LA LITERATURA MEDIEVAL (SIGLOS X-XV)

LA LITERATURA MEDIEVAL (SIGLOS X-XV) 1. Panorama histórico. 1.1. Cronología básica. 1.2. Ideología medieval y organización social. 1.3. Situación polí...
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LA LITERATURA MEDIEVAL (SIGLOS X-XV) 1. Panorama histórico. 1.1. Cronología básica. 1.2. Ideología medieval y organización social. 1.3. Situación política y lingüística de la Península. 2. La lírica. 2.1. La poesía cancioneril del siglo XV: Marqués de Santillana, Juan de Mena y Jorge Manrique. 2.2. El romancero. 3. La narrativa. 3.1. La narrativa de transmisión oral: la épica. Los Cantares de gesta. 3.2. La narrativa culta en verso: el mester de clerecía. 3.3. La prosa: Alfonso X el sabio y don Juan Manuel. 3.4. Los libros de caballerías. 3.5. La ficción sentimental. 4. El teatro. 4.1. La Celestina. 1. PANORAMA HISTÓRICO 1.1. Cronología básica El término Edad Media fue ideado por los humanistas del Renacimiento para referirse al "oscuro" periodo que separaba la civilización grecolatina (de la que ellos se consideraban continuadores) de su propio tiempo. Es decir, que la Edad Media transcurre entre los siglos V y XV. Su comienzo y su final están marcados por la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 y la toma de Constantinopla por los turcos en 1453. En España, por el final de la Reconquista en 1492. Pero el inicio de la literatura en lenguas romances se produce entre los siglos X y XI. Hasta entonces, la única lengua de cultura es el latín. La Edad Media suele dividirse en dos etapas: Alta Edad Media (hasta el siglo XI), caracterizada por la organización feudal; y Baja Edad Media (siglos XI-XV), caracterizada por la reaparición de las ciudades. El siglo XV se considera ya Prerrenacimiento. 1.2. Ideología medieval y organización social En la Edad Media europea, se produce una serie de procesos muy dilatados que influirán decisivamente en su transcurso: la expansión del cristianismo, la aparición de las lenguas vernáculas y de las distintas nacionalidades y el paso del sistema feudal a una economía de mercado. 1.3. Visión del mundo y sociedad medieval El sentido religioso cristiano impregna la visión del mundo de la sociedad medieval. Se considera que el orden social ha sido establecido por Dios, y que el ser humano debe aceptarlo. Hasta el monarca es "rey por la gracia de Dios". Todos somos criaturas de Dios, a la vez señores de la naturaleza y pecadores débiles. Con oscilaciones, la visión de la existencia es pesimista: la salvación se alcanza a través de la penitencia. La vida es camino y el hombre, viajero hacia la eternidad, es decir, un peregrino. En la Edad Media todos viajan: juglares y trovadores, con sus relatos; peregrinos movidos por la fe, caballeros, en busca de su ideal... Relacionada con lo anterior está la aventura, expresión del deseo de conquista (de tierras, de fama…) y de descubrimiento (de mundos, de conocimiento…), propios del hombre medieval. Aunque existieron grupos humanos que no tenían cabida en este esquema (artistas, marginados...), la sociedad se estructura en tres grandes estamentos, cada uno con una función: 1

a) Nobleza. (Defensores o bellatores). Posee la tierra y tiene la misión de defenderla. Vive en feudos, territorios obtenidos de un señor con quien establece solemnes pactos de vasallaje que la obligan a ofrecerle auxilio y consejo. Se trata, pues, de una relación de dependencia entre un vasallo y el señor a quien sirve. Dentro del feudo se halla el castillo, donde viven el noble y su familia, y donde se refugia el pueblo llano cuando hay invasiones. Cuando ya en la Baja Edad Media la nobleza deje de tener una función estrictamente guerrera, estos castillos terminan por constituir pequeñas cortes1. Los jóvenes eran armados caballeros y, en tiempo de paz, viajaban de torneo en torneo difundiendo la fama de su casa. Virtudes propias del caballero se consideraron, entonces, la lealtad, la mesura, la generosidad y la cortesía. Su ideal será la aventura, para la que encontrará campo abonado en la Reconquista española y en las Cruzadas. Sus hazañas y sus aventuras darán origen a los cantares de gesta y a los libros de caballería. b) Clero. (Oratores). Su misión consiste en predicar el cristianismo y orar. Su poder radica en su carácter de intermediario entre el reino de Dios y el mundo de los hombres. Vive en los monasterios, centros de cultura y de trabajo muy semejantes al feudo. Depositarios de la cultura, los clérigos traducen a los clásicos y los copian en sus bibliotecas. Es fundamental su papel como conservadores y transmisores de la cultura clásica y como docentes de la religión cristiana con la que legitiman el sistema feudal (para salvar el alma es necesario vivir de acuerdo con la situación social en la que se nace. A su afán por hacer partícipes del mensaje bíblico a oyentes de escasa cultura debemos los orígenes del teatro y muchos pequeños relatos. Por otra parte, al oficio de estos clérigos (palabra que designa a la vez al hombre culto y al eclesiástico) debemos el conjunto de obras que se engloban bajo el mester de clerecía. c) Pueblo llano. (Laboratores). Está formado por siervos (adscritos a la tierra) y por campesinos libres. Trabajan las tierras de sus señores feudales o eclesiásticos a los que están sometidos, a cambio de protección. A finales de la Edad Media protagonizarán violentas sublevaciones. Constituyen la gran mayoría de la población y su espacio natural es el campo. Transmiten y conservan la literatura folclórica de la que forman parte el refrán, la lírica popular o el romancero. Hacia finales de la Edad Media, entre los siglos XII y XIII, potenciada por el auge económico, aparece una nueva clase con ideales muy diferentes a los de los caballeros: la burguesía, que vive en las ciudades. Aunque no se olvidan los ideales religiosos, un espíritu más práctico y racional impregnará entonces la vida medieval. La crisis del siglo XIV El siglo XIV constituye una época de crisis general: a la descomposición de los feudos contribuyen la consolidación de la burguesía, las sublevaciones campesinas, las luchas entre los propios nobles y hasta la división de la Iglesia, cuyo poder se tambalea con el nombramiento de varios papas simultáneos (Cisma de Occidente) o con la aparición de herejías... También es la época de las grandes epidemias de peste que diezman la población y causan un profundo pesimismo a la vez que un deseo desenfrenado de disfrutar de la vida. En consonancia con ello, aparece una literatura realista y satírica en la que dominan las preocupaciones por lo cotidiano, por la forma de defenderse de los peligros del mundo y de disfrutar de la vida: cuentos, teatro y, en España, la obra del infante don Juan Manuel y del Arcipreste de Hita.

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Lugar de residencia y séquito de un monarca o noble.

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El siglo XV Supone una etapa de transición entre el mundo medieval y el renacentista. El sistema feudal ve disminuir su poder con la consolidación de las monarquías frente a la nobleza, que se ha convertido en cortesana. Las valores burgueses (individualismo, idea del provecho económico, importancia de los avances científicos y técnicos...) se impondrán paulatinamente. En nuestro país, el contacto con Italia permitirá que el conocimiento de los clásicos y de la obra de los escritores italianos abra el camino hacia el Renacimiento. También la mentalidad cambia: el pesimismo cristiano se impregna de ansias de disfrutar de la vida, abriéndose así una perspectiva secular que socavará el monopolio cultural de la Iglesia. En 1440, el alemán Gutenberg inventa la imprenta, que, unida a la difusión del papel, provocará el abaratamiento y la generalización de los libros, así como la ampliación del público lector. A partir de este momento, este empezará a ser individual. 1.3. Situación política y lingüística de la península ibérica La situación política peninsular se caracteriza por la fragmentación. Tras la invasión de los árabes en el año 711, el territorio se divide en dos zonas: los reinos cristianos al norte y los musulmanes al sur. Durante ocho siglos, los cristianos dedican sus esfuerzos a la Reconquista, que termina con la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492, fecha que coincide con el final de la Edad Media. Durante estos siglos, España había sido un crisol de culturas. En ella convivían cristianos, musulmanes y judíos, y aunque las relaciones entre ellos no siempre fueron fáciles, dieron lugar a un fecundo y enriquecedor mestizaje cultural cuya máxima expresión fue la Escuela de Traductores de Toledo. Con las invasiones romanas, el latín había sustituido a todas las lenguas peninsulares excepto al vasco. Pero hacia el siglo VIII, el latín ya no se entiende, lo que permite pensar que ya afloraban los dialectos romances primitivos: gallegoportugués, asturleonés, castellano, navarroaragonés y catalán. En la España musulmana se hablaba el árabe, que convivía con los dialectos mozárabes. Hacia el siglo X aparecen los primeros testimonios escritos en lengua romance: Glosas2 Emilianenses y Glosas Silenses. A partir de este momento, se inicia la expansión del castellano, aunque la lengua de cultura sigue siendo el latín. LA LITERATURA EN LA EDAD MEDIA La literatura medieval (siglos X-XV) se inicia cuando aparecen las primeras manifestaciones literarias en lenguas vernáculas. En la concepción de lo literario influyen los siguientes factores, que la dotan de una enorme complejidad: La existencia de una literatura culta y de otra popular o folclórica, entre las que hubo numerosos cruces. La popular está en relación con la lengua vernácula y forma parte de la literatura culta cuando un autor la incorpora a sus escritos. Las obras cultas no se organizaban siguiendo los modelos de los géneros literarios tal y como hoy los entendemos. Sencillamente se llamaba "libros" a todos los escritos, que podían ser textos muy diferentes por su materia y por su sentido. En el discurso medieval, es fundamental tener en cuenta la intención del escritor al elaborar el texto (divulgadora, didáctica, moralizante…) y el público al que va dirigido: clerical, señorial o popular. El valor del texto no es la originalidad, sino su relación con las autoridades3. Como tales, destacan la Biblia y los escritos derivados de ella, así como los clásicos grecolatinos. 2

Explicación o comentario de un texto difícil de entender. Emilianenses por el monasterio de San Millán de la Cogolla; Silenses por el de Santo Domingo de Silos. 3 Personas o textos a los que se da especial crédito por su fama o mérito.

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En las obras de este periodo no hay separación entre lo natural y lo sobrenatural: milagros y magia se recibían como algo cotidiano y verosímil. Tampoco la hay entre lo literario y lo no literario ni entre ficción y no ficción. Gran parte de la literatura está destinada a la transmisión oral (teatro, parte de la narrativa, lírica...) y el concepto de autoría no es siempre primordial. 2. LA LÍRICA La poesía lírica de la Edad Media en lengua vernácula (castellano, gallego, catalán...) se caracteriza por la coexistencia de dos corrientes: la popular y la culta. Estas corrientes no discurren paralelas, sino que frecuentemente se cruzan, se superponen y sus mutuos influjos se perciben en la obra de muchos poetas. Los textos procedentes de la lírica popular se convierten en literatura solo cuando un autor culto los reelabora o los incluye en sus escritos, fenómeno muy habitual. En castellano, gran parte de las composiciones consisten en poemas anónimos breves que se transmiten por vía oral, presentes en todas las actividades diarias y en las ocasiones más sobresalientes de la vida: bodas, muertes, fiestas... En principio se cantaban; por eso los primeros poemas se llaman cantares o canciones, y solían acompañar a los bailes. La estructura métrica que predomina en estas canciones es el metro corto: versos de ocho, siete y seis sílabas, a veces combinados con versos de cuatro o cinco sílabas, organizados en formas paralelísticas o en estrofas como el zéjel y el villancico. Sus temas más habituales son: amor (albas, alboradas, canciones de la malmaridada...), naturaleza (mayas), trabajo (cantos de siega, de labranza, de montería, de pastoreo, de vareo de la aceituna...), nanas, serranillas (encuentros de viajeros y serranas), fiestas (cantos de baile, de la noche de San Juan, de Navidad, de romería, de boda o de muerte) y, también, burlescos o satíricos. En la poesía tradicional de tema amoroso, es muy frecuente encontrar una voz femenina que expresa sus sentimientos. En general son poemas en los que las imágenes, sacadas de la naturaleza, tienen valor simbólico. Estas breves formas tradicionales (en ocasiones, como se ha dicho, de autor culto, pero siempre de inspiración popular) también fueron frecuentadas en otros idiomas romances peninsulares, como puede ser el caso del mozárabe o el gallego: a) Las jarchas. Son los más antiguos de estos poemas tradicionales, cuyos testimonios han llegado hasta nosotros a través de poetas cultos. En este caso los poetas andalusíes que las incorporaron al final de unas composiciones extensas y cultas en árabe clásico o hebreo llamadas moaxajas. Escritas en lengua mozárabe, consisten en una queja por la ausencia de su amante que una muchacha enamorada expresa a su madre o a sus hermanas. Se caracterizan por su brevedad y por su sencillez. Las que conservamos datan de los siglos X al XII, fundamentalmente. b) Las cantigas de amigo galaico-portuguesas. También en ellas el tema amoroso aparece expresado por una voz femenina, una muchacha, que se lamenta. Adoptan la estructura paralelística: repetición de la misma idea con una leve variación en cada estrofa. Suele haber numerosas referencias a la naturaleza. 2.1. La poesía cancioneril del siglo XV: Marqués de Santillana, Juan de Mena y Jorge Manrique Como consecuencia de la nueva sensibilidad, en las cortes de los nobles o de los reyes se recopilaron los Cancioneros, que consisten en colecciones manuscritas de textos líricos que recogen la poesía de tipo culto de diversos autores y, a veces, la popular. Entre ellos cabe citar el Cancionero general, el de Baena o el de Palacio. Entre los poetas más importantes de estos cancioneros se encuentran el Marqués de Santillana, Juan de Mena y Jorge Manrique. Los temas de estas compilaciones son muy variados:

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- Alegóricos y doctrinales. - Amorosos, siguiendo en general las normas y costumbres marcadas por la ideología del amor cortés. Hacia el siglo XII en el sur de Francia, surge una poesía lírica escrita en lengua vulgar, el provenzal, cuyo ámbito es el mundo feudal. Escrita por los trovadores, fue en muchos casos difundida por aquellos juglares que sabían cantar o tocar instrumentos y que visitaban castillos, palacios o cortes señoriales. Estaba destinada al canto y su principal innovación la constituye el léxico que se utiliza para expresar la nueva concepción del amor que conocemos como amor cortés. Sobre este se proyecta la relación feudal: el trovador considera que la mujer es un ser superior y ve en ella a un señor feudal. Se establece un paralelismo entre la relación vasallo-señor feudal y enamorado-dama: el poeta rinde a la dama sumisión y respeto y ella responde con favor o alianza. Se exige fidelidad. El léxico es el del feudalismo: el poeta llama a la dama mi señor y servir es sinónimo de amar. Por otra parte, amor y matrimonio no son compatibles, por ello se exige secreto y la dama, que aparece con pseudónimo, se muestra esquiva y fría, y aparta al enamorado cuyo amor se alimenta de su propio tormento. El sentimiento amoroso se transforma en sufrimiento, enfermedad del amor, que empuja al enamorado a la locura y a la muerte. La poesía cancioneril amorosa oscilará dentro de motivos tan característicos del amor cortés como la perfección de la dama, el funcionamiento y la definición del amor, la cárcel de amor, los celos o los deseos de obtener un galardón (prenda o gesto de la amada que puede encubrir la consumación sexual), todos ellos expresados a través de juegos de palabras, paradojas, sutilezas y ambigüedades. · Satíricos, cuyos textos más representativos son las Coplas de la Panadera, las Coplas de Mingo Revulgo y las Coplas del Provincial. MARQUÉS DE SANTILLANA Don Íñigo López de Mendoza (1398-1458) fue uno de los nobles más relevantes de la corte del rey Juan II de Castilla y compaginó su participación en las luchas e intrigas cortesanas de su tiempo con su labor como poeta y humanista. Cultivó poesía moral (Proverbios, Diálogo de Bías contra Fortuna); alegórica, influida por La Divina Comedia de Dante (Infierno de los enamorados, la Comedieta de Ponza) y cultivó también poesía de inspiración provenzal y popular en sus serranillas4. Además, intentó aclimatar al castellano el endecasílabo italiano en sus Sonetos fechos al itálico modo. JUAN DE MENA (1411-1456) La mejor obra del cronista y secretario de cartas latinas del rey Juan II de Castilla es el Laberinto de Fortuna o las trescientas, poema alegórico heroico y patriótico, escrito en coplas de arte mayor, que se caracteriza por su erudición y por la complicación y oscuridad de su lenguaje. JORGE MANRIQUE: LAS COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE Jorge Manrique (h. 1440-1479) era un hombre de armas y de letras, participó en las numerosas guerras de su tiempo y murió a consecuencia de las heridas que sufrió en el asalto al castillo de Garcimuñoz. Su obra consta de cuarenta y nueve poemas: la mayor parte de carácter amoroso, continuadores de los temas y motivos de la lírica cortesana; tres, burlescos, y las extraordinarias Coplas a la muerte del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique, su padre, de tema moral y una de las obras capitales de la literatura española. 4

Composición de ambiente y personajes rústicos, temática erótica la mayoría de las veces, y escrita habitualmente con versos de arte menor.

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Género Son una elegía con la que Jorge Manrique, que expresa su dolor por la muerte de don Rodrigo, pretende integrar el hecho de la muerte en la visión aristocrática del mundo y ofrecer en su padre el ejemplo de un verdadero caballero cristiano. Métrica Son cuarenta coplas de pie quebrado, escritas para ser cantadas. Cada copla está formada por dos sextillas con la siguiente rima consonante y correlativa: 8a, 8b, 4c, 8a, 8b, 4c. 8d, 8e, 4f, 8d, 8e, 4f. Estructura · ESTROFAS I-XIV: Una llamada al ser humano para que recuerde que el tiempo es efímero y cuál debe ser, en definitiva, la visión cristiana de la vida. · ESTROFAS XV-XXIV: Un retrato de la vida terrenal en la que se plantea el engaño de lo transitorio con ejemplos y evocaciones del pasado. · ESTROFAS XXV-XL: La vida de la fama, ejemplificada por don Rodrigo Manrique, del que se muestra su caballerosidad en todos los ámbitos. Temas y motivos Se ha dicho que las Coplas constituyen una síntesis de la cultura del momento que se organiza en una constelación de tópicos medievales, entre los que los más destacados serían: •

El "Vanidad de vanidades", que procede del "Eclesiastés": Vanidad de vanidades; todo es vanidad ¿Qué provecho saca el hombre de todo por cuanto se afana bajo el sol? La única actitud sabia es el desprecio del mundo, cuyos valores están sometidos a la acción de tres poderosos enemigos: el tiempo, la fortuna y la muerte.



El tiempo y su fugacidad marcan la angustia por lo perecedero que se expresa en el tópico del ubi sunt?, es decir, ¿Dónde están?



La Fortuna es la poderosa señora que con su caprichosa rueda rige los destinos de los hombres y que, en este momento, adquiere actualidad con las convulsiones sociales y políticas de la época.



La Muerte, cuya presencia igualadora y su inexorabilidad es un tema recurrente en la literatura del momento. En Manrique es presencia de una nueva vida de sentido cristiano; en consecuencia, no aparece como un ser horroroso, sino llena de serenidad y caballerosidad.

Por otra parte, en las Coplas aparece también la idea prerrenacentista de la superación de la muerte por la fama de las buenas obras. Lengua y estilo Se caracteriza por su sencillez, ajena a la afectación de la poesía de la época. El poema, que aún hoy es de fácil lectura, se caracteriza por su sobriedad y claridad. •

2.2. El romancero Los romances son poemas narrativos de extensión variable, formados por una serie de versos, generalmente octosílabos, que riman en asonante los pares quedando libres los impares. Las muestras más lejanas de estos poemas que nacen destinados al canto o a la recitación ante un público casi siempre popular, datan de finales del siglo XIV y están emparentadas con los cantares de gesta, de los que toman temas, personajes y elementos formales. Algunos de los romances más antiguos pueden ser fragmentos de los cantares de gesta; otros se inspiraron en ellos. En cualquier caso, hoy se acepta su raíz folclórica y lírica.

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Los romances empiezan a gozar de consideración en los ambientes cortesanos hacia mediados del siglo XV y en ese momento se incluyen en los Cancioneros. Con la imprenta, su difusión se hace extraordinaria y a partir de ese momento se recogen en colecciones tituladas Silvas, Flores Rosas (de romances), y en "pliegos sueltos". En la literatura española, el romance constituye una forma de amplia tradición y se ha mantenido hasta la actualidad, tanto en la literatura culta como en la popular. Características 1. Anonimia. Como productos de la creación colectiva, son anónimos. 2. Presencia de variantes. La transmisión oral ha facilitado la proliferación de distintas versiones de un mismo romance que a veces se actualizan adaptándose al momento en el que se difunden. 3. Acción fragmentaria. El romance suele estar constituido por una escena aislada sin antecedentes ni desenlace. La acción suele iniciarse "in medias res", sucederse con rapidez y acabar abruptamente. Aunque eso no impide que en los momentos de mayor intensidad la acción se remanse. Y las referencias al tiempo y al espacio son las imprescindibles para la comprensión de la situación. El narrador suele utilizar la tercera persona. 4. Estructura dialogada en muchas ocasiones que aporta dramatismo y que alterna con otras en las que se desarrolla una historia o se presenta una escena. 5. Sencillez formal y lingüística. A la sencillez formal contribuyen recursos estilísticos como las repeticiones, enumeraciones, exclamaciones, paralelismos El vocabulario también es sencillo. Los adjetivos no son abundantes y es frecuente la alternancia de dos tiempos verbales, el presente histórico y el imperfecto, sin que responda en ocasiones a la lógica discursiva. Con frecuencia hay arcaísmos. 6. Presencia de fórmulas fijas y tópicos. Las primeras son expresiones comunes a muchos romances que se utilizan para introducir el diálogo (Allí habló), para apelar al auditorio (Viérades moros y moras), para caracterizar a los personajes (epítetos épicos), para indicar cambios en la acción, en el tiempo... Tópicos frecuentes son la consideración de la primavera como la estación del amor, las aves como representación de la unión amorosa, la mañana de San Juan como día propicio, el motivo de la caza de amor, el canto con propiedades mágicas... Clasificación temática de los romances Es probable que los romances estén emparentados por forma y temática con los cantares de gesta; sin embargo, esa misma forma se ha ido adaptando a las más diversas materias e invenciones. Se pueden diferenciar varios subtipos de romances según la acción narrada: •

Romances históricos: que toman como referencia sucesos y personajes históricos concretos.



Romances fronterizos: que tratan de la guerra entre ejércitos moros y cristianos.



Romances épicos: que se basan en personajes y hazañas legendarias (el Cid, los infantes de Salas, Fernán González, el rey don Rodrigo...).



Romances sobre materia de Francia: que se centran en los episodios de la literatura francesa y normanda (ciclo artúrico, Tristán e Isolda, Carlomagno, la batalla de Roncesvalles...).



Romances bíblicos y clásicos: dedicados sobre todo a momentos relevantes del Antiguo Testamento y de la mitología clásica.



Romances novelescos: en los que se da rienda suelta a la imaginación popular.

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3. LA NARRATIVA La narración medieval presenta obras con diferentes temas, intenciones y formas de composición. En cuanto a la forma, encontramos narraciones en verso y en prosa, orales y escritas. La intención del autor podrá ser moralizante, didáctica, de entretenimiento, de exaltación de valores sociales, etc. Los temas se relacionan con la clase de aventura (de conquista, de amor, de descubrimiento de espacios, de conocimiento, religiosa) que emprende un héroe, que será la que determine si se trata de textos épicos, de carácter científico o utilitario, libros de viajes o de búsqueda de la perfección espiritual. 3.1. La narrativa de transmisión oral: la épica. Los cantares de gesta. Las primeras narraciones medievales corresponden a la épica, que relata las hazañas de un héroe importante para una colectividad o para un pueblo. Los poemas épicos medievales se llamaron cantares de gesta, del latín gesta (hechos, hazañas), y se relacionan con la aparición de las primeras nacionalidades. Estos cantares difunden los valores feudales y se organizan sobre la aventura de conquista, que cobra especial importancia al representar al cristianismo frente a los musulmanes. Los cantares de gesta se componían para ser cantados por los juglares, que tenían gran libertad creadora: podían alargar o acortar la historia, dar prioridad a lo maravilloso, introducir descripciones... En el recitado, el juglar representaba al narrador y en sus intervenciones procuraba destacar la figura del héroe: incidía en los detalles que proporcionaban tensión, introducía diálogos, comentaba la actuación del héroe, destacaba sus valores o anticipaba acciones posteriores. De la épica española solo han llegado hasta nosotros el Poema de Mio Cid, cien versos del Cantar de Roncesvalles (siglo XIII) y Las Mocedades de Rodrigo (siglo XIV), en el que se recrea una fantasiosa juventud del Cid. EL POEMA DE MÍO CID El protagonista de este Cantar es Rodrigo Díaz de Vivar, llamado el Cid Campeador (1040?-1099). Se trata de un héroe histórico cuyas hazañas suscitaron el orgullo y la admiración de los castellanos de su tiempo. El Cid, un infanzón de la baja nobleza, a través de su esfuerzo y valor personal consigue colocarse por encima de la aristocracia de sangre. El héroe encarnaba así los valores de movilidad económica y social que Castilla defendía, frente a lo que ocurría, por ejemplo, en el reino de León, con el que Castilla estaba enfrentada. Por ello, no es extraño que los episodios de la vida del Cid que se centran en su difícil relación con el rey Alfonso VI (leonés) y con sus enemigos, los nobles leoneses, a los que finalmente consigue vencer y superar en honra, sean los que sirven al autor o autores para glorificar a su héroe y con él a Castilla. El poema presenta, además, la esfera privada del Cid: buen esposo y padre de familia, buen señor, cristiano, generoso, valiente, leal y mesurado. Texto. Fecha de composición. Autor El Cantar (o Poema) de Mio Cid, único cantar de gesta español casi completo, se ha conservado en un único manuscrito que hoy se encuentra en la Biblioteca Nacional. Se cree que es una copia del siglo XIV de otro códice anterior que acaba diciendo que un tal Per Abbat lo escribió en 1207. Se cree que Per Abbat fue otro copista, aunque hay quien lo considera verdadero autor. Menéndez Pidal, famoso hispanista estudioso del Cantar, defendió la teoría de que fue obra de dos juglares que lo redactaron hacia 1140. Otros críticos rechazan esta posibilidad y consideran que el autor debió de ser único y culto y que el Poema debió componerse a finales del siglo XII o principios del XIII.

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Argumento El Cantar se inicia cuando el Cid sale de Vivar desterrado por el rey Alfonso VI y decide reparar su honra. Deja a su mujer e hijas en el Monasterio de Cardeña y empieza su actividad guerrera contra los moros. Por fin conquista Valencia, la defiende del rey de Marruecos y en cada ocasión envía regalos y embajadas al rey. Su fama y su riqueza empujan a los infantes de Carrión a pedir al rey la mano de las hijas del Cid y el héroe acepta por no desairar a su señor. El rey perdona al Cid. Se celebran las bodas y todos marchan a Valencia donde los cobardes infantes son objeto de numerosas burlas. Vengativos, deciden volver a Carrión con sus esposas y, al pasar por el Robledal de Corpes, las azotan y las abandonan creyéndolas muertas. Salvadas las hijas del Cid por un primo, el héroe afrentado pide justicia y en las cortes de Toledo los representantes del Cid vencen a los yernos. El Cantar acaba con las nuevas bodas de las hijas del Cid con los infantes de Navarra y Aragón, hecho que arranca al juglar una exclamación jubilosa: ¡Hoy los reyes de España sus parientes son! Estructura. Tema Modernamente el Poema se ha dividido en tres partes: Cantar del destierro, Cantar de las bodas y Cantar de la afrenta de Corpes, atendiendo a cada una de las unidades temáticas en las que podría dividirse el argumento. Por otra parte, el Poema parece estar construido sobre el eje central del honor del héroe que se articula en dos momentos de pérdida del mismo: •

El destierro, en el que el deshonor es de tipo moral y político.

• La afrenta de Corpes, en que lo es de tipo personal y familiar. El tema del Cantar de Mio Cid gira, pues, en torno a la honra del héroe, que es la acción que da unidad a los episodios de la obra y a los personajes que intervienen en ella. Métrica Lo que conservamos del Poema consta de un total de 3730 versos, organizados en tiradas monorrimas asonantes de desigual extensión (de tres a ciento noventa versos), con versos de medida irregular (oscilan desde las 10 a las 20 sílabas) que se dividen en dos hemistiquios con cesura5. Lengua y estilo El lenguaje del poema se caracteriza por su sobriedad y claridad. Son características las apelaciones al oyente (Mío Cid Ruy Díaz oiréis lo que dijo), las expresiones exclamativas (¡Dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!) y las repeticiones de epítetos épicos para caracterizar a los personajes (el Cid, el que nació bienhadado, el que en buen hora ciñó espada...). 3.2. La narrativa culta en verso: el mester de clerecía El mester de clerecía en el siglo XIII En el siglo XIII se produjo un desarrollo cultural y económico que permitió la escritura y difusión de libros cultos, y se compusieron una serie de narraciones en verso con temas religiosos y profanos, adaptados del latín pero en lengua romance, para que llegaran a un público iletrado. Sus autores son clérigos que tienen una intención didáctica y propagandística frecuentemente ligada a los intereses de los monasterios a los que pertenecían. Se diferencian de los cantares de gesta (o también llamado, por oposición, mester de juglaría) en los siguientes aspectos:

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Un hemistiquio es la mitad de un verso. La separación entre dos hemistiquios viene determinada por una breve pausa o cesura.

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Son narraciones escritas, destinadas a ser leídas.



Las fuentes son escritas y de carácter culto.



Sus autores declaran que sus obras son libros y quieren organizarlos siguiendo unas pautas estéticas.



Están escritas en verso con métrica regular: cuaderna vía o tetrástrofo monorrimo, estrofas de cuatro versos alejandrinos monorrimos en consonante. GONZALO DE BERCEO

Con Gonzalo de Berceo (h. 1195-1264?), clérigo del monasterio de San Millán de la Cogolla, hace su aparición en la literatura española la conciencia de autor: Yo, maestro Gonçalvo de Verceo nomnado yendo en romería caecí en un prado verde e bien sencido, de flores bien poblado, 6 ogar cobdiciaduero pora omne cansado

Su actividad creadora se centra en divulgar en romance las narraciones religiosas escritas en latín. Pero no se limitó a traducirlas, sino que articuló la materia de sus relatos y con el propósito de que llegaran a todo tipo de gentes, aun las más incultas, introdujo recursos como situar la acción en lugares conocidos o representar costumbres populares. Utilizó un lenguaje sencillo, con expresiones populares, diminutivos, refranes… Su intención oscila entre su deseo de convertir el monasterio de San Millán en un lugar de peregrinación, y su propósito de enseñar y deleitar a los grupos de peregrinos que llegaban al monasterio. Escribió fundamentalmente obras de inspiración mariana (dedicadas a la Virgen) y vidas de santos. Entre sus obras destacan sobre todo sus Milagros de Nuestra Señora. Se trata de un conjunto de narraciones que, dentro de la tradición mariana de estos siglos, demuestran que la Virgen sirve de mediadora en la salvación de sus devotos. El libro se organiza en dos partes: 1. Introducción alegórica en la que el narrador se presenta como romero que entra en un prado que es la Virgen; 2. Milagros, que son veinticinco de acuerdo con el simbolismo mágico de los números, que considera el cinco el número mariano por excelencia. El mester de clerecía en el siglo XIV El mester de clerecía se prolonga en el siglo XIV, aunque con ciertas peculiaridades, en la obra del canciller Pedro López de Ayala, a quien debemos el Rimado de Palacio; en la del rabino judío don Sem Tob de Carrión, autor de los Proverbios morales, pensamientos pesimistas apoyados en la observación de la vida cotidiana, y, sobre todo, en la del clérigo Juan Ruiz que estudiaremos a continuación. JUAN RUIZ Y EL LIBRO DE BUEN AMOR Autor. Título. Texto La única obra de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, del que apenas se sabe nada, es un libro complejo y variado que se ha conservado en tres copias manuscritas con distinta fecha y en algunos fragmentos. En ninguna de ellas aparece el título que se propuso en atención a su contenido y que ha sido generalmente aceptado. 6

caecí: fui a parar; prado: metáfora de la Virgen; sencido: intacto; omne: hombre.

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Contenido y organización El Libro, que está compuesto por más de siete mil versos, se caracteriza por la diversidad de estrofas (cuaderna vía, zéjel…) y por incorporar diversas materias inconexas y mezcladas: fábulas, ejemplos7, poesías profanas y religiosas, digresiones8 didáctico-morales, debates9... que aparecen unidos por una ficticia y leve autobiografía en la que el protagonista narra en primera persona sus correrías en busca de aventuras amorosas para las que cuenta con la ayuda de un tercero. Sin embargo, a lo largo del texto aparecen diferentes "yo" que se superponen al del protagonista. Género literario. Métrica El Libro de buen amor no se corresponde con ningún género literario específico, sino que constituye un muestrario de los géneros medievales. Su métrica también participa de esta diversidad. Aunque la mayor parte está escrito en cuaderna vía, esta estrofa alterna con formas métricas juglarescas y tradicionales como el zéjel. Lenguaje y estilo El lenguaje se caracteriza por su variedad –hay latinismos, arabismos, cultismos y un extenso repertorio de vocabulario popular– y por su exuberancia: frecuentes acumulaciones de sinónimos. La sintaxis es variada, precisa y expresiva, y cabe destacar la presencia de refranes. El libro se caracteriza también por la proliferación de recursos humorísticos, juegos de palabras, alegorías, antítesis… Sentido de la obra El propio Juan Ruiz declara su propósito didáctico moral de inducir al amor a Dios (el buen amor) y oponerlo al amor a las mujeres (el loco amor). Pero él mismo advierte de que el Libro también puede servir de guía a los partidarios del "loco amor". Hay, pues, cierta ambigüedad que puede proceder simplemente del talante de sus lectores. El propio libro afirma que "suena distinto" según quien lo lea. La excepcional importancia del Libro de buen amor radica en su originalidad y en su condición de obra en la que confluyen todos los saberes y tradiciones medievales literarias. La exaltación de lo mundano aparece al lado del sentido religioso de la existencia. La métrica se adecua al tono y carácter de cada episodio. El lenguaje, vivo y riquísimo, contribuye al tono humorístico y regocijado del Libro, acorde, por otra parte, con el nuevo público urbano al que va dirigido. 3.3. La prosa A lo largo del siglo XIII y paralelo a su uso literario, científico, técnico y religioso, se desarrolla el cultivo de la prosa en España en una lengua, el castellano, que había ido fijándose paulatinamente y que podía servir ahora para usos que habían sido exclusivos del latín. Entre las traducciones que contribuyeron a esa fijación hay que destacar las de las colecciones de cuentos orientales por su trascendencia posterior. Una importante colección, traducida del árabe, es el Sendebar o Libro de los engaños e asayamientos de las mujeres.

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Pequeña narración que se aduce para comprobar, verificar o ejemplificar una determinada enseñanza. Efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan conexión o íntimo enlace con aquello de que se está tratando. 9 Género literario en el se contraponen posturas diversas sobre un problema y que usa el diálogo. 8

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LA CREACIÓN DE LA PROSA CASTELLANA: ALFONSO X EL SABIO Con la obra del rey Alfonso X, el Sabio (1221-1284), decisiva para el desarrollo de la lengua y de la literatura españolas y también de la historia, de la ciencia y del derecho, la prosa castellana alcanzará la plena disposición para expresar cualquier contenido. El monarca, que reunía en su corte sabios de todas las razas y religiones, pretendió sistematizar y traducir al castellano todo el saber de su tiempo. Él mismo revisó y escribió estas traducciones procurando la mayor propiedad y perfección de la sintaxis y del léxico con el fin de obtener una lengua eficaz. Por ello es considerado el creador de la prosa castellana, que con él adquiere la categoría de un idioma nacional. La ingente obra cultural del rey Sabio abarca todas las materias. Entre las obras de prosa didáctica de Alfonso X merece la pena destacar algunas de tema jurídico como las Partidas, de tema histórico como la Grande e general estoria, o de entretenimiento como el Libro de axedrez, dados e tablas. Por otra parte, el rey Sabio también cultivó la lírica, género en el que destacan las Cantigas de Santa María, obra de tipo religioso escrita en gallego. LA PROSA EN EL SIGLO XIV: DON JUAN MANUEL El infante don Juan Manuel (1282-1248), sobrino de Alfonso X y nieto de Fernando III el Santo, intervino activamente en la política de su tiempo, pero esa actividad no le impidió la creación de una importante obra literaria. Con él aparece en la literatura española la figura del escritor orgulloso de su obra que corrige de su propia mano y que llega al extremo de depositar un manuscrito en el monasterio de los frailes Predicadores de Peñafiel, porque [don Juan] "ruega a los que leyeren cualquier libro que fuere trasladado del que él compuso, o de los libros que él hizo, que si hallaren alguna palabra mal puesta, que no pongan la culpa a él hasta que vean el libro mismo que don Juan hizo, que es enmendado en muchos lugares de su letra." Por desgracia, los manuscritos tan cuidadosamente corregidos por don Juan Manuel se han perdido. Entre sus obras, de tono muy doctrinal, destacan el Libro del caballero y del escudero, el Libro de los estados o Libro del infante y, sobre todo, el conocido como El conde Lucanor. EL CONDE LUCANOR La obra más importante del infante consta de dos prólogos y cinco partes, con los mismos personajes: I. Cincuenta y un ejemplos o apólogos: De las cinco partes, la más conocida y extensa es la primera, que consiste en una colección de cincuenta y un ejemplos que siguen la tradición peninsular iniciada por obras como el Sendebar. La intención del libro es didáctica, pretende que los hombres actúen de manera que les sea provechosa en honras, haciendas y estados. Todos los cuentos tienen el mismo esquema: el conde Lucanor tiene un dilema y consulta a su ayo Patronio; Patronio le responde a través de un relato; Patronio aplica la historia al caso concreto; D. Juan resume la enseñanza en la moraleja. Los cuentos que conforman el libro no son originales, sino que proceden de la tradición árabe, oriental o cristiana, y tampoco lo son la intención didáctica, el diseño repetitivo o la técnica de relatos con marco10. La originalidad de don Juan Manuel radica en la cuidada organización de los materiales, en la creación de la atmósfera de los relatos o de los caracteres de los personajes... II, III y IV. Colección de proverbios o sentencias deliberadamente oscuras V. Tratado de lo que se debe saber para salvar el alma y ganar el paraíso. 10

Relato que se engloba dentro de un relato mayor.

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3.4. Los libros de caballerías Este género fundamental, entre otras muchas razones porque se halla en el origen del Quijote, surgió en Francia hacia la segunda mitad del siglo XII, pero será en el siglo XV cuando dé sus principales frutos en la prosa romance peninsular. Estos libros se caracterizan por tener un héroe, el caballero, que tiene la misión de restablecer el orden y proteger al débil, y así lograr prestigio social y perfección moral; por la aparición del tema del amor cortés; por estar dirigidos a un público cortesano; por situarse en un espacio y un tiempo maravillosos y por organizar la acción mediante la aventura, que es la unidad básica estructural del relato. En nuestra península influyó también esta nueva forma de escribir. Desde muy pronto, hubo numerosas traducciones de los ciclos carolingio y bretón o artúrico, y también, adaptaciones y algunas obras originales, entre las que se cuentan: El libro del caballero Zifar, Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo o Tirant lo Blanc de Joanot Martorell (esta última en catalán)... 3.5. La ficción sentimental Los autores más representativos de este género son Juan Rodríguez del Padrón con El siervo libre de amor y, sobre todo, Diego de San Pedro, autor de la popular y traducidísima Cárcel de amor, que influyó en La Celestina. En estas obras lo fundamental es el análisis de la pasión amorosa que se relaciona con la concepción del amor propia del "amor cortés". Su mundo es el de la nobleza y los libros van dirigidos a espíritus aristocráticos capaces de captar los matices del sentimiento amoroso. En ellas predomina la expresión del desdichado mundo íntimo de unos personajes en conflicto con su entorno que, además, tendrán un final trágico. El uso de la forma epistolar y la caracterización psicológica de sus personajes son también rasgos significativos de estas ficciones. 4. EL TEATRO Olvidado el teatro grecolatino, el teatro surge de nuevo en Europa con orígenes religiosos. Durante los siglos X, XI y XII se desarrollaron en el interior de las iglesias románicas las primeras representaciones dramáticas, tropos y dramas litúrgicos, relacionadas con la Navidad y la Pascua que tenían la finalidad de amenizar la liturgia. Pronto, a finales del siglo XII, estas obras se empiezan a escribir en lengua vulgar. Se inicia un proceso de secularización que coincide con la aparición de las ciudades y llevará las representaciones desde el interior de la iglesia a los pórticos de la misma y, finalmente, a las plazas públicas. Los primeros dramas profanos que aparecieron fueron los espectáculos populares (danzas, pantomimas11...), muy identificados con el Carnaval. Mientras el teatro se desarrollaba en los monasterios, público y creador pertenecen al mismo ámbito, pero cuando las representaciones se realizan en las plazas de las ciudades, frente a las fachadas de las nuevas catedrales góticas, el público urbano será el nuevo receptor del espectáculo teatral. El teatro cumple entonces una función social: sirve de diversión y entretenimiento, pero, también, para divulgar el saber bíblico y religioso. Las representaciones se hacen bien en carros o bien sobre unas tarimas, levantadas al efecto, que presentaban juntos y en sucesión todos los espacios de la acción. En Castilla se ha conservado un único texto dramático: el Auto o Representación de los Reyes Magos, escrito a finales del siglo XII, que consiste en un fragmento de 147 versos polimétricos. En él, los tres Reyes, que han descubierto la estrella y dudan si tendrá relación con el nacimiento de Dios, deciden ir a comprobarlo. 11

Representación por gestos sin que intervengan palabras.

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Mención aparte merecen unos poemas dramáticos llamados Danzas de la Muerte que existieron en la Baja Edad Media en toda Europa. En estas composiciones, que constituyen un fiel trasunto de las profundas crisis y calamidades de la época, la Muerte invitaba "a su danza" a diversos personajes. El tema central de todas estas Danzas es el poder igualatorio de la muerte, que no distingue entre el poderoso y el humilde, la joven y la anciana... Unos y otros se dan la mano para iniciar una danza macabra, sobrecogedor desfile de todos los estamentos medievales. Durante el siglo XV, en la Corte de los Reyes Católicos se despierta el gusto por el teatro. Así, en los salones de los palacios o en las universidades, destinadas a un público minoritario, se representarán obras dramáticas de varios tipos: a) Dramas sacros de tipo tradicional. b) Obras nuevas de tema religioso y profano, como las Églogas12 de Juan del Encina. c) Comedia humanística: La Celestina. 4.1. La Celestina Texto. Título. Autor. Con el título de Comedia de Calisto y Melibea y dieciséis actos, se publica en 1499 La Celestina, obra excepcional a caballo entre la literatura medieval y la renacentista. La obra, de enorme fortuna editorial, conoce varias ediciones con algunas diferencias. Entre estas se cuentan la inclusión de la carta de "El autor a un su amigo" en la que aquel explica que se había encontrado el primer acto en unos papeles sin firma y que escribió los restantes durante unas vacaciones, y, también, las once octavas acrósticas13 en las que se lee: El Bachiller Fernando de Rojas acabó la "Comedia de Calisto y Melibea" y fue nascido en la Puebla de Montalbán. A partir de 1502 se difunde una nueva edición con veintiún actos y el título de Tragicomedia de Calisto y Melibea. Todavía aparece otra edición en Toledo con un acto más y en 1569, la edición de Alcalá lleva ya el título de La Celestina. Hoy se acepta como definitiva la versión de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, cuyos autores son dos: el desconocido "antiguo autor" del primer acto y el bachiller Fernando de Rojas, nacido en La Puebla de Montalbán y estudiante en Salamanca, que escribe los restantes veinte actos, del que se sabe, además, que fue converso (judío convertido al cristianismo) y que poseyó una amplia cultura. Género La crítica literaria sostiene una viva polémica a la hora de decidir si La Celestina pertenece al género dramático o narrativo. Parece claro que si se acepta la pertenencia de La Celestina a la comedia humanística (género dramático de los siglos XV y XVI propio de las cortes italianas y escrito en latín, que se componía para ser leído en público), habría que considerarla una obra teatral. A esto se le sumaría su condición de texto dialogado sin intervención de un narrador y el hecho de que sea la palabra de los personajes la que organiza la realidad y, con ella, el espacio y el tiempo de la acción. Su excesiva extensión se explicaría por el hecho de estar destinada a la lectura y no a la representación. Pero los partidarios de su condición novelesca aducen, sin embargo, que su extraordinaria extensión, así como el tratamiento de los personajes, del espacio y del tiempo, no permitirían su representación. Algunos críticos piensan que Fernando de Rojas pretendió parodiar la novela cortés y sentimental, cuyas pautas sigue La Celestina en su estructura y en su argumento. La Celestina cumpliría así la misma función que el Quijote: destruir la ficción medieval con su demostración de la imposibilidad de vivir el modelo cortés en un mundo realista. 12

Composición del género bucólico, caracterizada por una visión idealizada del campo, y en la que suelen aparecer pastores que dialogan de sus afectos y de la vida campestre. 13 Composición poética en que las letras iniciales, medias o finales de los versos forman un mensaje.

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Argumento. Temas Calisto, joven noble y rico, es rechazado por Melibea, también de noble familia. Enfermo de amor, su criado Sempronio le aconseja que acuda a la vieja alcahueta Celestina, para que lo ayude a conseguir sus propósitos. Su otro criado, Pármeno, intenta prevenirlo contra ella, pero Celestina, con su enorme habilidad y malas artes, logra poner al criado de su parte y, además, vencer la resistencia de Melibea. Los amantes se encuentran por la noche en el huerto de la joven. Los criados Pármeno y Sempronio reclaman su parte de las ganancias que Celestina obtiene de Calisto, y, al negarse esta a compartirlas con ellos, la matan y huyen, pero son apresados y decapitados por la justicia. Las amigas de los criados y pupilas de Celestina, las prostitutas Elicia y Areúsa, deciden vengarse y envían unos matones. Al ruido de estos, Calisto, que cree en peligro a sus nuevos criados, cae de la escala y muere cuando va a salir del huerto de su amante para ayudarlos. Melibea, al conocer su muerte, se suicida arrojándose desde la torre de su casa. La obra termina con el llanto de Pleberio, padre de la joven, ante el cadáver de su hija. Los temas principales son: • El amor. Constituye el núcleo de la obra y aparece siguiendo los tópicos del amor cortés, pero para parodiarlos. Así encontramos motivos como la enfermedad del amor, la locura, la divinización de la dama... que no hacen más que encubrir el deseo de gozar del amor y del placer sexual en el que los personajes del ámbito cortés coinciden plenamente con los criados. El amor será duramente increpado por Pleberio, el padre de Melibea, como causante de todos los males. • La magia. Además de la innegable condición de hechicera de Celestina, en el texto hay varias referencias a actividades propias de la brujería, empezando por el propio "laboratorio" de la alcahueta. Un ejemplo de esta práctica es el conjuro que hace Celestina para mover la voluntad de Melibea. • La muerte. Presente en la obra desde que la vieja alcahueta afirma ante Melibea que todos somos "humanos nacidos para morir...", la recorre hasta el final con el fin trágico de los personajes principales. Al frenesí de vivir renacentista se opone la muerte como castigo moral. Todos los conflictos concluyen en ella. Es la gran vencedora. Organización. El uso del diálogo La Celestina consta de veintiún actos, sin división en escenas y sin acotaciones. En cuanto a la técnica dramática, destaca el uso del diálogo, que presenta una llamativa variedad y dominio formal. Encontramos desde monólogos y oratorios repletos de referencias cultas hasta la mezcla cómica del parlamento largo junto a la respuesta breve y ágil o el aparte. Personajes Pertenecen a dos grupos claramente definidos por su posición social, el de los señores y el de los criados, cuyas relaciones son muy conflictivas. En medio aparece el submundo presidido por Celestina y las prostitutas y rufianes. Entre todos destaca Celestina, personaje de raíces clásicas y medievales (recuérdese la Trotaconventos del Libro de buen amor) que se convierte, a partir de esta obra, en un arquetipo14 literario. Su punto débil es la codicia. En ella se suman, para prestarle un terrible poder, su condición de hechicera, su conocimiento de los demás y su dominio de la palabra. Superior a todos, se mueve de un lado a otro, pone en contacto a los personajes y teje la red que los apresará uno a uno. 14

Modelo y ejemplo para la creación de ese tipo de personajes.

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Espacio y tiempo El espacio y el tiempo se perciben en La Celestina a través de las palabras de sus personajes. La acción transcurre en unos cuantos lugares concretos: la casa de Calisto, la de Melibea, la de Areúsa y la de Celestina y algunas plazas y calles de una ciudad imprecisa. La Celestina es, pues, una obra urbana en la que los espacios tienen sentido simbólico: así por ejemplo, el jardín, como lugar del encuentro amoroso con todos los tópicos del “locus amoenus”15 en el que se sitúa la literatura bucólica, la calle por la que la vieja Celestina se mueve incesantemente en pos de su negocio... Lengua y estilo La Celestina muestra admirablemente fundidos los dos polos de la expresión lingüística del momento, el culto y refinado, de tono retórico, lleno de referencias cultas, sentencias y muy cercano a la sintaxis latina, y el habla popular, viva y rápida, que se caracteriza por la presencia de refranes, frases hechas y una mayor espontaneidad. Aunque en teoría el habla culta corresponde a los señores y la popular a los criados, uno de los méritos indiscutibles de esta obra es la capacidad de los personajes, especialmente la vieja Celestina, de adecuar su registro al tema y a la situación en la que se encuentran. Se ha dicho que el lenguaje es uno de los aspectos en los que se apoya Rojas para parodiar el mundo cortés. De esta manera, se haría contrastar el artificioso lenguaje de los amantes propio de la novela sentimental con la lengua cotidiana, bien a través de los criados que se ríen de sus señores, bien a través de la realidad que se impone a la idealización sentimental. Así cualquiera que sea el registro utilizado, la realidad esconde la misma pasión sexual que afecta por igual a señores y criados. Intención del autor Fernando de Rojas manifiesta en varias ocasiones su intención moral; escribe el libro en “reprehensión de los locos enamorados que, vencidos de su desordenado apetito, a sus amigas llaman y dizen ser su Dios. Assimismo hecho en aviso de los engaños de las alcahuetas y malos y lisonjeros sirvientes". Pero algunos críticos han considerado que la obra presenta una visión pesimista del mundo, casi nihilista, motivada, tal vez, por la condición de judío converso de Rojas. En definitiva, la obra refleja un mundo que ve desmoronarse los ideales caballerescos que habían sustentado la Edad Media y que asiste al nacimiento de otros en los que domina el pragmatismo, el afán de lucro, la búsqueda del placer y la afirmación personal. Publicada a caballo entre La Edad Media y el Renacimiento resulta una síntesis genial de lo que en ese momento estaba muriendo y de lo que empezaba a nacer.

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Tópico con el que se designa la aparición en un texto literario de un paisaje idílico en medio de la naturaleza, generalmente propicio para el encuentro amoroso o la reflexión.

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