DON QUIJOTE DE LA MANCHA

1 DON QUIJOTE DE LA MANCHA PUBLICACIÓN DE LA OBRA El Quijote, considerada la novela más célebre de Cervantes y de la literatura española, se publicó ...
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DON QUIJOTE DE LA MANCHA PUBLICACIÓN DE LA OBRA El Quijote, considerada la novela más célebre de Cervantes y de la literatura española, se publicó en dos partes: Primera parte: Apareció en Madrid en enero de 1605 con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Consta de un prólogo, poemas iniciales y finales burlescos, y cincuenta y dos capítulos divididos en cuatro partes. Es posible que existiera una edición del año anterior. Segunda parte: Se publicó en 1615, con un cambio en el título: El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. Consta del prólogo y de setenta y cuatro capítulos, sin división en partes. En 1617 las dos partes se publicaron juntas en Barcelona. La novela obtuvo un éxito extraordinario. En 1605, fecha de la publicación de la primera parte, se reimprimió cinco veces. En el siglo XVII se hicieron unas treinta ediciones de la obra, que han ido aumentando con los siglos. En 1612 fue traducida al inglés y en 1614, al francés. Hoy puede decirse que ha sido traducida a todas las lenguas que cuentan con alguna tradición escrita. EL QUIJOTE DE AVELLANEDA En el verano de 1614, se publicó en Tarragona una continuación apócrifa escrita por alguien oculto bajo el pseudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas (Valladolid). En el Quijote apócrifo, llegan a la aldea de don Quijote unos caballeros que van a Zaragoza a participar en unas justas. Uno de ellos es don Álvaro Tarfe, que se aloja en casa del hidalgo. Este marcha con ellos a participar en el torneo, acompañado de Sancho, y haciéndose llamar el Caballero Desenamorado, porque ha renunciado a Dulcinea. En Alcalá y en Madrid le suceden increíbles aventuras. Sancho se queda en la última ciudad sirviendo a un marqués. Tarfe hace recluir al caballero en el manicomio de Toledo.

La obra está escrita con talento narrativo y se lee con interés, sin embargo no puede ser comparada al original; desde el primer momento, el lector advierte que don Quijote y Sancho no son los mismos que aparecen en la obra de Cervantes. En el prólogo de la obra, Avellaneda introduce tales insultos contra Cervantes que da la impresión de que albergaba algún resentimiento personal. Se ignora quién pudo ser este escritor; se consideran como datos bastante seguros los siguientes: se trataba de un individuo muy piadoso; era aragonés; había vivido o estudiado en Alcalá; Cervantes lo ofendió en la primera parte del Quijote sin decir su nombre; admiraba a Lope de Vega que estaba resentido con Cervantes. Aunque son muy pocos datos para poder atribuirlos con seguridad a una persona concreta, Martín de Riquer, estudioso y profundo conocedor de la obra cervantina, formula la hipótesis de que Alonso Fernández de Avellaneda pudo ser el pseudónimo de Gerónimo de Passamonte, un soldado aragonés a quien Cervantes tuvo como compañero de armas, que

2 había escrito su autobiografía: Vida y trabajos de Gerónimo de Passamonte. En el episodio de los galeotes de la primera parte del Quijote, aparecen evocados el libro y su autor, aunque transformado éste en el delincuente Ginés de Pasamonte. Cuando el libro de Avellaneda llega a manos de Cervantes, éste estaba trabajando en la segunda parte de la novela. Profundamente indignado, responde en la misma obra (capítulo LIX) a su rival y varía el rumbo de los protagonistas. Al finalizar la primera parte se prometía una nueva salida a Zaragoza y, puesto que el falso Quijote fue a Zaragoza, Cervantes que había pensado hacer ir al hidalgo a dicha ciudad, renuncia a ello y lo encamina a Barcelona. PROYECTO INICIAL Y PROPÓSITO DE LA OBRA Algunos cervantistas han defendido la tesis de que Cervantes se propuso inicialmente escribir una novela corta del tipo de las “ejemplares”. Esta idea se basa en la unidad de los seis primeros capítulos, en los que se lleva a cabo la primera salida de don Quijote, su regreso a casa descalabrado y el escrutinio de su biblioteca por el cura y el barbero. Otra razón es la estrecha relación sintáctica entre el comienzo de cada capítulo y el final del anterior. Y también apoya esta tesis la semejanza entre los seis primeros capítulos y el anónimo Entremés de los romances, donde el labrador Bartolo, enloquecido por la lectura de romances, abandona su casa para imitar a los héroes del romancero, defiende a una pastora y resulta apaleado por el zagal que la pretendía, y cuando es hallado por su familia imagina que lo socorre el marqués de Mantua. La tesis de la novela ejemplar es rechazada por otros estudiosos que consideran que Cervantes concibió desde el principio una novela extensa. Éstos argumentan que la unidad de la primera salida de don Quijote —sin Sancho Panza, para que no pueda presenciar la grotesca ceremonia en que su amo es armado caballero— adelanta la composición circular que se repite, ampliada, en las otras dos salidas; la semejanza con el Entremés de los romances puede ser una manifestación más de la presencia constante del romancero en el Quijote, y las relaciones sintácticas entre final y comienzo de capítulo no son exclusivas de la primera salida. En el prólogo a la primera parte del Quijote, Cervantes declara el propósito inicial de la obra que no es otro que la crítica de los libros de caballerías: “No ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”. La oposición de Cervantes a las novelas de caballerías, compartida por muchos intelectuales de la época, se basaba en tres razones: morales: enseñaban obscenidades; lógicas: sólo describían hechos absurdos e inverosímiles; estilísticas: estaban mal escritas. En efecto, el Quijote ofrece una parodia de las disparatadas invenciones de tales obras. En este sentido, Cervantes consigue en parte sus propósitos, pues a raíz de la publicación del Quijote, ya no se escribieron más novelas de este género, aunque no por eso dejaron de leerse. No obstante, esta finalidad quedó pronto superada porque el Quijote significa mucho más que una sátira del género caballeresco.

3 ARGUMENTO Y ESTRUCTURA DE LA NOVELA El caballero manchego Alonso Quijano, perdido el juicio por la lectura de libros de caballerías, pretende emular a los héroes de estos y salir por el mundo a conquistar fama, proteger a los débiles y destruir el mal con la intención de ganar el favor de su dama, Dulcinea del Toboso, que no es otra en realidad que la aldeana analfabeta Aldonza Lorenzo. Con estos fines, se pertrecha de armas absurdas y monta el viejo y famélico caballo Rocinante. Con el nombre de don Quijote de la Mancha, se hace armar caballero en una venta que él toma por castillo. Tras pasar varias aventuras en las que recibe no pocos golpes, un conocido lo devuelve a su casa. Repuesto de sus heridas, y acompañado por el rudo labrador Sancho Panza, al que nombra su escudero y promete el gobierno de una ínsula y otros honores, vuelve a sus aventuras por tierras manchegas. Tras diversos episodios entre los que figuran el de los molinos de viento, a los que desafía al tomarlos por gigantes enemigos de su causa o el de los rebaños de ovejas, que se le figuran dos ejércitos que se enfrentan, tomando partido por uno de ellos , dos de sus amigos, el Canónigo y el Barbero, lo devuelven a su pueblo mediante engaños. El camino lo hace metido en una jaula, desde la que sufre la burla de sus vecinos. Así acaba la primera parte de la obra. En la segunda parte, don Quijote y Sancho inician su tercera y última salida, que les lleva en primer lugar a tierras de Aragón. Allí conocen a unos duques, que fingen tomar en serio la personalidad de don Quijote para burlarse cruelmente de él y de su escudero. Al segundo lo nombran gobernador de unas tierras, donde se conduce con excelente juicio y cree ver colmadas sus aspiraciones. Pero, cansado de la vida regalada, convence a su señor para marcharse. El camino les conduce hasta Barcelona, donde don Quijote es vencido por el Caballero de la Blanca Luna, que no es otro que su amigo Sansón Carrasco disfrazado. Derrotado, don Quijote acepta la condición de regresar a su pueblo. Allí, recobrado el juicio, muere. La obra desarrolla una acción principal, que se organiza en tres salidas; la primera y la segunda tienen lugar en la primera parte; la tercera abarca toda la segunda parte. El esquema narrativo básico de cada salida es el siguiente: Salida de la aldea: La primera vez don Quijote deja su casa solo; las otras, con su fiel escudero Sancho Panza; en los preliminares de la tercera salida, aparece el bachiller Sansón Carrasco, que marchará en su busca y será el responsable de su última derrota. Serie de aventuras: Las aventuras del caballero se suceden en sarta, organizadas de modo semejante: un error de percepción ocasionado por la locura de don Quijote causa un enfrentamiento con la realidad; éste desemboca, en la mayoría de los casos, en el fracaso del protagonista, acompañado frecuentemente de golpes y palos. En la tercera salida, se produce un cambio de planteamiento: don Quijote no se equivoca, la realidad se le presenta engañosa porque los demás quieren divertirse a su costa. Regreso a la aldea: En las tres salidas, don Quijote regresa a su casa; las dos primeras veces, en condiciones penosas; la última, para morir. La novela tiene una estructura similar a los libros de viajes, en los que los personajes siguen una vida itinerante. Esta itinerancia, en el Quijote, tiene carácter circular, ya que todas las salidas comienzan en el pueblo manchego cuyo nombre desconocemos, y acaban también en

4 él. El camino desempeña un papel fundamental: es el lugar de los encuentros casuales con gentes de todo tipo, de todos los estratos sociales. En distintos momentos, don Quijote y Sancho detienen su viaje y permanecen en un mismo sitio; ello da pie a nuevos encuentros, aventuras e historias diferentes. HISTORIAS INTERCALADAS Las aventuras y los encuentros de los protagonistas con otros personajes originan episodios ajenos a la acción central; son historias diferentes cuyos protagonistas pertenecen a diversas clases sociales. Las historias intercaladas presentan distintos grados de integración en el eje central: aparecen algunas como la de Dorotea y Fernando cuyos personajes participan en la historia del caballero y el escudero, y otras que se hallan totalmente desvinculadas la novela de El curioso impertinente es leída en la venta por el cura. Un rasgo fundamental de estos relatos interpolados es su variedad formal; las historias intercaladas despliegan una serie de estilos de la narrativa anterior al Quijote: la novela pastoril: historia de Marcela y Grisóstomo; la novela sentimental: la de Cardenio-Luscinda y Dorotea-Fernando; la novela morisca: la historia del capitán cautivo; la novela corta de tipo italiano: la del curioso impertinente. Algunos de estos estilos también se evocan en la historia principal, la mayoría de las veces, ironizados; por ejemplo, la novela picaresca, en el episodio de los galeotes, en la figura de Ginés de Pasamonte; y la novela pastoril, cuando don Quijote, vencido, piensa en hacerse pastor. En el siguiente texto, correspondiente a la primera parte de la obra, Ginés, un delincuente, dice que ha escrito el libro de su vida: ¿Tan bueno es?

dijo don Quijote.

Es tan bueno respondió Ginés , que mal año para Lazarillo de Tormes y para todos cuantos de aquel género se han escrito o escribieren. Lo que sé decir a vocé es que trata verdades, y que son verdades tan lindas y tan donosas, que no pueden haber mentiras que se le igualen. ¿Y cómo se intitula el libro?

preguntó don Quijote.

La vida de Ginés de Pasamonte

respondió el mismo.

¿Y está acabado?

preguntó don Quijote.

¿Cómo puede estar acabado respondió él , si aún no está acabada mi vida? Lo que está escrito es desde mi nacimiento hasta el punto que esta última vez me han echado en galeras.

En la segunda parte, el caballero, de regreso a la aldea, piensa en su futuro como pastor y le comenta a Sancho Panza: Yo compraré algunas ovejas, y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo “el pastor Quijotiz”, y tú “el pastor Pancino”, nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando

5 allí, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos. Daránnos con abundantísima mano de su dulcísmo fruto las encinas, asiento los troncos de los durísimos alcornoques, sombra los sauces, olor las rosas, alfombras de mil colores matizados los extendidos prados, aliento el aire claro y puro, luz la luna y las estrellas, a pesar de la oscuridad de la noche; gusto el canto, alegría el lloro, Apolo versos, el amor conceptos con que podremos hacernos eternos y famosos, no sólo en los presentes sino en los venideros siglos. [...] Yo me quejaré de ausencia; tú te alabarás de firme enamorado; el pastor Carrascón de desdeñado y el cura Curiambro, de lo que él más puede servirse, y así, andará la cosa que no haya más que desear.

ESPACIO Los protagonistas se desplazan a un ritmo regular, sin saltos bruscos, a localidades distantes, y aunque se citan algunos lugares, no se ofrecen con precisión datos geográficos. Las descripciones de las circunstancias físicas son vagas y se reducen a lo esencial. Primera parte: Recorren La Mancha hasta Sierra Morena; cuando se detienen, la venta se convierte en núcleo espacial, lugar de paso donde se mezclan gentes de distintos grupos sociales. Segunda parte: Se desplazan por Aragón y Cataluña (hasta Barcelona, único núcleo urbano de la obra); los personajes son menos “andantes”, pasan más tiempo detenidos. El espacio más importante es el palacio de los duques, donde se relacionan con la alta nobleza, que ha leído la primera parte y trama una serie de burlas para divertirse a su costa. Don Quijote se siente tratado como un caballero, y, por primera vez, se separan amo y escudero. Este último es nombrado gobernador de la ínsula Barataria, en la realidad, “un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía”. TIEMPO La narración es cronológica y lineal: don Quijote sale un día de julio de un cierto verano y, en ese mismo verano tal vez demasiado extenso suceden las tres salidas y su muerte. Las incongruencias temporales se hacen evidentes a poco que se intente precisar la cronología de la obra. Aparte de las indicaciones que se dan sobre los días y los meses que transcurren entre salida y salida difíciles de integrar entre julio y agosto , los personajes, en la segunda parte, comentan la publicación y éxito de su historia (anterior a 1605), y Sancho le envía una carta a su mujer, Teresa, fechada en julio de 1614. Estas imprecisiones temporales no afectan a la impresión de regularidad que recibe el lector, de continuidad ininterrumpida de aventuras y conversaciones. La narración comienza con la locura del protagonista y acaba, pocos meses después, con su muerte. Ése es el período que se cuenta. En la segunda parte, Sancho reclama a don Quijote su salario: Pues ¿qué tanto ha, Sancho, que os la prometí [la ínsula]? Si yo mal no me acuerdo años, tres días más o menos.

dijo don Quijote.

respondió Sancho , debe de haber más de veinte

6 Dióse don Quijote una gran palmada en la frente, y comenzó a reír muy de gana, y dijo: Pues no anduve yo en Sierra Morena, ni en todo el discurso de nuestras salidas, sino dos meses apenas, y ¿dices, Sancho, que ha veinte años que te prometí la ínsula? Ahora digo que quieres que se consuma en tus salarios el dinero que tienes mío; y si esto es así, y tú gustas de ello, desde aquí te lo doy, y buen provecho te haga; que a trueco de verme sin tan mal escudero, holgaréme de quedarme pobre y sin blanca.

PERSONAJES Son numerosos los personajes que pueblan las páginas del Quijote alrededor de 700, algunos de ellos sólo citados. En este sentido, el Quijote ofrece asimismo un panorama de la sociedad española en su transición de los siglos XVI al XVII, con personajes de todas las categorías sociales, desde las más altas hasta las más humildes: venteros, pastores, cabreros, arrieros, labradores ricos, clérigos, hidalgos, caballeros, nobles, y también grupos marginados de la sociedad, como los moriscos exiliados. Sus dos personajes centrales, don Quijote y Sancho, son dos figuras distintas y complementarias, que llegan a la amistad mediante la comunicación, el diálogo. Juntos recorren los caminos de España y se influyen mutuamente: sus caracteres se van modificando por el hablar y el hacer de cada uno. Sus relaciones varían: de la autoridad de don Quijote y la obediencia de Sancho a la crítica y el enfrentamiento entre ambos; pero también hay amistad y lealtad, como en la vida (DQ, I, 18). Don Quijote El personaje es descrito como alto y delgado, viejo frente al joven y fuerte protagonista de los libros de caballerías , colérico, culto y gran lector, soltero, de hábitos solitarios, valiente e impulsivo. Hidalgo rural y pobre, se convierte en caballero un peldaño superior en la escala nobiliaria por causa de su locura. El tema de la locura es central en la obra, ya que constituye la base del conflicto permanente entre el héroe y la realidad que se le presenta. La locura de don Quijote evoluciona en el desarrollo de la novela: En la primera parte, don Quijote desfigura la realidad para acomodarla a sus fantasías. Pese a ser un caballero andante al estilo de los que recorrían la Europa medieval, está dotado de las virtudes con que Erasmo adornaba el caballero cristiano: su condición paradójica de loco-cuerdo y de necio-sabio; su afán de hacer el bien; su fracaso en este afán justiciero. Se trata de un hombre lleno de entusiasmo que se autojustifica cuando los demás le quieren hacer ver que se ha equivocado. En la segunda parte, don Quijote ve la verdad, pero los demás lo engañan; se da cuenta de que su mundo se va desintegrando y pierde gradualmente su entusiasmo. Por otro lado, el personaje sólo es loco cuando se deja llevar por su idea fija de la caballería andante; en las demás ocasiones, se muestra cuerdo y sabio. Las diferencias entre el don Quijote de la primera parte y el de la segunda parte han permitido a los críticos hablar de un don Quijote renacentista en la primera parte y de un don

7 Quijote barroco en la segunda. El ingenioso hidalgo, al igual que Cervantes, ya no es el mismo. Aunque para el personaje haya transcurrido sólo un mes, para su creador han sido diez años. Al principio, se muestra cómo la locura permite que el individuo sea feliz, proporcionándole ilusión. Desde esta locura, se pueden expresar libremente los pensamientos y defender valores como la justicia, la libertad, la voluntad. En opinión de Simó Goberna (Actas del III Coloquio Internacional de la Asociación de cervantistas, 1993:242) la segunda parte es la “lección del desengaño”: Sigue la ideología anterior pero falta el entusiasmo, desfallece el protagonista, se desengaña su creador. Don Quijote debe morir al igual que un año después lo hará Cervantes; debe morir porque ha perdido la ilusión al recuperar la cordura. Al entusiasmo del Renacimiento sucede el desencanto barroco. Don Quijote ya no se muestra activo, no “muere”, “se deja morir” como dice Sancho entre sollozos. Pero incluso aquí, Cervantes hace que su criatura deponga su nombre. Quien muere es Alonso Quijano el Bueno, no Don Quijote de la Mancha, en una sabia lección no exenta de melancolía de que la fantasía no muere nunca y Don Quijote pervivirá como lo ha hecho en las mentes de los lectores a lo largo de los tiempos.

Sancho Opuesto a su amo, Sancho es bajo y barrigudo, prudente, analfabeto, casado, sensual, práctico, pacífico; un campesino manchego que acepta servir a don Quijote por su simpleza y por la recompensa de una ínsula. El personaje, síntesis del tonto de las tradiciones folclóricas, el bobo del teatro y parodia del escudero de las narraciones caballerescas, se transforma en el transcurso de la narración en un ser complejo, independiente, que duda y cree, miente y es engañado, ríe y llora, se muestra discreto y tonto; pero es siempre bueno y compasivo. Podría decirse que ambos personajes constituyen una síntesis del ser humano. Sancho representa el apego a los valores materiales, mientras que don Quijote ejemplifica la entrega a la defensa de un ideal libremente asumido. En lugar de ser contrarios, se complementan y muestran la complejidad de la persona, materialista e idealista a la vez. Dulcinea Es una ficción de don Quijote, creada a partir de Aldonza Lorenzo, una aldeana fuerte, basta y fea, a la que el héroe apenas ha visto y con la que jamás ha hablado. Dulcinea nunca aparece en la historia: de acuerdo con el modelo caballeresco, el héroe necesitaba una dama y la crea según sus ideales: Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar más que otras; que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa ninguna la iguala, y en la buena fama, pocas la llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad.

8 EL TEMA DE LA LITERATURA DENTRO DEL QUIJOTE Entre los múltiples temas del Quijote idealismo, libertad, amor , la literatura es uno de los más importantes. Es la causa de la locura del héroe, el protagonista confunde la vida y la literatura cuando se lanza a recorrer el mundo como caballero andante en la España de finales del siglo XVI y principios del XVII. La literatura está presente, además, en sus diferentes facetas: Crítica. En la obra se habla de literatura, se hacen juicios críticos sobre obras y teorías literarias: por ejemplo, el canónigo y el cura dialogan sobre los libros de caballerías y el teatro; el cura y el barbero enjuician los libros de don Quijote en el episodio en que los queman, etc. Lectura. En la novela se lee literatura: en la venta de Juan Palomeque el cura lee El curioso impertinente; en la segunda parte, los duques han leído la primera; otros personajes han leído el libro de Avellaneda; la primera parte será así el punto de referencia de las discusiones sobre teoría literaria incluidas en la segunda. Escritura. En el Quijote se escribe literatura: Ginés, el canónigo..., incluso aparece nombrado el mismo Cervantes; se citan manuscritos; y, sobre todo, se intercalan e ironizan todos los estilos literarios de la época. El siguiente texto pertenece al episodio de la quema de libros, culpables, según el cura y el barbero, de la locura de don Quijote: También el autor de este libro replicó el cura es grande amigo mío, y sus versos en su obra admiran a quien los oye; y tal es la suavidad con que los canta, que encanta. Algo largo es en las Églogas; pero nunca lo bueno fue mucho; guárdese con los escogidos. ¿Pero qué libro es ese que está junto a él? La Galatea, de Miguel de Cervantes

dijo el barbero.

Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención; propone algo y no concluye nada: es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega, y entre tanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.

NARRACIÓN Y NARRADORES En la obra podemos distinguir un narrador básico o principal y distintos “autores” ficticios: Narrador principal El narrador principal cuenta desde un nivel superior y exterior la historia, es omnisciente, y, en ocasiones, usa la primera persona para designarse a sí mismo como responsable directo de lo narrado. En los primeros ocho capítulos alude a diversas fuentes de información: los distintos “autores que de este caso escriben” y unos supuestos “anales de La Mancha”. En el capítulo IX, se introduce como personaje para contar cómo encontró y editó el manuscrito que contiene la historia de don Quijote.

9 “Autores” ficticios El más importante de los “autores” ficticios es el historiador Cide Hamete Benengeli, autor del manuscrito encontrado, y al cual se cita y evoca varias veces. El “original” de Cide Hamete es traducido por un morisco aljamiado (que habla castellano), quien también será citado. Todo esto constituye una parodia de los pseudoautores y traductores que aparecían con frecuencia en las novelas de caballerías. Narradores-personajes En la historia misma, el narrador principal cede la palabra a los personajes. Estos narradores producen relatos de distinto tipo, en los que desempeñan diferentes funciones. En las historias intercaladas, hay narradores que son simples testigos, otros que son sus protagonistas. En estos casos, don Quijote, Sancho, el cura o el barbero actúan como receptores. DISCURSOS El Quijote de ha caracterizado como la primera novela polifónica del mundo, es decir, una obra en la que aparecen múltiples discursos diferentes. Discurso del narrador. Éste va comentando la acción, así como el propio discurso de los “autores” ficticios. Discursos de los personajes. Aparecen en el diálogo constante. Los personajes hablan como les corresponde, con voz propia, y cambian frecuentemente de registro. Discursos de los personajes-narradores. Se introducen cuando los personajes cuentan sus historias. LENGUAJES En el libro se reproducen los discursos orales y escritos propios de la narrativa de su tiempo. Don Quijote utiliza un lenguaje arcaico caballeresco en muchas aventuras ínsula, fuyades, fermosura , el estilo oratorio y también el lenguaje coloquial, incluidos los refranes cuando le conviene. El rasgo más característico del habla popular de Sancho son los refranes, a veces acumulados de tal forma que don Quijote lo reprende también le corrige en ocasiones faltas de léxico ; cuando quiere imitar a su señor, utiliza un lenguaje tan culto y retórico que sorprende al caballero, a su mujer e, irónicamente, al “traductor” de la historia. El Quijote evoca e ironiza, además, los géneros y estilos literarios de la época: el caballeresco, el más importante, objeto de la parodia, así como el pastoril, el del Romancero, el de la novela sentimental, el de la picaresca, el de la morisca, el de los diálogos renacentistas... Entre las formas de expresión se encuentra el diálogo, que es central y articula la obra; y también monólogos, documentos, cartas y poemas. Todo presidido por el humor y la ironía.

10 En el siguiente texto se presenta el habla popular de Sancho, lleno de refranes, y la reprimenda de don Quijote: Ni yo lo digo ni lo pienso respondió Sancho ; allá se lo hayan; con su pan se lo coman; si fueron amancebados o no, a Dios habrán dado la cuenta; de mis viñas vengo, no sé nada; no soy amigo de saber vidas ajenas; que el que compra y miente, en su bolsa lo siente. Cuanto más, que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; mas que lo fuesen, ¿qué me va a mí? Y muchos piensan que hay tocinos y no hay estacas. Mas ¿quién puede poner puertas al campo? Cuanto más, que de Dios dijeron. ¡Válame Dios dijo don Quijote , y qué de necedades vas, Sancho, ensartando! ¿Qué va de lo que tratamos a los refranes que enhilas? Por tu vida, Sancho, que calles y, de aquí en adelante, entremete en espolear a tu asno.

TRASCENDENCIA DE LA OBRA. CERVANTES, CREADOR DE LA NOVELA MODERNA En su época, se leyó como un libro humorístico, cuya trascendencia quedaba tal vez limitada a ser una parodia de los libros de caballerías, tan difundidos por entonces. Un siglo después, en el XVIII, extinguido ya el género caballeresco, los lectores y los críticos empiezan a considerarlo como una obra clásica y modelo de lenguaje. Se estudia la vida de Cervantes y se publica el Quijote en ediciones lujosas y con bellas ilustraciones. En el siglo XIX, con el Romanticismo, el Quijote se convierte en un auténtico símbolo del heroísmo y de la imaginación ilimitada. Se trata del hombre que lucha sólo por el triunfo del espíritu sin temer los obstáculos que puedan presentarse en su camino. Parece el último caballero de la Edad Media y es al mismo tiempo el primero de la nueva edad que debe conducir al hombre a vencer la opresión y la injusticia. Desde el Romanticismo, las interpretaciones del Quijote se han sucedido y se suceden como si de una fuente inagotable se tratase: filósofos, historiadores de las ideas, críticos y políticos vuelven una y otra vez a él para desentrañar sus sentidos. De este modo, se ha hecho hincapié en su contenido de obra perspectivista, en el sentido de que ofrece varias visiones de la realidad y trata la relatividad de las apariencias y del ser (los personajes tienen perspectivas diversas de lo que ven y hacen). Como ejemplos de este perspectivismo y relativismo de la obra pueden señalarse los siguientes: -

la variedad de nombres que se atribuyen al hidalgo manchego: Quijada, Quesada, Quejana, Quijana y Alonso Quijano;

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la palabra baciyelmo, creada por Sancho Panza para zanjar la disputa entre don Quijote, convencido de que se trata del yelmo de Mambrino, y los demás, que ven una bacía de barbero.

Al lado de todas las interpretaciones que ha suscitado, el Quijote ha ejercido una huella muy profunda en la literatura española y en la europea, hasta el punto que se considera a Cervantes como el creador de la novela “realista” moderna. Fue en Inglaterra, en el siglo XVIII, donde se desarrolló un modo de novelar distinto, influido por Cervantes. La primera obra realista se debe a Henry Fielding (1707-1754) y se titula Joseph Andrews: Written in imitation of the manner of Cervantes, autor of don Quixote. Otro novelista inglés que recibe la influencia de Cervantes es Lawrence Sterne (1713-1768) que escribe Tristam Shandy. De ambos arranca la novela inglesa y europea del siglo XIX.

11 La misma libertad que Cervantes reclamó para sí como creador se la concedió en idéntico grado a don Quijote, el primer personaje auténticamente libre de la literatura universal. El comienzo de la novela es bien conocido: “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo”. Con estas palabras Cervantes destaca que los hechos que va a contar no ocurrieron en tierras lejanas, como las historias de la caballería andante, sino muy cerca, en La Mancha, ni tampoco en tiempos remotos, sino que podría haber sucedido ayer mismo. Se han dado muchas explicaciones a este comienzo de la novela: un octosílabo de un romance anónimo, negativa a decir el nombre del pueblo natal de don Quijote por deseo de incluir a toda La Mancha, comienzo característico de los cuentos populares, rechazo del autor al pueblo donde supuestamente estuvo preso y comenzó la novela. Sin negar estas razones Leo Spitzer y Avalle-Arce explican el comienzo del Quijote como una defensa de la libertad del creador y del personaje con repercusiones fundamentales en la evolución literaria. La literatura anterior a Cervantes se regía por unas convenciones restrictivas. En aquellos modelos tradicionales la cuna del héroe determinaba su vida futura. Amadís era hijo de reyes, nació en Gaula y estaba llamado a ser héroe. Lazarillo nació en el Tormes, era hijo de padres viles y será un antihéroe. En cambio Cervantes no especifica la cuna, ni la genealogía, ni el nombre exacto de don Quijote para que pueda caminar libre de todo determinismo, creando su propia realidad. Por eso a partir del Quijote la vida del personaje literario será más libre. Porque, como señala Carlos Fuentes, Cervantes ha puesto a dialogar a Amadís de Gaula con Lazarillo de Tormes y en el proceso ha disuelto para siempre la interpretación unívoca del mundo.