LA COMIDA COMO INSTRUMENTO EDUCATIVO

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LA COMIDA COMO INSTRUMENTO EDUCATIVO

Programa Parent & Infant - Valencia Montessori School - www.valenciamontessori.org

Introducción: Comida y socialización En la sociedad humana la comida es una cuestión importante. La comida no sólo representa la satisfacción de las necesidades físicas del ser humano, también juega un papel importante en lo que se refiere a socialización El comer es motivo de reunión y de convivencia donde no se comparte únicamente el alimento, sino también experiencia acumuladas en el día, pensamientos y sentimientos. Estos momentos ayudan a reforzar la unión de los miembros de la familia y/o de la comunidad, y se manifiestan costumbres, tradiciones, religiones. La comida es por tanto, una fuente de socialización por los procesos que involucra (preparación de la comida, compartir la comida, platicar, llegar a acuerdos, recoger la mesa e incluso lavar los trastos), porque sigue siendo una excusa para reunirse con los amigos y porque es un punto de encuentro familiar. No sólo se comparte la comida sino la vida. Es importante que los niños participen en estos momentos de reunión, aunque difieran sus horarios de comida, cuando son pequeños. Mediante estas oportunidades aprenden los usos y costumbres de la sociedad a la que pertenecen, aunque al principio sea sólo observando. La comida debe ser un momento de calma, en el que se propicie la participación positiva y relajada de todos los miembros. Se debe tratar de que sea un momento en el que se transmitan sentimientos de cariño, aceptación y comunicación, en el que todos participen. A través de la comida no sólo transmitimos los valores culturales, sino los higiénicos y nutricionales para conservarnos en buenas condiciones de salud. Se debe buscar tener una comida balanceada en la que se incluya fruta y verdura, se elimine la comida basura", para toda la familia. Como adultos tenemos la responsabilidad de cambiar nuestra alimentación, para que los niños adquieran buenos hábitos alimenticios. II Otros aspectos de la comida como valor educativo Además de todo lo dicho acerca del valor de la comida en el proceso de de socialización. La comida es una ocasión muy valiosa para educar, ya que permite: 1. La misma satisfacción de las necesidades físicas. Para vivir en las mejores condiciones de salud y no sólo sobrevivir, se requiere una dieta balanceada. La naturaleza

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nos ofrece lo que necesitamos en el momento oportuno, de hecho la agricultura de cada lugar va ligada al clima y a lo que nuestro cuerpo necesita en cada momento, lamentablemente con la industrialización hemos perdido muchos de estos beneficios porque se han dejado de respetar los tiempos de cosecha y con los procesos a los que son sometidos los alimentos, pierden muchas de sus propiedades.

2. La obtención de mucha información sensorial: olores, sabores, formas, colores, texturas. Con esta finalidad, es importante cuidar la preparación y presentación de los alimentos, es decir el sentido estético.

3. El enriquecimiento del vocabulario. Con todo el proceso que se sigue para la preparación de la comida, para comer y para recoger la mesa y la cocina después de comer, no sólo se nombran los alimentos y los utensilios que se emplean, sino además todos los verbos de las acciones que se realizan.

4. Por otro lado, alrededor de la comida hay mucho movimiento, nos da la posibilidad del control de la coordinación del movimiento, por el sin fin de actividades que implica. La preparación de la comida y la participación en ella, puede cubrir todas las necesidades de desarrollo del niño.

III- La escuela Montessori frente a la devaluación de la comida y del acto de comer La hora de comer ha sido sometida a una seria devaluación de su lugar como centro de la vida humana cuando era la promulgación de la necesidad compartida y cooperación. Hoy en día, las comidas de los niños son cocinadas por extraños, consisten en alimentos Programa Parent & Infant - Valencia Montessori School - www.valenciamontessori.org

altamente procesados y producidos en lugares lejanos e ingeridos golosamente a toda prisa y, frecuentemente sin compañía. En la escuela Montessori se pretende transformar aquello relacionado con la comida y así cambiar la actitud existente de los niños hacia la misma. Aquí de les enseña a cultivar un huerto y cocinar como una actividad cotidiana dentro del salón de clases. Así comprenden que la comida, el cocinar y comer son elementos que brindan riqueza, sentido y belleza perdurables en nuestras vidas. Al tiempo que toman conciencia de la importancia de una alimentación sustentable, sana y nutritiva y del poder social que la comida conlleva IV-Aspectos negativos de la comida y sus soluciones A pesar de que la comida tiene todos estos aspectos positivos tiene algunos negativos. La comida puede transformarse para el niño y la familia en una lucha de poder. La madre se preocupa que su hijo este bien alimentado (la mayoría de las veces se le da más comida de lo que el puede y quiere comer) y el niño descubre que a través de la comida puede manipular al adulto. Para evitar que esto se lleve a cabo se recomienda: • La madre no tiene que tomar como rechazo personal el hecho de que el niño no coma (no está rechazando a la madre no comiendo); el niño come lo que su organismo necesita y en la cantidad que necesita. Es necesario respetar la guía interna del niño, haciéndolo descubrimos que el niño tiene una dieta balanceada. • No hay nunca que forzar al niño a comer algo que no le gusta. Nosotros no lo haríamos; y el cuerpo sabe lo que necesita. Este día ese tipo de comida podría hacerle daño. Tener fe en el niño. • Servir al niño cantidades pequeñas y permitirle repetir todas las veces que él quiera. • No podemos pedirle que termine algo que él no se sirvió. Sirviéndose sólo y poca cantidad, él empieza a responsabilizarse de sus actos. • Evitar todos los juegos que distraen la atención de la comida. Si el niño no tiene hambre no necesita comer. • Nunca se ha sabido de alguien que se haya muerto de hambre teniendo la comida a la mano. V- El papel de los padres

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Además de lo dicho, los padres deben proporiconar a los hijos una dieta que reuna las siguientes condiciones:

Variada.
 Acostumbra a tu hijo(a) cuanto antes a que coma de todo y a degustar los sabores de distintos alimentos. La clave para educarle en hábitos alimentarios saludables está en ofrecerle una alimentación variada desde sus primeros años de vida. Es difícil que el niño aprenda a comer bien si no le has dado la posibilidad de tomar contacto con una gran variedad de alimentos.
 
 Sana.
 Escoge los alimentos con menos grasa, con poca sal, abundantes vegetales (verduras, frutas, legumbres y cereales integrales) y en cantidades acordes a su apetito y a sus necesidades.
 
 Equilibrada.
 Es imprescindible que conozcas el menú del colegio para complementarlo con el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena, y hacer así una alimentación equilibrada. Los alimentos deben distribuirse a lo largo del día para que el cuerpo obtenga de ellos los nutrientes que necesita, según sus exigencias.
 
 Nutritiva.
 Ofrécele alimentos de todos los grupos (frutas, verduras, carnes, pescados, cereales, legumbres…) para que pueda elegir los que más le gusten. Y está en tus manos evitar que tu hijo(a) consuma habitualmente alimentos superfluos, llenos de calorías vacías como dulces, refrescos, chucherías, papas fritas de bolsa y similares o precocinados como hamburguesas y pizzas.
 
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Apetecible.
 Si cocinas los alimentos (verduras, pescados, legumbres…) de diferentes maneras, combinas los alimentos que sabes que le gustan menos a tu hijo(a) con otros que le agradan más y presentas los platos en la mesa de forma atractiva, tienes muchas garantías de que la comida le resulte más apetecible. Divertida.
 Hazles partícipes de la compra, la elaboración de comidas, la preparación de la mesa, etc. Esto puede ser una oportunidad para que aprendan buenos hábitos y disfruten de la comida. Sorprendente.
 Enséñales todo lo que sabes sobre los alimentos: para qué sirven, qué funciones desarrollan en el cuerpo, cuánto necesita el cuerpo de cada alimento…. Ordenada.
 Disfruten en familia del momento de la comida o de la cena, en un ambiente relajado y tranquilo; manteniendo -en lo posible- un horario. Consistente.
 Asegúrate de que el(la) niño(a) hace al menos 3 comidas consistentes al día: desayuno, comida y cena. Y si pasan más de 4 horas entre una y otra, anímale a que tome un tentempié. Educativa.
 Es esencial que la educación de hábitos alimentarios saludables se lleve a cabo tanto en casa como en la escuela. La educación exige de la familia paciencia, dedicación, constancia, disciplina, no hacer concesiones inaceptables y también cierto respeto por el apetito del(la) niño(a), siempre que su ritmo de crecimiento y desarrollo se encuentre dentro de la normalidad

“ No obligar a comer por ningún método, con ninguna estratagema, ni por las buenas ni por las malas. Ya sé que usted no ata a su hija a la silla ni le da latigazos. Al decir «no la obligue» queremos decir que no le haga «el avión» con la cuchara; que no la distraiga con canciones o con la tele; que no le prometa cosas si se lo acaba todo, ni la amenace con castigos; que no le ruegue ni suplique; que no apele a su amor filial o la intercesión de la abuelita; que no la compare con sus hermanos ni hable de niñas «buenas» y «malas»; que no condicione el postre a haberse acabado los otros platos...
 Ejemplo práctico de cómo no obligar a comer a un niño
 Supongamos que hoy hay macarrones, bistec con patatas y de postre, plátano. «¿Quieres

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macarrones?» «Sí.» ¿Cuántos macarrones suele su hija comer antes de empezar la pelea? ¿Cinco? Pues póngale tres en su plato. ¡Tres! No tres cucharadas o tres montones, sino tres macarrones. Déjela que coma ella sólita, con sus deditos o con su tenedor si sabe usarlo.
 Si se los acaba, no hace falta que le pregunte: «¿Quieres más macarrones, mi vida?». No hace falta, si quiere más, los pedirá. Si al cabo de unos minutos no se los ha comido, le pregunta: «¿Ya está, no quieres más?». Si le dice que no, se lleva el plato sin hacer mala cara ni recriminaciones. Si le dice que sí, pero no se los come, adviértale amablemente que o se los come de una vez o se lleva el plato, y hágalo así si pasa un tiempo prudencial y no da signos de comérselos. Los primeros días, su hija estará tan acostumbrada a tardar dos horas en comer que el cambio puede cogerla por sorpresa; sea flexible y si insiste en que le vuelva a dar el plato, es mejor que ceda. Si su hija estaba acostumbrada a que le metieran la comida en la boca, procure no dar pie a que el dejarla comer sola parezca un castigo o falta de cariño. Si ella le pide que le dé, puede darle. Si ve que no come, pero tampoco permite que le retire el plato, puede ofrecerse amablemente: «¿Quieres que te ayude a comer?». Pero no le dé usted de comer si ella no lo ha pedido o aceptado, y deje de darle tan pronto como empiece a negarse. También puede ser que, de entrada, no quiera ni probar los macarrones. Pues sin inmutarse, sin una palabra más alta que otra, le ofrece el segundo plato. Tanto si ha comido cinco macarrones como si no se ha comido ninguno, vuelta a empezar con el segundo plato: preguntarle si quiere, ponerle en el plato menos de lo que piensa (por su experiencia anterior) que va a comer sin rechistar. Recuerde que el trozo de bistec que comen algunos niños de dos o tres años es (si están realmente hambrientos) del tamaño de un sello de correos. Y si quiere sólo patatas, pues sólo patatas. He puesto el ejemplo con dos platos porque en muchas familias es la costumbre. Pero en otras se suele comer un solo plato, y me parece perfecto, y en modo alguno estoy sugiriendo que tenga que preparar dos. Cuando ya no quiere más del segundo plato, se pasa al postre. No intente sobornarla con el postre («si te acabas la carne, te doy helado de chocolate»), ni extorsionarla («hasta que no te acabes la carne no hay helado»); mucho menos ridiculizarla («bueno, aquí está el postre; pero si tanta hambre tenía la señorita, podía haber comido más carne») o culpabilizarla («claro, yo me mato en la cocina preparando la comida, pero la señora prefiere un yogur»). Si tampoco quiere postre, a jugar.
 Recuerde que el tamaño de los postres industriales está pensado para un adulto. Cuando usted come un yogur, se come uno, no media docena. No puede esperar que su hija de tres años coma lo mismo. A lo mejor se lo come, y no hay problema (pero, claro, será plato único). Pero si antes ha comido otras cosas, es poco probable que se coma más de una cuarta parte del yogur. No es razonable esperar que se lo acabe todo. Que no le vengan con tonterías de «a mí me daban dos», porque no es cierto. Del mismo modo, cuando usted come plátano, naranja o manzana, probablemente se come sólo una fruta. Nadie coge el racimo de plátanos y va arrancando, como si fueran uvas. No es razonable pretender que su hija se coma un plátano o una manzana entera, a no ser que sea plato único.
 No use tampoco el castigo de: «Pues ahora te guardo estos macarrones y hasta que no te los comas, fríos y secos o como estén, no comerás ninguna otra cosa». Para cenar, dele lo que haya de cena, como a todo el mundo. (Por supuesto, en muchos hogares se aprovechan los restos de la comida para cenar. Hágalo si es lo normal en su casa, pero no lo haga como castigo, ni lo Programa Parent & Infant - Valencia Montessori School - www.valenciamontessori.org



presente como un castigo.) Un niño de nueve meses y un plátano, a la misma escala. ¿Dónde cree que lo mete? “

 Carlos González - Mi niño no me come-

VI. Metodo del “Baby Led Weaning” ¿Qué es la alimentación complementaria a demanda? La alimentación complementaria a demanda (Baby-led weaning) es una manera de introducir comidas sólidas en su dieta, permitiendo que el bebé se alimente por si mismo – sin usar cucharas y sin purés. El bebé se sienta con el resto de la familia a la hora de la comida y se une a los demás cuando está preparado, usando primero sus manos para comer y después los cubiertos.    La alimentación complementaria a demanda: * permite al bebé descubrir sabores, texturas, colores y olores * fomenta la independencia y la confianza en si mismo * le ayuda a desarrollar y mejorar la coordinación ojo-mano y la masticación * evita las peleas a la hora de comer y las actitudes melindrosas Cualquier bebé sano puede empezar a alimentarse solo alrededor de los seis meses de edad. Sólo necesita que se le de la oportunidad de hacerlo. ¿Por qué la alimentación complementaria a demanda? La alimentación complementaria a demanda está basada en el desarrollo de los bebés durante su primer año.  Los sistemas inmunitario y digestivo de los recién nacidos no están preparados para la comida hasta que alcanzan los seis meses de edad; la leche materna (o de fórmula) es todo lo que los bebés sanos necesitan hasta eses momento. A los seis meses, los bebés son capaces de sentarse erguidos, coger pedazos de comida, llevárselos a la boca y masticarlos; es decir, se pueden alimentar ellos solos. Antes, cuando los bebés comenzaban con la alimentación complementaria a los tres o cuatro meses, se les daban purés porque eran demasiado pequeños para comer solos. 

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Si has esperado hasta los seis meses para introducir la alimentación complementaria, has superado la etapa de los purés, por lo que no los necesitarás.  ¿No se ahogará? Durante mucho tiempo, se ha recomendado a los padres que introdujeran en la dieta de sus bebés la comida en trozos a los seis meses para ayudar a que desarrollasen y fortaleciesen la masticación. La única diferencia es que con la alimentación complementaria a demanda no se ofrecen purés. Así que, siempre que se cumplan unas simples reglas de seguridad, la probabilidad de atragantamiento es la misma que con cualquier otro método de introducción de alimentos sólidos. De hecho, cuando permitimos al bebé controlar lo que se lleva a la boca, le estamos ayudando a aprender a comer de manera segura. ¿Cómo empiezo? * Sienta al bebé erguido, frente a la mesa, ya sea en tu regazo o en una trona. Comprueba que su postura es estable y que puede utilizar las manos y los brazos libremente.  * En lugar de darle la comida, ofrécesela; ponla frente al bebé o déjale que la coja de tu mano, de manera que sea él quien decida.  * Comienza con comidas que sean fáciles de agarrar: al principio, lo mejor son los palitos o las tiras. Introduce nuevas formas y texturas de manera gradual, para que tu bebé pueda descubrir cómo manejarlas.  * Incluye al bebé en las comidas familiares siempre que puedas. Cuando sea posible –y apropiado para un bebé-, ofrécele la misma comida que estés comiendo, de manera que pueda imitar lo que tú haces. * Elije los momentos en los que el bebé no esté cansado o tenga hambre, ya que así se podrá concentrar mejor. En esta etapa, la hora de la comida es para jugar y aprender, ya que el bebé seguirá obteniendo todo el alimento que necesita de la lactancia.  * Sigue ofreciéndole el pecho o el biberón como siempre. La leche es la principal fuente nutricional del bebé hasta que tiene un año. Cuando el bebé necesite menos leche, reducirá las tomas por si mismo.  * Ofrécele agua con las comidas para que pueda beber si lo necesita.

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* No distraigas o apremies al bebé mientras esté manipulando la comida; deja que se concentre y se tome su tiempo. *No le metas comida en la boca ni trates de convencerlo para que coma más. ¿Qué comidas le puedo ofrecer a mi bebé? Puedes compartir prácticamente cualquier plato saludable de la comida familiar con tu bebé. Por ejemplo: fruta, verduras, carne, queso, huevos bien hechos, pan (o tostadas), arroz, pasta y la mayoría de los pescados. Al principio, elije comidas que puedan ser cortadas fácilmente en palitos o tiras cuando el pequeño esté empezando. Si ofreces a tu bebé comidas variadas, le estás dando la oportunidad de descubrir diferentes sabores y texturas y te aseguras de que obtiene todos los nutrientes que necesita. 

Comidas a evitar * Alimentos con sal o azúcar añadidos. Lee las etiquetas cuidadosamente, ya que muchas comidas envasadas –como legumbres, empanadas o salsas- contienen grandes cantidades de sal. * Comida rápida y platos preparados. * Miel, marisco, pez espada y huevos crudos.  Consejos * No esperes que tu hijo coma demasiado al principio. Muchos bebés comen muy poco durante los primeros meses. No te obsesiones con las cantidades y piensa en la hora de la comida como un momento más de juego.  * ¡Prepárate para limpiar! Puedes poner un hule bajo la trona del bebé para proteger el suelo. Así podrás volver a ofrecerle los alimentos caídos.  * Plantéalo como algo divertido. Así tu bebé estará dispuesto a probar nuevos alimentos y estará deseando que llegue la hora de la comida.   Bebé siempre seguro

* Asegúrate de que tu bebé se sienta erguido para comer. * No le ofrezcas frutos secos o semillas enteras. * Corta por la mitad alimentos pequeños, como aceitunas o cerezas; quita los huesos. * No dejes que nadie, excepto el propio bebé, ponga comida en su boca. * Explica este método a cualquiera que cuide del bebé. * NUNCA dejes al bebé solo mientras esté comiendo

Nota

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Debes comentar los detalles de la alimentación complementaria con tu pediatra o [email protected] [email protected] si en tu familia existen antecedentes de intolerancias, alergias alimentarias, problemas digestivos o si tienes cualquier otra duda sobre la salud o el desarrollo de tu hijo.  Para más información (en inglés), visita www.baby-led.com, www.rapleyweaning.com o lee Baby-led Weaning, Helping your baby to love good food, un libro de Gill Rapley y Tracey Murkett.

“Un testimonio de primera mano ¿Qué nos contarían nuestros hijos si pudieran hablar? Tal vez algo así:
 Desde que cumplí nueve meses empecé a notar a mis padres algo pesados con la comida. Hasta entonces, mis padres me daban de comer bastante bien; pero empezaron a querer darme otra cucharada cuando yo ya había acabado, y un día intentaron meterme una cosa gelatinosa y repugnante que llamaban «sesito» y decían que era de mucho alimento. Al principio eran hechos aislados, y no le di mucha importancia. A veces, para verles contentos, me comía la cucharada de más, aunque luego me encontraba pesado toda la tarde y tenía que tomar una cucharada menos por la noche. Ahora me arrepiento, y pienso si no debí ser más estricto desde el principio. ¿Será verdad eso que dicen de que, si cedes ante tus padres aunque sólo sea una vez, se malcrían y luego siempre están exigiendo? Yo siempre había pensado que educaría a mis padres con paciencia y diálogo, lejos de los autoritarismos del pasado... pero ahora, a la vista de lo sucedido, ya no sé qué pensar.
 El verdadero problema empezó hace un mes y medio, cuando yo tenía diez. De repente, empecé a encontrarme mal. Me dolía la cabeza, la espalda y la garganta. Lo de la cabeza era lo peor, cualquier ruido resonaba y me recorría el cuerpo de abajo arriba y de arriba abajo. Cuando la abuela me decía «Cuchi Cuchi» (ella me llama Cuchi Cuchi, y a mí, la verdad, casi me gusta más que Jonathan) sentía que mi cabeza iba a estallar. Y, para colmo, en vez de desahogarme llorando, como otras veces, mi propio llanto me resonaba en los oídos y cada vez estaba peor. Esa especie de plastilina amarillenta que a veces aparece en mi pañal (no sé de dónde saldrá, pero mamá nunca me deja jugar con ella) también cambió; olía mal y me escocía el culito. Alberto, un amigo del parque, que ya tiene trece meses, me dijo que eso era un virus y que no tiene importancia; pero mis padres no deben de entender tanto de eso como Alberto, porque parecían preocupados, como si no supieran qué hacer.
 Durante casi una semana, es que no podía ni tragar. Suerte del pecho, que siempre entra bien; pero lo que es las papillas, se me ponía como una cosa aquí en la garganta que acababa vomitando. Y lo extraño es que ni siquiera tenía hambre. Yo les decía a mis padres lo que pasaba, pero no entendían nada. A veces me desespero con ellos, y pienso que ya va siendo hora de que aprenda a hablar. Todo lo entendían al revés. Yo lloraba flojito y largo, diciendo «abrázame todo el rato» y ellos me dejaban en la cuna. Yo ponía cara de «hoy, la verdad, no me apetece nada» y ellos venga a darme más comida. Yo hacía muecas de «una cucharada más y vomito» y ellos se enfadaban y gritaban, y decían no sé qué de «marranadas».
 Por suerte, el dolor de cabeza y todo eso sólo duró unos días. Pero mis padres no han vuelto a ser los mismos. Siguen empeñados en darme comida que no quiero. Y no ya una cucharada más, Programa Parent & Infant - Valencia Montessori School - www.valenciamontessori.org

como antes; ahora pretenden que coma el doble o el triple de lo normal. Se comportan de una manera muy rara; tan pronto están eufóricos y hacen el indio con la cuchara gritando «¡el avión, mira el avión, brrrrrruum!» como se ponen agresivos y me intentan abrir la boca a la fuerza, o les entra la depre y se ponen a gimotear. Pensé si no sería el virus, si no les estaría doliendo también la cabeza y la espalda. Sea lo que sea, el caso es que la hora de comer se ha convertido en un verdadero suplicio; sólo de pensarlo me entran ganas de vomitar, y se me quita la poca hambre que tengo... “

Carlos Gonzalez- Mi niño no me come-