se confiarían a los carlistas. Don Javier rechazó esas condiciones, pero la insistencia de la Junta Regional logró que accediera a consultar a su tío y que, si la sublevación estallaba antes de que se hubiera recibido su respuesta, se facultara a los carlistas navarros para sumarse a ella. Para salir al paso de la opinión generalizada, que daba por descontada la participación en el movimiento de Mola, la Junta Nacional avisó a los Requetés de Pamplona el día 13 que sólo debían acatar las órdenes que recibieran por conducto de Lizarza. Estas posturas inhibicionistas se vieron reforzadas por una carta de don Alfonso Carlos a Joaquín Baleztena, en la que ordenaba la abstención de los carlistas en el levantamiento. La situación se desbloquearía de forma imprevista al día siguiente, en una reunión celebrada en casa de Antonio Lizarza, a la que asistían los capitanes Barrera, Lorduy y Vázquez, comisionados por Mola. La sombra del asesinato de Calvo Sotelo, cometido en la noche del 12 al 13, iba a pesar decisivamente en el ambiente y contribuiría a disipar los mutuos recelos, urgidas ambas partes por la conciencia de que el Gobierno no controlaba ya sus propias Fuerzas de Seguridad, por lo que era irreversible una salida violenta. El Jefe de los Requetés Navarros -que actuaba también como enlace de la Junta Nacional de la Comunión- sugirió un arreglo: que Mola redactara una carta en la que manifestara su aceptación de las orientaciones contenidas en la de Sanjurjo y las ulteriores que pudiera transmitir éste como Jefe de Gobierno: “eso no comprometería al General Mola frente a los demás militares comprometidos; únicamente a aquella carta y a lo que hiciese después el General Sanjurjo”. Mola aceptó y escribió las líneas que se le pedían, que fueron trasladadas a conocimiento de la Junta Nacional por el propio Lizarza. Conseguida la aceptación del documento en San Juan de Luz, ese mismo día regresaba Lizarza a Pamplona con el teniente coronel Rada, encargado de comunicar a Mola la conformidad de la Comunión Tradicionalista. Una carta remitida desde San Juan de Luz el 15 de julio por la noche implicaba definitiva y formalmente a la Comunión en el movimiento33. El mismo día 15, el teniente coronel Utrilla, en su calidad de Inspector Militar de los Requetés Navarros, transmitía las instrucciones para el levantamiento. El convencimiento de que éste era ya irreversible aconsejó a Mola el traslado de su familia a Biarritz34. Antes de referirnos a la participación de otros grupos políticos en el movimiento cívicomilitar en contra del régimen es preciso mencionar otros acontecimientos que se produjeron durante los decisivos días del 9 al 18 de julio, marcados por las dificilísimas conversaciones entre Mola y los carlistas. Hemos retrasado intencionadamente su relato, para no interrumpir la narración de aquellas negociaciones.

32. Cfr. BURGO TORRES, J. del, Conspiración, p. 544. 33. Ordenes de la dirección de la Comunión Tradicionalista, remitidas desde San Juan de Luz el día 15-VII-1936 (Archivo Fal Conde). Apéndice 6. 34. El relato de las negociaciones posteriores al 9 de julio entre los carlistas y Mola se ha hecho de acuerdo con la versión de Antonio Lizarza, que rectifica las cronologías propuestas por Maiz, Iribarren, “Juan de Iturralde” y Arrarás -Historia de la Cruzada -: cfr. LIZARZA IRIBARREN, A., Memorias de la conspiración, pp. 122-138. Una narración más detallada, en BLINKHORN, M., Carlismo, pp. 343-347.

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El 10 de julio se recibía en Pamplona, por medio de Raimundo García, la adhesión de Calvo Sotelo y de su partido, Renovación Española, a los planes conspiratorios de Mola35. A los tres días, en la misma fecha en que la opinión pública se conmovía por el asesinato de Calvo Sotelo, el coronel García Escámez era separado de su cargo por el Gobierno, muy probablemente a consecuencia de una denuncia de Rodríguez Medel a quien Escámez -a pesar de las resistencias de Mola- había intentado hacer cambiar de actitud36. Es indudable que esta destitución y la evidencia de que sus pasos eran seguidos con toda atención por el Gobierno debieron de intranquilizar extraordinariamente a Mola. El otro suceso en cuestión es la entrevista de Batet y Mola en Iraches37. Ya se habían encontrado recientemente en Pamplona, según se ha dicho más arriba, y en esta ocasión Batet quiso insistir en que el Gobierno estaba al corriente de la rebelión que se preparaba y que se consideraba a Mola como la cabeza directora del complot. Mola negó la existencia de ese movimiento subversivo y, por supuesto, que él fuera el jefe de la confabulación. También rechazó los requerimientos de Batet, que sugería a Mola que solicitase el traslado a otra guarnición como la mejor prueba de la falsedad de aquellas imputaciones. Tan sólo consiguió Batet que Mola asegurara bajo palabra de honor que no estaba “comprometido en ninguna aventura”. Fortunato Aguirre, alcalde de Estella y miembro del Partido Nacionalista Vasco, tuvo conocimiento de esa reunión y apostó en los alrededores del monasterio a guardias municipales armados, en espera de que el Gobernador Civil autorizara la detención de Mola y de sus acompañantes. Sin embargo, la decisión de Casares Quiroga, Presidente del Gobierno y Ministro de Guerra, a quien a su vez había consultado el Gobernador Civil, fue la de retirar inmediatamente las fuerzas policiales38.

35. Cfr. CIERVA Y DE LAS HOCES, R. de la, Historia de la Guerra Civil española, Madrid, San Martín, 1969, p. 754. 36. Cfr. IRIBARREN, J.M., Mola, p. 89, y ARRARAS, J., Historia de la Cruzada, Alzamiento, vol. III, p. 413-414 37. Maiz data la entrevista el 10 de julio (cfr. MAIZ, B.F., Mola, aquel hombre, pp. 256-259, y Alzamiento en España, pp. 249-252). Sin embargo, Iribarren (cfr. IRIBARREN, J.M., Mola, pp. 90-95, y Con el general Mola, pp. 50. 53) sostiene que este encuentro fue el 17 de julio a primera hora de la mañana, y que entre la primera conversación de Batel y Mola en vísperas de los Sanfermines y el encuentro de lrache hubo dos entrevistas: una en Vitoria y otra, en Estella, el 12 o 13 de julio. 38. “Juan de Iturralde” al relatar las andanzas de Aguirre, fecha indebidamente el suceso el 14 de julio y sostiene que Mola había convocado ese día a varios mandos de las guarniciones de Estella, Pamplona, Logroño, Vitoria y San Sebastián. En realidad, lo que ocurre es que Iturralde confunde parcialmente los hechos y mezcla dos entrevistas diferentes que se desarrollaron en el monasterio: la más temprana de Mola y Fal y la de los generales Batet y Mola, que fue la que dio pie a Aguirre para proyectar la detención de “El Director”. Además, tenemos la certeza de que Mola no se movió de Pamplona el 14 de julio: sí viajó a Logroño el día anterior, para evitar que el asesinato de Calvo Sotelo pudiera hacer saltara los más impacientes; pero en la fecha que supone Iturralde el general permaneció en la capital de la provincia.- A. de Lizarra (seudónimo de Andrés lrujo) menciona una reunión de Mola, el día 15, “con otros militares activos, militares retirados por la Ley Azaña, y otros civiles, carlistas y falangistas”: se trata de un error garrafal, pues la narración de los hechos de Lizarra se basa en Iribarren, y éste, en el pasaje citado por Lizarra (IRIBARREN, J.M., Mola, pp. 91-95), se reitere a la entrevista con Batel. Aunque lturralde no cite la obra de Lizarra, es más que verosímil que tomara de ella esta información defectuosa (cfr. MAIZ, B.F., Mola, aquel hombre, pp. 268-269; ITURRALDE, J. de, La guerra de Franco, los Vascos y la iglesia, 2 vols, San Sebastián, Gráficas Izarra, 1978, vol. I, p. 56, y LIZARRA, A. de, Los vascos y la República española. Contribución a la historia de la Guerra Civil, Buenos Aires, Ed. Vasca Ekin, 1944, pp. 34-35).

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La participación de la CEDA en la insurrección coordinada por Mola en Pamplona fue prácticamente irrelevante. Sus hombres en Navarra permanecieron ajenos a lo que se tramaba, y ni siquiera las activas Juventudes de Acción Popular fueron puestas al corriente del movimiento. Ya hemos hablado de la entrega de dinero a Mola y de la serie de malentendidos que precedieron y siguieron a esa iniciativa; como también del desplazamiento de Gil Robles a San Juan de Luz, el 5 de julio, para hablar con Fal Conde e intentar un acuerdo sobre la organización del nuevo orden político en el caso de que triunfara el movimiento cívico-militar. La propuesta de Gil Robles de que se confiara el futuro gobierno a una concentración de fuerzas derechistas provocó el rechazo de Fal e impidió avanzar nuevos proyectos 39 . Es muy posible que esa marginación de la CEDA y, previamente, la experiencia electoral de febrero -en el nivel nacional- decidieran a algunos de sus afiliados en Navarra a incorporarse al Requeté o a Falange; pero esa tendencia -al menos por lo que hemos podido verificar, por medio de fuentes orales- no fue tan general como han supuesto algunos autores (entre otros Montero y Del Burgo40), que sostienen que los miembros de las JAP (Juventudes de Acción Popular) ingresaron de modo masivo en FE (Falange Española) a partir del fracaso de CEDA en aquellas elecciones generales. Aunque se dieron algunos casos -bastaría recordar el muy notable de Demetrio García Abaurre-, no se puede afirmar que FE se nutriera en Navarra de las aportaciones de las JAP: más frecuentes fueron las altas en FE procedentes del Partido Nacionalista Vasco, del Partido Republicano Radical e incluso del Partido Socialista. No obstante, la diversidad de situaciones en cada pueblo no permite establecer tendencias de carácter general41. Más fluidas fueron, en cambio, las relaciones de Falange con los mandos militares acantonados en Pamplona, varios de Ios cuales -el capitán Vicario42, por ejemplo- estaban afiliados al partido que fundara José Antonio. Además, sabemos del intercambio de algunas

39. Cfr. PAYNE, S.G., Politics and the Military in Modern Spain, Stanford University Press, 1967, p. 335; CIERVA Y DE LAS HOCES, R. de la, Historia de la Guerra Civil, p. 746, y GIL ROBLES, J.M., No fue posible, p. 733, que incurre en algunos errores: fecha la entrevista una semana después y hace intervenir en ella a Lamamié de Clairac. 40. Cfr. MONTERO GIBERT, J.R., “La CEDA: el partido contrarrevolucionario hegemónico de la II República”, en Estudios sobre la // Repúbiica española, coord. por M. Ramírez, Madrid, Tecnos, 1975, p. 127, y BURGO TORRES, J. del, Conspiración, p. 208.. En apoyo de estas opiniones está el testimonio de García Serrano que, sin embargo, contradice otros igualmente dignos de crédito que he recogido. Las comprobaciones realizadas a partir de las listas de afiliados no revelan esos supuestos trasvases de JAP a FE. El texto de García Serrano al que me refiero es un pasaje de sus memorias, en el que dice textualmente: “Desde febrero de 1936 hasta el 18 de julio, los japosos se pasaban por racimos a la Falange y al Requeté, avergonzados del fracaso ridículo de Gil Robles. [...] Los políticos de su partido [,,.] se unieron a la Falange, más que al Requeté” (GARCIA SERRANO, R., La gran esperanza, Barcelona, Planeta, 1983, p. 64). 41. En ALTAFFAYLLA KULTUR TALDEA, Navarra 1936. De la esperanza al terror, 2 vols., Estella, Kultur Taldea, 1986, vol. ll, p. 194, se comenta el caso de Sangüesa: sin raíces en el pueblo, FE admitió en su seno a muchos republicanos, que se vieron obligados a solicitar el ingreso -por nuestra cuenta añadiríamos que por motivos de seguridadal no ser admitidos por los carlistas, mucho más exigentes con los antecedentes políticos de quienes llamaban a sus puertas. Ese juicio, referido a los republicanos de una localidad navarra, puede ser extendido -con las debidas reservas- al resto de los partidos políticos no derechistas de toda la región. 42. El capitán Vicario fue un eficaz enlace entre Falange y los militares. En‘ esa tarea contó con la colaboración del Jefe territorial del partido en Navarra, José Moreno, comandante retirado de Caballería y propietario del hotel La Perla.

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cartas entre Mola y José Antonio después de que éste ingresara en la cárcel, desde la que mantuvo también contactos epistolares con Sanjurjo y con otros militares43. Gil Robles remonta el comienzo de las fines de mayo: José Antonio encargó a su Madrid desde el arresto de Fernando Primo Mola en Pamplona y que le ofreciera cuatro

negociaciones directas entre Mola y Falange a pasante, Rafael Garcerán (Jefe de Falange en de Rivera), que se entrevistara con el general mil hombres como fuerzas de choque44

Algunos testimonios refieren una entrevista en la cárcel, en los últimos días de mayo, de José Antonio y Fal Conde. Según esa versión, el líder falangista ofreció el concurso de su partido a la sublevación carlista, con la única condición de que se le advirtiera con suficiente antelación. Este acuerdo se habría visto facilitado por las gestiones previas de Rodezno, que realizó repetidas visitas a José Antonio en la Cárcel Modelo45. No obstante, las informaciones fidedignas recogidas en el entorno familiar del jefe tradicionalista no corroboran que Fal llegara a desplazarse a Madrid para hablar con José Antonio, aunque tampoco excluyen tajantemente esa posibilidad.

43. Carta de José Antonio a Sanjurjo, 9-V-1936 (Archivo Fal Conde). Apéndice 7. Véase también CIERVA Y DE LAS HOCES, R. de la, Franco, p. 143, nota 194, donde se refiere la carta de José Antonio a los militares, escrita el 4-V. 1936, invitándoles a sublevarse contra el Frente Popular. 44. Cfr. GIL ROBLES, J.M., No fue posible, p. 735: PAYNE, S.G., Falange. Historia del Fascismo español, Madrid, SARPE, 1985, p. 125, y ANDRES-GALLEGO, José, LLERA, Luis de, VELARDE, Juan y GONZALEZ, Nazario, Historia de España, vol. 13,1, p. 121. 45. Cfr. BELTRAN GUELL, F., Preparación y desarrollo del Alzamiento Nacional, Valladolid, Librería Santarén, 1939, p. 130; PAYNE, S.G., Falange, pp. 124-125, y CIERVA Y DE LAS HOCES, R. de la, Historia de la Guerra Civil, p. 754: En el Archivo Fal Conde se conserva un documento, sin fecha, ¿redactado por Fal? en el que se informa de las disposiciones del dirigente falangista: “Acepta el movimiento militar, y la instauración de un Directorio de la menor duración posible. “Desea se le avise con cuatro o cinco días de antelación a ser posible, a fin de unirse al movimiento, y dar con tiempo las oportunas órdenes a sus falanjes [sic]. “Desecha en absoluto la conveniencia de la formación de un Gobierno nacional, tal y como yo se lo indico, a tenor de las instrucciones concretas que tengo, pues dice que conviene que primeramente sean los militares los que se apoderen de las riendas de la gobernación del Estado, y que al cesar éstos, venga a sustituirlos, aquel partido que mayor ambiente popular tenga. “Que caso de que el suyo fuera el designado, que está pronto a garantizar de antemano, cuanto se refiera a educación religiosa y cultural del niño, así como la religión católica, aduciendo el ejemplo de Musolini, que aunque en el comienzo de su gobierno, prescindió de ella, hoy no ha tenido otro remedio que aceptarla e imponerla. “Que en un periodo de lucha en las calles, como inevitablemente ha de ser el inicial, considera un absurdo el que suene el nombre de la Monarquía, ya que supondría un desgaste rápido y estéril, que a nada práctico conduciría, exponiéndose en cambio, a que, debido a la extrema dureza del castigo que obligadamente habrá que imponer, para restablecer rápidamente el equilibrio de la Patria y del principio de autoridad, caiga sobre ella, todo el peso de la responsabilidad, y se aleje con dicho estigma, toda posibilidad de una posible restauración. “Cree por último, que iniciándose una era de reconstrucción nacional, el partido dirigente no debe ser apolítico ni nacional, sino francamente definido y responsable en todo momento de su actuación, y una vez que domine la situación, y se encaje prácticamente al país por sus cauces normales, renaciendo la tranquilidad y la convivencia, la persona que lo logre, podrá con absoluta tranquilidad restaurar la Monarquía, ya que entonces preocupará únicamente la idea de consevar el terreno ganado, y estima que por la Monarquía es el único medio de lograrlo”.

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A principios de julio, los dirigentes falangistas de Navarra recibieron instrucciones de la Jefatura Nacional para que se pusieran en relación con Mola, en previsión de que el alzamiento se produjera el 10 de ese mes. Por las mismas fechas recibía Mola a un primo de José Antonio; y una comisión de Falange, de la que formaba parte Fermín Sanz Orrio, visitaba el Círculo Tradicionalista y ofrecía su concurso en los planes de insurrección. El mismo día del comienzo de los Sanfermines llegaban a Pamplona, en compañía del general Kindelán, Manuel Hedilla y Rafael Garcerán46. El mismo Garcerán fue portador de un mensaje de José Antonio, que se hizo llegar a Mola el día 14: si los conspiradores no pasaban a la acción en 72 horas, Falange tomaría la iniciativa en Alicante -donde Primo de Rivera permanecía en prisión después de su traslado desde la Cárcel Modelo- y se levantaría en armas 47 . De todos modos, por más que las directrices militantes en las filas rebeldes, la aportación de mente más modesta que la de los tradicionalistas, nas se hallaba implantada en Navarra en aquella

de FE llamaran al encuadramiento de sus falangistas navarros resultó incomparablepor la sencilla razón de que Falange apefechas48.

El impresionante desarrollo de Falange en los meses sucesivos a julio de 1936 se debió en buena parte a una afiliación masiva de elementos procedentes de otras formaciones políticas, muchos de los cuales se incorporarían a las filas falangistas para garantizar su seguridad personal. Así se explican la existencia de una amplia organización falangista en un pueblo tan de izquierdas como Castejón, en septiembre de 193649; las frecuentes aperturas de centros falangistas en el otoño de 193650 o que en febrero de 1937 se constituyeran ocho centros de Falange en territorio navarro51. Los preparativos de la insurrección, tan extendidos en Navarra, tuvieron mucha menos envergadura en el País Vasco, lo que explica el fracaso del alzamiento en Guipúzcoa y Vizcaya.

46. Cfr. MAIZ, B.F., Mola, aquel hombre, pp. 158 y 261; IRIBARREN, J.M., Mola, pp. 87-88, y BURGO TORRES, J. del, Conspiración, p. 667. 47. Cfr. PAYNE, S.G., Falange, p. 129. 48. Cfr. FERRER MUÑOZ, M., Elecciones y partidos políticos en Navarra, pp. 146-147; BURGO TORRES, J. del, Conspiración, p. 576; ARRARAS, J., Historia de la Cruzada, Alzamiento, vol. III, pp. 417-418, y GARMENDIA, J.M., “La sublevación de Navarra”, en VV.AA., Historia general de la Guerra Civil en Euskadi, 8 vols., San Sebastián-Bilbao, Haranburu-Neroki, S.A., 1979-1982, vol. I, pp. 170-171.- Payne refiere que Mola, deseoso de conocer el apoyo que podía esperar de los falangistas, tuvo que dirigirse a José Andino, Jefe provincial de FE en Burgos, porque era ésta la ciudad más próxima a Pamplona en la que existían contingentes de milicias falangistas de una cierta importancia (cfr. PAYNE, S.G., Falange, p.129). 49. Arriba España 1-X-1936 consideraba a este pueblo como el de más presencia falangista de toda Navarra, con una Central Obrera Nacional Sindicalista en la que militaban trescientos ochenta y dos afiliados, y una Sección Femenina que reunía a ochenta mujeres. 50. En Arriba España 9-X, 19-XI, 20-XI, 21-XI, 27-XI y 19-XII-1936, encontramos referencias a inauguraciones de centros en Villava, Puente la Reina, San Adrián, Valcarlos, Aras y Zúñiga y a la bendición del cuartel de Falange en Milagro. 51. En Falces, Funes, Garínoain Murillo el Fruto, Santacara, Tafalla, Cintruénigo y Corella

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José Luis Oriol, principal dirigente tradicionalista alavés, colaboró activamente en los planes que se urdían contra la República, a los que aportó su ayuda económica, sus relaciones privilegiadas con los estamentos militares y sus contactos exteriores, que fueron utilizados para el embarque de armas destinadas a su distribución entre las milicias del Requeté. Oriol, que había sido uno de los primeros líderes del carlismo en proponer a Mola el apoyo de los requetés al alzamiento militar -recuérdese la entrevista de Azpíroz del 4 de junio- coordinó los trabajos conspiratorios en Alava. El 9 de julio se entrevistaba con el teniente coronel Camilo Alonso Vega, que dirigía la conjura militar en la provincia, y el día 15 recibía las últimas órdenes de Pamplona, que determinaban la movilización general de los requetés. Las directrices definitivas fueron comunicadas en esa ciudad al presidente de la Junta Carlista de Alava, Eustaquio Echave-Sustaeta, que recibió la confirmación de que el 17 de julio estallaría la rebelión de los militares de Africa52. En Bilbao, donde ni siquiera hubo inicio de sublevación el 18 de julio, permanecieron del lado republicano los principales mandos del cuartel de Garellano: el coronel Fernández Piñerúa y el teniente coronel Vidal Munárriz; y sólo los cuadros intermedios se unieron a la conspiración: sus cabecillas eran el comandante Fernández de Ichaso -que actuaba como enlace de Mola-, el capitán Ramos y los tenientes Luis Ausín y Alfonso del Oso. También fueron decisivas las actitudes del teniente coronel Colina y del comandante Aizpurúa, que aseguraron la fidelidad al orden republicano de la Guardia Civil y de las fuerzas de asalto53. Con anterioridad al 18 de julio se habían tomado las medidas pertinentes para desarticular los planes de los pocos militares implicados en el levantamiento. Informado el Gobernador Civil por Vidal Munárriz de actividades conspiratorias en el cuartel, que incluían el funcionamiento de una emisora clandestina y el adiestramiento de civiles en prácticas de tiro, estimó oportuno practicar escuchas telefónicas en Garellano y pudo así neutralizar el complot54. Los preparativos para la sublevación que se efectuaron en Guipúzcoa fueron muy deficientes, por la ausencia de una figura militar indiscutida y por la escasa coordinación entre los civiles comprometidos y el Ejército: el coronel Carrasco, teórico jefe de la conspiración militar, no infundía excesiva seguridad, y el teniente coronel Vallespín -que atizó esas desconfianzas atribuyendo a Carrasco simpatías hacia el nacionalismo vasco, con objeto de erigirse en cabeza de los rebeldes 55 - no parece que reuniera condiciones idóneas que le

52. Cfr. UGARTE, J. y RIVERA, A., “La guerra civil en el País Vasco: la sublevación en Alava”, en Historia Contemporánea, I (1988), pp. 184-185, y PABLO CONTRERAS, S. de, “El PNV alavés en julio de 1936” en Historia 16, CLXVI (febrero 1990), p. 28. 53. Cfr. VV. AA., Historia general de la Guerra Civil en Euskadi, vol. ll, pp. 87 y 98, e IBARZABAL, E., Cincuenta años de Nacionalismo vasco. 19-X-1978 (A través de sus protagonistas), San Sebastián, Edics. Vascas Argitaletxea, 1978, pp. 152-155. 54. Cfr. FLANDES ALDEYTURRIAGA, G., “La incidencia de la insurreccrón militar de 1936 en la vida cotidiana de Bilbao”, comunicación presentada en el Congreso de Historia de Euskal-Herría (Bilbao, 30 de noviembre a 4 de diciembre de 1987), San Sebastián, Ed. Txertoa, 1988, vol. VII, pp. 83-84. 55. Además, constaba a Vallespín con mucha anterioridad que Carrasco resultaba sospechoso ala Unión Militar Española: así se lo había comunicado el comandante de Estado Mayor, Bartolomé Barba, jefe de la UME en Madrid, en una visita que hizo a San Sebastián en febrero de 1936 (cfr. ARRARAS, J., Historia de la Cruzada, Alzamiento, vol. v, p. 445).

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proporcionaran la plena confianza de Mola. También se dejaba sentir la ausencia del Jefe del Requeté Guipuzcoano, Agustín Tellería, alma de la conspiración y preso en la Cárcel Modelo de Madrid por sus implicaciones en una operación en la que se había previsto la utilización de uniformes de la Guardia Civil por milicias carlistas y falangistas56 A las conexiones entre militares y carlistas, que se remontaban a primeros de junio, se sumaron las ofertas de colaboración de Renovación Española, Falange y Derecha Autónoma Vasca. Unos días antes del alzamiento se celebró una reunión en casa del marqués de Almenara, para tratar acerca del reparto de áreas de inffuencia en la administración que debía asentarse después de la eliminación del orden republicano vigente: estuvieron presentes delegados de la Comunión Tradiconalista Falange, Renovación Española y de los mititares57. El 11 de julio debatieron acerca del futuro alzamiento los jefes militares comprometidos en Guipúzcoa. La conversación, que transcurrió en la misma Comandancia, estuvo presidida por el desconcierto, agravado por las aspiraciones al mando de Vallespín, que días atrás había desaconsejado a Mola que se fiara de Carrasco. La falta de información veraz por parte de los mismos elementos del Ejército que encabezaban la conspiración y las consiguientes indecisiones explican que el 17 de julio no se hubiera trazado aún un plan concreto para secundar la acción de las unidades africanas. Ya el mismo día 18, Vallespín declinó el ofrecimiento de Eduardo Bustindui, Jefe de los Requetés Guipuzcoanos en sustitución de Tellería, que propuso la colaboración de dos mil boinas rojas. Vallespín estimó innecesario este concurso porque pensaba que el Ejército se bastaba para proclamar el estado de guerra. En espera de instrucciones, Bustindui reunió a los requetés en varios lugares de San Sebastián: iglesias del Buen Pastor y Carmelitas y, más tarde, en el Hotel María Cristina. También el día 18 llegaban a San Sebastián los enlaces falangistas Balmaseda y Ugarte. el primero fue recibido en el cuartel de Artillería por el teniente Lehoz, que mandaba sobre los falangistas guipuzcoanos. Lehoz, en nombre de los oficiales que se hallaban presentes, encargó a Balmaseda que transmitiera a Mola su disposición a proclamar el estado de guerra al día siguiente58. En la misma jornada era enviado por Mota a San Sebastián el general Muslera, con instrucciones de vigilancia sobre Carrasco y para tomar el mando en caso de que éste vacilara en su determinación de alzarse contra el Gobierno.

56. Tellería se había visto comprometido en las investigaciones policiales iniciadas con motivo del descubrimiento de esos uniformes, que iban a servir de camuflaje a falangistas y requetés en la sublevación aprobada por don Javier en el mes de marzo (cfr. REDONDO, L. y ZAVALA, J. de, El requeté (La tradición no muere), Barcelona, Ed. AHR, 1957, pp. 349-350): en sustitución de Tellería fue nombrado Eduardo Bustindui, aunque en la práctica eran Muslera y Baselga quienes desde San Juan de Luz se ocupaban de la dirección de las milicias (cfr. FERRER MUÑOZ, M., “Carlismo y violencia en la II República. 1931-36: la organización del Requeté vasco-navarro”, en Historia-16, CXCIV (junio 1992), p. 19) 57. Cfr. ARRARAS, J., Historia de la Cruzada, Alzamiento, Vol. V, pp. 445-446

58. Cfr. VV. AA., Historia general de la Guerra Civil en Euskadi, vol. ll, p. 22

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En la noche del día 17 de julio llegaba a San Sebastián -procedente de Andoáin- el diputado nacionalista por Guipúzcoa Manuel Irujo que, sin el menor titubeo, aseguró al Gobernador Civil la fidelidad de los nacionalistas a las instituciones republicanas59. Al día siguiente se difundía por radio un comunicado del Gobernador, que recogía las manifestaciones de Irujo -suscritas también por otro diputado nacionalista, José María Lasarte- en apoyo de la legalidad republicana. A media tarde, y por iniciativa de lrujo, se reunieron los Gobernadores Civiles de Alava, Navarra, Guipúzcoa y Vizcaya, para coordinar las acciones de resistencia. Los dos primeros -Navarro y Menor, respectivamente- informaron del triunfo de la insurrección en sus respectivas provincias. También en la tarde del 18 de julio se celebró en la capital guipuzcoana una dramática sesión del Euzkadi Buru Batzar, en la que José Antonio Aguirre expresó sus dudas acerca de la verdadera importancia de la sublevación militar e incluso aventuró la hipótesis de que se tratara de una estratagema del Gobierno para desacreditar a las derechas y consolidar su posición. Se decidió publicar una declaración en la que se desautorizaban las de lrujo y Lasarte y se expresaba el deseo de mantener la neutralidad60. La marcha de los acontecimientos demostraría, al cabo de muy pocas horas, la imposibilidad de una actitud neutral, y el manifiesto que recogía el acuerdo del EBB no llegó a imprimirse: prevista su difusión en El Día de San Sebastián, mientras Irujo y Lecároz, director del periódico, comentaban la contrariedad que les producía la inserción del texto -aunque, al parecer, acataban el acuerdo del Consejo Nacional-, unos disparos en las inmediaciones del local donde se confeccionaba el diario les hicieron cambiar de propósitos61. Los miembros vizcaínos del EBB regresaron a Bilbao en la misma noche del 18 de julio. Después de una angustiosa vela, en espera infructuosa de noticias, reconsideraron su parecer anterior y adoptaron la decisión de permanecer “del lado de la ciudadanía y de la República”, que sería hecha pública -aunque sin firma- en la primera plana de Euzkadi del 19 de julio62. Los nacionalistas alaveses y navarros no secundaron, sin embargo, esas directrices y se alinearon en el bando de Mola63.

59. Cfr. LIZARRA, A. de, Los vascos y la República española, pp. 19-20 60. Ibídem, pp. 21-22, y PAYNE, S.G., El nacionalismo vasco. De sus orígenes a la ETA, Barcelona, Dopesa, í974, pp. 222-223. 61. Cfr. ITURRALDE, J. de, El pueblo vasco frente a la cruzada franquista, Toulouse, Egi-lndarra, 1966, pp. 208 y 213, y GRANJA SAINZ, J.L. de la, República y Guerra Civil en Euskadi (Del Pacto de San Sebastián al de Santoria), Biibao, Instituto Vasco de Administración Pública, 1990, pp. 194-199. Una referencia a estos acontecimientos, desde la perspectiva del conflicto planteado a los católicos vascos que optaron por mantener su lealtad al Gobierno de la República, en MEER F. dey OLABARRI, I., “Notas para el estudio de un conflicto de ideas: Los católicos vascos (julio 1936 a marzo 1937)“, en VV. AA., Los nuevos historiadores ante la Guerra Civil, 2 vols., Diputación Provincial de Granada, 1990, vol. ll, pp. 119-139. 62. Cfr. GRANJA SAINZ, J.L. de la, “El nacionalismo vasco ante la Guerra Civil”, en GARITAONANDIA, C. y GRANJA SAINZ, J.L. de la (eds.), La Guerra Civil en el País Vasco, 50 años después, Bilbao, Servicio Editorial Universidad del País Vasco, 1987, pp. 62-64, e ITURRALDE, J. de, El pueblo vasco, p. 208. 63. No entro aquí, por razones de espacio, en el debate sobre las presiones que pudieron haber motivado esta postura. Algunas reflexiones sobre el particular, en FERRER MUÑOZ, M., “Los frustrados intentos de colaboración entre el Partido Nacionalista Vasco y la derecha navarra durante la Segunda República”, comunicación presentada en el I Congreso General de Historia de Navarra (Pamplona, 22 a 27 de septiembre de 1986), en Príncipe de Viana XLIX (anejo 10-1988), pp. 127-138 (p. 138), y PABLO CONTRERAS, S. de, “El PNV alavés en julio de 1936”, en Historia 16, CLXVI (febrero 1990), pp. 27-38.

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Fallido el levantamiento en las principales poblaciones de la Península, comenzaba una guerra civil que no había sido prevista. Las garantías ofrecidas a los carlistas se revelaron, a la larga, insuficientes.

APENDICES (Como podrá apreciarse, no han sido clasificados con un criterio cronológico, sino en función del orden en que aparecen citados estos documentos en el texto)

APENDICE 1 Informe enviado a la dirección tradicionalista, 22-IV-1936 (Archivo Fal Conde) Día 22 de Abril de 1936 Recibida el 24. Todo deshecho, acabado quedó incompleto plan, y decidieron actuar lunes [19-IV] 10 mañana. Barrio estuvo conforme, en vista de lo cual celebraron reunión Generales su despacho sábado tarde, todos juraron por su honor cumplir, hasta dar su vida, (así mismo). Domingo estaba rajado. Barrio, alegando enfermedad asunto permaneció un mes secreto entre cuatro paredes, horas después reunión Generales ordenó Gobierno Orgaz ir Canarias y a Varela Cádiz poniéndoles vigilancia. Orgaz alegó enfermedad quedando detenido hospital y Varela se fue Cádiz; de palabra le haré comentarios de personas. Considero todo perdido. Si acontecimientos hacen estallar alguna rebeldía, que lo dudo será de generación espontánea sin plan, sin organización y sin mandos. Me doy por vencido y esperaré desastre si estando la Guardia Civil sublevada el 16 y salientes de tirar tiros no salieron, los otros jamás van a salir con un telegrama.

APENDICE 2 Informe de la dirección tradicionalista, 6-VII-1936 (Archivo Fal Conde) El día 8 de Junio y sin duda por las quejas que se habían dado de que se prescindía de nosotros y que no se había recibido por Quintana [Mola] a Sanjuan [Zamanillo], mandó Quintana un emisario autorizado suyo que durante varios días celebró conferencias con Vázquez [Fal]. Pretendía éste que, tratándose sólo de un enlace, las comunicaciones o proyectos de lo que se iba a hacer se consignaran por escrito, y que las iniciara Quintana con una nota sobre sus ideas. Aunque luego se ha visto existía consignado por escrito lo que Quintana había convenido con otros compañeros, es lo cierto que pidió sin dar razón de lo suyo nota de nuestra idea. El día 11 por fin y previa autorización del Señor, se redactó la nota adjunta Nº 1, que se hizo llegar el 12 a manos de Quintana. En ella no se pedía ni la monarqu. ni la dinast. ni siquiera el Gobierno en cuanto implicaba ejecución y administración; solamente se pedían garantías prácticas de que la dirección política sería antiparlamentaria y con desaparición de partidos, a fin de que los políticos no se lanzaran sobre el botín esterilizando todo. El 15 se entrevistaron largamente Vázquez y Quintana. Este le dio a aquel la nota Nº 2 que se adjunta y como se ve está fechada diez días antes. Naturalmente que el proyecto se tuvo por inaceptable. Esto no obstante la conversación siguió y en ella se puso de manifiesto que querían salir con la tricolor por exigencia de Cab. [Cabanellas]. A ello dijo Vázquez que no nos podíamos prestar, y si todo lo

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más a no salir con ninguna siempre que se garantizara que el contenido sería esencialmente de reconstrucción y sin partidos políticos ni sufragio liberal. Quintana dijo que no pensaba contar con políticos que no aportaran gente de acción y por tanto sólo con Fal y nosotros. En cuanto a nuestra gente la necesitaba parte para encuadrarla en las unidades por no tener confianza en que el soldado luche, y parte para guarnecer ciudades que quedaran sin fuerzas. No se llegó a acuerdo alguno, pero la cordialidad fue tal y tal el interés que le inspiró a Quintana la conversación y el conocimiento y estima de nuestro modo de ser, que quedaron ambos al habla y fijados taxativamente los únicos enlaces, que serían Sanjuan en lo político y Ricart [Lizarza] en el otro aspecto. En la tercera decena de Junio, Quintana pidió una nueva entrevista que Vázquez aceptó, pero ante la imposibilidad comprobada de pasar la línea, acudió en su lugar Sanjuan a la hora convenida. Manifestó Quintana que no podía acceder a lo nuestro pues las exigencias y colaboraciones de Cab. y de Q. de LI. [Queipo de Llano] lo impedían; y le dijo que todo lo más sería que las unidades fueran sin enseña, pero llevaría la tricolor en su coche el Gen. en Jefe. Nos enteró de los nombres de los cinco que formarían el Directorio, para los cuales no tenemos más que palabras de respeto, admiración y confianza; pero Sanjuan le hizo notar que ellos, como ajenos a la política, no podrían realizar ni dirigir por sí solos la reconstrucción del país. Pidió Quintana una contestación definitiva por nuestra parte, y este carácter tuvo la nota Nº 3 que se dio a Sanjuan en la noche del 2 y que el 3 tuvo Quintana. Ni en ella hay nuevas exigencias ni negativa a actuar, sino sólo en tanto en cuanto nuestra colaboración se hace imposible por el matiz que se la da. Sanjuan trae, anteanoche 4, noticias de visitas de los distintos emisarios de Quintana, urgiendo de nuevo, y suponiendo actitud por otros fundamentos y en otro sentido del expresado en la nota de fecha 2. Ayer mariana se presentan aquí el hasta hace poco legalista G.R. [Gil Robles] con Paco Herr. [Francisco Herrera Oria] y con Luca [de Tena]. Su visita indignante. Pretenden que vienen de parte de Quintana, porque éste dice que no participa si no participamos nosotros. Para los visitantes no hacemos ninguna falta pero como se trata de una exigencia de Quintana, debemos prestarnos pasando por todo. Indelicadezas, imputaciones que en sus labios eran indignantes, etc. etc. Según G.R. hace tiempo que está de acuerdo con Quintana (lo que contradice con lo que el 15 dijo éste) el mismo G.R. esta al habla con Cab. y Q. no siente escrúpulo por su colaboración ni por sus exigencias y después de una corta actuación militar se formará un gobierno de partidos de derechas que se repartirán los Gobiernos Civiles, De disolución de partidos políticos, ni hablar. Algo verdaderamente repugnante. Por la tarde se nos traen noticias de lo que diversos oficiales y [...], diciéndose unos emisarios de Quintana y otros enterados de la versión dada por él de nuestra actitud, dicen de nosotros, queriendo echarnos la culpa de que no se haga nada. Por todo esto se ha escrito hoy por Vázquez a Quintana la carta cuya copia se adjunta Dos cosas más hay que advertir. Una que Quintana dijo que la tricolor era exigencia de Cab. y que éste era la 5º D. y sin embargo el mismo día dice también que si Cab. no respondiera tendría medio de mover la 5º D. lo que se contradice con aquello y no justifica el ceder a su exigencia. La otra es que la tricolor no la quieren los oficiales.

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APENDICE 3 Nota del día 2-VIII-1936 entregada a Mola el día 3-VII-1936 por la Comunión Tradicionalista (Archivo Fal Conde) En la primera nota se subrayaron, como esenciales, aquellos puntos que responden a principios inmutables, servidos durante un siglo, sin los que no podemos colaborar y que pueden reducirse a dos: uno de imprescindible previsión política y otro de obligada lealtad a nuestras masas. Dicha previsión exige que se garantice que la futura política responda a los dictados de la Religión y acometa la reconstrucción política del Estado sobre bases sociales u orgánicas para acabar con el parlamentarismo y el sufragio liberal. Aceptamos la presidencia del General que nos ha sido propuesto, pero pedimos que con él lleven la dirección política (no la de gobierno en el sentido estricto de orden público, ni la Administración general) dos Consejeros que designemos, a los que se encomiende la obra de la reconstrucción orgánica o corporativa y de educación nacional, sin que nos interesen en absoluto (pues que nada queremos para nosotros, ni para el partido llamado, como todos, a disolverse) los Ministerios actuales que se encomendarán a personas técnicas los de la Administración general del Estado, o a militares los relacionados con el orden público. En segundo lugar, el punto relativo a la bandera es de obligada lealtad a nuestras masas. Aunque hubiera derecho a pedir a los dirigentes que se sobrepongan a los símbolos, nunca se podrá hacer entender a las masas otro lenguaje que el simbólico, y mal podrán comprender nuestras masas en la bandera republicana obra de gobierno que sobre los intereses puramente materiales ponga los altos ideales de la espiritualidad y el honor de España, únicos merecedores del sacrificio de la vida. De otra manera no podemos colaborar, no sin dolor, firmemente persuadidos de que el momento requiere una fuerte ponderación de ideales que (a costa de reducir colaboraciones de dudosa eficacia práctica, pero de segura pérdida de altura moral) pueda crear una fuerte solidaridad entre la parte sana del Ejército, que es la que representa su honor y su gloria, con las fuerzas sociales ardientes de un sacrificio heroico y empeñadas en el propósito de rendirlo.

APENDICE 4 Carta de Fal Conde a Mola del día 8-VII-1936 (Archivo Fal Conde) Muy señor mío y amigo: A las 9 de la mañana su carta de ayer recibida anoche a las 11 y para mayor claridad, punto por punto. 1º. Conformes en que el movimiento ha de ser nacional y no en favor de partidos; pero el único medio de que no suceda esto último a pesar de las rectas intenciones de Vds. es la disolución inmediata de rodos los partidos. Y como no pedimos excepción en favor del nuestro, no puede interpretar nuestra petición, más que como una garantía, que podrá sustituirse con otra, de que ha de irse a una reconstrucción orgánica, terminando con las banderías políticas. ¿Qué garantía se nos da supuesto que no sean esos Consejeros, de que el Directorio acometerá con decisión y sobre todo con capacidad política y tecnicismo, una política de auténtica reconstruccción sobre base orgánica y antidemocracia? 2º. Para que el Directorio sea antiparlamentario, tiene que empezar por disolver los partidos que sólo en el medio parlamentario tienen vida y razón de ser y que se acabe con el sufragio liberal inorgá-

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nico. Pero Lesa “Asamblea Nacional” se fundará en sufragio inorgánico al que alude el “carnet electoral” o en sufragio orgánico o corporativo? Y si fuera corporativo ¿serán tenidas en cuenta para su regulación la condición que merece gozar en España la Religión Católica y la de aquellas Regiones que tienen derecho foral? 3º. De corazón nos congratula que no tenga concomitancias con esos políticos, que bien puede ser que tengan más que concomitancias, acuerdos con otros Generales, pero permítame que le diga, que por el natural desconocimiento de la cosa política, en que están los militares, fatalmente y pese a sus propósitos, acabarán entregándose a ellos si previamente no disuelven los partidos, que haga posible utilizarlos, libre de trabas y compromisos partidistas, si como técnicos pueden servir. Por tanto ¿qué piensan hacer de los partidos políticos? 4º. No me negará Vd. que esa imposición del símbolo republicano por algunos colaboradores es muy sospechosa de que esos mismos, después, exijan, como caso de honor militar, que consecuentemente con el hecho de haber ostentado ese símbolo y triunfado con él, se le deje adoptado y lo que es peor, se respeten las esencias que esa bandera representa. ¿Se sacará, por tanto, la bandera tricolor, aunque no sea nada más que en el coche del general en Jefe o en los edificios públicos? ¿Aunque se deje ocultar esa bandera, se mantienen los compromisos del Directorio de respetar el Régimen Republicano? 5º. Si no podemos colaborar porque se nos ponen condiciones imposibles, no será nuestra la culpa, sino de esas condiciones, que son imposibles de aceptar, ya que no por otras razones, por la gravísima, de que nos debemos a una tradición de lealtad a unos principios, a una Monarquía y a unos símbolos servidos durante un siglo y en varias guerras. Vea que de todos ellos sólo pedimos que se derribe esto sin poner en su lugar sus mismas esencias políticas democráticas y liberales. 6º. No puedo creer que sin nuestra colaboración haya de fracasar el movimiento, contándose con los que imponen la forma republicana. Yo ruego a Vd. que piense dónde está la intransigencia absurda: si en los que de toda una suma de postulados secures sólo piden un mínimo esencial y que por primera vez en su historia están dispuestos a ir a las armas sin llevar consigo a su Rey; o en aquéllos que no obstante el fracaso de la República y de todos sus hombres y procedimientos, se obstinan en mantener una forma antiespañola por esencia y odiosa a todo buen español y no contentos con esa actitud todavía creen que debemos nosotros jugarnos la vida en una empresa que sinceramente, no nos inspira confianza de que vaya a remediar el mal, porque pese a las rectísimas intenciones y al admirable espíritu de Vds. por falta de pericia en estas cosas, no remediarán otra cosa que el orden externo, y por poco tiempo. 7º. No paralicen nada en espera de nuestras contestaciones que nunca ha dejado Vd. de tenerlas categóricas e inmediatas. No es ésta una actitud mía. Es actitud invariable de un partido monárquico, quiero decir con una autoridad de la que sólo soy yo Delegado y que no resuelve sin antes tomar amplios asesoramientos, que nunca como ahora han sido tan concordes y terminantes. No me cansaré de repetirle cual grande es la tortura de esta discrepancia. Bien veo que no nos conoce, cuando nos cree capaces de miras partidistas, pero aunque no nos conozca, sí sabe que somos comunidad de españoles de acción y amantes fervorosos del Ejército. No nos culpe a nosotros; culpe al proyecto de sumar más de lo necesario y de lo conveniente. La obra es más segura mientras más idea la anima y más incierta mientras más gente indeseable tenga en su seno; todavía sería tiempo de rectificar; mas líbreme Dios de proponerlo. No duden más, mano a la obra y si por acaso hubiere un contratiempo ya le digo que la retirada la cubrimos nosotros, para luchar sin desmayos pero con todo nuestro ideal y con todo nuestro simbolismo. Suyo siempre afmo. amigo q.e.s.m.

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APENDICE 5 Carta de Mola a Fal Conde del día 9-VII-1936 (Archivo Fal Conde) Muy Sr. mío y amigo: Al recibir su grata de ayer he adquirido el convencimiento de que estamos perdiendo el tiempo. El precio que Vds. ponen para su colaboración no puede ser aceptado por nosotros. Al Ejército sólo le interesa la salvación de España; nada tiene que ver con la ambición de los partidos. Recurrimos a Vds. porque contamos únicamente en los cuarteles con hombres uniformados, que no pueden llamarse soldados; de haber tenido nos hubiéramos desenvuelto solos. El tradicionalismo va a contribuir con su intransigencia de modo tan eficaz como el Frente Popular al desastre español. Allá Vds. con su responsabilidad histórica. De cuantos han actuado en esta aventura, la única víctima voy a ser yo. Será el pago a mi buena fe. Quizás tengan que arrepentirse algún día de la actitud de hoy. Le saluda atentamente

APENDICE 6 Ordenes de la dirección de la Comunión Tradicionalista, remitidas desde San Juan de Luz el día 15-VII-1936 (Archivo Fal Conde) Obtenidas las prudentes garantías posibles sobre el futuro político se ha acordado nuestra colaboración; por lo que en plazo brevísimo de contadas horas dispondrá todo lo necesario para que prestemos ahí esa colaboración del modo más eficaz, ajustándose a siguientes normas y supliendo cuanto sea necesario en cada sitio para el mejor éxito: 1º. Estamos a la obediencia del Ejército y aceptaremos cuantos objetivos nos encarguen, allí donde sus unidades inicien o secunden el movimiento. 2º- Cuando actuemos encuadrados en unidades militares no se consentirá que vaya otra bandera que la bicolor o ninguna. 3º- Cuando actuemos separados en unidades nuestras llevaremos nuestra bandera, nuestros símbolos, vivas, organización y jerarquía. 4º. En este caso, cuando ya se esté actuando se consagrarán al Sagrado Corazón de Jesús y según sea posible harán aquellos actos de piedad o de práctica de Sacramentos que se pueda. 5º- La orden de actuar la darán los elementos militares con quienes ya están en relación y ellos iniciarán el movimiento y en el caso de que tarden procurarán estimularles a decidirse. 6º- Si en algún sitio fracasara la empresa nosotros hemos de quedar actuando concentrándonos donde y como deben tener prevenido. 7º- Apenas se triunfe procurarán permanecer en armas en actitud expectante para en lo posible esperar orden especial para rendirlas todas a la vez solemnemente ante el nuevo Gobierno. (Remitidas desde San Juan de Luz el día 15 Julio por la noche.)

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APENDICE 7 Carta de José Antonio a Sanjurjo, 9-V-1936 (Archivo Fal Conde) Madrid. Cárcel Modelo, 9 Mayo 1936

Excmo. Sr. General Don José Sanjurjo: Mi querido y respetado General: Mil gracias por su afectuosa carta de participación en nuestra pena por la muerte de mi primo Andrés1 (q.e.p.d.) y en nuestras molestias, debidas al estúpido régimen de persecución en que vivimos. Hace tiempo recibí en efecto otra carta suya y como no estaba seguro de que llegara a sus manos una contestación escrita, rogué le diera las gracias de palabra a una persona que iba a verle. Ahora me arriesgo a escribirle estos renglones, con la vaga esperanza de que lleguen a sus manos. Ya verá Vd. como está todo. Me preocupa y me contraría estar encerrado cuando hay tanto que hacer. Pero se hará de todos modos, porque no nos podemos resignar a la idea de que desaparezca España. Con el afecto y el respeto que conoce de siempre le envía un fuerte abrazo José Antonio Primo de Rivera.

1. Se refiere a Andrés Sáenz de Heredia, muerto de un disparo cuando asistía al entierro de un falangista.

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