El ideal de felicidad en la infancia

El ideal de felicidad en la infancia Carlos García Medina Universidad de Sevilla, España Resumen: “El ideal de felicidad en la infancia” es un estudi...
3 downloads 2 Views 357KB Size
El ideal de felicidad en la infancia Carlos García Medina Universidad de Sevilla, España

Resumen: “El ideal de felicidad en la infancia” es un estudio de investigación que nace ante la aparente presión social que generan los estereotipos, siendo una de las causas con más peso actualmente en el acoso escolar o bullying. Además, se tuvo en cuenta un concepto muy analizado a lo largo de la historia de la humanidad: la felicidad. Partiendo de un ideal de felicidad, que parece estar muy instaurado en la sociedad adulta, se intentó comprobar si también se aplicaban y mantenían estos cánones en niños y niñas de 10 y 11 años en un colegio de la provincia de Sevilla. Se recogieron datos de distintas variables (nivel económico, etnia, tendencia sexual, empleo del hombre y de la mujer, apariencia física…) y se compararon los datos en función del sexo del sujeto. Los resultados parecen que confirmaron la existencia de este ideal de felicidad, aunque se obtuvieron diferencias en algunas variables en cuanto al sexo. Además, despierta un cierto interés algunos casos “raros” que en algunas variables no cumplen la hipótesis inicial. Palabras claves: bullying, estereotipos, felicidad, niños, prejuicios.

Introducción Uno de los conceptos que ha generado mayor confusión e interés a lo largo de la historia de la humanidad es el de felicidad. De hecho, todavía se sigue estudiando y llevando a cabo investigaciones sobre esta, quizás porque desde pequeños es un tema que de alguna manera nos persigue y nos crea la necesidad de llegar a alcanzarla y mantenerla a lo largo de nuestra vida. En filosofía, se han distinguido dos significados de felicidad: en la filosofía social el significado de "buenas condiciones de vida" (felicidad como una buena sociedad) y en la filosofía moral, el significado de buena acción (felicidad como una virtud). Aristóteles y Epicuro se basan en la relación entre felicidad y placer. Para José Ortega y Gasset la felicidad está relacionada con el éxito personal, pues la define como la coincidencia de lo que él llama

“nuestra vida proyectada”, que es aquello que queremos ser, con “nuestra vida efectiva”, que es lo que somos en realidad. En la ciencia social actual prevalece otro significado: el disfrute subjetivo de la vida. El Diccionario de la Lengua Española, define el vocablo “felicidad” en los siguientes términos: “Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. 2. Satisfacción, gusto, contento. 3. Suerte feliz”. Según el Diccionario Enciclopédico Santillana, felicidad es: “Estado de la persona para quien su vida es como ella desea. 2. Satisfacción que experimenta una persona cuando logra algo que le agrada. 3. Cosa o acción que produce esta satisfacción o contribuye a ese estado. 4. Falta de acontecimientos desagradables”. Señala como vocablos antónimos de felicidad: infelicidad, desdicha, malestar, dolor, desgracia.

Desde la perspectiva de la Psicología Positiva, la felicidad no es una sola cosa, sino un constructo que comprende varios elementos: el aspecto sensorial y emocional que incluye las experiencias placenteras, la alegría y las emociones positivas; el componente cognitivo, que se refiere a cómo evaluamos nuestra vida y qué tan satisfechos estamos con ella; y el sentido de vida, el sentir que nuestra vida tiene propósito y vale la pena. Como vemos, existen numerosas definiciones del término felicidad, y la mayoría de ellas asociadas a un bienestar subjetivo, pero ¿realmente es tan subjetivo? ¿o existen modelos de felicidad que se repiten o se intentan replicar? Aunque si es único para cada individuo, va a estar influido por los significados culturales. Dichos significados serán co-construidos y socializados por múltiples vías, entre ellas la acción de diversos agentes modeladores de calidad de vida (como por ejemplo profesionales de la educación y la salud, grupos sociales…), afectándose no sólo las nociones colectivas y personales sobre lo que es una buena vida o una vida feliz, sino de paso el comportamiento humano y la interpretación de la realidad en función de dichos parámetros. Por lo que podríamos relacionar la felicidad con los estereotipos que existen en la sociedad. Un estereotipo se define como “la dimensión cognitiva de una representación grupal” (Páez, 2003: 752). En otras palabras, un estereotipo es una idea o creencia que fija la imagen atribuida a un grupo. Se podría añadir que este conjunto de ideas, normalmente compartido o consensuado, se transmite y se aprende naturalmente desde que nacemos y socializamos en la familia, en el grupo de amigos, en el colegio, etc. Las investigaciones han mostrado que los niños a partir de 6 años ya son conscientes de la existencia de ciertos grupos sociales e incluso manifiestan opiniones

relativas a grupos nacionales (Zlobina, 2003: 788). Por otro lado, un prejuicio constituye una “actitud afectiva positiva/negativa ante el grupo.” (Páez, 2003: 752). En el prejuicio se incluyen valoraciones del terreno de lo afectivo y de las actitudes. Sin embargo, la tendencia más generalizada ha sido considerar prejuicio como sinónimo de actitud negativa. Esta implicación negativa del prejuicio se observa en la definición de Gordon Allport (1954, citado en González y Fernández, 2003: 799), que define el prejuicio como “actitud hostil y desconfiada hacia una persona que pertenece a un grupo simplemente por el hecho de pertenecer a él, suponiéndose por lo tanto que posee las cualidades objetivas atribuidas a dicho grupo.” Los prejuicios, por tanto, están íntimamente ligados a fenómenos como el racismo o el sexismo. Allport (1954 citado en Ruggiero, 1999) observa que los prejuicios son producto de múltiples circunstancias tales como la tendencia humana a formar juicios anticipados, la educación familiar, los miedos, los conflictos de género, el sentimiento de culpa o los modelos existentes en la sociedad y la cultura a la que se pertenece. Páez (2003: 752) afirma que la raíz del estereotipo puede encontrarse en la existencia de un conflicto para conseguir recursos que escaseen, por lo que se suele producir entre grupos cercanos y familiares. Los estereotipos y los prejuicios son, en definitiva, una consecuencia de nuestra pertenencia a grupos y de la interacción que se da entre los mismos. Según la teoría de la identidad social de Tajfel y Turner (1979) cuando los individuos se identifican con un grupo y observan al resto como miembros de otro grupo distinto al propio, se tiende a despersonalizar a los demás, considerándolos como personas que reaccionan de un modo determinado por pertenecer a un determinado

grupo y no como individuos con rasgos personales o diferencias con su propio grupo. Desde la perspectiva sociocultural estas representaciones son internalizadas por los sujetos que forman parte de dicha cultura, estructurando y configurando formas de interpretar, actuar y pensar sobre la realidad. En este sentido cabe destacar algunas aportaciones empíricas tales como las de Spencer y Steele, (1994 en Wertsch, 1999) y Steel y Aronson, (1995 en Wertsch, 1999) que demuestran empíricamente cómo los estereotipos internalizados afectan al autoconcepto del sujeto, los procesos cognitivos, las aptitudes intelectuales y el desempeño en la ejecución de tareas. Una consecuencia importante en el mantenimiento de los estereotipos y los prejuicios es la violencia. El análisis de la violencia nos lleva a la búsqueda de su origen, entendiendo por esta como: “Una forma de otorgar un juicio o un trato social diferente de las personas bajo ciertos criterios de distinción como los estereotipos y los prejuicios”. Observamos que en las escuelas el bullying se manifiesta a través de estereotipos que hemos impuesto socialmente. De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Violencia de Género en Educación Básica de 2009, la violencia entre pares tiene que ver con el color de piel, estatura, forma de hablar, de vestir, etc. Rigby (2004) analiza el acoso escolar como un producto de las dinámicas sociales, que tienen lugar en el grupo de iguales. Archer y Coyne (2005) añaden que la elección de una u otra estrategia de agresión depende de las relaciones sociales establecidas entre los sujetos en el contexto. Smith (1999) define el acoso escolar como una situación en la que uno o varios estudiantes toman como objeto de agresión a otro alumno, o grupo de alumnos, y lo someten a agresiones físicas, burlas, amenazas o

aislamiento. Smith (2007) diferencia entre cinco estrategias de acoso escolar: agresión física directa (pegar, empujar, golpear), agresión física indirecta (esconder, romper o robar cosas), agresión verbal directa (insultar, amenazar, reírse de alguien), agresión verbal indirecta (hablar mal de otro a sus espaldas, extender rumores), exclusión social (ignorar, no dejar participar a alguien en una actividad). La aplicación de los estereotipos y los prejuicios en edades tan tempranas no es más que un efecto o consecuencia producido por la sociedad “adulta”. Teniendo en cuenta los planteamientos anteriores, en este trabajo se persigue un doble objetivo. El primero, analizar el concepto de felicidad a partir de la relación entre el género y nueve variables nominales sobre estereotipos, y de esta manera establecer un diagnóstico de la interiorización de estereotipos en niños y niñas de 10 y 11 años. Y el segundo, profundizar en el análisis de tres variables que parecen indicar el grado de machismo posible en este grupo social, en relación con el género. Estos objetivos parten de dos supuestos posibles: 1. “La existencia de un ideal de felicidad caracterizado por ser un hombre, adinerado, de etnia blanca, sin sobrepeso, heterosexual, que trabaje fuera de casa, con familia y joven.” 2. “La existencia de una ideología machista tanto en niños como en niñas.”

Método Participantes La muestra está constituida por 51 alumnos y alumnas del mismo centro educativo de segundo ciclo de Educación Primaria, en una localidad de Sevilla.

Instrumentos Para comprobar la existencia del ideal de felicidad se ha utilizado un cuestionario llamado Whoishappier. En este cuestionario se presentan nueve diapositivas con dos imágenes (A y B) encabezadas por una misma cuestión: ¿Quién es más feliz? Cada diapositiva valora un aspecto diferente (nivel económico, etnia, apariencia física, tendencia sexual, empleo del hombre, empleo de la mujer…). Con la excepción de tres diapositivas que aportan datos de una sola variable: machismo. Los alumnos y alumnas apuntaban sus valoraciones de forma individual y totalmente anónima en una hoja de respuestas, donde también había que indicar el sexo del alumno o alumna. Para el análisis de datos se utilizó el programa PSPP. Procedimiento Las pruebas fueron administradas en grupo dentro del aula accediendo a los grupos naturales. La administración fue colectiva y en horario regular de clases, en una sesión de acción tutorial, las instrucciones para completar el cuestionario se dieron en clase antes de comenzar la administración. La prueba fue aplicada por uno de los miembros del equipo de investigación, estando el maestro presente sin intervenir en el proceso, siendo el investigador el encargado de realizar las aclaraciones oportunas al alumno que así lo solicitaba. Con la colaboración del C.E.I.P La Alunada se concertaban citas telefónicas con el responsable del centro y, con posterioridad, en la fecha acordada, un investigador acudía a las aulas que participaban en el estudio. Se solicitó la participación de cada alumno enfatizando la naturaleza voluntaria y garantizando el anonimato de sus respuestas, previo consentimiento de sus padres o tutores legales.

Posterior a la recogida de datos, se llevó a cabo el análisis de los dos objetivos propuestos. Para ello, se decidió que la opción A equivaldría a el valor 0 y la B al 1 en el programa PSPP. Antes de empezar con el primer objetivo, se realizó un análisis descriptivo de la variable sexo para determinar la cantidad de hombres y mujeres, obteniendo 26 mujeres y 25 hombres. Posteriormente, para el análisis del primer objetivo, se realizaron nueve tablas de contingencia que ponían en relación nueve variables nominales con el sexo del alumno/a. Las variables a la que nos referimos son: nivel económico, etnia, apariencia física, estado civil, empleo del hombre, tendencia sexual, edad, empleo de la mujer y sexo preferente (entendiendo preferente como aquel que considere más feliz). Los valores de dichas variables serán presentados en el apartado resultados (Tablas de contingencia). En segundo lugar, se llevó a cabo el análisis del grado de machismo existente. Para ello se calculó una nueva variable (percepción machista) compuesta por la adición de tres anteriores (empleo hombre, empleo mujer y sexo preferente). Para el cálculo de la misma, se estableció un criterio: la percepción machista se dará cuando se elijan en las tres variables la opción B (luego, la suma sería: 1+1+1=3); y el caso contrario, en el que no se identificaría una percepción machista sería 0. Hay que indicar que la opción B en las variables eran (empleo fuera de casa, ama de casa y hombre respectivamente); y la opción A (amo de casa, empleo fuera de casa y mujer respectivamente). Resultados Los resultados que se obtuvieron para el primer objetivo prácticamente afirmaron nuestra hipótesis inicial. Aunque hay casos en algunas variables que son llamativos.

Sexo * Nivel Económico

Sexo * Estado Civil Nivel Económico Rico

Sexo

Estado Civil

Total Sexo

Rico

Mujer

Recuento

26

26

Hombre

Recuento

25

25

Recuento

51

51

Total

En esta relación cabe destacar que todos los sujetos marcaron la opción A (Rico) y ninguno la opción B (Pobre). Resultado muy llamativo, aunque esperable. Sexo * Etnia Etnia Sexo

Blanca

Negra

Blanca

Recuento

22

4

26

Hombre

Recuento

22

3

25

Recuento

44

7

51

De los 51 sujetos, 44 de ellos, es decir un 86% aproximadamente eligieron la opción A (Blanca), coincidiendo el valor en las mujeres y los hombres. Estos resultados, de nuevo afirman nuestra primera hipótesis. Sexo * Apariencia Física

Sexo Total

Total

Recuento

0

26

26

Hombre

Recuento

2

23

25

Recuento

2

49

51

Total

En este caso, en la imagen de la opción A aparece una persona sola y la opción B la misma persona rodeada de una familia. El objetivo con esta variable era identificar si “una persona soltera es menos feliz que una casada y con familia”. Los resultados obtenidos aceptan la hipótesis ya que solo dos hombres eligieron la opción A.

Sexo

Apariencia Física Con Sin sobrepeso sobrepeso

Casado

Mujer

Sexo * Empleo Hombre

Total

Mujer

Total

Soltero

Total

Mujer

Recuento

1

25

26

Hombre

Recuento

0

25

25

Recuento

1

50

51

Mujer Hombre

Total

Empleo Hombre Amo Fuera de de Casa Casa 7 19 5 20 12 39

Recuento Recuento Recuento

Los resultados obtenidos representan una mayor tendencia hacia el trabajo del hombre fuera de casa. Sin embargo, en este caso si hay una mayor dispersión en los datos con respecto a las variables analizadas anteriormente; aunque, en principio no son muy representativas. Sexo * Tendencia Sexual Tendencia Sexual Homo

La apariencia física, que es uno de los temas más investigados actualmente, vuelve a ser otra variable que afirma nuestra primera hipótesis. Solo un sujeto valoró que una persona con sobrepeso es más feliz. Lo que denota una gran presión en los niños y niñas con respecto a este tema.

Total 26 25 51

Sexo Total

Mujer Hombre

Recuento Recuento Recuento

Hetero 3 0 3

23 25 48

Total 26 25 51

Aproximadamente el 94% de los sujetos eligieron la opción B como más feliz (heterosexualidad). Destacando que el 100% de los hombres eligieron esta opción.

Sexo * Edad

La última relación que se llevó a cabo en este estudio fue la del sexo del sujeto y el sexo que cada uno/a considera que es más feliz.

Edad Sexo

Anciano

Niño

Total

Mujer

Recuento

3

23

26

Hombre

Recuento

2

23

25

Recuento

5

46

51

Total

Los resultados que se obtienen en esta relación era muy esperables, ya que teniendo en cuenta que la opción B es un niño y que por tanto podría darse un efecto de empatía, la mayor parte de la muestra eligieron la opción B. Sin embargo, según el estudio llevado a cabo por Venhovvenn en 1991, ancianos y jóvenes son casi igual de felices en la mayoría de los países. Contrariamente a la opinión general, la vida no parece ser menos satisfactoria para los mayores; ni siquiera para los más ancianos. Sexo * Empleo Mujer Empleo Mujer Fuera de Ama de Casa Casa Sexo

Total Fuera de Casa

Mujer

Recuento

24

2

26

Hombre

Recuento

25

0

25

Recuento

49

2

51

Total

Sorprendentemente, los resultados que se esperaban en esta variable fueron totalmente contradictorios. Ya que, la mayor parte de los sujetos pensaban que una mujer que trabaja fuera de casa es más feliz que una ama de casa. Además, podríamos destacar que aquellos sujetos que eligieron la opción B eran mujeres. Aunque hay que tener en cuenta el tamaño de la muestra. Sexo * Sexo Preferente Sexo Preferente Sexo

Total

Masculino

Femenino

Total

Mujer

Recuento

2

24

26

Hombre

Recuento

20

5

25

Recuento

22

29

51

Los resultados que surgieron fueron que la mayor parte de los hombres consideraban que ellos eran más felices; y la mayor parte de las mujeres consideraban que ellas eran más felices. Salvo casos excepcionales, que eligieron, al contrario. De alguna forma, podríamos decir que los sujetos eligieron en relación a su sexo, ya que, dotaron al grupo a los que ellos/as mismos/as pertenecían una característica positiva. Este proceso es el que explica Tajfel y Turner en la teoría de la identidad social. La teoría de la identidad social fue formulada por Henri Tajfel y John Turner en 1979 con la finalidad de explicar el comportamiento de grupos numerosos, como pueden ser las clases o las categorías sociales, y la tendencia que se da en estas agrupaciones de favorecer a los miembros de un mismo grupo (endogrupo), discriminando a aquellos que no pertenecen a éste (exogrupo). Los experimentos llevados a cabo mostraron que cuando los individuos se identifican con un grupo y observan al resto como miembros de otro grupo distinto al propio, se tiende a despersonalizar a los demás, considerándolos como personas que reaccionan de un modo determinado por pertenecer a un determinado grupo y no como individuos con rasgos personales o diferencias con su propio grupo. Siguiendo la teoría de la identidad social se crean estereotipos y prejuicios entre los grupos debido a la división entre endogrupos y exogrupos. Por otro lado, en el segundo objetivo se obtuvieron resultados que rechazaron en gran parte nuestra segunda hipótesis. Como era de esperar, según las tablas de contingencia de las variables empleo del hombre, empleo de la mujer y sexo preferente, no existía una percepción machista.

El número de sujetos que había elegido en las tres variables la opción B –y por tanto sumaba 3- fue 1. Por lo tanto, no se deducía que existiera una percepción machista en los niños y niñas. Aunque, tampoco se podría afirmar que no existiera una percepción totalmente igualitaria, ya que, fueron muy pocos los que eligieron en los 3 casos la opción A. Sexo * Percepción Machista Informe Percepción Machista

26

Desviación estándar ,65280

Hombre

1,6000

25

,57735

Total

1,2353

51

,70960

Sexo Mujer

Media ,8846

N

Tabla de ANOVA Suma de cuadrados Percepción Machista * Sexo

Entre grupos (Combinado) Dentro de grupos Total

gl 1

Media cuadrática 6,523

F 17,134

6,523 18,654 25,176

Sig. ,000

49

,381

50

Medidas de asociación Eta Percepción Machista * Sexo

Eta cuadrada ,509

,259

El AVAR llevado a cabo nos muestra que estas variables están algo relacionadas, aunque no hay un gran tamaño de efecto; ya que, obtenemos una eta cuadrada de 0,259. Discusión Los resultados confirman la existencia y aplicación de estereotipos en la infancia en cuanto al concepto de felicidad. Sin embargo, unos de los objetivos que se buscaba con este experimento era demostrar que los estereotipos y prejuicios no se cumplen en la mayoría de los casos, y así lo demuestra Venhovvenn en sus estudios (1991).

Este estudio estaba dedicado a la relación existente entre la "felicidad" y la “calidad de vida". Llevaron a cabo una revisión de la investigación empírica sobre la felicidad y demostraron que la felicidad depende de cualidades del entorno vital, especialmente de la riqueza, la libertad y las relaciones personales. Pero no todas las condiciones de vida que consideramos beneficiosas van unidas a la felicidad, como por ejemplo la igualdad de ingresos o el pleno empleo. La investigación empírica mostraba también la relación existente entre la “felicidad” y las “acciones", especialmente con la salud mental y física. En cuanto a la riqueza, observaron que la felicidad es claramente mayor en las naciones económicamente más prósperas. Cuanto más rico es el país, más felices son sus habitantes. Pero cuando se pasa el punto de los 20.000$, la línea de regresión es casi plana, lo que indica que se aplica la ley de rendimientos decrecientes. Esto se debe a que las correlaciones entre la felicidad personal y los ingresos personales son fuertes en los países pobres y débiles en los países ricos (Veenhoven 1991: 13). Pero estos estudios se contradicen cuando encuentran que incluso en las naciones más ricas, como Suecia y EEUU, un 1% de la población se encuentra en la categoría más negativa de la escala de felicidad. Además, encontraron que la gente no es especialmente infeliz en países latinoamericanos donde la desigualdad de ingresos es mayor. A pesar de eso, nuestro estudio nos revela que se siguen manteniendo este estereotipo. En cuanto a empleo, la felicidad tiende a ser más elevada entre personas que tienen un “trabajo remunerado”. Sin embargo, las amas de casa no se sienten menos satisfechas. Ni la “jubilación” hace que la vida resulte menos satisfactoria.

También analizaron la edad, y como dijimos anteriormente, encontraron que, la vida no parecía ser menos satisfactoria para los mayores; ni siquiera para los más ancianos. Lo mismo vieron para el sexo, la felicidad de hombres y mujeres tampoco difiere mucho. De hecho, la gente es claramente más feliz en aquellos países en los cuales la mujer participa con mayor igualdad en la educación, en el trabajo y en la política. Un análisis más profundo ha revelado que no sólo las mujeres son más felices en estos países, sino que los hombres también parecen serlo. También hay una evidente correlación negativa con la distinción de clases. Cuanto mayor es la distancia social en cuanto a la educación de las personas, menos felices son los ciudadanos por término medio. Otro de las relaciones que investigaron fue la influencia de los vínculos afectivos en la felicidad, y vieron que estaba bastante relacionada. Sin embargo, no todos los tipos de vínculos están igualmente relacionados con la felicidad en todos los países. En las naciones occidentales, el vínculo con el “cónyuge” es más importante que los contactos con los “amigos” y “parientes”. Los estudios realizados en las naciones occidentales muestran que los “hijos” no incrementan la felicidad de las personas casadas. Sin embargo, entre los que tienen hijos, la felicidad está estrechamente relacionada con la calidad de los contactos con los hijos. Por último, trataron uno de los temas más hablados actualmente, la salud física y mental. Como era de esperar, la felicidad tiende a ser mayor entre las personas que se encuentran "en buena forma física" y que tienen mucha “energía”. Cualquier variación en el estado físico hacia una buena o mala salud, va seguida

inmediatamente de la variación correspondiente en el grado de felicidad. Por el contrario, queda demostrado que la felicidad es capaz de predecir el estado de salud posterior y la longevidad (Deeg, 1989). Las personas felices también comparten las características propias de una buena “salud mental”. Los informes de problemas psicológicos son menos frecuentes entre la gente feliz (aunque no estén totalmente ausentes) y alcanzan una puntuación elevada en la medición de la salud mental positiva, como el desarrollo psicosocial y la propia actualización. La gente feliz tampoco destaca especialmente por una mejor conducta sanitaria, como la higiene o acostarse temprano; sin embargo, participan activamente en los deportes. Agradecimientos La colaboración del centro de Educación Primaria e Infantil La Alunada junto con las familias de los alumnos que han participado, ha permitido la realización de este experimento. Además de la ayuda de Vicente Manzano Arrondo, profesor de la Universidad Sevilla en el área de Metodología de las Ciencias del Comportamiento (Facultad de Psicología).

Referencias Azaola, E. (2009). Informe nacional sobre violencia de género en la educación básica de México. Primera edición, 2009. (Recuperado en: http://sep.gob.mx/work/appsite/basica/informe_violenciak.pdf ) Alarcón, R. (2006) Desarrollo de una escala factorial para medir la felicidad, Universidad Ricardo Palma, Lima, Perú. Interam. j. psychol. v.40 n.1 Porto Alegre abr. 2006. (Recuperado en: http://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?pid=S0034-96902006000100010&script=sci_arttext ) Bonino, L. (2000): Los varones hacia la paridad en lo doméstico, discursos sociales y prácticas masculinas. En C. Sánchez-Palencia, y J.C. Hidalgo, (Eds.): Masculino plural: Construcciones de la masculinidad. Lleida: Ediciòns de la Universitat de Lleida. Casal, S. (2005) Los estereotipos y los prejuicios: cambios de actitud en el aula de l2, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla. Colás, P. (2007) La interiorización de los estereotipos de género en jóvenes y adolescentes, Revista de Investigación Educativa, 2007, Vol. 25, n.º 1, págs. 35-58. Deeg, D. & VanZonnevel, R. (1989) Does happiness lenghthen life? in: R. Veenhoven (ed) 'How harmful is happiness?' pp 29-43. Freixas, A. (2000): Entre el mandato y el deseo: el proceso de adquisición de la identidad sexual y de género. En C. Flecha y M. Núñez (Eds.) La Educación de las Mujeres: Nuevas perspectivas, Sevilla: Secretariado de publicaciones de la Universidad de Sevilla. 23-32. González, J.L. y D. Fernández. (2003) “Racismo, discriminación y prejuicio”. Psicología Social, Cultura y Educación. Eds. D. Páez, I. Fernández, S. Ubillos y E. Zubieta.. Madrid: Pearson. 798-805. Instituto de Ciencias de la Felicidad. Universidad Tecmilenio. Enseñanza e Investigación Superior, A.C. Monterrey, N.L. México. 2014. (Recuperado en: http://cienciasdelafelicidad.mx/acercade/psicologia-positiva ) Moya, M. (2003) “Creencias estereotípicas y género: Sexismo ambivalente”. Psicología Social, Cultura y Educación.Eds. D. Páez, I. Fernández, S. Ubillos y E. Zubieta. Madrid: Pearson. 789-797. Páez, D. (2003) “Relaciones intergrupales”. Psicología Social, Cultura y Educación. Eds. D. Páez, I. Fernández, S. Ubillos y E. Zubieta. Madrid: Pearson.752-769. Rigby, K. (2004). Addressing bullying in schools. Theoretical perspectives and their implications. School Psychology International, 25, 287-300. Ruggiero, K. M. (1999) “Introduction to the issue”. Journal of Social Issues [Documento de Internet disponible en http://www.findarticles.com/p/articles/mi_m0341/is_3_55/ai_5854925 2 Smith, P.K. (1999). England and Wales. In PK. Smith, Y. Morita, J. Jurgen-Tas, D. Olweus, R. Catalana, & P. Slee (eds.), The nature of school bullying: a cross-national perspective (pp. 6890). Londres: Routledge. Smith, P.K. (2007). Investigación sobre “bullying en los centros educativos”: los primeros 25 años. In S. Yubero, E. Larrañaga, & A. Blanco (Coords.), Convivir con la violencia (pp.165-190). Cuenca: Servicio de Publicaciones. UCLM.

Venhovvenn, R. (1991) Is hapiness relative? Social Indicators Research, vol 24, 1-34. Zlobina, A. (2003) “Estereotipos nacionales y regionales en Europa y España”. Psicología Social, Cultura y Educación. Eds. D. Páez, I. Fernández, S. Ubillos y E. Zubieta. Madrid: Pearson. 776-789.