El concepto de literariedad: estatuto y postulado del texto literario

El concepto de literariedad: estatuto y postulado del texto literario Brahiman Saganogo Letralia Año XIII • Nº 206 16 de marzo de 2009 Cagua, Venezuel...
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El concepto de literariedad: estatuto y postulado del texto literario Brahiman Saganogo Letralia Año XIII • Nº 206 16 de marzo de 2009 Cagua, Venezuela http://www.letralia.com

[...] La Litérarité, entendue comme ce qui revèle le caractère le plus s pécifiquement artistique de l’es thétique verbale J. Coh en

La literatura es expresión y a la vez técnica lingüística; un discurso sensible, producto de la imaginación. Es también, ficción. Si tal es el caso, nos permitimos formular la pregunta siguiente: ¿cuáles serían entonces las calidades de lo literario? El problema mencionado da que pensar indudablemente al estatus y el postulado del texto literario que llaman, de entrada, literariedad. El objeto de estudio, la literariedad, será abordado por medio de un planteamiento de la cuestión de la identificación de los cánones que ayudan a la construcción de una definición de la literatura y por ende de la esencia de lo literario. En suma, el estudio comprenderá un nivel definicional centrado sobre las propiedades del texto literario y sobre la existencia de una estructura literaria específica que impone al funcionamiento de los sistemas significantes; y otro operacional estructurado en base a las propiedades constitutivas.

1. El texto literario Es imposible esbozar un acercamiento al concepto de literariedad sin intentar definir el texto literario. El texto es un sistema de signos significantes o sea sujeto a interpretación y por consiguiente capaz de producir diversos significados. El texto literario, en particular, manifiesta una identidad única puesto que resulta ser un mundo ficcional (mundo imaginario paralelo al real) plasmado en el libro mediante un estilo literario idiosincrásico (marca de la individual del autor). Sin intención de definir a fondo el estilo literario, podemos mencionar de paso la definición siguiente: “El estilo literario es una serie de regularidades globales de textura que determinan de forma conjunta la idiosincrasia del texto literario” (Doležel, 1999: P. 101). 1 Definir el texto literario es tarea sumamente compleja, habida cuenta de la presencia de distintos elementos fundamentales a considerar: “[...] el reconocimiento de un texto como

literario no proviene tanto de sus propiedades específicas de tipo lingüístico cuanto de su uso o función en la vida social” (Pozuelo Y vancos, 1993: P. 80). 2 La cita insiste en la multiplicidad de elementos, inclusive el acto de lectura que se debe considerar para circunscribir el texto literario además de su carácter subjetivo y relativo. Habida cuenta del subjetivismo predominante en cualquier acto de acercamiento al texto literario; dos son los presupuestos que merecen ser tomados en cuenta, eso porque ayudan a entender mejor la noción de literariedad; son la función estética del texto literario y la ficcionalidad del mismo. Para otros, el texto literario es: Caracterizado como un discurso connotativo, ficcional, plurívoco, autorreferencial, donde predomina la función poética del lenguaje, el trabajo intertextual y el recurso a figuras y tropos verbales. [...] el discurso literario es un lugar privilegiado y prolífico de aparición de esos rasgos, pero que no detenta su exclusividad (Pampillo y Alvarado, 1986: P. 86). 3 Las características subrayadas por Pampillo y Alvarado serán rev isados a continuación como fundamentales para delimitar al texto literario a pesar de que no son las únicas.

2. El texto literario y las composantes definitorias de la literariedad Las determinaciones de la literariedad resultan importantes no como criterios para considerar como idéntico lo que pertenece a la literatura, sino como instrumentos de orientación teórica y metodológica que ponen de relieve aspectos literarios básicos destinados a guiar los estudios literarios. La literariedad se entiende como relación del texto con una realidad supuesta o como discurso ficticio; lo cual equivale a la imitación de actos y lugares continuos. Se identifica también a través de algunas propiedades y ciertas formas organizacionales del lenguaje. La literariedad, como concepto, es la esencia de lo literario, se referiría a la función poética del texto o mensaje literario. Sus rasgos son todas las características narrativas que configuran el texto literario. Desde otras perspectivas, la literariedad manifiesta una relación del discurso literario con la realidad, esto es, alude a las personas, acontecimientos imaginarios más que históricos; en estas condiciones, proyecta la noción de ficcionalidad. El texto es el espacio donde se construye la literariedad, mejor dicho, el lugar de la manifestación de lo literario; y resulta el único objeto concreto, una entidad gráfica de relaciones de lenguaje y una unidad estilística global de la recepción.

2.1. El texto literario es ficcional La obra literaria es una realidad social, que se comprende como un reflejo de la sociedad mediante el lenguaje en el sentido de la verosimilitud y de procedimientos como estilización y ficcionalización. En otros términos, el lenguaje de la obra difiere del ordinario, el mundo procurado por el escrito literario es caracterizado por un grado de verosimilitud que lo imprime una realidad peculiar asentada dentro de un conjunto de

signos que forman el texto. Al respecto, leemos: “la obra no habla nuestro lenguaje, habla el suyo, pero siempre referido a la realidad” (Valdivieso, 1975:Pp. 22-23).4 La literatura no representa la realidad sino basa su realidad a través de las palabras; construye su mundo con sus leyes, personajes, espacios, tiempos y sus historias; mejor dicho, crea un mundo verosímil o posible con sus diferentes categorías ficcionales. Así es como los mundos posibles son modelos abstractos reales, construcciones conceptuales, y las ficciones literarias funcionan como artefactos culturales incorporados en los textos literarios. De ahí que una teoría de la ficción literaria es la consecuencia de fusión de la semántica de los mundos posibles. Con la teoría del texto; aquella semántica rebasa la mimèsis para enriquecer las ficciones literarias, lo cual proyecta la existencia de mundos ficcionales diversificados desde los mundos posibles. La serie de mundos ficcionales es ilimitada ya que lo posible es mucho más amplio que lo real, por eso, los mundos ficcionales no se limitan a las representaciones reales. La diversidad de los mundos ficcionales se justifica por la variedad de las “leyes” de los mundos posibles. Entonces, un mundo ficcional es una serie de particulares ficcionales componibles caracterizados por su propio “orden”, una organización macroestructural especifica. Por ejemplo, los personajes “El estudiante” y “el viejo”, respectivamente, de los cuentos “El estudiante” y “Viaje a la semilla” (Carpentier, 1999: pp.13-17, 51-68),5 no son personas reales (de carne y hueso), sino individuos posibles, habitantes del mundo ficcional de la obra del autor. Una distinción nos lleva a entender una vez más el concepto de mundos posibles: si los personajes ficcionales no pueden comunicarse con el mundo real, y tampoco, su existencia no depende de gente real; en nombre de la teoría de homogeneidad ontológica, pueden hacerlo y entenderse entre ellos por ser habitantes de un mismo mundo posible. Tal resulta en muchas novelas, donde el personaje de la obra, personaje posible de la ficción no es directamente el histórico real, sino indirectamente por una supuesta relación de correlación que pueda existir muchas veces entre un nombre real (histórico) con sus homónimos posibles de las ficciones. En este caso, lo que sucede es que el material real ficcionaliza, es decir todo lo real se convierte en posibles ficciones produciendo aspectos estilísticos, lógico-simbólicos, ontológicos y semánticos. Construir mediante significantes, realidades y mundos posibles, es sin duda la condición esencial de la ficcionalidad; y sin ficción (sin mentir verdad, sin fingir) no hay en particular texto literario. El lenguaje literario construye un mundo posible, un mundo “mentira verdad”, un mundo que se presenta como un hecho estético. Cabe señalar que aun el texto de las novelas históricas en las cuales abundan personajes y espacios históricos reales, es literario dado que está construido a partir de estructuras lógico-simbólicas que configuran el marco ficcional. En suma, el texto literario como texto ficcional se entiende como no el reflejo de la invención de una realidad de otra realidad.

2.2. El texto literario es un discurso connotativo Se entiende por connotación, el sentido particular o el efecto de sentido de una palabra, de un enunciado que se agrega al sentido ordinario según la situación o el contexto. Es también el valor que toma el texto en nuestro caso particular, además de su primera significación. En tanto que algo más en el sentido de la significación, la connotación agrega sentidos y sugerencias a todos los niveles del lenguaje. Así es como el discurso enunciativo allende su sentido literal proyecta, mediante el proceso connotativo, distintas opciones de significación. La connotación en el texto literario es sumamente indispensable dado que pretende motivar las sugerencias y al mismo tiempo aumentar el volumen de los significados. De ahí que, en un texto literario, el grado de connotatividad resulta bastante alto puesto que significantes y conjuntos significantes son connotativos por los significados segundos que arrastran y el sistema de figuras retóricas que los sostienen. Para justificar lo dicho arriba analizaremos el poema siguiente: A una transeúnte La calle aturdida aullaba a mi alrededor. Alta, delgada, de luto, como majestuoso dolor Pasó una mujer: con mano elegante Alzaba y mecía lo mismo festón que dobladillo; Ágil y noble pasó, con piernas de estatua. Crispado y nervioso, yo no cesaba de beber En sus pupilas, cielo lívido con gérmenes tormentosos, La dulzura que fascina y el placer que mata. Un relámpago... ¡y ya la noche! —Belleza fugitiva, Mirada que me hizo renacer, dime: ¿Y a no te veré más sino en la eternidad? ¡En otra parte y muy lejos! ¡Demasiado tarde! ¡Y acaso nunca! Ignoro adónde fuiste, y no sabes adónde voy, ¡Ay tú a quien hubiese amado! ¡A ti, que lo sabías! (Baudelaire, 1996:P. 124). 6 El poema trata la majestuosidad de una mujer desconocida que ejerce una fascinación a la vez exaltante y cruel sobre el poeta. Los dos primeros cuartetos insisten en el espectáculo de la calle y el retrato de la transeúnte y los dos tercetos, la desaparición de ésta y la desesperación del poeta. De entrada el título del poema traduce una dedicatoria imprecisa “a una”, y vaga. El sustantivo “transeúnte” introduce, al lado de la imprecisión, el carácter fugitivo del espectáculo (el acto de pasar de la desconocida) que se desarrolla ante el poeta.

En las dos primeras estrofas el retrato físico de una mujer se evidencia a través de los adjetivos “Alta, delgada / piernas de estatua” que presentan su estatura; se trata de una mujer elegante “mano elegante / festón”. Está “de luto”, inspira tristeza; mas, la oposición semántica “majestuoso dolor” pone de relieve tanto la grandeza como la nobleza de la misma. La atmósfera de la calle está desenvuelta en el primer verso del poema por la hipérbole “La calle [...] aullaba [...]” y el adjetivo “aturdida”, pues una calle frecuentada y animada. Ante este espectáculo, el poeta experimenta un sentimiento de admiración extrema mediante la metáfora y/o hipérbole “yo no cesaba de beber / en sus pupilas”. La fascinación y el placer llegan a su próximo en el poeta: “la dulzura que fascina y el placer que mata”. La impaciencia del poeta “crispado” pone en evidencia el entorpecimiento y la estupidez del sujeto poético, causados por la potencia de la mirada de la mujer “en sus pupilas, cielo lívido con gérmenes tormentosos”. En la tercera estrofa del poema, se opera un cambio de sufrimiento y tono expresados mediante puntos suspensivos y de admiración. La referencia a “un relámpago” traduce la rapidez de la visión y los puntos suspensivos, la ruptura de aquel movimiento; lo que provoca que el poeta se vuelva de repente a sí mismo con asombro. La “noche” que sucede a esta visión simbolizaría el vacío y la oscuridad fugitiva, el poeta se da cuenta, desde luego, de su fracaso: “mirada que me hizo renacer / ¿ya no te veré más sino en la eternidad?”. El verbo “renacer” devela el hecho de que el poeta recobró sus estados espirituales y a continuación se pregunta sobre su destino. Las exclamaciones en el primer verso de la última estrofa y las expresiones “En otra parte / muy lejos / Demasiado tarde / y acaso nunca” expresan el gran turbio del poeta; se trata de un sentimiento de abandono que lo invade, es la soledad sin felicidad. El pluscuamperfecto del subjuntivo “hubiese amado” precedido por “ay tú” son la proyección del amor que siente el poeta por la mujer y las súplicas dirigidas a la misma. En definitiva, la aparición fugitiva de la mujer deja entrever el símbolo de la belleza y del amor platónico. La mujer inspiraría al poeta la promesa de una nueva existencia en la eternidad. A partir del análisis de este poema, podemos afirmar que un texto literario es un conjunto de significaciones subordinadas al efecto pragmático; y que la connotación es una característica del lenguaje literario, un efecto de sentidos.

2.3. El texto literario es plurívoco, polisémico y autorreferencial El texto literario, por sus caracteres connotativo, ficcional e implícito, da rienda suelta a la multiplicidad de sentidos. Como mensaje, es emitido por un autor que lo codifica en un proceso de creación literaria, y el lector es el que, al momento de su recepción, lo decodifica en base al código interno. Las lecturas que se hacen de un texto son en realidad variadas debido a que los significantes pierden su significación ordinaria. Tal situación es la que imprime al texto literario su carácter plurívoco y polisémico. Tocante a la noción de “autorreferencia”, ésta se entiende como el hecho que el texto literario, como unidad lingüística, crea su contexto y el mismo se refiere a sí mismo y al sistema que lo sustenta.

Otros rasgos de autorreferencialidad en un texto literario puede ser el caso de sucesión de relatos dentro del texto de base.

2.4. El texto literario es un discurso intertextual y un acto La intertextualidad es la presencia, en un texto de base de otros textos, fragmentos textuales o significantes de un texto extranjero. Más que recurso estilístico, la intertextualidad aumenta el grado de connotatividad y dificulta el corpus de base. He aquí un ejemplo al respecto: Tan notorias desventajas no impidieron, empero, que hiciese carrera Burundún. [...] fue cleptómano de cartas íntimas y champollión de documentos ajenos (P. 102); discípulo de Dionisio el siracusano [...] le puso casa al chisme y abrió garito a la calumnia; le ofreció incienso al Diablo Cojuelo, oro a la Celestina y mirra a Y ago. [...] La represión del Gran sacrificador no admitió límites. [...] Pero... “Dios es imparcial en nuestra lucha” — anticipaba Gengis Khan al enfrentarse a los poderosos moscovitas”. “Dios está con nosotros” —proclamaba Burundún al perseguir a los desvalidos. Partes más nobles cercenaba el cuchillo de obsidiana de Huichilopoztli que la navaja marranera de Burundún (Zalamea, 1989:pp. 102, 111).7 El discurso literario en tanto que acto se percibe como otra composante definitoria de la literariedad y se justifica por el hecho que el discurso literario se realiza en el acto de elección de la idea de su referente. La idea según la cual el texto literario es un acto pone en evidencia e insiste en la identificación entre literariedad y performatividad del discurso, entre la realización del discurso y la constricción referencial; o bien esta proposición debe ser entendida como cualquier discurso será de entrada, un acto de habla. La idea de referente debe tomarse como algo accesorio y contingente según afirma Roland Barthes: La función del relato no es “representar” sino construir un espectáculo que no queda todavía enigmático, pero que sabría ser de orden mimético [...]. “Lo que pasa” en el relato no es, del punto de vista referencial (real), a la letra: nada; “lo que sucede”, es el lenguaje a solas, la aventura del lenguaje, cuya llegada no cesa jamás de ser festejada (Barthes, 1985:p.206).8 Barthes da prioridad al lenguaje en detrimento de la referencia, puesto que el lenguaje, siempre protagonista de la “fiesta” de la que habla, sustituye a lo real; dicho de otra forma, el lenguaje imita al lenguaje; y en este caso, en vez de referencia, se trata de autorreferencia. La lengua es forma y no sustancia, sistema y no nomenclatura: [...] en la novela más realista, el referente no tiene “realidad”: imagínese el desorden provocado por la más prudente de las narraciones, si sus descripciones fuesen tomadas literalmente, convertidas en programas de operaciones, y simplemente ejecutadas. En resumen [...] lo que llaman “real” (en la teoría del texto literario) no es más que nunca un código de ejecución: lo real novelesco no es operable (Ib. 2000: P. 66).9

El texto literario como acto es un discurso performativo entendido como acontecimiento, actividad y acción aun como producción, [...] un proceso en acción, una actividad social. El suceso del texto literario es literalizado como señal de su literalización y fuente de aquella literalización [...], en el análisis no se sitúa ni en el acto de la emisión ni en el de la recepción: pero como actividad de producción mutua, en la intersección de dos dinamismos. La “realidad” fenomenológica del discurso literario, como literario, y como discurso, si existe, se produce exclusivamente en la interacción paradójicamente concomitante de dos actividades actanciales: es la actualización de la diferencia, de la que habla Philippe Hamon a propósito de la comunicación literaria. Existe un presente decisivo de la actividad común y dual de producción verbal que manifiesta de manera experimental la subida a régimen de literariedad. La constitución textual (porque hay que llegar a ello), como objeto de arte verbal, reside por completo en el acontecimiento de aquel encuentro” (Moliné, 1998:Pp. 108-109).1 0 La literariedad resulta un concepto, de manera que los distintos mecanismos o composantes abordados y los no abordados supondrían la consideración de varias literariedades, que forman lo que Moliné llama régimen de literariedad o literariedad general. El concepto de régimen de literariedad es el resultado del proceso de literarización que se realiza durante la escritura del texto literario mediante el arreglo especifico de las distintas composanteslingüísticas, retóricas y semióticas exclusivas del arte verbal. Este arreglo de las composantes es el que determina el carácter literarizado del discurso (literario). Así, la noción de régimen va a la par de la teoría de la literarización y la apreciación de lo literario. El discurso literario es un discurso literarizado debido a su funcionamiento semiótico; los elementos lingüísticos responden siempre en base al régimen de literariedad, a un funcionamiento semiótico. Tal es el caso de los símbolos que más allá de su sentido literal, produce otro llamado segundo, dependiendo de contextos socioculturales; segundo sentido que imprime al texto de base una función estética, un funcionamiento con régimen de literariedad. En conclusión, el problema de la literariedad implica la consideración de las estructuras esenciales de las obras literarias. Así, para estudiar un texto literario sería necesario analizarlo a partir del uso de ciertas estrategias verbales tales como los procedimientos de lenguaje, la dependencia del texto para con las convenciones, su vínculo con otros textos de la tradición literaria y la perspectiva de la integración de elementos materiales utilizados en él. Estos elementos son, a groso modo, los que fundamentan el régimen de literariedad. A pesar de los esfuerzos realizados para un acercamiento a la noción literariedad, cabe notar que la materia literaria como textura y unidad estilística literarizada marcan un grado de subjetividad de manera que resulta difícil determinar por completo laliterariedad. Es de reconocer que el tema es bastante complejo, para ello, dejamos el camino abierto para otras aportaciones al respecto.

Notas 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10.

Cfr. Doležel, Lubomir. Estudios de poética y teoría de la ficción, pról. de Tomás Pav el, trad. Joaquín Martínez Lorente, Murcia, Univ ersidad de Murcia, 1 999, p. 1 01 . Cfr. Pozuelo Y vancos, J. M. Poética de la ficción, Madrid, Editorial Síntesis, 1 993, p. 80. Pam pillo, G. y M. Alv arado. Taller de escritura con orientación docente, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras / UBA (Univ ersidad de Buenos Aires), 1 986, p. 86. Cfr. Valdiv ieso, Jaime. Realidad y ficción en Latinoamérica, Méx ico, Joaquín Mortiz, 1 97 5, pp. 22-23. Ambos cuentos se encuentran en Relatos de Alejo Carpentier, publicado en 1 999 por la Editorial Andrés Bello, pp. 1 3 -1 7 y 51 -68. El poema es de Charles Baudelaire, de su poemario Las flores del mal, trad. Jacinto Luis Guereña, Madrid, V isor Madrid, 1 996, p. 1 24. V éase la nov ela El gran Burundún-Burundá ha muerto, del colombiano Jorge Zalamea, Bogotá, Arango Editores, 1 989, pp. 1 02, 1 1 1 . Barthes, Roland. L’aventure sémiologique, Paris, Seuil, 1 985, p. 206. Ib. El grado cero de la escritura, 1 7 ª ed. trad. Nicolás Rosa, Méx ico, Siglo XXI, p. 66. Moliné, Georges. Semémiostylistique. L’effet de l’art, Paris, Presses Univ ersitaires de France (PUF), 1 998, pp. 1 08-1 09. La traducción al español es mía.

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Barthes, Roland. L’aventure sémiologique, Paris, Seuil, 1 985. —. El grado cero de la escritura, 1 7 ª ed. trad. Nicolás Rosa, Méx ico, Siglo XXI, 1 9... Baudelaire, Charles. Las flores del mal, trad. Jacinto Luis Guereña, Madrid, V isor Madrid, 1 996. Doležel, Lubomir. Estudios de poética y teoría de la ficción, pról. de Tomás Pav el, trad. Joaquín Martínez Lorente, Murcia, Univ ersidad de Murcia, 1 999. Moliné, Georges. Semémiostylistique. L’effet de l’art, Paris, Presses Univ ersitaires de France (PUF), 1 998. Morizot, Jacques. “Littéralité et ménardisation” en Interfaces: texte et image. Pour prendre du récul vis-à-vis de la sémiotique, Paris, Presses Univ ersitaires de Rennes, 2004, pp. 63-7 5. Pam pillo, G. y M. Alv arado. Taller de escritura con orientación docente, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras / UBA (Univ ersidad de Buenos Aires), 1 986. Pozuelo Y v ancos, J. M. Poética de la ficción, Madrid, Editorial Síntesis, 1 993. Valdiv ieso, Jaime. Realidad y ficción en Latinoamérica, Méx ico, Joaquín Mortiz, 1 97 5. Zalam ea, Jorge. El gran Burundún-Burundá ha muerto, Bogotá, Arango Editores, 1 989.