Haciendo Trabajar a la Ciencia David Miller Departamento de Filosof´ıa Universidad de Warwick COVENTRY CV4 7AL RU correo electr´ onico: [email protected] c D. W. Miller 2006

versi´ on del 6 de abril 2008

Resumen El prop´osito de esta ponencia es iluminar la relaci´on entre las ciencias b´asicas por un lado y la tecnolog´ıa y la ingenier´ıa por otro lado. Mi tesis es que la relaci´on es bastante asim´etrica, que la influencia de la tecnolog´ıa sobre la ciencia es positiva en gran parte, pero que la influencia en la otra direcci´on es casi enteramente negativa. Esto no es menospreciar la importancia de la ciencia b´asica sino ubicarla correctamente. Nos facilita adem´as identificar en qu´e significado la tecnolog´ıa constituye una aplicaci´on de la ciencia, y c´omo comparte totalmente su racionalidad.

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Introducci´ on

Esta ocasi´on es para m´ı un gran honor, y es con mucho gusto que estoy aqu´ı delante de una audiencia cautiva de ingenieros. Supongo que nosotros todos quienes no somos j´ovenes tenemos a veces un deseo de haber descollado en un oficio opuesto al que practicamos. El f´ısico quisiera haber sido un futbolista internacional, el futbolista quisiera haber sido un m´edico sabio, el m´edico quisiera haber sido un violinista de concierto, etc´etera. En La conferencia inaugural de un seminario semanal organizado por la Facultad de Ingenier´ıa de la Universidad Nacional de Colombia (sede Bogot´ a) en el segundo semestre de 2006. Dictada el 10 de agosto 2006, y repetida a la 1a Jornada de la Filosof´ıa de la Ciencia, Universidad del Norte (Barranquilla) el 18 de agosto 2006, y al Instituto de Filosof´ıa de la Universidad de Antioquia (Medell´ın) el 23 de agosto 2006. El contenido de la conferencia es sacado, con muchas variaciones y amplificaciones, del cap´ıtulo 5 de mi libro (2006). Agradezco a Ana Mar´ıa Oliva, Diego Rosende, y Alex´ander G´omez por sus mejoras esmeradas de mi espa˜ nol. Despu´es de la ocasi´on de la conferencia, Alex´ander G´omez (y luego Jan Michl) dirigieron mi atenci´ on al libro de Basalla (1988), que he le´ıdo con reservas pero principalmente con gusto. Tanto su t´ıtulo como su contenido deja en claro que la tecnolog´ıa, no menos que la ciencia te´orica, es una empresa sin t´ermino de ensayo y supresi´on del error. Desde esta verdad incontestable Michl (2006) extrae unas consecuencias bastante serias para la doctrina de Dise˜ no Inteligente.

especial, como habr´an Ustedes observado, muchos cient´ıficos veteranos hubiesen querido ser fil´osofos, mientras que fil´osofos veteranos hubiesen querido ser cient´ıficos. Yo mismo no tengo ningunas ilusiones sobre mi capacidad cient´ıfica, y mi carencia de destreza pr´actica es espantosa. Admiro masivamente los logros de cient´ıficos emp´ıricos y ingenier´ıas, pero no podr´ıa tenido ´exito en ninguna de las empresas, por mucho que lo habr´ıa querido. Por estas razones valoro mucho la oportunidad de dirigirme a Ustedes sobre unos puntos filos´oficos que son relevantes a su profesi´on. Como dijo a menudo mi maestro el fil´osofo Karl Popper (por ejemplo, en 1972, cap´ıtulo 2, § 1), nosotros todos tenemos nuestras filosof´ıas particulares, y estas filosof´ıas pueden tener efectos no reconocidos sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones. Nadie debe permitirse el lujo de ignorar la filosof´ıa del todo. ¿Pues qu´e puede decir un fil´osofo, o l´ogico, o metod´ologo, a un ingeniero? El tema de mi ponencia es precisamente la cuesti´on de la relaci´on entre la tecnolog´ıa y la ciencia b´asica, y c´omo ejercen influjo la una sobre la otra. Esta interacci´on es raramente bien descrita, y atr´as del malentendido se puede percibir un error filos´ofico de gran edad y notoriedad. Hoy espero alumbrar el asunto y (con suerte) resolver la cuesti´on de una manera agradable e interesante. Para empezar, espero que todos puedan ponerse de acuerdo provisorio en la caracterizaci´on de la diferencia entre la ciencia b´asica y la tecnolog´ıa dada por el cient´ıfico pol´ıtico canadiense Jack Grove, que escribi´o (1989, p. 46): ‘La tecnolog´ıa, a diferencia de la ciencia, no se ocupa de las cosas como son sino de las cosas como pudiesen ser.’ El fil´osofo Henryk Skolimowski dijo en vena semejante (1966, p. 374): ‘En la ciencia investigamos . . . la realidad; en tecnolog´ıa, creamos una realidad seg´ un nuestro dise˜ no.’ Lo que estas observaciones no explican es c´omo se utiliza la ciencia en la empresa de la tecnolog´ıa, y la tecnolog´ıa en la empresa de la ciencia. El primer problema constituye nuestro problema principal hoy. Claro, la ciencia y la tecnolog´ıa tienen mucho en com´ un. Ambas actividades se dedican a las soluciones de problemas, pero esto no nos dice mucho. La pol´ıtica se dedica a las soluciones de problemas, y a veces el matrimonio tambi´en. Actualmente las ciencias b´asicas y sus aplicaciones pr´acticas son habitualmente confundidas en la mente laica, y en la prensa, as´ı que la ciencia recibe tanto las alabanzas como las desaprobaciones que pertenecen propiamente a la tecnolog´ıa. Sin embargo, la relaci´on entre las dos es definitivamente no una relaci´on sim´etrica. Mantendr´e que, de hecho, la influencia de la ciencia sobre la tecnolog´ıa es casi universalmente malentendida, a desmedro de la tecnolog´ıa. No obstante, no intento menospreciar en modo alguno la importancia pr´actica de la ciencia b´asica. Espero que lo que dir´e proyecte una luz m´as halagadora (y m´as veraz) sobre ambas actividades, la ciencia b´asica y la ciencia aplicada.

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La ciencia b´ asica y la ciencia aplicada

Tengo que se˜ nalar que he utilizado los t´erminos ‘ciencia b´asica’ y ‘ciencia aplicada’ con mucho recelo. Juntos sugieren que la ciencia b´asica precede l´ogica y temporalmente a la tecnolog´ıa, y que el ingeniero hace nada m´as que aplicar la ciencia fundamental de la misma manera que, por ejemplo, aplico un sacacorchos para abrir una botella de vino, o aplico un procesador de textos para formatar lo que escribo en el teclado. ¡Ojal´a que fuese

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tan f´acil! A´ un yo pudiese ser un ingeniero en estas condiciones. Como saben Ustedes, y en verdad no necesito cont´arselo, la situaci´on es muy diferente. Preferir´e en lugar de la expresi´on ‘ciencia b´asica’ la expresi´on ‘ciencia te´orica’ o ‘ciencia explicativa’ o, cuando no hay ninguna posibilidad de confusi´on, sencillamente ‘ciencia’. Evitar´e enseguida la expresi´on ‘ciencia aplicada’. En cuanto a las palabras ‘ingenier´ıa’ y ‘tecnolog´ıa’, querr´e m´as tarde distinguir por un lado el desarrollo de artefactos que son aptos para la producci´on en masa, que llamar´e ‘la tecnolog´ıa’, y por otro la empresa de proyectos particulares, que llamar´e ‘la ingenier´ıa’. Por el momento, podemos entender las dos palabras intercambiablemente. En primer lugar, quiero presentarles a Ustedes cuatro consideraciones que cuestionan la precedencia, l´ogica o temporal, de la ciencia sobre la tecnolog´ıa. Una consideraci´on es ingenua y zool´ogica, una es informal y cotidiana, una se saca de la historia de la ciencia, y la cuarta, la m´as elocuente, consiste en una inspecci´on, simple pero acre, de la forma l´ogica de las teor´ıas cient´ıficas. Las dos primeras (§ 1.0, § 1.1) sugieren que el conocimiento cient´ıfica no es necesario para la tecnolog´ıa; las otras (§ 1.2, § 2) sugieren que no es suficiente. 1.0

Los p´ ajaros, los castores, y los topos

Los p´ajaros construyen los nidos para alojar sus huevos y sus cr´ıas. Los castores construyen las represas para controlar y redirigir los arroyos. Los topos, los campa˜ noles, y otras bestias, cavan sistemas intrincados de t´ uneles subterr´aneos — es decir, ellos tambi´en tratan de adaptar el mundo a sus necesidades. Estas criaturas son ingenieros, pero no son cient´ıficos. Podemos conceder que ‘[n]o hay ningunos animales que utilizan el fuego, ni tampoco hay animales que moldean rutinariamente nuevas herramientas, mejoran los antiguos dise˜ nos de herramientas, utilizan algunas herramientas para fabrican otras, o pasan a su prole el conocimiento t´ecnico acumulado’ (Basalla 1988, p. 13). Debemos oponernos a la conclusi´on (pronunciada pero no expl´ıcitamente sancionada por Basalla) que ‘se requiere ninguna tecnolog´ıa en absoluto para cumplir con las necesidades de animales’ (loc. cit.). 1.1

La cocina, la m´ usica, y la peluquer´ıa

Una rama de la tecnolog´ıa que es familiar a todos es la cocina. Sin duda la cocina es una actividad no esencialmente diferente de otras intervenciones humanas en el medio ambiente. Como dijo Grove, la cocina ‘no se ocupa de las cosas como son sino de las cosas como pudiesen ser’, aunque, lamentablemente, ella a menudo no alcanza la aspiraci´on de Skolimowski de crear ‘una realidad seg´ un nuestro dise˜ no’. Claro, la cocina puede ser descrita como la qu´ımica aplicada, pero esta descripci´on manifiesta exactamente el sentido del verbo ‘aplicar’ que yo he objetado. Pocos cocineros exitosos conocen los elementos de la qu´ımica (o de la f´ısica de materiales, o de la anatom´ıa). Se puede decir lo mismo acerca de la agricultura, la apicultura, la cr´ıa de animales, la metalister´ıa, y otras ramas de la tecnolog´ıa que surgieron en una ´epoca anterior a los albores de la ciencia te´orica. Un ejemplo adicional, un poco diferente, es la m´ usica. Tal vez esta actividad se describe mejor como una t´ecnica que como una tecnolog´ıa, pero exhibe un contraste semejante entre la teor´ıa y la pr´actica. La ciencia que es pertinente a la m´ usica es en parte una

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teor´ıa matem´atica (conocida por los griegos antiguos), en parte una colecci´on de teor´ıas f´ısicas (de las ondas, de la elasticidad, del sonido, de la ac´ ustica). Lo cierto es que en este caso, alg´ un conocimiento de la teor´ıa musical es usualmente una ventaja para un m´ usico, o artista o compositor. La m´ usica folkl´orica muestra que tal conocimiento no es obligatorio. No nos olvidemos que Schubert, unos meses antes de su muerte prematura a la edad de 31 a˜ nos, se inscribi´o en un curso de contrapunto (Gombrich 1982/1996, p. 563). Lo que estos ejemplos demuestran es que no podemos caracterizar la tecnolog´ıa en alg´ un caso familiar como una aplicaci´on del conocimiento cient´ıfico. Las bestias no tienen ning´ un conocimiento cient´ıfico, pero s´ı tienen, por supuesto, una competencia inconsciente que fue desarrollada evolutivamente. No es probable que el cocinero, aunque exista conocimiento te´orico que incida en su tarea pr´actica, lo conozca impl´ıcita o expl´ıcitamente, y por cierto ´el no aplica aquel conocimiento directa y autom´aticamente. No es obvio en el caso del cocinero, en contraste con el caso del m´ usico, que valdr´ıa la pena aprender la ciencia que explica sus logros, por ejemplo, el proceso de hornear. Un colega antiguo, un ingeniero quien es actualmente un Miembro de la Sociedad Real de Londres [Fellow of the Royal Society of London, FRS] me relat´o que en su juventud tuvo que dictar un curso intitulado ‘La Qu´ımica para las Peluqueras’. Me pregunto a veces si sus estudiantes se hac´ıan mejores peluqueras, aunque entend´ıan mejor los efectos de las tinturas y per´oxidos de la peluquer´ıa. Aunque los estudiantes diligentes ciertamente estaban capacitados para aplicar con m´as comprensi´on las sustancias qu´ımicas, no se sigue que aplicaban las teor´ıas cient´ıficas de la qu´ımica. 1.2

Kelvin, Rayleigh, y Rutherford

Hay varios ejemplos en la historia de la ciencia de cient´ıficos ilustres que tuvieron ideas muy equivocadas sobre las potencialidades pr´acticas inherentes en sus teor´ıas. Lord Kelvin [William Thomson] y Lord Rayleigh, quienes contribuyeron independiente y significativamente a la ciencia de la hidrodin´amica, no creyeron en la factibilidad de que m´aquinas m´as pesadas que el aire pudiesen volar; es decir, la factibilidad de los aviones (Meurig Thomas 2001, p. 105). Con su colega Frederick Soddy, Lord Rutherford explic´o en 1902 el fen´omeno misterioso de la radioactividad por la teor´ıa de la desintegraci´on espont´anea del ´atomo, y una d´ecada m´as tarde propuso la teor´ıa nuclear del ´atomo. No obstante, escribi´o en 1933 (loc. cit.): ‘Alguien que espera una fuente de poder de la transformaci´on de [los n´ ucleos] de los ´atomos habla tonter´ıas.’ En esta conexi´on es interesante que Rutherford no tuvo una reputaci´on especial por el pensamiento abstracto, divorciado de la realidad material. Al contrario, fue un hombre profundamente pr´actico, del que Niels Bohr dijo una vez: ‘Rutherford no es un hombre listo; es un gran hombre.’ (‘Rutherford is not a clever man; he is a great man.’ V´ease Crowther & Whiddington 1947, p. 122.) A pesar de su comprensi´on intuitiva del funcionamiento del mundo, este gran hombre no pudo imaginar un m´etodo con el cual se pudiese liberar la energ´ıa dentro del ´atomo. Se dice que Max Planck, Albert Einstein, y Niels Bohr pensaban lo mismo. Nos encontramos con un ejemplo menos extremo en las contribuciones particulares del ingeniero brit´anico Thomas Newcomen y del cient´ıfico franc´es Denis Papin al desarrollo de la m´aquina de vapor. Seg´ un Basalla, ‘Newcomen no tuvo ni la educaci´on ni tampoco el deseo de dedicarse al estudio desinteresado del vac´ıo, y Papin no tuvo el inter´es, ni el conocimiento o la imaginaci´on t´ecnica para transformar en un motor pr´actico su demostraci´on en tama˜ no

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peque˜ no en el laboratorio’ (1988, pp. 95f.). Tales ejemplos con seguridad dejan dudoso el clich´e de que la ciencia proporciona la inspiraci´on principal para la tecnolog´ıa. Como dice Basalla (loc. cit.): ‘Ser´ıa un error concluir que Papin, en su descubrimiento del principio del motor atmosf´erico, mostr´o m´as originalidad y m´as genio que lo que mostr´o Newcomen . . . . No est´a bien tampoco asumir que Newcomen meramente puso en pr´actica la teor´ıa, que lo que hizo fue obvio a la luz del trabajo de Papin.’ Sucintamente: ‘Los partidarios de la investigaci´on cient´ıfica han exagerado la importancia de la ciencia por la afirmaci´on de que ella es la ra´ız de casi todos mayores cambios tecnol´ogicos’ (op. cit., pp. 91f.). Por otra parte, la sugerencia de que la ciencia no tiene ninguna pertinencia para la tecnolog´ıa no es cr´eible. No me atrevo a desafiar tan radicalmente sus experiencias como estudiantes de la ingenier´ıa. Para iluminar m´as este problema, tenemos que investigar brevamente algunos de sus aspectos l´ogicos.

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Las leyes y las teor´ıas de la ciencia

Desde la ´epoca de Arist´oteles, se ha sabido que nuestro conocimiento cient´ıfico consiste no solamente en una multitud de hechos singulares, sino adem´as en generalizaciones emp´ıricas y leyes universales. Estas generalizaciones o leyes son universales porque afirman algo sobre todos los elementos de un clase. Un ejemplo simple es la ley putativa ‘Todos los asnos son contumaces’. Para nuestros prop´ositos hoy, no importa si escogemos ejemplos que no son leyes verdaderas; si existen asnos flexibles, entonces debemos hallar un ejemplo diferente. Claro, a´ un el principio de gravitaci´on de Newton no es verdadero universalmente, sino es conveniente el considerarlo como una ley. Lo que importa para nosotros es que la ciencia aspira a formular leyes universales; inicialmente leyes emp´ıricas (como ‘Todos los asnos son contumaces’), que tratan de las cosas cotidianas, y con el tiempo, leyes te´oricas (como la ley de gravitaci´on y la mec´anica cu´antica), que tratan de cosas alejadas de nuestra experiencia ordinaria. Una ley t´ıpica de la f´ısica moderna supone algunas relaciones funcionales entre cantidades matem´aticas. Informamos que, en muchos campos de la f´ısica, y de la biolog´ıa (por ejemplo, la gen´etica), parece que esta meta sea sobreambiciosa e inaccesible; en estos campos no debemos esperar m´as que leyes estad´ısticas. Este punto tampoco es pertinente. El malentendido sobre el papel de las leyes y teor´ıas cient´ıficas en la tecnolog´ıa no se amortigua si aquellas leyes son todos enunciados estad´ısticos. 2.0

Una muestra de la l´ ogica formal

Para escribir una frase universal en la l´ogica formal utilizamos varios caracteres familiares de la matem´atica y dos s´ımbolos t´ecnicos especiales: un s´ımbolo → (una flecha del ’, y un s´ımbolo ‘∀’ (una oeste) que representa la expresi´on condicional ‘si . . . entonces may´ uscula A al rev´es) que representa el cuantificador universal ‘todos’. Por medio de estos s´ımbolos podemos escribir la ley ‘Todos los asnos son contumaces’ como ∀y (Ay → Cy), donde la letra ‘y’ se llama una variable que recorra a trav´es de un dominio de valores (aqu´ı no fijado expl´ıcitamente). Cualquier letra puede realizar este papel, precisamente R P como podemos reemplazar ‘j’ en la expresi´on 100 on 0∞ f (y)dy j=0 yj y ‘y’ en la expresi´ por otras letras. Vean que la frase ‘Todos los asnos son contumaces’, que en el lenguaje natural asevera algo categ´orico o incondicional acerca de todos los asnos (a saber, que son contumaces) es representada en el formalismo por una frase que asevera algo condicional

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acerca de todos los elementos del dominio (a saber, que son contumaces si son asnos). Igualmente se puede leer la frase ‘Alg´ un asno es flexible’ como ‘Algo es un asno y flexible’, y escribirla como ∃y (Ay & ¬ Cy). El s´ımbolo ∃ (una E al rev´es) se llama el cuantificador existencial, y el gancho ¬ se llama el operador de negaci´ on, con el cual se puede representar el opuesto no-C de una expresi´on C. Se puede formular las teor´ıas cient´ıficas como condicionales universales, aunque la mayor´ıa son condicionales m´as complejos. Por ejemplo, podemos expresar la ley newtoniana de la gravitaci´on en la forma: si x y z son cualesquiera dos cuerpos distintos, entonces la fuerza f entre x y z es igual al producto del constante G y las medidas mx y mz de las masas de x y z, dividido por el cuadrado de la distancia dxz entre x y z; en 2 ]. M´as estrechamente, esta breve, ∀x ∀z [(C(x) & C(z) & x 6= z) → f xz = Gmx mz /dxz ley toma la forma de una cuantificaci´on mezclada: ‘si x y z son cualesquiera dos cuerpos distintos, entonces existe entre x y z una fuerza f cuya medida es . . . ’; en s´ımbolos, 2 ∀x ∀z [(C(x) & C(z) & x 6= z) → ∃f [F (f ) & f xz = Gmx mz /dxz ]. Otras formalizaciones, m´as expl´ıcitas y m´as exactas, son posibles. La versi´on simplificada es basta precisa para nuestros prop´ositos. En la expresi´on formal A → C la frase representada por A es llamada el antecedente del condicional, y la frase representada por C es su consecuente. Los l´ogicos dicen que el antecedente es una condici´on suficiente para el consecuente, y que el consecuente es una condici´ on necesaria para el antecedente. N´otense que los condicionales A → C y C → A tienen sentidos diferentes y fuerzas l´ogicas que no son iguales. 2.1

Causa y efecto

Lo que es crucialmente importante para un entendimiento preciso de la funci´on que las leyes de la ciencia desempe˜ nan en la tecnolog´ıa es que, en la gran mayor´ıa de las leyes naturales que conocemos, el antecedente l´ogico A es tambi´en un antecedente temporal del consecuente C, o, m´as generalmente, el antecedente A proporciona (en principio) una manera en que se puede realizar el consecuente C. Se dice com´ unmente que el antecedente A de una ley natural describe una causa del efecto que describe C. Claro, el orden temporal o causal no es reversible: si A es anterior a C, o es una causa de C, entonces C no es anterior a A y no es una causa de A. Debemos asumir que en la mayor´ıa de casos, el orden instrumental no sea reversible tampoco. Un ejemplo meramente ilustrativo es la ley ‘Siempre que un autom´ovil A gira afuera de control en un calle concurrida, ocurre una colisi´on C’. Soltar el freno de un auto desocupado a un tiempo es suficiente para producir una colisi´on a un tiempo posterior. A es suficiente para C, y se puede ocasionar C por medio de A. Un ejemplo de una ley ∀y (Ay → Cy) cuyos antecedente Ay y consecuente Cy son simult´aneos, es la ley psicozool´ogica formulada m´as arriba: ‘Todos los asnos son contumaces’. Quiz´as forzamos el uso ling¨ u´ıstico un poco, si decimos que ser un asno constituye una causa de ser contumaz, pero si la ley es verdadera, ella proporciona un m´etodo, eficaz aunque no eficiente, para obtener una bestia contumaz, a saber, obtener un asno. En contraste, no hay nada en la ley que sugiera un m´etodo para obtener un asno. No basta obtener un ser viviente que es contumaz; hay otros seres contumaces, por ejemplo todas las mulas y algunos de mis conocidos. Como dije hace un momento, el orden instrumental usualmente no es reversible.

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Por qu´ e la ciencia no nos informa c´ omo nos comportar´ıamos

Una ley o una teor´ıa cient´ıfica nos dice qu´e efecto sigue (l´ogica y cronol´ogicamente) de qu´e causa. Sin embargo, en la pr´actica, en una situaci´on t´ıpica, lo que conocemos (m´as o menos) es el efecto que queremos producir, pero no conocemos ninguna causa de aquel efecto. Si tenemos mucha suerte, conocemos una ley ∀y (Ay → Cy) que imputa el efecto deseado C a una causa anterior A que podemos implementar. En aquel estado afortunado, el problema tecnol´ogico ya est´a solucionado, por lo menos en principio. Lo que es m´as probable es que no conocemos ninguna ley pertinente. O conocemos solamente una ley cuyo antecedente no podemos poner en pr´actica; en breve, conocemos una causa del efecto deseado, pero no sabemos c´omo ocasionar esta causa. Claro, el problema tecnol´ogico ha cambiado, pero apenas ha sido resuelto. Dado un efecto C, ¿c´omo podemos descubrir una ley ∀y (Ay → Cy) cuyo consecuente es aquel C y cuyo antecedente A es factible? Es aqu´ı, sugiere la leyenda popular, que la ciencia puede ayudarnos. ¡Digo que no en absoluto! No digo que la ciencia nunca implica tal generalizaci´on emp´ırica ∀y (Ay → Cy). Al contrario, un invento exitoso no ser´ıa explicable cient´ıficamente si no existiese tal consecuencia l´ogica, verdadera o aproximadamente verdadera, de nuestras teor´ıas. Lo que digo es que la ciencia no puede ayudarnos a hallar las generalizaciones u ´tiles; m´as exactamente, puede ayudarnos solamente en circunstancias bastante inusuales. Concedo adem´as que la ciencia (como la naturaleza, la literatura, el mito, e incluso los sue˜ nos) puede proporcionar sugerencias provechosas para la pr´actica, pero son solamente sugerencias, no inferencias; la teor´ıa del ´atomo sugeri´o la presencia de un vasto tesoro de energ´ıa no liberada, pero no indic´o c´omo podemos liberarla. La situaci´on del ingeniero es una forma aguda del aprieto de alguien que quiere identificar una pintura, o un poema, o una melod´ıa. Si se conozca el t´ıtulo de la obra, un cat´alogo o una enciclopedia asesta de prisa c´omo ella parece o c´omo ella sue˜ na. Sin embargo, el cat´alogo es de uso s´olo limitado si lo que se conoce es c´omo la pintura parece o c´omo la melod´ıa sue˜ na, y lo que se quiere identificar es su t´ıtulo. La raz´on por esta infecundidad tecnol´ogica de la ciencia ya debe ser evidente. Mientras que las leyes y teor´ıas de la ciencia nos dan una licencia a inferir los efectos a partir de las causas, lo que necesitamos es una licencia para inferir las causas a partir de los efectos. Sea T nuestra teor´ıa, y C el efecto deseado. Hallar un enunciado pr´actico A tal que T implica ∀y (Ay → Cy) no es un trabajo de la l´ogica deductiva. Hay dos posibilidades solamente: enumerar las consecuencias l´ogicas de T hasta que aparezca una consecuencia condicional cuyo consecuente es C, o adivinar un antecedente apropiado A. La primera posibilidad, a´ un mecanizable, no constituye un trabajo sensato, por razones bien conocidas. Producir´ıa una cantidad abrumadora de condicionales sin ning´ un inter´es concebible; por ejemplo, la teor´ıa T implica el condicional ∀y (Ay → Cy) siempre que T dice que nada posee el atributo A. Hacer una conjetura, es decir, tener una idea luminosa, es la u ´nica posibilidad realista. As´ı llegamos a una conclusi´on que Ustedes todos ya conocen. Para ser un ingeniero exitoso, se necesita ser perspicaz, imaginativo, y astuto. Como saben adem´as, ser inventivo no es suficiente. No olviden que, adem´as de tener estas propiedades l´ogicas, el antecedente A tiene que ser algo realizable pr´acticamente. Tiene que funcionar tambi´en. Antes de explicar el sentido en que la ciencia puede servir a la tecnolog´ıa, a pesar de

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esta conclusi´on negativa, quiero mencionar algunos ejemplos, tanto caracter´ısticos como excepcionales. 3.0

La cerveza y los bolos

Leer detenidamente un libro de qu´ımica te´orica no les ayudar´a mucho si quieren elaborar la mayor´ıa de los coloides del hogar: ni el pan, ni la mantequilla, ni el jab´on, ni el pegamento, ni la tinta, ni la cerveza tampoco. No encontrar´an en un libro de texto las leyes naturales que dicen ‘Si hacen A, luego elaborar´an cerveza’. Claro, tan pronto como un m´etodo de elaborar cerveza ha sido desarrollado, podr´an formular una receta llena de pautas minuciosas; y cuando siguen la receta, aplican Ustedes aquellas pautas. Pero no aplican las leyes de la qu´ımica te´orica, salvo en el sentido de que no las violan. Este caso es t´ıpico. Nuestras teor´ıas no nos instruyen c´omo fabricar ni los analg´esicos ni los rascacielos, ni los chips de memoria ni los tortilla chips, ni los boletos ni los bolos, ni otras cosas y substancias innumerables sin las cuales la vida moderna no ser´ıa reconocible. 3.1

El p´ endulo

Sin embargo, hay algunos ejemplos de leyes en la f´ısica y en otras ciencias que afirman para un efecto C una condici´on A que es tanto necesaria como suficiente. Podemos representar estas leyes con la ayuda de una flecha doble: A ↔ C es definido como la conjunci´on (A → C) & (C → A). Se puede leerla ‘si y solamente si’, y abreviarla ‘ssi’. Un ejemplo familiar a todos√es la ley del p´endulo: ‘todos los p´endulos simples de largo l tienen un per´ıodo t = 2π (l/g)’, que tiene la forma m´as√expl´ıcita: ‘cada p´endulo simple tiene un largo l si y solamente si tiene el per´ıodo t = 2π (l/g)’. Podemos aplicar esta ley (que es a lo m´as una aproximaci´on, como se˜ nala Wilson 1993, nota 7) para obtener un p´endulo de per´ıodo t, porque cada per´ıodo t es asociado con un u ´nico largo l = t2 g/4π 2 . Sin duda es m´as natural decir que el largo l es ‘una causa’ del per´ıodo t que viceversa, porque el largo se puede fijar m´as f´acilmente que el per´ıodo. No obstante, podr´ıa ser un ejercicio interesante en el dise˜ no mec´anico a hacer fijar el largo al per´ıodo (Wilson op. cit., pp. 58f.). Debo mencionar que de una manera banal se puede poner cada enunciado condicional en forma bicondicional: ∀y (Ay → Cy) es equivalente a ∀y (Ay ↔ (Ay & Cy)). En otras palabras, todos asnos son contumaces si y solamente si el agregado de asnos y el agregado de asnos contumaces coinciden. Espero que sea obvio que tal reformulaci´on no sirve ning´ un prop´osito tecnol´ogico. No hay otro sentido en que se puede aplicar directamente la ley del p´endulo para objetivos tecnol´ogicos; parece que, con el tiempo, Jos´e Arcadio Buend´ıa se dio cuenta de esto (Garc´ıa M´arquez 1967, pp. 72f.; es decir, cercano el fin del cap´ıtulo que empieza ‘La casa nueva, blanca como una paloma . . . ’). Si pens´o que el p´endulo sea un perpetuum mobile que puede proporcionar trabajo ilimitado, entonces estuvo equivocado en m´as que un solo aspecto sobre las potencialidades de la ley del p´endulo. 3.2

La vida

Finalmente, tengo que reconocer que hay algunas leyes causales ∀y (Ay → Cy), en la biolog´ıa, la cosmolog´ıa, y otras ciencias hist´oricas, en que algo que ocurre en un tiempo

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es necesario, pero insuficiente, para lo que ocurra m´as tarde; es decir, la consecuente C, que es una condici´on necesaria para el desenlace A, es anterior en el tiempo a A. Hasta la invenci´on de la inseminaci´on artificial, el coito fue necesario para la concepci´on. Las parejas que deseaban procrear sab´ıan bien qu´e ten´ıan que hacer. El problema normal no fue ignorancia del modus operandi, sino su falibilidad. Asimismo, para gozar en su jard´ın de un roble majestuoso, es necesario, pero no suficiente, plantar una bellota muchos a˜ nos por adelantado. Si cuidamos de evitar cualquier sugerencia de que la naturaleza se comporte intencionalmente, podemos decir que ella ya ha resuelto, a trav´es de una variedad extraordinaria de maneras diferentes, el problema tecnol´ogico de la producci´on de los nuevos organismos. No hacemos m´as que pulsar un bot´on. Estos ejemplos no perturban mi tesis para nada. Despu´es de todo, ellos no alumbran el papel de la ciencia en la tecnolog´ıa. Mantengo solamente que tales casos no son t´ıpicos, y que en la mayor´ıa de los casos de inter´es tecnol´ogico tenemos que ampliar nuestro conocimiento emp´ırico para lograr nuestros objetivos pr´acticos. Es decir, tenemos que pensar en algo en que no hemos pensado previamente.

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C´ omo puede servir la ciencia a la tecnolog´ıa y a la ingenier´ıa

He indicado que la posesi´on de una teor´ıa T , y de una descripci´on C de un estado futuro del mundo, no nos da ninguna pista de una condici´on anterior A tal que la ley ∀y (Ay → Cy) se encuentra entre las consecuencias de T . Sin embargo, si la teor´ıa T implica ∀y (Ay → ¬Cy), entonces T , junto con C, implica directamente la negaci´on ¬ A del antecedente A. La regla de inferencia citada, que nos permite inferir ¬ A a partir de A → C y ¬ C juntos, es una forma de la regla que se llama la regla de modus [tollendo] tollens. Su significaci´on para nuestro problema es tremenda. Si sabemos que nuestro objetivo C no fue logrado en una ocasi´on cuando hicimos una intervenci´on A, entonces podemos concluir, sin m´as pre´ambulos, a partir de ¬ C que A, en lo que respeta a C, fracas´o. Lo que no es permisible es la conclusi´on de que podemos lograr C por medio de realizar ¬ A (o desatender A). Sin embargo, si tenemos una teor´ıa T que implica el condicional ∀y (Ay → ¬ Cy), no necesitamos implementar A para descubrir si, cuando ocurre A, el resultado C no ocurre. M´as generalmente, para determinar si A es un paso acertado, basta considerar las consecuencias de A en la presencia de la teor´ıa T . Si algunas de estas consecuencias son inaceptables, entonces podemos nuevamente deshacernos de la tentativa A. En otras palabras, las leyes y teor´ıas de la ciencia no nos dicen qu´e debemos hacer sino de qu´e debemos abstenernos. La ciencia no prescribe, sino que proscribe. La verdad lisa y llana es que el ingeniero y el tecn´ologo utilizan el conocimiento cient´ıfico para diagnosticar, controlar, y eliminar los errores en sus iniciativas pr´acticas, no para generar estas iniciativas. La ciencia sirve una funci´on cr´ıtica m´as que constructiva. 4.0

La tecnolog´ıa contrastada con la ingenier´ıa

Al inicio de esta conferencia suger´ı una distinci´on entre el ingeniero, cuyo trabajo es resolver un problema m´as o menos aislado o sui generis, y el tecn´ologo, cuyo trabajo es resolver, de una manera uniforme, una multitud de problemas semejantes. En estas palabras (que adopto solamente por conveniencia), el ingeniero dise˜ na y construye los

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puentes de suspensi´on y los aceleradores lineares, y el tecn´ologo dise˜ na y manufactura las pastillas medicinales, las computadoras, las pistolas, y las licuadoras. El tecn´ologo tiene que inventar un m´etodo para construir un dispositivo que responda adecuadamente al problema pr´actico, ensayarlo, y preparar una gu´ıa o un manual (que deber´ıa consistir de instrucciones que se pueden seguir autom´aticamente, en principio) para su utilizaci´on. En breve, el tecn´ologo realiza un nuevo tipo de objeto f´ısico, y formula en los t´erminos universales una ley emp´ırica que delinea los detalles de su operaci´on. En contraste, el u ´nico aspecto universal de un proyecto de ingenier´ıa puede ser una casi-universalidad temporal. No obstante, una vez que un artefacto operativo ha sido desarrollado, podemos tratar de formular unas leyes emp´ıricas apropiadas, y alg´ un d´ıa incluso de explicar cient´ıficamente su funcionamiento. 4.1

La explicaci´ on cient´ıfica de los logros tecnol´ ogicos

El trabajo de integrar en la ciencia te´orica una ley emp´ırica que describe la operaci´on de un dispositivo es pocas veces urgente, y es posible que no se lleve a cabo por largo tiempo. Una ilustraci´on divertida es el art´ıculo maravilloso intitulado ‘Un an´alisis tensional de un traje de fiesta sin tirantes para las mujeres’ (Siem 1956) que se public´o muchos a˜ nos despu´es del dise˜ no y la elaboraci´on exitosa del primer traje en este estilo. Hay muchos casos que son m´as importantes, pero un lindo ejemplo de ‘una soluci´on tecnol´ogica que desaf´ıa el entendimiento cient´ıfico actual’ (Basalla op. cit., p. 28; v´ease tambi´en Boon 2006, § 3.1) se identifica en la respuesta dicha dada en 1954 por Sir Alexander Fleming a un pedido de una cura efectiva para el resfr´ıo com´ un: ‘Un buen trago de whisky caliente a la hora de dormir — no es muy cient´ıfico, sin embargo, ayuda.’

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¿Por qu´ e no es lo anterior bien conocido?

En 1935, Karl Popper se˜ nal´o que ‘cuanto m´as prohibe un enunciado, tanto m´as dice acerca del mundo de experiencia’ (1959, § 35). Es decir, el poder prohibitivo de una ley o una teor´ıa es una medida de su contenido (e inter´es). En 1944 escribi´o que (1944, § 20): . . . toda ley natural puede expresarse con la afirmaci´on de que tal y tal cosa no puede ocurrir ; es decir, por una frase en forma de refr´an: ‘No se puede coger agua en un cesto.’ Por ejemplo, la ley de la conservaci´on de la energ´ıa puede ser expresada por: ‘No se puede construir una maquina de movimiento continuo’; y la de la entrop´ıa por: ‘No se puede construir una m´aquina eficaz en un ciento por ciento.’ Esta manera de formular las leyes naturales destaca sus consecuencias tecnol´ogicas, por tanto, puede llamarse la ‘forma tecnol´ ogica’ de una ley natural. Por ende, la doctrina de que las leyes cient´ıficas tienen una fuerza exclusivamente negativa es apenas una doctrina nueva. No obstante, nadie se da cuenta de la gran alcance de esta doctrina. Popper mismo la puso de rev´es cuando, inmediatamente antes del pasaje citado con aprobaci´on m´as arriba, dijo que ‘es una de las tareas m´as caracter´ısticas de toda tecnolog´ıa el destacar lo que no se puede ser llevado a cabo’ (loc. cit.). Y en sus a˜ nos avanzados, cuando discut´ıa el as´ı llamado ‘problema pragm´atico de la inducci´on’, hablaba persistentemente (como casi todos otros fil´osofos) de la teor´ıas cient´ıficas como una ‘base

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de acci´on’ (1972, cap´ıtulo 1, § 9). Verdaderamente, es la ciencia cuya tarea caracter´ıstica es destacar lo que no se puede ser llevado a cabo. La tarea caracter´ıstica de la tecnolog´ıa es indicar (por ejemplo) lo que se puede ser logrado. Me parece que pueden hallarse cuatro razones de esta incomprensi´on general, una hist´orica, una psicol´ogica, una sociol´ogica, una filos´ofica. 5.0

La historia de la ciencia

La raz´on hist´orica proviene del hecho l´ogico de que en los casos m´as familiares el uso de las leyes y teor´ıas de la ciencia para excluir una propuesta tecnol´ogica no es nunca esencial. En su lugar, se puede siempre y simplemente contrastar la propuesta de manera emp´ırica, como un sastre hace quedar un traje. Si se crea un tamiz que pueda retener el agua, pru´ebelo. No hay ninguna necesidad de una ley prohibitiva para estimular su exclusi´on. Sin embargo, en la actualmente llamada ‘ciencia grande’, paulatinamente los m´etodos te´oricos de la cr´ıtica se hicieron aconsejables, y en muchos casos inevitables, a causa del costo creciente y del riesgo creciente de las contrastaciones directas. En las ´epocas previas la situaci´on fue diferente. Un estudio de la historia de la complicidad de la ciencia en la tecnolog´ıa, destacando este aspecto cr´ıtico, ser´ıa muy valioso. Como otros escritores, Basalla he observado que ‘[a]ntes del Renacimiento, y durante unos siglos despu´es, se realizaron los adelantos tecnol´ogicos sin ayuda del conocimiento cient´ıfico’ (op. cit., p. 102). Como aquellos otros, no registra la explicaci´on simple que, en las eras pasadas, se desempe˜ naba el trabajo de eliminaci´on mas f´acilmente por una prueba emp´ırica que por un an´alisis te´orico. Sugiero que, en la mayor´ıa de su historia, la tecnolog´ıa no ha aprendido mucho de la ciencia, y el tr´afico fue m´as en la direcci´on opuesta; por ejemplo, en el dise˜ no del equipo del laboratorio cient´ıfico. Basalla quiere investigar ‘la natura de la interacci´on de la ciencia y la tecnolog´ıa’ (op. cit., p. 92), pero no revele los pormenores de ninguna acci´on cient´ıfica. En cuanto al trabajo de Newcomen, que se mencion´o arriba, escribe: ‘Hay muy poco en el aparato de Papin que pudo haber servido como una gu´ıa al inventor ingl´es cuando pens´o en construir una m´aquina atmosf´erica de vapor’ (p. 95). La afirmaci´on que ‘la ciencia manda los l´ımites de la posibilidad f´ısica de un artefacto, pero no prescribe la forma final del artefacto’ (p. 92) me complace, pero no s´e si Basalla se˜ nala ac´a una proscripti´on f´ısica o una proscripti´on te´orica. Ciertamente, ‘la ley de Ohm no mand´o la forma y los detalles del sistema de iluminaci´on de Edison’ (loc. cit.), y es evidente tambi´en que el mundo, como lo describe esta ley, impuso ‘l´ımites de la posibilidad f´ısica’. Es otra cuesti´on hasta qu´e punto las lucubraciones imaginativas de Edison fueron revisadas o refinadas por alguna consideraci´on intelectual acerca de la ley de Ohm. De esta manera el influjo potencial cr´ıtico de la ciencia, como el influjo cr´ıtico de las matem´aticas, ha sido casi invisible. El mito de que la ciencia es m´as b´asica que la tecnolog´ıa se ha fortalecido insidiosamente, con la conclusi´on inevitable que la ciencia tiene los m´eritos de los ´exitos instrumentales de la tecnolog´ıa (y la responsabilidad de sus fracasos y sus horrores).

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5.1

La represi´ on

Otra explicaci´on del anonimato de la fuerza negativa de la ciencia proviene de nuestra propensi´on a considerar la perpetraci´on de los errores, no como el desempe˜ no de los pasos imprescindibles en el aprendizaje, sino como algo vergonzoso. Por lo tanto, cuando hemos logrado por u ´ltimo un destino intelectual o pr´actico, estamos impacientes por olvidar c´omo frecuentemente nos equivocamos de camino. ‘Es tan obvio’, decimos a nosotros, y no nos acordamos de las dificultades que padecimos previamente. Tal vez podemos explicar cient´ıfica o te´oricamente el contenido de nuestro ´exito, y luego suponemos equivocadamente que podemos explicar de la misma manera su descubrimiento. Esta aversi´on a los errores es en el mismo un error grave, a´ un cuando sea un error natural. 5.2

El cient´ıfico hoy

Una tercera explicaci´on del malentendido de la manera en que la ciencia se aplica es que actualmente la mayor´ıa de quienes se llaman cient´ıficos, a´ un en la academia, son tecn´ologos o ingenieros disfrazados. Entran en una actividad que Thomas Kuhn bautiz´o la ciencia normal (1962, cap´ıtulo 3); no en el desarrollo de teor´ıas nuevas, sino en la resoluci´on de rompecabezas, y la extensi´on del ´ambito explicativo de las teor´ıas corrientes. Cuando leemos en un diario que los cient´ıficos han hecho un avance, por ejemplo en el tratamiento del c´ancer, podemos estar seguros de que el descubrimiento es en realidad una invenci´on tecnol´ogica. La misma confusi´on es evidente en la frase ‘ciencia ficci´on’. No hay ninguna duda de que este g´enero literario debe llamarse ‘tecnolog´ıa ficci´on’. En la imaginaci´on p´ ublica solamente la actividad de producci´on en masa es reconocida como la tecnolog´ıa. Aqu´ı es un ejemplo m´as c´omico que profundo. Un diario llamado Metro, que se distribuye gratis en el transporte p´ ublico a trav´es de Gran Breta˜ na, tuvo sobre la p´agina 3 de la edici´on del 31 de julio de 2006 un titular que grit´o: ‘Los cient´ıficos hacen un huevo que le avisa a Usted cu´ando est´a listo.’ Seg´ un el periodista John Higginson, la treta es utilizar una tintura que es sensible apropiadamente a la temperatura, y se transformar cuando un huevo es cocinado. (Hay un reportaje parecido sobre la p´agina 94 de la edici´on chilena de Popular Mechanics en Espa˜ nol de noviembre 2006.) Para ser honesto, y para mostrar que la distinci´on entre la ciencia y la ingenier´ıa no est´a totalmente desdibujada, tengo que mencionar otras dos noticias pertinentes en la misma edici´on del rotativo Metro. (a) Un relato (p. 9) en una secci´on intitulada La ciencia y el descubrimiento de hoy en breve dice, a prop´osito del eternamente fascinante Harry Potter, que ‘[l]os ingenieros est´an trabajando para construir un escudo que vuelve invisibles las cosas a partir de la flexi´on de la luz’. A˜ nade tranquilizadoramente que ‘[u]n objeto existir´ıa todav´ıa, pero estar´ıa oculto a la vista . . . ’. (b) En otra columna, llamada Mythtakes (p. 19), se rebate ‘el mito’ que una moneda dejada por la noche en Coca-Cola◦R ‘se derretir´a’. ‘¿C´omo disiparlo [el mito]? Simplemente ensayenlo. No, no se logra. Para quienes tienen una disposici´on cient´ıfica, Coke contiene tanto el ´acido c´ıtrico como el ´acido fosf´orico, pero el contenido ac´ıdico no es tan fuerte para disolver una moneda por la noche.’ Decepcionantemente, el rotativo no vincula esta revelaci´on con los informes de fondo proveada en la columna acerca de los huevos que ‘[s]i un huevo crudo se sumerge en el vinagre por tres d´ıas la c´ascara se disolver´a’.

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Claro, este uso popular del t´ermino ‘cient´ıfico’ puede ser un efecto tanto como una causa del malentendido de la relaci´on de la ciencia explicativa a la tecnolog´ıa. Los malos h´abitos frecuentemente florecen en pares. 5.3

El inductivismo

En conclusi´on, giro por un momento a la doctrina filos´ofica que est´a en el fondo de todas estas ideas equivocadas, la doctrina veterana de la inducci´ on. He explicado m´as arriba que lo que sostiene la creencia de que la ciencia te´orica tiene un influjo afirmativo sobre la tecnolog´ıa es la concepci´on falaz de que se pueda inferir las causas a partir de los efectos. Destaqu´e que, si tenemos una teor´ıa T y un efecto potencial C, la identificaci´on de un enunciado u ´til A tal que T implica el condicional A → C es una tarea fuera del alcance de la l´ogica deductiva. ¿No es este punto muerto, un motivo para aumentar nuestra reserva de reglas l´ogicas? Este es el pa´ıs de las hadas de la supuesta l´ogica inductiva. Arist´oteles fue el primero en invocar un proceso para explicar c´omo obtenemos racionalmente las leyes universales de la ciencia desde nuestras experiencias fragmentarias. Sin embargo, ni Arist´oteles, ni ninguno de sus sucesores, ha podido formular ya ninguna regla general que no asume como dado algo que no es dado, sino descaradamente conjeturado. El ensue˜ no de reglas para inferir las leyes universales a partir de los hechos brutos, y reglas para inferir las causas a partir de los efectos, se realiza en la estad´ıstica en la teor´ıa de inferencia inversa, as´ı llamada; es decir, una t´ecnica para inferir la composici´on de una poblaci´on a partir de la composici´on de una muestra extra´ıda de ella. Lamentablemente para sus padrinos, todos estos procedimientos inferenciales parecen equivaler a poco m´as que suposiciones o conjeturas acerca del estado desconocido del mundo. En realidad, esto las describe precisamente: son nada m´as que suposiciones y conjeturas acerca del estado desconocido del mundo. Bueno. Debemos a Karl Popper (1959, 1963) la visi´on liberadora de la ciencia como una empresa de conjeturas infundadas y refutaciones contundentes. Popper enfatizaba por sesenta a˜ nos que lo que dota de racionalidad a nuestras investigaciones no es la seguridad de sus resultados, que es manifiestamente una seguridad traidora, sino su disponibilidad a la cr´ıtica. Los ingenieros deben saber bien, mejor que otros, que nada est´a garantizado, aunque muchas cosas son seguras, y que no podemos hacer m´as que persistir en el escrutinio minucioso de nuestras producciones e intervenciones. El inductivismo supone que la ciencia surge de la experiencia, y est´a basada firmemente en ella. Por razones l´ogicas, esta creencia es err´onea. Como Popper anunciaba con mucho vigor, en la ciencia la funci´on principal de la experiencia es para eliminar. Nuestras hip´otesis tienen que afrontar el tribunal de la experiencia, y las que est´an en conflicto con la experiencia se abandonan. El inductivismo supone adem´as que la tecnolog´ıa surge de la ciencia, y est´a basada firmemente en ella. Esta creencia es err´onea tambi´en. En la tecnolog´ıa la funci´on principal de la ciencia, adem´as, es eliminativa. Ni la experiencia en la ciencia, ni la ciencia en la tecnolog´ıa, puede determinar que un problema se resuelve de una manera ideal. Lo mejor que pueden decirnos es que pudimos hecho peor. Estas dos doctrinas del inductivismo son las expresiones de prejuicios superficiales y peligrosamente enga˜ nosos. Sugiero que las abandonemos.

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