La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia

DEPARTAMENTO CATEQUÍSTICO ARQUIDIOCESANO. ASUNCIÓN. (PARAGUAY) SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS. CÁDIZ Y CEUTA. (ESPAÑA) La Catequesis Familiar e...
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DEPARTAMENTO CATEQUÍSTICO ARQUIDIOCESANO. ASUNCIÓN. (PARAGUAY) SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS. CÁDIZ Y CEUTA. (ESPAÑA)

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia La familia Cristiana es la «Célula Madre» de la Iglesia.

La transmisión de la Fe era misión prioritaria de la familia, en Israel. Continuó en la primera Iglesia. Fue objeto de estudio en concilios como Arlés, Maguncia, París… Impulsada por San Juan Crisóstomo, Pío XI, Pablo VI, Vaticano II. Brotó y creció en América Latina. San Juan Pablo II la promovió con insistencia. Se ha potenciado en los Congresos; y Documentos de la Iglesia, Como Aparecida, que la valoran e impulsan. ¿Qué han dicho?

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia Julia Muñoz Ferrer, teóloga y catequeta con amplia experiencia pastoral: misionera durante 12 años en los Andes, al norte de Chile; los ocho últimos, responsable de una extensa parroquia de 30 pueblitos sin sacerdote. En la actualidad, continúa su labor misionera en Paraguay. Ha participado dos veces en el «Religious Education Congress» de la Archidiócesis de Los Ángeles (USA), invitada como Speaker para dirigir talleres sobre Catequesis Familiar, en la que posee una amplia experiencia. Manuel López López, diácono permanente, Licenciado en Catequética, Profesor de Religión Católica en Enseñanza Secundaria y Director del Secretariado de Catequesis de la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Este libro se edita sólo en formato digital. La nueva tecnología ha hecho posible la colaboración de dos equipos de personas, uno en Paraguay y otro en España. Los textos de prepararon y la primera maquetación, en América; y en España la maquetación y el tratamiento informático. Julia Muñoz dirigió la preparación y organización de los contenidos y Manuel López la digitalización de imágenes y maquetación final de los contenidos. Tanto el contenido como el formato hacen de este libro una obra de consulta más que de lectura continuada. Los autores sólo desean que sea ampliamente conocida, difundida y utilizada por el público de lengua española, al servicio de la catequesis familiar, que en este tiempo de nueva evangelización se presenta como una de las principales formas de catequesis del futuro. AUTORA: Julia Muñoz Ferrer. MAQUETACIÓN Contenidos y digitalización: Manuel López López COLABORADORES: ESPAÑA: Ana Amparo Gallego, Marifé Jiménez, Paula Zugarramurdi y Manuel López. PARAGUAY: Humberto Pessolani, Liliana Sánchez y Mª de los Ángeles Ortiz.

Obispado de Cádiz y Ceuta. Delegación Diocesana Secretariado Diocesano Catequesis de Familia y Vida

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Catequesis Familiar

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia ÍNDICE Interactivo. Situando el cursor, se accede al documento. ABREVIATURAS PROLOGO. Mons. Rafael Zornoza. Obispo de Cádiz y Ceuta. PRESENTACIÓN. Mons. Mario Iceta. Obispo de Bilbao. SALUDA. Mons. Juan Antonio Reig. Obispo de Alcalá de Henares.

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ANTIGUO TESTAMENTO

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El padre es el responsable de la educación de sus hijos Transmite, mediante signos, la experiencia de Dios salvador Es catequesis, en torno a la Palabra El padre enseña a los hijos por mandato de Dios Así como la experiencia de Dios pasa de padres a hijos Corrección de los hijos Desde los primeros años

NUEVO TESTAMENTO Después de Pentecostés, los creyentes Los Apóstoles Cornelio avisado por Dios En Filipos, Lidia Conversión del carcelero En Corinto Familia evangelizadora Cambia su domicilio pero no su actitud cristiana Su fe contagia Experiencia de Timoteo

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SAN JUAN CRISÓSTOMO. 349-407 Tu casa, una iglesia

PÍO XI 1922-1939 20 20

DIVINNI ILLIUS MAGISTRI.1929 Misión educativa de la familia

PABLO VI, 1963-1978 A los católicos alemanes 1964

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Oración en común de la familia

CONCILIO VATICANO II (1963-1965) La familia, Iglesia doméstica Testigos de Cristo La familia fundamento de la sociedad Santidad familiar La familia Escuela de amor Donde cada uno recibe y da La vida Es deber de todos favorecer la familia Los padres son los principales educadores También los primeros La educación moral y religiosa en las escuelas Tenemos obligación de ofrecer los medios para su formación Semillero de vocaciones Libertad religiosa en la familia 3

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia PABLO VI A PADRES DE SACERDOTES 1966 27

Honor de tener un hijo sacerdote

HUMANAE VITAE. 1968 Los Matrimonios Guía

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DOCUMENTO DE MEDELLÍN

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Familia formadora de personas Educadora en la fe

Pablo VI A LOS JÓVENES. 1968 A las madres

AL EPISCOPADO POLACO. 1968 Familia, escuela de formación cristiana

A LA UNIÓN CATÓLICA ITALIANA. 1969. Escuela y familia

III JORNADA MUNDIAL. 1969 Influencia de los medios de comunicación social en la familia

DEL SALUDO EN EL REZO DEL ANGELUS. 1969 Responsabilidad ante los medios

EN LA JORNADA MUNDIAL DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL. 1970 Responsabilidad de los padres en la formación de los jóvenes

EN EL REZO DEL ANGELUS.1970 Los padres, maestros de la fe de sus hijos

A UNA PEREGRINACIÓN DE HUNGRÍA. 1972 Familia, célula viva de la Iglesia y de la Patria

DIRECTORIUM CATECHISTICUM GENERALE. 1973 Los primeros meses y años La preparación

SÍNODO DE OBISPOS. 1974 Deben ser formados Catequesis de talante misionero

EN LA CLAUSURA DEL SÍNODO Los padres responsables de la evangelización en y de la familia

EVANGELII NUNTIANDI. 1975 Ofreciendo a los padres material y formación adecuada La familia lugar de evangelización

DEL SALUDO EN EL REZO DEL ANGELUS. 1975 La familia hogar de oración

ORIENTACIÓN PASTORAL UNIVERSITARIA Que todos los padres acepten el reto de la educación

DE LA ALOCUCIÓN «NOI PENSIANO» .1976 Preparación a los sacramentos

DE LA ALOCUCIÓN «LA VOSTRA» .1976 Educación de los hijos en la fe

DE LA ALOCUCIÓN«VOTRE PRESENCE» .1976 La misión educativa surge del matrimonio

A LOS OBISPOS DE ASTURIAS. 1977 Familia, fuente de renovación. Deben ayudarla

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia MENSAJE AL PUEBLO DE DIOS 1977 Por razón del santo bautismo Los padres deberán recibirla formación necesaria Conclusión

PABLO VI EN LA CLAUSURA DEL SÍNODO, 1977 Descubrir nuevos caminos

SAN JUAN PABLO II (1978-2005) Papel primordial de la familia en la educación humana y cristiana Hay que ayudarles La primera experiencia

DE LA HOMILÍA EN LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO JAVIER La familia. Iglesia doméstica

HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA Valores fundamentales de la familia

DOCUMENTO DE PUEBLA (Méjico) La familia, «primera responsable» de la educación de los hijos

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REDEMPTOR HOMINIS La forma fundamental

CATECHESI TRADENDAE Responsabilidad Párvulos La catequesis de adultos La acción catequética en familia es una acción insustituible

A LOS UNIVERSITARIOS La educación «en la fe» tarea y misión de la familia.

A LA CONFERENCIA EPISCOPAL ITALIANA.1980 La familia, lugar privilegiado de la catequesis y evangelización

EN BRASIL La catequesis en la familia Misión de la familia en la formación de las vocaciones

FAMILIARIS CONSORTIO.1981 Puesto central en la evangelización Comunidad de amor La más amplia comunión de la familia La madre, educadora El hombre esposo y padre Derechos del niño Los ancianos en familia El derecho-deber educativo de los padres Educar en los valores esenciales de la vida humana Misión educativa y sacramento del matrimonio La primera experiencia de Iglesia Relaciones con las otras fuerzas educativas Un servicio múltiple a la vida La familia, célula primera y vital de la sociedad Los derechos de la familia Ministerio de evangelización de la familia cristiana La familia hoy Predicar el Evangelio a toda criatura 5

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia La plegaria familiar Plegaria litúrgica y privada Plegaria y vida Acción prioritaria Preparación Formación de sus miembros Destinatarios y agentes de la comunicación social

EN LA CATEDRALDE NAGASAKI .1981 La fe transmitida en familia

JORNADA MUNDIAL MISIONERA 1981 Misión evangelizadora de la familia

A LOS OBISPOS DE PULLA Y BASILICATA 1981 La catequesis y la pastoral familiar

CONGRESO AGENTES DE PASTORAL FAMILIAR 1981 «Iglesia doméstica»: una comunidad en comunión La vocación al amor

A LOS OBISPOS DE ZARAGOZA 1982 Al servicio de la familia

EN EL SANTUARIODEL SAMEIRO (Portugal) 1982 El futuro del hombre ligado a la familia

JESÚS ES EL SEÑOR (documento) Desde el Bautismo 1982

A LAS FAMILIAS CRISTIANAS DE ESPAÑA 1982 No puede sustituir

A LOS CATEQUISTAS Y EDUCADORES CRISTIANOS Los primeros

A LOS MISIONEROS DE JAVIER Misión evangelizadora de la familia cristiana

CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO (CIC) La específica obligación de los padres Los padres y los padrinos Misión del párroco Elegir las instituciones Las escuelas Obligación gravísima, y derecho

LA CATEQUESIS DE LA COMUNIDAD La familia lugar de catequesis Participa de la misión de la Iglesia La educación de la fe es misión propia Objetivo de la catequesis familiar Nacida de la misma vida familiar Necesidad de un cambio de mentalidad Religiosidad familiar La educación familiar, y los otros ámbitos Urge su preparación

A LOS LAICOS Y EDUCADORES EN NICARAGUA Primado de la familia en educación

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia HOMILÍA EN TÉRMOLI La autoridad de los padres

A LOS OBISPOS DE LITUANIA Los jóvenes en familia

ENCUENTRO DE SEREGNO Misión de la familia en la educación de la fe

EN LA CATEDRAL DE VIENA Los primeros

CARTA DE LOS DERECHOS DE LA FAMILIA Derechos

A LA ASOCIACIÓN PARA LA FAMILIA SCHÖNSTANTT La familia, «Iglesia doméstica»

CONFERENCIA DE PASTORAL. COREA Oración en familia

HOMILÍA EN PAPÚA (NUEVA GUINEA) Escuela de virtudes cristianas

A LA CURIA ROMANA La educación católica de la juventud

A LOS OBISPOS DE PARAGUAY. Ante el año de la familia

EN LA FIESTA DEL BAUTISMO DE JESÚS Padres y padrinos

EN PIURA (PERÚ) Llamados a la conversión

EN LA PARROQUIA DE LA ASUNCIÓN (ITALIA) La oración en familia

EL CATEQUISTA Y SU FORMACIÓN Preocupación central

A PADRES DE ALUMNOS Misión de los padres cristianos

AL PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA El don de sí

EN PERTH (AUSTRALIA) Plena maduración humana

A LOS OBISPOS DE MALTA Inicio de la evangelización

A LAS ESCUELAS CATÓLICAS Deberes y derechos

A LOS OBISPOS DE NICARAGUA Catequesis familiar

CHRISTIFIDELES LAICI Otros ambientes educativos

EN CHIHUAHUA (MÉJICO) Primera comunidad de vida y amor

A UN GRUPO DE ESTUDIO SOBRE LA FAMILIA La cuna y la guardiana de la vida

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Deberes y derechos de los padres

SANTO DOMINGO (R. Dominicana) «Itinerario continuado»

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia AL CONGRESO SOBRE LA FAMILIA Y LOS MM.CC.SS. Proteger a la familia ante los medios de comunicación Colaboración mutua Promover iniciativas

A LAS FAMILIAS DE ASTI En sus casas vivan el amor El amor es Anuncio del Evangelio

MENSAJE JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ Vivir la experiencia de paz

A LOS OBISPOS DE PARAGUAY La familia, primera transmisora de la fe

DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS Los padres de familia, primeros educadores de la fe de sus hijos La familia como ámbito o medio de crecimiento en la fe

AL CELAM La Pastoral Familiar ante los graves desafíos de la sociedad.

A LOS OBISPOS DE AFRICA La Iglesia Doméstica.

A LOS PADRES Y ESPOSOS Los padres deben ayudar a responder a Cristo

AL EMBAJADOR DE NUEVA ZELANDA El futuro de la humanidad se fragua en la familia.

A LOS SACERDOTES DE AOSTA La Iglesia debe recibir con amor a los divorciados vueltos a casar

AL EMBAJADOR DE VENEZUELA La vida, la familia y la educación

A LOS OBISPOS DE MÉXICO La familia, primera escuela de la vida y de la fe La mujer, madre y primera educadora de los hijos.

EN LA ORACIÓN DEL ÁNGELUS Los padres, primeros educadores

A LA REPÚBLICA CHECA La familia, escuela fundamental de formación cristiana.

A ONCE NUEVOS EMBAJADORES ANTE LA SANTA SEDE La familia y la juventud

BENEDICTO XVI. (2005-2013) Familia fundada en el matrimonio

A SACERDOTES Y DIÁCONOS DE ROMA La familia, protagonista de la pastoral.

ENCUENTRO MUNDIAL DE FAMILIAS. VALENCIA La familia transmisora la fe

DOCUMENTO DE APARECIDA (Brasil) Sujeto de evangelización Itinerario catequético permanente La CF, en la Pastoral Familiar Derecho del hijo a contar con los padres En la mystagogia (perseverancia)

A LOS OBISPOS DEL PARAGUAY El esfuerzo misionero

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia MENSAJE FINAL DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS Vida y la misión de la Iglesia

XLVIII JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES La familia y la vocación de los hijos

A LOS OBISPOS DE FILIPINAS Los padres, primeros educadores

PAPA FRANCISCO (2013). EVANGELII GAUDIUM Donde los padres transmiten la fe

ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS Se necesita Fin del Encuentro Hispanoamericano La Luz de la Familia en un Mundo Oscuro Los Padres Primeros Catequistas Educación en Valores. Crecer en la Virtud ¿Puede Existir la Sociedad sin la Familia? La Receta

SÍNTESIS. TRES EXPRESIONES CLAVE Insustituible Iglesia Doméstica Ministerio

LA FAMILIA CRISTIANA NECESITA Ser informada de su Ministerio Educativo, porque Sea reconocido su Verdadero y Propio «Ministerio Catequético»

MINISTERIA QUAEDAM BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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RECURSOS EN VIDEO (Pinchar en el enlace)

 Intenciones del Papa Francisco para el mes de marzo 2016  Los cinco edificios que construye cada familia, según el Papa Francisco  Los números del Sínodo: 330 participantes, 17 matrimonios…      

Conclusiones del Sínodo de la Familia en 7 puntos Los 4 temas clave del próximo Sínodo de la Familia El Papa Francisco explica qué ocurrió durante el Sínodo de la Familia Papa dedica audiencia general al perdón en familia Ocho consejos del Papa Francisco para mejorar la vida en familia Los mejores mensajes del Papa sobre la familia en el viaje a Cuba y EEEUU

 El mensaje del papa Francisco en Guayaquil, Ecuador  Testimonio de dos jóvenes en Paraguay ante el Papa, sobre la familia

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 1.

ABREVIATURAS

AA Apostolicam Actuositatem. Vat II. Decreto sobre el apostolado de los seglares.1965. AG. Ad Gentes. Vat II. Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia 1965. CC. La Catequesis de la Comunidad.1983. CD. Christus Dominus. Vat II. Decreto sobre el oficio pastoral de los obispos. 1965. CEE. Conferencia del Episcopado Español. CIC Código de Derecho Canónico.1985. CEC Catecismo de la Iglesia Católica. ChL Christifideles Laici. 1988. CT Catechesi Tradendae. Exhortación de S. Juan Pablo II sobre la catequesis hoy.1979. DCG Directorium Catechisticum Generale. 1974. CEE Conferencia del Episcopado Español. DM Documento de Medellín DP Documento de Puebla. DGC Directorio General para la Catequesis, aprobado por S. Juan Pablo II, en 1997. DH Dignitatis Humanae Declaración sobre la libertad religiosa. DSD Documento Santo Domingo EG Evangelii Gaudium EN Evangelii Nuntiandi. Exhortación apostólica de Pablo VI sobre la Evangelización del Mundo Contemporáneo.1975. FC Familiaris Consortio. Exhortación Apostólica de S. Juan Pablo II. 1981. GE. Gravissimum Educationis. Vat II. Declaración sobre la educación cristiana de la juventud, 1965. GS Gaudium et Spes. Vat II. Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual 1965. HV Humanae Vitae. 1968. LG Lumen Gentium. Vat II. Constitución dogmática sobre la Iglesia. 1964. MPD Mensaje al pueblo de Dios. Documento del Sínodo de 1977 sobre la catequesis en nuestro tiempo. MQ Ministeria Quaedam OT Optatam Totius. Vat II. Decreto sobre la formación sacerdotal.1965. RM Redemotoris Missio. 1990. La Misión del Redentor. RH Redemptor Hominis. Primera encíclica de S. Juan Pablo II. 1979.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia VS

Veritatis Splendor. El esplendor de la Verdad. Francisco, 1993. Vat II Concilio Ecuménico Vaticano II. AA Decreto Apostolicam Actuositatem. Sobre el Apostolado de los Seglares o Laicos, 1965. CD. Decreto Christus Dominus. Sobre los Obispos1965. DH Declaración Dignitatis Humanae. Sobre la libertad Religiosa, 1965. DV Constitución Dogmática Dei Verbum. Sobre la Divina Revelación, 1965. GS Constitución Pastoral Gaudium et Spes. Sobre la Iglesia en el Mundo Actual, 1965. LG OT PC UR

Constitución dogmática Lumen Gentium, sobre la Iglesia en el Mundo1964 Decreto Optatam Totius. Sobre la formación Sacerdotal, 1965. Decreto Perfectae Caritatis, Vida Religiosa, 1965 decreto Unitatis Redintegratio, sobre Ecumenismo.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia

LA CATEQUESIS FAMILIAR EN LOS DOCUMENTOS DE LA IGLESIA, La familia Cristiana es la «Célula Madre» de la Iglesia 2. PROLOGO

Mons. Rafael Zornoza Boy. Obispo de Cádiz y Ceuta.

El trabajo que aquí se publica quiere ser una cómoda herramienta para comprender mejor a la familia, de modo que podamos presentar lógicamente sus fundamentos cristianos y, al fin y al cabo, su propia verdad. Me parece, por tanto, que nos ayudará a asentar la identidad de la familia, a conocer y repensar su grandeza en el plan de Dios y su bondad para el mundo, y nos facilitará el modo de proponer la visión cristiana del matrimonio en una cultura occidental que ha demolido el matrimonio natural. Si recordamos, además, que «¡el futuro de la humanidad se fragua en la familia!» (FC 86), la catequesis, como transmisión y educación de la fe, tiene una gran misión que cumplir hoy.

El problema fundamental que hoy se plantea a la propuesta cristiana del matrimonio y la familia es la reconstrucción de una teología y de una filosofía del cuerpo y de la sexualidad, que generen un nuevo empeño educativo en toda la Iglesia. Se puede decir que el empobrecimiento de la razón ha generado el empobrecimiento de la libertad. Así como desesperamos de nuestra capacidad para conocer una verdad total y definitiva, tenemos también dificultad para creer que la persona humana pueda realmente darse de modo total y definitivo, y recibir la autodonación total y definitiva del otro. Nos encontramos, pues, ante una cuestión radicalmente antropológica. Por consiguiente, es imprescindible para responder a este reto una clarificación intelectual, aceptar la verdad del hombre, de la familia y de la vida. El edificio del matrimonio ha sido destruido, o, mejor dicho, ha sido deconstruido, desmontado pieza por pieza. Se podría decir que tenemos todas las piezas, pero no el edificio. Existen todas las categorías que componen la institución matrimonial: conyugalidad, paternidad-maternidad, filiación fraternidad. Pero ya no tienen un significado unívoco. ¿Cómo se ha producido esta deconstrucción? Se ha separado cada vez más el matrimonio de la sexualidad propia de cada uno de los dos cónyuges, desbiologizándolo hasta reducirlo a una mera emoción privada, sin una relevancia pública fundamental y sin fundamento. La maternidad, por ejemplo, muchos no la entienden ya como un don, sino como un derecho. Si hemos de recobrar el matrimonio y la familia el primer cometido es recuperar que el matrimonio sacramento coincide con el matrimonio natural. Así lo enseña la doctrina católica. Ahora bien, el relativismo incapacita al hombre de hoy para percibir la verdad y, por tanto, el valor de la persona y de la sexualidad humana. Estas evidencias originarias sobre el matrimonio y la familia están inscritas en la misma naturaleza de la persona humana. La enseñanza multisecular de la Iglesia nos orienta abriéndonos a la verdad, quitando de los

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia ojos del corazón las cataratas de las ideologías que nos impiden conocer la realidad, para redescubrir que el matrimonio-sacramento y el matrimonio natural coinciden. La separación entre los dos lleva a concebir la sacramentalidad como algo añadido, extrínseco, y, por otra parte, se corre el riesgo de abandonar la institución matrimonial a la tiranía de lo artificial. En el texto que presentamos, por tanto, el pedagogo cristiano encontrará la sabiduría que necesita hoy para un trabajo teológico y filosófico que no puede ser limitado ni aplazado. Será crucial, por ejemplo, recuperar la “teología del cuerpo” presente en el magisterio de San Juan Pablo II para poder afrontar la catequesis y, sencillamente, para evangelizar. Es el momento de reconocer una vez más que la fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento último y su destino definitivo en Dios, en su amor, y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien común. Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común. Su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá: nos ayuda a edificar nuestras sociedades para que avancen hacia el futuro con esperanza (cf. LG 51). Debemos afirmar que “el que cree ve” (LF1), pero también que “la fe construye una ciudad para que vivan los hombres” (LF 51), es decir, que la fe es capaz de transformar. Tenemos que asumir la capacidad iluminadora, dialogante y transformadora de la fe cristiana, precisamente por vivir del amor eterno, que es el Logos de Dios. Es innegable que promover la evangelización como un proceso integral del ser humano ayuda a recuperar la dignidad del hombre. En este mundo que está experimentando cambios vertiginosos y el materialismo, la frivolidad y las idolatrías políticas han pasado a ocupar el espacio que antes llenaban los grandes verdades del Evangelio debemos interrogarnos: ¿hacia dónde vamos? ¿realmente progresamos? Descubriremos que el auténtico progreso solo puede estar enraizado en la Tradición, pues cuanto más crece un árbol, cuantas más ramas tiene, más se aferra a sus raíces. La gran pregunta es, pues, la misma de siempre, y la respuesta, también. La encontramos en el Evangelio y tiene un nombre propio: ¡Jesucristo!. Urge la misión evangelizadora pues la fe no es sólo la clave para la salvación eterna sino también para la salvación de nuestra sociedad. Estamos llamados a comunicar a Cristo en las periferias existenciales, pero «la futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia Doméstica» (FC 52). Debemos afirmar, por tanto, que existe el Evangelio de la Familia, como puede verse en este elenco de textos, y que es posible discernir el camino que cada familia concreta debe recorrer en su propia existencia, rica de múltiples realidades y variedad, que encuentra unidad partiendo del designio divino en la misión única de Cristo, en la comunión de la Iglesia. Solamente así será posible superar la «colonización ideológica», que es una realidad innegable a la que es necesario responder con el Evangelio de la familia, como afirma el papa Francisco.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia La acción catequética de la familia es «en cierto sentido insustituible» (Cf. Exhortación Apostólica CT 68). Siempre que la Iglesia, presente en las familias y en cada vivienda de cristianos, viva su experiencia como hicieron las primeras familias cristianas (Aquila y Priscila), será una “como Iglesia Domestica» (Vaticano II, 1964, LG 11), donde la labor catequética de los padres es como un verdadero ministerio eclesial: «El ministerio de evangelización de los padres cristianos es original e insustituible y asume las características propias de la vida familiar, hecha, como debería estar, de amor, sencillez, concreción y testimonio cristiano» (FC 53a). Espero que estos textos nos lleven al corazón del Evangelio para que se pueda llevar a cabo la conversión personal y pastoral que necesitamos, y para construir una cultura de la familia donde resplandezca la verdad, capaz de llenar los corazones y devolvernos la esperanza que supera la banalidad. Mons. Rafael Zornoza Boy. Obispo de Cádiz y Ceuta. Miembro de la Comisión del Clero. Conferencia Episcopal Española

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 3. PRESENTACIÓN En la Sagrada Escritura y a lo largo del Magisterio de la Iglesia, que es Madre y Maestra, en tanto transmisora y custodia de la Palabra de Dios, se expresa la idea clave de la evangelización que dio lugar al lema del quinto encuentro mundial de las familias en Valencia: la transmisión de la fe en la familia. Como Madre y Maestra, la Iglesia no puede sino querer procurar el bien de sus hijos. Recordar los mensajes que a lo largo de la historia se han ido sucediendo por parte de los Autores bíblicos, de los santos Padres o de los recientes escritos del Magisterio de la Iglesia, no constituye un descarnado ejercicio intelectual ni Mons. Mario Iceta. una remisión a una espiritualidad abstracta sino un práctico Obispo de Bilbao. y amable recordatorio de lo que portamos en el fondo del corazón y de lo que la humanidad se siente sedienta, comenzando por los más pequeños. Me refiero a la vocación a amar y a ser amado, que se encuentra en el núcleo de la fe cristiana, radicando este amor en el amor de un Dios que nos amó primero y que entregó su vida por nosotros. Dicha vocación en primera instancia se vive –surge y se alimenta, y enriquece, o así debería ser- en el seno de la familia donde de forma natural se da el nacimiento y desarrollo integral de la persona. Partiendo de esta realidad, podemos comprender la hermosa exclamación relatada en el libro de Ester (Est. 4, 17 m) «Mi Señor y Dios nuestro. Yo aprendí, desde mi cuna, en mi familia, que Tú, Señor, elegiste a Israel entre todos los pueblos, y a nuestros padres entre todos los antepasados, para que fueran por siempre tu heredad; y que Tú, Señor, hiciste con ellos cuanto les habías prometido». Recordando este texto nos dirá Benedicto XVI: «A Ester, su padre le había trasmitido, con la memoria de sus antepasados y de su pueblo, la de un Dios del que todos proceden y al que todos están llamados a responder. La memoria de Dios Padre que ha elegido a su pueblo y que actúa en la historia para nuestra salvación. La memoria de este Padre ilumina la identidad más profunda de los hombres: de dónde venimos, quiénes somos y cuán grande es nuestra dignidad. Venimos ciertamente de nuestros padres y somos sus hijos, pero también venimos de Dios, que nos ha creado a su imagen y nos ha llamado a ser sus hijos. Por eso, en el origen de todo ser humano no existe el azar o la casualidad, sino un proyecto del amor de Dios. Es lo que nos ha revelado Jesucristo, verdadero Hijo de Dios y hombre perfecto. Él conocía de quién venía y de quién venimos todos: del amor de su Padre y Padre nuestro» 1. La obra que tienes entre tus manos, propone un recorrido desde las Sagradas Escrituras, recordando los consejos del Deuteronomio (Dt 4, 9-10) “…, guárdate muy bien de olvidar… cuéntaselo a tus hijos y nietos…”, los cánticos o poesías de los Salmos que proclaman cómo la experiencia de Dios pasa de padres a hijos hasta el Nuevo Testamento en el que, por ejemplo, los Hechos de los apóstoles narran como “todos los días , con un solo corazón …. Partían el pan en las casas”. (Hch 2, 46) o “…. No cesaban

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BENEDICTO XVI, Homilía en la misa de clausura del V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia 9/07 2006.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia de enseñar y anunciar la Buena Nueva de Cristo Jesús en el Templo y en las casas) (Hch 5,42) De esta forma nos recuerda y va proponiendo una forma concreta y sugerente de realizar esa misión encomendada a la Iglesia doméstica, que es la familia, de transmitir la fe como el más valioso de los bienes que pueden y deben legar a sus hijos como nos recordaba en el citado encuentro mundial de Familias el Papa Benedicto XVI: «La familia se nos muestra así como una comunidad de generaciones y garante de un patrimonio de tradiciones. Ningún hombre se ha dado el ser a sí mismo ni ha adquirido por sí solo los conocimientos elementales para la vida. Todos hemos recibido de otros la vida y las verdades básicas para la misma, y estamos llamados a alcanzar la perfección en relación y comunión amorosa con los demás (…) La fe no es, pues, una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada. Aunque nadie responde por otro, sin embargo, los padres cristianos están llamados a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que la llamada de Dios y la Buena Nueva de Cristo lleguen a sus hijos con la mayor claridad y autenticidad (…) Por citar alguna otra referencia señalo la indicación sobre la necesidad de la oración en común con la familia y aludida por Pablo VI y tantas otras anotaciones como las que dimanaron de los escritos a raíz del Concilio Vaticano II. A riesgo de no citar muchas de las sugerencias, importantes y útiles llamadas o referencias que contiene este trabajo, no quisiera dejar de mencionar que dentro de la prolija información, bien ordenada cronológicamente, de forma clara y de fácil lectura, se encuentra la llamada a ofrecer a los padres, catequistas, presbíteros, diáconos… material y formación adecuada para que puedan llevar adelante con gozo la hermosa tarea que Dios les ha confiado de mantener el foco de la fe, esperanza y amor en el seno de la familia y transmitírsela con ardor a sus hijos. De las numerosas aportaciones y escritos sobre la Familia de San Juan Pablo II, se encuentran en el texto referencias concretas a la Catequesis en familia que realizó en Brasil el 5 de julio de 1980, recordando su imperiosa necesidad y cómo, de forma concreta, recuerda que los padres son los primeros catequistas de sus hijos… “los niños tienen necesidad de aprender y ver a sus padres que se aman, que respetan a Dios…”. Con estas breves anotaciones, quisiera recalcar el contenido práctico del trabajo destacando las últimas referencias a las dos Asambleas Sinodales dedicadas a la familia, así como al Encuentro mundial de Filadelfia, en el que el cardenal Sarah hace una llamada a la santidad de los padres en su intervención titulada “La luz de la Familia en un Mundo Oscuro”. En definitiva, nos encontramos ante un trabajo que compendia de forma amena y práctica la importancia y la necesidad de la catequesis familiar como ha venido siendo propuesto desde el principio por la Iglesia. Se trata de una propuesta que refleja la belleza del matrimonio y la familia y la disposición de la Iglesia a servir con humildad y decisión a las familias, recordando a los padres su tarea de primeros educadores y transmisores de la fe de los hijos procurándoles, en la medida de sus posibilidades, los medios humanos y materiales para que realicen dicha tarea en el camino de la santidad a la que todos hemos sido llamados. Mons. Mario Iceta. Obispo de Bilbao y Presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la defensa de la Vida. Conferencia Episcopal Española. 16

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 4. SALUDA En el designio de Dios la familia entra como piedra de construcción, no sólo de la sociedad humana, sino también de la misma Iglesia. La familia tiene necesidad de vivir el Sacramento del Matrimonio, para su crecimiento y su estructura orgánica tal como la ha querido su fundador, Jesucristo. Éste es el sentido de las palabras de S. Juan Pablo II cuando dice: «El matrimonio y la familia cristiana edifican a la Iglesia; en efecto, dentro de la familia, la persona humana no sólo es engendrada y progresivamente introducida mediante la regeneración por el Bautismo y la educación en la fe, es introducida también en la familia de Dios, que es la Iglesia» (FC 15). Mons. Juan Antonio Reig Pla. Obispo de Alcalá de Henares.

Así, S. Juan Pablo II invita a interpretar la obra generativa y educativa de los padres cristianos en su aspecto eclesial al servicio del crecimiento del pueblo de Dios.

Su misión educativa se revela como un verdadero y propio ministerio: «La conciencia viva y vigilante de la misión recibida con el Sacramento del Matrimonio ayudará a los padres cristianos a ponerse con gran serenidad al servicio educativo de los hijos y, al mismo tiempo, a sentirse responsables ante Dios que los llama y los envía a edificar la Iglesia en ellos. Así la familia de los bautizados, convocada como “Iglesia doméstica” por la Palabra y el Sacramento, llega a ser a la vez, como la gran Iglesia, maestra y madre» (FC 38). Las circunstancias actuales reclaman que se preste una atención especial a la catequesis familiar, ya que, como siempre, la familia es el lugar privilegiado para la transmisión de la fe. Esta catequesis supone el esfuerzo testimonial de los padres, la atención a cada uno de los hijos y la creación de un ambiente en el que se visibilicen los valores y las actitudes cristianas. El ministerio de la evangelización de los padres que compete a la familia cristiana es original e insustituible y asume las características típicas de la vida familiar, hecho, como debería estar, de amor, sencillez, comunión y testimonio cristiano (FC 53). No dudo que la obra que presentamos contribuirá a que los padres y catequistas parroquiales, tomen mayor conciencia del ministerio que se les ha confiado. Hemos de agradecer a su autora el esfuerzo por recoger los textos del magisterio y su entusiasmo por desarrollar, en el seno de la Iglesia, programas de Catequesis Familiar. Mons. Juan Antonio Reig Pla Obispo de Alcalá de Henares Miembro Subcomisión Familia y Vida Conferencia Episcopal Española.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 5. SAGRADA ESCRITURA. ANTIGUO TESTAMENTO 6. El padre es el responsable de la educación de sus hijos «Para que puedas contar a tus hijos y nietos cómo traté a los egipcios, y los signos que ejecuté en medio de ellos; así sabrán que yo soy el Señor». (Ex 10, 2b) 7. Transmite, mediante signos, la experiencia de Dios salvador «Y cuando mañana tu hijo te pregunte: ¿Qué significa esto?, le responderás: «Con mano fuerte nos sacó el Señor Yahveh de Egipto, de la esclavitud. El faraón se había obstinado en no dejarnos salir; entonces el Señor dio muerte a todos los primogénitos de Egipto, lo mismo los hombres que de animales. Por eso yo sacrifico al Señor todo primogénito macho de los animales. Pero los primogénitos de mis hijos los rescato». Te servirá como señal en el brazo en la frente de que con mano fuerte te sacó de Egipto . (Ex 13, 14-16) 8. Es catequesis, en torno a la Palabra «Pero, cuidado, guárdate muy bien de olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos. El día aquel que estuviste ante el Señor, tu Dios, en el monte Horeb, cuando me dijo el Señor: “Reúneme al pueblo y les haré oír mis palabras, para que aprendan a temerme mientras vivan en la tierra y se las enseñen a sus hijos». (Dt 4,9-10) 9. El padre enseña a los hijos por mandato de Dios «Escucha Israel, el Señor nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las inculcarás a tus hijos, les hablarás de ellas en casa, yendo de camino, acostado y levantado». (Dt 6, 4-7) 10. Así como la experiencia de Dios pasa de padres a hijos «Mi descendencia le servirá y hablará del Señor, a la generación venidera le anunciará su rectitud, al pueblo que ha de nacer, lo que él hizo». (Sal 22,31) «Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron, nuestros padres nos lo han contado: la obra que realizaste en sus días, antaño, con tus propias manos». (Sal 44, 2) «Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, no lo ocultaremos a sus hijos, lo contaremos a la generación venidera: Las glorias del Señor, su poder, las maravillas que realizó. Porque Él hizo un pacto con Jacob dando leyes a Israel: él mandó a nuestros padres que lo enseñaran a sus hijos para que lo supiera la generación venidera y los hijos que nacieran después. Que los descendientes se lo cuenten a sus hijos para que pongan en Él su confianza y no olviden las acciones de Dios, sino que guarden sus mandamientos».(Sal 78, 3-7) «Una generación pondera tus obras a la otra y le cuenta tus hazañas; alaban ellos la gloria de tu majestad».(Sal 145,4s) «La herencia del Señor son los hijos, recompensa el fruto de las entrañas»(Sal 127 126, 3) 18

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 11. Corrección de los hijos «El que ama a su hijo, le corrige sin cesar, para poderse alegrar en su futuro. El que educa a su hijo sacará provecho de él y estará orgulloso de él ante los conocidos. El que instruye a su hijo da envidia a su enemigo, y estará satisfecho ante los amigo». (Eclo 30,1-3) 12. Desde los primeros años «Mi Señor y Dios nuestro. Yo aprendí desde mi cuna, en mi familia, que tú, Señor, elegiste a Israel entre todos los pueblos, y a nuestros padres de entre todos los antepasados, para que fueran por siempre tu heredad; y que tú, Señor, hiciste con ellos cuanto les habías prometido». (Ester 4,17m) 13. NUEVO TESTAMENTO 14. Después de Pentecostés, los creyentes «Todos los días, con un solo corazón, frecuentaban asiduamente el Templo, partían el pan en las casas».(Hch 2,46) 15. Los Apóstoles «Todos los días no cesaban de enseñar y anunciar la Buena Nueva de Cristo Jesús en el Templo y en las casas» (Hch 5,42) 16. Cornelio avisado por Dios «Manda a buscar en Joppe a Simón, llamado Pedro, quién te dirá palabras que traerán la salvación para ti y para toda su casa». (Hch 11,13b14) 17. En Filipos, Lidia «Bautizada con toda su familia».(Hch 16,15) 18. Conversión del carcelero «Ellos le dijeron: “Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y tu familia”…Fue enseguida bautizado él y todos los suyos. Y subiéndolos a su casa, puso la mesa, y se regocijó con toda su familia de haber creído en Dios». (Hch 16,31-34) 19. En Corinto «Crispo, el jefe de la Sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia» (Hch 18,8). 20. Familia evangelizadora Pablo habla de dos cónyuges, Aquila y Priscila que siguieron al apóstol, le acogieron en su casa a él y a la comunidad naciente. Su hospitalidad fue el primer nido donde surgieron y crecieron las primeras comunidades. Iglesias particulares, germen exclusivo y universal de la Iglesia de Cristo.

«Saluden a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo, los cuales por mi vida, expusieron sus cabezas; y no solo yo les estoy agradecido, sino también todas las

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia iglesias de los gentiles. Saluden también a la comunidad que está en su casa». (Rm 16,35a).

21. Cambia su domicilio pero no su actitud cristiana «Les saludan las iglesias de Asia. Les mandan muchos saludos Aquila y Priscila con la Iglesia que está en su casa».(1 Co 16,19). 22. Su fe contagia «Saluda a Priscila y Aquila y a la casa de Onesíforo». (2 Tm 4,19) «Que el Señor conceda misericordia a la casa de Onesíforo, porque muchas veces me ha reconfortado». (2 Tm 1,16) 23. Experiencia de Timoteo En Listra, Timoteo, discípulo de Pablo, obispo, hijo de madre judía pero de padre griego, es educado en la fe por su abuela y su madre: «Teniendo en cuenta la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy persuadido de que también arraigó igualmente en ti ». (2 Tm 1,5) 24. SAN JUAN CRISÓSTOMO Año 349-407

25. Tu casa, una iglesia Haz de tu casa una Iglesia: ya que tendrás que rendir cuentas de la salvación de tus hijos y de tus siervos (In Ep Eph 20,6 PG 62,143). Vuelto a tu casa prepara una doble mesa: una la de los alimentos, la otra la de la Sagrada lectura… que los hijos la escuchen y… de este modo harás de tu casa una Iglesia. (Hom in Gen 6, 2 PG 54, 607) A lo largo de toda la Historia, la Iglesia ha insistido sobre la responsabilidad de los padres en la educación de la fe de sus hijos. Sería prolijo indicar las referencias de Concilios, Sínodos Nacionales, Sínodos Provinciales etc., por eso dando un gran salto, indicaremos solamente los documentos del Magisterio más reciente. 26. PÍO XI. DIVINNI ILLIUS MAGISTRI, 31 de Diciembre de 1929

27. Misión educativa de la familia 25. En primer lugar, la misión educativa de la familia concuerda admirablemente con la misión educativa de la Iglesia, ya que ambas proceden de Dios de un modo muy semejante. Porque Dios, comunica inmediatamente a la familia, en el orden natural, la fecundidad, principio de vida y, por tanto, principio de educación para la vida, junto con la autoridad, principio del orden. 26. El Doctor Angélico dice a este propósito con su acostumbrada nitidez de pensamiento y precisión de estilo: «El padre carnal participa de una manera particular de la noción de principio, la cual de un modo universal se encuentra en Dios… El padre es 20

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia principio de la generación, de la educación y de la disciplina y de todo lo referente al perfeccionamiento de la ida humana».2 27. La familia recibe, por tanto, inmediatamente del Creador la misión, y, por esto mismo, el derecho de educar a la prole; derecho irrenunciable por estar inseparablemente unido a una estricta obligación; y derecho anterior a cualquier otro derecho del Estado y de la sociedad, y, por lo mismo, inviolable por parte de toda potestad terrena. 28. El Doctor Angélico declara así la inviolabilidad de este derecho: «El hijo es naturalmente algo del padre…; por esto es de derecho natural que el hijo, antes del uso de la razón, esté bajo el cuidado del padre. Sería, por tanto, contrario al derecho natural que el niño antes del uso de razón fuese substraído al cuidado de los padres o se dispusiera de él de cualquier manera contra la voluntad de los padres 3». Y como la obligación del cuidado de los hijos pesa sobre los padres hasta que la prole se encuentra en situación de velar por sí misma, perdura también durante el mismo tiempo el inviolable derecho educativo de los padres. «Porque la naturaleza—enseña el Angélico—no pretende solamente la generación de la prole, sino también el desarrollo y progreso de ésta hasta el perfecto estado del hombre en cuanto hombre, es decir, el estado de la virtud4». 29. Por esto en esta materia la sabiduría jurídica de la Iglesia, se expresa con precisión y claridad sintética en el Código de Derecho canónico: «Los padres tienen la gravísima obligación de procurar, en la medida de sus posibilidades, la educación de sus hijos, tanto la religiosa y la moral como la física y la cívica, y de proveer también a su bienestar temporal». 30. En este punto es tan unánime el sentir común del género humano, que se pondrían en abierta contradicción con éste cuantos se atreviesen a sostener que la prole, antes que a la familia, pertenece al Estado, no advirtiendo que, antes de ser ciudadano, el hombre debe existir y la existencia no se la ha dado el Estado, sino los padres, como sabiamente declara León XIII: «Los hijos son como algo del padre, una extensión, en cierto modo, de su persona: y, si queremos hablar con propiedad, los hijos no entran a formar parte de la sociedad civil por sí mismos, sino a través de la familia dentro de la cual han nacido5». Por consiguiente, como enseña León XIII en la misma encíclica, «la patria potestad es de tal naturaleza, que no puede ser absorbida por el Estado, porque tiene el mismo principio que la vida misma del hombre». De lo cual, sin embargo, no se sigue que el derecho educativo de los padres sea absoluto o despótico, porque está inseparablemente subordinado al fin último y a la ley natural y divina, como declara el mismo León XIII en otra de sus memorables encíclicas sobre los principales deberes del ciudadano cristiano, donde expone en breve síntesis el conjunto de los derechos y deberes de los padres: «Los padres tienen el derecho natural de educar a sus hijos, pero con la obligación correlativa de que la educación y la enseñanza de la niñez se ajusten al fin para el cual Dios les ha dado los hijos. A los padres toca, por tanto, rechazar con toda energía cualquier atentado en esta materia, y conseguir a toda costa

1 SANTO TOMAS, SummaTheologica 2-2 q.102 a.i.. 3 SANTO TOMAS,, P.C., 2-2.q10 a.12. 4 SANTO TOMAS,, O.C., Suppl. q.41 a.j. 5 LEON XIII, encíclica RerumNovarum 15 de mayo 1890.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia que quede en sus manos la educación cristiana de sus hijos, y apartarlos lo más lejos posible de las escuelas en que corren peligro de beber el veneno de la impiedad6». 31. Hay que advertir, además que el deber educativo de la familia comprende no solamente la educación religiosa y moral, sino también la física y la civil, principalmente en todo lo relacionado con la religión y la moral. 32. Este derecho incontrovertible de la familia ha sido reconocido jurídicamente varias veces por las naciones que procuran respetar santamente el derecho natural en sus ordenamientos civiles. Y para citar un ejemplo entre los más recientes, el Tribunal Supremos de la República Federal de los Estados Unidos de América del Norte, al resolver una gravísima controversia, declaró que «el Estado carece de todo poder general para establecer un tipo uniforme de educación para la juventud, obligándola a recibir la instrucción solamente de las escuelas públicas»; añadiendo a continuación la razón de derecho natural: «El niño no es una mera criatura del Estado; quienes lo alimentan y lo dirigen tienen el derecho, junto con el alto deber, de educarlo y prepararlo para el cumplimiento de sus deberes». 33. La historia es testigo de cómo, particularmente en los tiempos modernos, los gobiernos han violado y siguen violando los derechos conferidos por el Creador del género humano a la familia; y es igualmente testigo irrefutable de cómo la Iglesia ha tutelado y defendido siempre estos derechos; y es una excelente confirmación de este testimonio de la historia la especial confianza de las familias en las escuelas de la Iglesia, como hemos recordado en nuestra reciente carta al cardenal secretario de Estado: «La familia ha caído de pronto en la cuenta de que es así como, desde los primeros tiempos del cristianismo hasta nuestros días, padres y madres aun poco o nada creyentes mandan y llevan por millones a sus propios hijos a los establecimientos educativos fundados y dirigidos por la Iglesia».

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LEON XIII, encíclica Sapientia echistianae 22. 10 enero 1890.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 28. PABLO VI, 1963-1978 DEL RADIOMENSAJE A LOS CATÓLICOS ALEMANES

Stuttgart, 6 septiembre 1964

29. Oración en común de la familia 10. (…) Cultiven conscientemente la oración en común en su familia. Tengan el coraje de guardar el matrimonio y la familia de acuerdo con la ley de Dios y la bendición del Señor no les faltará. Formen una atmósfera en donde sea posible escuchar la llamada de Dios al sacerdocio y a la vida religiosa. 30. CONCILIO VATICANO II Textos promulgados entre 4-12-1963 al 7-12-1965

31. La familia, Iglesia doméstica Los cónyuges cristianos, en virtud del sacramento del matrimonio, por el que manifiestan y participan del misterio de la unidad y del fecundo amor entre Cristo y la Iglesia, se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de los hijos, y, por tanto tienen en su condición y estado de vida su propia gracia en el pueblo de Dios. Pues, de esta unión conyugal procede la familia, en que nacen los nuevos ciudadanos de la sociedad humana, que por la gracia del Espíritu Santo quedan constituidos por el Bautismo en hijos de Dios, para perpetuar el pueblo de Dios en el correr de los tiempos. En ésta como Iglesia doméstica los padres han de ser para con sus hijos los primeros predicadores de la fe, tanto con su palabra como con su ejemplo, y han de fomentar la vocación propia de cada uno y con especial cuidado la vocación sagrada (LG 11). 32. Testigos de Cristo Cristo, el gran profeta, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, a través de la Jerarquía y de los laicos a quienes, por ello, constituye en testigos y les ilumina con el sentido de la fe y la gracia de la palabra, para que la virtud del Evangelio brille en la vida cotidiana, familiar y social… En este quehacer es de gran valor aquel estado de vida que está santificado por un especial sacramento, es decir, la vida matrimonial y familiar. En él se da un ejercicio y una hermosa escuela para el apostolado de los laicos, cuando la religión cristiana penetra toda la institución de la vida y la transforma más cada día. Aquí los cónyuges tienen su propia vocación: el ser mutuamente y para sus hijos, los testigos de la fe y del amor de Cristo. La familia cristiana proclama muy alto tanto las presentes virtudes del Reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada. Y así con su ejemplo y testimonio, arguye al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad… Por ello, trabajen lo laicos celosamente por conocer más profundamente la verdad revelada e impetren insistentemente de Dios el don de la sabiduría. (LG 35)

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 33. La familia fundamento de la sociedad El Creador de todas las cosas estableció la sociedad conyugal como principio y fundamento de la sociedad humana, y la convirtió por su gracia en sacramento grande en Cristo y en la Iglesia (cf. Ef 5,32). Por ello, el apostolado de los cónyuges y de la familia tiene una importancia trascendental tanto para la Iglesia como para la sociedad civil. Los cónyuges cristianos son mutuamente para sí, para sus hijos y demás familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Ellos son para sus hijos los primeros predicadores de la fe y de los primeros educadores; los forman con su palabra y con su ejemplo para la vida cristiana y apostólica, les ayudan con prudencia en la elección de su vocación y cultivan con todo esmero la vocación sagrada, que quizá se ha descubierto en ellos. 34. Santidad familiar Siempre fue deber de los cónyuges y constituye hoy la parte más importante de su apostolado el manifestar y demostrar con su vida la indisolubilidad y la santidad del vínculo matrimonial, el afirmar abiertamente el derecho y la obligación de educar cristianamente a la prole, propio de los padres y tutores; el defender la dignidad y legítima autonomía de la familia. Cooperen por tanto ellos y los demás cristianos con los hombres de buena voluntad a que se conserven incólumes estos derechos en la legislación civil (…) La familia ha recibido de Dios esta misión: ser la primera y vital célula de la sociedad, y esta misión se cumplirá si, mediante el mutuo afecto de los miembros y la oración elevada a Dios en común, se muestra como santuario doméstico de la Iglesia… Para lograr más fácilmente los fines de su apostolado, puede ser conveniente que las familias se reúnan por grupos (AA 11). 35. La familia Escuela de amor La formación para el apostolado debe empezar desde la primera educación de los niños. En la familia, es obligación de los padre el disponer a sus hijos desde la niñez para el conocimiento del amor hacia todos los hombres, enseñarles gradualmente, sobre todo, con el ejemplo, la solicitud por las necesidades del prójimo, tanto de orden material como espiritual. Toda la familia y vida común sea como una iniciación al apostolado. 24

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia Es necesario, además, educar a los niños para que, rebasando los límites de la familia, abran su alma a las comunidades tanto eclesiásticas como temporales. Deben ser incorporados a la comunidad de que son miembros vivos y activos del Pueblo de Dios. (AA 30)

36. Donde cada uno recibe y da Los esposos, adornados de la dignidad y del papel de la paternidad y maternidad, cumplirán entonces con diligencia su deber de educadores, sobre todo en el campo religioso, que toca a ellos principalmente. Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen a su modo a la santificación de los padres. (GS 48) 37. La vida

El cultivo auténtico del amor conyugal y de toda la estructura de la vida familiar que de él deriva, sin dejar de lado los demás fines del matrimonio, tienden a capacitar a los esposos para cooperar con fortaleza de espíritu con el amor del Creador y del Salvador , quien por medio de ellos aumenta y enriquece diariamente su propia familia. En el deber de transmitir la vida humana y de educarla, lo cual hay que considerar como su propia misión, los cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creador y como sus intérpretes (GS 50). 38. Es deber de todos favorecer la familia El derecho de los padres a la procreación y educación de la prole en el seno de la familia se ha de proteger. (GS 52) Incumbe a cada hombre el deber de conservar su papel de persona humana integral (…) valores que se fundan todos ellos en Dios creador y que han sido maravillosamente sanados y elevados en Cristo. La primera fuente alimentadora de esta educación es, ante todo, la familia. En ella los hijos, rodeados de amor, descubren más fácilmente el verdadero sentido de las cosas. (GS 61) 39. Los padres son los principales educadores Los padres, al haber dado la vida a los hijos, se deben gravísimamente a la educación de la prole y, en consecuencia, se deben reconocer como los primeros y principales educadores. Su papel en la educación es de tal peso que, en lo que falta la acción de ellos, difícilmente pueden ser suplidos. Pues de los padres, es crear en la familia el ambiente de amor y de piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca a la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es, por lo tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, de que todas las sociedades necesitan. Sobre todo en la familia cristiana, que el matrimonio está enriquecida con la gracia y con el deber del sacramento, es necesario que ya desde los primeros años de los hijos sean enseñados a sentir a Dios, a tratar con Él y a amar al prójimo conforme a la fe que recibieron en el bautismo. En ella sienten la experiencia de 25

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia una sana sociedad humana y de la Iglesia. Por medio de la familia, en fin, se van introduciendo suavemente en la sociedad civil y en el Pueblo de Dios. Dense cuenta, pues, los padres de la gran importancia que la familia verdaderamente cristiana tiene para la vida y el desarrollo del mismo pueblo de Dios. La tarea de impartir la educación, que corresponde primariamente a la familia, necesita de la ayuda de toda la sociedad. (GS 3) 40. También los primeros Los padres, sobre quienes recae la primera obligación y el primer derecho, ambos inalienables, de educar a los hijos (GE 6). 41. La educación moral y religiosa en las escuelas Consciente además de su gravísima obligación de cuidar diligentemente la educación moral y religiosa de todos sus hijos, la Iglesia debe hacer presente con su peculiar afecto y con su ayuda a los muchísimos que se educan en escuelas no católicas: por el testimonio de la vida de aquellos que les enseñan y dirigen, por la acción apostólica de los condiscípulos, y sobre todo por el ministerio de los sacerdotes y seglares que les enseñan la doctrina de la salvación, en forma proporcionada a la edad y a las circunstancias, y les prestan ayuda espiritual con actividades acomodadas a la realidad del momento. A los padres, les recuerda el grave deber que les atañe de disponer, y aun de exigir, todo lo necesario para que sus hijos puedan disfrutar de tales ayudas y para que progresen en la formación cristiana armónicamente a igual paso que en la profana, por esto, la Iglesia alaba a aquellas autoridades civiles que, en razón del pluralismo de la actual sociedad y atendiendo a la debida libertad religiosa, ayudan a la familias para que en todas las escuelas puedan darse a sus hijos una educación conforme con los principios morales y religiosos de las familias. (GE 7) 42. Tenemos obligación de ofrecer los medios para su formación Que los catequistas se preparen debidamente para este menester, de suerte que conozcan debidamente la doctrina de la Iglesia y aprendan, en la teoría y prácticamente, las leyes psicológicas y las disciplinas pedagógicas. Esfuércense también en restablecer o adaptar mejor la instrucción de los catecúmenos adultos. (CD 14). 43. Semillero de vocaciones Las familias animadas con espíritu de fe, de caridad y de piedad, constituyen el primer seminario (OT 2). 44. Libertad religiosa en la familia Cada familia, en cuanto es sociedad, que goza de un derecho propio y primordial, tiene derecho a ordenar libremente su vida religiosa doméstica bajo la dirección de los padres. A ellos corresponde el derecho de determinar la formación religiosa que se ha de dar a sus hijos, según las propias convicciones religiosas (DH 5). 26

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 45. PABLO VI A PADRES DE SACERDOTES Audiencia General, 4 mayo 1966

46. Honor de tener un hijo sacerdote 4. ¡Cuánto respeto profesa la Iglesia a los padres de sus sacerdotes! ¿Con cuanta estima los rodea! 5. A continuación de un Concilio que se ha ocupado en dos importantes documentos «de la vida y del ministerio de los sacerdotes» y «de la formación sacerdotal», la Iglesia se vuelve hacia ustedes con más confianza aún que en el pasado. Ella siente la necesidad de que le ayuden a asegurar al sacerdocio una fecundidad cada vez mayor: la de los hijos de ustedes, en primer término, pero también dando a sus horizontes la extensión del mundo, la de todos los ministros de Dios, que en todas partes necesitan la intercesión y el ejemplo de ustedes. 47. HUMANAE VITAE Carta Encíclica. Julio 1968

48. Los Matrimonios Guía 26. Entre los frutos logrados (…) uno de los más preciosos es que los cónyuges no rara vez sienten el deseo de comunicar a los demás su experiencia. Una nueva e importantísima forma de apostolado entre semejantes se inserta de este modo en el amplio cuadro de la vocación de los laicos: los mismos esposos se convierten en guía de otros esposos. Ésta es sin duda, entre las numerosas formas de apostolado, una de las que parecen más oportunas. 49. DOCUMENTO DE MEDELLÍN II Conferencia General del Episcopado. Latinoamericano Septiembre 1968

50. Familia formadora de personas 5. Esta misión de ser célula primera y vital de la sociedad, la familia la ha recibido directamente de Dios. Es, pues, deber de los padres, crear un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezcan la educación integra, personal y social de los hijos. 51. Educadora en la fe 6. Los esposos cristianos son para sí mismo, para sus hijos y demás familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Son para sus hijos los primeros educadores, y debe inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios y realizar esta misión mediante la palabra y el ejemplo, de tal manera gracias a los padres que precederán con el ejemplo y la oración en familia, los hijos y aún los demás que viven en el círculo familiar encontraran más fácilmente el camino del sentido humano, de la salvación y de la santidad. 27

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 13.Procurar, desde los años de la adolescencia, una sólida educación para el amor, que integre y al mismo tiempo sobrepase la simple educación sexual, inculcando en los jóvenes de ambos sexos la sensibilidad y la conciencia de los valores esenciales: el amor, el respeto y el don de sí. 14. Difundir las ideas y facilitar en la práctica una preparación para el matrimonio accesible a todos los que se van casar y tan integral como sea posible: física, sicológica, jurídica, moral y espiritual. 15. Elaborar y difundir una espiritualidad matrimonial basada al mismo tiempo en una clara visión del laico en el mundo y en la iglesia, y en una teología del matrimonio como sacramento. 52. Pablo VI A LOS JÓVENES CULTIVADORES Audiencia General, 4 diciembre 1968

53. A las madres 2. A ustedes, mujeres, está confiada la parte más difícil, por más oculta, de asegurar a sus familias, de hoy y de mañana, el calor del afecto, la seguridad de los cuidados educativos, el enderezamiento de las costumbres cristianas, el fervor de la piedad y la riqueza de la fe. 54. AL EPISCOPADO POLACO Alocución, 7 diciembre 1968

55. Familia, escuela de formación cristiana Bien sabemos que por las privadas iniciativas de ustedes, toda familia católica quiere hacerse una escuela de instrucción religiosa y de formación cristiana. Les auguramos también que surjan en el seno de estas familias vocaciones sacerdotales y religiosas abundantes. 56. A LA UNIÓN CATÓLICA ITALIANA DE ENSEÑANZA

SECUNDARIA

Alocución, 10 febrero 1969

57. Escuela y familia 10. como profesores católicos, en una perspectiva de renovación de las estructuras escolares, no pueden pasar por alto la necesaria relación entre la escuela y la familia para una continuidad educativa. La familia… posee una prioridad de naturaleza y, en consecuencia, una prioridad de derecho-deber en el campo educativo con relación a la sociedad. Ésta no puede y no debe renunciar a este derecho. Por esto es necesario que, junto a los profesores y a los alumnos, también las familias estén presentes en la escuela y sean responsables de la orientación educativa de la comunidad escolar. Por desgracia, hasta hoy la familia en Italia ha estado prácticamente casi ausente de la escuela.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia No siempre se ha pedido la colaboración consciente de los padres; e incluso cuando se ha planteado el problema de las relaciones entre las dos instituciones, se ha hecho más desde el punto de vista del interés práctico o puramente cultural que del interés educativo. Hacemos votos para que la unión de ustedes llame eficazmente la atención de las familias y de las autoridades responsables sobre este problema. Cuando este intercambio de energías vitales pueda celebrarse también en el plano de la concepción cristiana de la vida, entonces los resultados serán de particular importancia para el bien común, porque en este caso se favorecerá la formación del hombre, del ciudadano y del cristiano de una manera más interior y más unitaria. 58. III JORNADA MUNDIAL DE COMUNICACIONES SOCIALES 7 de Abril de 1969

59. Influencia de los medios de comunicación social en la familia 1. (…) Y ¿Quién podría decir hoy que no le afecta un fenómeno tan universal como la expansión creciente de la prensa, de la radio, del cine y la televisión, y que no le alcanza la influencia que ejercen en el seno de las familias? 2. Ya desde el comienzo se impone una constatación, y es que estos instrumentos de comunicación social penetran hasta el corazón de la intimidad familiar, imponen sus horarios, hacen modificar las costumbres, proporcionan abundantes temas de conversación y discusión y, sobre todo, influyen en la psicología de quienes los utilizan, a veces profundamente, tanto bajo el aspecto afectivo e intelectual como en el campo moral y hasta religioso. Puede decirse que ya no hay noticia ni problema que no llegue al centro mismo de la vida familiar, sea por medio de la letra impresa, sea por el sonido o la imagen, y que no influya por este medio en la conducta de cada uno, suscitando las reacciones más diversas. 3. Las ventajas de esta nueva situación son innegables. No hay duda de que se estimula la evolución intelectual de los jóvenes, que su patrimonio cultural se enriquece, que su espíritu y su corazón se abren fácilmente a los grandes problemas de la comunidad humana, la paz, la justicia y el desarrollo. Pero es igualmente evidente que la fuerza de persuasión de estos medios nuevos se puede ejercer para bien o para mal; además de que, por otra parte, el abuso aun simplemente cuantitativo de programas audiovisuales puede llegar a perjudicar los valores de la vida de familia y producir el aislamiento de las personas en vez de la unión. Por ello es menester enseñar a las almas el uso inteligente de estas fuentes de enriquecimiento cultural, enseñanza que constituirá un nuevo capítulo a añadir en la tarea tradicional de los educadores. Ha llegado la hora de que la familia proceda a su «aggiornamento» en este punto, y con la indispensable colaboración de los educadores, se preocupe cada vez más de educar las conciencias a fin de que se sepan emitir juicios personales, serenos y objetivos que los lleve a aceptar o rechazar unos u otros de los varios programas ofrecidos.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 4. Pero no basta esta labor educativa. Es preciso, además, establecer un diálogo permanente entre las familias y los responsables de los medios de comunicación social. Las familias deben, sí, dar a conocer sus deseos y sus críticas, pero también al mismo tiempo, han de mostrar comprensión hacia quienes les proporcionan diariamente elementos de cultura o de diversión a costa de grandes fatigas. 5. A su vez, los productores deben conocer y respetar las exigencias de la familia. Esto supone en ellos, a veces una gran valentía y siempre un hondo sentido de responsabilidad. En efecto, deben oponerse por un lado a cuanto pueda herir la familia en su existencia, su estabilidad, su equilibrio y su felicidad, ya que todo atentado a los valores fundamentales de la familia, se trate de erotismo o de violencia, de apología del divorcio o de actitudes antisociales de los jóvenes, constituye también un atentado al verdadero bien del hombre y de la sociedad, es decir, el don de sí a un gran ideal, el sentido de sacrificio, el heroísmo oscuro de los deberes cotidianos. 6. Invitamos a todas las familias a colaborar con las asociaciones que dan a conocer en un diálogo continuado a los responsables de la comunicación social, sus aspiraciones y sus exigencias justas. Ojalá esta «Jornada mundial» señale el comienzo del diálogo fecundo y constructivo, anuncio de un porvenir más sereno en este sector tan atormentado de la vida moderna.

60. DEL SALUDO EN EL REZO DEL ANGELUS Roma, 18 de mayo 1969

61. Responsabilidad ante los medios 2. Nos ha sido presentado el problema de las comunicaciones sociales, es decir, de la prensa, del cine, de la radio, de la televisión. Y se nos ha invitado a considerar este problema en orden a la familia, primero y sagrado núcleo social en el que la existencia humana se abre, se forma, se define. Es el nido de la casa, es la primera escuela de la vida, es el santuario de la familia, aquel en que se forma en primer lugar la personalidad del hombre, aquel en que el modo de vivir y de pensar se convertirá en costumbre, el que está invadido por la irrupción de estas «Comunicaciones sociales», voces e imágenes que influyen en la psicología, ya individual o familiar, si no son vigiladas y seleccionadas y si al mismo tiempo no se someten -he aquí la nueva tarea de la familia sana y cristiana- a una reflexión, a una crítica, a una selección, a un juicio de valor moral. 3. Padres y madres, he aquí un deber nuevo para ustedes, el de convertirse en críticos valientes y jueces serenos de estas formidables «Comunicaciones sociales», que invaden su hogar.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 62. EN LA JORNADA MUNDIAL DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL 6 de abril de 1970

63. Responsabilidad de los padres en la formación de los jóvenes 4. ¿Es necesario recordar una vez más que el fenómeno cobra cada día mayor amplitud? La prensa, la radio, la televisión, tienden a neutralizar e incluso a suplantar cuanto las generaciones de ayer transmitían a sus herederos valiéndose de los medios tradicionales de la cultura: el trato familiar, la acción educadora de la escuela y de la parroquia (…) Hoy entran en juego nuevas fuentes del saber y de la cultura, que por su ingente poder de penetración, alcanza con su impacto tanto la sensibilidad como la inteligencia, con todo el cortejo de resonancias imaginativas e ideológicas provocadas por las imágenes sonoras y visuales. 7. Tarea en verdad apasionante la de quienes manejan estos medios gigantescos, al ponerlos al servicio de los jóvenes. Pero, ¿de qué servirá todo ello si los padres y educadores no ayudan a los jóvenes a elegir, a juzgar, a asimilar lo que se les propone. Y así ser capaces de formarse como hombres y como cristianos cabales? De no ser así, los jóvenes corren el riesgo de permanecer pasivos, fascinados, por así decirlo, ante aquellas poderosas solicitaciones, traídos y llevados por deseos encontrándose incapaces de domeñarlos con carácter. 64. EN EL REZO DEL ANGELUS Roma, 6 septiembre 1970

65. Los padres, maestros de la fe de sus hijos 4. Y los padres ¿dónde están? ¿No son ellos los primeros maestros de sus hijos? Si ellos están asociados a la responsabilidad y al ministerio de la Iglesia para iniciar a sus hijos en la fe o en la oración. 66. A UNA PEREGRINACIÓN DE HUNGRÍA Roma, 24 mayo 1972

67. Familia, célula viva de la Iglesia y de la Patria 18. (…) Deseamos tener un recuerdo especial para las familias, células vivas de la Iglesia y de la Patria. De ellas, en efecto, las generaciones que surgen reciben su primera formación, la impronta destinada a permanecer o, al menos, a dejar una huella profunda en toda su vida, en su pensamiento y en su actuación. 19. (…) Que a vuestro niños y a vuestros jóvenes no falte, junto a una adecuada preparación cultural, profesional y cívica, el inestimable beneficio de una auténtica instrucción y educación religiosa. 68. DIRECTORIUM CATECHISTICUM GENERALE Roma, marzo 1973

69. Los primeros meses y años 78. En familias creyentes, los primeros meses y años de la vida, importantísimos para el equilibrio del hombre futuro, pueden proporcionar ya las bases de la personalidad cristiana. El bautismo de niños cobra todo su sentido cuando la vida cristiana de los padres, ofrece a la gracia bautismal la posibilidad de fructificar (…) 31

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 70. La preparación Se debe fomentar la adecuada intervención de los padres cristianos ayudados por una formación apropiada que hay que darle: esta formación, por sencilla y acomodada que sea a su nivel cultural, debe confiarse a competentes educadores (…) pues la Iglesia se construye cuando los padres reciben ayuda para cumplir rectamente su misión. 71.

SÍNODO DE OBISPOS

Roma 1974 sobre «Evangelización»

72. Deben ser formados Los laicos deben ser formados convenientemente, para que puedan ser a su vez, formadores y animadores, no se debe dejar de lado la misión específica de la mujer en el seno de la familia para la educación religiosa de los hijos 73. Catequesis de talante misionero El Episcopado español ha asumido la tarea de impulsar decididamente la renovación pastoral en una línea evangelizadora. (Cardenal Enrique Tarancón)

74. EN LA CLAUSURA DEL SÍNODO S.S. Pablo VI. Roma, 26 octubre 1974

75. Los padres responsables de la evangelización en y de la familia 7. Pero se ha puesto también de relieve que los (…) padres, son responsables de la evangelización… 22 (…) Pero se extiende también a los padres, los primeros colaboradores, para predicar el Evangelio de la Iglesia evangelizadora, en su misma familia, o sea, «Iglesia doméstica» (LG 11). 76. EVANGELII NUNTIANDI LA EVANGELIZACIÓN DEL MUNDOCONTEMPORÁNEO

La exhortación apostólica es fruto de los trabajos del Sínodo Episcopal de 1974, asumidos y elaborados por el Papa Pablo VI en 1975

77. Ofreciendo a los padres material y formación adecuada

44. Con toda seguridad, el esfuerzo de evangelización será gravemente provechoso, a nivel de la enseñanza catequética dada en la Iglesia, en las escuelas donde sea posible o, en todo caso en los hogares cristianos, si los catequistas disponen de medios adecuados, puestos al día sabia y competentemente, bajo la autoridad de los obispos. Los métodos deberán ser adaptados a la edad, a la cultura, a la capacidad de las personas, tratando de fijar siempre en la memoria, la inteligencia y el corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la vida entera.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia Ante todo es menester preparar buenos catequistas –catequistas parroquiales, instructores, padres—deseosos de perfeccionarse en este arte superior, indispensable y exigente que es la enseñanza religiosa. Por lo demás, sin necesidad de descuidar de ninguna manera la formación de los niños, se observa que las condiciones actuales hacen cada día más urgente la enseñanza catequética bajo la modalidad de un catecumenado para un gran número de jóvenes y adultos… 78. La familia lugar de evangelización 71. En el seno del apostolado evangelizador de los seglares es imposible dejar de subrayar la acción evangelizadora de la familia. Ella ha merecido muy bien en los diferentes momentos de la historia y en el Concilio Vaticano II, el hermoso nombre de «Iglesia doméstica». Esto significa que en cada familia cristiana deberían reflejarse los diversos aspectos de la Iglesia entera. Por otra parte, la familia, al igual que la Iglesia debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde este irradia. Dentro, pues, de una familia consciente de esta misión, todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados. Los padres no sólo comunican a los hijos el Evangelio, sino que pueden a su vez recibir de ellos este mismo Evangelio profundamente vivido. También las familias formadas por un matrimonio mixto, tiene el deber de anunciar a Cristo a los hijos en la plenitud de las implicaciones del Bautismo común; tiene además la no fácil tarea de hacerse artífices de la unidad. Una familia así se hace evangelizadora de otras muchas familias y del ambiente en que ella vive. 79. DEL SALUDO EN EL REZO DEL ANGELUS Roma, 28 de diciembre de 1975

80. La familia hogar de oración 7. Desearíamos pedir desde este momento a las familias cristianas, a las nuevas especialmente, que se acostumbren a una plegaria común, en casa, juntos, con compostura: a una plegaria buena. 8. Nos, tenemos el propósito, este año, justamente para dar una primera señal de fidelidad al espíritu del Año Santo, de poner en las manos de los párrocos, a fin de que los distribuyan y lo recomienden con motivo de la bendición de las viviendas, un librito de las oraciones elementales que se pueden recitar en cada uno de los hogares por los miembros mismos de la familia, que debe elevarse a la doméstica, pero estupenda y conmovedora, dignidad de «domus ecclesiae», de iglesia de casa, como ya fue en otros tiempos; toda casa un hogar de amor, de concordia, de oración, de formación cristiana nueva y viva. 9. Pensemos en la limpieza de costumbres que pueden derivarse de ahí.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 81. ORIENTACIÓN PASTORAL UNIVERSITARIA 2 de febrero de 1976

82. Que todos los padres acepten el reto de la educación 2. Saber educar a los niños, saber orientar y acompañar a la juventud, ésta es una tarea capital. El acierto en esta materia es hasta tal punto más importante y más difícil que en los restantes sectores de la vida, que será necesaria una preparación y formación más esmeradas. Dios. Ciertamente, pone una tal fuerza de amor en el corazón de los padres y madres de familia, que les lleva a encontrar por sí mismos las palabras y los modos más adecuados para acertar en la educación del espíritu, el corazón y la fe. Pero precisamente su amor es tan ardiente, tan generoso, tan desinteresado para con los hijos que viven, con su propia personalidad, en un mundo diferente del de nuestra juventud, y en medio de toda clase de influencias. El joven debe ser amado por sí mismo, y la satisfacción afectiva en que corresponde no es un criterio decisivo. Y por otra parte, los padres están hasta tal punto ocupados, influenciados y acechados por la superficialidad o mediocridad de las costumbres, que con frecuencia se las ven mal para dar una recta educación. Sí, verdaderamente será necesario que todos los padres acepten el reto de la educación. 83. DE LA ALOCUCIÓN «NOI PENSIANO» Roma, 11 de agosto de 1976

84. Preparación a los sacramentos 4. Sentimos una satisfacción inmensa al ver que este sentimiento eclesial de la familia cristiana va despertándose y transfundiéndose en la comunidad doméstica, frecuentemente de forma ejemplar y edificante. Nos, os pedimos, hijos queridísimos, y a vosotros especialmente, nuevas familias cristianas, que rindáis, con la forma debida y en medida discreta, pero también con abierta y colectiva expresión religiosa, honor a la plegaria colectiva en vuestros hogares: la madre tiene, en esta primera pedagogía de la religión, un cometido tan importante y digno como hermoso y conmovedor. Madres, ¿enseñan a sus niños las oraciones del cristiano? ¿Preparan, de acuerdo con los sacerdotes, a sus hijos para los sacramentos de la primera edad: confesión, comunión, confirmación? ¿Los acostumbran, si están enfermos, a pensar en Cristo paciente? ¿A invocar la ayuda de la Virgen y de los santos? Y ustedes, papás, ¿saben rezar con sus hijos, con toda la comunidad doméstica, al menos alguna vez? El ejemplo de ustedes, en la rectitud del pensamiento y de la acción, apoyado por alguna oración común, vale una lección de vida, vale un acto de culto de un mérito singular; y lleven de este modo la paz al interior de las paredes domésticas7. 7

«PaxhuicDomui¡» (cfr. el librito de las oraciones en familia).

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 85. DE LA ALOCUCIÓN «LA VOSTRA» Roma, 15 de septiembre de 1976

86. Educación de los hijos en la fe 4. El designio procede sobre el plano humano: Despertad, padres, la conciencia de los pequeños, en orden a la búsqueda de lo que es lo primero en nuestra vida, y comunicadles inmediatamente el secreto para interpretarla y para hacerla feliz; también el niño es un «fiel», un miembro vivo de la Iglesia que es la súperfamilia de la sociedad doméstica y social. Y que inmediatamente el niño que crece conozca entonces la calificación de su nobleza; tú eres cristiano, ¿lo sabes?; es tu fortuna, es el reino de Cristo; un sacramento nuevo, la confirmación, debe fortalecerte, cristiano, para esta sinceridad ante ti mismo y ante los demás que ahora te rodean y hostigan tu inexperiencia: «conoce, oh cristiano, tu dignidad (San León); se fuerte, sé seguro, sé bueno no solamente para ti, sino para los demás. 87. DE LA ALOCUCIÓN«VOTRE PRESENCE» Roma, 22 de septiembre de 1976

88. La misión educativa surge del matrimonio 1. Alegría de saber que a través de ustedes nuestra voz se dirige a todos los cristianos llamados a realizar en el matrimonio y en la vida de familia un auténtica vocación humana y cristiana. 3. Pero hoy, en que la evolución de la sociedad viene a poner en duda hasta el dominio de la moral , queremos solamente añadir algunas breves reflexiones (…) para fortificar vuestra fe y consolidar vuestra esperanza en el sacramento del matrimonio que es efectivamente el vuestro, para que lo viváis con mayor plenitud «entre las tribulaciones del mundo y el consuelo de Dios» (S. Agustín, De Civitate Dei, XVIII, 51. 2: P.L:, 41, 614, citado en Lumen Gentium, n. 8). 4. Al evocar el título magnífico y comprometido de la «Iglesia doméstica», recordamos, hace algunos meses, a las familias cristianas el potencial evangelizador que hay en él (cfr. Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, n. 71). Los invitamos a pensar que la fuerza de la Buena Nueva de Jesucristo, anuncio de salvación, predicación de la ley del amor y de las exigencias evangélicas, llamada a entrar en a comunidad de los creyentes, se presenta en el interior de cada familia cristiana como una corriente de afecto, de confianza, de intimidad, que une a sus miembros. Mas, añadimos también, esa fuerza debe irradiar igualmente desde las familias cristianas a otras familias. 5. Hemos subrayado que, para construir la Iglesia universal y las Iglesias locales, es preciso comenzar por la humilde e indispensable construcción de la Iglesia doméstica (cfr. «O.R.» 12 de agosto de 1976). 6. Permítannos recordarlo ahora. El matrimonio es, en verdad, un estado de vida voluntariamente escogido, en el que se busca el bienestar, la dicha de la pareja y de los hijos, que se vive –especialmente si se es cristiano- bajo la luz de la fe y contando con la gracia de Dios. Pero es igualmente un testimonio que se rinde, y una misión que se cumple. Y, por estas últimas dimensiones, la institución familiar mira hacia fuera, hacia los demás, está hecha para el bien de los otros. La familia debe, pues, buscar tener en tanto 35

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia que tal, un valor evangelizador y misionero. Cumple esta misión, esforzándose en llevar un testimonio real de vida cristiana y llegando a ser así, siempre en primer lugar, una llamada a acoger la Buena Nueva del Evangelio. 89. A LOS OBISPOS DE ASTURIAS Roma, septiembre de 1977

90. Familia, fuente de renovación. Deben ayudarla 8. De una sana y sólida situación de la familia –que es la fuente de toda la vida religiosa de los hombres- puede esperarse impulso eficacísimo para la renovación y el despertar tanto de las comunidades parroquiales como de las mismas diócesis y hasta de toda la Iglesia. Por ello, el deber principal de los sacerdotes y de los Pastores de almas será el de ayudar con sus palabras vivas, con sus consejos y con su trabajo, a las familias a redescubrir y hacer y a enseñarles también la manera de aumentar tales bienes y aplicarlos a la vida de la sociedad. 91. MENSAJE AL PUEBLO DE DIOS Sínodo de los obispos. Roma 1977

92. Por razón del santo bautismo 12. Todos los cristianos, por razón del santo bautismo, ratificado por el sacramento de la confirmación, están llamados a transmitir el evangelio y a preocuparse por la fe de sus hermanos en Cristo, principalmente de los niños y de los jóvenes. 13. El lugar o ámbito normal de la catequesis es la comunidad cristiana. La catequesis no es una tarea meramente individual, sino que se realiza siempre en la comunidad cristiana…Junto a comunidades como la familia, primera comunidad educadora del hombre… 93. Los padres deberán recibirla formación necesaria 14. el Obispo es el primer responsable de la catequesis local, en unión con sus presbíteros, los diáconos, los padres de familia, los catequistas, los maestros, los animadores de comunidades cristianas. A todos ellos el Sínodo les confirma sobre la importancia de su misión. Pide que los ministerios y tareas catequéticas no sean asumidos sin una adecuada formación. 94. Conclusión (…) Ocupan nuestra atención de modo especial los catequistas… con particular agradecimiento nos dirigimos a las madres y padres de familia que educan a sus hijos, desde los años infantiles, en el conocimiento de Jesús, en el espíritu de temor filial y en el amor a Dios Padre, manteniendo viva en sus corazones la fe que recibieron en el Bautismo y que ellos mismos ratifican en la Confirmación: de este modo, la familia contribuye a mantener pujante el estilo de vida cristiana de forma que dé frutos constantes, válidos para la vida eterna.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 95. PABLO VI EN LA CLAUSURA DEL SÍNODO, 1977 96. Descubrir nuevos caminos Venerables hermanos y queridos hijos: Al terminar esta V asamblea… que el Sínodo de un nuevo impulso a la catequesis, lleve a descubrir nuevos caminos en la actividad catequética, a formar mejor a los catequistas y a movilizar con mayor interés recursos… Hemos de reconocer que hay no pocas naciones en las que están pisoteados o injustamente disminuidos el derecho de cada uno de los hombres a la educación religiosa, el derecho de las familias a la educación de sus hijos…

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 97. SAN JUAN PABLO II (1978-2005) DISCURSO C’EST TOUJOURSEN EL III CONGRESO INTERNACIONAL DE LA FAMILIA. 30 de octubre de 1978

98. Papel primordial de la familia en la educación humana y cristiana 1. Es siempre una alegría para el Papa encontrarse con padres y madres de familia, muy conscientes de sus responsabilidades de educadores cristianos. Y es una gracia ver que surgen hoy en la Iglesia abundantes iniciativas de apoyo a la familia. 2. Ante ustedes no tengo necesidad de insistir en el papel primordial de la familia en la educación humana y cristiana. En varios textos, el reciente Concilio ha puesto de relieve afortunadamente la misión de los padres, «primeros y principales educadores» difícilmente reemplazables (GE, 3). Es para ellos un deber natural, puesto que han dado la vida por sus hijos; es también el mejor modo de garantizar a éstos una educación armónica por razón del carácter absolutamente singular de la relación padres-hijos y de la atmósfera de afecto y seguridad que pueden crear los padres con la irradiación de su propio amor (cfr. GS, 52). La mayoría de las sociedades civiles han tenido que llegar a reconocer el papel especial y necesario de los padres en la primera educación. A nivel internacional la «Declaración de los derechos del niño», que por lo menos es signo de consenso muy amplio, ha admitido que el niño «en lo posible debe crecer bajo la tutela y responsabilidad de los padres» (principio 6). Deseamos que este compromiso se vaya traduciendo cada vez más en hechos, sobre todo en el Año Internacional del Niño, que está a punto de comenzar. 99. Hay que ayudarles 3. Pero no basta firmar y defender este principio del derecho de los padres. Sobre todo hay que procurar ayudarles a desempeñar bien esta difícil tarea de a educación en nuestros tiempos modernos. En este campo, la buena voluntad, el amor mismo, no bastan. Es un aprendizaje que los padres deben adquirir, con la gracia de Dios, en primer lugar, fortificando las propias convicciones morales y religiosas, dando ejemplo, reflexionando asimismo sobre sus experiencias, entre sí, con otros padres, con educadores expertos y con sacerdotes. Se trata de ayudar a os niños y a los adolescentes «a apreciar con recta conciencia los valores morales y a prestarles su adhesión personal, y también a conocer y a amar a Dios más perfectamente.» (GE, 1). 100. La primera experiencia 4. Esta educación de su capacidad de juzgar, de su voluntad y de su fe es todo un arte; la atmósfera familiar debe estar impregnada de confianza, diálogo, firmeza, respeto bien entendido de la libertad incipiente; es decir, de todo lo que lleva a la iniciación gradual en el encuentro con el Señor y en las costumbres que honran ya al niño de hoy y preparan al hombre de mañana. Ojalá que vuestros hijos puedan adquirir en vuestras familias «la primera experiencia de una saludable sociedad humana y de la Iglesia» (cfr.ib.3). Os tocará también introducirlos poco a poco en comunidades educativas más amplias que la familia. Entonces ésta debe acompañar a los adolescentes con amor paciente y esperanza, colaborando con los otros educadores sin abdicar de su misión. 38

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 101. DE LA HOMILÍA EN LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO JAVIER Roma, 3 de diciembre de 1978

102. La familia. Iglesia doméstica (…) Para visitar las parroquias, como parte de la Iglesiadiócesis, es necesario reunir a todas las «iglesias domésticas», esto es, a todas las familias: de hecho, así llamaban a las familias los Padres de la Iglesia. «Hagan de vuestra casa una iglesia», recomendaba a los fieles en un sermón San Juan Crisóstomo (…). Digo a todos los esposos y padres, jóvenes y mayores: Dense las manos como hicieron el día de su boda, al recibir gozosamente el sacramento del matrimonio. Imagínense que su Obispo les pide hoy otra vez el consentimiento, y que ustedes pronuncian, como entonces, las palabras de la promesa matrimonial, el juramento de su matrimonio. ¿Saben por qué se lo recuerdo? Porque de la observancia de estos compromisos depende la «iglesia doméstica», la calidad y santidad de la familia, La educación de sus hijos. Todo esto Cristo os lo ha confiado, queridos esposos, el día en que, mediante el ministerio del sacerdote, unió para siempre sus vidas, en el momento en que pronunciaron las palabras que no deben olvidar jamás: «hasta la muerte». 103. HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA Roma, 31 de diciembre de 1978

104. Valores fundamentales de la familia 1. (…) La Familia de Nazaret que la Iglesia, especialmente en la liturgia de hoy, presenta a todas las familias, constituye efectivamente aquel punto culminante de referencia para la santidad de cada familia humana. (…) El Evangelio nos muestra, con gran claridad, el perfil educativo de la familia. «Bajó con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto…» (Lc 2, 51). Es necesaria, en los niños y en la edad juvenil, esta «sumisión», obediencia, prontitud para aceptar los maduros consejos de la conducta humana familiar. De esta manera también «se sometió» Jesús. Y con esta «sumisión», con esta prontitud de niño para aceptar los ejemplos del comportamiento humano, deben medir los padres toda su conducta. Éste es el punto particularmente delicado de su responsabilidad paterna, de su responsabilidad en relación con el hombre, de este pequeño hombre que irá creciendo progresivamente, confiado a ellos por el mismo Dios. Deben tener presente también todos los acontecimientos acaecidos en la Familia de Nazaret cuando Jesús tenía doce años; esto es, ellos educaron a su Hijo no solo para ellos, sino para Él, para los deberes que posteriormente asumiría. Jesús a la edad de doce años respondió a María y a José: «¿No sabían que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre?» (Lc 2, 49). (…) Quiere la Iglesia recordar que a la familia van unidos los valores fundamentales, que no se pueden violar sin daños incalculables de naturaleza moral. Con frecuencia las perspectivas de orden material y el aspecto «económico-social» prevalecen sobre los principios de la moralidad cristiana y hasta de la humana. No basta, pues, con lamentarse. Es necesario defender estos valores fundamentales con tenacidad y firmeza, porque su quebranto lleva consigo daños incalculables para la sociedad y, en último término, para el hombre. 39

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 105. DOCUMENTO DE PUEBLA (Méjico) III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano S. Juan Pablo II inauguró la Conferencia el 27-I-1979.Finalizó el 13 de febrero.

106. La familia, «primera responsable» de la educación de los hijos 569. La Familia sujeto y objeto de Evangelización, centro evangelizador de comunión. 570. La pastoral familiar (…) aparece hoy todavía más urgente, como elemento muy importante de la evangelización. 578. Urge un diligente cuidado pastoral para evitar los males provenientes de la falta de educación en el amor, la falta de preparación al matrimonio, el descuido de la evangelización de la familia y de la formación de los esposos para la paternidad responsable. Además, no podemos desconocer que un gran número de familias de nuestro continente no ha recibido el sacramento del matrimonio. Muchas de estas familias, no obstante, viven en cierta unidad, fidelidad y responsabilidad. Esta situación plantea interrogantes teológicos y exige un adecuado acompañamiento pastoral. 582. La familia es imagen de Dios que «es una alianza de personas a las que se llega por vocación amorosa del Padre que invita a los esposos a una íntima comunidad de vida y de amor». 584. Al transmitir la vida a un hijo, el amor conyugal produce un persona nueva, singular, única, e irrepetible. Allí comienza para los padres el ministerio de evangelización. 589. la misión de la familia. Esta iglesia doméstica, convertida la fuerza liberadora del evangelio en «Escuela del más rico humanismo, sabiéndose peregrina con Cristo y con prometida con Él al servicio de la iglesia particular (…). Busca mayor fidelidad al Señor». 602. en toda pastoral familiar deberá considerarse a la familia como sujeto y agente insustituible de evangelización y como base de la comunión de la sociedad. 1036. La familia es la primera responsable de la educación. Toda tarea educadora debe capacitarla a fin de permitirle ejercer esa misión.

107. REDEMPTOR HOMINIS En su primera encíclica (1979) S Juan Pablo II escribe:

108. La forma fundamental 19. la participación en la misión profética de Cristo mismo forja la vida de toda la Iglesia, en su dimensión fundamental. Una participación particular de esta misión compete a los pastores de la Iglesia…La catequesis constituye, ciertamente, una forma perenne y al mismo tiempo fundamental de la actividad de la Iglesia… Además, es cada vez más necesario procurar que las distintas formas de catequesis y sus diversos campos –empezando por la forma fundamental, que es la catequesis «familiar», es decir, la catequesis de los padres a sus propios hijos- atestigüen la participación universal de todo el Pueblo de Dios en el oficio profético de Cristo mismo.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 109. CATECHESI TRADENDAE El fruto más logrado del Sínodo de Obispos, Exhortación apostólica

Una relación de 34 proposiciones, junto con todo el material de base, ponencias, etc. Pusieron los Padres Sinodales en mano de Pablo VI con el expreso deseo de que en su día, tuviera a bien dirigir a la Iglesia universal un documento básico sobre la catequesis. Más éste no lo pudo realizar, pues el Padre lo llamó a la VIDA; pasó también por las manos del breve y fértil pontificado de Juan Pablo I y correspondió a S. Juan Pablo II concluir y poner su firma al celebrar el primer aniversario de su pontificado, el 16 de Octubre de 1979. Ha sido tan eficaz para la Iglesia como su paralela precedente «Evangelii Nuntiandi». Veremos algún fragmento a continuación: 110. Responsabilidad 16. Los padres de familia tienen una responsabilidad singular. 111. Párvulos 36. Un momento con frecuencia destacado es aquel en que el niño pequeño recibe de sus padres y del ambiente familiar los primeros rudimentos de la catequesis, que acaso no serán sino una sencilla revelación del Padre celeste, bueno y providente, al cual aprende a dirigir su corazón. Las brevísimas oraciones que el niño aprenderá a balbucir serán el principio de un diálogo cariñoso con ese Dios oculto, cuya palabra comenzará escuchar después. Ante los padres cristianos nunca insistiríamos demasiado en esta iniciación precoz, mediante la cual son integradas las facultades del niño en una relación vital con Dios: obra capital que exige gran amor y profundo respeto al niño, el cual tiene derecho a una presentación sencilla y verdadera de la fe cristiana. 112. La catequesis de adultos 43. continuando la serie de destinatarios de la catequesis, no puedo menos de poner de relieve ahora una de las preocupaciones más constantes de los Padres del Sínodo, impuesto con vigor y con urgencia por las experiencias que se están dando en el mundo entero: se trata del problema central de la catequesis de adultos. Ésta es la forma principal de la Catequesis porque está dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada (CD 14). La comunidad cristiana no podría hacer una catequesis permanente sin la participación directa y experimentada de los adultos, bien sean ellos destinatarios o promotores de la actividad catequética 113. La acción catequética en familia es una acción insustituible 68. la acción catequética en familia tiene un carácter peculiar y en cierto sentido8 insustituible, subrayado con razón por la Iglesia, especialmente, por el Concilio Vaticano II. Esta educación en la fe, impartida por los padres- que debe comenzar desde la más tierna edad de los niños- se realiza ya cuando los miembros de la familia se ayudan unos a otros a crecer en la fe por medio de su testimonio de vida cristiana, a menudo 8

FC Recoge y amplía esta doctrina, pero omite la expresión

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia silencioso, más perseverante a lo largo de una existencia cotidiana vivida según el Evangelio. Será más señalada cuando al ritmo de los acontecimientos familiares -tales como la recepción de los sacramentos, la celebración de grandes fiestas litúrgicas, el nacimiento de un hijo o la ocasión de un luto- se procura explicitar en familia el contenido cristiano o religioso de esos sacramentos. Pero es importante ir más allá: los padres cristianos han de esforzarse en seguir y reanudar en el ámbito familiar la formación más metódica recibida en otro tiempo. El hecho de que estas verdades sobre las principales cuestiones de la fe de la vida cristiana sean así transmitidas en un ambiente familiar impregnado de amor y respeto, permitirá muchas veces que deje en los niños una huella de manera decisiva y para toda la vida. Los mismos padres aprovechen el esfuerzo que esto les impone, porque en un diálogo catequético de este tipo, cada uno recibe y da. Precede, acompaña. La catequesis familiar precede, pues, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis. Además en los lugares donde una legislación antirreligiosa pretende incluso impedir la educación en la fe, o donde han cundido la incredulidad o ha penetrado el secularismo, hasta el punto de resultar prácticamente imposible una verdadera creencia religiosa, la Iglesia doméstica (LG 11, AA 11) es el único ámbito donde los niños y los jóvenes pueden recibir una auténtica catequesis. Nunca se esforzarán bastante los padres cristianos por prepararse a este ministerio de catequistas de sus propios hijos y por ejercerlo con celo infatigable. Y es preciso alentar igualmente a las personas e instituciones que por medio de contactos personales, encuentros o reuniones y por toda suerte de medios pedagógicos, ayudan a los padres a cumplir su cometido: el servicio que prestan a la catequesis es inestimable. 114. A LOS UNIVERSITARIOS Roma, 20 de marzo de 1980

115. La educación «en la fe» tarea y misión de la familia. 5. (…) Al recibir el bautismo en la edad infantil, llegamos a la fe mediante la comunidad de nuestra familia, que quiere abrirnos las riquezas de la Iglesia lo más pronto posible, asumiendo todos los deberes que de ello se derivan. La Iglesia, desde hace mucho tiempo, se ha decidido a seguir este camino, considerando la circunstancia que no se puede retardar el momento de gracia en la vida del hombre, y la circunstancia de que, a través del bautismo de los niños, es necesario ayudar a la construcción de la familia entendida como «la Iglesia doméstica», confiriéndolo sobre todo las posibilidades del «segundo catecumenado», por así decirlo. Y de este modo, durante muchas generaciones, en el puesto de la «educación primaria en la fe». Mientras en el primer caso la gracia del bautismo constituía el punto de llegada, en el segundo es la base, es el punto de partida de todo aquello por lo que nosotros somos cristianos y por lo que nos comportamos como cristianos.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 116. A LA CONFERENCIA EPISCOPAL ITALIANA 29 de Mayo de 1980

117. La familia, lugar privilegiado de la catequesis y evangelización 6. (…) Si he llamado vuestra sensibilidad sobre la particular responsabilidad de la catequesis, es precisamente porque ella encuentra en la familia el primer banco de prueba, el destino principal y el terreno más propicio. Por lo demás, he visto con satisfacción que, entre las partes en que se articula el documento de trabajo de vuestra reunión, está precisamente «el deber primario de la evangelización» (…). Habéis dado en el blanco, y habéis demostrado así que la misión magisterial de la Iglesia debe dirigirse de modo particular a las familias, y a todos sus miembros, para que ellos, a su vez, estén en disposición de corresponder con plena conciencia y madurez de formación a esa participación en la función profética de Cristo (…). La familia escribió mi predecesor en la Exhortación apostólica EN, «ha merecido muy bien, en los diferentes momentos de la historia de la Iglesia, la bella definición de “Iglesia doméstica”, ratificada por el Concilio Vaticano II. Esto significa que, en cada familia cristiana, deberían reflejarse los diversos aspectos de la Iglesia entera. Por otra parte, la familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia. Dentro, pues, de una familia consciente de esta misión, todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados. Los padres no solo comunican a los hijos el Evangelio profundamente vivido. Una familia así se hace evangelizadora de otras muchas familias y del ambiente en que ella vive» (71; AAS 68 [1976] P. 60 S). Continuando en esta clara línea de pensamiento, yo mismo he recalcado después esta verdad, tan grande y bella, en el documento ya citado; y he añadido que «la catequesis familiar… precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis» (Catechesi Tradendae, 68). 7. Bien se puede decir, pues, que la familia, entendida como locus privilegiado de la catequesis, puede ofrecer a vuestros debates y trabajos como el centro focal (…). Efectivamente, en una recta concepción de las funciones de la comunidad familiar, entendida como «ambiente de fe» -donde los padres ejercitan, con la ayuda de la gracia sacramental del matrimonio, y en su función de testigos de Cristo, asumida ya en el sacramento de la confirmación, su deber más importante-, se aseguran la presencia y la continuidad de los más grandes valores en el plano humano y cristiano: la educación de los hijos; su «provocación» constante a un estilo coherente de vida, mediante el ejemplo y la palabra; la garantía y la defensa de una sanidad moral, que desde el ámbito familiar se convierte en un bien común y general de toda la sociedad. 118. EN BRASIL Porto Alegre, 5 de julio de 1980

119. La catequesis en la familia 4. (…) Antes que nada, la catequesis en la familia. En los primeros años de vida de los niños, se lanzan las bases y el fundamento de su futuro. Por eso mismo, los padres tienen que comprender la importancia de su misión a este respecto. En virtud del bautismo y del matrimonio son ellos los primeros catequistas de sus hijos; en efecto, educar es continuar el acto de la generación. En esta edad, Dios pasa de manera particular «a través de la intervención de la familia» (Directorio catequístico general, 78). Los niños tienen necesidad de aprender y de ver a sus padres que se aman, que respetan a Dios, que se saben explicar las primeras verdades de la fe (cfr. Catechesi Tradendae, 43

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 36), que saben exponer el «contenido cristiano» en el testimonio y en la perseverancia «de una vida de todos los días vivida según el Evangelio» (ibíd. 68). El testimonio es fundamental. La Palabra de Dios es eficaz en sí misma, pero adquiere sentido concreto cuando se vuelve realidad en la persona que la anuncia. Esto vale en manera particular para los niños que aún no tienen condiciones para distinguir entre la verdad anunciada y la vida del que la anuncia. Para el niño no hay distinción entre la madre que reza y la oración; más aún, la oración tiene valor especial porque la reza la madre. Que no suceda, amadísimos padres que me escucháis, que vuestros hijos lleguen a la madurez humana, civil y profesional, quedando niños en asuntos de religión. No es exacto decir que la fe es una opción para realizar en la edad madura. La verdadera opción supone el conocimiento; y nunca podrá haber elección entre cosas que no fueron propuestas sabia y adecuadamente. Padres catequistas, la Iglesia tiene confianza en ustedes, espera mucho de ustedes.. 120. Misión de la familia en la formación de las vocaciones 10. (…) Pero mi pensamiento y mi exhortación se dirigen también a las familias cristianas, que el Concilio Vaticano II indicó como «primer seminario» de la vocación (cfr. OptatamTotius, 2); os corresponde a vosotros orientar en vuestro propio seno ese clima de fe, de caridad y de oración que oriente a vuestros hijos para que se adapten, en una actitud de generosa, disponibilidad, a la iniciativa de Dios y su plan sobre el mundo. 121. FAMILIARIS CONSORTIO Exhortación apostólica. Misión de la familia cristiana en el mundo. 1981

122. Puesto central en la evangelización 2. (…) La familia cristiana es la primera comunidad llamada a anunciar el Evangelio a la persona humana en desarrollo y a conducirla a la plena madurez humana y cristiana, mediante una progresiva educación y catequesis (…). En cuanto es comunidad educativa, la familia debe ayudar al hombre a discernir la propia vocación y a poner todo el empeño necesario en orden a una mayor justicia, formándolo desde el principio para unas relaciones interpersonales ricas en justicia y amor. 123. Comunidad de amor 18. la familia fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas, del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas. 124. La más amplia comunión de la familia 21. la comunión conyugal constituye el fundamento sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia… Esta comunión radica en los vínculos naturales de la carne y de la sangre y se desarrolla encontrando su perfeccionamiento propiamente humano en el instaurarse y madurar de vínculos todavía más profundos y ricos del espíritu: el amor que anima las relaciones interpersonales… 44

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia La familia cristiana está llamada además hacer la experiencia de una nueva y original comunión, que confirma y perfecciona la natural y humana. En realidad la gracia de Cristo, «el Primogénito entre los hermanos» es por su naturaleza y dinamismo interior una «gracia fraterna como la llama Santo Tomás de Aquino». El Espíritu Santo, infundido en la celebración de los sacramentos, es la raíz viva y el alimento inagotable de la comunión sobrenatural que acumula y vincula a los creyentes con Cristo y entre sí en la unidad de la Iglesia de Dios. Una revelación y actuación específica de la comunión eclesial, está constituida por la familia cristiana que también por esto puede y debe decirse «Iglesia doméstica». Todos los miembros de la familia, cada uno según su propio don, tiene la gracia y la responsabilidad de construir, día a día, la comunión de las personas, haciendo de la familia una «escuela de humanidad más completa y más rica»: es lo que sucede con el cuidado y el amor hacia los pequeños, los enfermos, los ancianos; con el servicio recíproco de todos los días, compartiendo los bienes, alegrías y sufrimientos. Un momento fundamental para construir tal comunión está constituido por el intercambio educativo entre padres e hijos, en que cada uno da y recibe. Mediante el amor, el respeto y la obediencia a los padres, los hijos aportan su específica e insustituible contribución a la edificación de una familia auténticamente humana y cristiana (GS 48). En esto se verán facilitados si los padres ejercen su autoridad irrenunciable como un verdadero y propio «ministerio» esto es, como un servicio ordenado al bien humano y cristiano de los hijos y ordenando en particular a hacerles adquirir una libertad verdaderamente responsable, y también si mantienen viva la conciencia del «don» que continuamente reciben de los hijos. La comunión familiar puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio. Exige, en efecto, una pronta y generosa disponibilidad de todos y cada uno a la comprensión, a la tolerancia, al perdón y a la reconciliación (…) al mismo tiempo, cada familia está llamada por el Dios de la paz a hacer la experiencia gozosa y renovadora de la «reconciliación», esto es, de la comunión reconstruida, y de la unidad nuevamente encontrada. En particular la participación en el sacramento de la reconciliación y en el banquete del único Cuerpo de Cristo, ofrece a la familia cristiana la gracia y la responsabilidad de superar toda división y caminar hacia la plena verdad de la comunión querida por Dios, respondiendo así al vivísimo deseo del Señor: que todos «sean una misma cosa». 125. La madre, educadora 23. (…) No hay duda de que la igual dignidad y responsabilidad del hombre y la mujer, justifican plenamente el acceso de la mujer a las funciones públicas. Por otra parte, la verdadera promoción de la mujer exige también que sea claramente reconocido el valor de su función materna y familiar… la Iglesia puede y debe ayudar a la sociedad actual, pidiendo incansablemente que el trabajo de la mujer en casa sea reconocido por todos y estimado por su valor insustituible. Esto tiene una importancia especial en la acción educativa. 45

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 126. El hombre esposo y padre 25. (…) Sobre todo, donde las condiciones sociales y culturales inducen fácilmente al padre a un cierto desinterés respecto de la familia, o bien a una presencia menor en la acción educativa, es necesario esforzarse para que se recupere socialmente la convicción de que el puesto y la función del padre en y por la familia son de una importancia única e insustituible. Revelando y reviviendo en la tierra la misma paternidad de Dios, el hombre está llamado a garantizar el desarrollo unitario de todos los miembros de la familia. Realizará esta tarea mediante una generosa responsabilidad por la vida concebida junto al corazón de la madre, un compromiso educativo más solícito y compartido con la propia esposa (GS 52) 127. Derechos del niño 26. (…) Procurando y teniendo un cuidado tierno y profundo por cada niño que viene a este mundo, la Iglesia está llamada a revelar y a proponer en la Historia el ejemplo y el mandato de Cristo, que ha querido poner al niño en el centro del Reino de Dios: «Dejad que los niños vengan a mí…, que de ellos es el reino de los cielos.» La acogida, el amor, la estima, el servicio múltiple y unitario – material, afectivo, educativo, espiritual- a cada niño que viene a este mundo, deberá constituir siempre una nota distintiva e irrenunciable de los cristianos, especialmente de las familias cristianas; así los niños, a la vez que crecen « en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres», serán una preciosa ayuda para la edificación de la comunidad familiar y para la misma santificación de los padres. 128. Los ancianos en familia 27. Hay culturas que manifiestan una singular veneración y un gran amor por el anciano; lejos de ser apartado de la familia o de ser soportado como un peso inútil, el anciano permanece inserido en la vida familiar, sigue tomando parte activa y responsable –aun debiendo respetar la autonomía de la nueva familia- y sobre todo desarrolla la preciosa misión de testigo del pasado e inspirador de sabiduría para los jóvenes y para el futuro. Otras culturas, en cambio, especialmente como consecuencia de un desordenado desarrollo industrial y urbanístico, han llevado y siguen llevando a los ancianos a formas inaceptables de marginación, que son fuentes a la vez de agudos sufrimientos para ellos mismos y de empobrecimiento para tantas familias. Es necesario que la acción pastoral de la Iglesia estimule a todos a descubrir y a valorar los cometidos de los ancianos en la comunidad civil y eclesial, y en particular en la familia. En realidad, «la vida de los ancianos ayuda a clarificar la escala de valores humanos; hace ver la continuidad de las generaciones y demuestra maravillosamente la interdependencia del Pueblo de Dios. Los ancianos tiene además el carisma de romper barreras entre las generaciones antes de que se consoliden: ¡Cuántos niños han hallado comprensión y amor en los ojos, palabras y caricias de los ancianos¡ y ¡ cuánta gente mayor no ha suscrito con agrado las palabras inspiradas “la corona de los ancianos son los hijos de sus hijos!»(Pro 17,6) 46

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 129. El derecho-deber educativo de los padres 36. (…) Como ha recordado el Concilio Vaticano II (GE 3): El derecho-deber educativo de los padres se califica como esencial, relacionado como está con la transmisión de la vida humana; como original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e inalienable y que, por consiguiente, no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros. Por encima de estas características, no puede olvidarse que el elemento más radical, que determina el deber educativo de los padres, el amor paterno y materno que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y perfecto el servicio a la vida. El amor de los padres se transforma de fuente en alma, y por consiguiente, en norma que inspira y guía toda la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor. 130. Educar en los valores esenciales de la vida humana 37. Aun en medio de las dificultades, hoy a menudo agravadas, de la acción educativa, los padres deben formar a los hijos en confianza y valentía en los valores esenciales de la vida humana. Los hijos deben crecer en una justa libertad ante los bienes materiales, adaptando un estilo de vida sencillo y austero, convencidos de que «el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene» (GS 35). En una sociedad sacudida y disgregada por tensiones y conflictos a causa del choque entre los diversos individualismos y egoísmos, los hijos deben enriquecerse no sólo con el sentido de la verdadera justicia, que lleva al respeto de la dignidad personal de cada uno, sino también y más aún del sentido del verdadero amor, como solicitud sincera y servicio desinteresado hacia los demás, especialmente a los más pobres y necesitados. La familia es la primera y fundamental escuela de sociabilidad; como comunidad de amor, encuentra en el don de sí misma la ley que la rige y hace crecer. El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad, representa la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad. La educación para el amor como don de sí mismo constituye también la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educación sexual clara y delicada. Ante una cultura que «banaliza» en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuero y el placer egoísta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdaderamente y plenamente personal. En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona cuerpo, sentimiento y espíritu, y manifiesta su sentido íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor. La educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. En este sentido la Iglesia reafirma la ley de la subsidiaridad, que la

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia escuela tiene que observar cuando coopera en la educación sexual, situándose en el espíritu mismo que ánima a los padres. En este contexto es del todo irrenunciable la educación para la castidad, como virtud que desarrolla la auténtica madurez de la persona y la hace capaz de respetar y promover el «significado esponsal» del cuerpo. Más aún, los padres cristianos reserven una atención y cuidado especial –discerniendo los signos de la llamada de Dios– a la educación para la virginidad, como forma suprema del don de uno mismo que constituye el sentido mismo de la sexualidad humana. Por los vínculos estrechos que hay entre la dimensión sexual de la persona y sus valores éticos, esta educación debe llevar a los hijos a conocer y estimar las normas morales como garantía necesaria y preciosa para un crecimiento personal y responsable de la sexualidad humana. Por esto la Iglesia se opone firmemente a un sistema de información sexual separado de los principios morales y tan frecuentemente difundido, el cual no sería más que una introducción a la experiencia del placer y un estímulo que lleva a perder la serenidad, abriendo el camino al vicio desde los años de la inocencia. 131. Misión educativa y sacramento del matrimonio 38. Para los padres cristianos la misión educativa, basada como se ha dicho en su participación en la obra creadora de Dios, tiene una fuente nueva y específica en el sacramento del matrimonio, que los consagra a la educación propiamente cristiana de los hijos, es decir, los llama a participar de la misma autoridad y del mismo amor de Dios Padre y de Cristo Pastor, así como del amor materno de la Iglesia, y los enriquece en la sabiduría, consejo, fortaleza y en los otros dones del Espíritu Santo, para ayudar a los hijos en su crecimiento humano y cristiano. El deber educativo recibe del sacramento del matrimonio la dignidad y la llamada a ser un verdadero y propio «ministerio» de la Iglesia al servicio de la edificación de sus miembros. Tal es la grandeza y esplendor del ministerio educativo de los padres cristianos que Santo Tomás no duda en compararlo con el ministerio de los sacerdotes: «Algunos propagan y conservan la vida espiritual con un ministerio únicamente espiritual: es la tarea del sacramento del orden; otros hacen esto respecto de la vida a la vez corporal y espiritual, y esto se realiza con el sacramento del matrimonio, en el que el hombre y la mujer se unen para engendrar la prole y educarla en el culto a Dios9». La conciencia viva y vigilante de la misión recibida con el sacramento del matrimonio ayudará a los padres cristianos a ponerse con gran serenidad y confianza al servicio educativo de los hijos y, al mismo tiempo, a sentirse responsables ante Dios que los llama y los envía a edificar la Iglesia en los hijos. Así la familia de los bautizados, convocada como Iglesia doméstica por la palabra y por el Sacramento, llega a ser a la vez, como la gran Iglesia, maestra y madre. 132. La primera experiencia de Iglesia 39. La misión de la educación exige que los padres cristianos propongan a los hijos todos los contenidos que son necesarios para la maduración gradual de su personalidad, desde un punto de vista cristiano y eclesial. Seguirán pues las líneas educativas recordadas 9

SUMA CONTRA GENTILES. Sto. Tomás de Aquino. IV, 58.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia anteriormente, procurando mostrar a los hijos a cuan profundo significado conduce la fe y la caridad de Jesucristo. Además, la conciencia de que el Señor confía a ellos el crecimiento de un hijos de Dios, de un hermano de Cristo, de un Templo del Espíritu Santo, de un miembro de la Iglesia, alentará a los padres cristianos en su tarea de afianzar en el alma de los hijos el don de la gracia divina. El Concilio Vaticano II precisa así el contenido de la educación cristiana: «La cual no persigue solamente la madurez propia de la persona humana…, sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación ; aprendan a adorar a Dios Padre en Espíritu y en verdad10, ante todo en la acción litúrgica, formándose para vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad11, y así lleguen al hombre perfecto en la edad de la plenitud de Cristo12 y contribuyan al crecimiento del Cuerpo místico. Conscientes, además, de su vocación, acostúmbrense a dar testimonio de la esperanza que hay en ellos13 y ayudar a la configuración cristiana del mundo» (GE 2). También el Sínodo, siguiendo y desarrollando la línea conciliar ha presentado la misión educativa de la familia cristiana como un verdadero ministerio, por medio del cual se transmite e irradia el itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. En la familia consciente de tal don, como escribió Pablo VI, «todos los miembros evangelizan y son evangelizados» (EN 71). En virtud del ministerio de la educación los padres, mediante el testimonio de su vida, son los primeros mensajeros del Evangelio ante sus hijos. Es más, rezando con los hijos, dedicándose con ellos a la lectura de la Palabra de Dios e introduciéndoles a la intimidad del Cuerpo – eucarístico y eclesial– de Cristo mediante la iniciación cristiana, llegan a ser plenamente padres, es decir, engendradores no sólo de la vida corporal, sino también de aquella que, mediante la renovación del Espíritu, brota de la Cruz y Resurrección de Cristo. A fin de que los padres cristianos puedan cumplir dignamente su ministerio educativo, los Padres sinodales han manifestado el deseo de que se prepare un texto adecuado de catecismo para las familias, claro, breve y que pueda ser fácilmente asimilado por todos. Las Conferencias Episcopales han sido invitadas encarecidamente a comprometerse en la realización de este catecismo. 133. Relaciones con las otras fuerzas educativas 40. La familia es la primera, pero no la única y exclusiva, comunidad educadora; la misma dimensión comunitaria, civil y eclesial del hombre exige y conduce a una acción más amplia y articulada, fruto de la colaboración ordenada de las diversas fuerzas educativas. Éstas son necesarias, aunque cada una puede y debe intervenir con su competencia y su contribución propias. 10

Cfr. Jn 4,23 Cfr. Ef 4,22-23 12 Cfr. Ef 4,13 13 Cfr. 1 Pe 3,15 11

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia La tarea educativa de la familia cristiana tiene por esto un puesto muy importante en la pastoral orgánica; esto implica una nueva forma de colaboración entre los padres y las comunidades cristianas, entre los diversos grupos educativos y los pastores… El Estado y la Iglesia tienen la obligación de dar a las familias todas las ayudas posibles, a fin de que puedan ejercer adecuadamente sus funciones educativas. Por tanto, todos aquellos que en la sociedad dirigen las escuelas, no deben olvidar nunca que los padres han sido constituidos por Dios mismo como los primeros y principales educadores de los hijos y que su derecho es del todo inalienable. Pero como complementario al derecho, sepan el grave deber de los padres de comprometerse a fondo en una relación cordial y efectiva con los profesores y directores de las escuelas. Si en las escuelas se enseñan ideologías contrarias a la fe cristiana, la familia junto con otras familias, si es posible mediante formas de asociación familiar, debe con todas sus fuerzas y con sabiduría ayudar a los jóvenes a no alejarse de la fe. En este caso la familia tiene necesidad de ayuda especial por parte de los pastores de almas, los cuales no deben olvidar que los padres tienen el derecho inviolable de confiar sus hijos a la comunidad eclesial. 134. Un servicio múltiple a la vida 41. El amor conyugal fecundo se expresa en un servicio a la vida que tienen muchas formas, de las cuales la generación y la educación son las más inmediatas, propias e insustituibles… Las familias cristianas, que en la fe reconocen a todos los hombres como hijos del Padre común de los cielos, irán generosamente al encuentro de los hijos de otras familias, sosteniéndoles y animándoles no como extraños, sino como miembros de la única familia de los hijos de Dios. Los padres cristianos podrán así ensanchar su amor más allá de los vínculos de la carne y de la sangre, estrechando esos lazos que se basan en el espíritu y que se desarrollan en el servicio concreto a los hijos de otras familias, a menudo necesitados incluso de los más necesario… 135. La familia, célula primera y vital de la sociedad 42. De la familia nacen los ciudadanos, y estos encuentran en ella la primera escuela de esas virtudes sociales, que son el alma de la vida y del desarrollo de la sociedad misma. Así la familia, en virtud de su naturaleza y vocación, lejos de encerrarse en sí misma, se abre a las demás familias y a la sociedad, asumiendo su función social. 136. Los derechos de la familia 46. En diversos países (…) la sociedad, en vez de ponerse al servicio de la familia, la ataca con violencia en sus valores y en sus exigencias fundamentales. De este modo la familia, que según los planes de Dios, es célula básica de la sociedad, sujeto de derechos y deberes antes que el Estado y cualquier otra comunidad, es víctima de la sociedad, de los retrasos y lentitudes de sus intervenciones y más aún de sus injusticias notorias.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia Por esto la Iglesia defiende abierta y vigorosamente los derechos de la familia contra las usurpaciones intolerables de la sociedad y del Estado. En concreto, los Padres Sinodales han recordado entre otros, los siguientes derechos de la familia: - A existir y progresar como familia, es decir, el derecho de todo hombre, especialmente aun siendo pobre, a fundar una familia, y a tener los recursos apropiados para mantenerla: - A ejercer su responsabilidad en el campo de la transmisión de la vida y a educar a los hijos. - A la estabilidad del vínculo y de la institución familiar; - A crecer y a profesar su propia fe y a difundirla; - A educar a sus hijos de acuerdo con sus propias tradiciones y valores religiosos y culturales, con los instrumentos, medios e instituciones necesarios… 137. Ministerio de evangelización de la familia cristiana 52. En la medida en que la familia cristiana acoge el Evangelio y madura en la fe, se hace comunidad evangelizadora. Escuchemos de nuevo a Pablo VI: «La familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde se irradia. Dentro, pues, de una familia consciente de esta misión, todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados. Los padres no sólo comunican a sus hijos el Evangelio, sino que pueden a su vez recibir de ellos este mismo Evangelio profundamente vivido… Una familia así se hace evangelizadora de otras muchas familias y del ambiente en que ella vive 14.» Como ha repetido el Sínodo, recogiendo mi llamada lanzada en Puebla, la futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica. Esta misión apostólica de la familia está enraizada en el bautismo y recibe con la gracia sacramental del matrimonio una fuerza nueva para transmitir la fe, para santificar y transformar la sociedad actual según el plan de Dios. La familia cristiana, hoy sobre todo, tiene una especial vocación a ser testigo de la alianza pascual de Cristo, mediante la constante irradiación de la alegría del amor y de la certeza de la esperanza, de la que debe dar razón: «La familia cristiana proclama en voz alta tanto las presentes virtudes del reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada15». La absoluta necesidad de la catequesis familia surge con singular fuerza en determinadas situaciones, que la Iglesia constata por desgracia en diversos lugares: «En los lugares donde una legislación antirreligiosa pretende incluso impedir la educación en la fe, o donde han cundido la incredulidad o ha penetrado el secularismo, hasta el punto de resultar prácticamente imposible una verdadera creencia religiosa, la Iglesia doméstica es el único ámbito donde los niños y los jóvenes pueden recibir una auténtica catequesis16».

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EN 71. LG 35. 16 CT 68. 15

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia

138. La familia hoy 53. El ministerio de evangelización de los padres cristianos es original e insustituible y asume las características típicas de la vida familiar, hecha como debería estar, de amor, sencillez, concreción y testimonio cotidiano. La familia debe educar a los hijos para la vida, de manera que cada uno cumpla en plenitud su cometido., de acuerdo con la vocación recibida de Dios. Efectivamente, la familia que está abierta a los valores trascendentales, que sirve a los hermanos en alegría, que cumple con generosa fidelidad sus obligaciones y es consciente de su cotidiana participación en el misterio de la cruz gloriosa de Cristo, se convierte en el primero y mejor seminario de vocaciones a la vida consagrada al Reino de Dios. El misterio de evangelización y catequesis de los padres debe acompañar la vida de los hijos también durante su adolescencia y juventud, cuando ellos, como sucede con frecuencia, contestan o incluso rechazan la fe cristiana recibida en los primeros años de su vida. Y así como en la Iglesia no se puede separar la obra de la evangelización del sufrimiento del apóstol, así también en la familia cristiana los padres deben afrontar con valentía y gran serenidad de espíritu las dificultades que halla a veces en los mismos hijos su ministerio de evangelización. No hay que olvidar que el servicio llevado a cabo por los cónyuges y padres cristianos a favor del Evangelio es esencialmente un servicio eclesial, es decir, que se realiza en el contexto de la Iglesia entera en cuanto comunidad evangelizada y evangelizadora. En cuanto enraizado y derivado de la única misión de la Iglesia y en cuanto ordenado a la edificación del único Cuerpo de Cristo, el misterio de evangelización y catequesis de la Iglesia doméstica ha de quedar en íntima comunión y ha de armonizarse responsablemente con los otros servicios de evangelización y catequesis presentes y operantes en la comunidad eclesial, tanto diocesano como parroquial. 139. Predicar el Evangelio a toda criatura 54. También la fe y la misión evangelizadora de la familia cristiana poseen esta dimensión misionera católica. El sacramento del matrimonio que plantea con nueva fuerza el deber arraigado en el bautismo y en la confirmación de defender y difundir la fe, constituye a los cónyuges y padres cristianos en testigos de Cristo «hasta los últimos confines de la tierra» como verdaderos y propios «misioneros» del amor y de la vida. Una cierta forma de actividad misionera puede ser desplegada ya en el interior de la familia. Esto sucede cuando alguno de los componentes de la misma no tiene fe o no la practica con coherencia. En este caso, los parientes deben ofrecerle tal testimonio de vida que los estimule y sostenga en el camino hacia la plena adhesión a Cristo Salvador. Animada por el espíritu misionero en su propio interior, la Iglesia doméstica está llamada a ser un signo luminoso de la presencia de Cristo y de su amor incluso para los «alejados», para las familias que no creen todavía y para las familias cristianas que no viven 52

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia coherentemente con la fe recibida. Está llamada «con su ejemplo y testimonio» a iluminar a los que buscan la verdad. Así como ya al principio del cristianismo Aquila y Priscila se presentaban como una pareja misionera, así también la Iglesia testimonia hoy su incesante novedad y vigor con la presencia de cónyuges y familias cristianas que, al menos durante un cierto período de tiempo, van a tierras de misión a anunciar el Evangelio, sirviendo al hombre por amor a Jesucristo. Las familias cristianas dan una contribución particular a la causa misionera de la Iglesia, cultivando la vocación misionera en sus propios hijos e hijas y, de manera más general, con una obra educadora que prepare a sus hijos, desde la juventud «para conocer el amor de Dios hacia todos los hombres17.» 140. La plegaria familiar 59. la Iglesia ora por la familia cristiana y la educa para que viva en generosa coherencia con el don y el cometido sacerdotal recibidos de Cristo Sumo Sacerdote. En realidad, el sacerdocio bautismal de los fieles, vivido en el matrimonio-sacramento, constituye para los cónyuges y para la familia el Delegados de Pastoral Familiar fundamento de una vocación y de una misión sacerdotal, mediante la cual su misma existencia cotidiana se transforma en «sacrificio espiritual aceptable por Cristo» La plegaria familiar tiene características propias. Es una oración hecha en común, marido y mujer juntos, padres e hijos juntos. La comunión en la plegaria es a la vez fruto y exigencia de esa comunión que deriva de los sacramentos del bautismo y del matrimonio. A los miembros de la familia cristiana pueden aplicarse de modo particular las palabras con las cuales Jesús el Señor, promete su presencia: «Os digo de verdad que si dos de vosotros conviniereis sobre la tierra pedir cualquier cosa, os la otorgará mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos18». Esta plegaria tiene como contenido original la misma vida de familia que en las diversas circunstancias es interpretada como vocación de Dios y es actuada como respuesta filial a su llamada: alegrías y dolores, esperanzas y tristezas, nacimientos y cumpleaños, aniversario de la boda de los padres, partidas, alejamientos y regresos, elecciones importantes y decisivas, muerte de personas queridas, etc., señalan la intervención de Dios en la historia de la familia, como deben también señalar el momento favorable de acción de gracias, de imploración, de abandono confiado de la familia al Padre común que está en los cielos. Además, la dignidad y responsabilidades de la familia cristiana en cuanto Iglesia doméstica solamente puede ser vivida con la ayuda incesante de Dios, que será concedida sin falta a quienes la pidan con humildad y confianza en la oración.

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AA 30. Mt 18,19.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 141. Plegaria litúrgica y privada 61. hay una relación profunda y vital entre la oración de la Iglesia y la de cada uno de los fieles, como ha confirmado claramente el Concilio Vaticano II. Una finalidad. Una finalidad importante de la plegaria de la Iglesia doméstica es la de constituir para los hijos la introducción natural a la oración litúrgica propia de toda la Iglesia, en el sentido de preparar a ella y de extenderla al ámbito de la vida personal, familiar y social. De aquí deriva la necesidad de una progresiva participación de todos los miembros de la familia cristiana en la Eucaristía, sobre todo los domingos y días festivos, y en los otros sacramentos, de modo particular en los de la iniciación cristiana de los hijos. Las directrices conciliares han abierto una nueva posibilidad la familia cristiana, que ha sido colocada entre los grupos a los que se recomienda la celebración comunitaria del Oficio divino. Pondrán asimismo cuidado las familias cristianas en celebrar, incluso en casa y de manera adecuada a sus miembros, los tiempos y festividades del año litúrgico. Para preparar y prolongar en casa el culto celebrado en la iglesia, la familia cristiana recure a la oración privada, que presenta gran variedad de formas. Esta variedad, mientras testimonia la riqueza extraordinaria con la que el Espíritu anima la plegaria cristiana, se adapta a las diversas exigencias y situaciones de vida de quien recurre al Señor. Además de las oraciones de la mañana y de la noche, hay que recomendar explícitamente –siguiendo también las indicaciones de los Padres Sinodales- la lectura y meditación de la Palabra de Dios, la preparación de los sacramentos, la devoción y consagración al Corazón de Jesús, las varias formas de culto a la Virgen Santísima, la bendición de la mesa, las expresiones de la religiosidad popular. Dentro del respeto debido a la libertad de los hijos de Dios, la Iglesia ha propuesto y continúa proponiendo a los fieles algunas prácticas de piedad en las que pone una particular solicitud e insistencia. Entre éstas es de recordar el rezo del rosario. «y ahora, en continuidad de intención con nuestros predecesores, queremos recomendar vivamente el rezo del santo rosario en familia…, no cabe duda de que el Rosario a la Santísima Virgen debe ser considerado como una de las más excelente y eficaces oraciones comunes de la familia cristiana está invitada a rezar. No queremos pensar y deseamos vivamente que cuando un encuentro familiar se convierta en tiempo de oración, el Rosario sea su expresión frecuente y preferida». Así la auténtica devoción mariana, que se expresa en la unión sincera y en el generoso seguimiento de las actitudes espirituales de la Virgen Santísima, constituye un medio privilegiado para alimentar la comunión de amor de la familia y para desarrollar la espiritualidad conyugal y familiar. Ella, la Madre de Cristo y de la Iglesia, es en efecto y de manera especial la Madre de las familias cristianas, de las iglesias domésticas. 142. Plegaria y vida 62. no hay que olvidar nunca que la oración es parte constitutiva y esencial de la vida cristiana considerada en su integridad y profundidad (…). De la unión vital con Cristo, alimentada por la liturgia, de la ofrenda de sí mismo y de la oración deriva también la fecundidad de la familia cristiana en su servicio específico de promoción humana, que no puede menos de llevar a la transformación del mundo. 54

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 143. Acción prioritaria 65. (…) Hay que llevar a cabo toda clase de esfuerzos para que la pastoral de la familia adquiera consistencia y se desarrolle, dedicándose a un sector verdaderamente prioritario, con la certeza de que la evangelización, en el futuro, depende en gran parte de la Iglesia doméstica. La solicitud pastoral de la Iglesia no se limitará solamente a las familias cristianas más cercanas, sino que, ampliando los propios horizontes en la medida del Corazón de Cristo, se mostrará más viva aún hacia el conjunto de las familias en general y en particular hacia aquellas que se hallan en situaciones difíciles e irregulares. 144. Preparación 66. en nuestros días es más necesaria que nunca la preparación de los jóvenes al matrimonio y a la vida familiar. La preparación al matrimonio ha de ser vista y actuada como un proceso gradual y continuo. En efecto, comporta tres momentos principales: una preparación remota, una próxima y otra inmediata. La preparación remota comienza desde la infancia, en la juiciosa pedagogía familiar, orientada a conducir a los niños a descubrirse a sí mismos como seres dotados de una rica y compleja psicología y de una personalidad particular con sus fuerzas y debilidades. Es el período en que se imbuye la estima por todo auténtico valor humano, tanto en las relaciones interpersonales como en las sociales, con todo lo que significa para la formación del carácter, para el dominio y recto uso de las propias inclinaciones, para el modo de considerar y encontrar a las personas del otro sexo. Se exige, además, especialmente para los cristianos, una sólida formación espiritual y catequística, que sepa mostrar en el matrimonio una verdadera vocación y misión, sin excluir la posibilidad del don total de sí mismo a Dios en la vocación a la vida sacerdotal o religiosa. Sobre esta base se programará después, en plan amplio, la preparación próxima, la cual comporta –desde la edad oportuna y con una adecuada catequesis, como en un camino catecumenal- una preparación más específica para los sacramentos, como un nuevo descubrimiento. Esta nueva catequesis de cuantos se preparan al matrimonio cristiano es absolutamente necesaria, a fin de que el sacramento sea celebrado y vivido con las debidas disposiciones morales y espirituales. 145. Formación de sus miembros 69. Para que la familia sea cada vez más una verdadera comunidad de amor, es necesario que sus miembros sean ayudados y formados en su responsabilidad frente a los nuevos problemas que se presentan, en el servicio recíproco, en la compartición activa a la vida de familia. 55

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 146. Destinatarios y agentes de la comunicación social 76. Una palabra aparte se ha de reservar a esta categoría tan importante en la vida moderna. Es sabido que los instrumentos de comunicación social «inciden a menudo profundamente, tanto bajo el aspecto afectivo e intelectual como bajo el aspecto moral y religioso, en el ánimo de cuantos los usan», especialmente si son jóvenes. Tales medios pueden ejercer un influjo benéfico en la vida y las costumbres de la familia y en la educación de los hijos, pero al mismo tiempo esconden también «insidias y peligros no significantes», y podrían convertirse en vehículo –a veces hábil y sistemáticamente manipulado, como desgraciadamente acontece en diversos países del mundo- de ideologías disgregadoras y de visiones deformadas de la vida, de la familia, de la religión, de la moralidad y que no respetan la verdadera dignidad y el destino del hombre. Peligro tanto más real, cuanto «el modo de vivir, especialmente en las naciones más industrializadas, lleva muy a menudo a que las familias se descarguen de sus responsabilidades educativas, encontrando en la facilidad de evasión (representada en casa especialmente por la televisión y ciertas publicaciones) el modo de tener ocupados tiempo y actividad de los niños y muchachos». De ahí «el deber (…)de proteger especialmente a los niños y muchachos de las “agresiones” que sufren también por parte de los mass-media», procurando que el uso de éstos en familia sea regulado cuidadosamente. Con la misma diligencia la familia debería buscar para sus propios hijos también otras diversiones más sanas, más útiles y formativas física, moral y espiritualmente «para potenciar y valorizar el tiempo libre de los adolescentes y orientar sus energías». 86. ¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia! 147. EN LA CATEDRALDE NAGASAKI Japón, 25 de febrero de 1981

148. La fe transmitida en familia 4. Quisiera decir ahora unas palabras a las familias de los nuevos sacerdotes y también a todas las familias cristianas de Japón. Recuerdo con profunda emoción el encuentro que tuvo lugar aquí en Nagasaki entre un misionero que acababa de llegar y un grupo de personas que, una vez convencidas de que era un sacerdote católico, le dijeron: «Hemos estado esperándole durante muchos siglos». Habían estado sin sacerdote, sin Iglesias y sin culto durante más de doscientos años. Y, sin embargo, a pesar de las circunstancias adversas, la fe cristiana no había desaparecido; se había transmitido dentro de la familia de generación en generación. De esta manera, la familia cristiana demuestra la inmensa importancia que ella tiene en lo que se refiere a la vocación a ser cristiano. La familia cristiana es también en grado supremo, algo vital para las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. La mayoría de estas vocaciones brotan y se desarrollan 56

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia en familias profundamente cristianas. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia el primer seminario (cfr. Optatam Totius, n. 2). Estoy convencido de que numerosas vocaciones del «pequeño rebaño» de la comunidad católica del Japón han nacido y han crecido en el seno de la familia animadas por un espíritu de fe, de caridad y de piedad. En el momento en que me dispongo, como sucesor de Pedro, a ordenar nuevos sacerdotes para vuestra nación, quiero exhortar a cada familia cristiana de Japón, a ser verdaderamente una «Iglesia Doméstica»: un lugar donde se dé gracias y alabanza a Dios, un lugar donde su Palabra sea escuchada y su ley obedecida, un lugar donde se eduque para la fe y donde la fe se alimente y se fortalezca, un lugar de caridad fraterna y de mutuo servicio, un lugar de apertura a los demás, especialmente a los pobres y necesitados. Estén abiertos a las vocaciones que surjan entre ustedes. Oren para que como señal de su amor especial, el Señor se digne llamar a uno o a más miembros de sus familias a servirle. Vivan su fe con una alegría y un fervor que sean capaces de alentar dichas vocaciones. Sean generosos cuando su hijo o hija, hermano o hermana decida seguir a Cristo por este camino especial. Dejen que su vocación vaya creciendo y fortaleciéndose. Presten todo su apoyo a una elección hecha con libertad. 149. JORNADA MUNDIAL MISIONERA 11 de agosto de 1981

150. Misión evangelizadora de la familia 3. Con esta llamada a la colaboración de todos en la obra misionera, quisiera dirigirme en primer lugar a las familias cristianas. Nuestro tiempo necesita que se revalorice la importancia de la familia, su vitalidad y su equilibrio. Esto es necesario en el plano humano: la familia es la célula base de la sociedad, el fundamento de sus cualidades profundas. Y esto es igualmente necesario para el Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia; por ello, el Concilio ha dado a la familia el hermoso título de «Iglesia doméstica» (LG 11). La evangelización de la familia constituye, pues, el objetivo principal de la acción pastoral, y ésta, a su vez, no alcanza plenamente la propia finalidad si las familias cristianas no se convierten ellas mismas en evangelizadoras y misioneras: la profundización de la conciencia espiritual personal hace ver a cada uno, padres e hijos, la propia función y la propia importancia en orden a la vida cristiana de todos los otros miembros de la familia. No hay duda de que, tanto en el plano religioso como en el plano humano, la acción de la familia depende de los padres, de la conciencia que tienen de sus propias responsabilidades, de su valor cristiano. A ellos, por tanto, quisiera dirigirme particularmente. Con sus palabras y con el testimonio de su vida, como enseña la Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae, los padres son los primeros catequistas de sus hijos (cfr. n. 68). En esta acción, la plegaria debe ocupar el primer puesto, y me sea permitido insistir sobre este punto. La oración, en efecto, a pesar de la gran renovación registrada por doquier, continúa siendo difícil para muchos cristianos, que rezan poco. 57

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 151. A LOS OBISPOS DE PULLA Y BASILICATA Roma, 28 de noviembre de 1981

152. La catequesis y la pastoral familiar 2. (…) La religiosidad, transmitida preferentemente por tradición y por ambiente sociológico, se ha vuelto frágil e insuficiente, y resulta más difícil aceptarla y comprenderla. La crisis se advierte especialmente en la estructura y en el ámbito de la familia, como asimismo de los jóvenes, asaltados por ideologías múltiples y hostiles. Ciertas expresiones religiosas que se manifiestan en formas tradicionales de devoción y de costumbres, evidencian el problema –por otra parte muy extendido– de la desconexión entre la vida y la fe, que corre el riesgo de ser vivida de un modo instrumental. 3. El cuadro aquí esbozado, cuyas líneas particulares son objeto de vuestra preocupación cotidiana, sugiere algunas reflexiones prácticas y programáticas, que deseo proponer a vuestra atención, queridos hermanos en el Episcopado. Refiriéndome a vuestra grave función de responsables de la fe, quisiera, ante todo, invitaros a potenciar una catequesis que lleve a los creyentes a la comprensión del significado, trascendente y a la vez existencial, de las verdades religiosas, a la concienciación de la fe, y, por tanto, a la coherencia en la praxis, es decir, a una religiosidad integrada, capaz de renovar la vida. Es necesario apelar a una sabia perspicacia para potenciar en todas las formas la instrucción religiosa, y madurar así conciencias verdaderamente cristianas, iluminadas, equilibradas y sólidas, que sepan enfrentarse con la mentalidad corriente, con la mentalidad del mundo, a la cual no podemos adaptarnos: «No se conformen a este siglo» (Rm 12, 2). Semejante trabajo de iluminación y formación debe reservarse, con particular atención e intensidad, a la familia y a sus problemas (…). Preparar a los jóvenes para la familia con una seria dirección espiritual en las parroquias, ayudar a las familias a cumplir sus deberes; integrarlas como Iglesias domésticas en el ministerio de la evangelización y de la santificación; buscar en las familias el punto de partida para la formación completa del hombre y del cristiano (…). Sólo deseo subrayar la necesidad de educar a los jóvenes para la realidad humana y sobrenatural del amor, para las responsabilidades que se derivan del matrimonio elevado a la dignidad de sacramento; en una palabra, para el gran servicio que están llamados a prestar a la Iglesia y a la sociedad. En el estudio de estos temas relativos a la familia se han consumido ya muchas energías; ahora es el momento de pasar a la acción con un esfuerzo unitario y conjunto, animado y sostenido por la fe. 153. CONGRESO AGENTES DE PASTORAL FAMILIAR Buenos Aires, 7 de diciembre de 1981

154. «Iglesia doméstica»: una comunidad en comunión 2. La familia, en cuanto instituida «desde el principio» por Dios, posee su verdad propia, a la que debemos retornar continuamente y a cuya luz debemos juzgar cada situación. Por tanto, preguntarse si la familia es una «comunidad en comunión», equivale a preguntarse si la familia realiza verdadera y totalmente el proyecto de Dios sobre ella. 58

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 155. La vocación al amor La familia es una «comunidad en comunión» cuando, ante todo la comunidad conyugal está en comunión. Como leemos en el libro del Génesis (1,28). Dios creó al hombre a su imagen: al llamarlo a la existencia por amor, lo llamó, simultáneamente al amor. Puesto que Dios es amor, y el hombre ha sido creado a su imagen, la vocación al amor ha quedado grabada, por decirlo así, orgánicamente en esta imagen, es la verdad profunda de la comunidad conyugal. 156. A LOS OBISPOS DE ZARAGOZA Roma, 3 de febrero de 1982

157. Al servicio de la familia 3. Otro campo a tener bien en cuenta en la transmisión del mensaje de salvación es el de la enseñanza de la religión en la escuela pública y privada. No se trata de invadir esferas indebidas, sino de dar una respuesta al deber evangelizador de la Iglesia, de acuerdo con el deseo explícito de la gran mayoría de los padres, los primeros responsables de la educación de sus hijos (…). Por otra parte, un auténtico derecho-deber de los padres, que han de sentir la grave responsabilidad que su misión les impone. Y que ha de comprometer asimismo a las personas e instituciones que están en contacto con ellos y a su servicio. Ahí halla su puesto importante la parroquia y la escuela. 4. Es lógico que, al tratar de la transmisión de la fe y de la educación completa de las nuevas generaciones, no puede prescindir del papel insustituible que juega la familia. Más aún, es ella precisamente la que ofrece por sí misma posibilidades. Por esto mismo les aliento a potenciar en todo lo posible, a través de sus delegaciones diocesanas de pastoral familiar, los planes de un apostolado bien cuidado y preeminente en ese sector, siguiendo las líneas maestras que he indicado en la reciente Exhortación Apostólica «FAMILIARIS CONSORTIO». 158. EN EL SANTUARIODEL SAMEIRO (Portugal) 15 de mayo de 1982

159. El futuro del hombre ligado a la familia 3. (…) En el cumplimiento de este deber esencial, que pertenece estrictamente a su vocación, la familia va a beber en las fuentes del gran tesoro de toda humanidad que es la cultura; y más directamente la cultura del ambiente en que está radicada. En este orden de cosas el hombre se hace heredero del pasado, que para él se va transformando en futuro: no sólo un futuro de la propia familia, sino también de la propia nación y de la humanidad entera. 4. Al mismo tiempo que se va desarrollando este ciclo normal de la familia, del nacimiento y de la educación del hombre, a través de él pasa orgánicamente el plan divino de la salvación que adquiere su plenitud.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 160. JESÚS ES EL SEÑOR (documento) CEE 10 septiembre 1982

161. Desde el Bautismo Después de la lectura de la Palabra de Dios, los padres llevan a sus hijos a la pila o fuente bautismal donde está preparada el agua, y, en voz alta piden que sus hijos sean bautizados en la Iglesia. Manifiestan que están dispuestos a enseñarles: a conocer el Evangelio, a rezar como discípulos de Jesús y a vivir como Él vivió (…) Al terminar la celebración del Bautismo, el sacerdote entrega a los padres de cada niño una vela encendida. Esta luz significa la luz de Jesús. Jesús dijo un día: «Yo soy la luz del mundo»(p. 8-9). En la catequesis de preparación al Bautismo, este pasaje puede hacer más conscientes a los padres de su responsabilidad en la transmisión de la fe a sus hijos, que (…) no sólo se comprometen a dar a conocer el Evangelio y enseñar a rezar a sus hijos, sino también enseñarles a vivir como Él (Jesús) vivió (Guía 15. 29). 162. A LAS FAMILIAS CRISTIANAS DE ESPAÑA Madrid, 2 de noviembre de 1982

163. No puede sustituir 3. «Los padres, puesto que han dado la vida a los hijos, están gravemente obligados a la educación de la prole y, por tanto, ellos son los primeros y obligados educadores. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia, que cuando falta difícilmente puede suplirse.19 » Tratándose de un deber fundado sobre la vocación primordial de los cónyuges a cooperar con la obra creadora de educar a los propios hijos. Dado su origen es un deber-derecho primario en comparación con la incumbencia educativa de otros, insustituible e inalienable, esto es, que no puede delegarse totalmente en otros ni otros pueden usurparlo. No hay lugar a dudas de que en el ámbito de la educación, a la autoridad pública le competen derechos y deberes, en cuanto debe servir al bien común. Ella, sin embargo, no puede sustituir a los padres, ya que su cometido es el de ayudarles, para que puedan cumplir su deber-derecho de educar a los propios hijos de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas (…) Comprenden por qué la Iglesia ve ante sí, como un campo a cultivar con todo el empeño posible, la institución del matrimonio y de la familia ¡Cuán grande es la verdad de la vocación de la vida matrimonial y familiar, según las palabras de Cristo y según el modelo de la Sagrada Familia! Que sepamos ser fieles a esta palabra y a este modelo.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 164. A LOS CATEQUISTAS Y EDUCADORES CRISTIANOS Granada, 5 de noviembre de 1982

165. Los primeros No cabe duda de que la Parroquia deba continuar su misión privilegiada de formadora de la fe, no cabe duda de que los padres deban ser los primeros catequistas de sus hijos. 166. A LOS MISIONEROS DE JAVIER Navarra, 6 de noviembre de 1982

167. Misión evangelizadora de la familia cristiana 5. La familia cristiana, que actúa ya como misionera al presentar sus hijos a la Iglesia para el bautismo, debe continuar el ministerio de evangelización y de catequesis, educándolos desde su más tierna edad en la conciencia misionera y el espíritu de cooperación eclesial. El cultivo de la vocación misionera en los hijos e hijas será por parte de los padres la mejor colaboración a la llamada divina. Y cuántas veces esa toma de conciencia misionera de la familia cristiana la conduce a hacerse directamente misionera mediante servicios temporales, según sus posibilidades. Familias cristianas: confróntense con el modelo de la Sagrada Familia, que favoreció con delicado esmero la gradual manifestación de la misión redentora, misionera, podemos decir, de Jesús. Y mírense también en la acción edificante de los padres de Javier, especialmente su madre, que hicieron de su hogar una «Iglesia doméstica» ejemplar. Las constituciones de aquel hogar reflejan atención profunda a la vida de fe, con devoción acentuada a la Santísima Trinidad, a la pasión de Cristo y a la Madre de Dios. 168. CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO (CIC) Roma, 25 de Enero de 1983

169. La específica obligación de los padres 226. 2. Por haber transmitido la vida a sus hijos, los padres tienen el gravísimo deber y el derecho de educarles; por tanto corresponde a los padres cristianos en primer lugar procurar la educación cristiana de sus hijos según la doctrina enseñada por la Iglesia. 170. Los padres y los padrinos 774. 2. Antes que nadie, los padres están obligados a formar a sus hijos en la fe y en la práctica de la vida cristiana, mediante la palabra y el ejemplo; y tienen una obligación semejante quienes hacen las veces de padres, y los padrinos.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 171. Misión del párroco 776. en virtud de su oficio, el párroco… promueva y fomente el deber de los padres en la catequesis familiar a la que se refiere el canon 774. 2. 172. Elegir las instituciones 793. 1. Los padres y quienes hacen sus veces tienen la obligación y el derecho de educar a la prole; los padres católicos tienen también la obligación y el derecho de elegir aquellos medios e instituciones mediante los cuales, según las circunstancias de cada lugar, puedan proveer mejor a la educación católica de los hijos. 793.2. También tienen derecho los padres a que la sociedad civil les proporcione las ayudas que necesiten para procurar a sus hijos una educación católica. 173. Las escuelas 796. 1. Entre los medios para realizar la educación, los fieles tengan en mucho las escuelas, que constituyen una ayuda primordial para los padres en el cumplimiento de su deber de educar. 796. 2. Es necesario que los padres cooperen estrechamente con los maestros de las escuelas a las que confían la formación de sus hijos; los profesores, a su vez, al cumplir su encargo, han de trabajar muy unidos con los padres, a quienes deben escuchar de buen grado, y cuyas asociaciones o reuniones deben organizar y ser muy apreciadas. 797. Es necesario que los padres tengan verdadera libertad para elegir las escuelas; por tanto, los fieles deben mostrarse solícitos para que la sociedad civil reconozca esta libertad de los padres y, conforme a la justicia distribuya; así la proteja también con ayudas económicas. 798. Los padres han de confiar sus hijos a aquellas escuelas en las que se imparta una educación católica; pero, si esto no es posible, tienen la obligación de procurar que, fuera de las escuelas, se organice la debida educación católica. 799. Deben esforzarse los fieles para que, en la sociedad civil, las leyes que regulan la formación de los jóvenes provean también a su educación religiosa y moral en las mismas escuelas, según la conciencia de sus padres. 800. Fomenten los fieles las escuelas católicas ayudando en la medida de sus fuerzas a crearlas y sostenerlas. 174. Obligación gravísima, y derecho 1136. Los padres tienen la obligación gravísima y el derecho primario de cuidar en la medida de sus fuerzas de la educación de la prole, tanto física, social y cultural, como moral y religiosa.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 175. LA CATEQUESIS DE LA COMUNIDAD Madrid, febrero de 1983

176. La familia lugar de catequesis 272. La familia debe ser considerada como un cauce catequético de importancia primordial «en cierto modo insustituible»(CT 68). Así ha sido reconocido y subrayado por la tradición de la Iglesia, especialmente por el Vaticano II (GE 3; LG 11.30; GS 52). A pesar de tendencias contrarias, en los últimos tiempos, la familia ha sido revalorizada como un lugar privilegiado de realización personal: es la primera comunidad donde los hombres se abren al conocimiento de la verdad, al amor y a las relaciones con otros. 177. Participa de la misión de la Iglesia La familia cristiana «debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde se irradia»(EN 71), ya que ella es como una célula de la gran Iglesia establecida por Jesucristo. Participa, en efecto, de las acciones y de la vida de esa misma Iglesia profética y catequizadora, orante y cultual, de comunión y de servicio, de compromiso de la fe en las realidades temporales, y construye un ámbito fundamental para el germen, crecimiento y maduración de la fe. 178. La educación de la fe es misión propia La familia cristiana tiene una misión propia respecto a la educación de la fe de sus miembros, especialmente de los hijos. Ella es catequista por vocación y naturaleza. Los padres y el conjunto familiar son los primeros catequistas y la primera catequesis de los hijos. Estos escuchan y aprenden el Evangelio, antes que nada, en las personas que integran la realidad familiar y encarnan los valores humanos y cristianos. 179. Objetivo de la catequesis familiar 273.«La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis»(CT 68).Son objetivos de esta catequesis: el despertar religioso, la iniciación en la oración personal y comunitaria, la educación de la conciencia moral, la iniciación en el sentido del amor humano, del trabajo, de la convivencia y del compromiso en el mundo, dentro de una perspectiva cristiana. 180. Nacida de la misma vida familiar «La fe se transmite en todo el contexto

familiar con ejemplos, palabras y oraciones realizadas en común, y principalmente, creando una atmósfera cristiana. De hecho (…) ya cuando los miembros de la familia se ayudan unos a otros a crecer en la fe por medio de su testimonio de vida cristiana, a menudo silencioso, mas, perseverante a lo largo de una existencia cotidiana vivida según el Evangelio. Será más señalada cuando el ritmo de los acontecimientos familiares –tales como la recepción de los sacramentos, la celebración de grandes fiestas litúrgicas, el nacimiento de un hijo o la ocasión de un luto– se procura explicitar en familia el contenido cristiano o religioso de esos acontecimientos»(CT 68). 63

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 181. Necesidad de un cambio de mentalidad 274. Todo esto reclama cambiar la mentalidad respecto a las familias y a la educación de la fe en su seno. Los padres cristianos deben superar posibles complejos de inferioridad en relación con la educación religiosa y cristiana de sus hijos y convencerse de que no necesitan especiales conocimientos teológicos, sino asumir sencilla y confiadamente los dones sacramentales y la gracia que deriva de su matrimonio. Se debe superar, asimismo, aquellas teorías que, por un concepto poco claro de la realidad, sugieren dejar para más tarde la propuesta del Evangelio con sus opciones y compromisos correspondientes. 182. Religiosidad familiar No se puede minusvalorar, por otro lado, la religiosidad familiar, que parte de la religiosidad popular, marcada a veces por elementos impuros. Esta religiosidad de la familia, incluyendo los aspectos no tan positivos, atestigua en su raíz una memoria evangélica conservada y consentida. 183. La educación familiar, y los otros ámbitos Esta educación peculiar de la fe «ambiental»; es importante; pero es necesario ir más allá; caminar hacia una catequesis explícita, tanto en el seno de la familia como en otros ámbitos comunitarios de la Iglesia (…) La parroquia, verdaderamente, no podrá sustituir a la familia en su función educadora de la fe, ni esta podrá dimitir de esta función entregándola enteramente a la parroquia. Cada uno tiene su propio cometido. La parroquia proseguirá, completará y perfeccionará la obra de las familias y ayudará a estas a que puedan cumplir adecuadamente y cada día mejor con la tarea que les es propia. 184. Urge su preparación Urge preparar a los padres cristianos para que asuman y cumplan responsablemente su oficio de primeros y permanentes catequistas de sus hijos. «Nunca se esforzarán bastantes los padres cristianos por prepararse a este ministerio de catequistas de sus propios hijos y por ejercerlo con celo infatigable. Los mismos padres aprovechen el esfuerzo que esto les impone, porque en un diálogo catequético de este tipo, cada uno recibe y da»(CT 68). De esta manera, toda la comunidad familiar estará atenta a la Palabra de Dios, se vinculará a la fraternidad de los discípulos de Jesús, siendo comunidad evangelizada y evangelizadora.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 185. A LOS LAICOS Y EDUCADORES EN NICARAGUA León, 4 de marzo de 1983

186. Primado de la familia en educación 2. (…) Podría decirse que la tarea educativa es connatural al laico. Porque está íntimamente unida a sus responsabilidades conyugales y familiares. Efectivamente, los laicos participan en la misión educativa, evangelizadora y santificadora de la Iglesia, en virtud de su derecho-deber, primario y original, de educar a los propios hijos. Y no cabe la menor duda de que la escuela es el complemento de la educación recibida en el seno de la propia familia. Así lo reconoce la Iglesia cuando subraya el primado de la familia en la educación. Por eso yo mismo, en mi visita a la sede de la UNESCO hace dos años y medio, reivindicaba «el derecho que pertenece a todas las familias de educar a sus hijos en las escuelas que correspondan a su visión del mundo, y, en particular, el estricto derecho de los padres creyentes a no ver a sus hijos sometidos, en las escuelas, a programas inspirados en el ateísmo». Pero es lógico que los padres tengan el deber de transmitir la fe también en el ámbito de la familia. 187. HOMILÍA EN TÉRMOLI Italia, 19 marzo de 1983

188. La autoridad de los padres 2. (…) Gran misión ésta de la paternidad, de la que no pocos padres hoy están tentados de abdicar, optando por una relación «de igualdad» con los hijos, que acaba por privar a estos últimos del apoyo psicológico y del apoyo moral, que necesitan para superar felizmente la fase precaria de la niñez y de la primera adolescencia. Alguien ha dicho que hoy estamos viviendo la crisis de una «sociedad sin padres». Se advierte cada vez con mayor claridad la necesidad de poder contar con padres que sepan desempeñar su papel, uniendo la ternura con la seriedad, la comprensión con el rigor, la camaradería con el ejercicio de la autoridad, porque sólo así podrán crecer armoniosamente los hijos, dominando los propios miedos y disponiéndose a afrontar con coraje las incógnitas de la vida. Pero, ¿de dónde podrán sacar, queridísimos papás, la energía necesaria para asumir en las diversas circunstancias la actitud justa que sus hijos, aun sin saberlo, esperan de ustedes? La respuesta la brinda San José; en Dios, fuente de toda paternidad, en su modo de actuar con los hombres, como nos revela la Sagrada Escritura, pueden encontrar el modelo de una paternidad capaz de incidir positivamente en el proceso educativo de sus hijos, no sofocando, por una parte, su espontaneidad, ni abandonando, por otra, su personalidad aún inmadura, a las experiencias traumatizantes de la inseguridad y de la soledad. 3. José y su Esposa castísima, la Virgen María no abdicaron de la autoridad que les competía como a padres. El Evangelio dice significativamente de Jesús: «…estaba bajo su autoridad» (Lc 2, 51). Era una sumisión «constructiva» aquélla de la que fueron testigos las paredes de la casa de Nazaret, ya que dice también el Evangelio que, gracias a ella, el Niño «iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Ib. V. 52). 65

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia En este crecimiento humano José guiaba y sostenía al Niño Jesús, introduciéndolo en el conocimiento de las costumbres religiosas y sociales del pueblo judío, y encaminándolo en la práctica del oficio de carpintero, del que, durante tantos años de ejercicio, él había asimilado todos los secretos. Este es un aspecto que me apremia subrayar hoy: San José enseñó a Jesús el trabajo humano, en el que era experto. El divino Niño trabajaba junto a él, y escuchándolo y observándolo aprendía a manejar los instrumentos propios del carpintero con la diligencia y la dedicación que el ejemplo del padre adoptivo le transmitía. 189. A LOS OBISPOS DE LITUANIA Roma, 22 de abril de 1983 190. Los jóvenes en familia 4. Conocen bien, venerables hermanos, que los esfuerzos de la Iglesia por catequizar a la juventud generalmente no consiguen su efecto sin la colaboración de la familia y a veces ésta constituye el único apoyo. Por esta razón es necesario preocuparse con diligencia y empeño para que, no sólo se conserve la natural y religiosa estabilidad de la familia sino también para que pueda transmitir libremente a los hijos el don de la fe. En efecto, en los hijos está puesto el destino futuro de la Iglesia y de las naciones; en la familia se dejan a la descendencia –como en herencia– las virtudes, los bienes del alma, las loables costumbres cristianas, que constituyen el patrimonio cultural y espiritual del pueblo lituano. Si la familia es sana y honesta y está animada por el espíritu de fe, de caridad y de piedad, ella viene a ser como «primer seminario» según la enseñanza del Concilio Vaticano II (OT 2). 191. ENCUENTRO DE SEREGNO Italia21 de mayo de 1983

192. Misión de la familia en la educación de la fe 3. Como estoy viendo entre ustedes núcleos familiares enteros, deseo añadir una palabra particular para las familias y sobre todo para los padres de hoy y de mañana, y recordarles que el crecimiento y desarrollo de la fe en el corazón de los hijos se debe en gran parte al ambiente familiar, definido por el Concilio «pequeña Iglesia» e «Iglesia doméstica». Es preciso que se multipliquen con oportunidad y se pongan al alcance de todos los miembros en la vida familiar, los momentos dedicados a la promoción de los valores cristianos y profundización de las demandas principales del Evangelio y de los sacramentos de la fe. Al dar la vida a los hijos, con este gesto de amor los padres han asumido la responsabilidad de darles razón del significado, valor y esperanza insertos en este don, es decir, de explicarles el maravilloso don de la vida que se renueva de generación en generación, y que tendrá futuro si se realiza en la fe, gratitud y respuesta al amor de Dios, que es el principio de la vida. De este amor divino los padres son testimonio y ministros. En efecto, no elige la vida de los hijos por su provecho y egoísmo, sino por un amor y un mandato más grande que ustedes, según el cual engendrar es un acto de fe y esperanza. Sólo con esta luz sobrenatural se puede construir una familia que sea signo transparente del misterio de Dios que la suscita y sostiene, y revelación de la vida eterna de la caducidad de tiempos y generaciones, si bien ha menester de tiempos y generaciones para manifestarse al mundo. 66

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 193. EN LA CATEDRAL DE VIENA 11 de Septiembre de 1983

194. Los primeros 7. ¡Familia cristiana! ¡Vuelve a ser una familia orante! ¡Una familia que vive de la fe! En la que los padres son los primeros catequistas de sus hijos, donde se pueda tener experiencia del Espíritu de Dios, que es amor. Aprendan del Padre misericordioso a perdonarse siempre unos a otros. Padres, aprendan, también de Él a ser capaces de dejar marchar a sus hijos en libertad y a mantenerse siempre a su disposición a pesar de ellos. Apoyados en nuestra parábola, hagan nacer en ustedes la esperanza de que precisamente el hijo pródigo volviera a encontrar en definitiva a su padre en un modo que no había conocido anteriormente. 195. CARTA DE LOS DERECHOS DE LA FAMILIA Santa Sede, 22 de Octubre de 1983

196. Derechos Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razón ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos. a) los padres tienen el derecho de educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas, teniendo presentes las tradiciones culturales de la familia que favorecen el bien y la dignidad del hijo; ellos deben recibir también de la sociedad la ayuda y asistencia necesarias para realizar de modo adecuado su función educadora. b) los padres tienen el derecho de elegir libremente las escuelas u otros medios necesarios para educar a sus hijos según sus conciencias. Las autoridades públicas deben asegurar que las subvenciones estatales se repartan de tal manera que los padres sean verdaderamente libres para ejercer su derecho, sin tener que soportar cargas injustas. Los padres no deben soportar, directa o indirectamente, aquellas cargas suplementarias que impiden o limitan injustamente el ejercicio de esta libertad. c) Los padres tienen el derecho de obtener que sus hijos no sean obligados a seguir cursos que no están de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas. En particular, la educación sexual –que es un derecho básico de los padres– debe ser impartida bajo su atenta guía tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. d) los derechos de los padres son violados cuando el Estado impone un sistema obligatorio de educación del que se excluye toda formación religiosa. e) El derecho primario de los padres a educar a sus hijos debe ser tenido en cuenta en todas las formas de colaboración entre padres, maestros y autoridades escolares, y particularmente en las formas de participación encaminadas a dar a los ciudadanos una voz en el funcionamiento de las escuelas, y en la formulación y aplicación de la política educativa.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia f) La familia tiene el derecho de esperar que los medios de comunicación social sean instrumentos positivos para la construcción social sean instrumentos positivos para la construcción de la sociedad y que fortalezcan los valores fundamentales de la familia. Al mismo tiempo ésta tiene derecho a ser protegida adecuadamente, en particular respecto a sus miembros más jóvenes, contra los efectos negativos y los abusos de los medios de comunicación Fuentes y referencias Divini Illius Magistri, 27-34; Gravissimum Educationis, 3; Familiaris Consortio, 36; Codex Iuris Canonici, 793 y 1136. a) Familiaris Consortio, 36. b) Gravissimum Educationis, 7; Dignitatis Humanae, 5; S. Juan Pablo II; Libertad religiosa y el Acta final del Helsinki, 4b; Familiaris Consortio, 40; Codex Iuris Canonici, 797. c) Dignitatis Humanae, 5; Familiaris Consortio, 37 y 40 d) Dignitatis Humanae, 5; Familiaris Consortio, 40 e) Familiaris Consortio, 40; Codex Iuris Canonici, 796. f) Pablo VI: Mensaje para la Tercera Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 1969; Familiaris Consortio, 76 197. A LA ASOCIACIÓN PARA LA FAMILIA SCHÖNSTANTT 27 de abril de 1984

198. La familia, «Iglesia doméstica» 2. (…) La familia no es sólo la célula original de la sociedad humana, sino también de la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha dicho justamente de la familia que es algo así como una «Iglesia doméstica», en la cual «los padres deben ser para sus hijos los primeros testigos de la fe mediante la palabra y el ejemplo» (LG 11). Yo les animo a ustedes, como matrimonios cristianos, así como a las familias que ustedes representan, a corresponder con todas sus fuerzas a este importante apostolado en el ámbito de sus propias familias y a tomar como directrices de su actuación la doctrina de la Iglesia y de su magisterio supremo. 3. Sin la decidida y comprometida cooperación de ustedes, padres, no es prácticamente posible transmitir efectivamente la fe a las nuevas generaciones. Ustedes son para sus hijos no sólo los primeros, sino en la mayoría de los casos también los más importantes testigos de la fe. Ya desde muy pronto sus hijos se dan cuenta de si para ustedes vale la pena vivir en comunión viva con Dios; si ustedes viven en la confianza de la dirección de Dios, en comunión con Jesucristo; si viven conscientemente confiados en la fuerza y la dirección del Espíritu Santo. Muy pronto se dan cuenta de si aman a la Iglesia, de si frecuentan los actos litúrgicos y los sacramentos, y sobre todo de si se esfuerzan seriamente en vivir su fe. ¡Su vida es mucho más efectiva que sus palabras!

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 199. CONFERENCIA DE PASTORAL. COREA Seúl, 6 de mayo de 1984

200. Oración en familia 3. (…) También es admirable la vida de fe que vivieron en el seno de la familia. De los 103 mártires canonizados hoy, muchos eran miembros de la misma familia, consanguíneos o descendientes de familias de mártires. Y esto, porque rezaban juntos y juntos llegaron a la madurez de la fe, aprendiendo a temer y amar a Dios, a apreciar, respetar y amar a cualquier ser humano como hijo de Dios: todo esto en el seno de la familia. La familia es la «Iglesia doméstica» en la que los padres son «para sus hijos los primeros predicadores de la fe» y en la que se fomentan las vocaciones (cfr. LG 11) .La familia verdaderamente cristiana es un «lugar donde se transmite el Evangelio y desde donde este irradia el Evangelio» (EN). Construir sobre las grandes tradiciones espirituales y culturales de Asia: ¿Qué mejor medio para ser cada vez más una Iglesia de familias orantes y un ejemplo para el resto del mundo? 201. HOMILÍA EN PAPÚA (NUEVA GUINEA) Port Moresby, 8 de mayo de 1984 202. Escuela de virtudes cristianas 3. La familia cristiana, unida en la fe y la plegaria es como una escuela en la que se aprenden las lecciones de perdón, paciencia y amor mutuo. En la familia, los hijos se preparan a formar parte en la vida y misión de la Iglesia. 203. A LA CURIA ROMANA 28 de junio de 1984

204. La educación católica de la juventud 8. La Iglesia entra a fondo en la cuestión de la educación católica de la juventud y, de modo especial, pide libertad e igualdad para las escuelas católicas, porque está convencida de que son un derecho de las familias cristianas, como han subrayado repetidamente tantas afirmaciones del Magisterio de esta Sede de Pedro. Si la Iglesia insiste tanto en este derecho es precisamente pensando en la familias, a quiénes incumbe fundamental y ontológicamente el deber de la educación cristiana de los hijos. Los padres son los primeros educadores de sus hijos; es más, en el servicio de la transmisión de la fe, son los «primeros catequistas de sus hijos» como afirmé en la catedral de Viena20. La familia, querida por Dios por su propia naturaleza, es la primera y natural comunidad educadora del hombre que viene al mundo. Debe poder gozar, por consiguiente, sin discriminación alguna por parte de los poderes públicos, de la libertad de escoger para los 20

L ´Observatore Romano, 11 de septiembre 1983; Edición en Lengua Española, 25 septiembre, pág. 8).

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia hijos del tipo de escuela que se adecúe a las propias convicciones y no debe ser obstaculizada por gravámenes económicos demasiado pesados, porque todos los ciudadanos poseen en igualdad intrínseca, también y sobre todo en este campo. El Concilio Vaticano II, incluso en la Declaración sobre la libertad religiosa ha dicho explícitamente: «primeros catequistas de sus hijos». A cada una de las familias, en cuanto a sociedad que goza de un derecho propio y primordial, tiene derecho a ordenar libremente su vida religiosa doméstica bajo la dirección de los padres. A éstos corresponde el derecho de determinar la forma de educación religiosa que se ha de dar a sus hijos de acuerdo con su propia convicción religiosa. Así pues, el poder civil debe reconocer el derecho de los padres a elegir, con auténtica libertad las escuelas y otros medios de educación, sin imponerles ni directa ni indirectamente cargas injustas por esta libertad de elección»(DH, 5). 205. A LOS OBISPOS DE PARAGUAY. 15 noviembre 1984 206. Ante el año de la familia Sé que han iniciado la celebración del Año Nacional de la Familia, bajo un lema sugestivo y elocuente. Sí, muchas veces he tenido que mostrar mi preocupación ante ataques contra la familia, hoy les expreso mi satisfacción por esta iniciativa pastoral. Muchas y loables son las iniciativas puestas en marcha con motivo del Año de la Familia. Quiero subrayar por mi parte la atención a las familias de escasos recursos y el empeño en difundir la doctrina familiar de la Iglesia. Les aseguro a la vez mi oración, para que el Señor suscite copiosos frutos pastorales en favor de todas las familias paraguayas y que cada una de ellas sea en verdad una comunidad más cristiana y humana. 207. EN LA FIESTA DEL BAUTISMO DE JESÚS 13 de enero de 1985

208. Padres y padrinos 3. Ustedes, queridos padres, que han engendrado físicamente a estos hijos suyos, sean siempre conscientes, juntamente con los padrinos y madrinas, de esta generación espiritual y sobrenatural de sus criaturas. El nacimiento físico es de carácter temporal: el nacimiento a la vida de la gracia se efectúa durante todo el curso de la existencia terrena, y se cumple solamente en la vida eterna. Así, pues, recuerden siempre, queridos padres, queridos padrinos y madrinas, de esta responsabilidad suya: «engendrar» a estas criaturas a la vida de los hijos de Dios. Lo deberán, lo podrán hacer como miembros de la comunidad eclesial. La maternidad de la Iglesia debe pasar a través de ustedes. Ciertamente, esta maternidad se manifestará también, hasta cierto punto, por medio de la presencia del sacerdote, del religioso y de la religiosa. Pero jamás olviden la función insustituible, ejercida por un sano ambiente familiar, que justa y repetidamente es llamado la «Iglesia doméstica ». La familia es la primera escuela para la formación moral y religiosa y para la transmisión de los valores más queridos. Esto, queridos hermanos y hermanas, es mi deseo: éste es mi anhelo. Que la luz y la fuerza del Espíritu, la asistencia de la Bienaventurada Madre de Dios y de la Iglesia les ayuden a llevar a sus hijos – a estos nuevos cristianos- a la plenitud de la gracia bautismal y a la santidad. 70

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 209. EN PIURA (PERÚ) 4 de febrero de 1985

210. Llamados a la conversión 6. El anuncio del evangelio conlleva el constante llamado a una actitud de conversión por parte de todos los cristianos y ha de penetrar no sólo la vida personal y familiar, sino también las estructuras sociales, para hacerlas más conformes con las exigencias de la justicia. No olvidemos nunca que sólo corazones convertidos y renovados interiormente mejorarán el tono moral y humano de la sociedad. ¡Vivan, pues, ustedes esas exigencias e infundan en las realidades temporales la savia de la fe en Cristo! Pienso concretamente en el testimonio de vida y en el esfuerzo evangelizador que requiere la familia cristiana: que los cónyuges vivan el sacramento de la unión fecunda e indisoluble entre Cristo y la Iglesia; que sean los fundadores y animadores de la «Iglesia doméstica », la familia, con el compromiso de una educación integral ética y religiosa de los hijos; que abran a los jóvenes los horizontes de las diversas vocaciones cristianas, como un desafío de plenitud a las alternativas del consumismo hedonista o del materialismo ateo. 211. EN LA PARROQUIA DE LA ASUNCIÓN (ITALIA) Tusculano, 10 de febrero de 1985

212. La oración en familia 4. Es muy importante la oración en la comunidad familiar: la oración de los padres con los hijos, la oración común de los esposos, y antes aún la oración de los novios. Por la oración especialmente se transforma la familia en «Iglesia doméstica », a la que los antiguos escritores cristianos llamaban con acierto «iglesita», pequeña iglesia. 213. EL CATEQUISTA Y SU FORMACIÓN Madrid, septiembre de 1985

214. Preocupación central 37. Merece atención especial la función trascendental de los padres cristianos que, por el sacramento del Matrimonio, se constituyen para sus hijos en los verdaderos misioneros del primer anuncio del Evangelio (EN 52) y en los primeros maestros de la fe (LG 11), dentro de esa Iglesia doméstica que es la familia cristiana, y que debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde se irradia (EN 71). Por eso, «nunca se esforzarán bastante los padres cristianos por prepararse a este ministerio de catequistas de sus propios hijos y por ejercerlo con celo infatigable» (CT 68), La educación cristiana en la familia es un factor decisivo para la fe de los hijos. Si falta, la catequesis de la comunidad se verá seriamente dificultada (CT 42) al carecer el niño de unos fundamentos religiosos nacidos en la entraña de la relación afectiva con sus padres. Creemos necesario que la acción de los catequistas no se limite a la catequesis con los niños. Es preciso crear también cauces de relación con los padres para animarles a que asuman la tarea de educar en la fe a sus propios hijos. La educación cristiana familiar ha de constituir una preocupación central en la Iglesia particular.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 215. A PADRES DE ALUMNOS Italia, 3 de mayo de 1986

216. Misión de los padres cristianos 3. Como bien saben; la Iglesia de Cristo, fiel a su misión docente, no cesa de recordar a lo

largo de su historia que los creyentes deben tener siempre un comportamiento individual y colectivo, plenamente coherente con las enseñanzas evangélicas (…) Ahí también, amadísimos, tiene su razón de ser su misión de padres cristianos; son los primeros e insustituibles educadores de sus hijos. Les corresponde el derecho de elegir libremente aquellos centros donde se promuevan auténticamente los valores cristianos, pues no olvidemos que debe existir una profunda continuidad entre la escuela y la familia. La Iglesia, a la vez, que es consciente de la importante labor que están realizando por fidelidad a la causa del Reino, desea seguir ofreciéndoles la ayuda, los consejos y las orientaciones necesarias para el mejor cumplimiento de tan delicada función. La Iglesia les necesita. 217. AL PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA 10 de octubre de 1986

218. El don de sí 2.(…) Efectivamente, uno de los elementos propios de la vida familiar es la tarea de la formación de los hijos. Los padres, que son los principales responsables de la educación de sus hijos, se convierten, así, en sus primeros evangelizadores (cfr. LG 11), como su vocación matrimonial requiere. Han sido llamados por Dios a transmitir la vida humana y contribuyen además a la regeneración que Dios opera en ellos por la fe y el bautismo que les da la vida divina. Así, pues –como recordaba en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, «el deber educativo recibe en el sacramento del matrimonio la dignidad y la llamada a un ser verdadero y propio “ministerio” de la Iglesia al servicio de la edificación de sus miembros» (n.38). 3. Afirmar el valor de los hijos es, lógicamente, al mismo tiempo los dos aspectos inseparables como son su procreación y educación. La Constitución pastoral Gaudium et Spes representa la procreación y la educación de los hijos como la corona propia de la institución del matrimonio y del amor conyugal (cfr.n.48). La importancia que la doctrina cristiana sobre el matrimonio atribuye a la procreación, nunca ha sido, ni puede ser referida a un orden exclusivamente genético, biológico. Lo que es requerido en la constitución del matrimonio, y por esta razón exigido en la misma intimidad conyugal, es una apertura al hijo al que se da la vida y se educa. Es el mismo amor que une a los cónyuges entre sí que les abre al hijo, como fruto de su amor. «El don de sí que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas y entre las diversas generaciones que conviven en la familia»(Familiaris Consortio, 37). Y para cumplir una misión así, los esposos cristianos «están fortificados y como consagrados por un sacramento especial»(cfr. G S, 48). 72

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 219. EN PERTH (AUSTRALIA) 30 de noviembre de 1986

220. Plena maduración humana 1. La familia en el plan de Dios para la humanidad y para la Iglesia es el tema de esta celebración Eucarística. El Hijo de Dios, al hacerse hombre, dio origen a esta familia especial que Iglesia venera como la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, María y José. 2. Mi saludo a ustedes, familias de Perth y de Australia Occidental. A ustedes, esposos y esposas, padres y madres, hijos e hijas, abuelos, y a todos ustedes que llevan en el corazón el bienestar de la familia. 3.

La familia es la Iglesia doméstica. Esta tradicional idea cristiana significa que el hogar es la Iglesia en pequeño. La Iglesia es el sacramento del amor de Dios. Es una comunión de fe y de vida. Es madre y maestra. Está al servicio de toda la familia humana que, como ella, avanza hacia su destino último. De la misma manera, la familia es una comunidad de vida y de amor. Educa y guía a sus miembros para su plena maduración humana y sirve al bien de todos a lo largo del camino de la vida. La familia es la «célula primera y vital de la sociedad»(A A 11; cfr. FC, 42), En el mismo sentido, es una imagen viva y una representación histórica del misterio de la Iglesia (cfr. FC 49). El futuro del mundo y de la Iglesia, pasa a través de la familia (Ib. 75). 221. A LOS OBISPOS DE MALTA 4 de junio de 1987

222. Inicio de la evangelización 4 Hasta aquí he hablado de la evangelización en lo que se refiere a la vida interna de la Iglesia: su predicación, su catequesis y sus objetivos educativos. Esta vida interna debe a su vez dirigirse hacia el servicio a Cristo y a su Evangelio dentro de toda la comunidad. Este sentido más amplio de la evangelización comienza con la familia, que desempeña un papel importante como una «Iglesia doméstica» y como la célula principal de la sociedad. La familia es el lugar donde el testimonio del Evangelio recibe una aplicación concreta y después se extiende a los vecinos y a los demás. La manera cómo viven las familias creyentes–es decir, sus valores, su trabajo y su ocio, y lo que enseñan a sus hijos– da testimonio del significado real del amor, de la donación personal, del servicio, del diálogo, de la libertad, de la preocupación por el bien común, de la oración y de tantas verdades fundamentales acerca de la vida que hoy están amenazadas por el materialismo, el consumismo y la búsqueda del placer. Las familias cristianas están llamadas a ser «apóstoles» unas para otras, mostrando una compasión y un amor auténticos a las familias necesitadas y manteniéndose abiertas a toda la sociedad con una solidaridad sincera.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 223. A LAS ESCUELAS CATÓLICAS Nueva Orleans, 12 de setiembre de 1987

224. Deberes y derechos 5. Permítanme, hermanas y hermanos, mencionar brevemente una cuestión de especial importancia para la Iglesia. Me refiero a los derechos y deberes de los padres en la educación de sus hijos. El Concilio Vaticano II ha expresado claramente la posición de la Iglesia: «Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, están gravemente obligados a la educación de la prole y, por tanto, ellos son los primeros y obligados educadores». En comparación con la función educadora de cualquier otro, la suya es la primera; es también insustituible e inalienable. A nadie le está permitido tratar de usurpar esa responsabilidad única. Jamás se podrá penalizar a los padres que intentan proporcionar a sus hijos una educación conforme a sus creencias. Los padres deben conseguir que sus propios hogares sean lugares donde se vivan los valores espirituales y morales. Tienen derecho a conseguir que la fe de sus hijos sea respetada y protegida. Como educadores se dan cuenta acertadamente que su función consiste en ayudar a los padres que son los primeros responsables. Son encomiables los esfuerzos que ponen por comprometerlos en la totalidad del esfuerzo educativo. 225. A LOS OBISPOS DE NICARAGUA 22 de agosto de 1988

226. Catequesis familiar Ya en el umbral del V Centenario de la evangelización de América, les exhorto vivamente a mantener y a acrecentar la herencia de la fe. Lo misioneros que llegaron a su continente y, en concreto, a su tierra, llevados por su celo evangelizador, dedicaron sus esfuerzos a la catequesis, y especialmente a la catequesis familiar. Éste ha sido uno de los pilares que ha mantenido la vida cristiana en ese querido continente de la esperanza. Saben que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad (FC 1). No obstante algunas concepciones materialistas, que a veces entran a formar parte de las legislaciones permisivas, permanezcan firmes en proponer el ideal íntegro de la familia, según el designio de Dios, y del sacramento del Matrimonio indisoluble, símbolo de la unión íntima de Cristo con la Iglesia (Ef 5, 32). Al mismo tiempo, recuerden a los padres que tienen la gravísima obligación de educar a su prole. «Ellos son los primeros y principales educadores de sus hijos» (FC 36), los cuales tienen el derecho inalienable de recibir una educación conforme a la fe religiosa de sus padres (cfr. FC 40), que no venga manipulada por ideologías y praxis materialistas y ateas. En su misión evangelizadora, «la Iglesia mira a los jóvenes; es más, la Iglesia de manera especial se mira a sí misma en los jóvenes», «Carta a los jóvenes y a las jóvenes de todo el mundo»(15, 31 de marzo de 1985).

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 227. CHRISTIFIDELES LAICI Exhortación apostólica de S. Juan Pablo II. Roma, 30 de diciembre de 1988

228. Otros ambientes educativos 52. «Si la familia cristiana es una comunidad cuyos vínculos son renovados por Cristo mediante la fe y los sacramentos (…) es entonces en el amor conyugal y familiar –vivido en su extraordinaria riqueza de valores y exigencias de totalidad, unicidad, fidelidad y fecundidad– donde se expresa y realiza la participación de la familia cristiana en la misión profética, sacerdotal y real de Jesucristo y de su Iglesia 61. Del mismo modo que la acción educativa humana está íntimamente unida a la paternidad y maternidad, así también la formación cristiana encuentra su raíz y su fuerza en Dios, el Padre que ama y educa a sus hijos. 62. También la familia cristiana, en cuanto «Iglesia doméstica », constituye la escuela primigenia y fundamental para la formación de la fe. El padre y la madre reciben en el sacramento del Matrimonio la gracia y la responsabilidad de la educación cristiana en relación con los hijos, a los que testifican y transmiten a la vez los valores humanos y religiosos. Aprendiendo las primeras palabras, los hijos aprenden también a alabar a Dios, al que sienten cercano como Padre amoroso y providente; aprendiendo los primeros gestos de amor, los hijos aprenden también a abrirse a los otros, captando en la propia entrega el sentido del humano vivir. La misma vida cotidiana de una familia auténticamente cristiana constituye la primera «experiencia de Iglesia», destinada a ser corroborada y desarrollada en la gradual inserción activa y responsable de los hijos en la más amplia comunidad eclesial y en la sociedad civil. Cuanto más crezca en los esposos y padres cristianos la conciencia de que su «Iglesia doméstica» es partícipe de la vida y de la misión de la Iglesia universal, tanto más podrán ser formados los hijos en el «sentido de la Iglesia» y sentirán toda la belleza de dedicar sus energías al servicio del Reino de Dios. 229. EN CHIHUAHUA (MÉJICO) 20 de mayo de 1990

230. Primera comunidad de vida y amor 3. La grandeza y la responsabilidad de la familia está en ser la primera comunidad de vida y amor; el primer ambiente donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios. Por ello, a los padres cristianos les toca formar y mantener un hogar en el que germine y madure la profunda identidad cristiana de sus hijos: el ser hijos de Dios. Pero su amor de padres podrá hablar de Dios a sus hijos sólo si antes su amor de esposos es vivido en la santidad y en la apertura a la fecundidad de la unión matrimonial. 4.(…) No ignoro el papel a veces heroico que las esposas mexicanas han representado en la vida familiar. Por ello quiero recordar también a los esposos el grave deber que les incumbe de colaborar en las cargas del hogar con su trabajo, no dilapidando el salario, que es un bien para toda la familia, siendo al mismo tiempo fieles a su esposa con un amor único indiviso, mostrando verdadero afecto y dedicación en la educación de los hijos. ¡La familia se conserva y fortalece gracias al amor! 6. Deseo recordar también a los padres, el deber moral que tienen de cuidar y velar por sus hijos, sobre todo cuando son pequeños y débiles. 75

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia La misma Iglesia les recuerda en tantas ocasiones el deber que tienen de educar a sus hijos, no sólo en lo cultural y social, sino también en la fe y en la vida cristiana, en las virtudes humanas y cívicas (cfr. LG 35 y 41). Es cierto que en la educación de los hijos cuentan con la colaboración de otras personas: los maestros en las escuelas, los sacerdotes de sus parroquias, los catequistas. Pero no olviden nunca que sus hijos dependen primordialmente de ustedes. No olviden que su felicidad temporal, y no pocas veces, hasta su felicidad eterna, dependerán de su ejemplo y sus enseñanzas. Rezando con sus hijos, meditando con ellos la Palabra de Dios, acompañándolos en la Eucaristía y en los demás sacramentos, llegarán a ser plenamente padres: habrán conseguido engendrarles no sólo a la vida corporal, sino también a la vida eterna en Cristo. 7. La familia ha de ser también el ámbito donde los jóvenes sean educados en la virtud de la castidad. Ella ha de ser la primera escuela de vida para los hijos, preparándolos para la responsabilidad personal en todos sus aspectos, incluidos los que se refieren a los problemas de la sexualidad. La educación para el amor, como don de sí mismo, es premisa indispensable para una educación sexual clara y delicada que los padres están llamados a realizar. Dios ha querido que el don de la vida surja en esa comunidad de amor que es el matrimonio, y quiere que los hijos conozcan la naturaleza de ese don en el clima del amor familiar. Los padres cristianos tienen el derecho y el deber de formar a sus hijos también en este aspecto. Es lógico que, incluso en este campo, reciban la ayuda de otras personas. Pero la Iglesia recuerda la ley de la subsidiariedad, que la escuela o cualquier otra entidad debe observar también cuando coopera con los padres en la educación sexual, de modo que sea impartida de acuerdo con el espíritu querido por los padres (cfr. FC 37).

Como señala la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio: «En este contexto es del todo irrenunciable la educación para la castidad, como virtud que desarrolla la auténtica madurez de la persona y la hace capaz de respetar y promover el “significado esponsal” del cuerpo» (n.37), Una información sexual que prescindiera de los valores morales constituiría un empobrecimiento de la persona y contribuiría a oscurecer su dignidad. 8. Los padres de familia pueden pedir individualmente, e incluso asociadamente exigir a las autoridades, el respeto y la actuación de los propios derechos, como primeros y fundamentales responsables de la educación de sus hijos. No se trata de obtener privilegios; es algo debido en estricta justicia y que se debe reflejar en la legislación del país. Por tanto, es legítima la acción de las asociaciones de padres de familia que operan, a nivel nacional o internacional, cuando reclaman, dentro del orden establecido y en un diálogo respetuoso con las autoridades de la nación, el derecho a educar libremente a los hijos, según su propio credo religioso; a crear escuelas que correspondan a este derecho y a que las leyes del país reconozcan explícitamente tal derecho.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 231. A UN GRUPO DE ESTUDIO SOBRE LA FAMILIA 21 de febrero de 1992

232. La cuna y la guardiana de la vida La familia es la cuna y la guardiana de la vida, valor que no tiene igual en nuestra humanidad. Con el sacramento del Matrimonio, que hace a la pareja depositaria de la Alianza divina, el hombre y la mujer que se entregan recíprocamente con un amor fiel y definitivo reciben el ministerio de la vida, de la formación y de la evangelización de los hijos que se les han confiado. Con su vida ejemplar y su testimonio, los padres son los primeros educadores de sus hijos, a los que deberán acompañar a lo largo de toda su maduración humana y espiritual. Todo hijo, gracias a la vida comunitaria en el seno de su propia familia, aprenderá a vivir en sociedad. Ese aprendizaje contribuye en gran medida a la paz entre las personas y entre los pueblos. Frente a las fuerzas de violencia y de muerte, toda familia ha de esforzarse por transmitir los valores fundamentales de toda vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural. Ningún otro valor puede igualar el don que Dios ha hecho a cada persona, llamándola a la existencia. La Iglesia encuentra en la Sagrada Escritura la verdad acerca del hombre y acerca de la familia. Y desea comunicar al mundo la felicidad de la Alianza pascual de Cristo. La familia tiene derechos fundamentales que la Iglesia no cesa de recordar para la felicidad del hombre y de la humanidad. Conviene dar a conocer y profundizar estos derechos con ocasión del Año Internacional de la Familia. 233. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Roma 1992

234. Deberes y derechos de los padres 2221. La fecundidad del amor conyugal no se reduce a la sola procreación de los hijos, sino que debe extenderse también a su educación moral y a su formación espiritual. El papel de los padres en la educación «tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse» (GE 3). El derecho y el deber de la educación son para los padres primordiales e inalienables (cfr. FC 36). 2222. Los padres deben mirar a sus hijos como a hijos de Dios y respetarlos como a personas humanas. Han de educar a sus hijos en el cumplimiento de la ley de Dios, mostrándose ellos mismos obedientes a la voluntad del Padre de los cielos. 2223. Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. El hogar es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Ésta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera. Los padres han de enseñar a los hijos a subordinar las dimensiones «materiales e instintivas a las interiores y espirituales» (CA 36). Es una grave responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos: El que ama a su hijo, le corrige sin cesar… el que enseña a su hijo, sacará provecho de él (Si 30, 1-2). 77

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia Padres, no exasperen a sus hijos, sino fórmenlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor (Ef 6, 4). 2224. El hogar constituye un medio natural para la iniciación del ser humano en la solidaridad y en las responsabilidades comunitarias. Los padres deben enseñar a los hijos a guardarse de los riesgos y las degradaciones que amenazan a las sociedades humanas. 2225. Por la gracia del sacramento del matrimonio, los padres han recibido la responsabilidad y el privilegio de evangelizar a sus hijos. Desde su primera edad, deberán iniciarlos en los misterios de la fe de los que ellos son para sus hijos los «primeros heraldos de la fe» (LG 11). Desde su más tierna infancia, deben asociarlos a la vida de la Iglesia. La forma de vida en la familia puede alimentar las disposiciones afectivas que, durante toda la vida, serán auténticos cimientos y apoyos de una fe viva. 2226. La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia. Esta educación se hace ya cuando los miembros de la familia se ayudan a crecer en la fe mediante el testimonio de una vida cristiana de acuerdo con el Evangelio. La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios (cfr. LG 11). La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los padres. 2227. Los hijos, a su vez, contribuyen al crecimiento de sus padres en la santidad(cfr. GS 48,4). Todos y cada uno deben otorgarse generosamente y sin cansarse el mutuo perdón exigido por las ofensas, las querellas, las injusticias y las omisiones. El afecto mutuo lo sugiere. La caridad de Cristo lo exige (cfr. Mt 18, 21-22; Lc 17,4). 2228. Durante la infancia, el respeto y el afecto de los padres se traducen ante todo en el cuidado y la atención que consagran para educar a sus hijos, y para proveer a sus necesidades físicas y espirituales. En el transcurso del crecimiento, el mismo respeto y la misma dedicación llevan a los padres a enseñar a sus hijos a usar rectamente de su razón y de su libertad. 2229. Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones. Este derecho es fundamental. En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos (cfr. GE 6). Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio. 2230. Cuando llegan a la edad correspondiente, los hijos tienen el deber y el derecho de elegir su profesión y su estado de vida. Estas nuevas responsabilidades deberán asumirlas en una relación de confianza con sus padres, cuyo parecer y consejo pedirán y recibirán dócilmente. Los padres deben cuidar de no presionar a sus hijos ni en la elección de una profesión ni en la de su futuro cónyuge. Esta indispensable prudencia no impide, sino al contrario, ayudar a los hijos con consejos juiciosos, particularmente cuando éstos se proponen fundar un hogar.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 235. SANTO DOMINGO (R. Dominicana) IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano 12-28 de Octubre, 1992.

236. «Itinerario continuado» 49. Nuestra catequesis ha de tener un itinerario continuado que abarque desde la infancia hasta la edad adulta, utilizando los medios más adecuados para cada edad y situación. Los catecismos son subsidios muy importantes para la catequesis; son a la vez camino y fruto de un proceso de inculturación de la fe. 237. AL CONGRESO SOBRE LA FAMILIA Y LOS MM.CC.SS. 4 de junio de 1993

238. Proteger a la familia ante los medios de comunicación 2. El tema que han afrontado reviste hoy una gran importancia. Ya el Concilio Vaticano II, en el decreto Inter Mirifica, señalaba la importancia de los medios de comunicación social que por su naturaleza (…) estos medios pueden provocar una contaminación en los espíritus, tan preocupante como la contaminación ambiental. 239. Colaboración mutua 3. Es necesario, por tanto, llevar a cabo una colaboración más estrecha entre los padres, a quiénes corresponde en primer lugar la tarea de la educación, los responsables de los medios de comunicación en sus diferentes niveles, y las autoridades públicas, a fin de que la familia no quede abandonada a su suerte en un sector tan importante de su misión educativa. Con ocasión del Año internacional de la familia en muchos ambientes se piden leyes que aseguren adecuadas políticas familiares. No cabe duda de que el ámbito legislativo es decisivo para estas políticas. Ya el Concilio se refería a ello: «La misma autoridad pública, que legítimamente se ocupa de la salud de los ciudadanos, está obligada a procurar justa y celosamente, mediante la promulgación y diligente ejecución de las leyes, que no se sigan graves daños a la moral pública y al progreso de la sociedad» (Inter Mirifica. 12). La Carta de los derechos de la familia, promulgada por la Santa Sede, afirma textualmente que «la familia tiene derecho a esperar que los medios de comunicación social sean instrumentos positivos para la construcción de la sociedad y que fortalezcan los valores fundamentales de la familia. Al mismo tiempo ésta tiene derecho a ser protegida adecuadamente, en particular respecto a sus miembros más jóvenes, contra los efectos negativos y los abusos de los medios de comunicación» (art. 5, letra f). En ese documento Pornografía y violencia en los medios de comunicación social: una respuesta pastoral, el Consejo pontificio para las comunicaciones sociales ha recordado que, «los legisladores, los encargados de la administración del Estado y de la justicia están llamados a dar una respuesta al problema de la pornografía y de la violencia sádica difundidas por los medios de comunicación. Se han de promulgar leyes sanas, se han de clarificar las ambiguas y se han de reforzar leyes que ya existen» (n.28; cfr. L ´Observatore Romano, edición en lengua española, 4 de junio de 1989, p.19).

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 240. Promover iniciativas 4. ¡Cuántos daños de enorme gravedad se habrían evitado a las familias, a la juventud y, sobre todo a los niños, si se hubieran aceptado estas recomendaciones a su debido tiempo! ¡Cuántas pérdidas morales y sociales podrán evitarse en el futuro, si se pondera seriamente la situación y se toman decisiones urgentes y apropiadas! En realidad, hay que establecer propuestas, contenidos y programas de sana diversión, de información y de educación complementarios a los de la familia y de la escuela. Esto no quita, desgraciadamente, que sobre todo en algunas naciones se difundan espectáculos y escritos en los que prolifera todo tipo de violencia y se lleva a cabo una especie de bombardeo con mensajes que minan los principios morales y hacen imposible una atmósfera seria, que permita transmitir valores dignos de la persona humana. Los padres y los educadores deben asumir diligentemente su responsabilidad, incluso por medio de asociaciones, para defender a sus hijos y a los adolescentes de estos daños. A este respecto el Concilio recomienda: «Recuerden los padres que es deber suyo vigilar cuidadosamente para que los espectáculos, las lecturas y otras cosas parecidas que sean contrarias a la fe o a las costumbres no penetren en el hogar y para que sus hijos no acudan a ellos en otra parte»(Inter Mirifica, 10). He manifestado también esta preocupación en la exhortación apostólica Familiaris Consortio, en la que he mencionado «el deber…de proteger especialmente a los niños y los muchachos de las “agresiones” que sufren también por parte de los mas media (…)Los padres, en cuanto receptores, deben hacerse parte activa en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios, calculando el influjo que ejercen sobre los hijos, y deben dar una orientación que permita “educar la conciencia de los hijos” para emitir juicios serenos y objetivos, que después guíen en la elección y en el rechazo de los programas propuestos» (n.76). 5.Durante estos días (…) con mucho gusto me hago eco de sus preocupaciones, y dirijo a todos los responsables de los medios de comunicación social la invitación a hacer que las conciencias puedan respirar el aire puro de los valores humanos y cristianos, de los que nuestra sociedad tiene tanta necesidad: La familia y la comunidad pueden y deben ejercer una digna presión moral sobre los grandes centros de producción, no sólo con el fin de obtener cambios decisivos, sino también para convencerlos de que contenidos válidos presentados de modo adecuado pueden tener amplia aceptación y un éxito incluso mayor.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 241. A LAS FAMILIAS DE ASTI 25 de setiembre de 1993

242. En sus casas vivan el amor 1. La Iglesia y el mundo tienen hoy más necesidad que nunca de cónyuges y familias que sigan con generosidad el ejemplo de Cristo (…)El amor que se vive en la familia brinda el clima propicio para que arraigue y se desarrolle la relación personal con Dios, de la que brota el manantial de una auténtica renovación individual y comunitaria. Eso supone, desde luego, que se trata del amor genuino. A menudo, por desgracia, en la cultura hedonista que hoy se respira, hay quien llama amor a lo que es más bien su caricatura e, incluso, su traición. Por eso, (…) trata de aclarar el verdadero sentido del amor. 243. El amor es 2. «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él»(1 Jn 4,9). El amor es entrega de sí. Es salir de sí mismo para ir al encuentro del otro. Significa, en cierto sentido, olvidarse de sí mismo por el bien del otro. El auténtico amor humano refleja en sí la lógica del amor divino. En esta perspectiva se comprende plenamente el deber de la fidelidad conyugal. «Tú eres todo para mí, me entrego totalmente a ti para siempre»: éste es el compromiso que brota del corazón de toda persona sinceramente enamorada. ¡Fidelidad! Y, junto con ella, fecundidad, otro aspecto típico de la relación entre los esposos. ¿No existe, acaso, un nexo entre la disminución demográfica y el fenómeno alarmante de muchas parejas en las que el amor se agota fácilmente y muere? Queridos esposos, ¡no tengan miedo! Vivan la grandeza del amor animados por el deseo generosos de verlo dilatado y casi encarnado en el rostro de sus hijos. Cuando la pareja rechaza colaborar con Dios para transmitir el don de la vida, muy difícilmente tiene en sí los recursos necesarios para alimentar su entendimiento recíproco. 3. Continúa el texto bíblico: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó»(1 Jn 4, 10). El amor de Dios es gratuidad total. El sí ha de ser el amor de una pareja y la relación entre los miembros de una familia. Por amor los esposos deben gastar sus mejores energías en la obra educativa, asegurando a sus hijos una guía coherente y rodeándolos de afecto solícito y respetuoso. A su vez, los hijos han de hallar en el amor la motivación más profunda para una actitud responsable, dócil y agradecida hacia sus padres.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 244. Anuncio del Evangelio 4. La segunda consigna se refiere a su responsabilidad en el anuncio del Evangelio. Sean comunidades evangelizadoras, capaces de transmitir e irradiar el Evangelio. ¿No es éste el objetivo hacia el que tiende la Misión para los esposos, que están realizando? ¡Tengan la valentía del Evangelio! Queridos esposos, les bendigo y les aliento a proseguir su providencial iniciativa, con la esperanza de que el celo misionero que les anima siga alimentando toda la actividad pastoral de esta diócesis. A todos imparto mi bendición. 245.

MENSAJE JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 1 de enero de 1994

246. Vivir la experiencia de paz Fundada en el amor y abierta al don de la vida, la familia lleva consigo el provenir mismo de la sociedad (…) mediante el adecuado cumplimiento de la tarea educativa, que obliga a los padres a formar a los hijos en el respeto de la dignidad de cada persona y en los valores de la paz. Tales valores, más que enseñados han de ser testimoniados en un ambiente familiar en el que se viva aquel amor oblativo que es capaz de acoger al otro en su diversidad, sintiendo como propias las necesidades y exigencias, y haciéndolo partícipe de los propios bienes. Las virtudes domésticas, basadas en el respeto profundo de la vida y de la dignidad del ser humano, y concretadas en la comprensión, la paciencia, el mutuo estímulo y el perdón recíproco, dan a la comunidad familiar la posibilidad de vivir la primera y fundamental experiencia de paz. 247.

A LOS OBISPOS DE PARAGUAY

En Visita «Ad Limina» Roma, 30 de agosto de 1994

248. La familia, primera transmisora de la fe En el Año de la Familia (…) quiero dirigir también una palabra a todos los hogares del Paraguay, exhortándolos a acoger y meditar cuanto he escrito en mi Carta a las Familias. Entre las amenazas que la civilización actual presenta al hombre, las más graves y preocupantes son las que se infligen a la familia, santuario mismo de la vida humana (…) La Iglesia ha reconocido siempre que las familias son un lugar privilegiado para su acción evangelizadora, sin cuya colaboración las acciones pastorales más válidas pueden perder vitalidad y fecundidad. Por consiguiente hay que fomentar, con renovado esfuerzo, la consolidación de la vida cristiana en los hogares. En primer lugar, considerando a la familia como célula de la Iglesia y de la sociedad, como la primera transmisora de la fe y de sus expresiones 249.

DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS 25 de agosto de 1997

250. Los padres de familia, primeros educadores de la fe de sus hijos 226. El testimonio de vida cristiana, ofrecido por los padres en el seno de la familia, llega a los niños envuelto en el cariño y el respeto materno y paterno. Los hijos perciben y viven gozosamente la cercanía de Dios y de Jesús que los padres manifiestan, hasta tal punto, que esta primera experiencia cristiana deja frecuentemente en ellos una huella decisiva

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia que dura toda la vida. Este despertar religioso infantil en el ambiente familiar tiene, por ello, un carácter «insustituible». Esta primera iniciación se consolida cuando, con ocasión de ciertos acontecimientos familiares o en fiestas señaladas, «se procura explicitar en familia el contenido cristiano o religioso de esos acontecimientos». Esta iniciación se ahonda aún más si los padres comentan y ayudan a interiorizar la catequesis más sistemática que sus hijos, ya más crecidos, reciben en la comunidad cristiana. En efecto, «la catequesis familiar precede, acompaña y enriquece toda otra forma de catequesis». 227. Los padres reciben en el sacramento del matrimonio la gracia y la responsabilidad de la educación cristiana de sus hijos (84) a los que testifican y transmiten a la vez los valores humanos y religiosos. Esta acción educativa, a un tiempo humana y religiosa, es un «verdadero ministerio» (85) por medio del cual se transmite e irradia el Evangelio hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y escuela de vida cristiana. Incluso, a medida que los hijos van creciendo, el intercambio es mutuo y, «en un diálogo catequético de este tipo, cada uno recibe y da». Por ello es preciso que la comunidad cristiana preste una atención especialísima a los padres. Mediante contactos personales, encuentros, cursos e, incluso, mediante una catequesis de adultos dirigida a los padres, ha de ayudarles a asumir la tarea, hoy especialmente delicada, de educar en la fe a sus hijos. Esto es aún más urgente en los lugares en los que la legislación civil no permite o hace difícil una libre educación en la fe. En estos casos, la «iglesia doméstica» es, prácticamente, el único ámbito donde los niños y los jóvenes pueden recibir una auténtica catequesis. 251. La familia como ámbito o medio de crecimiento en la fe 255. Los padres de familia son los primeros educadores en la fe. Junto a los padres, sobre todo en determinadas culturas, todos los componentes de la familia tienen una intervención activa en orden a la educación de los miembros más jóvenes. Conviene determinar, de modo más concreto, en qué sentido la comunidad cristiana familiar es «lugar» de catequesis. La familia ha sido definida como una «Iglesia doméstica», lo que significa que en cada familia cristiana deben reflejarse los diversos aspectos o funciones de la vida de la Iglesia entera: misión, catequesis, testimonio, oración (...) La familia, en efecto, al igual que la Iglesia, «es un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia». La familia como «lugar» de catequesis tiene un carácter único: transmite el Evangelio enraizándolo en el contexto de profundos valores humanos (...) En esta catequesis familiar resulta siempre muy importante la aportación de los abuelos. Su sabiduría y su sentido religioso son, muchas veces, decisivos para favorecer un clima verdaderamente cristiano.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 252.

AL CELAM

A Francisco Javier Errázuriz Ossa, Cardenal Arzobispo de Santiago de Chile, Presidente del CELAM. Mayo, 2005

253. La Pastoral Familiar ante los graves desafíos de la sociedad. Deseo recomendar igualmente a la reflexión del CELAM el cuidado de la pastoral de la familia, asediada en nuestros tiempos por graves desafíos, representados por las diversas ideologías y costumbres que minan los fundamentos mismos del matrimonio y de la familia cristiana. Hay que poner un acento especial en la catequesis familiar y en la promoción de una positiva y correcta visión del matrimonio y de la moral conyugal, contribuyendo de esta forma a la formación de familias genuinamente cristianas, que brillen por la vivencia de los valores del Evangelio. Una familia cristiana, verdadera «iglesia doméstica», será también semillero de abundantes y santas vocaciones. 254.

A LOS OBISPOS DE AFRICA 10 de junio de 2005

255. La Iglesia Doméstica. La vida familiar ha sido siempre un elemento unificador de la sociedad africana. De hecho, dentro de la «iglesia doméstica», «construida sobre sólidas bases culturales y sobre los ricos valores de la tradición familiar africana», los niños aprenden por primera vez el carácter central de la Eucaristía en la vida cristiana (cf. EAF 92).

Queridos hermanos en el episcopado, comparto su profunda preocupación por la devastación causada por el sida y las enfermedades relacionadas con él. Oro a Dios especialmente por las viudas, los huérfanos, las jóvenes madres y todos aquellos cuyas vidas han quedado destrozadas por esta cruel epidemia. La Iglesia Católica ha estado siempre a la vanguardia tanto en la prevención como en la sanación de esta enfermedad. La doctrina tradicional de la Iglesia, ha resultado ser el único método seguro para prevenir la difusión del sida. Por esta razón, el afecto, la alegría, la felicidad y la paz que proporcionan el matrimonio cristiano y la fidelidad, así como la seguridad que da la castidad, deben ser siempre presentados a los fieles, sobre todo a los jóvenes (EAF 116). 256.

A LOS PADRES Y ESPOSOS Roma 2005

257. Los padres deben ayudar a responder a Cristo Los padres deben ayudar a sus hijos a descubrir el valor y la importancia de la respuesta a la invitación de Cristo, que convoca a toda la familia cristiana a la misa dominical. En ese camino educativo, una etapa muy significativa es la Primera Comunión, una verdadera fiesta para la comunidad parroquial, que acoge por primera vez a sus hijos más pequeños a la mesa del Señor.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 258.

AL EMBAJADOR DE NUEVA ZELANDA Ante La Santa Sede, 16 de junio de 2005

259. El futuro de la humanidad se fragua en la familia. Ante esta «crisis de sentido» (cf. FR 81), las autoridades civiles y religiosas están llamadas a trabajar juntas impulsando a todos, incluso a los jóvenes, a «orientarse hacia una verdad que los trasciende» (FR 5). Por tradición, los neozelandeses han reconocido y celebrado el lugar del matrimonio y la vida doméstica estable en el corazón de su sociedad (…) Consideran que las deformaciones seculares del matrimonio no pueden ensombrecer jamás el esplendor de una alianza sellada para siempre y basada en la entrega generosa y en el amor incondicional. La recta razón les dice que «el futuro de la humanidad se fragua en la familia» (FC 86), que ofrece a la sociedad un fundamento seguro para sus aspiraciones. 260.

A LOS SACERDOTES DE AOSTA 25 de julio de 2005

261. La Iglesia debe recibir con amor a los divorciados vueltos a casar Todos sabemos que éste es un problema particularmente doloroso (…) Aunque no pueden acudir a la Comunión sacramental, no están excluidos del amor de la Iglesia y del amor de Cristo. Cristo sufriente abraza de un modo particular a estas personas y se comunica con ellas de otro modo; por tanto, pueden sentirse abrazadas por el Señor crucificado que cae en tierra y muere; y sufre por ellas y con ellas. Es importante que el párroco y las comunidades parroquiales ayuden a estas personas a comprender que, por una parte, debemos respetar la indivisibilidad del Sacramento y, por otra, que amamos a estas personas. 262.

AL EMBAJADOR DE VENEZUELA Ante la Santa Sede. 25 de agosto de 2005

263. La vida, la familia y la educación La constante labor de la Iglesia en Venezuela, realizada a veces con precariedad de recursos humanos y materiales, se ha concretado en numerosas actividades de promoción humana a favor de la vida desde su concepción y de la familia, así como en proyectos asistenciales para consolidar instituciones básicas de la sociedad como la educación, la asistencia médica y las estructuras de beneficencia, tanto en el medio urbano, con una apreciable acción entre los más pobres, como en las zonas más apartadas de la geografía nacional, entre las poblaciones indígenas. La acción educativa y de asistencia social de la Iglesia sigue aportando beneficios a toda la sociedad. En el caso de las escuelas católicas, que siempre han prestado y siguen prestando una enorme contribución a la educación de los niños y jóvenes venezolanos, según el deseo y libre opción de sus padres, que son los primeros educadores de sus hijos y a quiénes los ampara el derecho natural y legal de escoger la forma de educación que ellos desean para los mismos.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia A LOS OBISPOS DE MÉXICO

264.

8 de setiembre de 2005

265. La familia, primera escuela de la vida y de la fe Se ve la necesidad de acompañar a los jóvenes y convocarlos con entusiasmo para que, integrados de nuevo en la comunidad eclesial, asuman el compromiso de transformar la sociedad como exigencia fundamental del seguimiento de Cristo. Asimismo, las familias requieren un acompañamiento adecuado para poder descubrir y vivir su dimensión de «iglesia doméstica». El padre y la madre necesitan recibir una formación que les ayude a ser los «primeros evangelizadores» de sus hijos; sólo así podrán realizarse como la primera escuela de la vida y de la fe. 266. La mujer, madre y primera educadora de los hijos. En México, donde se manifiesta tantas veces el «genio» de la mujer, que asegura una fina sensibilidad por el ser humano (cf. MD 30) en la familia, en las comunidades eclesiales, en la asistencia social y en otros campos de la vida ciudadana. Por eso, tomando ejemplo de la delicadeza y respeto que Jesús mostró hacia ellas, sigue siendo un desafío de nuestro tiempo cambiar de mentalidad, para que sean tratadas con plena dignidad en todos los ambientes y se proteja también su insustituible misión de ser madres y primeras educadoras de los hijos. Hoy es una tarea importante la pastoral con los jóvenes. Ellos, con sus preguntas e inquietudes y también con la alegría de su fe, siguen siendo para nosotros un estímulo en nuestro ministerio. 267.

EN LA ORACIÓN DEL ÁNGELUS 30 de octubre de 2005

268. Los padres, primeros educadores También hoy, en la época de la comunicación global, la comunidad eclesial percibe toda la importancia de un sistema educativo que reconozca al primado del hombre como persona, abierta a la verdad y al bien. Los primeros y principales educadores son los padres, ayudados, según el principio de subsidiariedad, por la sociedad civil. 269.

A LA REPÚBLICA CHECA 18 de noviembre de 2005

270. La familia, escuela fundamental de formación cristiana. El esfuerzo por formar sólidas familias cristianas se revela de particular importancia para la vida de la Iglesia (...) La familia, que en el ámbito natural es la célula de la sociedad, en el sobrenatural es escuela fundamental de formación cristiana. Con razón el concilio Vaticano II la presentó como «Iglesia doméstica», afirmando que en ella «los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de favorecer la vocación personal de cada uno y, con un cuidado especial, la vocación a la vida consagrada»(LG 11). 86

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 271.

A ONCE NUEVOS EMBAJADORES ANTE LA SANTA SEDE 1 de diciembre de 2005

272. La familia y la juventud Sin el compromiso de todos para restablecer la paz y crear un clima de pacificación y un espíritu de reconciliación en todos los niveles de la vida social, comenzando por el ámbito de la familia, no será posible avanzar por el camino de la sociedad pacificada. Es importante prestar una atención especial a la juventud, dando a las familias y a las diferentes estructuras educativas los medios para formar y educar a los jóvenes, para transmitirles los valores espirituales, morales y sociales fundamentales, preparándolos así con miras a un futuro mejor y a una verdadera conciencia de su papel en la sociedad. 273.

BENEDICTO XVI. (2005-2013) En la Solemnidad de Santa María Madre de Dios 31 de diciembre de 2005

274. Familia fundada en el matrimonio Este año ha centrado su atención en la familia, escogiendo como tema: «Familia y comunidad cristiana: formación de la persona y transmisión de la fe». La familia siempre ha ocupado el centro de la atención de mis venerados predecesores, en particular de S. Pablo II, que le dedicó muchas intervenciones. Como reafirmó en numerosas ocasiones, estaba convencido de que la crisis de la familia constituye un grave daño para nuestra misma civilización. Para subrayar la importancia que tiene en la vida de la Iglesia y de la sociedad la familia fundada en el matrimonio. 275.

A SACERDOTES Y DIÁCONOS DE ROMA 2 de marzo de 2006

276. La familia, protagonista de la pastoral. Como párroco, le pido unas palabras de aliento para las madres (…) que podamos transmitirles, diciéndoles: esto es lo que les dice el Papa. Díganles simplemente: el Papa les da las gracias. Les expresa su gratitud porque han dado la vida, porque quieren ayudar a esta vida que crece y así quieren construir un mundo humano (…) Y no lo hacen sólo dando la vida biológica, sino también comunicando el centro de la vida, dando a conocer a Jesús, introduciendo a sus hijos en el conocimiento de Jesús, en la amistad con Jesús. Éste es el fundamento de toda catequesis. Por consiguiente, es preciso dar las gracias a las madres, sobre todo porque han tenido la valentía de dar la vida. Y es necesario pedir a las madres que completen ese dar la vida comunicando la amistad con Jesús. 87

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia Es necesario revitalizar la familia, haciendo que sea protagonista, y no sólo objeto, de la pastoral. Actualmente, la familia está amenazada por el relativismo y la indiferencia. Hay que ayudar a los padres, a los novios, a los niños, con catequesis y acompañamiento continuo. Es necesario impulsar a todos los miembros de la familia a reavivar la gracia de los sacramentos. Sólo la fe en Cristo, sólo la participación en la fe de la Iglesia salva a la familia; y, por otra parte, la Iglesia sólo puede vivir si se salva la familia. Por eso, tenemos que hacer todo lo que favorezca a la familia; círculos familiares, catequesis familiares, enseñar la oración en familia y así invitar a la oración con la Iglesia. Y encontrar luego todos los demás modos. Creo que debemos estar más cerca de nuestros fieles, especialmente los más jóvenes. «Es necesario que pongamos en acción nuestros carismas al servicio de la catequesis ». Las grandes amenazas que se ciernen sobre la juventud de hoy, sobre los niños y las familias (…) que surgen donde Dios está ausente. 277.

ENCUENTRO MUNDIAL DE FAMILIAS. VALENCIA 9 de julio de 2006

278. La familia transmisora la fe 1. «Es una respuesta a las necesidades reales de nuestro tiempo, pues la evangelización de las familias es una prioridad de la Iglesia». 2. Dios quiere el bien del hombre, de la humanidad, de las familias. «Si las familias están bien, cumplen con lo que les corresponde en la misión educativa, en la procreación integral, la sociedad está bien». 3. La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, una misión nobilísima e ineludible, como es transmitir la fe, que implica la entrega a Jesucristo, muerto y resucitado, y la inserción en la comunidad eclesial». 4. Hoy más que nunca se necesita el testimonio y el compromiso público de todos los bautizados para reafirmar la dignidad y el valor único e insustituible de la familia fundada en el matrimonio de un hombre con una mujer y abierto a la vida, así como el de la vida humana en todas sus etapas. Se han de promover también medidas legislativas y administrativas que sostengan a las familias en sus derechos inalienables, necesarios para llevar adelante su extraordinaria misión. Los testimonios presentados en la celebración de ayer muestran que también hoy la familia puede mantenerse firme en el amor de Dios y renovar la humanidad en el nuevo milenio. 5. Deseo expresar mi cercanía y asegurar mi oración por todas las familias que dan testimonio de fidelidad en circunstancias especialmente arduas. Aliento a las familias numerosas (…) en las que sufren por la pobreza, la enfermedad, la marginación o la emigración. Y muy especialmente en las familias cristianas que son perseguidas a causa de su fe. Queridas familias, no teman. El Señor ama la familia y está con ustedes. 88

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 279.

DOCUMENTO DE APARECIDA (Brasil) V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Mayo, 13-31, de 2007.

280. Sujeto de evangelización 286. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana (…) imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin consciencia de su misión y de ser sal y fermento en el mundo (…) O educamos en la fe poniendo realmente en contacto con Jesucristo y invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. 281. Itinerario catequético permanente 298. «La catequesis no debe ser sólo ocasional reducida a los momentos previos a los sacramentos o la iniciación cristiana, sino más bien “un itinerario catequético permanente” (…) orgánico y progresivo que se extienda por todo el arco de la vida, desde la infancia hasta la ancianidad, teniendo en cuenta que el Directorio General de Catequesis considera la catequesis de adultos como la forma fundamental de educación en la fe». 282. La CF, en la Pastoral Familiar 302. Para que la familia sea «escuela de la fe» y pueda ayudar a los padres a ser los primeros catequistas de sus hijos, la pastoral familiar debe ofrecer espacios formativos, materiales catequéticos, momentos celebrativos que le permitan cumplir su misión educativa. La familia está llamada a introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana. La familia pequeña iglesia, debe ser, junto con la parroquia, el primer lugar para la iniciación cristiana de los niños (SC 19). Ella ofrece a los hijos un sentido cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida, como discípulos misioneros. 283. Derecho del hijo a contar con los padres 303. Es, además, un deber de los padres, especialmente a través de su ejemplo de vida, la educación de los hijos para el amor como don de sí mismo (…) la formación de los hijos como discípulos de Jesucristo se opera en la experiencia de la vida diaria en la familia misma. Los hijos tienen el derecho de poder contar con el padre y la madre para que cuide de ellos y los acompañen hacia la plenitud de la vida. la «Catequesis Familiar (…), se ha revelado como una ayuda exitosa a la unidad de las familias, ofreciendo además una posibilidad eficiente de formar a los padres de familia, los jóvenes y los niños, para que sean testigos firmes de la fe en sus respectivas comunidades». 89

La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 284. En la mystagogia (perseverancia) La etapa de la adolescencia. Los adolescentes no son niños ni jóvenes. Están en la edad de la búsqueda de su propia identidad, de independencia frente a sus padres, de descubrimiento del grupo. En esta edad fácilmente pueden victimas de falsos líderes constituyendo pandillas. Es necesario impulsar la pastoral de los adolescentes, con sus propias características, que garantice su «perseverancia» y el crecimiento en la fe. El adolescente busca una experiencia de amistad con Jesús21.509. 517 (h) El cristiano de hoy (…) difunda la palabra de Dios la anuncie con alegría y valentía 285. A LOS OBISPOS DEL PARAGUAY 11 de septiembre de 2008

286. El esfuerzo misionero Los retos pastorales que deben afrontar son realmente grandes y complejos. (…) es urgente un vasto esfuerzo misionero que, poniendo a Jesucristo en el centro de toda acción pastoral, dé a conocer a todos la belleza y la verdad de su vida y de su mensaje de salvación (…) Les aliento a que a través de una vida santa, entretejida de amor a Dios, de fidelidad eclesial y de entrega generosa al Evangelio, lleguen a ser verdaderos modelos para su grey (cf. 1P 5, 3). 2.

Ruego al Señor que este encuentro consolide vuestra unión mutua y les fortalezca en la fe, en la esperanza y en la caridad. Deseo confiarles asimismo el encargo de llevar a sus sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y a todos vuestros fieles diocesanos, el saludo, la cercanía y la oración del Papa. 6.

Encomendando a la intercesión de la Virgen María de Caacupé vuestras personas, intenciones y proyectos pastorales, os imparto con todo mi afecto una especial Bendición Apostólica. 287. MENSAJE FINAL DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS Vaticano 2008

288. Vida y la misión de la Iglesia En momentos en que la Iglesia nos invita a entrar en tiempos de Misión, la Catequesis Familiar coloca en manos de las familias la Palabra de Dios y se esfuerza para que sea acogida como lámpara para sus pasos y luz en el camino ( Cf. Salmo 109.105), asumiendo la tarea de «profundizar en el misterio de Cristo a la luz de la Palabra para que todo el hombre sea irradiado por ella» (n° 5 y 7).

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En la catequesis familiar, las etapas de Camino, Manantial y Palabra asumen este reto.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 289. XLVIII JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES 15 de mayo de 2011

290. La familia y la vocación de los hijos El Concilio Vaticano II ha recordado explícitamente que «el deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana» (Optatam Totius, 2). Que las familias estén «animadas de espíritu de fe, de caridad y de piedad» (ibíd.), capaces de ayudar a los hijos e hijas a recibir con generosidad la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada. Los catequistas y los animadores de las asociaciones católicas y de los movimientos eclesiales, convencidos de su misión educativa, procuren «cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que éstos puedan sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina» (ibid).

291. A LOS OBISPOS DE FILIPINAS Roma 2011

292. Los padres, primeros educadores Uno de los (retos pastorales) más importantes es la tarea de continuar la formación catequética. La profunda piedad personal de su gente necesita ser alimentada y apoyada por una comprensión profunda y un aprecio por las enseñanzas de la Iglesia en materias de fe y de moral (…) para que el corazón humano pueda dar una respuesta total y adecuada a Dios. Mientras sigan reforzando la catequesis en sus diócesis, no dejen de incluir en ella una extensión a las familias, con particular atención a los padres en su papel de primeros educadores de sus hijos en la fe.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 293. PAPA FRANCISCO (2013). EVANGELII GAUDIUM Exhortación apostólica del papa Francisco 24 de noviembre de 2013, año I de su Pontificado

294. Donde los padres transmiten la fe 66. La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos. El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno. Pero el aporte indispensable del matrimonio a la sociedad supera el nivel de la emotividad y el de las necesidades circunstanciales de la pareja. Como enseñan los Obispos franceses, no procede «del sentimiento amoroso, efímero por definición, sino de la profundidad del compromiso asumido por los esposos que aceptan entrar en una unión de vida total». 70. Algunas causas de esta ruptura son: la falta de espacios de diálogo familiar

295. ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS Filadelfia, 21 / 9 / 2015

Encuentro Hispano Latinoamericano 296. Se necesita Papa Francisco

Se necesita más ardor, métodos, una metodología diferente y una nueva expresión que hay que crear22. «Haz de tu casa un lugar de conocimiento de Cristo, haz de tu casa un lugar de amor, haz de tu casa un lugar donde brote el servicio hacia los demás, haz de tu casa un lugar que se convierta en continua alabanza a Dios». «Tener un lugar a donde ir se llama hogar, tener personas a quienes amar se llama familia. Tener ambas es una bendición» Debemos bendecir a Dios por el valor de la familia, que simboliza y trasmite la fe de la Iglesia. 297. Fin del Encuentro Hispanoamericano La familia es el bloque básico de toda sociedad, en donde las verdades morales básicas son vividas, donde se cultivan las virtudes de la prudencia, la verdad, el amor, donde se anima a la misión con los hijos y se les enseña a salir sin miedo al mundo para servir a sus semejantes como profetas y reyes.

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Es lo que hace desde el inicio la Catequesis Familiar, con métodos novedosos, a veces incomprendidos

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 298. La Luz de la Familia en un Mundo Oscuro Cardenal Robert Sarah

Dios creó a la familia para hablar de Dios, para perdonar, para salvar, para Amar. Los padres son los custodios de los hijos y ellos de los padres enfermos y ancianos. (…) El mundo de hoy necesita de santos, de elementos vivos, que deben de salir de las familias cristianas, que son la ventana por donde entra la luz de la bondad a este mundo oscuro. 299. Los Padres Primeros Catequistas Arzobispo J. Michael Miller, CSB

Los padres son los primeros catequistas de los hijos, esta gracia la obtienen del sacramento del bautismo y del matrimonio. Están capacitados para llevar a cabo la trasmisión de la fe. El testigo del amor fiel del padre y de la madre establece su iglesia doméstica, que es una escuela de virtud para la familia. Introduce a los niños en la riqueza de las enseñanzas católicas, el encuentro con la Palabra de Dios, con los sacramentos y la generosidad con el servicio desinteresado. Dentro de la familia, la Palabra de Dios se encarna en los acontecimientos, situaciones y palabras humanas. A través del ejemplo de los padres, los hijos encuentran a Cristo, al Amor de Dios y sus vidas empiezan a tener sentido. La familia vive hoy un contexto pluri-religioso y pluri-cultural. Se hace necesario que la catequesis capacite a la familia para dar un testimonio profético ante la corrupción de valores y la descristianización de una sociedad globalizada; por lo que se hace urgente que todo proceso de catequesis familiar fortalezca la conciencia de la vida comunitaria. Es fundamental que la catequesis ofrezca criterios evangélicos para que el creyente logre vivir con sólida convicción y testimonio, con fraternidad y cooperación en causas humanitarias, con personas de distintas opciones religiosas, filosóficas y culturales23 «La Catequesis Familiar antecede, acompaña y enriquece otras formas de instrucción en la fe. La Catequesis Familiar de inspiración catecumenal favorece la conversión a Jesucristo, la lectura orante y comprometida de la Palabra de Dios, el sentido de Iglesia, el compromiso misionero, la vida sacramental, forman comunidades inter-familiares y pequeñas comunidades eclesiales, al mismo tiempo que mejoran las relaciones conyugales y con los hijos; y motivan al servicio solidario». La familia, a pesar de las inmensas dificultades que la perturban, es sin duda un lugar testimonial, catequético, celebrativo y misional; es llamada a ofrecer a sus miembros, especialmente a los niños y jóvenes, valores humanísticos y evangélicos fundamentales, un sentido cristiano de la vida y acompañarlos en la elaboración de su proyecto de vida24como discípulos-misioneros de Jesucristo al servicio del mundo.

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Nos está pidiendo estar insertos en la pastoral Social de la Iglesia y desde una dimensión ecuménica. Ambas cosas ya están programadas en las distintas etapas de la Catequesis Familiar. Nos corresponde NO olvidarlas y hacerlas. 24 Esto se realiza en la etapa de Confirmación 2º año, de la Catequesis Familiar.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 300. Educación en Valores. Crecer en la Virtud Dr. Jhon S. Grabowski

Si nuestra conducta no se adapta a nuestra escala de valores, revisemos nuestra conducta o nuestra escala de valores y cambiemos alguna de las dos. Generalmente debería ser nuestra conducta lo que tendríamos que cambiar. Nuestros hijos deben estar, inmersos en un ambiente en que nuestras maneras de actuar den testimonio de los valores que intentamos comunicar. Los niños, desde el primer momento, actúan imitando las conductas y actitudes que ven a su alrededor. Más tarde, a través del lenguaje, llegan a comprender las razones por las que sus padres actúan así. De este modo, la manera de actuar de los padres, abuelos, tíos y cualquier persona formadora, y las razones por las que lo hacen, conforman una especie de fluido que envuelve al niño y que penetra dentro de su inteligencia y de los hábitos que va adquiriendo. Y casi sin proponérnoslo, va asumiendo nuestros valores. Estoy hablando del ejemplo que damos el padre y la madre al unísono y que es muy significativo cuando los hijos son pequeños. Pero en realidad no está todo resuelto, ni mucho menos. El fluido ambiental que rodea a nuestros niños no es únicamente el ejemplo de los padres y abuelos. Hay otros muchos ejemplos e influencias que flotan en el ambiente (gran familia, amigos, compañeros, profesores, medios de comunicación...) y que también penetrarán en la inteligencia de nuestro hijo y en los modos de actuar que imita. Y como quizás muchos de esos ejemplos e influencias sean negativos nos preguntamos si podemos hacer algo para minimizar su influencia. Sin lugar a dudas la respuesta es sí. Podemos hacer como mínimo cuatro cosas: - Dedicar el máximo tiempo posible a la convivencia familiar, con la intención de que, cuanto mayor sea el tiempo de convivencia familiar, menor influencia ejercerán otros ejemplos. - Estrechar nuestras relaciones afectivas con ellos. El ejemplo es mucho más decisivo cuanto más importante para los niños es la persona que lo ofrece. Será, por lo tanto muy importante mostrarle nuestro cariño y aceptación habitualmente. - Enjuiciar las actuaciones o afirmaciones de otros cuando contradigan nuestros propios valores, eso sí, con respeto. Ya que no podemos evitarlos, al menos presentemos ante sus ojos elementos críticos. - Desarrollar en ellos hábitos de conducta relacionados con valores importantes. Estos hábitos son especialmente importantes en los seis o siete primeros años (…) La manera de entrenar su capacidad de razonamiento y, con ella, la de apreciar los valores más importantes será mediante el diálogo y el debate de ideas. En este momento en que los hijos empiezan a percibir que no somos las personas perfectas y todopoderosas que imaginaban cuando niños, es la ocasión de enseñarles a apreciar los valores, no ya por la confianza que les inspirábamos sino por la fuerza de la lógica, y el ejemplo de vida.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 301. ¿Puede Existir la Sociedad sin la Familia? Dr. Yves Semen

La familia es la célula básica de todo organismo social. Una familia sana hace posible la salud y el vigor de toda comunidad civil, viceversa una familia enferma, desintegra y desvertebra todo el conjunto de la sociedad. Donde acaba la familia, comienza la soledad y la marginación, dentro de una familia se aprende a amar, a cada uno de sus miembros por lo que es, no por lo que tiene, se aprende a compartir, a servir y eso es muy importante para la sociedad, porque la trasciende desde la entraña misma, llevándola al bien común que debe ser protegido y promovido. Es mucho lo que la familia da a la sociedad, y esta debe de retribuirla con derechos inalienables, que se deben reconocer y defender, creando condiciones para que la familia despliegue su mismo ser y cumpla así su irreemplazable misión humanizadora en beneficio de toda sociedad (…). Los padres son los primeros responsables de la educación afectivo- sexual de sus hijos. Denunciamos la perversa infiltración en los ámbitos educativos de la «ideología de género», que pretende diseñar la sexualidad y su ejercicio al margen de los referentes de la antropología adecuada e integral. Con diversas denominaciones, como «libertad sexual, sexo seguro, salud reproductiva», los organismos públicos, nacionales e internacionales (Organización de las Naciones Unidas, Parlamento europeo), propagan la promiscuidad sexual en formas aberrantes. De este modo se contribuye a una banalización de la sexualidad y, por tanto, a la destrucción de la persona misma. La familia desunida y rota, cuyos miembros sufren con frecuencia la falta de confianza y apoyo. La violencia doméstica es, (…) una degeneración de la atmósfera de acogida cordial propia de la inmensa mayoría de nuestros hogares. En cambio, el que no tiene un hogar normalmente malvive en la intemperie y el desamor. La resolución jurídico-social de los conflictos familiares (…) no ha de ser una mera facilitación al divorcio, sino una verdadera orientación familiar, dirigida a rehacer el entramado familiar y a recuperar una convivencia estable y respetuosa. Animo a potenciar el asociacionismo familiar en sus variadas formas, para que sean las familias mismas quienes adquieran el protagonismo e iniciativa en la construcción de una sociedad verdaderamente humana.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia

302. La Receta Rev. Terrence D. Griffith

El Papa Francisco dejó cuatro soluciones prácticas que se han aplicado con éxito en nuestras ciudades para la familia urbana: -

Combatir la sociedad sin rumbo y frenética, ofreciendo sentido de la vida a quienes están solos, desorientados, heridos por una sociedad frenética e insolidaria.

- Operar sobre el criterio de una Iglesia samaritana y periférica, saliendo a las periferias geográficas y existenciales, y que sea una Iglesia samaritana en medio de nuestras ciudades del mundo. - Impulsar la creatividad en la evangelización, en los grandes núcleos urbanos. - Tener una imagen de Iglesia acogedora, integrada, evitando la disgregación del frío anonimato, dentro de la comunidad, haciendo crecer el espíritu de auténtica solidaridad, especialmente con los más necesitados.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 303. SÍNTESIS. TRES EXPRESIONES CLAVE La experiencia confirma. Refiriéndose a la acción catequética de la familia, San Juan Pablo II, en Nagasaki menciona que los católicos japoneses «habían estado sin sacerdote, sin iglesias y sin culto durante más de doscientos años. Y, sin embargo, a pesar de las circunstancias adversas, la fe cristiana no había desaparecido; se había transmitido dentro de la familia de generación en generación»(año 1981, nº 4). 304. Insustituible En la Exhortación Apostólica CT 68, consta que la acción catequética de la familia es «en cierto sentido insustituible». Veo una progresiva toma de conciencia, por lo que el mismo papa, dos años después afirma que: - «Derecho-deber insustituible e inalienable» (S. J.P. II, 1981, FC 36), inalienable es un derecho que nadie nos puede arrebatar y al que no podemos renunciar. En su visita a España, quiso reconocer de nuevo este derecho - «La escuela no podrá sustituir a los padres» (S. J.P. II, en Madrid, 1982). La Conferencia Episcopal Española, reconoce un año después, recordando la enseñanza papal, en el buen documento Catequesis de la Comunidad, afirma que: - «La parroquia no podrá sustituir a la familia» (CC. 1983). 305. Iglesia Doméstica Esta idea estaba ya contenida en la experiencia vivida por las primeras familias cristianas (Aquila y Priscila) o en las manifestaciones de S. Juan Crisóstomo. La retoma el Vat. II. - «En esta como Iglesia Domestica» (Vaticano II, 1964, LG 11). Ha superado su lenguaje anterior, con una mayor toma de conciencia y dice después: - «Hermoso nombre de Iglesia Doméstica» (Pablo VI, 1975, EN 71). - «La futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica » (S. Juan Pablo II, 1981, nº 52) - Esta expresión se repite muchas veces más , en total doce veces (AA 11; CT 68; Puebla; FC 38; 49; 56; 65; Chr L 62: a. b.) 306. Ministerio La Iglesia reconoce la labor catequética de los padres como un verdadero Ministerio Eclesial. Así consta en la Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae (nº 68): «Nunca se esforzaran bastante los padres cristianos por prepararse a este “ministerio de catequistas” de sus propios hijos y por ejercerlo con celo infatigable y es preciso alentar igualmente a las personas e instituciones que por medio de contactos personales, encuentros o reuniones y toda suerte de medios pedagógicos, ayuden a los padres a cumplir su cometido: el servicio que prestan a la catequesis es inestimable» (CT 68). El mismo S. Juan Pablo II lo repite dos años después y por siete veces en el documento Familiaris Consortio, y lo nombra como verdadero ministerio, fruto del sacramento del matrimonio:

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 1. «Si los padres ejercen su autoridad irrenunciable como un “verdadero y propio ministerio”, esto es, como un servicio ordenado al bien humano y cristiano de los hijos y ordenado en particular a hacerles adquirir una libertad verdaderamente responsable, y también si los padres mantienen viva la conciencia del “don” que continuamente reciben de los hijos»(FC 21). 2. «El deber educativo recibe del sacramento del matrimonio la dignidad y la llamada a ser un “verdadero y propio ministerio” de la Iglesia al servicio de la edificación de sus miembros (...) que Sto. Tomás no duda en compararlo con el ministerio de los sacerdotes: Algunos propagan y conservan la vida espiritual con un ministerio únicamente espiritual: es la tarea del sacramento del orden; otros hacen esto respecto de la vida, a la vez corporal y espiritual, y esto se realiza con el sacramento del matrimonio, en el que el hombre y la mujer se unen para engendrar la prole y educarla en el culto a Dios25»(FC 38). 3. «El Sínodo, siguiendo y desarrollando la línea conciliar ha presentado la misión educativa de la familia cristiana como un “verdadero ministerio” por medio del cual se transmite e irradia el evangelio, hasta el punto de que la misma vida familiar se hace “itinerario de fe” y, en cierto modo, ”iniciación cristiana” y “escuela de los seguidores de Cristo”(…)En virtud del “ministerio de la educación” los padres, mediante el testimonio de su vida son los primeros mensajeros del Evangelio ante sus hijos»(FC 39 a). 4. «A fin de que los padres cristianos puedan cumplir dignamente su ministerio educativo, los padres sinodales han manifestado el deseo de que se prepare un texto adecuado de catecismo para familias, claro, breve y que pueda ser fácilmente asimilado por todos»(FC 39b). 5. «El ministerio de evangelización de los padres cristianos es original e insustituible y asume las características propias de la vida familiar, hecha, como debería estar, de amor, sencillez, concreción y testimonio cristiano»(FC 53a). 6. «El ministerio de evangelización y catequesis de los padres debe acompañar la vida de los hijos también durante la adolescencia y juventud»(FC 53 b). 7. «El ministerio de evangelización y catequesis de la Iglesia Doméstica ha de quedar en íntima comunión y ha de armonizarse responsablemente con los otros servicios de evangelización y de catequesis presentes y operantes en la comunidad eclesial, tanto diocesana como parroquial» (FC 53 c).

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SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Contra Gentiles, IV, 58.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia

307. LA FAMILIA CRISTIANA NECESITA 308. Ser informada de su Ministerio Educativo, porque «La futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia Doméstica»(FC 52). «¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!»(FC 86). «La evangelización de la familia constituye, pues, el objetivo principal de la acción pastoral y ésta a su vez no alcanza plenamente la propia finalidad si las familias cristianas no se convierten ellas mismas en evangelizadoras» (Jornada Mundial Misionera, a. 1981, nº 3,). «La religiosidad transmitida preferentemente por tradición y por ambiente sociológico se ha vuelto frágil e insuficiente (...) quisiera ante todo (...) preparar a los jóvenes para la familia, (...) en las parroquias ayudar a las familias a cumplir sus deberes: integrarlas como iglesias domésticas en el “ministerio de la evangelización y de la santificación”; buscar en las familias el punto de partida para la formación completa del hombre y del cristiano» (Id. 2 y 3, año1981) 309. Sea reconocido su Verdadero y Propio «Ministerio Catequético» En sus numerosos viajes San Juan Pablo II ha insistido de diversas maneras sobre las ideas expuestas hasta aquí; llevando a uno y otro lado los mensajes del Concilio Vaticano II, las exhortaciones apostólicas: Evangelii Nuntiandi; Catechesi Tradendae y Familiaris Consortio. Estos claros principios han influido en la ley de la iglesia promulgada durante su pontificado; así en el CIC (1983): «Antes que nadie, los padres están obligados a formar a sus hijos en la fe y en la práctica de la vida cristiana mediante la Palabra y el ejemplo»(canon 774,2). «En virtud de su oficio, el párroco (...) promueva y fomente el deber de los padres en la catequesis familiar a la que se refiere el canon 774,2»(canon 776)26 Si desde Trento, más conscientes del Ministerio Sacerdotal, tomaron fuerza y consistencia los seminarios, logrando santos y preparados sacerdotes, y produciendo un resurgimiento eclesial; la Familia Cristiana, «Célula Madre de la Iglesia», con un ministerio educativo equivalente al del sacerdocio, ¿No hará resurgir «Nueva Vida» si se la reconoce y prepara como tal?

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También en los cánones: 793,1; 796, 1-2; 797; 798;799 y 1136.

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia

310. MINISTERIA QUAEDAM 311. La solución El «Motu Propio» o Carta Apostólica «Ministeria Quaedam» del Papa Pablo VI, constata como ministerios laicales el lectorado y el acolitado, sin negarse a la posibilidad de otros si lo creen conveniente las Conferencias Episcopales, entre ellos el Ministerio del Catequista. Hemos visto que a la familia cristiana corresponde ser reconocida como verdadero y propio Ministerio Catequético. Así lo recuerda San Juan Pablo II, de modo especial en Familiaris Consortio, nº 38, considerando la afirmación de Santo Tomás de Aquino, en Suma Contra Gentiles, IV, 58. Por tanto, las Conferencias Episcopales tienen la posibilidad de pedir a la Santa Sede el Reconocimiento de:

Verdadero y Propio «Ministerio Catequético de la Familia Cristiana». Ya que es inherente al sacramento del Matrimonio. La toma de conciencia y apertura de hoy es un signo de los tiempos, y si antes se tuvo poca conciencia de ello, no por eso dejaba de existir su gran realidad.

Si lo pedimos cada uno en nuestra diócesis, cambiará nuestro mundo. ¡Ánimo! ¡Adelante!

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La Catequesis Familiar en los Documentos de la Iglesia 312. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA 

ARZOBISPADO DE VALENCIA. Constituciones-Sínodo Diocesano Valentino. Soler. Valencia1987.



AUGUSTO SARMIENTO Y JAVIER ESCRIVÁ IVARS, Enchiridium Familiae, Rialp, 1992, Navarra



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Este documento de trabajo se terminó de redactar y maquetar el día diecinueve de marzo de dos mil dieciséis. Solemnidad de San José. “Que San José sea para todos un maestro singular en el servir a la misión salvífica de Cristo, tarea que en la Iglesia compete a todos y a cada uno: a los esposos y a los padres, a quienes viven del trabajo de sus manos o de cualquier otro trabajo, a las personas llamadas a la vida contemplativa, así como a las llamadas al apostolado.”(San Juan Pablo II, Redemtoris Custos 32)

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