IMPRESIONES Y RECUERDOS

LUCIANO RIVERA Y GARRIDO IMPRESIONES Y RECUERDOS BIBLIOTECA POPULAR DE t. LTURA BOGOTA.. COLOMBIANA Este libro fue Digitalizado por la Bibliot...
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LUCIANO

RIVERA

Y GARRIDO

IMPRESIONES Y RECUERDOS

BIBLIOTECA

POPULAR

DE t. LTURA BOGOTA..

COLOMBIANA

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Biblioteca

Popul4r

Luciano

de

Cultura

y

Rivera

Colombiant:l

Garrido

IMPRESIONES Y RECUERDOS

TOMO 1

.cOSTUMBRISTAS

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VOLUMEN

XIV

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Publicacidn del Mini!t d"[email protected]ón de Col()~ ';~

Impreso en

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Editorial A. B C.-Bogotd, 1946.

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Luciano Rivera y Garrido

IMPRESIONES y. RECUERDOS The pToper studi 01 mankind is mano (POPE.)

*

BIBLIOTECA.

POPULA.R

DE CULTUlU. BOGOTA.

COLOMBld.NA

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A MIS AMADOS PADRES EN SUS BODAS DE ORO

5 de septiembre de z844'-5 de septiembre de z891'

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1 AVENTURAS Y DESVENTURAS El panorama del Valle del Cauca en los campos de

.Sonso constituye uno de los más hermosos y extensos paisajes de cuantos contempla el viajero que recorre aC{uellarenombrada porción de la tierra colombiana. Dl1átase desde la entrada del anchuroso seno que forma la parte superior de tan privilegiada' comarca, a corta distancia de la ciudad de Guadalajara, hasta el lejano arranque de las dos sierras madres; y compone par sí solo un territorio suficiente para dar desahogada cabida a una 'población de doscientas mil almas. A la jzquierda, en dirección de norte a sur, se lavanta imponente la gran cordillera central, de faldas verdeamarillentas, ceñidas por franjas de bosques medianos, que orillan cañadas profundas y terminan en la región del cielo perfiladas cumbres del más intenso azul; a la derecha, lejos, muy lejos, se ven las 'selvas ribereñas, tendidas como gruesas aHombras de un verde sombrío salpicado por manchas de púrpura, hasta las márgenes feraces del sile:cciaso Cauca, que desliza el caudal de sus turbias y tranquilas ondas al pie mismo de las escarpas atrevidas de la cordillera occidental, y hacia el sur, en prolongada lontananza, se pierden de "vista,tras un velo azulado, las vastas llanuras del alto Valle, aquí cubiertas de bosques, allá de pastales, acuhá con caseríos y habitaciones solitarios, animadas doquiera por numerosos rebaños, y esfumadas en el confín remoto de la asombrada perspectiva por rasgos vagos e indecisos, que confunden sus líneas, casi lívi-

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das, con los altísimos e inexpugnables farallones del gran nudo meridional de los Andes caucanos. o,. Visto así en conjunto, como grandiosa y armónic~ decoración de la naturaleza, en la cual dos cordilleras majestuosas se empinan audaces hasta las nubes y dejan en su base el pedestal amplio y firmísimo de llanuras magníficas, el Valle del Cauca produce intensa impresión en quien arrobado lo contempla con ojos de soñador, de artista o de poeta, que todo viene a ser lo mismo; pues esos horizontes espléndidos que ilumina una luz de oro y corona un cielo terso y límpido como si fuera una techumbre de zafiro; esas lejanas perspectivas verdigrises y azules, acentúadas en cada repliegue del terreno por nuevos y variados detalles que hacen imposibles la monotonía y la trivialidad, ejercen imponderable influencia en el espíritu v lo absorben en absoluto hasta enseñorearse de él con invencible poderío. Pero, no es sólo así, en síntesis, si se me permite la expresión, cpmo debe contemplarse y admirarse el Valle del Cauca, no: es en los mil incidentes secundar~?s, aislad?s unos de ot~os, que const~tuyen el maravuloso conjunto, como hay que con~i1dcrarl0 para apreciarlo y comprenderlo: en los selvosos y enmarañados vallecitos que forman las quiebras por donde se derraman en la llanura, al salir de la sierra, los clamorosos ríos que lo riegan y fertilizan con porfiado empeño; en los predios de reducida extensión, cubiertos de sementeras y animados por vigorosos rebaños que pacen a corta distancia de la alegre cabaña o de la alquería vecina; a la sombra de los tupidos árboles que seducen y encantan las miradas con el lujo de sus flores, que embalsaman el ambiente con un aroma suave, semejante al que se respira en los temploi después de las grandes festividades; en esas silenciosas y poéticas florestas, caprichoso cruzamiento de añosos jiguas y elevados cedros, que así prestan el amparo de su follaje a las espaciosas habitaciones de los señores, como refrescan con sus ramas y adornan con sus flores las chozas pintorescas de los labriegos: en los torrentes

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bulliciosos y diáfanos que destrenzan por entre limpios y multicolores pedrejones las madejas brillantes de sus corrientes; en los verjeles de misteriosa y atrayente belleza, alegrados desde la aurora por los cantos variados del cucarachero y el titiribí. .. y, para decido todo de una vez, en esa multitud de cosas pequeñas pero interesantes, que forman el gran todo y casi siempre escapan a la mirada superficial e insignificante del vulgo. Fue en esa 'comarca espléndida y bendita, bajo la luz azul de ese cielo primoroso, arrullados por las auras de esos bosques y por los rumores de esas corrientes, donde pasaron, ¡cuán pronto!, los mejores años de mi vida, esosaños inolvidables, sin sombras ni amarguras, tejidos de flores y de perlas, que -llamaremos la infancia ... ' Allí, en esas verdes llanuras que encierra el ángulo perfecto formado por la línea principal de los Andes centrales y la prolongada serie de medianas y redondas colinas que de ella se desprenden hacia el noreste para extinguirse en el valle de Sonso .•. de trágico recuerdo en los anales de nuestras luchas fratricidas, se encontraba 13.modesta heredad de mis padres, cuyas habitaciones mostraban desde lejos al viajero los pardos tejados y las paredes blancas, medio ocultos por los enramados frondosos de higuerones altísimos y ceibas corpulentas. La morada principal y sus dependencias se hallaban situadas entre dos riachuelos, el Guayabal y las Guabitas. Esta circunstancia sugirió a mi padre la idea de dar a su propiedad campestre el nombre de "La Isla", con el cual subsistió por muchos años, no obstante lo forzado de la denominación desde el punto de vista de la similitud geográfica. Los edificios que servían a la familia de habitación estaban situados sobre una extensa superficie de terreno calizo muy seco y, en modo relativo, más elevado que los contornos. Constituíanlos una sala de recibo, el dormitorio de mis padres, y un claro aposento, vasta estancia en donde dormíamos los chiquillos. A continuación, varias piezas de servicio, que tenían

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salida para el exterior hacia el jardín y al norte y al sur dos largos corredores, terminados, el primero, por el comedor, en un extremo, y en el opuesto, por un balcón viejo, pieza sombría e inhabitada a la cual se ascendía por una escalera derruida. Desde las desvencijadas galerías de esa elevada y ruinosaconstruc('ión, especie de mirador de estilo andaluz, se gozaba de la vista de un hermoso horizonte formado por llanuras y selvas, montañas y collados, en cuyos confines se 1'n1.rf'veían, confundidos con el follaje de tupida arboleda, los tejados rojos de la hacienda de "Pichichí". El corredor del sur, que daba el frente a la entrada de la propiedad, era más amplio y más claro que el otro, y lo terminaba al poniente la pieza que servía de escritorio a mi padre. El humilde mueblaje de esas habitaciones lo componían sillas y taburetes de madera, afanados en vaqueta rojiza y claveteados con estoperoles; grandes canapés de hechura antigua, escaños de asiento durísimo; camas comunes, desprovistas de accesorios lujosos; mesas sencillas, de cedro rojo; y como decoración ornamental algunos cuadros pintados al óleo, los cuali=,srepresentaban santos y estaban suspendidos en las J)aretlcs del aposento v de la sala de recibo. En el cuarto de mi padie, los rri'uebles eran semejantes a los del resto de la casa; pero la mesa de escribir era grande y barnizada, y sostenía un elevado estante, colmado de libros de medicina, entre los cuales se leía aquí y allá el título de una que otra obra de historia o de litera rura .• Grandes dehesas para el g-anado vacuno, y otras para la cria de potros y muletas; extensas sementeras de caña para el abasto del trapiche; bosques frondosos, abundantes en maderas propias para variados usos r ricos en leña de primera calidad; llanos dilatados donde vagaban en libertad los toros y las vacas, con su retozona prole y los vigorosos caballos padres; mangas, corrales ... Todo eso en el seno de una comarca incomparablemente bella, cobijada por un cielo azul, circundada por horizontes hermosísimos extensos y va-

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blPRESIONES

y REctlE1U>OI

riados como las campiñas de la Lombardía o los ponderados llanos de Valencia, y favorecida por un clima benigno, cuya influencia saludable era secundada efi· cazmente por aguas puras y refrigerantes. Tal era "La Isla", grata mansión de los años más dulces de mi vida.

*

* * Una hermana mayor de mi madre, nuestra tía Belarmina, esposa de un vecino respetable de Guadalajara, y madre de una niña que respondía al dulce nombre de Elvira, solía pasar algunas temporadas en "La Isla". Un día, como de costumbre, llegó a la hadenda, acompañada de su marido y de la niña. Desde que se acercó lo suficiente a la grada de ladrillo del corrédor, para que mi tío Gabriel pudiera aproximar una silla al caballo en que la señora montaba y la fuese fácil bajar de él, comprendimos, por la expresión demudada de su semblante, que era portadora de alguna triste nueva . .:En efecto, una vez que se hubieron desmontado y cambiado los primeros saludos, prorrumpió mi tía Bclz:rmina en amargo llanto, y dijo a mi madre que preparara el ánimo para recibir una noticia muy dolorosa, pues en los momentos de separarse de (!uadaiajara había sabido por un conducto verídico que nuestra tío Guillermo, hermano mayor de ambas y una de' las personas más importantes de la familia, quedaba pos::rado de muerte, a la salida del correo, en el puerto ce Buenaventura. Puede presumirse cuál sería la consternación que aquellas palabras produjeron en todos los circunstantes, pero muy especialmente en mi madre, que amaba a aquel hermano con singular ternura y era correspondida por él del mismo modo, pues apenas sí habría podido hallarse un hombre de condicicnes más nobles y elevadas. Mi tio Guillermo se había separado muy joven de' la casa paterna para establecerse en Cali, donde vivió

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;11 lado de un pariente anciano, bastante acomodado, quien, habiéndose conservado célibe, acabó por querer a su sobrino como si hubiera sido hijo suyo. Aro· pc:rado por ese bondadoso pariente, mi tío adquirió valiosas relaciones, practicó en el comercio, viajó mucho por el PerÚ, Chile y las Antillas, e hizo un capital de consideración, lo que le permitió unirse en matrimonio con una prima hermana, joven hermosa y lucida, y lo situó en una brillante posición social cuan· do aún no contaba treinta años. Era excelente hijo, buen hermano y esposo animado por tal ternura hacia la compañera de su vida, que su amor rayaba ya en debilidad. Gran cazador, diestro en el manejo de toda clase de armas y adicto a las diversiones y a los placeres, dondequiera era citado por su desprendimiento y gallardía, por la benevolencia de sus acciones y por la donosura y agudeza de sus ocurrencias, todo lo cual hacía que iuese acogido siempre con afectuosa deferencia, 10 mismo en la cabaña del proletario que en el palacio del poderoso; y los círculos más elegantes de las diversas s