¿EXISTE EL PURGATORIO? Wilson Andrés Tamayo Zuluaga Con licencia Eclesiática www.lazosdeamormariano.net Cierto día Pepe se encontró con su amigo Tomás, quien era un católico muy fervoroso, y se pusieron a hablar de política, deportes, cultura, religión, entre otros temas. En medio de esta entretenida conversación, Pepe, al saber que Tomás era tan buen católico, le preguntó: –“Si Adolfo Hitler, que mandó a matar a más de seis millones de judíos, antes de su muerte se hubiera arrepentido sinceramente y hubiera pedido perdón a Dios por los daños causados ¿se salvaría?” –“¡Por supuesto!; la misericordia de Dios es infinita, y la salvación de Cristo en la cruz es para todo aquel que se convierta y se arrepienta de corazón”, respondió Tomás. –“¡Pero eso no es justo!”, replicó Pepe, “¿cómo Hitler, después de cometer tantos crímenes y de causar tanto dolor, puede ganar el Cielo así como lo ganó la madre Teresa de Calcuta, quien fue una santa mujer? Dios es justo y eso, evidentemente, no es justicia”. –“Sí, pero recuerda cómo en la parábola de los viñadores (Mt 20 116) Jesús dice que le pagará por igual, tanto a los que llegaron a trabajar de último, como a los primeros”, dijo Tomás. –“En el caso hipotético que Adolfo Hitler se hubiese arrepentido -dijo Pepe con mucha lógica-, no significa que hubiese trabajado en la viña, pues no habría hecho la voluntad del Señor hasta el último momento.” –“Tienes razón, pero entonces recuerda al buen ladrón clavado al lado de Cristo, al que después de arrepentirse, Jesús le promete que ese mismo día estará con él en el Paraíso (Lc 23, 43)” insistió Tomás. –“Sí, lo recuerdo”, dijo Pepe, “pero este no sería el mismo caso de Hitler, pues el buen ladrón sí trabajó en la viña, aunque, en los últimos momentos de su vida, ya que se declaró amigo de Jesús y lo reconoció como Mesías, justo en el momento más importante de nuestra Salvación, aún cuando sus propios discípulos le habían dejado. Su declaración de fe en ese momento tan importante, que seguramente le trajo la burla de los que allí estaban, es signo de su trabajo en la viña. Era tan buen ladrón que se robó el Cielo.”

–“Tienes razón Pepe”, asintió Tomás, “ahora logro entender por qué el Señor creó el Purgatorio, donde van este tipo de almas a purificarse de sus pecados, para luego entrar en el banquete del Señor”. La respuesta a la pregunta inicial de Pepe respecto a Adolfo Hitler, sólo se puede responder a la luz de una justa y necesaria existencia de un estado de purificación, donde se haga Justicia con aquellos que “no trabajaron en la Viña del Señor”, pero que se arrepintieron. Así pues, esta conversación entre Pepe y Tomás quedaría inconclusa si Dios no nos hubiera revelado a través de las Escrituras un estado, diferente al Cielo y al Infierno, donde van aquellas almas que mueren arrepentidas, aunque “sin haber trabajado en la Viña del Señor”. Este estado ha sido llamado Purgatorio. Aquí me parece escuchar a los hermanos protestantes gritando: “Pero, la palabra Purgatorio ¡no aparece en la Biblia!”. Eso es cierto, pero que no aparezca la palabra, no significa que no esté la idea. Por ejemplo, la palabra "Trinidad" tampoco aparece en la Biblia, ni la palabra "Encarnación", y, sin embargo, los protestantes las aceptan con toda naturalidad, pues saben que aunque no aparezcan textualmente, aparece implícitamente la clara idea de éstas. Lo mismo pasa con el Purgatorio, la idea de éste aparece claramente y aún, se puede deducir con la lógica protestante. Los protestantes son muy firmes (de hecho, insistentes) en la idea de que continuamos pecando hasta el fin de esta vida a causa de nuestra naturaleza corrompida. Sin embargo, ellos saben que al Cielo «no entrará nada manchado (impuro)» (Ap 21, 27) y que quien no tenga el vestido digno del banquete celestial, no podrá estar allí (Mt, 22, 1-13). También hablan de la infinita misericordia de Dios que perdonará a quien se arrepienta, pero saben que “de toda palabra ociosa que hablen los hombres, darán cuenta en el día del Juicio” (Mt 12, 36). Así pues, si una persona pecadora se arrepiente, con seguridad Dios le perdona; pero, aunque la Sangre de Cristo le lave, esa persona seguirá pecando “hasta el fin de sus días” y como en el Cielo no entra nada manchado y se nos juzgará hasta por nuestras palabras ociosas (¡y quién no las ha dicho!), no podrá ir al Cielo… ¿Entonces, se condenará? No, ni pensarlo, pues la persona se arrepintió y al Infierno va quien no se arrepiente… ¿Qué pasará con ésta persona? Si no puede entrar todavía al Cielo por no estar perfectamente purificada y no puede ir al Infierno por haberse arrepentido, tendrá que ir necesariamente a un estado distinto donde

termine de purificarse y luego llegue al Cielo a gozar eternamente de Dios. Es pura lógica1. Lo que se acaba de decir, es puro sentido común (¡que en algunos hermanos es el menos común de los sentidos!). Sin embargo, algún hermano que no haya logrado seguir este proceso lógico protestará: “¿Pero en qué parte Jesús habla de la idea del Purgatorio?”. Paciencia, ya vamos para allá. Antes se quiere demostrar que aún antes de Cristo los judíos tenían en su cultura y religión el concepto del Purgatorio. La idea de una purificación después de la muerte ya estaba en Israel antes de la venida de Cristo. En el segundo Libro de los Macabeos, escrito casi doscientos años antes de Cristo, vemos lo que Judas Macabeo y sus hombres viendo los cuerpos muertos de sus compañeros con objetos consagrados a los ídolos, hicieron: 2 MACABEOS 12, 42-45 Rezaron al Señor para que perdonara totalmente ese pecado a sus compañeros muertos. El valiente Judas exhortó a sus hombres a que evitaran en adelante tales pecados, pues acababan de ver con sus propios ojos lo que sucedió a los que habían pecado. 43 Efectuó entre sus soldados una colecta y entonces envió hasta dos mil monedas de plata a Jerusalén a fin de que allí se ofreciera un sacrificio por el pecado. 42

Todo esto lo hicieron muy bien inspirados por la creencia de la resurrección. 44 Pues si no hubieran creído que los compañeros caídos iban a resucitar, habría sido inútil y estúpido orar por ellos. 45 Pero creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren como creyentes; de ahí que su inquietud era santa y de acuerdo con la fe. Esta fue la razón por la cual Judas ofreció este sacrificio por los muertos; para que fueran perdonados de su pecado. Este texto es realmente impresionante. Bastaría sólo él para demostrar la existencia bíblica del Purgatorio. Sin embargo, ante esta evidencia, los protestantes “alegremente” han eliminado el libro de

1 Es tan lógica, tan clara y evidente la necesidad de una expiación después de la muerte, que la llegaron a vislumbrar los mismos filósofos paganos, que carecían totalmente de las luces de la fe. Y así Platón alude varias veces a un lugar ultraterreno donde se purifican las almas imperfectas antes de entrar en el reposo eterno. Virgilio recoge esa misma creencia en la Eneida al describir la purificación que es necesario sufrir antes de entrar en los Campos Elíseos, esto es, en el Paraíso. Y el filósofo Séneca, consolando a la noble Marcia por la muerte prematura de su hijo, le habla de un lugar donde se “expurga y sacude de sí los vicios pegadizos y la herrumbre inherente a toda vida mortal”.

los Macabeos de su Biblia2, pues sabrían que ante él no habría manera de refutar la existencia del Purgatorio. A pesar de que este libro bíblico no es aceptado por los protestantes3 no deja de tener valor histórico para comprobar cómo los judíos no sólo tenían la concepción de orar por los difuntos creyentes, sino que también ofrecían sacrificios para que ellos fueran perdonados4. De igual manera, la Iglesia Católica, ya desde los primeros tiempos, ha guardado con piedad la memoria de los difuntos y ofrece sufragio por ellos, para que Dios les auxilie. Ahora bien, este pasaje, tómese como dato bíblico o simplemente histórico, no puede hacer referencia al Cielo (pues allí no hay pecados para ser perdonados), ni al Infierno (pues ya no hay manera de recibir el perdón de los pecados). Necesariamente debe referirse al estado de purificación que la Iglesia ha llamado Purgatorio, donde van los creyentes que murieron con pecados no tan graves como para ser condenados, pero con los cuales, en todo caso, no podrían entrar directamente al Cielo. Pero supongamos, en gracia de discusión, que estos Libros no fueran auténticos -algo que no es cierto-. Aún así, el Purgatorio quedaría perfectamente demostrado, no sólo por el carácter histórico de los libros que demostrarían, como ya se dijo, cómo los Judíos tenían la concepción de un lugar para purificar el pecado después de la muerte, sino además, porque si esta creencia del pueblo judío hubiera sido falsa, Jesucristo la hubiera condenado en alguna parte. Así lo hizo con muchas falsas creencias de entonces. Pero en vez de condenarla, la apoyó y la enseñó de múltiples maneras, como se verá a continuación: MATEO 12, 32 Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que calumnie al Espíritu Santo, no se le perdonará ni en esta vida, ni en la otra. 32

Tendría que ser uno ciego o tener muy mala intención para no darse cuenta que Nuestro Señor está diferenciando dos clases de pecados:

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Ver folleto «¿Añadimos libros a la Biblia?», de esta serie «Defendiendo la Fe». Tan claro es este texto bíblico, que el mismo Martín Lutero, dándose perfecta cuenta de que con él se venía abajo su rotunda negación de que la Biblia hable del Purgatorio, eludió esta insuperable dificultad negando que este libro bíblico fuera inspirado. No le importó, aunque lo sabía, que todos los ejemplares bíblicos griegos, latinos y siríacos, tanto impresos como manuscritos, traen uniformemente el texto de los Macabeos, lo mismo que la Vulgata; y los antiguos Padres le han concedido y citado sin ninguna duda de variación. 4 Aún hoy los judíos ortodoxos rezan una oración llamada Quaddish durante los once meses siguientes al deceso para alcanzar la correspondiente purificación. 3

1. Los que no se perdonan en esta vida y tampoco en la otra (como el pecado contra el Espíritu Santo). 2. Los que se perdonan en esta vida o en la otra. Nos enseña entonces el Señor Jesús que hay pecados que se perdonan en la otra vida, o sea después de la muerte. Pero ¿en dónde? En el Infierno no puede haber perdón de los pecados, pues es eterno como lo afirma tantas veces la Sagrada Escritura5, tampoco pueden perdonarse pecados en el Cielo, pues como ya se dijo, allí no entra nada manchado, por consiguiente, todos los que allí entran ya están limpios de su pecado. Sólo queda el Purgatorio que es, de acuerdo con las enseñanzas del Señor, el estado donde se perdonan nuestros pecados en la otra vida. Sin embargo, el Señor no acaba aquí. A pesar de la claridad del texto anterior, Jesús quiere seguir enseñando sobre el Purgatorio, y así dice: MATEO 18, 23-35 Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos. Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados, 24 y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro. 25 Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo. 26 El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: “Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.” 27 El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda. 23

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Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: “Págame lo que me debes.” 29 El compañero se echó a sus pies y le rogaba: “Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.” 30 Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que pagara toda la deuda. 31

Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor. 32 Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: “Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. 33 ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?” 34 y tanto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara toda la deuda. 5

Mt 18, 8; Mc 9, 43; Mc 9, 45; Mc 9, 47; etc.

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Y Jesús añadió: “Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.” Muy bien, vamos a entender adecuadamente este texto. El Señor va a hablar del Reino de los Cielos (versículo 23), es más, va a explicar cómo funcionan las cosas en el Reino de los Cielos justo en el momento en que “el rey (Dios), decide arreglar cuentas”, esto es, el momento del juicio particular de cada cual; y para hacerlo utiliza la parábola del empleado injusto que fue perdonado y que a su vez no quiso perdonar. Lo interesante es que en el versículo 34 dice Jesús que el rey, enojado, puso al empleado injusto en manos de los verdugos “hasta que pagara toda la deuda” y luego termina diciendo que lo mismo hará el Padre Celestial con los que no perdonen de corazón. Evidentemente, como ya se dijo, el Señor se refiere al momento del juicio de cada cual, donde se nos pondrá en manos de los verdugos hasta pagar toda la deuda, pues en la Tierra, vemos claramente cómo hay personas que no han perdonado y no se ve que estén pagando por eso. Pero ¿será que en el Infierno un alma está sólo “hasta pagar toda la deuda”? No, ya se dijo que en el Infierno se está condenado para siempre. Entonces ¿en el Cielo se pagará la deuda? Tampoco, pues si ya se está allí es porque la deuda se pagó. Aquí nuevamente el Señor se debe estar refiriendo, necesariamente, al Purgatorio. Pero, como el Señor sabe que somos tercos y duros de cerviz, para que no nos quede duda, expondrá este concepto repetidas veces. Veamos: LUCAS 12, 58-59 Mientras vas donde las autoridades con tu adversario, aprovecha la caminata para reconciliarte con él, no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al carcelero, y el carcelero te encierre en la cárcel. 59 Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último centavo. 58

Aquí nuevamente el Señor, exponiendo las señales de los tiempos, habla de aquella “cárcel” de la que se saldrá, pero sólo cuando se haya pagado hasta el último centavo. Sobra explicar que el Señor se refiere al Purgatorio. Otro texto, muy similar al anterior, donde el Señor se refiere nuevamente al Purgatorio como una cárcel, se encuentra en Mateo 5, 25-26.

Pecados que se perdonan “en la otra vida”, verdugos que harán pagar “toda la deuda”, cárceles de las que no se saldrá “hasta que se haya pagado el último centavo”, son figuras con las que el Señor nos quiere enseñar la existencia del Purgatorio. Conociendo a los hermanos protestantes, aún ante el peso de los argumentos anteriores que hacen que su corazón palpite con más velocidad, estarán forzando con interpretaciones torcidas estos textos bíblicos para no aceptar la verdad. Por eso, aunque para una persona sincera bastarán los textos anteriores, sabemos que muchos de los que están leyendo esto, van a defender su posición aunque para esto deban recurrir al absurdo. Aquí se hace real aquella impactante frase que dice: “Algunos defienden su posición NO POR SER VERDADERA, sino POR SER PROPIA.” A este tipo de personas, se les va a demostrar que no sólo los judíos del Antiguo Testamento y Jesús hablan de una purificación después de la muerte, sino que el mismo San Pablo nos toca este tema. 1 CORINTIOS 3, 11-15 Pues nadie puede cambiar la base; ya está puesta, y es Cristo Jesús. 12 Sobre este cimiento se puede construir con oro, plata, piedras preciosas, madera, caña o paja. 13 Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. 14 Si lo que has construido resiste al fuego serás premiado. 15 Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará, pero no sin pasar por el fuego. 11

¿Hay que ser más claro? ¿No ha caído aún el velo de la soberbia que no deja entender? Bien, expliquemos: Pablo está hablando de los que se salvarán al haber puesto a Cristo como base. Pero también dice que la construcción de la vida cristiana se puede hacer con diferentes materiales, y “un día se verá el trabajo de cada uno”. ¿Qué probará la obra?: el fuego. Así, el que construyó con oro, plata o piedras preciosas, representa al que vivió en Santidad y como su obra resiste al fuego “será premiado”. Pero otro construyó con madera, caña o paja, y todos sabemos que estos materiales arden con el fuego. ¿Qué pasa entonces con aquel cuya obra no resista al fuego? San Pablo responde: “tendrá que pagar”. Pero entonces ¿se condenará? No, porque construyó sobre Cristo como base, por eso dice San Pablo que “se salvará, pero no sin pasar por el fuego”. Bien, este fuego que nos pone a prueba el día del juicio es lo que se llama Purgatorio.

“Pero -dirá algún protestante-, San Pablo está hablando de algunos maestros que construyen la vida espiritual de la comunidad de los Corintios, ya que él mismo fue el que puso la base; dice que algunos están construyendo mal y por esto serán puestas a prueba sus obras; si no resisten, ¡ellos tendrán que pagar!... ¿Ven?… no se refiere a ningún Purgatorio”. ¡Maravillosa interpretación! Lo que no se dan cuenta los hermanos es que con esta interpretación, en vez de negar, fortalecen la idea del Purgatorio. Pues de esta manera se aclara que tanto la comunidad como los maestros que edificaron en ella tendrán que pasar por el fuego, y los unos serán castigados por no resistir al fuego, mientras los otros, por construir con malos materiales. Sin embargo, queda claro que se salvarán. ¿Es posible que todavía después de todos estos textos bíblicos alguien no haya entendido? Sí, es posible; es más, lo más probable es que algunos no hayan querido entender. Lo que resta es orar a Dios para que quite ese velo del corazón de aquellos que “no entienden ni las Escrituras ni el Poder de Dios” (Mt 22, 29). Pero se cumplió con el deber de mostrar lo que el Espíritu Santo reveló a través de las Escrituras. En este punto, se aplica un texto bíblico que casualmente también se refiere al Purgatorio, donde se habla de los azotes que recibirán los que conociendo la voluntad de Dios no la hacían: LUCAS 12, 47-48 Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo castigo. 48 En cambio, si es otro que hizo, sin saber, algo que merece azotes, recibirá menos golpes. 47

Por otra parte, para demostrar que el Purgatorio no es una “invención reciente” de la Iglesia Católica, veamos cómo desde los primeros siglos los cristianos han creído en su existencia. El Purgatorio, como estado temporal de purificación, fue creído desde el principio por los primeros cristianos que se destacaron por su fe y santidad y a los cuales se les llama ‘Padres de la Iglesia’. Conozcamos lo que dijeron algunos de ellos sobre este tema: * Año 211. Tertuliano: «Nosotros ofrecemos sacrificios por los muertos...» * Año 307. Lactancio: «El justo cuyos pecados permanecieron, será atraído por el fuego (purificación)...» * Año 386. Juan Crisóstomo: «No debemos dudar que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo...».

* Año 580. Gregorio Magno: «Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador...». Para concluir, se quiere advertir que la Iglesia ha visto el Purgatorio no como un estado definitivo sino temporal, del que luego se va al Cielo; además este estado no riñe con la sobreabundante redención de Cristo, ni disminuye su alcance, porque aunque los méritos de Cristo son más que suficientes para rescatar a la humanidad entera, es necesario que estos méritos sean aplicados a cada persona; pero Dios, en su amor, nos ha dado a nosotros también la capacidad para satisfacer, unidos a él, y así completar en nosotros, Cuerpo de Cristo, lo que él, como Cabeza, ya padeció totalmente6. De esta manera, en el Purgatorio es la misma Sangre de Cristo la que lava al creyente. Que lástima que muchos hermanos protestantes, engañados por falsas interpretaciones bíblicas, no oren por sus familiares difuntos. No hay duda que en el Cielo haya muchos hermanos protestantes, pero tampoco hay duda que haya muchos en el Purgatorio (aunque no hayan creído en él) y quizá están hace mucho tiempo en esa “cárcel” siendo “azotados por los verdugos” sin que nadie implore misericordia por ellos. ¿Cuánto tiempo más estarán? No lo sabemos; sólo roguemos a Dios que terminen de purificarse y entren con vestido limpio al banquete celestial (Mt 22, 1-13). Amén. RESUMEN DEL TEMA 1. Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de la muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente destina del castigo de los condenados7. 2. Al cielo no puede entrar nada impuro (Ap 21, 27), y se debe tener el vestido digno para entrar al banquete celestial (Mt 22, 1-13), además de esto se tendrá que dar razón de todas nuestras acciones y hasta nuestras palabras ociosas serán tomadas en cuenta en el día del juicio (Mt 12, 36). Aquí se entra en una paradoja: es necesario estar totalmente puro para entrar al Cielo, pero también, se tendrá que pagar por todas las faltas. En el 6

Si alguien deduce erróneamente que la creencia en el Purgatorio socava la redención de Cristo, es bueno que observe lo que San Pablo dice a los colosenses: “Ahora me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, pues así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24) ¿Podría decirse que San Pablo considera insuficiente la redención de Cristo? No, más bien se podría decir que San Pablo entiende que el Señor en su amor y misericordia nos permite asociarnos a sus sufrimientos y con esto contribuir al bien de la Iglesia, que es su Cuerpo. 7 Catecismo de la Iglesia Católica No. 1030-1031.

Infierno eterno pagarán las faltas aquellos que libremente decidieron rechazar el amor de Dios. Pero aquellos que aceptaron el amor del Señor y que aún así necesitan dar cuenta de sus faltas ¿cómo pagarán? La única salida de esta paradoja es un estado, distinto al Infierno, donde se purifiquen las faltas de este tipo de personas, estado que se conoce como Purgatorio. 3. Algunas citas bíblicas sobre el Purgatorio: 2 MACABEOS 12, 42-45  Judas Macabeo y sus soldados ofrecen oraciones y sacrificios por sus compañeros muertos en batalla con objetos consagrados a los ídolos.  Este texto muestra la concepción de los judíos sobre una purificación después de la muerte.  Aún hoy los judíos ortodoxos rezan una oración llamada Quaddish durante los once meses siguientes al deceso para alcanzar la correspondiente purificación. MATEO 12, 32 Jesús no condena la creencia de los judíos en una purificación después de esta vida, sino que la apoya y este texto es muestra clara de ello. Jesús habla del pecado contra el Espíritu Santo y dice que este no se perdona ni en esta vida ni en la otra. Lo que muestra claramente que hay dos tipos de pecados: Los que no se perdonan ni en esta vida, ni en la otra, y los que se perdonan en esta vida o en la otra. Esta purificación de los pecados en la otra vida, se conoce como Purgatorio. MATEO 18, 23-35 “Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos” Jesús explica cómo funcionan las cosas en el Reino de los Cielos y narra la parábola del hombre injusto que no quiso perdonar a un deudor, aunque él mismo había sido perdonado por el Rey. “Lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara toda la deuda” Si este hombre injusto quedó en manos de los verdugos “hasta que pagara toda la deuda”, significa que su castigo es temporal y no eterno. “Lo mismo hará mi Padre Celestial…” Nuestro Señor explica claramente que el que no perdone a su hermano tendrá que “pagar esa deuda” con un castigo temporal. Este castigo temporal es lo que se llama Purgatorio.

LUCAS 12, 58-59  Nuevamente habla nuestro Señor de una cárcel de la que no se sale hasta que sea pagado el último centavo.  La “cárcel” de la que habla el Señor no puede ser el Infierno pues de allí no se sale nunca (Mt 18, 8; Mt 25, 41; Mc 9, 43; etc.) Esta “Cárcel” es el Purgatorio donde es purificado el pecador. 1 CORINTIOS 3, 11-15  San Pablo habla del fuego que probará la obra de las personas que edificaron su vida sobre Cristo. Algunos construyeron con oro, plata o piedras preciosas, otros con madera, caña o paja. Pablo dice, además, que será premiado aquel cuya obra resista al fuego, pero si la obra se hace cenizas el obrero tendrá que pagar… ¿se condenará entonces? No, Pablo es claro al decir que se salvará, pues había edificado sobre Cristo; sin embargo tendrá que pasar por el “fuego purificador”. Ese “fuego purificador” es el Purgatorio.

“Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre (Job 1, 5) ¿Por qué habríamos de dudar que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues en socorrer a los que han partido y en ofrecer plegarias por ellos” (SAN JUAN CRISÓSTOMO)

«Dios nos concedió una herencia que nos está reservada en los Cielos... Por esto alégrense, aunque por un tiempo quizá sea necesario sufrir varias pruebas. Vuestra fe saldrá de ahí probada, como el oro que pasa por el fuego... hasta el día de la Revelación de Cristo Jesús, en que alcanzaréis la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas» (1 Pedro 1, 3-9).