APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA DICTADURA CASTRISTA

APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA DICTADURA CASTRISTA Efrén Córdova Apuntes para una historia de la dictadura castrista © Efrén Córdova © Reservados...
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APUNTES PARA UNA HISTORIA DE LA DICTADURA CASTRISTA

Efrén Córdova

Apuntes para una historia de la dictadura castrista © Efrén Córdova © Reservados todos los derechos de la presente edición a favor de Fundación Hispano Cubana. Primera edición: Mayo de 2006 ISBN: 84-611-1055-2 Depósito legal:

Ilustración de cubierta: "Tras la ventana", de Natasha Perdomo Bermudez http://www.caurigallery.com/

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio, salvo autorización por escrito de la Fundación Hispano Cubana. Fundación Hispano Cubana C/ Orfila, 8 - 1º A E-28010 – Madrid Tel: (+34) 913 196 313 / (+34) 913 197 048 Fax: (+34) 913 197 008 [email protected] www.hispanocubana.org

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Índice de materias Capítulo I - Introducción Una marca histórica La revolución eterna Buscando explicaciones

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Capítulo II - El telón de fondo: Los factores coadyuvantes y varias hipótesis La dictadura que eclipsó la revolución Los factores coadyuvantes La hipótesis del líder carismático La concepción castrista del gobierno socialista El plan totalitario Postulando una tesis

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Capítulo III - Un estreno sangriento Los fusilamientos El saldo fatídico de los primeros meses de la revolución La Constitución Socialista y la pena de muerte La nunca olvidada pena capital Nuevo ciclo de ejecuciones La conducción de los juicios El juicio de los aviadores Cuantificando las víctimas El foso de los Laureles Los otros pasos iniciales de la dictadura

39 41 44 46 47 50 53 57 59 62 63

Capítulo IV - Otras huellas de sangre y de luto Los muertos en prisión El crimen de la rastra Aniquilamiento y destierro de los guajiros del Escambray Guerras y masacres El remolcador 13 de marzo El derribo de los aviones de Hermanos al Rescate Los que perecen en la fuga La práctica de la tortura Las cuentas del genocidio y de los crímenes contra la humanidad

69 71 73 74 76 78 80 82 86 89

21 21 23 26 32 36

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Capítulo V - Supresión de las libertades públicas El enfrentamiento inevitable Violación indiscriminada de las libertades públicas Libertad de pensamiento, de opinión y de expresión Libertad de reunión y asociación Las organizaciones de Derechos Humanos en Cuba El derecho a salir del país y regresar al mismo

97 99 101 102 107 113 116

Capítulo VI - ¿Hay libertad de conciencia y religión en Cuba? El marxismo y la sociedad cubana en 1959 Las primeras señales Una atenuación de fachada El papel del Cardenal Ortega El viaje del Papa Juan Pablo II a Cuba La situación actual

123 125 126 127 128 130 131

Capítulo VII - Las cuentas del cautiverio El presidio político La institucionalización de la crueldad La literatura del presidio Las condiciones de los penales Los carceleros y la continuidad del terror

135 137 138 142 145 148

Capítulo VIII - De injusticias, prisiones y campos de concentración Infracción del debido proceso de ley Variantes del sistema carcelario El presidio de Isla de Pinos La UMAP Otros campos de concentración El acecho incesante a la oposición

153 155 157 159 161 164 165

Capítulo IX - Manipulando el principio de igualdad Igualdad legal e igualación social Fallos y quebrantos de la igualdad Cubanos y extranjeros Discriminación por motivos políticos

171 173 174 177 178

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El principio de igualdad y la postura de la raza negra La política castrista de captación de la raza negra Política exterior africanista y fomento del sincretismo Cambios en la composición étnica del pueblo cubano Papel de la raza negra en la Cuba actual

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180 182 184 185 186

Capítulo X - Angustias y miserias de la vida cotidiana Afrentas a la dignidad Quebrantos de la privacidad Seguridad La propiedad Vivienda y alimentación La atención a la salud El derecho a la educación La familia

191 193 198 200 204 206 210 215 220

Capítulo XI - El ejercicio del poder público Cambios en la relación del individuo con el Estado Ausencia de otras protecciones institucionales El fin del Estado de Derecho y el nuevo sistema político Participación en el gobierno La protección contra el terrorismo Cuatro estallidos y una sorda resistencia Los juicios de abril de 2003

227 229 232 234 236 241 246 249

Capítulo XII - ¿Benefició la revolución de Castro al trabajador cubano? Trasfondo histórico Promesas, renuncias y exhortaciones al sacrificio El gran reto del movimiento sindical Cambios en las relaciones con la Organización Internacional del Trabajo Violación de derechos fundamentales Una política laboral extorsiva Jornadas extenuantes y vacaciones ilusorias Descenso de la productividad y militarización del trabajo Las deficiencias de la política salarial El Reglamento General de las Relaciones Laborales

255 257 258 260 261 264 271 273 274 279

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Capítulo XIII - El gran mito del progreso social El gran fraude urdido por Castro y los inversionistas Las non sancta negociaciones Lucrando a costa de los trabajadores Una burda trapisonda Otra modalidad de explotación El engaño de la seguridad social

283 285 287 288 290 291 292

Capítulo XIV - Castro, la dictadura y los derechos humanos en la perspectiva internacional Las reacciones de la comunidad internacional Las organizaciones internacionales de proyección global Análisis de las resoluciones de la CDH Un lapso y varias inflexiones La resolución del año 2004 El décimo quinto revés Las organizaciones regionales Las organizaciones no gubernamentales

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Capítulo XV - Del carácter contumaz, sistemático e inexcusable de las violaciones Amplitud, origen y gravedad de las violaciones La dictadura en el contexto de la doctrina marxista-leninista De las violaciones como reflejo de la índole del sistema De las violaciones como reflejo de la personalidad de Castro

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Epílogo Apéndices Lista de abreviaturas Texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos

343 353 355 359

303 304 305 309 311 312 315 317

327 328 330 333

A Nita

CAPÍTULO I INTRODUCCIÓN

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UNA MARCA HISTÓRICA Este es el relato de la dictadura más larga de la historia moderna. La palabra dictadura, dicho sea desde el principio, no se usa aquí de manera festinada con respecto al régimen de Castro. Es el propio régimen el que se atribuye a sí mismo esa forma de gobierno en consonancia con la doctrina marxista de la dictadura del proletariado. La cuestión de saber si es en verdad el proletariado el que ejerce esa dictadura o si ella sirve sólo de pretexto para la existencia de una autocracia, es uno de los puntos a tratar en este libro. Mucho antes de que Marx y Engels incorporaran el vocablo a sus teorías ya el oficio de dictador había sido concebido en Roma hace 2.500 años como jefatura temporal para hacer frente a situaciones de crisis o desorden particularmente graves. El término máximo de ejercicio del poder que los romanos previeron para el magíster populis o dictator era seis meses. En Cuba, Fidel Castro lo viene ejerciendo desde hace más de 47 años. Es verdad que entre uno y otro han habido monarcas absolutos y tiranos endurecidos que permanecieron en el poder por largos años, pero los primeros accedían al trono por derecho hereditario y los segundos perdieron durabilidad y prestigio desde que Platón y Aristóteles los colocaran en el punto más bajo de la escala de los gobernantes. Otros que en fechas recientes asumieron el mando "por la gracia de Dios" no pasaron de los 40 años. Aun en la América Latina que tanto ha contribuido a la historia de los largos gobiernos con su rica cosecha de caudillos y tiranos, ninguno de ellos puede disputarle el título de número uno a Fidel Castro. El dictador cubano aprovechó la tradición caudillística de la región para inscribirse con honores en esta categoría como puede verse en la siguiente lista:

Las diez dictaduras más largas de América Latina Nombre

Duración

Juan Manuel Rosas (Argentina) Anastasio Somoza (Nicaragua) Augusto Pinochet (Chile)

20 años 22 años 25 años

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José Gaspar Rodríguez Francia (Paraguay) Juan Vicente Gómez (Venezuela) Rafael Carrera (Guatemala) Rafael Leonidas Trujillo (República Dominicana) Porfirio Díaz (México) Alfredo Stroessner (Paraguay) Fidel Castro (Cuba)

26 años 27 años 27 años 31 años 33 años 35 años 47 años

Estas dictaduras latinoamericanas son muy diferentes de las de corte totalitario que aparecen en Europa en la primera mitad del siglo XX. Mientras las latinoamericanas carecen por lo general de sustento ideológico, las europeas tienen su razón de ser en las doctrinas comunista, fascista y nazista. Fue Marx el primero que concibió la idea de una dictadura omnímoda que iba a ser ejercida por el proletariado para la opresión y destrucción de la burguesía. Atraído, como se verá más tarde, por esta faceta de pugnacidad Castro se apuntó también en esta categoría. Quienes en Europa y Asia ocuparon el mando supremo en nombre de esas ideologías totalitarias pronto mostraron también una irresistible vocación por aferrarse al poder. No estando sujetos a elecciones periódicas y no siendo claros los modos de sucesión, estos dictadores de base marxista o fascista ofrecen también varios ejemplos de incumbencias prolongadas. Sin embargo, como muestra también la enumeración que sigue, ninguno de estos empecinados vicarios del proletariado o la nación pudo equipararse a Castro en la extensión de sus mandatos. Sólo Kim Il Sung en Corea del Norte compitió con Castro hasta que en enero de 2005 el Máximo Líder aventajó al Guía Supremo y Presidente Vitalicio. Los títulos de estos jerarcas comunistas varían (Presidente, Primer Ministro o Secretario General del Partido) y son también diferentes las maneras cómo al fin pierden el cargo (golpes de Estado, conspiraciones en la cúspide, revueltas palaciegas, acuerdos del Partido y muerte o jubilación forzada) pero todos detuvieron el poder por largos períodos. Los diez dictadores de corte totalitario que ejercieron el poder por más tiempo Walter Ulbricht (Alemania del Este) Benito Mussolini (Italia)

21 años 21 años

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Nicolás Ceausesco (Rumania) Joseph Stalin (Rusia) Ho Chi Minh (Vietnam) Mao Tse Tung (China) Janos Kadar (Hungría) Enver Hoxsha (Albania) Kim Il Sung (Corea del Norte) Fidel Castro (Cuba)

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24 años 25 años 25 años 27 años 32 años 41 años 45 años 47 años

Tampoco es posible hallar dictaduras de más larga duración en otras áreas del Tercer Mundo. En África, por ejemplo, Robert Mugabe de Zimbabwe, apenas llega al cuarto siglo, a Omar Bongo de Gabón con 37 años en el poder aún le queda un largo trecho por recorrer, Mobutu Sese Seko estuvo algo más de 30 años en el poder y el decano, G. Eyadema de Togo llevaba al morir en 2005, 38 años como Presidente y dictador. En Asia queda asimismo atrás la extraña dictadura de los generales de Birmania (hoy Myanmar) que iniciaron sus tropelías allá por 1962. Sólo en el reino de la ficción (por ejemplo en la novela de G. García Márquez El otoño del patriarca) sería posible encontrar émulos de Castro. ¿En cuál de esas listas de autocracias y dictaduras procede ubicar al régimen de Castro? No es fácil precisar la identidad de la llamada revolución cubana y su retoño el régimen de Castro. En realidad, esa revolución ha experimentado una triple transformación. Primero, echó por la borda el propósito de restaurar la democracia que animó la lucha contra Batista para instaurar en su lugar una dictadura que se decía era del proletariado. Luego se olvidó de hacer efectiva esa toma del poder por obreros y campesinos para imprimirle rasgos caudillistas y de dirección unipersonal a esa misma revolución. ¿En qué quedó aquello de que el poder iba a estar en manos de obreros y campesinos? ¿Se asemeja la situación cubana a la de una asociación en la que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos como reza el texto fundacional del comunismo? En Cuba se produjo una involución de una embrionaria dictadura del proletariado a una omnipotente dictadura personalista. En tercer lugar, fue la desintegración del imperio soviético y el fin de los

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subsidios que Cuba estaba recibiendo lo que dio lugar a la apertura del país a las inversiones extranjeras y a la instauración de una economía mixta en la que coexisten pujantes compañías de otros países con lánguidas empresas estatales.

LA REVOLUCIÓN ETERNA Además de ejercer a través de todos esos cambios un poder público que excede lo normal y usual en cualquier tipo de sociedad, el régimen de Castro blasona también de haber iniciado en 1959 un proceso revolucionario que aún perdura. Las revoluciones, ya se sabe, son convulsiones y cambios de estructuras que se llevan a cabo en lapsos relativamente cortos. En su estudio clásico sobre las revoluciones, Crane Brinton las asimila a una crisis febril de la sociedad que se nutre al comienzo de grandes esperanzas, conduce a una época de exacerbación y terror y culmina generalmente en una dictadura. Ninguna revolución contemporánea ha durado más de unos pocos años, ni la francesa que desemboca en el bonapartismo, ni la rusa que aparte de sus secuelas internacionales se diluye en el estalinismo, ni la mexicana que concluye en rigor con la creación del PRI o tal vez antes con la Constitución de Querétaro. ¿Será que Cuba alumbró al fin la revolución permanente de que tanto hablase Trotsky? Dictador y revolucionario ad perpetua, el caso de Castro y su castro-comunismo concitan la atención del mundo. Son incontables los estudios sobre el poder y su conservación que se han escrito al respecto. Lo curioso y paradójico es que casi todos esos estudios se han hecho fuera de Cuba. En la isla sólo sería en puro estilo hagiográfico o ajustándose a una aburrida dialéctica materialista de la historia que de cierto modo se trataría el tema. BUSCANDO EXPLICACIONES Sea o no proletaria la dictadura de Castro, háyase o no torcido el rumbo de la revolución, una cosa es cierta: el régimen castrista ha perdurado más allá de toda expectativa. Castro ha desafiado los pronósticos de los economistas, las

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predicciones de los politólogos, las esperanzas de opositores y disidentes e incluso las estrategias de largo alcance de los EU ¿De qué modo ha podido el dictador cubano realizar ese hecho insólito? ¿Qué hados o fuerzas misteriosas le han dado esa veteranía? ¿De qué recursos se ha valido para llevar a cabo por encima de diez presidentes de los EU una revolución que fue prosoviética y es antiamericana, antiimperialista, internacionalista y supuestamente dirigida a edificar una sociedad comunista? ¿Qué cualidades personales o circunstancias sociopolíticas le sirvieron para convertir su dictadura en la más larga de la historia?

CAPÍTULO II EL TELÓN DE FONDO: LOS FACTORES COADYUVANTES Y VARIAS HIPÓTESIS

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LA DICTADURA QUE ECLIPSA LA REVOLUCIÓN Sobre todo en la década del 60 la revolución cubana fascinó a muchos intelectuales. A los guerrilleros que derrocaron la dictadura de Batista se les rodeó de un aura de heroísmo y al gobierno que adoptaba medidas dacronianas se le excusaron sus excesos. Había que superar los llamados vicios del pasado y se llegó a escribir en Cuba y fuera de ella con marcado acento encomiástico. El tema de la revolución cubana estaba de moda y llegó a producir una voluminosa bibliografía. Cuatro decenios más tarde las aristas más salientes de la revolución se habían ido gastando al tiempo que el mundo advertía que el vástago de esa revolución que es la dictadura de Castro tenía también sus huellas de muy distinto carácter. No solamente su excepcional duración, ya de por sí notable, sino también sus modos de actuar comenzaron a llamar la atención. Que en pleno siglo XXI existiera un régimen surgido 47 años antes y que durante ese tiempo ese régimen se hubiera enfrascado en acciones insólitas como su obsesión por exportar la ideología comunista, sus intervenciones militares en otros continentes y su reto constante a la primera potencia del mundo merecían estudios detallados. Sin olvidar que todo ello tenía lugar en un pequeño país del Caribe y que el relato de lo ocurrido en ese largo período presentaba muchos aspectos oscuros. Las páginas que siguen procurarán discernir la índole de ese régimen e indagar en el estudio de las causas de su larga extensión. Se concentrará el examen en las hipótesis más plausibles dejando a un lado teorías absurdas como la de los brujos africanos y sus caracoles, la del signo zodiacal de Fidel Castro o la de los poderes mágicos de su madre, Lina Ruz.

LOS FACTORES COADYUVANTES Hubo desde luego factores obvios de tipo geográfico como la insularidad o de índole humana como la cooperación de una buena parte del pueblo que facilitaron la prolongación de la dictadura. El hecho de hallarse el país rodeado de mares a menudo procelosos inducía a menudo física y psicológicamente a la resignación. España se benefició antes de ello reteniendo a Cuba y Puerto Rico

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como sus dos últimas colonias en América. Castro aprovechó también la insularidad para convertir a Cuba en una inmensa cárcel que no necesitaba muros ni alambradas. Si el territorio de Cuba hubiera sido parte de la masa continental, no hay duda que los más de dos millones de exiliados que hoy viven dispersos por el mundo hubieran podido intervenir de modo más directo y eficaz en el curso de la historia. No eran por otra parte extranjeros los espías, interrogadores, carceleros, torturadores, verdugos, policías, agentes de la Seguridad del Estado, delatores y jueces abyectos que tanto han ayudado a oprimir al país. Tampoco vinieron de otro planeta los internacionalistas que hoy esparcen por otras latitudes las doctrinas de Castro. Y son sin duda cubanos los emigrantes de nuevo cuño que apenas instalados en los EU usan su dinero para hacer viajes turísticos a la isla. En Cuba la cuota de genuflexos ha sido en verdad muy grande El régimen de Castro contó también con la ayuda interesada pero generosa de la Unión Soviética (que alcanzó el 21 por ciento del PNB). Cuba recibió en sólo pocos años de los 30 de subsidios soviéticos alrededor del doble de la suma total que el Plan Marshall ofreció para la recuperación económica de 16 países europeos. Y se hizo presente por último la contribución no deseada de la política norteamericana, obra maestra de ineptitud o fiasco urdido por Kennedy en el episodio de Bahía de Cochinos que tan contraproducente resultó para la liberación de Cuba. La política posterior de Washington de acoger a cuantos cubanos pidieran asilo jugó en favor de la permanencia de Castro en el poder. El régimen pudo deshacerse de adversarios peligrosos y de elementos improductivos que le representaban una carga. A los primeros le ataron las manos los acuerdos Kennedy-Khrushov; de los segundos se ocupó el programa de ayuda humanitaria del Refugio. El colmo de la complacencia sucedió en 1980 cuando el Presidente Carter dejó que Castro le introdujera criminales, dementes y enfermos contagiosos en el éxodo del Mariel. Tampoco se quedó atrás el Presidente Clinton con su vergonzoso acuerdo migratorio de 1994 que por una parte concedió al régimen cubano la válvula de escape de 20.000 visas (que servían también para infiltrar agentes) y por otra convertía a los EU en cómplice de la política castrista de negar a los cubanos el derecho a salir del país. Esa misma errática postura se hizo patente en el candoroso optimismo de mantener un ineficaz embargo

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que sólo sirve para que Castro atribuya al mismo su fracaso y para identificar al enemigo exterior que toda dictadura requiere. A Castro le fue así posible combinar la agitación nacionalista con la prédica del internacionalismo proletario. Los anteriores no pasaron de ser, sin embargo, factores coadyuvantes que no conciernen al fondo político de la tragedia cubana. Es preciso indagar en el origen y fundamento de la revolución y la dictadura, identificar la "razón suficiente" de su aparición y permanencia.

LA HIPÓTESIS DEL LÍDER CARISMÁTICO El líder carismático es la versión moderna del caudillo, del hombre fuerte que tiene dotes oratorias y sabe utilizar los medios de difusión para añadir apoyo popular a su poder originario. Cuba había tenido antes caudillos sin carisma y líderes carismáticos sin poder. La revolución contra Batista creó las circunstancias para que apareciera el primer gobernante que reunía ambas condiciones. En su más rancia concepción filosófica esta hipótesis remonta sus raíces a la teoría del superhombre de Federico Nietzsche y a las ideas de Tomás Carlyle sobre el papel del héroe y del anti-héroe en la historia. En Cuba un antecedente más directo puede encontrarse en un polémico ensayo escrito por Alberto Lamar Schweyer, en la época del General Machado. Curiosamente, el ascenso vertiginoso de Castro en el firmamento político de Cuba debe mucho a las acciones u omisiones de Fulgencio Batista. Fue primero el infausto golpe militar del 10 de marzo de 1952 el que transformó la insignificante carrera política de Fidel Castro en la de un revolucionario exitoso. Si el país no hubiera sufrido ese quebranto del orden constitucional, Castro habría probablemente seguido siendo una figura política más bien anodina. Fue en segundo lugar la ineptitud del ejército de Batista (quien antes de 1933 era un simple sargento taquígrafo) la que invistió de un halo de heroísmo a las guerrillas de la Sierra Maestra. Batista, que procuró siempre rodearse de civiles competentes, se esmeró en nombrar jefes militares que eran en su mayoría incapaces. Fue por último la vergonzosa huida de Batista el 31 de diciembre

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de 1958 la que creó un vacío político total que permitió al vencedor conducir a Cuba por el camino que tenía previsto. Decir que Castro había organizado y realizado antes (en 1953) el asalto al cuartel Moncada no añade mucho a su "resumé", pues en esa operación que no duró más de 30 minutos Castro corrió cierto riesgo personal pero no realizó ningún acto heroico y sí supo por el contrario escapar con prontitud. Erigido en jefe supremo y Comandante en Jefe de la revolución en 1959 no es de extrañar que fuera en relación con su liderazgo, que desde el comienzo demostró ser demagógico y carismático, que se buscaran las primeras explicaciones. Son muchos en efecto los estudiosos de la cuestión cubana que atribuyen particular importancia a la inteligencia, obsesión de poder y capacidad de seducir, controlar y/o aherrorrajar las masas del Máximo Líder. Son incontables las obras sobre la revolución que llevan el nombre de Castro en sus títulos. Tal parece que se retorna a la interpretación de la historia que algunos escritores ofrecieron en el siglo XIX: el gran hombre como forjador de la historia, tesis que traducida al lenguaje doméstico daría lugar al aberrante culto a la personalidad de Castro. Vista en cambio desde la óptica marxista esta misma tesis contradice toda la armazón ideológica del régimen cubano. ¿Acaso no habían dicho Marx y Engels que la historia estaba regida por las condiciones materiales de la producción y que era en la infraestructura económica donde se generaban los cambios que luego desataban la lucha de clases y la necesidad de alterar las superestructuras? Alegar que la fuerza vital de la revolución cubana radicaba en el carisma de una persona equivalía a desvirtuar la esencia de la República Socialista de Trabajadores y a echar por tierra las más profundas disquisiciones de los intelectuales marxistas. "La historia, decía el propio Castro en 1975, discurre en función de leyes objetivas; los hombres adelantan o retrasan la historia en la medida en que actúan o no en función de esas leyes1". La teoría del jefe superdotado2 es pues profundamente antimarxista pero no deja de tener cierta validez. Fue Castro, en efecto, el que logró apoderarse de una revolución que habían hecho el Movimiento 26 de julio, el Directorio 1

Informe Central al Primer Congreso del PCC, JR, diciembre de 1975, p.5 El término superdotado fue usado por primera vez por el ilustre jurista José Miró Cardona en entrevista dada a la prensa española en septiembre de 1959

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Estudiantil Revolucionario, Resistencia Cívica, el Partido Auténtico, el Partido Ortodoxo, el Frente Obrero Nacional y otras varias organizaciones opuestas a la dictadura de Batista. Y fue la influencia decisiva del mismo Castro la que primero imprimió cohesión a los grupos más radicales de la revolución y luego determinó su curso posterior. Que la persona de Fidel Castro haya desempeñado un papel importante en la trayectoria de la dictadura es cosa que no puede negarse. Que un recién estrenado dictador logre en menos de tres años: 1) transformar una economía de mercado en otra centralmente planificada; 2) convertir una sociedad abierta en otra herméticamente cerrada; 3) darle un vuelco a las alianzas internacionales, y 4) entronizar una ideología antes profesada por solo una relativamente pequeña minoría de cubanos, es ciertamente una realización bien fuera de lo común. Un estudio comparativo hecho en 1999 muestra que Castro y el Príncipe de Maquiavelo tienen muchas características en común, incluyendo la astucia y la mala fe. Difieren en una cosa: el Príncipe no era un tirano3. Llámese pues bonapartismo o cesarismo, la teoría del líder superdotado es particularmente aplicable a la etapa inicial del régimen castrista. La revolución cubana no se originó en una revuelta campesina ni en una toma del poder por la clase obrera. Fue en realidad una revolución "déclassee" derivada de una lucha política contra el régimen de Batista. Hablar de una revolución campesina no resiste el menor análisis dada la falta de cohesión del sector agrícola del país, su ínfimo grado de ideologización y el hecho de no haber sufrido la grave represión, que en la época de Batista se concentró en las ciudades. Sugerir que fue el resultado de una explosión de rebeldía del proletariado urbano tampoco tiene fundamento alguno. En 1959 ninguna clase ejercía hegemonía sobre las otras y las autoridades políticas y militares simplemente se desvanecieron con la huida de Batista. En ese ambiente desguarnecido y expectante las condiciones eran propicias para la aparición de un caudillo. El hecho de que éste mostrara dotes oratorias y se supiera presentar, al comienzo sin nexos conocidos con partidos políticos o corrientes ideológicas robusteció su posición. Mientras los partidos tradicionales se fueron desintegrando y las

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Véase Alfred G. Cuzán, "Fidel Castro: A Machiavellian Prince?" en Cuba in Transition. (Washington, 1999), vol. 9, p. 178

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otras fuerzas de la sociedad civil se plegaban a la nueva élite gobernante, Castro supo aprovechar la oportunidad para consolidar su jefatura. No solamente se le invistió de plenos poderes soslayando sus antecedentes gangsteriles (que se discutirán más adelante) sino que se le encumbró. Lo anterior explica la aparición del líder pero no su permanencia durante 47 años en el poder. No es seguro que la tesis sea válida estos últimos años cuando el factor biológico ha puesto en evidencia el declive físico y mental del dictador. Quien haya visto en la televisión los últimos discursos de Castro y fijado la atención en el ser de visajes enloquecidos que profiere insultos a granel y clama por un final apocalíptico, estará sin duda tentado a rechazar la susodicha tesis. La imagen patética que hoy ofrece el personaje invita a pensar que son otras las causas de su permanencia en el poder. Tal vez sea el sistema que instauró antes cuando estaba en mejores condiciones. Pero ¿no fue acaso en esa época cuando estuvo a punto de desatar una guerra nuclear? El Castro impetuoso de entonces tiene en fin de cuentas grandes parecidos con el decrépito de hoy. El tiempo se ha encargado también de demostrar que más que la inteligencia del dictador es su absoluta falta de escrúpulos lo que le ha sido más útil para mantenerse en el poder. Genio político o simple poseedor de inteligencia y astucia aguzadas, lo que verdaderamente más ha contribuido a su durabilidad es el hecho de no reconocer freno moral, jurídico, nacional o internacional alguno. Se impone, por tanto, indagar con mayor profundidad en la etiología del régimen y sobre todo en la conexión del líder con la doctrina marxista-leninista y la puesta en práctica de un plan totalitario.

LA CONCEPCIÓN CASTRISTA DEL GOBIERNO SOCIALISTA Volvamos primero a sus orígenes. La revolución cubana y su sistema dictatorial no fueron producto de un clima exacerbado de agitación social, ni de una rebelión de los obreros ni tampoco de un levantamiento campesino. En la Cuba de los años 50 no estaban presentes las condiciones objetivas que, según la doctrina marxista-leninista, conducen a la instauración de una sociedad

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socialista. No había la "explotación de una parte de la sociedad por la otra", como dice el Manifiesto Comunista. Había por el contrario una clase obrera numerosa (un millón de sindicalizados), fuerte, concentrada e inteligente que había aprendido a defender sus derechos y constituía un factor importante de poder. El combate contra la dictadura de Fulgencio Batista no fue de índole social sino una lucha por restituir la Constitución de 1940, restablecer la democracia e implantar la honradez administrativa. El sistema socialista fue una creación artificial impuesta desde lo alto por quien detentaba todos los poderes tras la vergonzosa huida de Batista. No en vano hay autores que sostienen que el socialismo verdadero o científico no ha existido jamás en Cuba y que lo dispuesto por Castro el 16 de abril de 1961 fue disfrazar de socialista a Cuba. En ese día, dicen esos autores, Castro le dio un barniz marxista al capitalismo de Estado que él había ido creando tras las confiscaciones del año anterior. En las circunstancias de su nacimiento el socialismo impuesto por Castro es pues manifiestamente ajeno a la doctrina marxista. Para ésta la aparición del socialismo es el resultado de un desarrollo de las fuerzas productivas que entran en conflicto con las relaciones de propiedad. Ese cambio de estructura tiene lugar además cuando la explotación de la clase obrera hace crisis y ésta se ve excluida de una justa distribución de la riqueza y satisfacción de sus necesidades. La insurrección del proletariado se convierte entonces en fuerza motriz de la historia. Marx y Engels presintieron que el socialismo tenía premisas y condicionantes. Nunca pensaron que podía establecerse por decisión de una sola persona o de dos hermanos o una camarilla. Sin embargo, el 16 de abril de 1961 Castro proclamó por sí y ante sí la existencia de un Estado Socialista con el propósito principal de asumir los atributos de la dictadura del proletariado y perpetuarse en el poder. Los EU dieron pretexto a Castro para su proclamación pero ella hacía también realidad un sueño largo tiempo acariciado por el dictador. Es claro pues que esa instauración del socialismo revolucionario se apartaba del apotegma clásico formulado por Engels: "No se pueden hacer las revoluciones premeditada y arbitrariamente4".

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F. Engels, Principios del comunismo en Obras escogidas (Moscú: Editorial Progreso, s.f.), vol. I, p. 91

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El Máximo Líder tomó de la doctrina marxista-leninista aquellos aspectos políticos que mayor interés tenían para él (además de la etapa dictatorial): la lucha antiimperialista, los principios internacionalistas, el partido único, su carácter de fuerza dirigente superior de la sociedad y la centralización del poder en la cúpula de ese partido. Aplicó también algunos principios de la teoría económica del marxismo: la eliminación de la propiedad privada, la planificación central de la economía, la exaltación del trabajo como causa del valor y condición fundamental de la historia, el menosprecio del capital (trabajo acumulado), la aspiración igualitaria, las formas de retribución del trabajo (salario social, normación y emulación socialista), la obligación de trabajar y la importancia de la disciplina laboral. Sin embargo, algunos de estos puntos experimentaron con el tiempo serios debilitamientos: el proletariado nunca asumió realmente el poder, sobre la planificación se impuso siempre la voluntad de Castro, la propiedad privada se reconoció a las empresas mixtas, se hicieron cambios en las modalidades de retribución y se fue desvaneciendo el principio de igualdad. La reforma constitucional de 1992 realizó el milagro de convertir al PCC en partido "martiano y marxista-leninista". En la práctica se ha ido disipando la ideología marxista que cede el paso al propósito simple de mantener a Castro en el poder. Aunque parece exagerado decir que Castro se limitó a disfrazar a Cuba de país socialista conviene insistir en las diferencias del castrocomunismo con los principios del marxismo puro. Marx y Engels no fueron explícitos en el diseño de la sociedad comunista ni en las características de la dictadura del proletariado, pero sí dejaron algunas indicaciones sobre la etapa de transición hacia el comunismo las cuales no parecen compadecerse con la realidad del régimen castrista. Mientras los padres del comunismo previeron el debilitamiento y gradual extinción del Estado, en Cuba el Estado es cada vez más fuerte. Dijeron que al desaparecer los capitalistas ya no habría clase alguna que reprimir, pero en Cuba el aparato represivo es cada vez más poderoso y activo a pesar de que la expropiación de los capitales tuvo lugar en el decenio del 1960-70. Pronosticaron el advenimiento de la democracia genuina pero en Cuba hay cada vez más autocracia. Se refirieron a la necesidad de armar al pueblo pero en Cuba es el ejército, la policía y la SE los que están armados y al pueblo se le dan remedos de armas de juguete.

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Otras dudas surgen cuando se analizan los mecanismos de que se ha valido el régimen para mantenerse a flote. ¿Han estado ellos relacionados con las fuerzas productivas internas que una vez liberadas se suponía iban a generar chorros de riqueza? ¿O fueron en cambio factores externos los que permitieron la supervivencia del régimen? Al principio fue la confiscación de las grandes riquezas que Cuba había creado antes de 1959; luego vinieron los préstamos y subsidios de la Unión Soviética que llegaron a alcanzar cerca de cuatro mil millones de dólares al año los que proporcionaron a veces impulso y otras oxígeno a la economía cubana. En los últimos 15 años han sido las inversiones extranjeras, el turismo internacional, la ayuda de Venezuela, las remesas de los cubanos del exilio, el narcotráfico y el lavado de dinero5 los que evitaron el colapso de la economía. A fines de 2002 el capital extranjero invertido en Cuba sumaba 5.930 millones de dólares. Las estrategias seguidas han sido también varias: la planificación central de la economía, la política de diversificación industrial, la Nueva Política Económica impuesta por la Unión Soviética en 1970, el período de rectificación de errores y tendencias negativas, el período especial en tiempo de paz y la apertura al comercio exterior. ¿Y cuál ha sido el saldo final de esas estrategias? El intento de aplicar a toda costa ciertos postulados marxistas originó un descenso interminable de la productividad e indisciplina laboral, déficit de la balanza de pagos, aumento de la deuda exterior, agudización del subdesarrollo, más de dos millones de cubanos forzados a vivir en el exilio y penuria de obreros y campesinos. (Datos oficiales muestran que en 2005 exactamente 476.512 personas estaban recibiendo 62 pesos al mes por vivir en el nivel de la pobreza extrema) La que antes fuera una poderosa industria azucarera con 161 ingenios y alrededor de 500.000 trabajadores hoy ha quedado reducida a 56 ingenios manejados por un general que emplea un personal decreciente y desalentado. Algo similar ha ocurrido con la industria ganadera que de 6 millones de reses ha quedado reducida a 4 millones. La revolución acabó también con los centros

5 Véase Santiago Botello y Mauricio Angulo, Conexión Habana (Madrid: Edición Temas de hoy, 2005) passim y también José Antonio Friedl, El gran engaño (Buenos Aires, Editorial Santiago Apóstol, 2005)

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legendarios de la minería cubana: las minas de cobre del pueblo de ese nombre en Santiago de Cuba y la de Matahambre en Pinar del Río. Castro impuso el socialismo en 1961 pero no fue el desempeño de ese sistema sino los subsidios soviéticos, las 585 empresas extranjeras o mixtas que se instalaron a partir de 1990 y la más reciente ayuda de Venezuela, las que mantuvieron en pie la economía. De por sí, el sistema socialista nunca ha dado en Cuba las señales de vigor y pujanza necesarias para explicar la ancianidad del régimen. No solamente era extraño al clima de libertades individuales y a la idiosincrasia y estilo de vida del pueblo cubano, sino que sus tasas de producción han sido pobres, su endeudamiento externo elevado y los niveles de vida (alimentación, vivienda y recreación) muy precarios. Sólo con el soporte político de un régimen totalitario ha podido sobrevivir a medias ese sistema. Mientras Marx y Engels subrayaron la necesidad de mantener reglas estrictas de contabilidad y control y Lenin hizo hincapié en la eficiencia que debían tener los servicios públicos, en Cuba no podía ser más irregular el manejo de la hacienda pública que coexiste con "la cuenta del Comandante en Jefe", ni más deficiente el sistema de transporte, el suministro de energía eléctrica e incluso el abastecimiento de agua. Lo que en fin de cuentas subsiste son unas mustias empresas del Estado, otras más eficaces empresas militares y unas falsas cooperativas que son símbolos de una fracasada colectivización. A su lado florecen en cambio formas de capitalismo de Estado y de extranjerización de la economía que contradicen cuanto Castro predicó durante tres largos decenios. También sobrevive por supuesto el costado político del marxismo: el gobierno autoritario, la rígida centralización y el régimen policíaco. Aunque sus dirigentes no lo quieran reconocer son todas esas etapas y sus muchas vicisitudes las que revelan que "el sistema de economía basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios de producción" no ha funcionado o por lo menos no puede adjudicarse la clave del mantenimiento de Castro en el poder. El sistema socialista de Cuba -vale la pena repetirlo- no fue en modo alguno producto de una rebelión popular o de un plebiscito, sino simplemente una creación no natural impuesta desde arriba por quien detentaba todos los poderes. Castro

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se enamoró sin embargo de su creación proclamando por doquier su pujanza e incluso quiso hacer un aporte a la espinosa cuestión de la transición hacia el comunismo cuando en 1980 declaró a la prensa europea que su avance hacia la etapa superior del comunismo (meta que nunca se logró en la Unión Soviética) había sido ya alcanzada en el pueblo de San Andrés en Pinar del Río. En el acto acudieron al lugar Jean Luc Goddard y otros intelectuales europeos pero lo que en ese destartalado pueblo vieron fue la misma parodia de socialismo que existía en otras partes de Cuba. Tal vez algunos se convencieron entonces de que "la dictadura del proletariado no era más que un postulado meramente teórico que encubre la omnipotencia de los dirigentes del Partido Comunista6" La hipótesis de la viabilidad del sistema socialista ha cobrado, no obstante, fuerza últimamente con motivo del ligero y aparente incremento del nivel de vida en Cuba. Se trata en realidad de un mejoramiento que beneficia a militares, exmilitares, funcionarios gubernamentales reciclados en empresarios al servicio del Estado, y la nomenclatura política de más alto rango7. (Sobre la condición real del pueblo véase más adelante el capítulo X). Recuérdese además que cualesquiera que sean los usufructuarios de la mejoría ésta no ha sido generada por el socialismo sino por los antes mencionados factores externos: las inversiones extranjeras (disminuidas es verdad a fines de 2005), el turismo internacional, las remesas de los cubanos del exilio, la ayuda de China y los envíos de petróleo de Venezuela. Se olvidan al propio tiempo desgracias e infortunios de la mayor envergadura: la hambruna del período especial, el flujo constante de cubanos que abandonan la isla, la copiosa deuda externa, el retroceso de Cuba en casi todos los índices del desarrollo económico, la virtual supeditación de la planificación central a los azares de la piñata castrista y los caprichos del dictador. No se culpe, sin embargo, todo el fracaso castrista al sistema socialista que según algunos autores no ha regido a plenitud en Cuba: Castro con sus escasas lecturas de marxismo tomó de él lo que más le convenía: la dictadura del

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Guillermo Cabanellas, Tratado de política laboral y social (Buenos Aires: Heliasta, 1975) Véase Jorge Ramón Castillo, "La inducción ¿frío, tibio o caliente?" Revista Hispano Cubana, No. 21, agosto 2005, p. 9

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proletariado. Otros aspectos de la teoría económica y social del socialismo se han ido diluyendo después, primero con la semi privatización y extranjerización de la economía y más recientemente con la entrega de sectores priorizados de la producción no al proletariado sino a grupos e individuos cercanos al régimen que los explotan como empresas privadas. Ya en Cuba apenas se invoca hoy la doctrina marxista en el enredado de prácticas y consignas en uso. Hasta qué punto es el líder o el sistema el factor principal de la añosa dictadura es pues cuestión debatible. Lo que sí está fuera de dudas es que un régimen de esa naturaleza no se improvisa sobre la marcha ni se ajusta en su estructura y poderes al modelo usual de los gobiernos republicanos. Necesita inevitablemente un "blueprint" cuidadosamente preparado o la imitación mutatis mutandis del ejemplo de otra experiencia que haya tenido el mismo propósito. El problema se complica porque la dictadura de Castro no es sólo la más larga de la historia moderna sino también una de las más autocráticas y rígidamente centralizadas. Lo que la camarilla revolucionaria buscaba en 1959 no era sólo un cambio de gobierno sino un tipo de Estado que fuera a la vez duradero y autoritario. Castro y sus colaboradores podían muy bien haber escogido al totalitarismo fascista que era eminentemente autoritario, esencialmente antidemocrático y antiparlamentario así como enaltecedor del caudillo, pero tanto el Estado fascista como el nazista habían dejado de existir en el decenio 19401950. En vez de ser una opción viable los sistemas alemán e italiano eran ya por esa época caracterizados por los elementos de izquierda como los últimos reductos de un capitalismo agonizante.

EL PLAN TOTALITARIO Quienes a fines de la década del 50 aspiraban en Cuba a capturar a toda costa el poder político para ejercer por tiempo indefinido un poder totalitario dirigieron ante todo sus miradas hacia el modelo de la Unión Soviética. Les atraía la idea del poder originario y extranacional del caudillo, la exaltación ilimitada de su autoridad y la prolongación en el tiempo de su mando. Tales características debían figurar de modo prominente en el plan que unos pocos cubanos se

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dedicaron a concebir antes de 1959. Pero el proyecto tendría además otras señales distintivas que reflejaban la personalidad de sus autores, uno de los cuales tenía un pasado de violencia y otros una limitada formación marxista. Aunque el plan tuvo así varias influencias su esencia se gestó al calor de los sueños de grandeza y las ambiciones de poder vitalicio de Fidel Castro. El futuro dictador sabía que no podía conformarse con la idea de ser un caudillo latinoamericano más. No sólo ello entrañaba límites geográficos reñidos con sus aspiraciones de gran figura del escenario mundial sino que lo sumiría en la manoseada categoría de los tiranos al uso. La estrategia y los detalles de la ejecución del plan nacieron furtivamente en la connivencia de dos hermanos y se mantuvieron siempre en el secreto de un círculo estrecho de pertenecientes a una misma cofradía. Ningún extraño a esa hermandad tuvo acceso al plan durante los dos primeros años de la revolución. Únicamente los "iniciados" en las prácticas del marxismo y algunos espíritus particularmente sagaces fueron intuyendo la índole del plan. A esta fase de ocultamiento y sigilo se refirió Castro en dos ocasiones memorables. La primera fue el 2 de diciembre de 1961 cuando en un conocido discurso confesó haber sido marxista-leninista desde 1953 si bien se vio obligado a esconder su convicción para no alienar a la burguesía8. La segunda ocurrió en 1975 cuando al retrazar las primeras etapas de la revolución admitió que en ellas "no fue sólo necesaria la acción más resuelta sino también la astucia y la flexibilidad", añadiendo que esa tarea inicial "tuvo que ser obra de los nuevos comunistas sencillamente porque no eran conocidos como tales"9. Al plan de Castro le ayudó por otra parte el momento histórico de la aparición de su régimen. La insurrección que él dirigió había derrocado a una repudiada dictadura y llegaba al poder con una aureola de heroísmo, más o menos fabricada. Ello le confirió al comienzo un crédito inicial de apoyo popular que le permitió investir de legitimidad sus más autoritarias primeras medidas. Tuvo asimismo tiempo para ir erigiendo y perfeccionando las otras piezas de su dictadura.

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Publicado en Revolución, 2 de diciembre de 1961, p. 1 Informe Central, op. cit. p. 5

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Parecía en todo caso necesario solidificar el prestigio del líder y para ello el plan previó una etapa de seducción que podía llegar al engaño. Con la vista puesta en los estratos bajos y medios de la sociedad el Máximo Líder se apresuró a ofrecer toda una cornucopia de beneficios: aumentos de salarios, rebajas de alquileres y tarifas de servicios públicos, reforma agraria, nuevas oportunidades de empleo, etc. Los beneficios a menudo se entremezclaban con engaños (ideario humanista, respeto a las libertades públicas, elecciones en 18 meses, fundación de mil nuevos pueblos, construcción de 10.000 escuelas, conversión de la Ciénaga de Zapata en el granero nacional, etc.) y también con las primeras medidas de la agenda oculta que presagiaban cambios mayores y provocaron la aparición de los primeros movimientos de oposición. Nada ilustra mejor el elemento de utopía y artificio que latía en el fondo del plan castrista que las promesas de prosperidad que dirigía a la clase obrera. Algunas fueron de inmediata efectividad, otras aludían a un porvenir de increíble prosperidad. En una famosa asamblea sindical celebrada en noviembre de 1961, Castro aseguró a sus crédulos oyentes que en 20 años Rusia estaría produciendo el doble que todos los países capitalistas juntos10. El entusiasmo disipó los temores del sector trabajo y ensanchó su base popular. Algo más tarde cuando las ilusiones se habían agotado, Castro se apresuró a asegurar a la clase obrera que nunca le faltarían artículos de primera necesidad11. Hasta aquí el objetivo principal de esta fase del plan no fue lograr la aceptación de una doctrina que todos fingían repudiar a la sazón, sino congraciar al pueblo con los nuevos dirigentes. Para mayor seguridad se impregnó el ambiente con lemas y consignas de patriotería exaltada, nacionalismo furibundo y llamamientos antiimperialistas. Castro sabía también que para perpetuarse en el poder no bastaba con la opresión pura. Ideó entonces un esquema más complejo en el que la subyugación política impuesta desde arriba se combinaba con la dependencia económica

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Revolución, 29 de noviembre de 1961, pp. 7 y 8 Fidel Castro, Always Determined, Always Ready to Make Sacrifices. (La Habana Editorial en Marcha, 1967)

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requerida desde abajo. Había leído 347 páginas de El Capital y constatado en otros libros su íntima afinidad con los fundamentos ideológicos del marxismoleninismo. ¿Dónde encontrar mejor esa doble condición de opresión y servicio que en el modelo soviético del socialismo científico? Era sólo en ese modelo, que además de supuestamente científico era totalitario, donde mejor que en ningún otro podía Castro satisfacer en 1959 su pretensión de poder vitalicio. Los regímenes totalitarios han probado ser inmunes inter alia a la miseria como causa posible de crisis. Recuérdese que ese sistema sucumbió en Alemania e Italia no por razones internas sino al fragor de la derrota de esos países en la Segunda Guerra Mundial y que en la Unión Soviética se desplomó tras 72 años de vida por haber sido horadado su carácter hermético por el glasnost y la perestroika. Mantenido en su pureza originaria y dirigido con el mayor autoritarismo por un hombre capaz y sin escrúpulos, como es el caso en estudio, el sistema totalitario cum dictadura caudillista provee una de las claves más plausibles de la singular prolongación del régimen de Castro. Tiene que ser, sin embargo, un totalitarismo auténtico, es decir encarnado en un Estado que por definición absorbe, potencial o realmente, todos los derechos y sea por ello intrínsecamente contrario a los derechos individuales, a las garantías sociales y a cuantos más derechos humanos signifiquen una disminución de sus prerrogativas. Debería asimismo basarse en una ideología exportable para estar a la altura de las ambiciones del líder y no estar condenado a vivir en sus propias fronteras. Fue así como el 16 de abril de 1961 Castro procedió a instalar a Cuba en el campo socialista y pudo así de un solo golpe empuñar el cetro de la dictadura, obtener el apoyo de la Unión Soviética y el campo socialista e impregnar de substancia su política de odio contra los EU. Otro aspecto primordial del plan era aplicar desde temprano aquellos aspectos del marxismo que se referían a la destrucción del viejo orden burgués y el fomento del odio a los ricos, ya sean personas o países. En poco menos de tres años Castro y sus colegas hicieron añicos al Estado republicano y dedicaron tiempo y esfuerzos a agudizar la contraposición de intereses y fomentar la lucha de clases. Utilizando una retórica decimonónica, Castro no se cansaba de lanzar desde la tribuna un mensaje de amenazas contra "los enemigos del pueblo" y de insuflar nuevos impulsos a las teorías catastróficas cien años

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atrás formuladas por Marx. Juntos Castro y el sistema formaron un tandem de casi perfecta conjugación. El marxismo encontró en el dictador cubano un eficaz instrumento de sus planes de dominación mundial. Castro halló en el comunismo el agente emocional que agita y conmueve a los que se entregan a su causa, a los que desean dar rienda suelta al odio y el resentimiento arremetiendo incluso contra los valores occidentales y cristianos que prevalecían en el país.

POSTULANDO UNA TESIS La hipótesis del plan totalitario concebido y ejecutado por Fidel Castro y su camarilla para imponer al pueblo cubano una dictadura vitalicia y dinástica, requiere ahora su confirmación por la historia. Dicha hipótesis incluye el razonamiento de que para alcanzar tan ambiciosos objetivos sus autores tuvieron necesidad de acudir a medidas extremas de persecución, violencia y vulneración de los derechos humanos. Castro siguió aquí también el consejo maquiavélico: “Preocúpese, pues el Príncipe de mantener y salvar la existencia del Estado y los medios de que se valiere serán siempre considerados valiosos”12. Robustecido este consejo por la filosofía materialista de Marx y por la táctica leninista de combinar medios de lucha legales e ilegales ("Todas las estratagemas, astucias y procedimientos legales o ilegales")13 no es difícil comprender el curso seguido por una revolución que se define a sí misma con la discordante fórmula de ser martiana y marxista- leninista. Corroborar, sin embargo, la tesis que en este capítulo se presenta requiere pasar el test de la historia, de una historia que llegue hasta el fondo del respeto o violación de los derechos humanos. No es una tarea fácil. El régimen ha procurado siempre cubrir con una espesa niebla de desinformación y propaganda la realidad de lo acontecido. No le es

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N. Maquiavelo, El Príncipe (Buenos Aires: El Atenero, 1952), cap. VII I.Lenin, La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo en Obras escogidas (Moscú: Editorial Progreso, sf), p. 565

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dable, sin embargo, borrar todas las huellas que ha ido dejando una dictadura que se acerca ya al medio siglo de existencia. Siempre quedan vestigios de lo hecho y de lo dicho en tan largo período. Al retrazar ahora ese itinerario, al pasar revista a los acontecimientos más descollantes, saldrán a relucir esas huellas. Ellas son las señales objetivas e imborrables del curso seguido por la dictadura de Castro. Sólo el examen de esas marcas podrá arrojar luz sobre el rumbo seguido y discernir cual es la realidad del Gobierno Socialista de Cuba. No será pues con retórica o apelando a la dialéctica sino con el registro de sus propios pasos que se podrá saber sin dudas si el régimen de Castro es una dictadura consensual o una descarnada autocracia totalitaria.

CAPÍTULO III UN ESTRENO SANGRIENTO

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LOS FUSILAMIENTOS Jueves primero de enero de 1959. Las órdenes se trasmitieron con la mayor celeridad. No se sabe con exactitud cuántas fueron las víctimas ni se tuvo el cuidado de registrar sus nombres. Una cosa es cierta: ni el dictador depuesto, Fulgencio Batista, ni ninguno de sus principales colaboradores, ni ninguno de los más connotados sicarios, fueron ejecutados. Tampoco se tienen noticias fidedignas sobre quienes dispusieron los fusilamientos. Los indicios apuntan a Raúl Castro, Ernesto Guevara, Ramiro Valdés y el Comandante René Rodríguez. Pero no es probable que actuaran sin el consentimiento expreso o tácito del jefe máximo. Se sabe que cuatro días antes del fin de la guerra civil, Fidel Castro advirtió a un grupo de oficiales y soldados que no podía haber perdón ni misericordia con los culpables.1 Y fue en el mismo día del triunfo de la revolución cuando se cavaron en las Lomas de San Juan, muy cerca de Santiago de Cuba, las primeras zanjas para enterrar a las víctimas de fusilamientos masivos En esos primeros días de júbilo en que los barcos tocaban sus sirenas y las iglesias repicaban sus campanas, los cubanos vieron asomar también el lado sombrío y engañoso de la revolución. Se sucedían los hechos de sangre y se daba paso al clamor de venganza. La prensa de esos primeros días daba cuenta de militares hallados muertos, de esbirros asesinados, de gente que huía. El 2 de enero Guevara ordenaba la ejecución sin previo juicio de varios militares en Santa Clara; por esos mismos días se fusilaba sin proceso a otros militares en Pinar del Río, Guantánamo, Matanzas y Camagüey. Se tuvo especial interés en difundir la noticia de algunas ejecuciones. Tal parecía que los revolucionarios se complacían en ignorar la Convención III de Ginebra que protege a los prisioneros de guerra, incluyendo a los de una guerra civil. Se fusilaba en cualquier lugar: al descampado, en fortalezas o recintos del G2. Un solo pelotón a las órdenes del capitán Hernán F. Marks fusiló a más de 70 personas. El 12 de enero fueron fusilados en el campo de tiro del valle de San Juan en

1 Húber Matos, Cómo llegó la noche. Memorias (Barcelona: Tusquets Editores, 2002), p. 267

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Santiago de Cuba el mayor número de personas en un solo día y en el mismo lugar. Las víctimas habían sido alineadas a lo largo de una zanja de más de 40 metros y su fusilamiento fue ordenado por el Comandante Raúl Castro.2 Unas semanas después, el 24 de febrero, Fidel Castro anunció que se aplicaría la pena de muerte a los que traicionaran la revolución. Siguió después defendiendo las ejecuciones y no fue sino el siete de mayo que anunció que el número de fusilamientos iba a disminuir. Se anunciaba así el propósito de emprender el camino de la violencia para alcanzar en su día el poder total. El trasfondo de odio que esos hechos y advertencias revelaban no era por cierto ajeno a la personalidad de Castro; en realidad venía de lejos, de la época en que el Máximo Líder pertenecía a la Unión Insurreccional Revolucionaria y compartía con esa organización y su jefe, Emilio Tro, la misión de "mantenerse como centinelas de una supuesta revolución y ejecutar a todos los que representaran un peligro para ella."3 Provenía también del espíritu frío, acerado e implacable de Ernesto Guevara: "¿Pero quién le habrá dicho a esta gente que las revoluciones se hacen fusilando solamente a los culpables?" Las órdenes repercutieron en otras jurisdicciones y sus efectos forman una página negra de la historia de Cuba: miembros del ejército derrotado y supuestos esbirros e informantes habían sido ejecutados sin juicio apenas unas horas después del triunfo de las guerrillas. ¿Eran verdaderamente criminales de guerra los militares fusilados? ¿Se había probado la complicidad de los otros que tras su ejecución fueron enterrados en zanjas abiertas por "bulldozers"? Poca importancia se dio a esos tecnicismos legales. ¿Acaso no había dicho el ideólogo oculto de la revolución que la violencia era la partera de la historia? ¿Y no fueron aún más explícitas las palabras de Lenin: "La sustitución del Estado burgués por el Estado Proletario es imposible sin una revolución violenta"?4

2 Leovigildo Ruiz, Diario de una traición (Miami: Florida Typesetting of Miami Inc., 1965), p. 29 3 Luis Ortega, "Las raíces del castrismo". Encuentro de la cultura cubana (Madrid, primavera de 2002), no. 24, p. 321. UIR era uno de los grupos de acción que en los años 1946-50 no vacilaban en suprimir físicamente a sus adversarios 4 V.I. Lenin. El Estado y la revolución, en Obras escogidas (Moscú Editorial Progreso, sf), p. 287

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Se había abierto una nueva era de la política cubana y su inicio se quiso impactar con sangre. A los fusilados sin juicio siguieron los ejecutados sumariamente en procesos amañados que no ofrecían las garantías necesarias para la defensa. Tres fiscales revolucionarios, Juan Escalona, Carlos Amat y Fernando Flores Ibarra, competían en la tarea de enviar cubanos al paredón de fusilamiento. Contaron con la colaboración de numerosos denunciantes y testigos cuyos bajos instintos habían sido avivados por la retórica agresiva que venía de lo alto. El 21 de enero una gigantesca multitud al borde de la psicosis aprobó los fusilamientos gritando "¡Paredón, Paredón, Paredón!". Gritos aún más macabros se escucharían en otros foros y todavía resonaban en Santa Clara en 1960 con motivo del juicio que condenó a muerte al Comandante Plinio Prieto. El 1º de mayo de 1959, carteles y pancartas pedían fusilamiento para contrarrevolucionarios y conspiradores. Gran transmisor de odio, Castro había ya advertido que una parte del pueblo mostraba ser buena receptora del mensaje. Triste y ominosa señal de un pueblo que así condonaba la abominable práctica de las ejecuciones extrajudiciales o dispuestas en juicios arbitrarios. Entre el frenesí revolucionario y el paroxismo del pueblo, algunos observadores sagaces percibieron tres líneas directrices. En primer lugar se estaba queriendo instaurar un clima de terror que facilitara la adopción de las drásticas medidas que se tenían en cartera. La conspiración y el terror, ya se sabe, son elementos importantes en la captura del poder por los comunistas.5 El hecho de que muchos fusilamientos se efectuaban en público e incluso se transmitían por televisión parece dar crédito a esa interpretación. El juicio del Coronel Sosa Blanco en La Habana y la ejecución del Coronel García Olayón en Santa Clara se efectuaron ante cámaras de cine y televisión. Castro quería, al parecer, soliviantar a la población civil contra las fuerzas armadas. Más tarde se advertiría que esos hechos formaban parte de un plan más vasto dirigido a

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Véase León Trotsky, "The Art of Insurrection" en History of the Russian Revolution (New York: Pathfinder, 1992) vol. 3, pp. 169 y 172

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hacer tabla rasa con el pasado republicano de Cuba. Además de los fusilamientos, Castro esgrimiría el mito de los 20.000 muertos de la época de Batista para tratar de justificar sus medidas extremas. Por el momento, lo importante era establecer una autoridad capaz de atemorizar posibles opositores. Así comenzó el terror rojo de Lenin y así estrenó Castro su poder. En segundo lugar, el hecho de que fueran muchos los fusilados sin previa condena hacía saber al pueblo que había dejado de existir el Estado de Derecho. Esta percepción se hizo aún más evidente en marzo de 1959 cuando Castro anuló la sentencia absolutoria dictada por el tribunal militar que juzgó a los aviadores acusados de haber ametrallado a la población civil.6 Otras sentencias firmes y absolutorias de esos primeros meses de la revolución fueron revocadas y dieron lugar al fusilamiento de los acusados. El principio de la legalidad comenzó a esfumarse ante el furor desatado por la revolución. En tercer lugar, Castro estaba siendo consecuente con el ya citado grupo de acción revolucionaria en el cual se había forjado antes de 1959. La Unión Insurreccional Revolucionaria a la que había pertenecido en los años 40 "creía febrilmente en la violencia como método de lucha".7 Es interesante observar que hacia fines de octubre cuando parecía instaurarse una cierta normalidad en los juicios, el gobierno procedió a restablecer los Tribunales Revolucionarios. Todavía el 20 de diciembre la prensa informaba que se habían ejecutado dos ex - oficiales del ejército y pocos días después se daba cuenta de haberse ratificado la pena de muerte de otros dos ex - militares.

EL SALDO FATÍDICO DE LOS PRIMEROS MESES DE LA REVOLUCIÓN Son abundantes las versiones relativas al número de muertos en esta fase ini-

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Véase infra p. 57 y Lucas Morán, La revolución cubana (Ponce, P.R.: Imprenta Universitaria, 1980) 7 Véase Ortega, op. cit. p. 321

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cial de la revolución. Quienes primero escribieron bajo la impresión de lo acontecido ofrecen las cifras más elevadas (5.000 muertos en los primeros 30 días según la versión de un político exiliado).8 Otros datos más mesurados provienen de observadores extranjeros. Según Jules Dubois sólo en Santiago se ejecutaron 71 soldados y policías en los primeros días.9 Ruby Hart Phillips afirma que Raúl Castro fusiló 250 personas en esos mismos primeros días.10 En forma más cautelosa Paul Bethel habla de centenares de ejecuciones entre el 1º y el 21 de enero de 1959.11 Para este mismo período Hugh Thomas ofrece la cifra de 250 fusilados.12 Por su parte Daniel James fija en 400 los fusilamientos de los tres primeros meses de la revolución.13 Según un sacerdote católico vasco, el Padre Iñaki de Aspiazú, "que investigó el tema con profundidad", el número de víctimas de esta etapa del Paredón pudo ascender a 700.14 El propio Castro admitió que 550 batistianos habían sido sumariamente ejecutados en 195915 y las cifras atribuidas a Guevara son aún mayores. Entre el 4 de enero de 1959 y el 21 de noviembre del mismo año, es decir, durante el período en que Guevara fue jefe militar de La Cabaña, hubo según Luis Ortega, 1.892 fusilamientos en los paredones de esa fortaleza.16 Por su parte, el Comandante del Ejército Rebelde Húber Matos dice en sus Memorias que en tres o cuatro días de enero más de 200 militares y civiles implicados en hechos criminales fueron fusilados en Santiago de Cuba.17

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Véase, por ejemplo, Santiago Rey, Mirando a Cuba (México D.F: Editorial del Caribe, 1959), p. 36 Jules Dubois, Fidel Castro, Rebel, Liberator or Dictator (Indianapolis: The Bobbs Merril, Co., 1959) 10 R. Hart Phillips, The Cuban Dilemma (New York: Y. Obolensky, 1962), p. 23 11 Paul D. Bethel, The Losers (New Rochelle, New York: Arlington House, 1969), p. 110 12 Hugh Thomas, Historia contemporánea de Cuba (Barcelona: Ediciones Grijalbo, 1982) 13 Daniel James, Cuba: The First Soviet Satellite in the Americas (New York: Avon Book Division, 1961), p. 120 14 Citado en Leo Huberman, Anatomy of a Revolution (New York: Monthly Review Press, 1960), p. 70 15 Citado por Tad Szulc, Fidel. A Critical Portrait (New York: William Morrow, 1986), p. 483 16 Luis Ortega. ¡Yo el Che! (Miami, 1973) p. 185 y Jorge G. Castañeda, Compañero. Vida y muerte del Che Guevara (New York: Vintage en Español, 1997) p. 186 17 Húber Matos. Cómo llegó la noche. Memorias, op. cit., p. 301 9

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A los fusilamientos masivos de los "batistianos", siguieron los fusilamientos recurrentes de los que el régimen calificaba de "contrarrevolucionarios", es decir de cuantos osaban oponerse a la desviación hacia el totalitarismo comunista de una revolución que había sido democrática en sus orígenes. Perdieron aquí sus vidas tres antiguos comandantes del Ejército Rebelde (Humberto Sorí, William Morgan y Plinio Prieto) y varios capitanes, clases y soldados de ese mismo ejército, jóvenes cristianos que luchaban contra el materialismo y la irreligiosidad, militantes de grupos clandestinos que buscaban recuperar la índole democrática de la revolución, humildes campesinos participantes en la guerra olvidada del Escambray, sindicalistas decepcionados, mujeres dignas, algunas incluso embarazadas, e innumerables cubanos anónimos opuestos a la imposición de otra dictadura. No hay día del calendario en que no sea posible conmemorar la ejecución en esa fecha de uno o varios cubanos. No hay pueblo de la isla que no haya hecho su contribución a esa interminable vendimia de sangre. Los primeros meses del régimen de Castro presentan pues un cuadro de ejecuciones extrajudiciales y de fusilados en juicio sumarios, amañados y arbitrarios que ninguna circunstancia revolucionaria o política puede justificar. Castro estrenó su revolución violando el más preciado de todos los derechos, el derecho a la vida, consagrado en el artículo 3 de la Declaración y garantizado en otros varios instrumentos internacionales incluyendo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que lo califica de inherente a la persona humana. En 1980 el Sexto Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente condenó la práctica de ejecuciones de oponentes políticos o de presuntos delincuentes cometida por fuerzas armadas, instituciones encargadas de la aplicación de la ley u otros organismos gubernamentales.

LA CONSTITUCIÓN SOCIALISTA Y LA PENA DE MUERTE No menos de doce constituciones de América Latina [Argentina, Brasil (salvo en caso de guerra), Colombia, Ecuador, El Salvador (salvo en caso de guerra), Honduras, México (con especial referencia a los delitos políticos), Panamá, Paraguay, Perú (salvo en casos de traición y terrorismo), República Dominicana, Uruguay y Venezuela] prohíben de modo expreso la aplicación

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de la pena de muerte. En 1998 Amnesty International informaba que sumaban ya 104 los países que habían eliminado la pena de muerte. Tampoco fue ajena a esa corriente abolicionista la Constitución cubana de 1940 que en su artículo 25 categóricamente dispuso que no se podía aplicar la pena de muerte. Exceptuó sólo dos casos: el de los miembros de las fuerzas armadas por delitos de carácter militar y las personas declaradas culpables de traición o de espionaje a favor del enemigo en tiempo de guerra con nación extranjera. Algunos constituyentes propusieron la supresión sin excepciones de la pena capital.18 En todas partes se ha ido así abriendo paso la convicción de que la vida humana es inviolable. Los días de brujas quemadas en la hoguera, de herejes decapitados y de fusilamientos masivos de opositores políticos han ido quedando atrás, al menos en los países más civilizados. La imposición de la pena de muerte es un fenómeno cada vez más excepcional. En casi ningún país occidental se ejecuta hoy a persona alguna por delitos políticos. ¿Y qué se establece a este respecto en la Constitución Socialista de Cuba? Pues absolutamente nada. Guarda silencio el capítulo relativo a los derechos y garantías fundamentales y nada se dice en los otros capítulos. Toda la retórica altisonante del preámbulo y de los primeros artículos se esfuma al tratar de la garantía máxima del ser humano. Quince de los primeros 28 artículos consagran derechos del Estado pero olvidan toda referencia al individuo. La Asamblea Nacional del Poder Popular que promulgó la reforma constitucional de 1992 reafirmó el silencio de la Constitución de 1976. Ambos textos evitaron pronunciarse sobre la pena de muerte por la sencilla razón de que ella se había estado aplicando desde 1959 y habría de seguir aplicándose después.

LA NUNCA OLVIDADA PENA CAPITAL Aunque en los años posteriores al primer decenio de la revolución se oyó

18 Véase Néstor Carbonell Cortina, Grandes debates de la Constitución Cubana de 1940 (Miami: Ediciones Universal, 2001), pp. 123-135

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hablar menos de los fusilamientos, ello no significa que la pena de muerte dejó de aplicarse. Cierto que el número de los oficialmente ejecutados fue disminuyendo a medida que el gobierno eliminaba por fusilamiento, encarcelamiento, destierro o amedrentamiento a sus más tenaces opositores. Largos años de una de las dictaduras más férreas que conoce la historia aminoraron el recurso a la pena máxima. Mas en modo alguno ésta ha desaparecido. Por el contrario, la pena de muerte ha encontrado siempre reconocimiento y apoyo en la legislación revolucionaria. A lo largo de los años procuró expandir su campo de aplicación y hacer más expeditos los procedimientos correspondientes. El 7 de julio de 1959, por ejemplo, el Gobierno Revolucionario aprobó la Ley número 425 autorizando la imposición de la pena de muerte a las personas que para cometer algunos de los delitos políticos configurados en el Código de Defensa Social desembarquen en el territorio nacional para cometer algunos de esos delitos, a los que tripularen o viajaren a bordo de aeronaves que volaren sobre el territorio nacional con fines contrarrevolucionarios o para alarmar o confundir a la población o realizar cualquier agresión a la economía nacional que signifique riesgo para la vida humana. Dos años más tarde la Ley 998 del 27 de noviembre de 1961 eliminaba la condición de poner en riesgo la vida humana y establecía la pena de muerte con respecto a una amplia gama de delitos contrarrevolucionarios, incluyendo sabotaje, incendios, estragos e infiltraciones desde el extranjero. Cuarenta años después, el vigente Código Penal y la Ley contra los Actos de Terrorismo (Ley No. 93 del 20 de diciembre del 2001) prescriben la pena de muerte para 22 delitos políticos y comunes, la mayoría de ellos relativos a la Seguridad del Estado. El Código incluye por cierto curiosidades por el estilo de la siguiente: mientras la pena establecida para el homicidio común es de siete a 15 años, la de matar a una res es de ocho a 21 años. A fines de 1960 un juicio sumario del cual nunca se hicieron públicas sus actuaciones condenó a muerte a tres empleados de la Compañía Cubana de Electricidad, acusados de ser responsables de la explosión de cinco instalaciones eléctricas de esa empresa. Ejecutados el 18 de enero de 1961, la muerte de Guillermo Le Santé, Orlirio Menéndez y Julio Casiellas, ponía de relieve hasta qué punto seguía siendo implacable la aplicación de la pena capital. Tristemente, 600 compañeros de trabajo de las tres víctimas habían publicado en el periódico Revolución un manifiesto condenando el sabotaje y pidiendo

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un castigo ejemplar para sus autores. Los fusilamientos de enero de 1961 hicieron saber al movimiento obrero que Castro no iba a tener compasión alguna con sus dirigentes. Un libro publicado en 1985 ofrece los nombres de otros 32 sindicalistas que ofrendaron sus vidas frente al pelotón de fusilamiento o en las cárceles comunistas.19 Dos años antes, en 1983 cinco trabajadores fueron condenados a muerte por querer organizar un sindicato independiente en la industria azucarera. Fue la intervención de la Organización Internacional del Trabajo y la publicación de la noticia en el periódico Le Monde lo que salvó in extremis la vida de esos condenados. Dato curioso: a los líderes sindicales de mayor envergadura no se les fusilaba sino se les encarcelaba, como le sucedió a Francisco Aguirre sentenciado a prisión en 1959 y muerto en ella de desnutrición y falta de asistencia médica. Solo entre el episodio de Playa Girón y la crisis de los cohetes, es decir en 1961 y 1962, los avatares de la Cuba revolucionaria entrañaron un elevado rastro de sangre. Enrique Ros sostiene que la represión gubernamental de los actos de rebeldía de esos años costó la vida a más de 500 cubanos.20 Juan Clark señala que 400 guerrilleros y sus colaboradores murieron en la lucha desatada por las guerrillas campesinas del Escambray. El propio autor dice que centenares de cubanos fueron condenados a muerte en los sucesos protagonizados en agosto de 1962 por el Frente Anticomunista de Liberación que contó con el apoyo de oficiales y soldados del Ejército Rebelde.21 En una forma u otra, Castro fue así poniendo en ejecución su propia visión de "la jefatura implacable" y "la guerra total" que algunos detectan ya en sus cartas desde el Presidio de Isla de Pinos en 1955.22 Siete años después ya era

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Rodolfo Riesgo, Cuba: el movimiento obrero y su entorno sociopolítico (Caracas: Saeta Ediciones, 1985), p. 141 20 Enrique Ros, De Girón a la crisis de los cohetes (Miami: Ediciones Universal, 1995), p. 189 21 Juan Clark, Cuba: Mito y Realidad, op. cit., pp. 105, 152, 156 22 Véase Luis Ortega, "Las raíces del castrismo" en Diez años de revolución cubana (San Juan, P.R.: Editorial San Juan, 1979), pp. 156 y 167

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posible hablar de un "terror rojo", el terror comunista, que Castro había previsto y que ese mismo año de 1962 tuvo una violenta escenificación poco conocida en la ciudad de Cárdenas.23 En 1986 Amnesty Internacional hablaba de centenares de cubanos enviados al pelotón de fusilamiento

UN NUEVO CICLO DE EJECUCIONES En 1989 se abre otro ciclo de intensificación del recurso despiadado a los fusilamientos. Para combatir la oposición el gobierno siguió siempre la más severa estrategia, pero las ejecuciones de índole política se reservaron para los tiempos de crisis. Y fue en ese año que el régimen sintiéndose amenazado por los sucesos de Tienamen y la posible introducción de reformas a la glasnot y perestroika volvió a incrementar su cuota de sangre. Al General Ochoa y a sus compañeros se les imputaron delitos relativos al tráfico de drogas pero lo que en realidad latía en el fondo de las causas 1 y 2 de ese año fue el temor a un resquebrajamiento del régimen causado por la orientación reformista de quien ostentaba el título de Héroe de la Revolución.24 Volvieron a aparecer nombres siniestros como los de Juan Escalona y Fernando Flores Ibarra y surgieron otros nuevos como los de la Fiscal de Ciudad de La Habana Edelmira Pedris Yamar y la Fiscal Provisional Osiris Martínez López así como los de los nuevos jefes de la Contrainteligencia. Proliferaron también los "dedos acusadores", es decir gente que por motivos personales denunciaban a funcionarios del gobierno. Según A. I. más de 300 personas fueron fusiladas en 1989-1990. Ochoa fue fusilado en un lugar apartado pero a su ejecución tuvieron que asistir un centenar de generales y un camarógrafo de las FAR filmó todos los detalles del acto. A principios de los 90 se dió mucha publicidad al fusilamiento de Eduardo Díaz Betancourt.

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Véase infra página 172 Véase Melvin Mañón y Juan Benemelis, Juicio a Fidel (Santo Domingo: Editorial Taller, 1990) 24

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En febrero de 1999, el gobierno anunció su propósito de ampliar la aplicación de la pena de muerte. Según la Unión Europea en los cuatro primeros meses de ese año se habían llevado a cabo siete ejecuciones de las cuales algunas se efectuaron con el máximo secreto. El informe de Amnesty International de ese mismo año dejó constancia de varios ejecutados o muertos por acción policial25 y el del año 2000 señalaba que 20 personas habían sido fusiladas y que otras 20 aguardaban ser ejecutadas. La propia organización emitió el 6 de marzo de 2000 un comunicado de prensa en el que se informaba que 15 personas habían sido ejecutadas en 1990 y que otras nueve estaban en capilla. El informe correspondiente al 2001 señalaba que veinte y ocho cubanos habían sido condenados a muerte.26 En proporción a la población total del país el número de condenados a muerte en Cuba en 1999 y 2000 fue más del doble que el de China y cerca de cinco veces superior al de Estados Unidos, según un informe de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. No son hechos fortuitos; sino manifestaciones de una política bien adentrada en la conciencia de los gobernantes. A principios de 1999, hablando ante 5.000 policías reunidos en el teatro Kart Marx de La Habana, lo había dicho Castro: "Albergo la esperanza de que nuestros jueces no vacilen en aplicar la pena de muerte".27 En abril del 2003, tres cubanos acusados de haberse apoderado de una lancha para escapar de la isla, Lorenzo Enrique Copello, Bárbaro Leodán Sevilla y Jorge Luis Martínez, fueron ejecutados. Una vez más volvía el horror del paredón con su cortejo de juicios sumarísimos y apelaciones que se resolvían el mismo día de la sentencia. Otros tres ya condenados a muerte, Humberto del Real, Otto Rodríguez y Raúl Cruz León, aguardan la hora fatal de su ejecución. Jueces y agentes de seguridad han al parecer asimilado la recomendación de Ernesto Guevara: "El odio implacable hacia el enemigo nos impulsa por encima y más allá de las limitaciones naturales del hombre y nos transforma en efectivas, violentas, selectivas y frías máquinas de matar"28.

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Amnesty International, Annual Report - Cuba (marzo de 2000) Idem, Report 2001, Cuba, p. 3 27 Dennis Rousseau y Corinne Cumerlato, La isla del Doctor Castro (Barcelona: Planeta, 2000), p. 182 28 Ernesto Guevara, Guerrilla Warfare (New York: Monthly Labor Review, 1961), pp. 17 y 18 26

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Es verdad que en otras revoluciones ha habido también un período inicial de exacerbación y terror, pero ello fue siempre un fenómeno temporal. La propia Revolución Francesa, que acuñó el término "gobierno por medio del terror", lo vivió sólo durante alrededor de un año y dio paso a la reacción termidoriana. La revolución rusa lo prolongó durante todos los años de Stalin pero ofreció después su "mea culpa" con las denuncias de Khruschev en el XX Congreso del Partido Comunista. Sólo en Cuba el terror latente o manifiesto, multiforme y recurrente, ha durado 47 años, ha seguido aplicando a discreción la pena de muerte y no ha presentado excusa o autocrítica de clase alguna. Los fusilamientos de 1959 fueron el anticipo de un nuevo sistema de gobierno llamado a alternar ejecuciones y cárceles con la propagación de un miedo difuso e interminable. Los fusilamientos de abril de 2003 pusieron una vez más de relieve el carácter inclemente de la revolución castrista, así como su costumbre de aplicar penas desproporcionadas. Los tres jóvenes ejecutados trataban desesperadamente de salir del país y para ello se apoderaron de una lancha de las que hacen la travesía de la bahía de La Habana. No usaron violencia ni causaron daños. Era además un delito imposible. Intentar el cruce del Estrecho de la Florida en una embarcación destinada a hacer los 15 minutos que toma ir de La Habana a Regla roza los límites de la ingenuidad. Castro, no obstante, ordenó que fueran fusilados, a fin de dar un escarmiento. Mas la pena resultó inútil: dos meses más tarde otros dos grupos de jóvenes intentaron escapar, uno desde Pinar del Río y otro desde Camagüey. Los primeros perecieron a manos de los guarda fronteras; los segundos fueron devueltos por los EU en una ignominiosa negociación que equivalía a reconocer la potestad del dictador de imponer diez años de cárcel a quienes ejercían un derecho consagrado en el artículo 13 de la DU. Prever la pena de muerte es en Cuba una política válida para todos los tiempos y presente en todos los foros. En 1998, por ejemplo, Italia presentó en la CDH un proyecto de resolución dirigido a la abolición de la pena de muerte con respecto a menores de 18 años y mujeres embarazadas. Veintiséis países votaron a favor de la resolución. Cuba se abstuvo.

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LA CONDUCCIÓN DE LOS JUICIOS Se podrá argüir que siempre a lo largo de la historia los vencidos sufren el rigor de los vencedores y los opositores corren el riesgo de ser enjuiciados. Sin embargo, tratándose de reos para los que se pide la pena de muerte, el mundo civilizado ha ido imponiendo un cierto número de requisitos de forma y de fondo a los que deben ajustarse los tribunales encargados de decidir sobre la vida o la muerte de un ser humano. En 1968 la Asamblea General de las Naciones Unidas invitó a los gobiernos a que aseguren los procedimientos legales más estrictos y las mayores garantías posibles a los acusados en caso de pena capital en los países donde existiera la pena de muerte. Aunque la pena capital no está todavía prohibida por el derecho internacional, la conveniencia de su abolición ha sido reafirmada con energía por diferentes órganos de las Naciones Unidas. Aún más, ella está excluida de la lista de castigos que puede imponer el Tribunal Penal Internacional, creado por el Tratado de Roma. El más elemental respeto a la Declaración Universal asimismo exigía que a esos cubanos acusados se les reconociera el derecho a que se presumiera su inocencia mientras no se probara su culpabilidad, a ser juzgados por tribunales independientes e imparciales, a que se observaran las garantías necesarias para su defensa, a que el juicio fuera público y a que no se les impusiera una pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito. Lo que ha sucedido en Cuba, sin embargo, a lo largo de 47 años, es cosa muy distinta de ese esquema de protección de los derechos humanos. Miles de cubanos han sido, en efecto, ejecutados por tribunales militares, revolucionarios o populares que no eran ni competentes, ni pertenecientes a un poder judicial independiente ni mucho menos imparciales. Sobre todo los de los primeros tiempos no eran verdaderos juicios sino pantomimas en las que predominaban el odio y la revancha.29 Desde el principio se estimuló la delación, se

29 Emilio A. Cosío, "Carta abierta al Comandante Húber Matos", El Nuevo Herald, 9 de junio de 2002, p. 14-A. Véase también Luis Fernández Caubí, Justicia y terror, (Miami: Ediciones Universal 1994), passim

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condenaba por rumores o en virtud de testimonios de oídas y más tarde el Código Penal previó un castigo para el incumplimiento del deber de denunciar. Reos de Estado condenados a penas de privación de libertad por un tribunal revolucionario y cuyos castigos habían sido ratificados por un tribunal de apelaciones, eran sometidos a un tercer tribunal de revisión que les condenaba a muerte. Casos específicos en que esto ocurrió pueden verse en Leovigildo Ruiz, op. cit., parte VI. La composición de los tribunales revolucionarios, militares y populares no podía ser más defectuosa pues a menudo incluía soldados rasos o ciudadanos de escasa o ninguna escolaridad. En los tribunales militares ocurría con frecuencia que los fiscales fueran de mayor graduación que los miembros del tribunal. Todavía en los años 70 se seguía aplicando la Ley Penal de Cuba en Armas de 1896 y aun ésta era muchas veces transgredida. Posteriormente se dispusieron algunas garantías pero éstas se incumplían en la práctica sobre todo en los plazos previstos para instrucción de cargos y ser asistido por un abogado. Cuando en la causa n° 1 de 1989, Patricio de La Guardia pudo al fin ver a su abogado (designado por el Minint), dicho letrado le dijo que su caso era indefendible y que él sentía vergüenza de tener que defenderle. En esa misma causa al General Ochoa se le impidió hacer una declaración final respondiendo a los cargos del fiscal. ¿Pueden considerarse independientes los tribunales cuando: 1) al principio se formaban con oficiales del llamado Ejército Rebelde que debían obediencia a los jefes de ese ejército; 2) una vez promulgada la Constitución Socialista los tribunales populares reciben instrucciones del Consejo de Estado y se hallan subordinados jerárquicamente a la Asamblea Nacional del Poder Popular;30 3) una de las atribuciones del Consejo de Estado es la de dar a las leyes vigentes, en caso necesario, "una interpretación general y obligatoria";31 4) los tri-

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Asamblea Nacional del Poder Popular, artículos 90 (h) y 121 de la Constitución Artículo 90, inciso ch

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bunales funcionan con jueces profesionales y jueces legos, escogidos estos últimos por la Asamblea Nacional del Poder Popular luego de ser aprobados por los órganos locales de gobierno; 5) La ley de Organización del Sistema Judicial de 13 de diciembre de 1978 señala que para ser Presidente de Sala, juez profesional o juez lego se exige el requisito de "tener integración revolucionaria activa"; 6) ningún juez goza de inamovilidad en el ejercicio de sus funciones; según la Constitución pueden ser revocados a discreción "por el órgano que los elige";32 y 7) conforme a la propia Constitución los jueces tienen la obligación de observar estrictamente la legalidad socialista33 y no pueden reconocer derecho o libertad alguno que vaya contra la existencia y fines del Estado Socialista.34 La abogacía, que es en todas partes una profesión liberal, sólo puede ejercerse en Cuba siendo miembro de un bufete colectivo. Existe una organización de bufetes colectivos en la que es necesario registrarse para ejercer la profesión, pero cuya admisión se limita a quienes reúnen las "condiciones morales" requeridas, expresión que se traduce en adhesión incondicional a la filosofía castrocomunista. La organización se encarga de asignar abogados a los bufetes. Comentando esa situación la Comisión de Derechos Humanos ha establecido que la independencia e imparcialidad del poder judicial se extiende a los abogados y asesores (Véase la Resolución No. 34 de 1996). ¿Pueden ser imparciales los tribunales que a lo largo de 46 años han sido creados al gusto del poder político y con el fin primordial de castigar de manera expeditiva a quienes el propio jefe de la revolución o sus colaboradores habían ya declarado culpables o habían sido víctimas de actos de repudio? Téngase además presente que la naturaleza de la judicatura cubana se halla reñida con los principios de inamovilidad y profesionalidad que son prerrequisitos de la imparcialidad.

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Artículo 126 Artículo 10 Artículo 62

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¿Eran públicos los juicios que a veces se celebraban en la noche y otras se detenía a las personas que deseaban presenciar el proceso? ¿Acaso se aseguraban "las garantías necesarias para la defensa", como quiere la Declaración, cuando los juicios seguían al principio un procedimiento verbal sumarísimo en el que se permitía la pena de muerte "por convicción", es decir, sin necesidad de practicar y apreciar las pruebas y sin apelación alguna. En la actualidad se dejan algunas constancias escritas pero los juicios siguen siendo de tipo inquisitivo y atribuyen valor especial a los informes de la policía política y a las deposiciones de los informantes. Contra los enemigos del sistema, alegan los castristas, la acusación constituye prueba y condena. A los acusados se les da, por lo general, la oportunidad de hacer sus descargos pero ello no pasa de ser una simple formalidad. En el sistema judicial cubano los abogados defensores no pueden ver a sus defendidos mientras esté en curso la investigación que puede durar meses o años. Ya no se producen enormidades del tipo de las que al comienzo ocurrieron cuando los abogados defensores eran castigados o condenados a prisión al final del proceso en el que ejercían su profesión,35 pero en 1997 el abogado defensor de Leonel Morejón fue multado al finalizar el juicio por haber hecho preguntas “políticamente irrelevantes”.36 En la mayor parte de los casos los abogados defensores, que provienen de los bufetes colectivos aprobados por el gobierno cumplen con su deber sólo de modo rutinario o para llenar las apariencias. Se ha atenuado la llamada dinámica de la muerte de los primeros tiempos según la cual en un mismo día se acusaba, condenaba y ejecutaba a una persona,37 pero no son muy distintos los juicios relámpagos que tienen lugar en la propia prisión y que fueron denunciados en 1998 por Amnesty Internacional.38 En vez de la presunción de inocencia consagrada en el artículo 11 de DU, lo que se presume cuando se trata de delitos contra la seguridad del Estada es la

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Duarte Oropesa, op. cit., Vol IV, p. 37 Amnesty Internacional, Annual Report 1997 - Cuba, p. 3 37 Véase Antonio García-Cresos, "Santa Clara, diciembre 1960: Tribunales en la noche", Encuentro de la Cultura Cubana (Madrid) n° 20, primavera de 2001, p. 186 38 Amnesty International. Annual Report 1998 - Cuba, p. 3 36

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culpabilidad del acusado. En vez de respetar el principio de cosa juzgada, la Ley de Procedimiento Penal da cabida a un procedimiento de revisión de la sentencia cada vez que hechos o circunstancias desconocidos por el tribunal en el momento de dictar sentencia o resolución hagan presumir la culpabilidad del acusado absuelto. Estas anomalías se aplican, dicho sea de paso, a todos los juicios criminales que reúnan las circunstancias citadas, y no sólo a aquellos en los que se pide la pena de muerte. Siguen siendo asimismo comunes los casos de inadecuada asistencia legal y de juicios que no respetan los patrones mínimos internacionales.39 Un informe reciente de Amnesty International habla del arresto de las personas que deseando asistir a un juicio estaban reunidas fuera del tribunal.40

EL JUICIO DE LOS AVIADORES El 13 de febrero de 1959 comenzó en Santiago de Cuba el juicio contra 43 miembros de la fuerza aérea cubana acusados de haber ametrallado a la población civil en la provincia de Oriente. Los aviadores y sus auxiliares iban a ser juzgados en la causa No. 127 de 1959, radicada por el delito de genocidio que, por cierto, no figuraba en el Código de Defensa Social. Aunque algunos habían sido arrestados el 4 de enero, a otros Castro les prometió clemencia ese mismo día en una reunión que tuvo lugar en la ciudad de Camagüey. El juicio se efectuó en las mismas condiciones tumultuarias que caracterizaron los procesos de los inicios de la revolución. Desempeñó en él un triste papel el oficial investigador y fiscal Antonio Cejas Sánchez quien recién llegado del exilio encarnaba el tipo de oportunista ansioso de escalar posiciones realizando las tareas más innobles. El tribunal tenía, en efecto, ante sí una peti-

39 Véase Cuba Report (Washington: U.S. Department of State, 2000), p. 27. Según Jorge G. Castañeda (Compañero.Vida y muerte del Che Guevara. op. cit., p. 180), "las ejecuciones (ordenadas por el Che) estaban desprovistas del proceso debido". 40 Amnesty International, Annual Report 1999 - Cuba, p. 3

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ción de muerte para la mayoría de los aviadores. Ningún crimen se pudo, no obstante, probar en el juicio y el 2 de marzo el tribunal militar presidido por el Comandante Félix Pena y constituido con otros dos oficiales del Ejército Rebelde acordó por unanimidad absolver a los acusados. Apenas enterado del fallo absolutorio, un Castro iracundo invalidó la sentencia y dispuso la celebración de otro juicio. En su comparecencia televisiva, el entonces Primer Ministro exacerbó aún más los ánimos del pueblo y dispuso que integraran el nuevo tribunal el siniestro Manuel Barbarroja Piñeiro y el Ministro de Defensa Augusto Martínez Sánchez, incondicional adlátere de Raúl Castro. Castro dejó entrever que al menos ocho aviadores debían ser ejecutados. La orden estuvo a punto de ser cumplimentada cuando el arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serante (que había salvado la vida de Castro al fracasar el asalto del Cuartel Moncada) se trasladó por avión a La Habana y le imploró a Castro que no se llevara a cabo el fusilamiento. El Máximo Líder finalmente accedió y el segundo tribunal condenó a 19 pilotos a 30 años de prisión con trabajos forzados, a otros 10 les impuso 20 años y de 2 a 6 años a 12 artilleros y mecánicos. ¿Por qué tenía Castro tanto empeño en fusilar a esos aviadores que en el peor de los casos eran prisioneros de guerra? Él sabía que eran simples militares de carrera que habían tal vez bombardeado formaciones rebeldes pero no poblaciones civiles. Para él era importante, no obstante, la continuación del desenfrenado derrame de sangre iniciado el primero de enero y dar muestra de la índole represiva e implacable de su gobierno. Pero hubo también, según algunos autores, una intencionalidad política dirigida a eliminar peligrosos adversarios potenciales. Los aviadores en cuestión pertenecían a una hornada de egresados de academias militares que Castro temía pudieran ubicarse en la oposición cuando él fuera revelando sus verdaderos objetivos. Dos consecuencias inmediatas tuvo el juicio de los aviadores: una fue el suicidio del pundonoroso Comandante Félix Pena escarnecido y humillado por el Comandante en jefe; la segunda se relaciona con otra triste actitud de una parte del pueblo cubano. Aguijoneado por las arengas de Castro, una turba enardecida intentó penetrar en la cárcel de Boniato para linchar a los aviadores. Al desafuero de un gobernante que ignoraba el valor de la cosa juzgada e imponía su arbitrio, se unía la reprobable conducta de una plebe que se deja-

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ba llevar por sus más bajos instintos. Que 43 cubanos que eran inocentes y así fueron declarados por un tribunal militar fueran condenados a largos años de cárcel y trabajos forzosos es un ultraje a los derechos humanos. Ellos fueron detenidos y presos en forma arbitraria y en flagrante violación de los artículos 9, 10 y 11 de la Declaración Universal. El hecho reiteraba además el mensaje trasmitido a opositores y disidentes el primero de enero, a saber, que en Cuba había dejado de existir el debido proceso de ley. Fue una acción que Castro tomó deliberadamente y en conexión con sus planes, desconociendo principios básicos del ordenamiento jurídico.

CUANTIFICANDO LAS VÍCTIMAS En una forma u otra, fusilados en virtud de sentencia o sin celebración de juicio alguno, eliminados físicamente por el aparato represivo judicial o muertos por agentes de la Seguridad del Estado, son muchos los cubanos que han perecido por orden directa o indirecta de Fidel Castro. A Castro se le ha acusado también de ordenar ejecuciones extrajudiciales en el extranjero como fueron, por ejemplo, el asesinato en Miami de Rolando Masferrer (su antiguo rival en las luchas prerrevolucionarias) y el del Comandante Aldo Vera en Puerto Rico. Aunque esas acusaciones no han podido ser corroboradas, hoy se sabe que sus tentáculos llegan lejos. El número total de ejecuciones judiciales o extrajudiciales es difícil si no imposible de determinar dado el velo de censura y desinformación que cubre la vida política del país. Hay además una cierta tendencia a exagerar el número de víctimas de las dictaduras y ello obliga a observar una cierta mesura al respecto. Varias organizaciones del exilio y ciudadanos particulares han hecho esfuerzos dirigidos a calcular cuantos cubanos han perdido sus vidas en las circunstancias antes expuestas. La cifra más elevada y probablemente exagerada (50.000 víctimas) fue ofrecida hace ya muchos años por un periodista cubano, y citada después como cálculo más genérico por un historiador

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cubano.41 Al cumplirse muchos años después 40 años de revolución, la Junta Patriótica Cubana estimaba en 12.486 el número de víctimas; por esa misma fecha la Fundación de Derechos Humanos elevaba a 18.000 el número de esas bajas. En 2002 Carlos Alberto Montaner fijaba en 16.000 los cubanos fusilados.42 Otro artículo reciente adelanta la cifra de 73.000 ejecutados o muertos por otros medios a causa de la política del régimen.43 El llamado Manto del Genocidio confeccionado por la FNCA y expuesto en varias ciudades del mundo se extiende por más de media milla de largo y lleva los nombres de unos 10.000 cubanos muertos por la dictadura.44 En el extranjero, algunos órganos de prensa estiman entre 15.000 y 20.000 los seres humanos ejecutados desde 1959, bien directamente por el régimen de Castro o muertos por la violencia de las brigadas castristas.45 Sin embargo estas informaciones no fueron acompañadas de una relación pormenorizada de los cubanos muertos en esas circunstancias. Esa deficiencia fue superada en 1993 cuando Esteban M. Beruvides dio a la publicidad una lista detallada con especificación de nombres y fechas de 5.000 cubanos eliminados físicamente por Castro. El autor advertía, sin embargo, que ese cómputo representaba no más de un 15 o 17 por ciento de los muertos en la lucha contra Castro.46 Otro cómputo individualizado y verificable hecho por Armando Lago arroja la cifra de 5.621 ejecuciones. Escépticos y simpatizantes de Castro pueden además contemplar en el libro de Beruvides las fotos de un buen número de esos infortunados desaparecidos. Este increíblemente elevado número de cubanos ejecutados por el régimen de Castro no es pues producto de la imaginación del exilio o la oposición interna de Cuba. Los grandes números aparecen también de modo indirecto y en

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José Domingo Cabús, Castro ante la historia (México: Editores Mexicanos Unidos, 1963), p. 260 y Duarte Oropesa, op. cit., tomo IV, p. 448 42 Carlos Alberto Montaner, "La desmoralización de los comunistas", El Nuevo Herald, 6 enero de 2002, p. 21-A 43 Andrés Rivero, "Elecciones en Cuba" Diario de las Américas, 4 de junio de 2002, p. 4 44 Véase Néstor Suárez Feliú, El rescate de una Nación (Miami: Fondo de Estudios de la FNCA,s.f.), p. 134. Otro estudio de la FNCA cita 12.5000 fusilados 45 Véase ABC, (Madrid), 12 de septiembre del 2003, p. 52 46 Esteban Beruvides, Cuba y sus mártires (Miami: Colonial Press, 1993)

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forma más bien jactanciosa en un libro publicado por el Gobierno de Cuba en 1989 (Ministerio del Interior, Las reglas del juego, 30 años. Historia de la Seguridad Cubana, La Habana: Polígrafo del Minint 1989). Dicho libro relata las actividades de unas 15 organizaciones anticastristas, 79 bandas guerrilleras del Escambray e incontables luchadores anticomunistas y menciona docenas de operaciones de contra insurgencia ejecutadas por la SE al costo de muchas vidas. Habla también de numerosas conspiraciones, sabotajes, infiltraciones e intentos de magnicidio: contiene asimismo las fotos de 461 cubanos apresados por la SE y reproduce 139 documentos (la mayoría incompletos) relativos a personas acusadas de delitos contra la integridad y seguridad del Estado. Aunque no se dice cuántos fueron fusilados y cuántos encarcelados, el hecho de que se les tilde de asesinos y agentes de la CIA y la eficacia que se atribuye al "carácter ofensivo y combativo" de la acción represiva, abren la puerta a las más lúgubres suposiciones. Las cifras pueden variar y también las bases que se tuvieron en cuenta para el cómputo, pero un hecho emerge de modo indudable: miles de cubanos fueron fusilados por el solo delito de haberse opuesto a la dictadura de Castro. Es cierto que al calor de las luchas políticas se producen enfrentamientos, acusaciones y juicios, pero es la propia Declaración la que pone la vida humana a resguardo de toda posible condena al prohibir "las penas crueles, inhumanas o degradantes" (artículo 5). Y es esa misma Declaración la que especifica las circunstancias que deben concurrir para que pueda condenarse a otras penas al acusado por un delito político. Cabeza indiscutida del gobierno revolucionario, Castro decidió apartarse en ambos puntos esenciales de la Declaración Universal. Estableció así un patrón de conducta que otros personeros del régimen se encargarían de seguir. En 1962, por ejemplo, se produjo el caso de la instalación de explosivos en el presidio de Isla de Pinos. Allí, en las cuatro circulares del penal se colocaron cargas de dinamita y TNT suficientes para volar todo el presidio.47 El propósito era simplemente aniquilar a los 6.000 presos políticos entonces recluidos en

47 Puede verse un relato pormenorizado de este hecho en Salvador E. Subirá, "Tres crisis". Encuentro de la Cultura Cubana, nº 20, op. cit., p. 206

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dicho penal en caso de que fuera a caer el régimen. La orden de esa incalificable tentativa de matanza fue dada por el Comandante William Gálvez.48 Otros actos de menosprecio al ser humano fueron matizando el curso posterior de la revolución. Uno de ellos reviste tales características de barbarie que casi se resiste uno a mencionarlo, a saber, la extracción de sangre de los reos poco antes de ser conducidos al paredón de fusilamiento. La práctica parece inconcebible, pero de ella dio testimonio el propio Castro (discurso pronunciado el 6 de febrero de 1961).49 El derecho a vivir era de poca importancia frente al ansia de poder de un hombre que a toda costa deseaba establecer una dictadura vitalicia de visos dinásticos.

EL FOSO DE LOS LAURELES De las seis fortalezas que España construyó en La Habana (Atarés, El Príncipe, La Fuerza. La Punta, El Morro y La Cabaña) fueron las dos últimas las que de modo más frecuente fueron utilizadas para el macabro rito de las ejecuciones.50 En los fosos del Morro fueron fusilados en 1959 muchos cubanos principalmente militares; tres años después 400 presos condenados en la causa conocida como del 30 de agosto fueron pasados por las armas en una sola noche. El Príncipe tuvo también su muy generosa cuota de presos políticos, pero en septiembre de 1972 un último contingente de ellos fue trasladado a La Cabaña. Situado en el populoso barrio de El Vedado y albergando miles de presos comunes, El Príncipe no se prestaba para ejecuciones frecuentes. La Cabaña era más bien conocida como prisión de tránsito en la que los reclusos menos infortunados eran al poco tiempo trasladados a Isla de Pinos o a cualquier otra cárcel y los más desdichados eran juzgados, condenados y fusilados en cuestión de horas o pocos días. Construida en 1763, el poder colonial utilizó su Foso de los Laureles para fusilar a cubanos insignes que lucharon por la

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Duarte Oropesa, op. cit., Vol. IV, p. 8 María Elena Cruz Varela, "La sangrienta saga del Comandante Castro". Revista Hispano Cubana, n° 16, mayo-septiembre 2003, p. 39 50 Otras fortalezas coloniales como la de San Severino en Matanzas también fueron usadas como prisión y lugar de fusilamiento 49

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libertad de su patria. Castro mancilló ese mismo suelo regado por la sangre de patriotas paras fusilar a otros cubanos que también se batían por la libertad. Los fusilamientos se efectuaban por lo general en la noche y seguían el mismo tenebroso ritual descrito en forma análoga en varias publicaciones.51 Eran tiempos de escalada represiva. Cientos de presos políticos cubanos dignos y valiosos eran conducidos al foso y atados a un poste se les colocaba frente a otros cubanos convertidos en verdugos. Era un rito macabro que se repitió con intolerable frecuencia a lo largo de 1959. En La Cabaña había muchos condenados a muerte, pero nadie sabía a ciencia cierta a cuál de ellos le iba a corresponder la noche fatídica. La incertidumbre sembraba el terror en las galeras, la escenificación imprimía visos de crueldad a las ejecuciones. Tras la angustia de la vigilia venía el pavor que causaba la aproximación del pelotón de fusilamiento. Hacia las once de la noche comenzaban a llegar los espectadores, gente morbosa que emulaba a las "tricoteuses" de la Revolución Francesa. Habían acogido el mensaje de odio de la revolución y hacia sus víctimas se dirigían las incitaciones a la burla y el escarnio. Se oían por último las descargas fatales y el tiro de gracia. Luego venía el silencio. Hasta sentir de nuevo el escalofrío de los pasos que se daban en la noche. En los fosos de La Cabaña, diría años después un historiador, la sangre corrió a raudales.52

LOS OTROS PASOS INICIALES DE LA DICTADURA La temprana implantación de un clima -siquiera sea incipiente- de terror no fue la única señal de que los planes de Castro apuntaban en dirección distinta

51 Véase por ejemplo, El presidio político en Cuba comunista. Testimonio (Caracas: ICOSOCV Ediciones, 1982 y Carlos Franqui, Vida, aventuras y desastres de un hombre llamado Fidel Castro (Barcelona: Editorial Planeta, 1988), p. 340 52 Enrique Ros, El Che Guevara, Mito y Realidad (Miami, Universal, 2002), p. 199

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a la de una democracia representativa. Casi coetáneamente con los primeros fusilamientos Castro suprimió la invocación a Dios de la Ley Constitucional y autorizó la publicación del periódico Hoy órgano oficial del Partido Comunista. Acto seguido fue asestando los primeros golpes a la propiedad privada, unos por vía de la reforma agraria, otros por medio de la recuperación de bienes malversados (práctica que fue expandiendo su alcance a casos de dudosa justificación) y aún otros por el camino de las intervenciones que el Ministerio del Trabajo decretaba en las empresas afectadas por conflictos provocados por los propios partidarios del régimen. Aunque estas acciones suscitaron ya ciertas sospechas, la insistente vehemencia con que el jefe máximo de la revolución negaba toda vinculación con el comunismo y se declaraba inspirado por ideas humanistas53 disiparon dudas y contribuyeron al afianzamiento del liderazgo revolucionario. Fue ese apoyo inicial el que facilitó la adopción de otras medidas que entrañaban restricciones a la libertad de expresión y anunciaban el propósito de exportar la revolución. Ni la incautación de varios periódicos, ni las expediciones armadas contra Panamá, República Dominicana y Nicaragua (solapadamente auspiciadas por el gobierno) hicieron mella en la base consensual que la revolución tuvo al comienzo. Se sucedieron, por otra parte, varios acontecimientos políticos capaces de provocar suspicacias: la dimisión forzosa del anticomunista Presidente Manuel Urrutia, la deserción del también disidente jefe de la Fuerza Aérea, Pedro Luis Díaz Lanz, la condena del Comandante Húber Matos tras su denuncia de la desviación hacia el comunismo del régimen y la gradual eliminación de los más prominentes ministros social demócratas (Agramonte, Ray, Pazos, López Fresquet y Oltuski). En otras circunstancias tales hechos hubieran servido para poner al descubierto la naturaleza del régimen y dado lugar a una adversa reacción popular. En Cuba, sin embargo, el pueblo había sido virtualmente hipnotizado por la retórica populista, las promesas democráticas, los vaticinios deslumbrantes y los repartos de beneficios que el nuevo régimen prodigaba.

53 Entre enero y mayo de 1959 Castro negó más de una docena de veces que tuviera nexos o afinidades con el comunismo. Véase Efrén Córdova, Castro and the Cuban Labor Movement (Lanhan, MD: University Press of America, 1987), passim)

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Y hubo más. Antes de que terminara el año y en lo que sería el centro vital de la revolución se producirían hechos particularmente significativos. Todos y cada uno de los dirigentes sindicales que en el X Congreso de la CTC (noviembre de 1959) se habían manifestado contrarios, a lo que entonces se llamaba la infiltración comunista, fueron uno por uno purgados por órdenes de Castro. El proceso comenzó en diciembre de 1959 y su fase crítica concluyó en junio del siguiente año. Desde los grupos anarquistas y trotskistas hasta la Juventud Obrera Católica y los sindicatos reformistas, todos sufrieron los furiosos embates del naciente régimen policiaco. El Máximo Líder encarceló al Secretario General de la CTC (David Salvador) y destituyó a los principales dirigentes de 1.490 sindicatos de los 2.490 existentes y de la mitad de las 34 federaciones de industria, muchos de los cuales terminaron asilados en embajadas o en el destierro.54 Toda esa vindicta la había llevado a cabo quien el 23 de noviembre de 1959 había declarado que el obrerismo tenía que ser “un ejemplo de armonía”. La conclusión de las purgas coincidió con la expropiación arbitraria de todas las grandes empresas que operaban en Cuba, ya fueran cubanas o extranjeras. De un golpe el 80 por ciento de la capacidad industrial instalada pasó a manos del gobierno.55 Apenas unos meses antes, en diciembre de 1959, Castro había declarado que “sólo un lunático pensaría en nacionalizar empresas cubanas” y un poco antes en septiembre de ese mismo año había asegurado a los empleadores que nada tenían que temer. Cumplidos dos años del triunfo de la revolución era ya claro que Castro había aprovechado su triunfo en la lucha contra Batista y el vacío político creado por la huida de éste para sustituir una dictadura por otra. Se hacía además evidente que el Maxímo Líder había engañado al pueblo cubano diciendo que no era comunista sino humanista. El fingimiento terminó el 16 de abril de 1961 cuando el propio Castro proclamó el carácter socialista del nuevo régimen. El espectáculo que comenzó en forma sangrienta y se continuó con una mascarada culminó con la creación de una férrea dictadura. 54

Robert Alexander, Organized Labor in Latin America (New York: The Free Press 1965), p. 170. Véase también del propio autor, A History of Organized Labor in Cuba (London: Praeger, 2002), p. 174 55 Bohemia (La Habana), no. 36, 6 de septiembre de 1960

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¿Era Castro comunista antes de 1959? ¿Ocultó él deliberadamente esa adhesión al pueblo? La cuestión suscitó dudas al comienzo pues fueron muchos los simpatizantes de la revolución que se esforzaron por encubrir su falsía. De nada valió que el propio Castro hiciera los reconocimientos que se mencionan en el capítulo anterior. Eran confesiones explícitas pero los criptosocialistas americanos y cubanos persistieron en el error. Abogaron incluso por la reconciliación y eximieron de paso a Castro de toda aviesa intención. Nunca se retractaron y algunos optaron por reciclarse formulando críticas en tono menor. Mas la historia les ha sido adversa. El desplome del imperio soviético permitió la apertura de muchos archivos que contenían informaciones secretas. Los de Alemania del Este, por ejemplo, facultaron a periodistas avisados para documentar primero los nexos de Castro con Lee Harvey Oswald, el asesino de Kennedy, y más tarde ofrecer los siguientes datos sobre las relaciones pre-1959 de Castro con el partido comunista: a) Un funcionario del Partido Socialista Unificado de Alemania del Este reveló que ya desde 1947 el PSP cubano estaba en contacto con Castro para organizar acciones comunes en la Universidad de La Habana. b) Antes de la salida de Castro hacia el exilio mexicano en 1955 hubo pactos entre él y la dirección del Partido Comunista de Cuba; y c) Durante todo el período de la lucha armada se mantuvieron estrechas relaciones entre Castro y el Partido.56 Esas y otras indicaciones que aparecerán más adelante muestran que la revolución cubana combinó en sus comienzos la sangre con el engaño.

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Véase Wolker Skierka, Fidel. La biografía definitiva del líder cubano (Madrid: Ediciones Martinez Roca, 2004), pp. 165 y 166

CAPÍTULO IV OTRAS HUELLAS DE SANGRE Y DE LUTO

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LOS MUERTOS EN PRISIÓN El derecho a la existencia ha sufrido otros quebrantos en la Cuba de Castro. Además de los muertos ante el pelotón de fusilamiento están los fallecidos durante la detención policial, los que perdieron la vida a causa del uso excesivo de la fuerza por los agentes de la Seguridad del Estado y sobre todo los que sufrieron violencia en las cárceles y perecieron a causa de ellas. El primer asesinato de un preso dentro del calabozo en que estaba detenido ocurrió el 14 de enero de 1959 y la víctima fue el ex -militar Anacleto Arencibia. Otra víctima de este tipo de eliminación física fue el Teniente José Castaño, antiguo jefe del Bureau de Represión de Actividades Comunistas, muerto a tiros en su celda el 6 de marzo de 1959. No se tienen cifras exactas del total de este segundo grupo de víctimas. Se sabe que fueron muchos y que fueron muy variadas las causas de esas muertes: golpizas, bayonetazos, machetazos, exposición brutal al trabajo forzoso, aplicación de la ley de fuga, falta de asistencia médica, desnutrición y maltratos físicos en general. Es difícil, no obstante, ofrecer pruebas concretas de esos hechos. Los certificados de defunción expedidos por los médicos de la cárcel y los informes de los alcaides ocultan por lo general las causas verdaderas de la defunción y la prensa oficial -la única- se abstiene de comentarlas. ¿Cómo reconocer por escrito que hubo presos por largo tiempo incomunicados o condenados a prisión que se hacinaban en celdas aisladas y sin luz en las que faltaban las más elementales condiciones de higiene? ¿Cómo dejar constancia de las violentas y humillantes golpeaduras que sin ninguna excusa acompañaban a las frecuentes requisas? ¿Cómo admitir que se dejó de prestar la asistencia médica necesaria? Pero si no se tienen cifras exactas de este otro grupo de fallecidos por oponerse a Castro, sí se dispone del testimonio que muchos ex-presos políticos han dado de compañeros suyos asesinados en prisión. Algunos testimonios refieren en detalle las circunstancias de los homicidios cometidos por los carcele-

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ros y los nombres de las víctimas.1 Otros testimonios son de tipo colectivo2 e incluyen datos de presos asesinados, presos muertos en huelga de hambre3, detenidos muertos a balazos por los custodios o por negligencia en los pabellones de castigo, y hasta de muertos por falta de atención médica4 o por vejez. Quince de las denuncias presentadas a la Comisión de Derechos Humanos (CDH) en 2002 se refieren a asesinatos de prisioneros políticos. Varios informes de Amnesty International corroboran lo antes dicho subrayando el uso de la violencia en las cárceles y sus trágicos resultados. Uno de esos informes señala que seis personas fueron muertas por el personal encargado de su custodia.5 Otro da cuenta de diez ciudadanos desarmados que también perecieron injustificadamente a manos de la policía.6 En otro caso de 1997 el detenido estaba esposado cuando pereció muerto a balazos.7 Todavía en los informes del 2000 y 2001 del Bureau of Democracy, Human Rights and Labor se da cuenta de muertos en prisión por falta de asistencia médica, por inadecuada nutrición o por disparos fatales.8 Algunos presos políticos murieron en huelgas de hambre incluyendo al líder estudiantil Pedro Luis Boitel, quien murió en el Castillo del Príncipe en mayo de 1972. Boitel había luchado contra la dictadura de Batista y se vio obligado a exiliarse en Venezuela. En 1959 regresó a Cuba lleno de ilusiones, mas

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Véase, por ejemplo, José Miguel Torres Calero, "A sangre fría"; Byron Miguel, "El primer día" y Lino B. Fernández, "Un médico en prisión" en Encuentro nº20, op. cit., pp. 190, 203 y 219.

2 Véase El presidio político en Cuba comunista, op. cit. Un solo capítulo de este libro (el 21) relata tres asesinatos. 3 Véase Angel Cuadra, Luces entre sombras (Miami: Ediciones Memorias, 2001). 4 Caso del líder sindical Francisco Aguirre. 5 Amnesty International, Annual Report 1998 - Cuba, pp. 3 y 4. 6 Idem, Annual Report, 1999 - Cuba, p. 4. 7 Idem, Annual Report 1997 - Cuba, p. 4. 8 Cuba Report, op. cit., p. 21 y Country Reports on Human Rights Practices - Cuba 2001, p. 4.

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enfrentado pronto a la nueva dictadura fue condenado a 10 años de prisión. En la cárcel sufrió maltratos y ante lo inútil de sus protestas inició una huelga de hambre. Al morir pesaba 96 libras y era "puro hueso y corazón". Su negativa a ingerir alimentos, que duró 53 días, fue en protesta por las torturas y asesinatos cometidos en la cárcel. Murió a los 41 años sin haber recibido atención médica. Las huelgas de hambre han sido particularmente frecuentes en el caso de presos "plantados" contra los que se ordenaban represalias. La revolución devoraba también a sus propios hijos. Además de los tres comandantes fusilados (William Morgan, Humberto Sorí y Plinio Prieto) otro (Víctor Mora) murió en el destierro tras sufrir nueve años de cárcel y la más conocida heroína del Moncada (Haydéee Santa-María) se suicidó precisamente un 26 de julio; igual decisión tomaron el ex -Presidente Oswaldo Dorticós, el ex -Ministro del Trabajo Augusto Martínez Sánchez, el Comandante Félix Pena y algún que otro personaje.

EL CRIMEN DE LA RASTRA En la malhadada invasión de Playa Girón en 1961 murieron más de un centenar de miembros de la Brigada 2506 y muchos más milicianos y soldados del Ejército Rebelde. Ellos murieron en combate, peleando unos contra otros con las armas en la mano. Muy distinto fue el caso de los nueve brigadistas que murieron asfixiados en la rastra que los conducía de Girón a La Habana. Formaban parte de un grupo de 147 prisioneros que bajo protesta y en contra de las advertencias de muchos testigos oculares fueron obligados a hacinarse en una rastra para el transporte de carne que tenía capacidad para conducir la mitad de ese número de personas. Al llegar a La Habana, nueve brigadistas habían muerto por falta de aire. Durante el trayecto habían pedido auxilio gritando y golpeando desesperadamente las puertas de la rastra. Nadie les hizo caso y así llegaron los nueve cadáveres y otros muchos al borde de la muerte que tuvieron que ser hospitalizados. El principal culpable de esa despiadada acción fue el Comandante Osmani Cienfuegos. Fue un acto inhumano y cruel reñido con el artículo 5 de la Declaración. A los nueve muertos por asfixia en la rastra hay que añadir cinco prisioneros fusilados en contravención de las leyes de la guerra. Procede señalar que los

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convenios de Ginebra (1949) extendieron las normas mínimas de protección de heridos y prisioneros de guerra a los conflictos armados internos. En Las Villas durante la guerra del Escambray se sucedieron escenas desgarradoras. Contaré sólo una, ocurrida en 1964: En el pueblo de Corralillo, agentes del régimen habían sacado de su casa a un ciudadano acusado de ayudar a las guerrillas campesinas. Conducido al cuartel del ejército fue condenado a muerte en un juicio relámpago. El pelotón de fusilamiento se estaba preparando para la ejecución cuando una mujer llegó corriendo despavorida llevando en sus brazos a un bebé y se interpuso entre los reos y el pelotón: "Si quieren fusilar a mi marido tienen que fusilar también a nuestro hijo y a mí". Ese gesto le salvó la vida a los tres cubanos a punto de ser fusilados, a los cuales un segundo juicio les condenó a penas de prisión.

ANIQUILAMIENTO Y DESTIERRO DE LOS GUAJIROS DEL ESCAMBRAY La cruenta lucha que contra el régimen de Castro tuvo lugar en los años 60 no se limitó a las ciudades ni al triste episodio de Playa Girón; se extendió también a los campos y no solamente de la zona del Escambray, en el centro de la isla, sino también a las provincias de Pinar del Río, La Habana y Matanzas.9 No hay duda, sin embargo, que fue en la región montañosa del Escambray donde más bajas se causaron al régimen y más tiempo estuvieron activas las guerrillas campesinas. Animadas por elementos del Directorio Revolucionario y el Movimiento de Recuperación Revolucionaria y con el apoyo del exilio, dichas guerrillas sobrevivieron a la debacle de abril de 1961 y estuvieron luchando contra la imposición del comunismo hasta 1965. Aprovecharon lo abrupto del terreno y la cooperación de un campesinado bien instalado en sus tierras para reclutar adeptos y organizar un buen número de contingentes armados. La acción bélica que ellos libraron presenta todas las características de una guerra civil.

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La mejor descripción de la extensión de ese movimiento puede verse en Duarte Oropesa, vol. IV, pp. 438-448

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El primer grupo guerrillero dirigido por Porfirio Ramírez entró en acción en enero de 1960. Ramírez que había sido presidente de la FEU de Las Villas y Capitán del Ejército Rebelde fue fusilado junto con otros cinco alzados en octubre de ese mismo año. Su carta escrita poco antes de morir y en la que denuncia los crímenes e ignominias del que él denomina "monstruo rojo del Caribe" es un ejemplo admirable de dignidad y patriotismo. Para luchar contra esos grupos de marcada militancia anticomunista y probado valor, Castro decidió primero desacreditarlos ante el pueblo cubano, llamando a la operación militar que iba a lanzar "lucha contra los bandidos".10 Acto seguido, desató una guerra sin cuartel en la que, según Clark, murieron 4.000 guerrilleros y sus colaboradores.11 Más de 80.000 soldados bien armados por el bloque soviético fueron movilizados para aniquilar alzados mal apertrechados. Dos grandes ofensivas, llamadas "primera" y "segunda" limpia fueron desatadas; el régimen selló todos los caminos de entrada y salida para impedir el ingreso de suministros y la fuga de alzados. En la primera "limpia" se practicó abiertamente la tortura de comandantes rebeldes prisioneros; a otros alzados se aplicó un sistema de tortura conocido por "la represa" en el que el guerrillero era maniatado y casi ahogado en un tanque o barril; cuando el preso recobraba el conocimiento los agentes represivos lo amenazaban con repetir el procedimiento.12 En la segunda limpia se llevaron a cabo centenares de fusilamientos sin juicio a través de todas Las Villas.13 Menos de un centenar de guerrilleros sobrevivieron. Los métodos utilizados incluyeron la autorización dada a las brigadas encargadas de aplastar la rebelión de no hacer prisioneros, la táctica de tierra arrasada, los fusilamientos públicos y secretos, la exhibición de cadáveres en varios poblados y la reconcentración de campesinos en sitios escogidos. Castro hizo construir al pie del Escambray la prisión El Condado con capacidad para recluir 1.500 personas.14 Y dio por último la

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Sobre la represión del gobierno véase Norberto Fuentes, Cazabandidos (Montevideo: Cardón, 1970) 11 Juan Clark, Cuba: Mito y Realidad, op. cit., p. 104 12 E. Encinosa, op. cit., p. 64 13 Ibid, p. 127 14 Véase Serge Raffy. Castro L'infidel (París: Fayard, 2003), p. 371. Según Raffy cerca de 700 guerrilleros fueron ejecutados sin condena judicial previa.

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orden de hacer evacuar y en efecto desterrar a otras provicias, principalmente a la región occidental de Pinar del Río, a miles de guajiros del área de Trinidad, muchos de los cuales fueron separados de sus familias y condenados a prisión y trabajos forzosos. Fue así como surgió en esa provincia una nueva población llamada Ciudad Sandino, que junto a otros asentamientos de Pinar del Río en los que se construyeron prisiones fueron conocidos como los "pueblos cautivos". Y fue así como Castro añadió el destierro masivo a su arsenal de castigos. A los desterrados se les confiscaron antes sus tierras, que fueron entregadas a campesinos comunistas traídos de otras provincias. En la sombra puso al frente de la operación al teniente coronel de la KGB Valentín Trajanov.15 El Escambray quedó convertido en zona de cuarentena y a los desterrados se les prohibió salir de su nueva jurisdicción. ¿Era permisible apelar al destierro para pacificar la zona del Escambray? El destierro es una sanción particularmente penosa sobre todo para el campesino arraigado a la tierra. En este caso fue impuesto en forma extrajudicial, arbitraria e indiscriminada. Háyase o no probado su participación o colaboración en la guerra, los guajiros sobrevivientes de esa zona fueron desplazados a otras tierras. No solamente la medida atentaba contra la libertad personal sino que privaba también al desterrado de sus bienes y del derecho a transitar libremente por el territorio nacional, amén de ser una pena cruel y degradante impuesta sin límite de tiempo.

GUERRAS Y MASACRES Que Cuba haya librado guerras en África parece cosa de ciencia-ficción pero es un hecho histórico que se extiende desde 1975 hasta 1989. Catorce años durante los cuales miles de cubanos perecieron si bien el gobierno se ha negado a revelar cifras. Se sabe que alrededor de 377.000 cubanos fueron enviados a luchar en forma rotativa a Angola, Etiopía, Eritrea, Mozambique, Guinea Bissau, Somalia y Congo y en menor escala en Namibia, Zanzíbar y el Frente Polisario. Fuera de África ha habido presencia militar cubana en Siria, Yemen y Vietnam. En 1963 tropas cubanas de combate fueron enviadas a Argelia y

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Ibid., pp. 380 y 381

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diez años después soldados cubanos estaban destacados en las alturas del Golán y Yemen del Sur. Se tiene constancia de esos datos pero se ignora cuantos fueron exactamente los que nunca pudieron regresar. En 1991 Raúl Castro afirmó que en Angola solamente 2.077 soldados no sobrevivieron a los combates. Benemelis estima que son entre 6.000 y 7.000 los cubanos muertos solo en las campañas de África16; el general Rafael del Pino eleva la cifra a 10.000.17 Zoe Valdés, da cifras aún más altas.18 En un discurso pronunciado en las Naciones Unidas el 28 de octubre del 2004, el canciller Felipe Pérez Roque se refirió a los 10.000 cubanos muertos en las guerras de África. Tumbas anónimas esparcidas por tierras de África. ¿Por qué fueron esos cubanos enviados a librar guerras en África? Ningún interés nacional, razón de Estado o motivo de defensa explican esa intervención armada. ¿Se hubiera justificado esa misma acción por parte de cualquier otro país latinoamericano? ¿Se hubiera aceptado que Nigeria o Zimbabwe o cualquier otro país africano invadiera Colombia o cualquier otro país de Latinoamérica? Los cubanos guerrearon y murieron en África (principalmente en Angola) por la sola razón de que ello así convenía a las ambiciones del dictador. Ni siquiera es dable invocar la causa del comunismo internacional pues en ningún momento los integrantes del Pacto de Varsovia acordaron que era procedente o necesario intervenir en África. Hoy se sabe que fue Castro el que tomó la iniciativa y decidió enviar esas tropas a Angola. Esa fue desde luego la desgracia mayor pero a ella habría que añadir otros hechos de guerra y otras bajas de envergadura como la de los que cayeron en las acciones subversivas dispuestas por Castro y el Departamento América del Comité Central del Partido Comunista con respecto a países de América

16 Juan F. Benemelis, Castro, subversión y terrorismo en África (Madrid:

Editorial San

Martín, 1988), p. 576. 17 Rafael del Pino, "La guerra injusta" en Proa a la libertad (México: Editorial Planeta,

1990), p. 157 y siguientes; véase también: Enrique Encinosa, "Granada, Angola, etc." en Cuba en guerra, op. cit., p. 303; y Norberto Fuentes, Dulces guerreros cubanos (Madrid: Seix Barral, 1999). 18 Zoe Valdés, "El mundo ya no es un pañuelo". Revista Hispano Cubana, n° 16, mayo-

septiembre 2003, p. 31

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Latina.19 De la guerra del Escambray, dice Duarte Oropesa que por cada campesino muerto o preso, diez luchadores clandestinos cayeron fusilados o cumplieron prisión. Dichas acciones costaron muchas vidas, vidas de cubanos y hermanos de países de América Latina. En 1959, por ejemplo, la invasión de la República Dominicana desembocó en la masacre de todos los expedicionarios; una suerte similar corrió ese mismo año la incursión dirigida contra Panamá. La aventura del Che Guevara en Bolivia significó la muerte de casi todos los participantes, cubanos y bolivianos. Otros decesos en guerras auspiciadas por Castro van desde las operaciones en Salta, Argentina y las guerrillas de Douglas Bravo en Venezuela hasta los crímenes del ELN en Colombia y el Frente Farabundo Martí en El Salvador. El Presidente de este último país, Francisco Flores, aprovechó la reunión de la Cumbre Iberoamericana en Panamá en 2000 para inculpar a Castro por la muerte de millares de sus compatriotas. No ha sido por otra parte extraña al régimen de Castro la participación de sus agentes en lo que la Comisión de Derechos Humanos llama la "abominable práctica de la ejecución sumaria o arbitraria". Víctimas de ella han sido no sólo los opositores abiertos de la dictadura sino también simples desafectos o incluso inocentes, como fueron las 12 personas muertas a tiros en el canal de Barlovento en 1962 y los 45 cubanos que perdieron la vida en la matanza del Río Canímar en 1980. Se ha matado también sin piedad a los que en años más recientes intentaban la fuga clandestina, como sucedió en los casos de Cojímar (1992) y Regla (1993), amén de otros ocurridos en sitios apartados y sobre los cuales el gobierno ha extendido un manto de olvido.

EL REMOLCADOR "13 DE MARZO" Ya habían pasado 35 años de revolución cuando otro suceso vino a recordarle

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Sobre las actividades de las guerrillas fomentadas por Castro en América Latina véase Enrique Ros, Castro y las guerrillas en América Latina (Miami: Ediciones Universal, 2002); Jorge Masetti, El furor y el delirio (Barcelona: Ediciones Tusquets, 1999); y David Alarcón Ramírez, Memorias de un soldado cubano (Barcelona: Ediciones Tusqets, 1997)

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al mundo hasta dónde llegaba el desprecio del régimen castrista por el derecho a la vida. Setenta y dos cubanos residentes en La Habana, Guanabacoa, El Cotorro y Cojímar planeaban escapar de la isla utilizando para ello un remolcador del gobierno. Se pusieron en contacto con el patrón del remolcador "13 de marzo", que aun siendo miembro del PCC deseaba también expatriarse. Su ayuda les permitió apoderarse del remolcador y hacerse a la mar en la madrugada del 7 de julio de 1994. Les alimentaba la esperanza de que varias semanas antes otros cubanos habían logrado huir valiéndose del mismo procedimiento. Fue esa misma circunstancia, sin embargo, la que malogró su empeño y lo convirtió en tragedia. La fuga del 7 de julio ocurría en un momento crítico del éxodo cubano. Se sucedían las huidas espectaculares y Castro había dado órdenes de dar un severo escarmiento a los que daban la espalda a su régimen. Y fue así que a siete millas del puerto de La Habana, otros tres remolcadores de mayor porte y velocidad le dieron caza y comenzaron a embestir al "13 de marzo". Antes de las embestidas, violentos chorros de agua habían lanzado al mar u obligado a refugiarse en el cuarto de máquinas a gran número de sus ocupantes, incluyendo mujeres y niños. Las embestidas se repitieron a babor y a estribor hasta que lograron partir al "13 de marzo" y hacerlo zozobrar. Cuando el barco se hundió perecieron ahogados muchos de los que se habían guarecido en su interior. "Los barcos castristas comienzan entonces a navegar en círculos alrededor de los náufragos, creando un remolino que se traga a los más indefensos. Después se alejan. En el mar oscuro quedan cadáveres flotando y supervivientes desesperados que lanzan gritos llamando a sus seres queridos, a sus hijos, a sus padres, a sus esposas. La muerte parecía inexorable para todos, pero la proximidad de un carguero griego obliga a los remolcadores de Castro a acercarse al lugar de la tragedia y a recoger a algunos náufragos".20 En total perecieron 41 personas, incluyendo 10 niños, 27 adultos y 4 víctimas sin identificar.

20 Alberto Fibla, Barbarie (Miami: Rodes Printing, 1996), pp. 127 y 128. Véase también Jorge Mas, El hundimiento del remolcador (Miami: Fondo de Estudios Cubanos, 2001).

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El criminal hundimiento del remolcador infringió las más elementales normas de convivencia civilizada, mostró el mayor desprecio por la vida de seres indefensos y suscitó la más enérgica repulsa.21 A propósito de este hecho el Arzobispado de La Habana y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba emitieron el siguiente mensaje: "El hundimiento de la embarcación que llevaba también mujeres y niños, y las dificultades del rescate de los sobrevivientes no parecen ser de ningún modo fortuitos y esto añade al dolor un sentimiento de estupor y un reclamo de esclarecimiento de los hechos y de depuración de responsabilidades".22 En Cuba, empero no se encausó a los responsables y el régimen jamás lamentó siquiera lo ocurrido. La tragedia del "13 de marzo" no fue en modo alguno un hecho insólito. Un año antes siete personas que trababan de escapar, incluyendo un niño, fueron asesinados por un guardacostas.

EL DERRIBO DE LOS AVIONES DE HERMANOS AL RESCATE El 24 de febrero de 1996 dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate fueron derribadas por cohetes disparados por MIGs de la Fuerza Aérea Cubana. En la acción fallecieron los cuatro jóvenes que tripulaban las naves: Carlos Costa, Armando Alejandre, Mario de la Peña y Pablo Morales. Una tercera avioneta piloteada por el fundador de HR, José Basulto, escapó milagrosamente del ataque de los MIGs castristas piloteados por dos hermanos de apellidos Pérez y Pérez. La organización HR se dedicaba a localizar balseros en el Estrecho de la Florida y procurar su rescate y salvamento. Las dos avionetas derribadas participaban en esa labor humanitaria y estaban desarmadas e indefensas. El gobierno de Castro estaba al corriente de ello por las informaciones suministradas por el espía Pablo Armando Roque que había logrado infiltrarse en la

21

Fibla, op cit. pp 1-3 La voz de la Iglesia (México: Obra Nacional de la Buena Prensa, AC, 1995), p. 445. Véase también Amnesty International, Cuba: The Sinking of the 13 de Marzo (AMR, 25-13-97, julio 1997).

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organización. Castro admitió más tarde que él personalmente dio la orden de derribar las avionetas. El hecho se hizo además famoso por la cruel, soez e inhumana frase dicha por radio por el piloto de uno de los MIGs "a estos les partimos los cojones" frase que se citaría más tarde en los debates del Consejo de Seguridad. Las autoridades cubanas pretendieron escudarse en su alegato de haber tenido lugar el ataque dentro del espacio aéreo cubano cosa que había sido desmentida por pasajeros y tripulantes del barco Majesty of the Seas que presenciaron el hecho. Fue asimismo desfavorable a Castro el dictamen de la Organización Internacional de Aviación Civil que investigó exhaustivamente el caso. El asunto llegó hasta el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el cual tomó nota del ataque ilícito efectuado por la Fuerza Aérea Cubana contra las dos aeronaves civiles. Para el Consejo dicho derribo violaba el principio que obliga a los Estados a abstenerse de recurrir al uso de las armas contra aviones civiles en vuelo, "lo que es incompatible con consideraciones elementales de humanidad y las reglas del derecho internacional". La resolución fue aprobada por 13 votos a favor, ninguno en contra y las abstenciones de China y Rusia. La Unión Europea, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y el Grupo de Río también dejaron constancia de su condena al crimen cometido. Dentro de la isla no se hicieron esperar las reacciones de indignación. Un activista de derechos humanos afirmó que "daba mucho sentimiento pensar que seres humanos sientan placer por destruir la vida de personas pacíficas que no le hacían daño a nadie". Otro calificó el hecho de "acto de enajenación mental de los militares asesinos que entrena Castro". En la prisión 1580 los presos grabaron un mensaje de homenaje a las víctimas de Hermanos al Rescate.23 El contenido del diálogo de los pilotos con la torre de control publicado cinco años más tarde, ofreció una muestra del trasunto de odio que impregna la política oficial de Cuba. He aquí algunos exergos del diálogo:

23 Ninoska Pérez Castellón, Moral vs. Crimen (Miami: Fondo de Estudios Cubano americanos, s.f.), p. 10, 11 y 12.

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- Ahí está. Efectivo a la vista. Avioneta - La tenemos a esta altura, la tenemos. ¡Autorízanos cojones! - Autorizados a destruir - Primer disparo. Le dimos cojones! ¡Le dimos! ¡Le dimos! - ¡Cojones le dimos! ¡Singao! - Tenemos otra avioneta - Dale seguimiento, no pierda el objetivo - ¿Está autorizada ésta otra? - Correcto - Bárbaro! El 13020 está autorizado a destruirla - Enterado. Ya la vamos a destruir - ¡La otra destruida! ¡Patria o muerte, cojones. ¡La otra abajo también!24 Una de las víctimas, Carlos Costa había realizado 14 misiones en las que rescató 456 balseros. Tenía 24 años de edad. Costa y sus compañeros fueron víctimas de lo que un periodista francés llamó "un asesinato puro y simple".25

LOS QUE PERECEN EN LA FUGA Todavía hay otra causa mayor de pérdidas de vidas cubanas bajo el castrocomunismo. En la que había sido siempre tierra de inmigración, las condiciones de vida del régimen impuesto por Castro y el fracaso de su sistema socialista han obligado a expatriarse a incontables cubanos. Lo han estado haciendo sin cesar desde el inicio de la revolución. El país que en la primera mitad del siglo XX acogió oleadas de inmigrantes era ahora testigo bajo Castro de los éxodos masivos de 1965, 1980 y 1994. Predominaron al principio los exiliados que partían por razones políticas y prevalecen después de 1990 los que lo hacen por motivos económicos. Para unos y otros el gobierno establece restricciones tan rigurosas que equivalen a una virtual prohibición de emigrar en franca violación del artículo 13 de

24 25

El diálogo fue reproducido en Ibid, pp. 7 y 8 Serge Raffy, Castro L'infidel, op. cit., p. 593

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la Declaración Universal. Enfrentados a esa prohibición y a la insoportable desolación de la existencia, miles de cubanos han optado por lanzarse al mar en procura de una salida clandestina. Muchos han logrado llegar a tierras de libertad pero otros muchos perecieron en el empeño. Abundan también los casos de cubanos acribillados a balazos cuando intentaban refugiarse en la base naval de Guantánamo. El cálculo de los que intentaron la huida por mar debe hacerse a partir de las noticias que se tienen sobre el destino final de sus viajes, a saber: 1) los que lograron llegar a los Estados Unidos; 2) los que fueron interceptados en alta mar y devueltos a Cuba; 3) los que naufragaron en las costas de las Bahamas y fueron deportados a Cuba; 4) los que arribaron a otras tierras (Jamaica, República Dominicana, Haití, México y Centroamérica); y 5) los que perecieron en su intento. Sólo de los grupos 1 y 2 se tienen informaciones concretas. Entre 1994 y 2000 unos 133,000 cubanos lograron emigrar de forma legal. Otros muchos que no obtuvieron permiso decidieron arrostrar los peligros del Estrecho de la Florida. Navegaban primero en balsas improvisadas; en fechas más recientes otros utilizan lanchas de contrabando que familiares en los Estados Unidos han podido pagar. Unos y otros arrostran grandes riesgos: olas encrespadas, tormentas, mares infectados de tiburones, insolación, hambre y sed insoportables, naufragios. El 15 de noviembre de 2001 en horas de la noche salió de Bahía Honda en la costa norte de Cuba una embarcación de 28 pies de eslora en la que viajaban 30 cubanos incluyendo una docena de niños. Cinco días después la prensa informaba que la embarcación había zozobrado y que todos sus tripulantes y pasajeros habían perecido.26 Por esos mismos días 18 cubanos llegaron a la zona de los cayos de la Florida y un número similar fue localizado en las Bahamas donde les esperaba una probable deportación. El 27 de noviembre del 2003 un grupo de once cubanos salieron de Matanzas en una embarcación rústica hecha con piezas de aluminio armadas con pencas de guano y resina. Se hallaban ya a unas nueve millas de la costa de la Florida cuando un fuerte oleaje hizo zozobrar la embarcación. Diez de sus ocupantes perecieron ahogados y el único sobreviviente, rescatado in extremis tras dos días a la deriva, fue repatriado a Cuba en aplicación de

26

The Miami Herald, 22 de noviembre 2001, p. B 1.

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la inicua ley americana "dry foot - wet foot". Desenlaces trágicos de este tipo pueden citarse ad nauseam. En ciertas épocas del año éstas son historias cotidianas. Según el informe del Relator Especial sobre Cuba presentado en 1994 a la Comisión de Derechos Humanos aproximadamente 25 personas hacen el intento de lanzarse al mar diariamente. El desenlace trágico de los emigrantes de Bahía Honda y Matanzas se añadía a otras desapariciones como la de Elliott Key en 1998. A menudo la prensa de la Florida da cuenta de cadáveres que aparecen en los cayos de la Florida o flotando en el mar. Esas son las víctimas conocidas, pero ¿cuántos cubanos más han muerto en el Estrecho de la Florida o tratando de llegar por el sur a Jamaica y por el oeste a México o Centroamérica? Fundados en entrevistas de familiares y otras averiguaciones hechas en Cuba, Corinne Cumerlato y Dennis Rouseau estimaban en 12.000 el total de los balseros que han perecido en los mares circundantes.27 Un artículo reciente citando estadísticas del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos sostiene que una de cada cuatro personas muere en el intento de atravesar el Estrecho de la Florida o surcar las otras aguas circundantes.28 Otros cálculos hablan de un 50 por ciento de desaparecidos. Náufragos arrojados en islotes deshabitados, cuerpos mutilados por los tiburones, seres enloquecidos que se lanzan al mar. Son grandes las tragedias y muchos los cubanos que han perecido en la fuga y uno se pregunta ¿por qué no se permitió que esos cubanos emigraran normalmente como se hace en otros países? Y sobre todo ¿quién es el responsable de ese estado de cosas que fuerza a los cubanos a echarse al mar en una aventura irracional y quién es el que arbitrariamente impone la permanencia obligatoria en el país?29 27

Rouseau y Cumerlato, op. cit., p. 126. Iván García, "Esperar o escapar". Revista Hispano Cubana (Madrid), no. 11, octubre-diciembre 2001, p. 13. Véase también Manuel C. Díaz, El año del ras de mar (Miami: Ediciones Universal, 1996). 29 Sobre el éxodo cubano puede verse también: Feliciana Guerra y Tamara AlvarezDetrell, Balseros (Miami: Ediciones Universal, 2001); Eduardo de Acha, La inocencia de los balseros (Miami: Ediciones Universal, 1989); Jean François Fogel y Bertrand Rosenthal, Fin de siecle a La Havane (París: Editions du Seuil, 1993), p. 23; Alfredo A. Fernández, Adrift: The Cuban Raft People (Houston: Arte Público Press, 2000); y Josefina Leyva, Los balseros de la libertad (Coral Gables: Editorial Ponce de León Inc., 1992). 28

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Es curiosa, por otra parte, la actitud de la prensa internacional frente al drama de los cubanos que perecen tratando de salir de Cuba. Cuando existía el Muro de Berlín los periódicos de todo el mundo se hacían eco de cuantos alemanes trataban de saltar el muro en busca de refugio en Berlín Occidental. El tono de la condena era enérgico y casi unánime cuando los que huían eran balaceados por soldados de Alemania del Este. En total fueron 170 los desdichados que murieron de esa manera. Ahora en Cuba son decenas de miles los que han intentado atravesar los mares circundantes, miles los que yacen en el fondo del Atlántico y muchos los que perdieron sus vidas en ataques brutales como el del remolcador 13 de marzo y sin embargo ni el New York Times ni los otros grandes rotativos del mundo han prestado debida atención a esos trágicos sucesos. Y conste que no todos los exiliados o emigrantes frustrados han perecido en el mar. Otros encontraron la muerte tratando de escapar como polizontes en barcos de carga u ocultos en el tren de aterrizaje de aviones con destino a Europa o atravesando a nado la Bahía de Guantánamo. Son muchas pues las maneras como el régimen de Castro ha violado el más importante y fundamental de los derechos humanos, el derecho a la vida "la fuente de la que manan todos los demás derechos humanos".30 Y téngase en cuenta además que a los deportados por Estados Unidos, las Bahamas u otros países les esperan las sanciones que el Código Penal prevé para el delito de salida ilegal. Las autoridades de Bahamas son las que con más dureza tratan a los balseros. No sólo comunican inmediatamente a Cuba los nombres y señas de los que arriban a sus playas sino que dispensan un trato inhumano a los que piden asilo político. Tan miserables son las condiciones de detención de estos últimos que muchos retiran su solicitud y prefieren ser devueltos a Cuba.

30

Naciones Unidas, Ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias. Informativo no. 11 (New York-Ginebra, 1997), p. 1.

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LA PRÁCTICA DE LA TORTURA En su afán por mantenerse en el poder, Castro no ha tenido reparos en hacer uso de las dos formas clásicas de tortura: la que inflige sufrimientos con el fin de obtener una confesión o informaciones concernientes a la víctima o terceras personas y la que forma parte de los castigos que se imponen a los opositores. La primera ha sido práctica frecuente en especial en Villa Marista, infausto centro de detención preventiva de la Seguridad del Estado. De la segunda hay constancias de su uso en otras cárceles y centros de detención del país así como en las salas-prisiones de los hospitales psiquiátricos. Al régimen le ha resultado indiferente lo que dice la Constitución al respecto y aun yendo más allá de la distinción clásica ha usado de la violencia física y moral para simplemente intimidar a los que se le oponen y satisfacer los sentimientos morbosos de algunos de sus propios agentes. Las formas específicas de tortura que utiliza el régimen de Castro son muy diversas desde las palizas y el maltrato físico de los detenidos por motivos políticos, el arresto por tiempo indefinido sin celebración de juicio, la cohabitación con enfermos mentales y delincuentes comunes de alta peligrosidad y la reclusión en celdas tapiadas o angostos calabozos de castigo conocidos como "gavetas". Amnesty International ha dicho en varios informes que estas últimas condiciones de encarcelamiento constituían un castigo cruel, inhumano y degradante y en 1998 hizo referencia a un caso de tortura que ocasionó la muerte.31 Párrafo aparte merece la tortura psiquiátrica y los tormentos psicológicos del tipo de los interrogatorios interminables, la privación del sueño, el ruido constante o intermitente, la oscuridad total o la iluminación permanente y la simulación de fusilamientos. Muchas de estas prácticas formaban parte del arsenal clásico de torturas físicas y mentales empleadas en la Unión Soviética y otros países comunistas; de la U.R.S.S. vino también la "caja de metal" con su exposición al frío insoportable y al calor asfixiante;32 en todas Castro ha mostrado ser más que un buen aprendiz.

31 Amnesty 32

International, Annual Report 1998 - Cuba, p. 3. Véase Rafael A. Aguirre, Amanecer (Miami: Ediciones Universal, 1996), p. 94.

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Importado vino también el recurso a técnicas de psiquiatría dirigidas a destruir la mente y la voluntad de las víctimas. De esta variedad de tortura existen múltiples testimonios. Uno de los primeros presos políticos en sufrir la aplicación del electroshock fue Eugenio Sosa Chalbau, hombre de empresas y accionista del Diario de la Marina, en quien la descarga eléctrica dejó huellas tan imborrables que 40 años después figuraba como querellante en las denuncias presentadas ante tribunales internacionales. Pruebas más recientes del uso de esas torturas fueron recogidas en un libro publicado en 1991.33 Dicha obra recoge y analiza las varias formas que el régimen de Castro utiliza para servirse de la psiquiatría como un instrumento de represión. El uso sin anestesia de la terapia electroconvulsiva (electroshock), de las drogas psicotrópicas y el internamiento en hospitales psiquiátricos (principalmente en Mazorra) son algunas de sus manifestaciones. No es un análisis abstracto: treinta víctimas de los abusos deliberados de la psiquiatría en Cuba desfilan por las páginas del libro y narran en sus menores detalles los tormentos a que fueron sometidos. Otras evidencias provienen de libros publicados por presos políticos. Uno de ellos es Pedro Díaz, quien sufrió nueve meses de internamiento en la sala de psiquiatría Carbó Serviá del Hospital Psiquiátrico de La Habana. Díaz da cuenta de las altas dosis de cloropromacina, diazepán y otros psicofármacos que se dan a los presos políticos, las tres aplicaciones iniciales de electroshocks a que son sometidos esos mismos internados y los otros métodos que utiliza la policía secreta cubana para obtener confesiones o manipular a los presos políticos.34 En los archivos de la Seguridad del Estado constan las pruebas psicométricas, las sesiones de hipnosis, electroconvulsión o inyecciones de drogas utilizadas para internar indefinidamente a los opositores políticos en las salas de psiquiatría. Otros fármacos que médicos del régimen administran a algunos presos políticos son la trifluoperazina y el Haloperidol Según los toxicólogos estos productos causan trastornos del lenguaje, pérdida de la memoria, disminución de los reflejos y un estado de somnolencia o embotamiento cerebral que puede conducir a la insuficiencia respiratoria, el coma y

33 Charles J. Brown y Armando Lago, The Politics of Psychiatry in Revolutionary Cuba (Washington: Freedom House of Human Rights, 1991). 34 Pedro Díaz Hernández, En extremo peligro (s. l., 2001), pp. 59-73.

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la muerte.35 Descripciones del uso de la tortura electrónica, el ruido infernal y la reclusión en celdas tapiadas figuran asimismo en un libro de autoría colectiva publicado en 1987.36 Otros relatos titulados "El arte de la crueldad" y "Testimonio desde el horror" pueden verse en un libro de Reynaldo Bragado del año 2000.37 Hay asimismo referencias al uso continuado de luces deslumbrantes y ruidos rítmicos en el relato de otro preso político.38 Dos periodistas franceses radicados en La Habana narran a propósito del proceso Ochoa cómo se hizo uso durante el mismo de métodos de presión psicológica y de la desorientación ciscardiana para obtener confesiones.39 Uno de los principales responsables de este género de tortura es el Dr. Eduardo Bernabé Ordaz, Director del Hospital Nacional de Psiquiatría. Según este doctor en Cuba no hay presos políticos sino contrarrevolucionarios esquizofrénicos a quienes deben aplicarse métodos drásticos. Congratulado por Castro por haber organizado una orquesta sinfónica para beneficio de los reclusos, son también obra suya los pabellones especiales dedicados a la práctica de experimentos abusivos y violatorios de los derechos humanos. Ordaz contó con la ayuda de otros médicos y de enfermeros, uno de los cuales (H. Mederos) fue juzgado y condenado por los tribunales de Estados Unidos.40 Uno de los más vívidos relatos de horror de la tortura mental implícita en los interrogatorios de la Seguridad del Estado puede leerse en el artículo de Héctor Peraza Linares "Los perros lobos". La narración no tiene por cierto lugar en Villa Marista sino en el local de la Seguridad del Estado en Pinar del Río.41

35

Véase Diario de las Américas, 8 de noviembre de 2003. Presidio Político Cubano, 50 testimonios urgentes (Miami: Ediciones Universal, 1987), p. 19. 37 Reynaldo Bragado Bretaña, La fisura. Los derechos humanos en Cuba, op. cit., pp. 92 y 246. 38 Ramón Grau, Cuba desde 1930 (Madrid: Agualarga Editores, 1997), passim. 39 Véase Jean-François Fogel y Bertrand Rosenthal, Fin de siglo en La Habana (Bogotá: TM editores, 1994), p. 114. 40 Véase El Nuevo Herald, 2 de agosto de 2002, pp. 1 y 5 A. 41 Revista Hispano Cubana, no. 21, 2005, p. 55 36

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A pesar de la frecuencia con que el gobierno acude a esta forma de represión, no tuvo inconveniente en suscribir en 1986 la Convención Internacional contra la Tortura y otras Penas Crueles, Inhumanas o Degradantes. Castro la firmó con la misma displicencia con que suscribió en 1996 la Declaración de Viña del Mar sobre la adhesión a la democracia y las formas representativas de gobierno. Su régimen se demoró nueve años en dar cuenta de esa ratificación a las Naciones Unidas y su aceptación se hizo con reservas. A propósito de los tratos degradantes un reciente informe subraya la insistencia con que se acude a la práctica de actos de repudio e intimidación psicológica así como numerosos casos de hostigamiento contra jóvenes de color y falta de atención médica a los presos.42 En los actos de repudio unos cubanos sufren el vejamen de ser objeto del asedio y otros se prestan a la ignominia de ser utilizados para la innoble acción. En unos y otros se atenta contra la dignidad de la persona humana. El régimen de Castro ha llegado, por último, a exportar a otras latitudes sus prácticas degradantes. En noviembre de 1999, la Cámara de Representantes de los EU conoció de los casos de tortura y malos tratos infligidos a prisioneros de guerra americanos por interrogadores cubanos enviados por Castro a Viet Nam en 1967. En el debate salieron a relucir también acusaciones de asesinatos.43

LAS CUENTAS DEL GENOCIDIO Y DE LOS CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD La suma de los cubanos que han perecido por alguna de las causas que se mencionan en este capítulo y en el anterior alcanza cifras increíblemente altas. Contabilizarlas pormenorizadamente parece tarea imposible y sin embargo ese

42

US State Department, Country Reports on Human Rights Practices - 2000, op. cit., pp. 22, 23, 24 y 25. 43 U.S. House of Representatives. Committee on International Relations. The Cuban Program: Torture of American Prisoners by Cuban Agents. Hearing. November , 19992000 (106th Congress, 1st Session).

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es el trabajo que Esteban Beruvides realizó con respecto a los fusilados y que Armando Lago y María C. Werlau han estado llevando a cabo con proyección global, es decir, comprendiendo los ejecutados judicial o extrajudicialmente y los balseros que tuvieron un destino trágico. El total de los cubanos cuyas vidas fueron tronchadas por Castro asciende según Lago a 102.000. Esa inmensa tragedia ha sido causada por quién el 26 de julio de 1959 decía en la antigua Plaza Cívica de La Habana: "No queremos que una sola madre cubana tenga que volver a vestir luto". Los partidarios del castrismo seguramente objetarán al uso de los términos genocidio y crímenes contra la humanidad que se mencionan en el título de este epígrafe. Es en efecto discutible que pueda hablarse con propiedad de la palabra genocidio a la luz de la definición que de ella se hace en la Convención sobre la Prevención y Castigo del Crimen de Genocidio adoptada por las Naciones Unidas en 1948 y en el Tratado de Roma que creó en 1999 la Corte Penal Internacional. En ambos textos se requiere que la acción justiciable sea cometida con el propósito de exterminar en todo o en parte a un grupo nacional, racial o religioso.44 Se podría sostener que en el caso de Cuba, Castro ha tenido siempre la intención de destruir la oposición política a su régimen y que ello lo ha ido logrando, siquiera sea en parte, matándolos, causándoles un daño físico o mental o imponiéndole condiciones de vida que tiendan a su desaparición, pero lo cierto es que en la jurisprudencia hasta ahora conocida (Kosovo y Ruanda) la expresión grupo nacional se refiere más bien a los que hablan un idioma distinto o tienen tradiciones y origen tribal diferentes. Es más amplia en cambio la expresión "crímenes contra la humanidad", que en la definición del Tratado comprende aquellas acciones que de manera extensa y sistemática se dirigen deliberadamente a asesinar, exterminar, deportar, encarcelar, torturar o perseguir a un segmento de la población civil.45 Quien a lo largo de sus 47 años de dictadura ha causado la muerte de más de cien mil cubanos que se oponían a su férula ya sea fusilándolos, torturándolos, ordenando su eliminación o creando las condiciones que conducen a un final

44 Artículo 45 Artículo

2 de la Convención y 6 del Tratado de Roma 7 del Tratado de Roma

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trágico, es responsable de uno de los dos delitos antes citados y de modo indudable de un crimen contra la humanidad. Solo con respecto a las acciones que directa o indirectamente han entrañado la pérdida de vidas humanas, he aquí el saldo provisional de las víctimas del castrismo.

Causa del deceso

Número de víctimas

1- Balseros muertos en el mar 2- Muertos en las guerras de África 3- Fusilados judicial o extrajudicialmente 4- Muertos en la guerra del Escambray 5- Bajas causadas al régimen en los combates de Playa Girón 6- Muertos de la Brigada 2506 7- Otros sacrificados en acciones internacionales 8- Asesinados por guardacostas o aviones de Castro 9- Muertos en acciones de la policía 10- Muertos en la UMAP 11- Muertos por violencia en las cárceles 12- Asesinados en el remolcador 13 de marzo 13- Desaparecidos por causas diversas Total

78.000 13.500 5.621 2.000 1.250 123 167 183 220 72 276 41 5.000 106.573

Las tres primeras cifras las he tomado del acucioso y documentado estudio de Armando Lago próximo a publicarse. Lago especifica en su recuento nombres, fechas y procedencia de sus datos. Se trata de cómputos reales y verificables. La cifra de 78.000 desaparecidos en el mar pudiera parecer exagerada, pero no lo es si se considera el número de candidatos a la emigración ilegal, las corrientes y contracorrientes del Estrecho de la Florida y las condiciones en

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que se emprende la navegación. Decir que las balsas o botes utilizados son frágiles subestima la realidad. Sin timón, vela, quilla ni motores, sin otra propulsión que la que pueden proporcionar toscos remos, los que se escapan en balsas sólo pueden contar con el favor de las corrientes y la posibilidad de que soplen vientos del sur. No es lo mismo cruzar los 16 kilómetros del Estrecho de Gibraltar, por ejemplo, que los 150 del Estrecho de la Florida, lo que significa que la travesía puede durar entre tres y catorce días durante los cuales están expuestos a las turbonadas, los tiburones, la sed y la falta de alimentos.46 Dependiendo del lugar escogido para emprender la travesía, el viaje hacia la Florida puede ser de hasta 300 kilómetros y aún más si se toma el rumbo de Yucatán, Honduras o Gran Caimán. Es sabido además que beber agua de mar provoca trastornos mentales que llevan a algunos a lanzarse desesperados al mar.47 En el caso de los decesos causados por las guerras de África (Angola, Etiopía, Congo, Namibia, etc., etc.) me refiero sólo a las bajas cubanas no a las africanas que fueron muy superiores y probablemente no lleguen nunca a conocerse con exactitud. Las tropas cubanas con la expresa autorización de Fidel Castro y del General Arnaldo Ochoa llegaron a utilizar en esta guerra el mortífero gas sarín. En la batalla de Mabinga en Angola cerca de la frontera con Namibia, el general Armando Fleitas haciendo uso de dicho gas causó la muerte de unos 5.000 africanos.48 La veracidad de los datos relativos a las bajas cubanas en África puede ser avalada por las publicaciones de la época de África del Sur y los otros países afectados y de modo más concreto por el discurso pronunciado por el Canciller cubano Felipe Pérez Roque en la Asamblea General de las Naciones Unidas en octubre del 2004. En dicho discurso se refirió a los 10.000 cubanos muertos en África. Esa misma cifra la da el General Rafael del Pino.49 Para el movimiento de Jonas Savimbi UNITA los muertos cubanos ascienden

46

Véase el Boletín no. 50 de la Arquidiócesis de La Habana Véase William Arbelo, Más allá de mis fuerzas (Miami: s.f.) passim 48 Véase Voix d'Afrique (Bruselas, febrero de 1990), p. 69 49 Rafael del Pino, Proa a la libertad, op. cit., p. 157 47

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a más de 5.000 sólo en Angola. Sobre el número de cubanos fusilados he preferido el dato más conservador que ofrece dicho economista porque su verificación cuidadosa lo hace virtualmente irrefutable. Sin embargo, dado que se trata de un cómputo individualizado que es posible haya omitido muchas ejecuciones ignoradas por los medios noticiosos y que los otros cálculos disponibles duplican o triplican la estimación de Lago, me ha parecido oportuno añadir un acápite de 5.000 desaparecidos. Recuérdese que tanto en el Manto del Genocidio (10.000) como en el Memorial Cubano ubicado en Miami (11.500) se registran los nombres de las víctimas y también la fecha y lugar de su desaparición. El cálculo referente a los muertos en la guerra del Escambray corresponde a una estimación hecha por Enrique Encinosa autor de dos libros sobre ese tema.50 La cifra de 2.000 no parece exagerada si se considera que según otro de los informes oficiales más de 500 soldados del gobierno fueron muertos y 700 guerrilleros ejecutados en unos pocos meses.51 De las bajas causadas al régimen en Playa Girón ofrezco la cifra más alta, tal vez exagerada de Haynes Johnson52 e incluyo en el cómputo de la Brigada a los nueve asfixiados en la rastra y los cinco posteriormente fusilados. Con respecto a los muertos en acciones internacionales de índole subversiva que van desde las primeras invasiones de 1959 (República Dominicana, Haití, Panamá y Nicaragua) hasta los episodios de Granada, la ayuda al FLN de Colombia, al movimiento sandinista de Nicaragua y al Frente Farabundo Martí de El Salvador, pasando por la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, resulta muy difícil dar un cómputo exacto de los cubanos que perdieron la vida por la ambición de Castro. En algunos casos, como en la invasión de República Dominicana, hubo sólo tres sobrevivientes pero no se sabe con

50

Enrique Encinosa, Escambray, la guerra olvidada (Miami: SIBI, 1989) y Cuba en guerra, op. cit 51 Raffy, op. cit., p. 378 y Juan Clark, op. cit., p. 106 52 Haynes Johnson, The Bay of Pigs (New York: Norton and Company, 1964), p. 179

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exactitud cuanto fueron los invasores cubanos y dominicanos. En otros episodios las cifras son muy variadas: de los 43 integrantes de la guerrilla del Che en Bolivia sólo cinco pudieron regresar a Cuba; el saldo de muertos en Granada fue de 24 caídos en combate. Otros muchos episodios son difíciles de contabilizar. Tropas especiales han deambulado por cualquier paraje de América Latina. Agentes del Departamento América del Comité Central del PC murieron en apoyo de la gran subversión soñada por el Máximo Líder. Sicarios de ese Departamento y del de Moneda Convertible se hicieron visibles por todos los caminos pero tuvieron que pagar también su precio de sangre. Son tantas y tan disímiles las operaciones emprendidas que sólo es posible hacer aquí una "educated guess" de cuantos fueron los muchos combatientes internacionalistas que perecieron. De los tres siguientes acápites sí hay números confiables que contar gracias a la minuciosidad de Lago con respecto a los asesinados por guardacostas (178) a los que he añadido las cuatro víctimas del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate. Asimismo parece fidedigna la cifra de muertos en los campos de la UMAP que da Enrique Ros.53 De los asesinatos en las cárceles me remito al libro El presidio político en Cuba, a los informes del Relator Especial de Naciones Unidas y de AI y HRW. Y en lo que hace a las víctimas del remolcador 13 de marzo tomo el número de 41 muertos del libro de Alberto Fibla corroborada esa cifra por el informe del Relator Especial de la ONU del 1997 y 1998. Y adviértase, por último, que no están comprendidos en esta lista los 70.000 cubanos que deprimidos por el clima de opresión, frustrados por la pérdida de esperanza o atribulados por tener familiares perseguidos, presos o fusilados optan por quitarse la vida.54 Los máximos responsables de esa hecatombe fueron los hermanos Fidel y

53 54

Enrique Ros, La UMAP: El Gulag castrista (Miami: Universal, 2004), passim Véase infra cap. X

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Raúl Castro pero si se fueran a incluir también simples ejecutores materiales y cómplices la lista sería de vastas proporciones. Otros libros se han ocupado ya de identificar a los otros culpables directos de la desgracia cubana55; sus nombres saldrán en su día a la luz junto a los de otros implicados.

55 Además de los libros de Beruvides y los estudios de Armando Lago y María C. Werlau, pueden verse el de Juan Benemelis y Frank Hernández, Los culpables (Miami: Rodes Printing, 2003) que contiene una detallada y bien clasificada enumeración de responsables y el de Pablo Alfonso, Los fieles de Castro ( Miami: Ediciones Cambio, 1991)

CAPÍTULO V SUPRESIÓN DE LAS LIBERTADES PÚBLICAS

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EL ENFRENTAMIENTO INEVITABLE Apenas transcurrido un año del inicio de la revolución, exactamente el 16 de enero de 1960, comenzarona a aparecer en los periódicos las llamadas “coletillas” que al final de artículos, informaciones o editoriales contrarios al gobierno, se hacía constar por los periodistas y obreros gráficos de la empresa editora, que los mismos no se ajustaban a la “verdad revolucionaria”. Era una forma velada de “censura por otro camino” que afectó en especial a los periódicos Avance, Diario de la Marina, Prensa Libre y El Crisol. Algunas coletillas llegaban hasta amenazar con el paredón, cómo sucedió con un artículo de Luis E. Aguilar. Junto a los fusilamientos es el presidio político el otro rasgo sombrío que con más frecuencia se asocia a la revolución cubana. El encarcelamiento generalizado es, sin embargo, sólo un aspecto de la más amplia y multiforme pérdida de libertades que Cuba padece desde hace más de cuatro décadas. No podía ser de otro modo: la libertad es la primera víctima inevitable de todas las experiencias totalitarias basadas en la doctrina marxista. Por su propia esencia ésta sacrifica siempre la libertad en favor de la igualdad y postula que para alcanzar su utopía igualitaria es preciso suprimir el libre albedrío. El marxismo no se oculta para subrayar el carácter implacable de la etapa de la dictadura del proletariado y yendo aún más lejos proclama que "en la comunidad de los proletarios los individuos entregan al control del Estado las condiciones de libre desarrollo y movimiento".1 Es así que todas las sociedades que han vivido la experiencia marxista-leninista han ido dejando en el camino grandes jirones de libertad. En el caso de Cuba la propensión del gobierno de Castro a desconocer el derecho de todo individuo a la libertad proviene no sólo de sus bases ideológicas sino también de la condición autoritaria de quien lideró el proceso revolucionario y lo ha seguido encarnando en todas sus etapas. Los títulos que el dictador ostenta2 se corresponden con las alabanzas y el endiosamiento del Máximo Líder a quien el 1 Carlos Marx, "Tesis sobre Feurbach" en Obras Escogidas (Moscú: Editorial Progreso, 1973), Vol. 1, p. 7 2 Artículos 74 y 75 de la Constitución. Véase también Andrés Oppenheimer, La hora final de Castro (Buenos Aires: Javier Vergara Editor, 1992), pp. 392-406

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IV Congreso del PCC proclamó el primer científico del país y otros congresos sindicales o partidistas le han aclamado como el mejor atleta, el mejor economista, el mejor agricultor, el mejor estratega y el mejor navegante del país. Todavía en 2001, el XVIII Congreso de la CTC le condecoró con la Medalla Olímpica por los Derechos de los Humildes del Mundo. Esos títulos y esos elogios conducen a una concentración de poderes y a un delirio de grandeza reñidos con la democracia. ¿Acaso no se considera un crimen la menor señal de desacato a la persona de Castro o sus colaboradores? ¿Y no dice el artículo 62 de la Constitución que el sistema socialista es intocable? Enfrentado a esos ingredientes -al poder absoluto, al sistema irrevocable y a la apología del caudillo- el ciudadano se halla desvalido y las libertades públicas en precario. ¿Ante quien puede acudir el disidente u opositor expuesto a los inevitables abusos del poder? Poner tales poderes y esa ideología en la mente de un antiguo miembro de un grupo de acción convertido en jefe guerrillero y transfigurado en caudillo con ínfulas de "ubermensch" produce necesariamente resultados fatídicos para los derechos humanos. Sufren una tras otra las libertades públicas, proliferan los arrestos y las cárceles y se persigue con saña a los que osan oponerse a los designios del dictador. Hoy, en retrospección, se puede decir que la confrontación entre una Declaración Universal que procura frenar los abusos de poder y un régimen intrínsecamente orientado hacia el uso irrestricto de sus atributos era inevitable. Algunos autores sostienen que la insistencia del gobierno de Cuba en llamarse revolucionario revela su intención de seguirse considerando en permanente estado de excepción y así disimular excesos que no se admitirían bajo otras formas políticas.3 Para Castro, como se verá de inmediato, no hay otra manera de gobernar que no sea coartando la libertad.

3 Pío E. Serrano, "De la revolución al modelo totalitario" en Cien años de historia de Cuba (Madrid: Editorial Verbum, 2000), p. 222.

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VIOLACIÓN INDISCRIMINADA DE LAS LIBERTADES PÚBLICAS Ocurre, por otra parte, que de todos los derechos consagrados en la Declaración Universal, es el derecho a la libertad el más abarcador y expansivo.4 Dejando a un lado por el momento la privación total de libertad, que acontece cuando se encarcela a una persona, el derecho a ser libre que consagra el artículo 3 de la DU tiene otras múltiples manifestaciones: la libertad civil, la libertad política, la libre expresión y difusión del pensamiento, la libertad de creencia religiosa, la de entrar y salir del territorio nacional, la de reunión, la de asociación, la de sindicalización, la de cesación colectiva en el trabajo, la de no ser sometido a esclavitud o servidumbre, la de cátedra, la de acceso a la cultura, la libertad de trabajo, la de industria y comercio, la libertad de petición y la de creación artística y literaria. Estas libertades públicas están consagradas en la Constitución de casi todos los países del mundo, pero no en la Cuba regida por Castro. Bajo su régimen son incontables las medidas coercitivas que menoscaban la facultad natural del ser humano de actuar de una manera u otra, y también de no actuar siempre que ello no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. Con frecuencia estas medidas tocan a lo más profundo de los derechos civiles y políticos que hoy es común reconocer a los ciudadanos de otros países. No solamente cuando se declara un estado de emergencia sino en cualquier momento, la propia Constitución dice que ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra la existencia y fines del Estado socialista. El propio marco constitucional abre así la puerta a las más crudas violaciones de la potestad de obrar por reflexión o elección. Cabe afirmar sin temor a incurrir en hipérbole que todas y cada una de esas libertades han sido violadas por el régimen de Castro. Empezando por la de expresión y opinión. Y pensar que el 8 de mayo de 1959 en un discurso pronunciado por Castro al regreso de un viaje por Sudamérica dijo: "Todos los cubanos de un partido u otro serán siempre respetados. La libertad de pensar, la libertad de reunión, la libertad de creer son libertades sagradas de nuestra revolución".

4

Véase Milton R. Konwitz, Expanding Liberties (New York: The Viking Press, 2nd ed. 1981)

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LIBERTAD DE PENSAMIENTO, DE OPINIÓN Y DE EXPRESIÓN En Cuba no se reconoce el derecho a expresar ideas políticas propias ni el derecho a buscar y recibir informaciones; tampoco se reconoce el derecho a investigar en cuantas cuestiones sean lícitas, ni el derecho a difundir las ideas "sin limitación de fronteras". Tales derechos usualmente comprendidos en la libertad de pensamiento incluyen también, según la Declaración Universal, el derecho de todo ser humano a no ser molestado a causa de sus opiniones. El enunciado es categórico, pero la realidad cubana es tristemente su antítesis. Cualquier persona que se atreva a disentir del pensamiento oficial cae inmediatamente según la categorización del gobierno en las filas de los contrarrevolucionarios o "gusanos" con las implicaciones que ello tiene. Aun entre los propios miembros del PCC o los activistas de una organización de masas una acusación de diversionismo ideológico puede entrañar las más graves consecuencias. Todas las empresas periodísticas, radiales y televisivas, así como las revistas y casas editoriales, fueron confiscadas en el otoño de 1960 y ningún medio de difusión privado o independiente ha podido operar desde entonces, en franca violación de los artículos 18 y 19. Hasta la prensa humorística (Zig Zag fue uno de los primeros periódicos clausurados) y el teatro bufo desparecieron. La libertad de expresión se reconoce sólo para los que aceptan la ideología oficial y las casas editoriales publican únicamente lo que el gobierno quiere. Los pocos periódicos que circulan (en La Habana había antes una docena y ahora hay tres) están obligados a destacar ante todo cuantos discursos y declaraciones haga el jefe de la revolución y en segundo lugar a dejar constancia de los actos del gobierno y de las actividades de las organizaciones de masas. Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores son modelos de periodismo insulso y servil. Su valor informativo es irrisorio y su capacidad de estimular la investigación y la crítica es nula. Son fieles cajas de resonancia del pensamiento oficial e incansables buscones del ditirambo. De Granma dijo Reynaldo Arenas que era el periódico más optimista del mundo, "el que cosecha más papas y azúcar en todo el globo, aunque esos productos nunca se vean por ninguna parte". No sería sensato, sin embargo, desdeñar la significación de los más de 500 medios de difusión de que dispone el régimen y los 2.500 periodistas que ponen su pluma al servicio incondicional de la dictadura.

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Para quienes intentan trabajar como periodistas independientes o como corresponsales de prensa extranjera una ley de 1996, Ley de Defensa de la Dignidad y Soberanía Nacional y otra de 1999, Ley de Protección de la Independencia y Economía Nacional, han restringido aún más la escasa esfera de acción que antes tenían al prescribir severas sanciones (que pueden llegar a ocho años de privación de libertad) para quienes divulguen noticias dañinas a la economía nacional, sean socialmente peligrosas o representen una forma de propaganda enemiga o hayan sido impresas sin permiso. No solamente la difusión de noticias falsas sino "las predicciones maliciosas que tiendan a causar descontento" son duramente castigadas por el Código Penal. La sanción llega hasta 20 años de privación de libertad cuando se utilizan medios de comunicación masiva. En abril del 2003 las pruebas aportadas contra algunos de los condenados a penas de 20 años o más consistieron en tener un fax o una fotocopiadora sin autorización. La desinformación, o mejor la manipulación maliciosa de la información llega hasta las estadísticas oficiales. El Anuario de Estadística de Cuba, por ejemplo, acusa las omisiones y cambios que al gobierno le interesa introducir. No se busquen en esa publicación, por ejemplo, datos sobre el desempleo, la inflación, la tasa de afiliación sindical, el número de convenios colectivos o las horas de trabajo. Esas informaciones no corresponden a los estadísticos sino a los encargados de la propaganda oficial a quienes toca la responsabilidad de divulgar noticias sobre el pleno empleo, la estabilidad de los precios, el ciento por ciento de sindicalización o la existencia de 10.000 convenios colectivos. Estos publicitarios de nómina oficial a veces intervienen también en el manejo de las estadísticas. Cuando en los años 90 comenzó a hacerse del dominio público la alarmante tasa de suicidios en Cuba, las autoridades dieron órdenes para que el Anuario presentara cifras más bajas a partir del año 2000. Y así se hizo; mientras el número de suicidios por cada 100.000 habitantes pasaba antes con creces de 2.000, ahora no llega a esa cifra. Algo parecido ocurrió con el cambio operado en la composición racial del pueblo cubano. A Castro no le convenía que oficialmente se corroborara lo que todos sospechaban, esto es el ascenso de la raza negra a una condición mayoritaria. Entre otras cosas tal ascenso pondría en evidencia a su gobierno formado por blancos en su inmensa mayoría. Dispuso, por consiguiente, que se demorara la realización del censo de población y vivienda que debió haberse

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efectuado en 1991. Cuando al fin se llevó a cabo en 2002 y sus resultados confirmaban el predominio de la raza negra, el dictador ordenó que se mantuvieran ocultos los datos del censo hasta que fueran debidamente corregidos a su gusto. El anuncio que por fin se hizo en noviembre de 2005 indicaba que la raza blanca representaba el 65 porciento de la población, los negros el 10 porciento y los mestizos el 24,9. Es decir, qué sólo se había producido un aumento del mestizaje y una ligera variación en el balance de las razas, cosa de todo punto falsa e inverosímil. La mayor prueba del vacío informativo que existe y de la avidez del pueblo por suplirlo está en que a pesar de sus restricciones ha habido un crecimiento notable del número de grupos de periodistas independientes. Fueron éstos los que en 1995 lograron hacer mella en el monopolio mediático del gobierno, cosa que el dictador nunca ha perdonado. Al año siguiente aparecieron los primeros cuatro grupos; seis años después ese número ascendía a 120. Tamaño crecimiento seguramente motivó la gran represión de marzo y abril del 2003 dirigida, inter alia, contra el periodismo independiente. Contra viento y marea, estos periodistas se ocupan de enviar noticias al exterior o de publicar hojas informativas al estilo de los samizdat rusos. Todos ellos, sin embargo, son constantemente obstaculizados en sus trabajos, hostigados o amenazados y expuestos a ser encausados por supuestos delitos previstos en la precitada ley (popularmente conocida como Ley Mordaza). Cuantos esfuerzos se han hecho para sacar a la luz pública revistas independientes de índole cultural o literaria son rápidamente frustrados por el régimen. La última o penúltima víctima ha sido la revista De Cuba, órgano de la Asociación de Periodistas Manuel Márquez Sterling, clausurada en abril del 2003. Año tras año la Sociedad Interamericana de Prensa denuncia estos atentados a la libertad de expresión y se queja de que a esos periodistas ni siquiera se les permite salir al exterior o moverse libremente en el territorio nacional5. Son violaciones flagrantes de la libertad de pensamiento, de opinión y de expresión. El régimen infringe asimismo otro aspecto de la libertad de opinión y expresión que es el derecho de recibir informaciones, derecho incluido en el artículo 19 de la Declaración Universal. No solamente no existe la prensa independiente sino que los mis-

5 Véase InterAmerican Press Association, Press Freedom in the Americas. Annual Report 1996, p.

28 y Annual Report 2002, p. 67

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mos medios oficiales de difusión jamás publican noticias sobre acontecimientos de la vida cotidiana que puedan echar una sombra sobre el gobierno, tales como incendios, crímenes o alteraciones del orden.“En Cuba no existe ningún problema grave, todos son leves y aislados, todos son fruto del bloqueo o de la acción de los otros. Todos los males sociales, toda la corrupción y los vicios ocurren fuera de Cuba. Ningún posible error es reconocido como error propio o de los organismos o estructuras del sistema.”6 El cubano vive en una sociedad perfecta en la que no ocurren los "fait divers" o sucesos de policía que son comunes en otros países pero que desaparecieron por arte de magia del acontecer isleño. Un malhechor puede estar cometiendo crímenes atroces en determinado lugar pero de eso no se enteran ni siquiera los vecinos. Sólo hechos accidentales de gran repercusión, como un ciclón, un descarrilamiento o un choque, son publicados en la prensa. Una operación llamada "rastrillo" tiene por objeto confiscar cuantas antenas parabólicas de televisión hayan podido instalarse y se reprime asimismo la escucha de la radio de los EE.UU. No solamente existe un control absoluto de los medios de difusión sino que se sanciona con penas de privación de libertad la preparación y circulación de documentos que expresen opiniones discrepantes de las del gobierno y el Partido Comunista. No importa que dichos documentos se abstengan de incitar a la violencia y preconicen métodos pacíficos, sus autores serán sin duda procesados y encarcelados, como ocurrió en 1998 con los cuatro firmantes del manifiesto La Patria es de Todos. No se reconoce la libertad de creación artística y literaria pues desde la famosa admonición de Castro pronunciada en sus "Palabras a los Intelectuales" de 1961 nada que fuere desfavorable a la revolución puede publicarse. Que la restricción iba en serio lo atestiguan el famoso caso de Heberto Padilla y la inexorable censura aderezada de destierro, reclusión o mutismo forzado impuesta a Guillermo Cabrera Infante, Virgilio Piñero, Zoe Valdés, Carlos Franqui, Roberto Luque Escalona, María Elena Cruz Varela, Daína Chaviano, Andrés Reynaldo, Carlos Alberto Montaner, Raúl Rivero, Tania Díaz Cruz, Belkis Cuza Malé, Eduardo Manet, Rafael Rojas, Jorge e Isabel Castellanos, César Leante, Emilio Ichikawa y tantos otros. Sin olvidar los escritores que murie-

6

Dagoberto Valdés, Nuestros problemas son nuestros problemas, en Ideal (Miami), no. 331, p. 21

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ron en el destierro: Jorge Mañach, Herminio Portell Vilá, Roberto Agramonte, Francisco Ichaso, Leví Marrero, Gastón Baquero, Reynaldo Arenas, Heberto Padilla, Carlos Márquez Sterling, Enrique Labrador Ruiz, Eugenio Florit, Lydia Cabrera, Lino Novás Calvo, Octavio Costa y Jesús Díaz. La censura hurga afanosamente en los textos hasta descubrir segundas intenciones o alegorías sospechosas. Quienes en 1991 suscribieron la "Declaración de los Intelectuales Cubanos" pidiendo reformas moderadas y amnistía para todos los presos políticos fueron objeto de duras represalias. El acceso a la lectura está limitado en las bibliotecas públicas a los libros que Castro permite leer. Siguiendo instrucciones del gobierno, dichas bibliotecas gradualmente destruyen o arrojan a la basura los libros que el gobierno incluye de modo especial en su "índice expurgatorio". Esa estricta vigilancia representa según Hugh Thomas la versión moderna de la Inquisición. También se halla restringido el acceso a la internet. Sólo con autorización especial es posible consultar los libros que si bien están vedados al gran público aún se conservan y se guardan en lugar separado. Castro reprime las lecturas que no coinciden con la suya. Se teme que el pueblo conozca otros sistemas, otras ideologías, otras experiencias. Es el retorno al oscurantismo de épocas lejanas. Fue precisamente para aliviar en parte esa prohibición que se fundó en Tunas en 1998 el Movimiento de las Bibliotecas Independientes. Cubanos cívicos y pensantes lograban reunir un cierto número de obras prohibidas e improvisaban en sus casas una sala de lectura. El movimiento cobró impulso y se extendió a otras ciudades de la isla, pero el gobierno pronto comenzó a obstaculizarlo confiscando libros, desahuciando viviendas y amenazando a los promotores. En diciembre de 2001 los fundadores del movimiento se vieron obligados a exiliarse. Muchos libros enviados desde el exilio a las bibliotecas independientes son decomisados en la aduana. Tampoco existe la libertad de cátedra. Desde que en julio de 1960 el régimen de Castro expulsó de la Universidad de La Habana a cuantos profesores osaron defender la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, en Cuba no es posible enseñar si no es de conformidad con los principios impuestos por Castro en consonancia con la doctrina comunista. Ni siquiera en el nivel de enseñanza primaria se acepta el derecho individual a enseñar y aprender. El

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derecho que la Declaración Universal reconoce a los padres de escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos no se reconoce en Cuba. La educación se halla rígidamente estatizada; no hay espacio alguno para la educación religiosa y moral mencionada en el Pacto sobre los Derechos Civiles y Políticos. En noviembre de 2002 varios estudiantes universitarios de Camagüey fueron expulsados de su centro de estudios por haber firmado el Proyecto Varela. No eran agitadores ni preconizaban la violencia. Simplemente se habían mostrado de acuerdo con las reformas que ese proyecto proponía. Otros muchos cubanos perdieron los cargos que desempeñaban o fueron presionados por ese motivo. Fueron víctimas de la ola represiva que se extendió por toda la isla contra los firmantes del citado proyecto. Esa política de negación de las libertades públicas ha sido dirigida por quien el 5 de mayo de 1959 decía a la prensa uruguaya lo siguiente: "Soy de los que creen sinceramente en las libertades, soy de los que creen que cada cual debe tener derecho de opinar y si no piensa como yo, le discuto sus razones, argumento contra sus ideas, pero no le quito el derecho a opinar de acuerdo con su conciencia. Jamás el sistema debe privar a nadie de sus derechos". Sépase, por último, que en la Cuba de Castro como en la Unión Soviética de Stalin, la policía del pensamiento corre a cargo no sólo de la SE y otros órganos, sino también del Departamento Ideológico del Comité Central del PCC a cuyo frente se halla el dirigente comunista Esteban Lazo asistido por el ex militar Rolando Alfonso Borges.

LIBERTAD DE REUNIÓN Y ASOCIACIÓN La Declaración Universal consagra en su artículo 20 dos derechos colectivos que provienen de la naturaleza gregaria del hombre: el de reunión y el de asociación. Este último tiene a su vez una doble dimensión: una referente a la facultad que en todas partes se reconoce a las personas de reunirse pacíficamente y sin armas y de asociarse para cualquier fin lícito y otra concerniente al derecho a no ser obligado a pertenecer a una determinada asociación.

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El régimen de Castro infringe uno y otro derecho, el de reunión y el de asociación y yendo aún más lejos no sólo no los respeta sino que llega a penalizar su ejercicio y a entrabar las pocas manifestaciones de ellos que son permitidas. La Ley no. 54, Ley de Asociaciones, y su Reglamento, la Resolución 553, limitan el derecho del ciudadano a asociarse libremente. En 2002 una nueva modificación del Código Penal ha dado carácter delictivo a la "promoción, organización, inducción o participación en reuniones o manifestaciones" que signifiquen una colaboración con "la constante guerra económica, política, diplomática, propagandística e ideológica contra la Patria". Y ni que decir tiene que por encima de la ley, el gobierno dispone en la realidad de un poder absoluto para denegar o dejar de responder las solicitudes de registro de una asociación. En realidad, las libertades de reunión y asociación funcionan sólo para los partidarios del gobierno y las organizaciones de masas que le son afines. Para el resto de la ciudadanía rigen disposiciones prohibitivas; el Código Penal prescribe una sanción de tres meses de privación de libertad para los que pertenezcan a una asociación no inscrita en el registro estatal; para los promotores o directores la sanción llega a nueve meses y en ambos casos la prisión va acompañada de multa. No solamente se prohíben las reuniones y las asociaciones que tuvieren un fin político, sino también toda manifestación no autorizada de pluralismo, incluso las reuniones de los grupos defensores de los derechos humanos. En diciembre de 2001 y 2002, por ejemplo, una extensa ola represiva impidió la celebración del aniversario de la Declaración. Hasta las procesiones religiosas, prohibidas antes de 1998, se hallan sujetas a fuertes restricciones. Igualmente sufrieron serios quebrantos las logias masónicas. Proscripta está también la celebración de las efemérides no previstas en el calendario revolucionario. Y no pueden tampoco reunirse los trabajadores que quieran constituir una organización sindical independiente. Las agrupaciones no permitidas son pasibles de las sanciones previstas para el delito de asociación ilícita. Los cubanos están, por otra parte, obligados a pertenecer a una de las organizaciones de masas y sociales reconocidas en la Constitución.7 Estas organiza-

7 Véase el artículo 7. Las masas, decía Ortega y Gasset, son un conjunto de individuos desindividualizados que dejan que otros piensen y actúen por ellos.

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ciones se supeditan desde luego al Partido Comunista "vanguardia organizada de la nación" y la Unión de Jóvenes Comunistas "organización de la juventud cubana de avanzada". El PCC ha tenido desde 1975 el mismo Secretario General (Fidel Castro) y el mismo Vice Secretario General (Raúl Castro). La UJC ha tenido ocho secretarios generales; salvo Carlos Lage y Jaime Crombet los demás SG han sido después defenestrados. El encasillamiento en las organizaciones de masas se efectúa de la siguiente manera:

. Los trabajadores en la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) . Las mujeres en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) . Los niños en la Organización Nacional de Pioneros (ONP) . Los estudiantes de enseñanza secundaria en la Federación de Estudiantes de Enseñanza Media (FEEM) . Los estudiantes universitarios en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) . Los trabajadores jubilados en uno de los 19 sindicatos nacionales y la CTC . Los agricultores en la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) . Los vecinos del barrio, manzana o edificios correspondientes, en los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Todos tienen la obligación de inscribirse en el registro de población. Sus dirigentes son seleccionados.

La pertenencia de los cubanos a una de estas organizaciones es virtualmente obligatoria. Quienes rehúsen formar parte de ellas ven disminuidas las oportunidades de empleo, educación superior y demás beneficios que se ofrecen a los miembros. De hecho pasan a integrar una masa amorfa constituida por los ciudadanos de segunda clase. Tras las organizaciones de masas, la regimentación del pueblo cubano se continúa con las uniones nacionales, la más conocida de las cuales es la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a cuyo lado existen otras dedicadas también a aglutinar intelectuales y profesionales como los juristas,

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los economistas, los periodistas y los historiadores. De nuevo se supone que la afiliación en estas reuniones es voluntaria, pero en la práctica es casi tan compulsoria como en las organizaciones de masas. Un tercer escalón en el proceso de reducción del ser humano a su condición de partícula de un determinado ente colectivo está formado por las agrupaciones artísticas y musicales, que si bien pueden surgir de modo espontáneo no pueden luego funcionar sin el reconocimiento del Ministerio de Cultura, el cual se encarga también de evaluar las agrupaciones. Tampoco pueden elegir directivos que no sean aprobados por el Partido Comunista ni efectuar contrataciones si no es por intermedio de un agente oficial. Ubicadas en otra categoría se hallan las asociaciones que el propio Estado fomenta y controla, como son la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadotes, creada en 1976 a la manera de la que existía en la Unión Soviética y en un plano más beligerante la Asociación Nacional de Combatientes de la Revolución Cubana, fundada en 1993; de igual naturaleza pero proyectada hacia el exterior existe la Organización de Solidaridad para Asia, África y América Latina. No incluidas en la clasificación anterior se encuentran los entes paramilitares como el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) y las Milicias de Tropas Territoriales (MTT). Existen también colegios e institutos independientes, es decir creados al margen de la ley, pero éstos se ven obligados a funcionar en forma precaria. Asimismo, funcionando a medias o de modo clandestino entre una y otra persecución de la Seguridad del Estado, hay también otras manifestaciones más o menos tenues de la sociedad civil que apenas logran sobrevivir. Una lista preparada en 1997 incluye 38 asociaciones, 58 movimientos y 25 partidos cuya solicitud de registro el Estado se niega a aceptar. En 1960, cuando apenas habían comenzado a aparecer los CDR, las milicias y las federaciones, Castro afirmó que el país había ya alcanzado un alto nivel de organización, superior al que existía antes.8 Cuarenta y tantos años más tarde, cuando el proceso organizativo había llegado a su punto culminante con la

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Véase El Mundo (La Habana) de 23 de enero, 29 de marzo y 18 de abril de 1960.

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gama de organizaciones, uniones, asociaciones y agrupaciones existentes, el Líder Máximo podía también jactarse de haber transformado a Cuba en el país más fiscalizado y controlado del mundo, un país en el que era difícil encontrar una sola persona que no fuera miembro obligado de alguna organización. Las organizaciones de masas y sociales gozan de ciertas prerrogativas constitucionales, como son la de representar intereses sectoriales y la de iniciar el proceso de adopción de las leyes por la Asamblea Nacional. Sin embargo, este último derecho se reserva a la dirección nacional de la organización correspondiente.9 La FMC es dirigida desde su creación por Vilma Espín, ex-esposa de Raúl Castro. Tanto los CDR como la ONP y el EJT son dirigidos por generales del ejército. Al frente de la CTC está un antiguo "apparatchik" con escasos antecedentes laborales, Pedro Ros Leal, elegido hace unos 16 años. No conozco de iniciativa importante alguna que se haya originado en una propuesta de un sindicato. Otras funciones de estas organizaciones se relacionan con la incorporación de la población a las tareas de edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista. Es esta última finalidad la que da lugar en la práctica a su función de movilización, a cuyo efecto velan por la asistencia puntual de sus miembros a las grandes concentraciones dispuestas por el gobierno. ¡Cuán satisfecho se sintió el Comandante en Jefe cuando en ocasión de una de esas manifestaciones vio las calles vacías y una enorme multitud que le aguardaba! ¡Eso sólo pueden hacerlo las organizaciones de masas!, dijo jubiloso a sus ayudantes.10 Las organizaciones de masas se esfuerzan asimismo por lograr que sus miembros cumplan con sus otros deberes revolucionarios, incluyendo su participación en el trabajo voluntario, en las asambleas sindicales y en las Milicias de Tropas Territoriales. Son hoy por lo general ritos vacíos, recuerdos de una militancia hace tiempo fenecida. En cierto modo las organizaciones de masas son también auxiliares de la administración en cuanto toca a la represión y vigilancia. Sin duda que los más

9

Artículo 88, inciso d) de la Constitución.

10 Citado en Efrén Córdova, El trabajador cubano en el Estado de Obreros y Campesinos (Miami:

Ediciones Universal, 1990), p. 204

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efectivos en este sentido son los CDR, que en 2001 sumaban 130.000 comités extendidos por toda la isla. En 1960, en el discurso en que Castro anunció la creación de los CDR, los definió como un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria que permitía a todos en cada manzana conocer lo que los otros hacen, lo que los otros piensan, las personas que reciben y las actividades en que participan. De la eficacia del sistema dan fe los 180.000 informes transmitidos a la policía entre 1978 y 1981; en la actualidad estos comités radican, según el periódico Granma, un promedio de 60.000 denuncias al año. Cualquier reunión no autorizada, visitas de extranjeros, movimientos sospechosos y hasta consumos excesivos son reportados a las autoridades. En su congreso nacional del 2001, los CDR acordaron fortalecer la vigilancia revolucionaria y la combatividad de las masas, a cuyo efecto crearon Destacamentos de Vigilancia que, equipados con teléfonos celulares, recorren las calles en la madrugada. Es una extraña manera de ejercer el derecho de reunión y asociación. Han desaparecido por otra parte las facilidades que antes se concedían al amparo de la vieja Ley de Asociaciones. Ellas han sido sustituidas como se vio antes por una disposición del Código Penal que sanciona con privación de libertad a los que se afilian a una asociación no debidamente registrada. De las 360 organizaciones que Marta Beatriz Roque invitó en el 2005 para integrar la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, ninguna había podido obtener reconocimiento legal a pesar de haberlo oportunamente solicitado al Ministro de Justicia. El derecho de sindicalización -que es distinto del de asociación- ni siquiera se menciona en la Constitución y su ejercicio se traduce sólo en la incorporación automática del trabajador a la oficialista CTC.11 No se reconoce el derecho de huelga y quienes organizaren una cesación colectiva del trabajo serían encausados criminalmente. El derecho a trabajar por cuenta propia estuvo prohibido hasta 1992 y está en la actualidad limitado a ciertos oficios y sometido a constante vigilancia. La libertad de industria y comercio se reconoce para los extranjeros pero no para los cubanos. Del derecho a dirigir peticiones habla un

11

Véase el capítulo XII

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artículo de la Constitución pero ni esa ni ninguna otra libertad puede ejercerse en contra de la existencia y fines del Estado Socialista.12 En junio del 2002 varios millones de cubanos dócilmente conducidos por las organizaciones de masas pidieron a la Asamblea Nacional que declarara intocable el sistema socialista impuesto por Castro. En la Cuba de hoy sus ciudadanos dependen para todo del Estado y actúan en todo conforme a los parámetros que fija el Estado. Yendo contra natura e ignorando las lecciones de la historia, el Estado se obstina en regular y controlar todos los aspectos de la sociedad civil. Esa total subordinación impide el libre desenvolvimiento y pleno desarrollo de la personalidad, atributos especialmente destacados en la Declaración Universal. Todavía hoy, cuatro decenios después de instaurado el socialismo, el país vive en un permanente estado de emergencia.

LAS ORGANIZACIONES DE DERECHOS HUMANOS EN CUBA A pesar de todas las restricciones, hacia la segunda mitad del decenio 19701980 comenzaron a florecer en Cuba organizaciones independientes que tenían por objeto específico la defensa de los derechos humanos. Sus fundadores creían sinceramente en el valor de esos derechos y pensaban además que la lucha pacífica por su reconocimiento y respeto les pudiera permitir su oposición a la dictadura castrista en el plano de una legítima contienda de ideas. En 1976 Ricardo Bofill, Gustavo Arcos, Adolfo Rivero, Martha Frayde y otros anticastristas incluyendo marxistas decepcionados fundaron en La Habana el Movimiento de Derechos Humanos a la manera de una actividad de lucha civilista, una cruzada sin precedentes en la tradición política cubana. En ese entonces el Comité Cubano Pro Derechos Humanos apenas tenía un puñado de miembros. La cárcel, los tratos crueles y degradantes, la extorsión permanente y las agresiones brutales de una guerra en extremo severa que Castro desató no pudieron hacer desaparecer la campaña de desobediencia civil y resistencia pacífica. Un cuarto de siglo después el CCPDH se había multiplicado y cuen-

12 Artículo 62

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ta hoy con docenas de organizaciones y miles de adherentes en los cuatro puntos cardinales de la nación.13 En julio de 1988 se fundó el Partido Pro Derechos Humanos (PPDH) con el objetivo de llevar al terreno político lo que antes se situaba en un plano humanitario, es decir, de convertirse en el ala política del movimiento de defensa de los derechos humanos. También el Partido Demócrata Cristiano de Cuba creó en la isla y el exilio una Comisión de Derechos Humanos. El PPDH publicó como hoja clandestina la revista Franqueza, pero los que la fundaron terminaron en prisión.14 No obstante, el movimiento pro derechos humanos se ha ido diversificando: cobraron fuerza los sindicatos independientes, aparecieron los grupos ecologistas, los grupos de apoyo a los presos políticos y los grupos de defensa de las creencias religiosas.15 En 1988 Gustavo Arcos sucede a Ricardo Bofill en la presidencia del Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Sufre acosos y vejaciones de todo tipo pero su respuesta no se hizo esperar. "El Comité se va mantener aun a costa de nuestras propias vidas... Ni el terror ni la propaganda podrán detener el desarrollo de las ideas humanistas en nuestro país".16 Castro reaccionó con su habitual fiereza persiguiendo a los defensores de los derechos humanos de la misma manera que había tratado antes a disidentes y opositores. En el célebre caso del médico Dessy Mendoza, fue su condición de miembro de una organización de derechos humanos lo que se esgrimió como uno de los elementos de juicio que dieron lugar a su condena por haber denunciado la existencia de una epidemia de "dengue" en Santiago de Cuba. Solo la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional que preside Elizardo Sánchez Santacruz es de cierto modo tolerada. A las demás la

13 Ricardo Bofill, "Apuntes sobre la sociedad civil" en Cien años de historia de Cuba, op. cit., p. 218 14 Véase Reinaldo Bragado Bretaña, La fisura. Los derechos humanos en Cuba. op, cit., p. 83 15 Ibidem 16 Véase Ariel Hidalgo, Gustavo Arcos: Un hombre y un ideal (Miami: Ediciones Ex Club, 1990), p. 19

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Seguridad del Estado les acosa y hostiga procurando destruir sus organizaciones. Todavía hoy muchos activistas permanecen en las prisiones y otros pierden sus empleos o son sujetos a arrestos domiciliarios, pero el movimiento no obstante sobrevive y crece, dando cabida a gentes de las más diversas tendencias. La lucha pacífica por los derechos humanos es el último reducto de los que en un Estado totalitario carecen de otros medios de acción. No es posible citar todas las organizaciones que combinan el propósito de defender los derechos humanos con el más general de oponerse a la dictadura de Castro. Una lista preparada en 1997 por Siro del Castillo, Mercedes Grandio, Amaya Altuna y Andrés Hernández contiene los nombres de 360 "organizaciones disidentes, opositoras y de derechos humanos".17 Se incluyen en esa lista nada menos que 37 organizaciones que de una manera u otra hacen referencia a los derechos humanos en su nombre. Casi todas estas organizaciones funcionan sólo de facto o de modo clandestino. Algunas cuentan con pequeños departamentos técnicos y de investigación, mantienen contactos con Amnesty Internacional y otras organizaciones no gubernamentales (ONG) y han extendido su presencia a varias provincias y ciudades. Son ellas las que suministran las informaciones que sirven de base a las denuncias que se presentan ante la Comisión de Derechos Humanos. Lástima grande que esa tesonera acción no haya aún podido generar un movimiento de desobediencia civil de efectiva proyección nacional. En 2002 las organizaciones de derechos humanos se unieron a otros grupos opositores para denunciar la inaceptable política de un gobierno que viola sistemáticamente los derechos humanos. El documento titulado Todos Unidos fue firmado por 81 organizaciones.

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Un número similar de organizaciones de diversa índole acordaron en 2002 formar una coalición para promover el desarrollo de la sociedad civil

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EL DERECHO A SALIR DEL PAÍS Y REGRESAR AL MISMO En Cuba no existe el derecho que la Declaración Universal (artículo 13) y otros países reconocen a sus ciudadanos de salir del país y regresar libremente al mismo. Castro aplica una política migratoria especial que consiste en dar becas y otras oportunidades de viaje a sus seguidores, expulsar a discreción del país a sus opositores y condicionar la salida de los demás al cumplimiento de una serie de requisitos que incluyen una autorización administrativa y el permiso del centro laboral correspondiente. Este último se concede por lo general con relativa facilidad a las personas de edad avanzada y se niega a los más jóvenes. Algunos cubanos residentes en España y en los EU han tenido que esperar más de 15 años para obtener el permiso de salida. Los que por alguna razón desean regresar como turistas, tienen que solicitar visa en la embajada o sección de intereses correspondiente, la que discrecionalmente la concede o deniega. Por encima de esas restricciones muchos cubanos agobiados por la penuria material y la ausencia de libertades "no ven otra salida que la de abandonar el país y algunos lo intentan por todos los medios imaginables aún con riesgo de sus vidas".18 En el primer Estado Socialista establecido en una isla no hace falta erigir barreras ni construir muros de Berlín. La condición insular dificulta la huida y facilita la política del gobierno de no dejar salir más que a aquellos que tenga a bien. De las consecuencias trágicas que de ello resultan se habló ya en el capítulo IV. Los que infructuosamente tratan de salir sin autorización oficial son pasibles de una pena de tres años de privación de libertad y multa de mil pesos. Los que acogiéndose a la legalidad socialista solicitan permiso para salir o emigrar tienen que pagar al gobierno 600 dólares por adulto y 400 por cada menor. Los trámites son demorados por más o menos tiempo según el juicio que se tenga de la postura política y capacidad laboral del solicitante. El permiso se niega a los profesionales que no hayan cumplido el servicio social de 3 a 5 años y aun después tratándose de médicos y periodistas independientes. Se

18

Jaime Cardenal Ortega, "En la visita Ad Limina", en La voz de la iglesia, op. cit., p. 442.

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rechazan asimismo los permisos cuando a juicio de la autoridad concurran razones políticas o de seguridad estatal que así lo aconsejen así como cuando el solicitante sea familiar de otra persona que haya tratado de emigrar ilegalmente.19 No se concede por lo general el permiso a los jóvenes de menos de 27 años o que no hayan cumplido con el servicio militar obligatorio. Aun dentro del país el Decreto 217 de 1997 prohibió la migración hacia La Habana de los residentes en el interior. Quienes infringieren esa medida son sancionados con multas de $300 y devueltos a su lugar de origen. Solo el 25 porciento de la población vive actualmente en zonas rurales. Es verdad que en cuatro oportunidades (1965, 1970, 1980 y 1994) Castro ha permitido la salida de grupos más o menos numerosos, pero esas autorizaciones han estado siempre viciadas por objetivos espurios. Se trata por lo general del propósito de deshacerse de elementos pasivos o de superar situaciones de crisis y evitar una explosión social. La primera de esas expatriaciones masivas autorizadas por el gobierno tuvo lugar por el puerto de Camarioca en 1965 y alcanzó a unos 3.000 cubanos. Ya para entonces más de 250.000 cubanos habían sido desterrados o se habían acogido al exilio voluntario. Vinieron después en 1970 los vuelos de la libertad desde Varadero (el éxodo de Camarioca fue por vía marítima). No fueron permisos de carácter general, pues beneficiaron sólo a colectivos determinados y en el caso del puente aéreo vino a ocurrir después de la dislocación causada por la fracasada zafra de los 10 millones de toneladas. Diez años más tarde se produjo la irrupción de miles de cubanos solicitantes de asilo en la embajada de Perú. El hecho produjo conmoción en Cuba y manchó en el exterior la reputación del régimen. Y fue entonces que, para neutralizar esa vergüenza, se concibió el éxodo de 125.000 cubanos por el puerto del Mariel. Junto a opositores, refugiados políticos y emigrantes de buena fe, Castro dejo salir por esa vía a criminales sacados de las cárceles, a drogadictos, locos y homosexuales.20 Se proponía así desacreditar a la oposición y deshacerse otra vez de adversarios y elementos improductivos.

19

Bureau of Democracy, Human Rights and Labor, Country Reports on Human Rights PracticesCuba 2001. 20 Véase infra cap. XI y Alex Larzelec, The 1980, Cuban Boatlift (Washington, Nacional Defense University Press, 1998) Véase también Eugenio Rosas, De Cayo Hueso a Mariel y Lázaro Gómez Carriles, Desertores del paraíso

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Transcurrieron otros 10 años y tras la crisis causada por la caída del imperio soviético se recrudecieron las presiones para salir del país. En febrero de 2002 otros cubanos desesperados secuestraron un autobús y penetraron a la fuerza en la Embajada de México. Otras ocupaciones o intentos de ocupación han tenido lugar en los últimos 12 años en las Embajadas de España, Canadá, Alemania, Bélgica, Chile, Italia, Suiza y Checoslovaquia. Pocos meses después de la llamada "crisis de las embajadas" en 1994 se produjo la fuga desde las costas cubanas hacia los Estados Unidos de unas 26.000 personas. Alarmado ante la posibilidad de otra explosión migratoria semejante a la del puerto del Mariel, el Gobierno de los Estados Unidos firmó con el de Cuba en ese mismo año de 1994 un acuerdo de emigración que entre otras estipulaciones asignaba cándidamente al gobierno castrista la tarea de impedir la salida de refugiados por medios "principalmente persuasorios" y reservaba 20.000 visas al año para los cubanos de la isla deseosos de radicarse en los Estados Unidos. Centenares de miles de cubanos han mostrado interés en participar en el sistema de loterías que administra la Sección de Intereses que los Estados Unidos tiene en la Embajada de Suiza en La Habana. Más de 600.000 candidatos se registraron en la lotería de 1998. Entre 1995 y 2001 más de 160.000 cubanos lograron así emigrar en forma legal. Ansiosos por trabajar, los nuevos emigrantes pronto convirtieron sus remesas en una importante fuente de divisas para el régimen de Castro. Los datos que oficialmente se publican en Cuba son los siguientes: SALDOS MIGRATORIOS Y TASAS DE MIGRACIÓN EXTERNA Año Número de emigrantes Total

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1997

1998

1999

2000

2001

33.648 20.552 21.000 26.799 31.224 29.322 33.043 162.040 Fuente: Anuario Estadístico de Cuba, 2003

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El Gobierno de Clinton le ofreció así a Castro una válvula de escape que se pensaba iba a servirle de alivio en su perpetua crisis económica. No ha sido así sin embargo. Veinte mil visas no son lo mismo que el derecho a la libre emigración. Veinte mil visas no son suficientes para los 800.000 cubanos que hacia el año 2000 deseaban emigrar. En 2001 unos 2.300 aprovecharon una escala en el aeropuerto de Madrid para solicitar asilo en España. En 2005 se anunció que más de 3.000 cubanos procedentes de países latinoamericanos atraviesan anualmente la frontera mexicana rumbo a EU.21 Suman miles las visas denegadas anualmente por Estados Unidos, España, Canadá y otros países. Por mar, la incontenible fuga. Entre marzo y junio del 2003, 37 cubanos fueron capturados en el Estrecho y devueltos a Cuba. En julio tuvo lugar la espectacular huida de 19 cubanos en el famoso Chevrolet flotante, huida frustrada por los guardacostas de EE.UU. Ese mismo mes ocurrió el intento fallido de los que trataban de escapar desde La Coloma en Pinar del Río, hecho que se saldó con la muerte de un niño abatido por los guardafronteras. La ingeniosidad produjo también un Buick flotante. El acuerdo migratorio le brindaba aun otro obsequio a Castro: a fin de parar en seco el flujo de los que huyen, Estados Unidos se comprometía a no reconocer la condición de fugitivos políticos a los balseros interceptados en alta mar por los guardacostas americanos. Cuantos infortunados eran así detenidos antes de pisar tierras americanas eran devueltos a Cuba, donde el régimen le aplicaba las sanciones de rigor. El Gobierno de los Estados Unidos se hacía de esa manera cómplice en la conversión de un derecho garantizado por la Declaración en un delito previsto en el Código Penal cubano. Tampoco están exentos de tribulaciones los que ajustándose a lo requerido solicitan autorización para abandonar el país. Además de tener que pagar sumas relativamente elevadas y sufrir las inexorables consecuencias de perder bienes y derechos y exponerse a represalias, el precio de la emigración exigido por el gobierno incluye para algunos penosos trabajos forzados22 ("El dere-

21

El Nuevo Herald, 29 se septiembre de 2005, p. 2A

22 Roger Romero, Anécdotas increíbles. El trabajo esclavo (Miami:

2000), p. 83.

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cho a dejar el país hay que ganarlo en los campos de caña", dijo hace varios años Fidel Castro). Para todos se abre un período de incertidumbre y angustia del que dejó constancia un escritor chileno que habiéndose divorciado de su esposa cubana pidió permiso de salida.23 En Cuba el derecho de entrar y salir del país consagrado en el artículo 13 de la Declaración es letra muerta. El recurso al destierro funciona en cambio de manera expeditiva con respecto a opositores incómodos y ciertos presos políticos cuya puesta en libertad se condiciona a la firma de la solicitud de emigrar.

23 Roberto Ampuero, Nuestros años verde olivo (Barcelona - Santiago: Planeta, 1999). Una becada uruguaya, María Fernanda Chiribao, dio también cuenta de sus desventuras en un reportaje publicado en el Diario Las Américas del 23 de julio, 2003, p. 3A

CAPÍTULO VI ¿HAY LIBERTAD DE CONCIENCIAY RELIGIÓN EN CUBA?

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EL MARXISMO Y LA SOCIEDAD CUBANA EN 1959 Las huellas del materialismo aparecen también desde temprano en la historia de la dictadura. La filosofía materialista, parte integrante de la doctrina marxista jugó en efecto su parte en la entronización del plan totalitario. Las razones vienen de lejos. En su Tesis sobre Feuberbach, Marx considera al sentimiento religioso como una peligrosa quimera emanación directa de un determinado modo de producción. En otra de sus obras afirma que "la moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que les corresponden carecen de sustantividad propia por ser derivaciones o sublimaciones del proceso material de la vida". "No es la conciencia la que determina la vida sino la vida la que determina la conciencia" dice una de las frases famosas de Marx en tanto que otra postula que la clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone al mismo tiempo de los medios para la producción espiritual.1 Aunque el pueblo cubano no se distinguía por su devoción católica (su primer presidente fue protestante y ninguno de los que le siguieron dio muestras de particular religiosidad), los últimos 20 ó 25 años anteriores a la revolución fueron testigos de un renacer vigoroso del cristianismo. Adquirieron gran importancia las escuelas católicas y protestantes y una nueva militancia de creyentes hizo su entrada en el acontecer nacional. Misioneros de una y otra rama de la cristiandad intensificaron su acción de proselitismo y sus efectos se hicieron sentir hasta en la que parecía más bien indiferente clase obrera. Un sindicalismo de inspiración cristiana (la Juventud Obrera Católica) fundado en 1947, fue pródigo en la formación de nuevos líderes de notable capacidad e igual ocurrió con las organizaciones de base universitaria. Castro educado en colegios religiosos y activista estudiantil de escaso éxito en la Universidad de La Habana conocía bien lo que para sus planes significaban esas dos canteras de posibles opositores, una de vocación cristiana y otra de vocación rebelde y decidió atajarlas a tiempo.

1 C. Marx, Tesis sobre Feuerbach y C. Marx y F. Engels, Feuerbach. Oposición entre las proposiciones materialista e idealista, en Obras escogidas, Tomo I, pp. 9, 21 y 45

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LAS PRIMERAS SEÑALES La temprana supresión del nombre y favor de Dios en el preámbulo de la Constitución fue a la vez un aviso y una señal. Apenas transcurridos unos días de su accesión al poder Castro daba a conocer al pueblo su propósito de anteponer otros principios a la tradición cristiana de Cuba. El valor simbólico de esa decisión hacía además presagiar que otras medidas contrarias a la religión católica y al movimiento evangélico habrían de adoptarse en los siguientes meses. Aunque educado por los padres jesuitas, Castro iba pronto a hacer patente que los rosarios y escapularios que portaban en 1959 los recién llegados rebeldes eran sólo un subterfugio engañoso; el Líder Máximo era en realidad no sólo marxista convencido sino también ateo militante. Primero se anularon los títulos de la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva, luego fueron confiscados los colegios religiosos, tanto los católicos como los protestantes, y más tarde se expropiaron los hospitales y centros benéficos operados por la Iglesia. Pronto fueron también suprimidas o dejaron de existir las asociaciones afines al catolicismo como los Caballeros Católicos, los Caballeros de Colón, la Federación de la Juventud Católica y la Agrupación Católica Universitaria.2 Hasta las logias masónicas han perdido sus reglas de reserva y secreto y sus dirigentes tienen que ser aprobados por la Seguridad del Estado. Era una persecución en regla que se hizo más ostensible cuando se produjo la expulsión masiva de sacerdotes y religiosas, incluyendo al obispo Eduardo Boza Masvidal. (Otro obispo, Martínez Dalmau, se autoexilió antes). No se ordenó el cierre de todas las iglesias pero muchas, carentes de párrocos, tuvieron que ser abandonadas y otras fueron a su tiempo clausuradas por amenazar ruina. Castro creó en poco tiempo una atmósfera hostil a la práctica religiosa: se hacía mofa de los feligreses que seguían yendo a misa, milicianos o miembros del partido, apostados cerca de las iglesias, tomaban nota de los que asistían a los servicios religiosos y los sacerdotes eran objeto de escarnio (se les llamaba auras tiñosas y se les tiraban hollejos u otros objetos). Los creyentes que querían seguir orando a Dios en sus respectivas iglesias y ofreciendo a sus 2

La ACU renació con fuerza en el exilio y ha ofrendado un mártir (Rogelio González Corzo) y uno de los jefes de la brigada 2506 (Manuel Artime)

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hijos una educación religiosa se vieron privados de ese derecho consagrado en sendos artículos de la Declaración.3 Toda esa primera parte de la política hostil del gobierno tuvo su culminación en el artículo 54 de la Constitución de 1976 que proclamaba al materialismo científico como el fundamento filosófico de la revolución y establecía que era "ilegal y punible oponer la fe o la creencia religiosa a la revolución". Ese mismo año el Primer Congreso del PCC proclamó la erradicación de las creencias religiosas por medio de la propagación del materialismo científico. Textos de historia utilizados en la enseñanza secundaria, como el de la Historia de la Antigüedad, afirmaban que "la ciencia ha probado que Cristo no existió jamás". De un plumazo Castro procuraba así borrar del ámbito cubano cinco siglos de cristiandad. Con base en esos conceptos el Estado Socialista se empeñó a fondo en organizar sus actividades y educar al pueblo al margen de toda creencia religiosa.

UNA ATENUACIÓN DE FACHADA La caída del imperio soviético atenuó las convicciones marxista-leninistas del régimen. Siempre obsedido por el afán de mantenerse a toda costa en el poder, Castro abrió la economía a las inversiones extranjeras y se esforzó por mostrar al mundo un rostro más conciliatorio. La reforma constitucional de 1992 eliminó la referencia al materialismo científico y pareció reconocer la libertad de conciencia y de religión.4 Sin embargo, el cambio fue más bien de tipo superficial; los sentimientos adversos y las restricciones persistieron.5 Ni se devolvieron bienes ni se

3

Artículos 18 y 20. Véase también Rolando Espinosa, Cuando impera el odio (Miami: 2000). 4 Leovigildo Ruiz, op. cit., p. 12 5 Unico grupo exento de menosprecio es el Consejo de Iglesias de Cuba que actúa en realidad como si fuera una agencia del gobierno encargada de controlar algunas denominaciones protestantes.

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amplió el círculo de la acción social de la Iglesia Católica. Aunque los acuerdos del partido y los pronunciamientos oficiales afirmaban que era posible ser a la vez comunista y religioso, ser creyente siguió entrañando la voluntad de asumir una postura incómoda o inferiorizante.6 Varios factores fueron no obstante determinando un rumbo de pasividad o coexistencia pacífica entre la Iglesia y el Estado. El camino lo abrió en 1961 el Nuncio Apostólico Monseñor Cesare Zacchi, firme creyente en las afinidades entre el cristianismo y el marxismo. Sucesivos nuncios fueron transmitiendo lo que pudiera calificarse como una propuesta realista o mensaje minimalista: en tanto le fuera posible a la Iglesia mantener sus estructuras y conservar una feligresía, por pequeña que ésta fuera, el Vaticano estaba dispuesto a aceptar la realidad de la revolución y a no alentar protestas cívicas. Se soslayaba así el compromiso de la Iglesia con la sociedad y se renunciaba a desempeñar el papel que correspondía a su misión de enseñar la verdad, defender a los oprimidos y preocuparse por el bien común.

EL PAPEL DEL CARDENAL ORTEGA La elevación al rango cardenalicio de Monseñor Jaime Ortega en 1994 facilitó la ejecución de esa política. Ortega rompió con la tradición de condena al comunismo que los Papas habían expuesto en varias encíclicas y en particular por León XIII en Quod Apostolici Muneris (1878) y Rerum Novarum (1891). Ya en pleno siglo XX otras tres encíclicas dirigidas a definir la doctrina social católica fijaron con precisión la postura de la Iglesia con respecto al comunismo. En 1931 Pío XI dijo en Quadragesimo Anno que si bien parecía superfluo prevenir a los hijos de la Iglesia acerca del carácter impío e inicuo del comunismo "no podemos menos de ver con profundo dolor la incuria de aquellos que parecen despreciar estos inminentes peligros y con cierta pasiva desidia permiten que se propaguen unos principios que acabarán destrozando por la violencia y

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Aunque hubo católicos laicos como Raúl Gómez Treto y religiosos extranjeros como Frei Betto que se prestaron a escribir en favor del gobierno

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la muerte a la sociedad entera (párrafo 112).” En 1961 Juan XXIII dejaba constancia en su Mater et Magistra de que "la oposición entre el comunismo y el cristianismo es radical (párrafo 34). Y en 1991 Juan Pablo II insistía en Centesimus Annus en que la lucha de clases en el sentido marxista y el militarismo tenían la misma raíz: el ateísmo y el desprecio al ser humano (capítulo II, párrafo 10). Iguales categóricas palabras pueden leerse en Divini Redemptoris (1937) y Acta Sedis (1949). En la misma Cuba sus obispos habían reiterado en su pastoral de 7 de agosto de 1960 que el comunismo es una doctrina esencialmente materialista y atea que niega brutalmente los más fundamentales derechos de la persona humana.7 De tan claros enunciados cabía esperar una firme postura de crítica al régimen de Castro, pero Ortega optó por la conciliación y el acercamiento. Se apartó del camino de la denuncia cívica que bajo otros regímenes habían encarnado Mindszenty en Hungría, Wyszynski en Polonia y Obando Bravo en Nicaragua y prefirió desempeñar el papel del prelado apaciguador que a veces criticaba en tono menor y procuraba enarbolar en todas partes una sonrisa seráfica. Su postura se hizo menos ambigua cuando en agosto de 2002, a raíz de la defección de 23 cubanos católicos en Canadá, el Cardenal trató de explicar su equívoca actitud diciendo que la Iglesia no podía figurar en la oposición a Castro porque su función era preconizar la reconciliación que aparentemente debía a su juicio tener lugar con los que violan los derechos humanos y practican la opresión, la irreligiosidad y el materialismo. Tan notable ha sido su comportamiento que son muchos los que sugieren que por alguna razón el Cardenal se halla bajo un chantaje o amenaza de pública difamación por parte del régimen castrista. Debería, no obstante, acreditársele el haber suscripto en 1993 con los demás obispos de Cuba el mensaje "El amor todo lo espera", que puso de relieve varios aspectos irritantes de la política del gobierno: el carácter excluyente de la ideología oficial, el excesivo control de los órganos de seguridad del Estado, el alto número de presos políticos, las carencias materiales, el deterioro del clima moral y los altos índices de alcoholismo y suicidios.

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"Circular Colectiva del Episcopado Cubano" en La voz de la iglesia en Cuba, op. cit., p. 117.

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EL VIAJE DEL PAPA JUAN PABLO II Luego vino el viaje de Juan Pablo II a Cuba. Deseoso de llevar su apostolado a los más remotos e inhóspitos lugares, el Papa se empeñó en incluir a Cuba en uno de sus largos periplos. Su Santidad creía que los frutos de su peregrinación en Cuba iban a ser similares a los que obtuvo en Polonia. No advirtió el efecto de legitimación de un régimen que con tanta saña había perseguido a la Iglesia e insistió en su creencia de que iba a ser el artífice de la transición hacia un gobierno que respetara los derechos humanos. Castro le ganó sin embargo la partida publicitaria. Por primera y única vez Cuba fue absuelta por la Comisión de Derechos Humanos en 1998 a raíz del viaje del Papa. Entre la Iglesia y el Estado se perfilaron las líneas del modus vivendi previsto desde la época de Monseñor Zacchi y ahora sancionado por la visita del Papa. La Iglesia seguiría funcionando dentro de los límites y bajo la virtual fiscalización de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del PCC y expuesta a la supervisión, infiltración y hostigamiento del Ministerio del Interior. La menor intervención de la Iglesia o de católicos militantes en las lides cívicas o políticas del país provoca un ataque inmediato del régimen como ocurrió en el 2000 a raíz de una entrevista del Obispo de Pinar del Río con un senador polaco que había hecho críticas al gobierno.8 El régimen ha rechazado asimismo las solicitudes dirigidas a permitir que la Iglesia opere una estación de radio y tenga su propia imprenta. La Iglesia obtuvo, en cambio, permiso para celebrar por primera vez la Navidad, organizar algunas procesiones y publicar periódicos diocesanos. Dos de estos últimos, Vitral de Pinar del Río y Luces Claras de Santiago han logrado cierta reputación. En el fondo, sin embargo, la Iglesia Católica siguió siendo oficialmente menospreciada y su apostolado reducido al mínimo. En realidad sólo el Consejo de Iglesias de Cuba y las creencias de origen africano, incluyendo la Regla de Ocha y la secta secreta Abacuá, gozan de un margen aceptable de libertad. En cambio, tanto para la Iglesia Católica como para las otras iglesias genuinamente cristianas el pronóstico es claro: mientras siga rigiendo Castro ellas

8 Véase Granma, 16 de mayo de 2000. Además de criticar a Monseñor Siro González el periódico dirigió sus acusaciones contra el director de la revista Vitral, Dagoberto Valdés, a quien se tacha de "calumniador sistemático".

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sobreviven en los humillantes términos que fija el régimen. La verdadera libertad de religión, la consagrada en el artículo 18 de la Declaración y la que en la trayectoria constitucional cubana aparece ya en la Constitución de La Yaya de 1897, ésa ha dejado de existir hace tiempo en Cuba. Es importante agregar que el artículo 18 de la DU va más allá de la simple consagración del principio de la libertad de religión. Confiere asimismo el derecho de todo ser humano a manifestar su religión o su creencia individual o colectivamente, tanto en público como en privado. Y de modo aún más específico se refiere a la libertad para la práctica, el culto y la observancia. Quiere ello decir que es ilegal la política del gobierno de Castro de 1) restringir cuantas procesiones y actos religiosos respondían en Cuba a costumbres cristianas arraigadas; 2) limitar el número de sacerdotes que la Iglesia necesita; 3) prohibir la aparición de medios de difusión radiales o televisivos que sirvan para enseñar o manifestar los valores de determinada religión.

LA SITUACIÓN ACTUAL El cuadro religioso actual del país presenta así un alto porcentaje (aproximadamente un 50 por ciento de la población) de creyentes en la santería, casi todos de la raza negra, un movimiento protestante bastante extendido con 800 pastores, 900 iglesias y 3.000 casas de culto y una Iglesia Católica que conserva una importante feligresía y exhibe mucha jerarquía (un cardenal, tres archidiócesis y ocho diócesis).9 Salvo raras excepciones el gobierno prohíbe la construcción de nuevas iglesias y en 2001 permitió la entrada de solamente cinco sacerdotes extranjeros en sustitución de otros cuyas visas habían expirado. Menos de un cuatro por ciento de la población acude regularmente a la iglesia católica o protestante. La formación del hombre nuevo de Castro pasa por la erradicación de los valores morales, incluyendo la creencia en Dios. Ya va siendo raro que se bautice a los niños y que sus nombres provengan del santoral cristiano. Curiosamente, el ascenso de las creencias animistas favorecido

9 Véase Rafael Sánchez, "Cuba: Realidad 2001", Desafíos (Caracas), año 8, no. 43, octubre-noviembre 2001, pp. 6-8.

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veladamente por Castro coincide con su declive en África. Sin embargo, no todo es pesimismo en el cuadro actual del cristianismo en Cuba. El ateísmo del régimen no ha podido borrar el hecho de que son la Iglesia Católica y el movimiento evangélico las únicas organizaciones no gubernamentales que han sobrevivido al torbellino totalitario y aun muestran indicios recientes de vitalidad. Castro y sus auxiliares fracasaron en sus intentos iniciales de crear una iglesia nacional; los católicos cubanos han seguido fieles al Papa. Ha aumentado en los últimos años el número de seminaristas y la Iglesia continua combinando su apostolado con obras de caridad. Se advierte también una participación creciente de los laicos en actividades religiosas. Son puntos positivos que no pueden dejar de destacarse. Para el consumo externo o con finalidad divisionista el régimen inauguró en 2005 una iglesia ortodoxa griega a cuyo acto se invitó al Patriarca primado de esa rama de la cristiandad. Dicha iglesia tiene muy pocos fieles en Cuba. A fines de 2005 el Cardenal Tarcisio Bertone en visita pastoral de una semana a Cuba consideró que la apertura del régimen es ya total y que asimismo es libre la ordenación de nuevos sacerdotes. Dicho cardenal trasmitió a Castro los saludos de Benedicto XVI. El Cardenal Bertone no tuvo tiempo de percatarse de que el régimen de Castro aún no ha cejado en su empeño de extirpar la religión del alma de los cubanos. Lo que ha cambiado son sus métodos. Frente a sucesos de escasa importancia y gestos de corte más bien folklórico, la situación real perdura. Una religión bimilenaria, que tiene entre otras, la misión de anunciar a los cautivos su liberación (Lucas 4:18), denunciar el pecado de injusticia y la violencia (DS 81-2), que es rica en profetas y apóstoles, en santos y mártires, que sobrevivió a las catacumbas y a mil persecuciones más, dotada de un Cardenal y una docena de obispos y que atesora la promesa divina de que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mateo 16:18); que esa religión esté hoy sometida a los dictados de una burócrata del PCC, la Sra. Caridad Diego, jefa de la Oficina de Asuntos Religiosos, formada en Moscú y fiel ejecutora de los designios del dictador, es tal vez la prueba más elocuente de la ausencia de libertad religiosa en Cuba.

CAPÍTULO VII LAS CUENTAS DEL CAUTIVERIO

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EL PRESIDIO POLÍTICO El presidio político es la otra huella más profunda de la revolución cubana. Castro, el paredón y la cárcel forman el trípode de sustentación del comunismo cubano. Muy temprano en la revolución se registró el caso de la sanción carcelaria de 105 años impuesta al ex alcalde de Cienfuegos Reinaldo Pino. Dicha sentencia fue un aviso del propósito oficial de usar penas de privación de libertad junto a los fusilamientos como instrumentos de intimidación. Ninguna otra dictadura de América Latina ha encarcelado una proporción tan alta de su población como el régimen de Castro. Pocas revoluciones han ido tan lejos como la de Cuba en sus ataques al derecho a la libertad. Quienes escaparon al paredón cayeron en las mallas de un sistema represivo que dispensaba largas condenas de privación de libertad, detenciones arbitrarias y arrestos masivos. El ejemplo máximo de este último tipo de internamiento forzoso es la inmensa redada llevada a cabo en 1961 con motivo de la fracasada invasión de Playa Girón. Según Haynes Johnson sólo en La Habana unas 200.000 personas fueron arrestadas incluyendo los 5.000 confinados en el Teatro Blanquita.1 Las redadas han continuado de modo intermitente cada vez que el régimen las estima necesarias. En 1982, por ejemplo, fueron apresados unos 200 trabajadores acusados de actividades contrarias a la estabilidad del Estado. En otras ocasiones se retiene en prisión a cuantos opositores o disidentes puedan crear situaciones embarazosas con motivo de la visita de dignatarios extranjeros o la celebración de un congreso en La Habana. Para el régimen de Castro el derecho a la libertad que la Declaración consagra en sus artículos 1, 2 y 3 no es un valor humano digno de respeto sino una circunstancia cambiable a la luz de sus conveniencias. Tras el desastre de Playa Girón los opositores quedaron librados a su suerte, en tanto el gobierno recibía toda clase de material bélico y ayuda técnica del campo socialista.2 El sistema represivo se fue haciendo cada vez más eficaz en razón de su 1 Haynes

Johnson, The Bay of Pigs (New York: W.W. Norton Company, 1964), p. 121. Puede verse también Enrique Encinosa, Cuba en guerra, op. cit., p. 85; y Juan Clark, Mito y realidad, op. cit., p. 102 2 En 1993, Raúl Castro calculaba en diez mil millones de dólares el valor del armamento cubano (Bohemia, no. 20, mayo de 1993), p. B 18

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extremo rigor y de los grandes recursos asignados al Ministerio del Interior y al de Defensa. Castro, decía Hugh Thomas en 1982, había convertido a toda la nación en un gran campamento militar.3 La violación del derecho a la libertad se produce en esas condiciones de diversas maneras. Unas veces son los arrestos arbitrarios que sin mandato judicial llevan a cabo agentes de la policía o de la Seguridad del Estado.4 (Son por lo general de corta duración pero multiplicados cientos o miles de veces cumplen su propósito disuasorio). Otras es la detención preventiva que se prolonga por tiempo indefinido. A veces es el encarcelamiento de los que se consideran en estado de peligrosidad. Como he señalado en otro lugar, en Cuba es posible lo que en otros países sería inconcebible, es decir que se condene por acciones presumibles o de posible comisión. En octubre de 2002 Leonardo Bruzón y otros 20 presos en diferentes cárceles de La Habana se declararon en huelga de hambre por llevar más de siete meses encarcelados sin que les hubieran siquiera formulado cargos. Por razones similares y exactamente en las mismas fechas, el abogado invidente Juan Carlos González Leiva y otros nueve integrantes de la Fundación de Derechos Humanos se declararon también en huelga de hambre en una prisión de Ciego de Ávila.

LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA CRUELDAD Las huelgas de hambre de los presos políticos se repiten cada cierto tiempo y son casi constantes en algunas cárceles. En el 2003 se registraron huelgas de hambre en las prisiones de Holguín y el Combinado de Este; en esta última habían ocurrido antes protestas similares. Tal parecía que una atmósfera degradante había impregnado el sistema penitenciario.

3

Hugh Thomas, Historia Contemporánea de Cuba (Barcelona: Ediciones Grijalbo, 1982), p. 489 4 Véase Amnesty International, Short Term Detention and Harassment of Disidents (London, 2000)

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Aún más frecuente es el caso de los presos políticos que han sido condenados por un tribunal a penas de privación de libertad sin que se demostrara debidamente su culpabilidad. Bastan las investigaciones de la policía política (la Seguridad del Estado) o la confesión obtenida en condiciones impropias para que el tribunal envíe a prisión al acusado. No teniendo el contrapeso de una judicatura independiente e imparcial que respetara el debido proceso de ley, las cárceles pronto comenzaron a llenarse de presos comunes y políticos. Los tribunales revolucionarios (militares o populares) se caracterizaban además por las largas condenas que imponían a los acusados. Menudeaban las de 25 a 30 años y hubo un sindicalista, Mario Chanes de Armas que pasó 31 años en prisión, otro preso político, Roberto Martín Pérez, estuvo 30 años encarcelado, Eusebio Peñalver lo fue por 28 años y el médico Alberto Fibla cumplió una condena de 26 años. Otros muchos sufrieron prisión por más tiempo que Nelson Mandela, pero de ellos no se ocupó el mundo. A algunos presos políticos que el régimen tiene interés en retener se les celebran dos juicios: el de entrada y el de salida, dirigido este último a retrasar o impedir su excarcelación mediante la imputación de nuevos cargos. Los primeros doce años de la revolución fueron testigos de una larga e interminable sucesión de condenas de cárcel. Aunque el Gobierno de Castro siempre ha procurado ocultar el número de presos políticos, clasificándolos a veces como delincuentes comunes o sustrayendo de sus estadísticas a los recluidos en centros de rehabilitación o pabellones psiquiátricos, las evidencias han ido saliendo a la superficie. Entre 1959 y 1967, el registro oficial de la cárcel de Isla de Pinos arrojaba un total de 13.000 cubanos que allí habían estado recluidos. Igualmente atestadas estuvieron La Cabaña y El Príncipe (esta última alojaba 5.000 prisioneros en 1959) hasta que el gobierno decidió expandir el sistema penitenciario esparciendo las cárceles por toda la isla. En lugares apartados y remotos, en pueblos pequeños y en las afueras de capitales de provincia, fueron apareciendo los nuevos y más seguros reclusorios. Dos motivos inspiraban la política del régimen: evitar hacinamientos peligrosos y dispersar la población penitenciaria a fin de no llamar la atención de la prensa internacional. Fue en los decenios de 1960 y 1970 cuando mayor fue el número de presos y más prisiones se construyeron. Algunas cárceles como Boniato, Manto Negro,

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Kilo 5 ½, Kilo 8, Combinado del Sur, Ariza, El Pitirre y Canaleta no tardaron en adquirir funesta notoriedad. Se construyeron en otras calabozos subterráneos o tapiados como fueron los del tenebroso Rectángulo de la Muerte en el Combinado del Este. En 1993 los obispos católicos ponían de relieve el alto número de presos por acciones que deberían ser despenalizadas.5 En 1996 el informe del Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas daba cuenta de la existencia de 294 prisiones y centros de trabajo correccionales.6 Cincuenta de esas prisiones son de máximo rigor. Al año siguiente Amnesty International hablaba de 600 presos de conciencia y de varios centenares más de presos políticos que permanecían en prisión.7 Unos años después con motivo de su visita a la isla, el Papa pidió clemencia para 500 presos políticos, algunos de los cuales fueron liberados (y forzados después a salir del país). Posteriores informaciones de Amnesty International, incluyendo el informe anual del 2001 daban cuenta de cientos de prisioneros que permanecían en las cárceles.8 Todavía en estos últimos años era notoria la magnitud de la población penal (delincuentes comunes y delitos políticos). Según las informaciones que suministraban los propios encarcelados o ex-presos, en 2001 había 5.000 reclusos en el Combinado del Este y 1.500 en la prisión de Ariza, cerca de Cienfuegos. Conviene advertir que en Cuba el origen de muchos delitos comunes se relaciona con la situación política del país. El número de cubanos que han sufrido penas de cárcel se cuenta por centenares de miles según las estimaciones más confiables. Sólo con referencia al primer decenio de la revolución un estudio publicado hace más de 20 años hacía

5

"El amor todo lo espera" en La voz de la Iglesia, op. cit., pp. 410 y 411 UN Commission on Human Rights, Cuba - 1996 Report, passim 7Amnesty International, Annual Report 1997 - Cuba, p. 3 8 Idem, Annual Report 2001 - Cuba, p. 1 6

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ascender a 60.000 el número de los condenados a privación de libertad.9 En 1965 en medio del primer gran éxodo de Camarioca Castro propuso al gobierno de los EU liberar 70.000 presos políticos a cambio de que se concediera la libertad a revolucionarios cubanos detenidos en varios países de AL. Un artículo publicado a principios de 2002 fijaba en 150.000 el número de cubanos que han sufrido prisión por causas políticas.10 También en España se estima que ascienden a 200.000 las personas sancionadas, procesadas o torturadas por el régimen de Castro.11 Si se incluyen también los que fueron víctimas de redadas o de arrestos de corta duración y la cuenta se extiende hasta el presente, los cálculos se hacen increíblemente elevados. En Cuba se manejan cifras que sobrepasan los cuatro millones de años / hombres perdidos en prisión; algunos voceros del exilio calculan que medio millón de cubanos han pasado por las cárceles de Castro. Sin embargo, como ocurrió con los fusilamientos, el número de encarcelados disminuyó a medida que el régimen diversificaba y perfeccionaba sus técnicas de represión. En 1999 una organización no gubernamental daba cuenta del procesamiento y condena de 368 opositores durante ese año.12 En el año anterior Amnesty International informaba que sólo con motivo de la celebración del 50° aniversario de la Declaración Universal 200 personas habían sido arrestadas.13 En abril del 2003, 75 miembros de la oposición pacífica fueron condenados a más de 1.454 años de prisión. Las víctimas incluían periodistas y bibliotecarios independientes, literatos y firmantes del Proyecto Varela. Además de injustas o excesivamente severas, las condenas de privación de libertad van a menudo acompañadas de otras formas deliberadas de castigos extrajudiciales, como son la privación de libros y el envío de los presos a cár-

9

Frank Calzon, Castro's Gulag, The Politics of Terror (Washington: Council for Interamerican Security, 1979) 10 Carlos Alberto Montaner, loc. cit., en nota 41 del capítulo III 11 ABC, 12 de septiembre del 2003, p. 52 12 Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Informe, 1999 13 Amnesty International, Annual Report 1998 - Cuba

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celes muy alejadas de su lugar de residencia. A Raúl Rivero y algunos otros sentenciados en abril del 2003, por ejemplo, se les recluyó en calabozo solitario en prisiones situadas a más de 400 kilómetros de La Habana. En noviembre del 2004 la esposa del disidente encarcelado Nelson Aguirre, denunció una brutal golpiza propinada a su marido no obstante su precario estado de salud y señaló que a su marido lo tienen sometido a la incomunicación, al acoso y la más cruel opresión. Quejas mil veces repetidas y mil veces desoídas. Ha sido en todo caso "el sistema carcelario más amplio, prolongado y represivo de América". Según Amnesty International "el más largo del mundo en términos de prisioneros sirviendo largas condenas". Clark lo califica a su vez como único en razón de su magnitud, su extensión, su composición social y su crueldad.14 Cuadra dice que el presidio político de Castro "ha sido cruel, masivo y largo".15

LA LITERATURA DEL PRESIDIO El tema del presidio político ha originado una voluminosa literatura. Tan graves fueron los agravios y tan profundos los traumas que muchos empuñaron la pluma para contar sus sufrimientos. Algunos libros recogen testimonios colectivos y ofrecen un cuadro general de las prisiones.16 Otros son relatos de experiencias personales de víctimas del Gulag cubano.17 Unos y otros ilustran hasta

14 Clark,

op. cit., p. 164 Cuadra, Luces entre sombras, op. cit. en nota 3 del capítulo IV, p. 9 16 Manuel Pozo y Manuel Regueira, eds., Memorias del Primer Congreso del Presidio Político Cubano (Miami: Ediciones Universal, 1994) y El presidio político en Cuba comunista. Testimonio (Caracas: ICOSOCV Ediciones, 1982) 17 Véase, por ejemplo, Francisco Navarrete, Convicto (Miami: Ediciones Universal, 1991); Roberto Paredes, Cómo vivir muriendo (Miami: Ediciones Universal, 1998); Nerín Sánchez, Mis 6.440 días de prisión (Miami, 1981); Odilio Alonso, Prisionero de Fidel Castro (Madrid: Nolsis, 1998); Mario Pombo, Conversando con un mártir cubano (Miami: Ediciones Universal, 1997); Ernesto Díaz Rodríguez, Rehenes de Castro (Hialeah: Linden Lane Press, 1995); Ramón B. Conte, Historia oculta de los crímenes de Castro (Miami, s. f.) 15 Angel

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que punto el régimen castrocomunista ha usado la pena de privación de libertad para sofocar opositores. El más conocido y conmovedor de esos relatos personales es el libro que un simple empleado de correos, Armando Valladares, escribió y tuvo la satisfacción de ver como se traducía a varios idiomas y se convertía en un "best seller".18 Muchos años más tarde una figura prominente de la etapa guerrillera de la revolución, el Comandante Húber Matos, dio cuenta asimismo de su experiencia, enfocando en particular las circunstancias de su arresto y enjuiciamiento.19 Sacerdotes católicos,20 pastores protestantes21 e intelectuales conocidos22 han enriquecido también la literatura de ese presidio. Hay también relatos de extranjeros que sufrieron prisión en Cuba siendo el más conocido de ellos el de un comunista francés que pasó varios años en las prisiones de Castro.23 Desprovista de oropeles literarios pero bien documentada y abarcadora procede citar la obra de Esteban M. Beruvides quien tuvo el cuidado de compilar una impresionante lista de más de 17.000 cubanos encarcelados por motivos políticos, todos ellos identificados con sus nombres, fecha del encarcelamiento, nombre del tribunal, número de la causa y número asignado al preso.24 El autor adelanta la cifra de 20.000 presos políticos, pero se apresura a aclarar

18 Armando

Valladares, Contra toda esperanza (Panamá: Kosmos Editorial, 1985) Húber Matos, Cómo llegó la noche, op. cit., en nota 1 del capítulo II 20 Miguel Angel Loredo, Después del silencio (Miami: Ediciones Universal, 1989) 21 Reinaldo Medina, El evangelio tras las rejas (Miami: J. Flores Publications, s. f.) 22 Jorge Valls, Escrito en Cuba. Donde estoy no hay luz y estoy enrejado (Madrid: Editorial Playor, 1981); Hilda Perera, Plantado (Barcelona: Planeta, 1981); Angel Cuadra, La voz inevitable (Miami: Ediciones Universal, 1994), Maria Elena Cruz Varela, Dios en las cárceles de Cuba (Miami: Ediciones Universal, 2001) y Carlos Alberto Montaner, Perromundo (Madrid: Plaza y Janes, 1972) 23 Pierre Golendorf, 7 años en Cuba, 38 meses en las prisiones de Castro (Barcelona: Plaza y Janes, 1977) 24 Esteban M. Beruvides, Cuba y su presidio político (Coral Gables: 12th Avenue Graphics, 1994), pp VIII y 207 19

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que ella representa sólo un pequeño porcentaje del total del presidio político cubano. El libro incluye más de 730 fotos de ex-presos políticos y 22 relatos de presos y presas. No escaparon, por otra parte, las mujeres a las desgracias del presidio político. Sufrieron parecidos rigores y tuvieron su cuota de vejámenes. Aunque algunas murieron en Manto Negro y otras sufrieron torturas psicológicas en Villa Marista, de ellas no se ocupó nunca la Federación de Mujeres Cubanas. Sí han dejado relatos personales que son denuncias desgarradoras: Maritza Lugo Fernández con respecto a los abusos perpetrados en la Prisión de Mujeres de Occidente,25 Martha Beatriz Roque sobre las humillaciones de Villa Marista26 y Ana Rodríguez sobre sus 19 años en prisión.27 El libro de Mignon Medrano narra la experiencia de 25 presas políticas en cinco prisiones de Cuba; otro de Inés Segura Bustamante cita 57 nombres conocidos y habla de las privaciones del Presidio de Mujeres de Cuba Comunista.28 Varias constataciones se desprenden de la lectura de la bibliografía citada: 1) muchos presos políticos sólo por el hecho de serlo sufrieron sevicias y malos tratos;29 2) en varias etapas del presidio político se impusieron diversas formas de trabajo forzoso;30 3) un número apreciable de presos, los llamados plantados, resistieron al trabajo forzoso a pesar de la severidad de las sanciones pre-

25

Maritza Lugo Fernándes, "Prisión de Mujeres de Occidente", Encuentro (Madrid), no. 20, primavera de 2001, p. 236 26 Martha Beatriz Roque, "Camino de la cárcel", Encuentro (Madrid), no. 20, primavera de 2001, p. 232 27 Ana Rodríguez y Glenn García, Diary of a Survivor. Nineteen Years in a Cuban Women's Prison (New York: St. Martin Press, 1995) 28 Mignon Medrano, Todo lo dieron por Cuba (Miami: Fondo de Estudios Cubano Americanos, 1994). Véase también sobre el mismo tema el estudio de Esther Pilar Mora, El presidio político de mujeres en Cuba (Madrid: Ideal, s.f.). Otro libro escrito por una periodista española recoge entrevistas con cubanas encarceladas por motivos políticos. (Mari Paz Martínez Nieto, Son de Cuba. Conversaciones con el exilio (Madrid: Libros Libres, 2000) e Inés Segura Bustamante, Cuba siglo XX y la generación de 1930 (Miami: Ediciones Universal, 1986) p. 426 29 Amnesty International, Report 1978 (London, 1978) 30 Véase Efrén Córdova, El trabajo forzoso en Cuba (Miami: Ediciones Universal, 2001), pp. 245-250

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vistas;31 4) el gobierno procuró siempre reclutar al personal de prisiones entre candidatos de escasa instrucción a los que se les decía que los presos políticos eran antiguos esbirros y explotadores del pueblo; 5) el sistema penitenciario ha tenido un fin expiatorio y retribucionista que hunde sus raíces en la prédica de odio y lucha de clases que Castro supo instilar en las clases bajas; cuando introdujo elementos de rehabilitación, lo hizo combinado con fuertes dosis de adoctrinamiento. Ha de observarse por último que el Gobierno de Cuba ha rehusado terminantemente conceder amnistías o reformar los aspectos más rigurosos y opresivos de su legislación penal.32

LAS CONDICIONES DE LOS PENALES El régimen carcelario cubano se ha caracterizado también por la dureza y crueldad del trato que se da a los presos políticos en franca contraposición con lo dispuesto en el artículo 5 de la Declaración Universal. Según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de fecha 13 de abril de 2000, las condiciones impuestas al presidio político constituyen una violación flagrante de la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre y de las Normas Mínimas relativas al Tratamiento de los Presos.33 Una de esas reglas mínimas (la no.31) prohíbe los castigos corporales, el encierro en celdas obscuras y toda sanción inhumana o degradante que pueda imponerse por faltas disciplinarias. Para el régimen de Castro ésta y la mayor parte de las otras reglas son menos que un papel mojado. Algunos condenados a penas de privación de libertad son enviados a cárceles situadas a 900 o 1.000 kms de distancia. En la prisión Combinado de Guantánamo, en el extremo oriental del país, fueron internados varios disidentes de la provincias occidentales, entre ellos el economista Oscar Espinosa Chepe, de Ciudad Habana, quien se halla-

31 Véase Human Rights Watch / Americas, Cuba's Repressive Machinery e Hilda Perera, Plantado, op. cit. 32 HRW, Forty Years After the Revolution (New York: June of 1999), pp. 33-34 33 Interamerican Commission on Human Rights, OAS, Chapter IV, pp. 21-25. Estas normas fueron aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1950

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ba en pésimas condiciones de salud, Víctor Rolando Arroyo, periodista independiente de la provincia de Pinar del Río (en el extremo occidental del país) y Jorge Olivera Castillo, de Ciudad Habana, director de la agencia independiente Havana Press. La lejanía obliga a los familiares a dedicar casi una semana para visitar a los prisioneros debido al crítico estado del transporte interprovincial, tan sólo para poder verlos media hora. La frecuencia de visitas establecida para los 75 de abril de 2003, es sólo cada tres meses, a pesar de que lo establecido en el caso de los presos pendientes de una sentencia es cada 21 días. El jefe máximo de la dictadura que hoy envía a prisiones remotas a disidentes y opositores es el mismo que el 10 de junio de 1959 decía que esa práctica debía suprimirse. "Se debe hacer una prisión en cada provincia para no separar al preso de su familia y deshumanizarlo. Hay que llevarlo a donde la familia pueda visitarlo", declaraba a la prensa cubana. El preso político cubano se halla sujeto a la vigilancia de toda una gama de guardianes y supervisores que empieza con el director del Departamento de Seguridad del Estado, e incluye al director de la prisión, el jefe de la unidad carcelaria correspondiente, los jefes de bloque, los cabos y guardianes, el jefe de los reeducadores y el reeducador. Este último personaje no sólo se ocupa de adoctrinar al recluso sino de velar por su comportamiento en la prisión y tiene facultades para posponer las visitas de familiares, suspender el suministro de alimentos y medicinas, privar al preso de las facilidades deportivas, ordenar los golpes que propinan los guardianes e instigar a otros presos a que maltraten a los que rehúsan ser reeducados. A los presos de conciencia se les coloca a menudo en la misma celda de los presos comunes y a veces se les hace convivir con reclusos que sufren de SIDA. El informe de la Comisión Interamericana resume el cuadro de las condiciones carcelarias haciendo referencia al hacinamiento, la falta de higiene, la pobre y escasa alimentación, la deficiente atención médica, las golpizas, el aislamiento en celdas de castigo, los calabozos sin luz y las visitas restringidas.34

34 Idem,

p. 25

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El agua que beben los presos está a menudo contaminada. La incidencia de tuberculosis, hepatitis, parásitos y sarna alcanzaba en 2001 proporciones alarmantes. Al año siguiente más de 1.000 reclusos sufrían de tuberculosis y los contaminados de leptospirosis ascendían a más de 150.35 Casos de falta de atención médica que han resultado en la muerte de presos políticos que sufrían de diabetes o hipertensión aparecen mencionados en un informe reciente.36 En noviembre de 2003 una carta de Oscar Elías Biscet decía: "Estoy en un calabozo de castigo. No hay ventanas, sólo paredes. Siempre en penumbras. No da la luz del sol ni se ve el cielo. No puedo tomar la hora del sol porque quieren esposarme con las manos en la espalda, lo que viola la ley y los requerimientos mínimos de convivencia de los reclusos". Otra carta de Biscet fechada en septiembre del 2005 describe su interminable reclusión como un acoso constante que tiene lugar en diferentes círculos del averno. En un mensaje dirigido a la CDH en marzo de 2005, el disidente cubano Oswaldo Payá resumió la situación carcelaria en los siguientes términos: "Hay prisioneros que se mutilan, que se cortan las venas, que se inyectan petróleo, que se suicidan ahorcándose para escapar del horror". Dos huelgas de hambre ocurridas en La Cabaña en 1967 y 1968 dan una medida de la gravedad de la situación. La segunda de ellas, que duró 35 días y en la que participaron unos 1.200 presos, culminó en un simulacro de negociaciones con las autoridades carcelarias y en la concesión de efímeras mejoras. Las protestas contra el mal trato dieron lugar a la aparición de un nuevo vocablo en el lenguaje carcelario: el vocablo plantado. El plantado es un preso rebelde que rechaza el adoctrinamiento, resiste el trabajo forzoso, se niega a usar el uniforme de presidiario y se muestra dispuesto a soportar los más duros castigos.

35 "Acción

urgente a favor de prisioneros del Combinado de Guantánamo". Ideal, año XXXI, no. 312, 2002, p. 21 36 BDHRL, Country Reports - Cuba 2001, pp. 6 y 7.

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En todas las prisiones se aplican regímenes de menor o mayor severidad pero es en las prisiones de máxima seguridad, como son el Combinado de Este y Kilo 8 de Camagüey donde este último régimen es particularmente inflexible. En ellas los presos están esposados la mayor parte del tiempo aun cuando se reúnan con familiares, se les impide salir a tomar el sol, deben observar silencio durante determinadas horas y sufren castigos corporales. La incomunicación, que es casi rutina en Cuba, es considerada como medida ilegal por la CDH. El régimen de mayor severidad tiene dos fases, cada una de un año de duración pero se sabe que algunos presos políticos han estado sujetos al mismo hasta por períodos de cinco años. "Quienes protestaban de ese trato severo o rehusaban obedecer las reglas de la prisión eran puestos en celdas de castigo durante semanas o meses privados de luz y muebles, a menudo con raciones reducidas y sin atención médica".37 Tan graves son los agravios causados a los presos políticos que el cuadro penitenciario de Cuba ha sido calificado de "vergonzoso" por la CIADH y puede bien considerarse como el reverso de las normas que hoy rigen los modernos sistemas carcelarios. Conflige asimismo con el artículo XXV de la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre que de modo más específico establece el derecho de todas las personas a ser tratadas humanamente durante el tiempo en que estén detenidos o bajo custodia.

LOS CARCELEROS Y LA CONTINUIDAD DEL TERROR Lo que en realidad ha estado ocurriendo en las prisiones de Cuba es que lejos de haberse proscripto los tratos crueles, inhumanos o degradantes como quiere la Declaración, el presidio político ha sido una continuación agudizada del terror y un espacio particularmente crítico de la llamada geografía del dolor. Una de las causas principales de la perpetuación de los abusos y maltratos en las prisiones es la impunidad de que gozan los integrantes del personal carcelario. En ningún momento el gobierno investiga de manera exhaustiva las denuncias que hacen los reclusos y mucho menos somete a la justicia y casti-

37 Ibid

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ga a los autores de las violaciones. El trato despiadado, los castigos, las requisas y el trabajo forzoso han sido así parte de la extensión a la vida carcelaria del terror iniciado en enero de 1959. Sus objetivos colaterales y procedimientos sí son por supuesto distintos tanto para ajustarse al ambiente de las prisiones como a los cambios en el diseño de la política carcelaria que traza el Ministerio del Interior. Tres objetivos principales han guiado esa política: aplastar la resistencia y las protestas, incluyendo las huelgas de hambre y la renuencia a usar el uniforme prescripto, imponer la realización de trabajos físicos de especial dureza e inducir al preso a aceptar su adoctrinamiento. Los medios utilizados recorren toda una gama que va desde la interrupción de las visitas de familiares o la recepción de cartas, la privación de ropa, cama o alimentos y el condicionamiento de la asistencia médica, hasta el trabajo en aguas albañales, la reclusión en calabozos tapiados, los abusos sexuales que cometen los presos comunes con la aquiescencia de los guardias,38 las agresiones a la integridad física y el recurso al asesinato. De todos ellos han dado cuenta los testimonios de muchos presos que sobrevivieron la prisión e hicieron públicas sus quejas.39 Los que no han experimentado muchos cambios son los agentes encargados de aplicar esos procedimientos. Su reclutamiento es sencillo: mientras más torvo el candidato a carcelero, más segura su contratación. Al lumpen que Marx menospreciaba no le ha ido nada mal con Castro. He aquí la descripción que de los cabos y jefes de bloque, es decir, de los agentes inmediatos, han dado un buen número de presos: "Son personas, dice un preso, de origen social bajo y procedencia política dudosa; prácticamente ninguno había tenido la más remota participación en la lucha contra Batista. Todos, casi sin excepción, son de una calidad humana mínima, apropiada para una labor tan ruin, tan baja como la de abusar de hombres confinados, acorralados y someterlos a presiones inhumanas siste-

38 Ibid,

p. 5 La obra más completa que hasta el presente se ha publicado es la ya citada El presidio político en Cuba comunista. Testimonio. 39

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máticas. La Dirección llegó a crear figuras temibles, aterrorizadoras, personas desprovistas de todo respeto, sin formación ideológica ni moral alguna, gente que por deficiencias mentales encuentran una extraña realización psicológica en herir, dañar y reprimir. Algunos cabos se convertían en símbolos de terror reprimiendo sádicamente a la población penal del bloque. Otros eran esbirros profesionales que se especializaban en las requisas más feroces. No faltaban los antiguos presos comunes transformados en oficiales carcelarios que poseían la astucia de su antigua condición y el rencor de su origen alimentado después con intención pérfida por el gobierno. Los cabos se especializaban sobre todo en imponer indiscriminadamente el trabajo forzoso aun a los presos enfermos. Sus instrumentos preferidos de castigo eran la bayoneta y el machete. Cuando los presos caían al suelo, buscando cubrirse mejor la cara, los guardias perdían control con la vesania del disfrute, los golpes ganaban en intensidad y el agresor incapaz de controlarse, pateaba con nuevos bríos, como gozoso de hallar formas más directas y primitivas de expresar su encono".40 El contraste con la Cuba republicana no podía ser más marcado. Antes de 1959 la carrera penitenciaria requería estudios superiores y atrajo abogados y literatos. Por las prisiones de Cuba pasaron como alcaides o inspectores de prisión gente capacitada como José Lezama Lima, Federico de Córdova y J. Miguel Planas. ¿Cuál fue el efecto del actual régimen penitenciario? Los presos políticos de todos estos años de revolución mostraron temple y valentía sin límites; para su gran honor supieron resistir con firmeza la brutalidad de la disciplina carcelaria. Ni el rigor de las pruebas a que fueron sometidos ni el fracaso de los empeños de liberación pudo quebrantar su espíritu ni doblegar su resolución de servir a la patria. No quiere ello decir que el terror fuera siempre infructuoso, pues hubo algunos (muy pocos) que aceptaron de dientes afuera la llamada rehabilitación y algún que otro sucumbió a la presión y se plegó al régimen. Es indudable, por otra parte, que muchos salieron de la cárcel con trastornos psíquicos de importancia.

40 Idem,

pp. 320-327

CAPÍTULO VIII DE INJUSTICIAS, PRISIONES Y CAMPOS DE CONCENTRACIÓN

Efrén Córdova

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INFRACCIÓN DEL DEBIDO PROCESO DE LEY; EL CÓDIGO PENAL Y SUS EFECTOS Para el régimen de Castro el Código Penal ha sido un instrumento útil no sólo para frustrar posibles actos de rebelión sino también para reprimir críticas a la revolución. La efectividad del Código descansa en varios factores: 1) la forma ambigua cómo se definen ciertas conductas delictivas; 2) la inclusión de hechos, actos u omisiones que no debieran ser penalizados; 3) la severidad de las sanciones aplicables y 4) la vulneración de las garantías necesarias para la defensa del acusado. El ejemplo que con más frecuencia se cita en relación con la ambigüedad de los cargos que pueden hacerse a los cubanos es el de la ya citada peligrosidad o estado de peligro predelictivo. El Código lo define como "la especial proclividad de una persona para cometer crímenes demostrada por su conducta en manifiesta contradicción con las normas socialistas". En la práctica, determinar qué conducta es especial y qué antecedentes son manifiestos implica un juicio necesariamente subjetivo que tanto la CDH como la CIADH estiman inaceptable. También la referencia a las normas socialistas se presta a condenar a una persona por su simple inclinación a tener un punto de vista distinto del oficial. Recientemente el periodista independiente Egberto A. Escobedo fue condenado a cuatro años de prisión por el crimen de peligrosidad. La gama de conductas penalizables es amplia e incluye el desorden público, la diseminación de informaciones falsas, la difusión de propaganda enemiga, la asociación ilícita, la impresión clandestina de textos, la promoción de la desobediencia civil y el desacato a la autoridad. El Código Penal incluye en el delito de sedición ciertas formas de oposición pacífica (artículo 100). El capítulo de los delitos contra la seguridad del Estado incluye actos tan susceptibles de diversas interpretaciones como la ayuda al enemigo, la infracción de los deberes de resistencia al mismo, la revelación de secretos concernientes a la seguridad del Estado, la difusión de noticias falsas, el mercenarismo o el crimen del apartheid. Los acusados por estos delitos están excluidos de la libertad provisional bajo fianza. Varios ciudadanos que en diciembre del 2000 llevaban un cartel pidiendo amnistía para los presos políticos fueron sentenciados a un año de prisión.

156

Apuntes para una historia de la dictadura castrista

Otros que ese mismo año quisieron celebrar un acto en honor de Santa Bárbara fueron condenados por desacato a la autoridad. Así son de amplias las interpretaciones que los tribunales hacen de los supuestos delitos. Cabe indicar que la acusación de desacato o falta de respeto a la autoridad conlleva por lo general una pena de tres años de cárcel cuando la crítica se dirige a Fidel Castro. En lo que hace a la severidad de las sanciones, basta indicar que la pena de muerte no siempre se aplica sólo a los delitos más graves, que la prevista para la diseminación de propaganda enemiga puede llegar a 14 años de cárcel, que la actividad contraria a la seguridad del Estado se castiga con 20 años de prisión y que en los casos de rebelión, sabotaje y sedición puede aplicarse la pena de muerte. Aunque la táctica represiva del gobierno parecía haber cambiado últimamente hacia la preferencia por la multiplicación de arrestos de corta duración, el Código no se ha suavizado en lo más mínimo y la amenaza de largas condenas sigue en pie, como puso en evidencia la brutal ola represiva de abril del 2003. La supuesta nueva tendencia entraña además el efecto de originar un mayor número de detenciones arbitrarias, en contra de lo previsto en el artículo 9 de la Declaración. A los condenados por delitos graves de carácter político no solamente se les priva de sus derechos civiles y políticos, se les incapacita para ocupar cargos públicos o en empresas del Estado y aun para ser miembros de las organizaciones de masas y sociales, sino que se les condena a pagar al Estado una responsabilidad civil y se les confiscan todos sus bienes. El preso sale de la cárcel como un perfecto indigente sin posibilidad de ganar siquiera el sustento mínimo a que todo ser humano debería tener derecho. Aun más grave es el hecho de que cuando un cubano cae en desgracia y es condenado por un delito político, es toda su familia la que cae en desgracia también. De un golpe y sin necesidad de tramitación alguna, son todos los derechos y libertades proclamadas en la Declaración los que son violados en forma colectiva. Si bien la Constitución prevé ciertas garantías procesales,1 en la práctica los

1 Artículos

58 y 59 de la Constitución.

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juicios criminales se efectúan al margen de los principios que informan el debido proceso de ley. El derecho a la defensa, confiado a los bufetes colectivos, es como se dijo antes, a menudo irrisorio. Tratándose de delitos políticos, son muchos los abogados que incluso rehuyen hacerse cargo de la defensa. Sucede también que los acusados no tienen oportunidad de ver a sus defensores sino en el mismo día del juicio. Los criterios que rigen la presentación de las pruebas son arbitrarios y discriminatorios. Ni siquiera se cumple con el requisito de la publicidad, pues muchos juicios se celebran a puertas cerradas, sin que exista razón válida para ello. Sobre todo el proceso y sus garantías se proyecta la sombra de la harto invocada necesidad de defender la revolución y preservar el sistema socialista, pretextos que hacen incluso posible la retroactividad de ciertas leyes penales, como es el caso de la Ley 88 de 1999.2 En resumen, las leyes penales de Cuba no cumplen con los principios de igualdad, legalidad, publicidad y certidumbre que son indispensables para una verdadera administración de Justicia.3 Añádase la multiplicidad de jurisdicciones que han existido al mismo tiempo en determinados períodos (ordinaria, revolucionaria, popular y militar) y se tendrá una idea de la improvisación, confusión y arbitrariedad que caracterizan el funcionamiento de los tribunales de Castro. No solamente los presos de conciencia sino también los presos comunes han pagado el precio terrible de leyes injustas y cárceles inmundas.

VARIANTES DEL SISTEMA CARCELARIO El presidio político es junto al paredón la otra huella más profunda de la revolución cubana. No son sólo las cárceles propiamente dichas sino también los centros de detención preventiva, los calabozos de la Policía Nacional Revolucionaria, los locales de la SE que tienen sus propias celdas y los centros de rehabilitación conectados con el sistema carcelario.

2 Artículo

61. Beatriz Bernal, Cuba y sus leyes. Estudios histórico-jurídicos (México: Universidad Autónoma de México, 2001), p. 149. 3

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

La cifra de 294 prisiones dada en 1996 por el Relator Especial de la CDH no es aceptada por todos. En el año 2000 Rousseau y Cumerlato la fijaban en 800 y a ese número se inclina también la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. Y es que la criminalidad de todo tipo ha crecido mucho en la Cuba de Castro. La pérdida de valores morales ha causado un aumento notable de los delitos comunes al tiempo que la opresión y el clima de plaza sitiada han nutrido el contingente de los presos de conciencia. Adviértase además que solo para menores hay en la actualidad en Cuba 20 centros de detención siendo así que en Cuba republicana sólo había uno. El presidio no fue en todas partes igual, sin embargo. No sólo hubo diferencias de lugar sino también de grado de sufrimiento. La cárcel no fue idéntica en las "cabañitas" de La Habana que en el Castillo del Príncipe o Villa Marista. Fue asimismo diferente en aquellas cárceles cuyos alcaides gustaban de practicar la simulación de fusilamientos o se complacían en ensayar nuevas formas de tortura de otras en las que se usaban procedimientos menos pérfidos o había atisbos de compasión. Hubo presos que pasaron buena parte del tiempo desnudos o en calzoncillos en tanto que otros fueron obligados a llevar la ropa azul o amarilla prescripta por las autoridades. Particularmente cruel fue el trato que se dio a los desertores del Servicio Militar Obligatorio a los que se recluía en celdas que ocupaban también delincuentes comunes homosexuales. Y fue por cierto muy diferente el trato que se dio a los plantados del que se ofrecía a los que aceptaban la rehabilitación. Se pasaba también por etapas diferentes: unas veces cambios en la política penitenciaria o el personal introducían una etapa represiva al máximo con requisitorias frecuentes y abuso de los castigos. Otras se hacía hincapié en las ventajas de la rehabilitación ideológica. Por lo general se ofrecía asistencia médica en caso de accidente o de heridas causadas por los guardianes; pero en algunas ocasiones dicha asistencia se negaba o se reducía al mínimo. En contadas oportunidades era posible burlar la vigilancia de los guardianes e intentar la fuga, sobre todo cuando se estaba en el campo de trabajo. Más de un centenar de presos lograron fugarse de la cárcel de Boniato, cerca de Santiago de Cuba, a través de un túnel cavado desde la galera; todos fueron capturados en el transcurso del tiempo. Cortar barrotes o abrir agujeros ofrecían algunas remotas posibilidades en las cárceles más viejas pero casi ningu-

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na en las nuevas prisiones construidas por el régimen. Algunos reclusos de conciencia fueron asesinados al intentar fugas irreflexivas y sin planificación previa. Las probabilidades de escapar del presidio de Isla de Pinos se consideraban nulas. Hubo sin embargo un preso político Reinaldo Aquit Manrique que logró fugarse de la prisión, introducirse en el barco El Pinero que hacía la travesía Isla de Pinos-Batabanó y deambular por Cuba durante cuatro meses hasta que fue capturado. Los preparativos de su fuga, las vicisitudes que experimentó en su intento de obtener asilo político, pudieran ser el tema de una película de "suspense". Él mismo narra su aventura en el libro que de manera más vívida y directa trata de la experiencia carcelaria castrista.4

EL PRESIDIO DE ISLA DE PINOS La vida en prisión ha sido para los presos políticos una batalla constante en defensa de la integridad física y la dignidad de la persona. Aunque tal situación es común a todas las prisiones, fue en el presidio de Isla de Pinos y en los años 60 donde más ostensible fue el maltrato a esos presos de conciencia. Dicho presidio se ha convertido así en el epítome de la barbarie carcelaria cubana. La prisión de Isla de Pinos fue construida con el carácter de presidio modelo por el Presidente Gerardo Machado en 1929-30. Se hicieron cuatro edificios circulares con capacidad para recluir alrededor de 2.500 a 3.000 penados y varias construcciones anexas. Sus críticos señalaron entonces que era demasiado grande y que nunca se llenaría. Treinta años después, sin embargo, albergaría más de 8.000 presos al mismo tiempo. El hacinamiento en celdas pequeñas fue sólo una de las agravantes del internamiento en Isla de Pinos. Fue allí donde se inició en junio de 1963 el traba-

4 "Testimonio de Reinaldo Aquit" en El presidio político en Cuba comunista, op. cit., p. 37

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

jo forzoso de índole humillante y masivo. Su introductor fue el Teniente Francisco López Morejón nombrado Director del presidio tras haberse distinguido como el militar que más tiros de gracia había dado en La Cabaña y más dureza había mostrado en El Príncipe. Los trabajos forzosos fueron especialmente duros en las canteras de mármol de la isla, pero adquirieron características dantescas en la laguna o zanja de excrementos situada a un kilómetro de la prisión. Dicha zanja conocida como "la mojonera" contenía las aguas albañales y las heces fecales de la población penal, los guardianes y el personal auxiliar de la prisión. "El supuesto trabajo a realizar era sumergirse en la zanja y sacar basura, desperdicios y piedras del fondo que presuntamente tupían el lecho del canal y ponerlos en la orilla. Allí los guardianes jugaban con el terror y disfrutando de la impunidad empujaban a los presos obligándolos a entrar de nuevo en la zanja". Un preso que vivió la experiencia la califica de muestra de ensañamiento y crueldad sin precedentes y de calvario terrible.5 Fueron acciones degradantes de este tipo las que dieron lugar a la aparición de los antes mencionados plantados. En Isla de Pinos los plantados se negaban a participar en el trabajo forzoso, rechazaban los ofrecimientos de rehabilitación y rehusaban también usar el uniforme azul de los presos comunes. Contra todos los vaticinios llegaron a ser varios cientos y su determinación llevó al régimen a extremar los castigos: encierro en "gavetas", golpizas en el tajo, bayonetazos y privación de las más elementales condiciones de supervivencia. Entre 1964 y fines de 1967 hubo en esa prisión alrededor de 20 muertos y cerca de 300 sufrieron perturbaciones mentales. Los presos políticos ripostaron en esa y otras prisiones con la única arma a su disposición: las huelgas de hambre, motivadas también por la deficiente alimentación. Huelgas y castigos infligieron daños en la salud de los internados pero fortalecieron el espíritu de combate. Alarmado por la concentración de miles de presos combativos en una sola cárcel, el régimen se vio obligado a dispersar la población penal por la isla grande y hacer más aceptables los planes de rehabilitación.

5 Reinol

González en El presidio político en Cuba, op. cit., pp. 330-331

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LA UMAP Casi simultáneamente con el fin de las operaciones del Escambray Castro decidió lanzarse a una nueva empresa que iba a entrañar otra violación múltiple de los derechos humanos. La diferencia estribaba en el propósito que tenían una y otra operación y en la naturaleza de las víctimas. Mientras la del Escambray era de tipo militar y las víctimas en su gran mayoría campesinos, la que ahora emprendía se decía dirigida contra elementos llamados antisociales de las ciudades y los afectados fueron gente de muy variada extracción. Fue en noviembre de 1965 cuando se efectuaron en La Habana las primeras redadas de homosexuales reclutados manu militari para integrar las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). A los homosexuales siguieron jóvenes seminaristas y sacerdotes católicos (incluyendo al hoy cardenal Jaime Ortega), pastores protestantes, miembros de las sectas Adventista y Testigos de Jehová, masones, intelectuales, disidentes y rebeldes que se dejaban el pelo largo o vestían en forma no convencional. El elenco de los confinados incluyó otras figuras conocidas: el futuro obispo Alfredo Petit y los cantautores Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, que por esa época parecían contestatarios. En total fueron varias decenas de miles de cubanos que no habían cometido delito alguno, no obstante lo cual fueron enviados a realizar trabajos forzosos en campos de concentración situados en la provincia de Camagüey. La cifra exacta (38.641 confinados) la da Enrique Ros.6 Ese internamiento involuntario y sin orden judicial previa de miles de cubanos en campos de concentración tenía en Cuba un precedente particularmente doloroso: la reconcentración ordenada por Valeriano Weyler en 1896 que costó la vida a 300.000 cubanos. Castro reprodujo en escala menor, pero con igual rigor la misma práctica. Le sirvió de impulso para ello la creación en el Minint del Departamento de Erradicación de Lacras Sociales, especie de anticipo del Ministerio de Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio que los ayatolas de Irán crearían años más tarde. Hoy se sabe, sin embargo, que el plan de la

6 E.

Ros, La UMAP: el Gulag Castrista (Miami, 2004), p. 33

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

UMAP se incubó probablemente en Rusia durante un viaje de Raúl Castro a ese país y que en su planificación y ejecución intervinieron asesores soviéticos. Ubicados en parajes desolados y sin que se hubieran previsto frenos a la autoridad, la vida en los campamentos tuvo siempre los aspectos más sombríos; salieron a la superficie los peores instintos, se impusieron castigos degradantes, se cometieron crímenes y se vivieron los episodios más turbios. La alimentación era escasa y de pésima calidad. A los reclusos se les hacía trabajar por tiempo indefinido en cosechar viandas, desyerbar caminos y guardarrayas, cortar caña, acarrearla y ocuparse en otros arduos menesteres de tipo agrícola o de reparación de equipos en talleres improvisados. Se les alojaba en barracones rudimentarios cercados con alambres de púas y vigilados por militares fuertemente armados. Se les obligaba a trabajar de 12 a 14 horas al día en condiciones sumamente penosas. "Nos levantaban al ser de día y nos llevaban a un campo y luego, un poco más lejos, a sembrar malanga y eucaliptos. En el campo estábamos hasta el anochecer, cuando regresábamos a los barracones, donde nos tirábamos y había veces que teníamos que quitarle el lugar a los ratones. A los que se resistían a trabajar los ataban, los subían a las carretas y los tiraban en campos de cañas como si fueran un saco de papas".7 Se invocaron algunos pretextos para tratar de justificar esta reclusión por tiempo indefinido de cubanos inocentes. Se dijo por ejemplo que era una alternativa al Servicio Militar Obligatorio, pero lo cierto es que no hubo instrucción militar alguna y que hombres de más de 50 años fueron también retenidos en la UMAP. Se hizo saber por otras autoridades que constituía un proceso de rehabilitación ideológica pero la realidad puso de relieve que los campamentos contaban con calabozos, cercas de púas y perreras, y eran más bien prisiones o lugares de castigo. Y se alegó también que eran centros de ayuda a la producción, pero en manos de guardianes implacables se convirtieron en ins-

7

Citado en G. Cabrera Infante, Vista del amanecer en el trópico, op. cit., 129. Véase también Jorge Ronet, La mueca de la paloma (Madrid: Playor 1987)

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trumentos de represión. La UMAP fue una síntesis de los peores crímenes del castrismo: un capítulo especialmente amargo del presidio político en el que personas inocentes eran privadas de libertad por tiempo indefinido, un campo de concentración (o mejor, 52 campos de concentración) en los que el ser humano era rebajado a la categoría de un guarismo; un centro de trabajos forzosos particularmente penosos; un ejemplo de la militarización a ultranza que Castro ha estado imponiendo a la prestación de trabajo, un instrumento más de la represión indiscriminada que el mismo dictador aplica a opositores y disidentes y un caso paradigmático de violación de varios derechos humanos (artículos 1, 2, 3, 4, 5, 7, 8, 9, 10, 12 y 18 de la D.U.). Quienes sufrieron esa experiencia han dado cuenta del rigor y la dureza con que se les trataba, al punto que hubo reclusos que se automutilaban; otros que adoptaron actitudes rebeldes fueron torturados y algunos (más de 70) murieron a manos de los guardianes. Según el relato de uno que estuvo internado en un campamento de la UMAP, la experiencia del trabajo en esas unidades fue una forma de esclavitud copiada de los campos de concentración stalinistas.8 Según otro, fue una especie de anticipo del Archipiélago Gulag cubano.9 Hugh Thomas calificó a la UMAP como la creación más odiosa de la revolución.10 Vista a la luz de la Declaración Universal, la experiencia de la UMAP constituye una violación flagrante de los artículos que prohíben la servidumbre o esclavitud, así como los castigos crueles o degradantes. ¿Con qué derecho se impusieron tales penas a quienes no tenían más pecado que el de ser creyentes fervorosos de una religión? ¿Es que perseguir de esa manera a otros seres humanos que tenían una orientación sexual distinta no es una injerencia arbi-

8

Luis Bernal Lumpuy, Tras cautiverio, libertad (Miami, 1968), p. 56 José A. Zarraluqui, "Archipiélago Gulag", El Nuevo Herald, 26 de noviembre de 1995, p. 13A 10 La lucha por la libertad (Barcelona: Ediciones Grijalbo, 1974) tomo III, p. 186 9

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

traria en la vida privada de las personas? Tamaña enormidad provocó la crítica de otros países y dio lugar a que un Castro remiso siempre a conceder amnistías o mitigar penas se viera obligado a cerrar en 1968 los campos de trabajo forzosos de la UMAP.

OTROS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN La UMAP no es el único campo de concentración que existió en Cuba. Dichos campos son una simple modalidad (aderezada con elementos de internamiento, militarización y abuso) del trabajo obligatorio, norma que es consubstancial a la teoría y práctica del totalitarismo marxista. La obligación de trabajar para todos aparece ya en el Manifiesto Comunista11 y la organización del deber de trabajar en fincas o talleres nacionales fue preconizada por Engels de igual modo que la formación de ejércitos industriales.12 La Unión Soviética estableció muchos campos de concentración en Rusia, particularmente en Siberia y la isla Solovetski y los allí internados fueron forzados a trabajar en grandes obras públicas, como el canal que va del Mar Báltico al Mar Blanco. Castro no podía dejar de imitar en este punto a sus mentores y se empeñó en dejar aquí también sus huellas. Una de ellas fue la UMAP sin duda la experiencia más abusiva y escandalosa de explotar en el tajo a quienes no tenían culpabilidad alguna. Los otros campos de concentración creados por Castro representan formas más discretas y en cierto modo mitigadas de explotación del trabajo humano pero con todo fueron centros de trabajo forzoso dispersos por la isla. Hubo campos de concentración en Mella, La Reforma, los Sandinos y Taco Taco en Pinar del Río; otros se establecieron en Manacas, Montembo, Morón y Boniato en otras provincias. Los nombres variaban a menudo: granjas cárceles, centros de rehabilitación, campos de trabajo, instalaciones de trabajo adjuntas a las prisiones, campamentos de rehabilitación, etc. También fueron distintos los destinatarios de estos reclusorios: presos políticos, presos en fase de rehabilitación, candidatos a la emigración, menores de edad, etc. Todos tenían en común el ser planes que buscaban la llama-

11 12

Manifiesto del Partido Comunista en Obras escogidas op. cit., p, 129 F. Engels, Principios del comunismo, en Obras escogidas, p. 92

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165

da rehabilitación por vías más o menos moduladas de internamiento y trabajo forzoso.

EL ACECHO INCESANTE A LA OPOSICIÓN En Cuba la represión no se limita a las penas de cárcel, las detenciones recurrentes, el maltrato en las prisiones o la reclusión en un campo de concentración. Bajo el régimen de Castro la represión es un fenómeno sostenido y multiforme que tiene varias dimensiones y se enlaza con la naturaleza totalitaria del régimen. Tanto la preservación del Estado Socialista como el mantenimiento de Castro en el poder han requerido la instauración de un Estado Policíaco de proyección férrea y constante. Las persecuciones se suceden y en las cárceles se renuevan los presos de conciencia.13 El terror que Castro supo instilar desde los inicios de la revolución se ha ido prolongando después en sus aspectos laborales, sociales, políticos y psicológicos, pero también policíacos. Una percepción de la forma como este último opera se podrá tener observando algunas de sus actividades principales en un año determinado. Se podrá así apreciar que en la revolución de Castro el Terror no ha tenido Termidor. AÑO 1999 Abusos cometidos por agentes del Ministerio del Interior contra presos políticos Trimestres

Número de casos

1er 2do

93 63

3ero 4to

255

TOTAL

451

40

13 Véase Amnesty International, Cuba: Renewed Crackdown on Peaceful Government Critics (1997) y Cuba: New Cases of Prisoners of Conscience (1998)

166

Apuntes para una historia de la dictadura castrista

Abusos cometidos por agentes del Ministerio del Interior contra presos políticos Trimestres

Número de casos

1er 2do

93

3ero

40

4to

255

TOTAL

451

63

Mandamientos, arrestos y detenciones efectuados por orden del MININT contra opositores Trimestres

Número de casos

1er 2do

404

3ero 4to

380 1.022

TOTAL

2.217

411

Abusos de poder cometidos por la policía y la Seguridad del Estado contra ciudadanos Trimestres

Número de casos

1er 2do

99 145

3ero

60

4to

633

TOTAL

937

Efrén Córdova

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Hechos de hostigamiento y persecución de la policía contra los disidentes Trimestres

Número de casos

1er 2do

69

3ero 4to

57 324

TOTAL

544

94

Fuente: Capítulo VI del informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de fecha 13 de abril de 2000 A los anteriores datos procede añadir que recientes reformas del Código Penal además de crear nuevas figuras delictivas, prevén la pena de cadena perpetua (antes erradicada de la legislación cubana) en caso de reincidencia de ciertos delitos y que, apartándose de toda lógica, contempla iguales penas para los cómplices que para los autores. Aunque Castro desprecia el derecho, a veces se sirve también de coberturas legales para endurecer la represión.14 ¿Se operó alguna mejoría en fechas más recientes? Solo en los municipios de Guane y Sandino en Pinar del Río, los miembros del Partido Pro Derechos Humanos fueron objeto de 455 medidas represivas en el 2001.15 En febrero del 2000, Oscar E. Biscet fue condenado a tres años de cárcel por instigar al desorden público; ya antes había sufrido 25 arrestos. Biscet cumplió su condena y poco después de su liberación volvió a ser encarcelado sin la menor justificación. Así también pueden en cualquier momento volver a la cárcel los que a fines del 2004 recibieron una llamada licencia extra penal.

14

Véase Beatriz Bernal, Cuba y sus leyes. Estudios histórico-jurídicos, op. cit., pp. 163 y 164 15 Bureau of Democracy, Human Rights and Labor, Country Reports on Human Rights Cuba - 2001, p. 7

168

Apuntes para una historia de la dictadura castrista

No hace falta reiterar aquí los vicios procesales y deficiencias en la defensa que se mencionan en el capítulo III. Tampoco es necesario recordar la falta de independencia y profesionalismo de los tribunales que juzgan a los acusados por delitos de índole política. Bastaría añadir que la inmensa mayoría de los juicios en que el fiscal pide una pena de privación de libertad se realizan en menos de un día, que en muchos casos al acusado se le condena sin que haya tenido asistencia legal alguna o asignándosele un abogado distinto del que él había escogido. En estos juicios se tiende cada vez más a atribuirle fuerza decisoria no sólo al dictamen de la Seguridad del Estado sino también al informe que emite el Comité de Defensa de la Revolución sobre los antecedentes revolucionarios o contrarrevolucionarios del encartado.16 La Declaración Universal se refiere a la libertad, expresa o tácitamente, en 19 artículos. Ningún derecho tiene tantos reconocimientos. Y es que después de la vida y la salud es sin duda la pérdida de la libertad la mayor desgracia que puede acaecer a un ser humano. Castro, que sufrió prisión sólo 20 meses bajo Batista, ha infligido la pena de cárcel a más cubanos y por más tiempo que la suma de todas las condenas dictadas por todos los anteriores gobernantes de Cuba durante los cinco siglos de su historia.

16

Idem, Cuba Report 2000 (Miami), pp. 32 y 33

CAPÍTULO IX MANIPULANDO EL PRINCIPIO DE IGUALDAD

Efrén Córdova

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IGUALDAD LEGAL E IGUALACIÓN SOCIAL De todos los derechos humanos es éste el que de manera más aproximada ha tratado de respetar y llevar a la práctica la revolución cubana. Si conforme a la doctrina marxista el respeto a la libertad se supedita a la promoción de la igualdad, cabría presumir ab initio el carácter igualitario del Estado Socialista instaurado por Castro en 1961. Marx había pronosticado que con la abolición de las diferencias de clase desaparecerían por sí mismas las desigualdades sociales y políticas y Engels añadió que en el comunismo ya no se trata de abolir privilegios sino de destruir las propias diferencias de clase.1 En su última fase, ya se sabe, el comunismo preconiza la distribución de la riqueza colectiva según las necesidades de cada cual. La Declaración Universal concibe por su parte la igualdad en el sentido de igualdad ante la ley y protección contra toda forma de discriminación. Es una fórmula sencilla y realizable que ha sido consagrada también en Constituciones nacionales, en los pactos de 1966 y en otros convenios internacionales. Enfrentado a esas dos diferentes concepciones, el régimen de Castro optó por la primera. No le pareció suficiente la igualdad ante la ley y dirigió su política hacia la igualación social que más se acercaba al ideario marxista. Se propuso desde el principio borrar hasta donde fuere posible las diferencias de clase e igualar por lo bajo a la sociedad cubana. Expropió primero en 1960 las grandes empresas privadas, procedió en 1962 a estrechar el abanico salarial fijando el tope más bajo del mundo comunista, se incautó en 1968 de las pequeñas y medianas empresas que aún existían, prohibió o restringió el trabajo por cuenta propia, anuló la iniciativa individual al punto de autorizar las inversiones extranjeras mientras prohibía las empresas cubanas, redujo substancialmente el número y esfera de acción de los pequeños agricultores y dio preferencia a los incentivos morales. En 1967 expresó su intención de suprimir toda contabilidad entre las empresas socialistas y afirmó su propósito de

1 C. Marx, "Critica al Programa de Gotha" y F. Engels, "Del socialismo utópico al socialismo cien-

tífico" en Obras Escogidas (Moscú: Editorial Progreso, 1974), pp. 14, 15, 122 y 123

174

Apuntes para una historia de la dictadura castrista

desmitificar el dinero y llegar a abolirlo totalmente. Todo un capítulo sobre la igualdad apareció en la Constitución Socialista y una de sus normas dice que "el Estado se esfuerza por crear todas las condiciones que propicien la realización del principio de igualdad".2 Por un momento Castro creyó que bajo su mando Cuba iba a ser el primer Estado Socialista en llegar a la etapa de la sociedad comunista, cosa que sin duda le daría un nuevo timbre de fama a su persona.

FALLOS Y QUEBRANTOS DE LA IGUALDAD Esa quimera pronto experimentó grandes quiebras y desviaciones. La Constitución y las leyes proclamaban el principio de igualdad pero la sociedad socialista fue creando sus propias desigualdades y dando vida a distintas jerarquías. En pocos años se fue haciendo claro el perfil de una nueva estratificación social: en lo alto se situaban las grandes figuras del gobierno y el partido, a renglón seguido aparecieron los miembros de la nomenklatura, es decir, los colaboradores del régimen ("mayimbes" y "pinchos grandes") que eran a su vez titulares de ciertos privilegios, y en tercer lugar el decir popular identificó a los que gozando de prebendas menores fueron designados como "pinchos".3 La igualdad que la revolución pretendía implantar resultó más bien ficticia o ilusoria. Las disparidades se hicieron más patentes durante el período especial subsecuente a la desintegración del imperio soviético. Las medidas que para salvarse adoptó el régimen dieron lugar al surgimiento de otras diferencias, generadoras a su vez de nuevas clases y sub-clases. En vez de la sociedad comunista, el Estado cubano pudo sobrevivir gracias a las inversiones capitalistas, a la dolarización y a la extranjerización de su economía. En lugar de la distinción tradicional de clases altas, medias y bajas el país se ha ido proletarizando dando vida a una gran masa de gente pobre a cuyo lado medran los miembros de la nomenklatura oficial, los extranjeros que son dueños o administradores

2

Artículo 44

3 Véase sobre el particular: Juan Clark, op. cit., cap. 22 y del propio autor "Igualdad y privilegio en

la revolución de Castro", cap. VIII, en E. Córdova, editor, 40 años de revolución, op. cit.

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de empresas y los que de una u otra forma reciben dólares de sus familiares en EE.UU. Otros dos grupos especialmente poderosos se han ido formando dentro de la nomenklatura oficial: el estamento militar y el de la Seguridad del Estado. El ejército de Castro no sólo goza de fueros y privilegios propios sino que es el único sector que junto a los extranjeros, participa en actividades económicas de índole lucrativa. Fueron primero empresas de autoabastecimiento de las Fuerzas Armadas, como la Agroforestal Yerba de Guinea y la UM 1390 Gran Unidad de Avance, las que ante la deficiencia de las empresas agrícolas del Estado y las limitaciones del programa alimentario se dedicaron a procurar el aprovisionamiento más seguro de los productos de primera necesidad para soldados, clases y oficiales del ejército y sus familias, y más tarde para la población en general. Contaban para ello con la mayor productividad que esperaban obtener de la aplicación de las normas de disciplina militar y la seguridad de obtener los equipos e insumos necesarios y los menores costos derivados de la posibilidad de utilizar reclutas del Servicio Militar Obligatorio. Para mayor garantía se procuró mejorar la gestión económica mediante la creación en el Ministerio de las Fuerzas Armadas de un Grupo de Perfeccionamiento Empresarial que preparó manuales, organizó cursos y creó una elite empresarial dentro de la oficialidad. De la agricultura, las empresas de las FAR se extendieron al transporte, la manufactura y el turismo, sector este último en el que alcanzó especial prominencia la empresa Gaviota, operada también por jefes militares y presente en actividades complementarias del turismo, incluyendo clubs, discotecas, restaurantes, empresas de aviación y agencias inmobiliarias. Otras empresas militares fueron apareciendo en sectores priorizados de la economía y a su frente se pusieron allegados de Raúl Castro. En tanto que las empresas del Estado y las del llamado Poder Popular languidecían, la mayoría de las militares han producido ganancias y fortalecido los atractivos de la carrera militar. Fue una hábil operación del gobierno. No solamente se mantenía ocupado al ejército en medio del marasmo económico general, sino que su oficialidad acrecentaba sus bienes de fortuna, sus bases veían asegurado el mantenimiento de sus familias y el ejército como institución fortalecía su lealtad al régimen que hacía posible tales beneficios. Al propio tiempo, sin embargo, se acentuó

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la tendencia hacia la tipificación de una nueva clase social, una agrupación de personas que tenían comunidad de intereses, disfrutaban de un "status" especial y se reconocían como puntal básico del régimen. Algo parecido ocurrió con los más de 70.000 agentes y 100.000 informantes de la Seguridad del Estado que no sólo percibían sueldos superiores a los de los demás empleados del gobierno, sino que tenían la influencia y conexiones necesarias para conseguir puestos para sus familiares, tener acceso a los centros de abasto y considerarse superiores al común de la ciudadanía. En lugar de la sociedad sin clases, el sistema castrocomunista ha generado una sociedad policlasista en la que no es el mérito ni la educación sino el acatamiento de unos y la deferencia de otros la que marca el rango social de cada uno. En rigor fueron formas de nepotismo y amiguismo las que florecieron. Son diferencias visibles y manifiestas. Los dirigentes del gobierno y del partido único, la nueva clase, gozan de beneficios y privilegios que les son vedados al cubano de a pie y sobre todo a los obreros y campesinos en cuyo supuesto nombre Castro desvió el proceso revolucionario. Si no se pudo realizar pues la sociedad sin clases ni penurias ¿se pudo al menos realizar la igualdad ante la ley proclamada en la Declaración Universal? Un artículo del antes mencionado capítulo de la Constitución sobre la igualdad (artículo 42) proscribe la discriminación y dice que su práctica es sancionada por la ley. El régimen blasona además de haber hecho real la igualdad de hombres y mujeres y la de negros y blancos. Conviene observar, sin embargo, que el Convenio sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer fue ratificado por Cuba con reserva del artículo 29 que prescribe el arbitraje o la intervención de la Corte Internacional de Justicia en caso de controversia sobre la interpretación o aplicación del Convenio. A Castro no le gusta ni le conviene que se merme un solo centímetro de su poder absoluto. Muchas mujeres cubanas formaron filas en la vanguardia de la lucha contra la tiranía. Unas perdieron la vida a manos de la Seguridad del Estado, como Dora Victoria Reyes, o a causa del maltrato de sus carceleros, como Silvia Perdomo. Dos combatientes, Teresita Saavedra y Trinidad Muñoz, prefirieron suicidarse

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al ser sorprendidas. Polita Grau, sufrió las más duras condiciones de prisión durante 14 años y asimismo sirvieron largos años de cárcel en Guanabacoa o Guanajay otras muchas mujeres de grandes valores cívicos. Desde aquellas precursoras que ya en 1959 conspiraban contra la precoz dictadura hasta las Damas de Blanco que en 2005 desfilan valientemente por las calles de La Habana protestando contra el encarcelamiento de sus maridos, sin olvidar a las que como Maruca Álvarez actuaron en el clandestinaje, son muchas las cubanas que han dado ejemplo del más acendrado patriotismo. El régimen fusila más hombres que mujeres, pero las condiciones carcelarias son igualmente penosas para unos y otras. El principio de igualdad se extiende también a las actividades militares y muchas mujeres participaron en las guerras de África.4 Ninguna ha alcanzado empero jefatura importante en las fuerzas armadas.

CUBANOS Y EXTRANJEROS La transformación en el último decenio del siglo XX del sedicente Estado socialista en un Estado de economía mixta con sustento básicamente capitalista trajo a su vez otra forma de discriminación que había desaparecido antes de 1959: la que existe entre extranjeros y cubanos. Casi todos esos magníficos hoteles que tantas divisas proporcionan al gobierno fueron hechos por extranjeros o empresas mixtas y son para el uso exclusivo de turistas; los cubanos no tienen derecho a disfrutarlos. Castro ha impuesto un sistema de apartheid que turistas y visitantes condenaban antes en África del Sur pero no tienen inconveniente en aceptarlo en Cuba. Alojados en espléndidos palacios y disfrutando de las mejores playas de la isla, contemplan desde lejos la miseria del pueblo cubano sin el menor asomo de vergüenza. Los nativos entran en los enclaves sólo para servirles como camareros o empleados de limpieza y mantenimiento pero no es permitida su presencia como huéspedes o visitantes. Es una segregación que afrenta a la Declaración Universal y es también según la ver-

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Véase Encinosa, op. cit., p. 218

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sión oficial un logro más de la revolución de Castro. Durante tres decenios el Gobierno Revolucionario desestimó el turismo y mantuvo alejados a los visitantes del mundo occidental que podían perturbar su revolución. Ahora esos mismos indeseables son los privilegiados que pueden invertir, tener propiedades y disfrutar la "belle vie". Históricamente la prohibición de medidas discriminatorias basadas en la ascendencia nacional fue concebida para evitar la subestimación del extranjero y conferirle ciertas protecciones. En Cuba Castro ha realizado la proeza de invertir los términos de esa ecuación: a los extranjeros se les otorgan ciertos privilegios y es con respecto a los nacionales que se produce la quiebra del principio de igualdad de trato. Hasta los etarras y otros fugitivos de la justicia gozan de privilegios que la dictadura niega a los cubanos. Muchos de ellos reciben en efecto una asignación mensual equivalente al sueldo de un funcionario, alojamiento y bonos de comida. Cuando África del Sur practicaba el apartheid y discriminaba por el color de la piel fue condenada por los órganos de las Naciones Unidas. En la Cuba de hoy también se prefiere emplear a cubanos blancos en vez de negros en la industria turística y a esa discriminación racial se añade la segregación de nacionalidad que excluye a todos los cubanos de las zonas turísticas. Es una doble infracción sin precedentes del artículo 7 de la Declaración.

DISCRIMINACIÓN POR MOTIVOS POLÍTICOS ¿Significa lo anterior que entre sí todos los cubanos son iguales ante la ley, reciben igual protección y trato de las autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades? Para responder con objetividad a esta pregunta hace falta tener presente cuáles son los motivos más comunes de discriminación. Tanto la Declaración Universal y el Pacto sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales como la Declaración sobre los Derechos Fundamentales en el Trabajo de la OIT, y los convenios atinentes de esta última, al enumerar esos motivos hablan de la raza, color de la piel, sexo, origen nacional y creencias religiosas, pero luego añaden otra importante causa de discriminación, a saber, las opiniones políticas. También las constituciones de otros países incluyen las opiniones políticas "o filosóficas", como dice la

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Constitución de Colombia entre las causas ilícitas de discriminación. Cuba excluyó sin embargo esa forma de discriminación de su listado del artículo 42 de la Constitución, dejando así la puerta abierta para que se tratara de manera distinta a los que tuvieren convicciones políticas diferentes de la ideología oficial. Es cierto que a las causas específicas señaladas en ese precepto se añadió la fórmula "y cualquier otra lesiva a la dignidad de la persona humana" pero en la práctica esa frase no se ha hecho extensiva nunca a las opiniones políticas de los cubanos. Quienes están afiliados al Partido Comunista (unas 800.000 personas), gozan de ciertos privilegios e incluso impunidades.5 Los que no están afiliados pero tampoco están señalados como contrarios al régimen, pueden escapar de las grandes aflicciones pero tampoco llegan a participar en la gobernación del país, reservada sólo para el Partido Comunista en franca contravención del artículo 21 de la Declaración Universal. La discriminación funciona unas veces en forma patente y abierta y otras de modo silencioso y sutil contra todo aquel que fuere detectado como crítico del régimen, sea por medio de las constancias que figuran en los expedientes escolar y laboral, sea por los informes del CDR, de la policía o de la Seguridad del Estado. Los que así fueren sindicados son virtualmente excluidos de la educación superior y se hallan postergados de las buenas oportunidades de trabajo. Viven como "nonentities", nulidades o proscriptos que hallan incluso difícil la subsistencia. El gobierno no los ayuda pero tampoco los olvida; salen de las listas de escogidos y entran en la de los vigilados o perseguidos. Es de esa forma, por la brecha de la discriminación por razones políticas, como se vulnera en Cuba el principio de igualdad. Los habitantes de la isla nacen iguales pero si en el transcurso de su existencia se les ocurre pensar de manera distinta a la del Líder Máximo se arriesgan a perder sus empleos, a sufrir actos de repudio, a ser perseguidos por la Seguridad del Estado, a verse privados de su libreta de abastecimiento y hasta a ser privados de libertad. En Cuba esa versión agravada del totalitarismo implica también la obligación de

5 Véase Research Institute for Cuban Studies, Human Rights in Cuba, 1991.

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compartir las fobias y malquerencias del Comandante en Jefe. No basta con la adhesión al marxismo, hay que manifestar también odio a los Estados Unidos y acatamiento a los rumbos que fije el jefe del gobierno. Quien se atreva a disentir y a difundir sus desacuerdos se expone a las más graves consecuencias. Es de esa manera que la república incluyente y democrática concebida por Martí se convirtió en el Estado excluyente y discriminatorio de Castro. La Cuba que la Liga Patriótica Cubana había previsto "para el decoro y bien de todos los cubanos" ha pasado a ser presa y dominio exclusivo de los castrocomunistas.

EL PRINCIPIO DE IGUALDAD Y LA POSTURA DE LA RAZA NEGRA Una revolución de tipo social como la que Castro ha llevado a cabo en Cuba tenía necesariamente que incluir entre sus reclamos el de haber logrado la igualdad racial. Tal reclamo suponía la existencia de patrones de discriminación anteriores a la revolución, cosa que Castro se encargó de subrayar reiteradamente durante el primer año de la revolución. Se trataba sin embargo de una alegación cierta sólo a medias y susceptible de rebatirse a la luz de la historia republicana. Hubo sí discriminación e ingratitud en los primeros años de vida independiente. Los negros mambises que tanta participación tuvieron en el Ejército Libertador sufrieron preterición e injusticias. Conscientes de su fuerza numérica fundaron primero el Partido Independiente de Color y cuando éste fue proscripto por la Ley Morúa6 efectuaron acciones que condujeron al trágico episodio de la guerra de razas de 1912.7 Superado el trauma de esa contienda y abiertas las vías de la convivencia armónica se fueron desvaneciendo los sentimientos de hostilidad y sentando las bases de una sociedad multirracial e incluyente.8 La república aceleró el proceso de europeización de la raza negra 6 Dicha ley prohibía crear partidos sobre la base del color de la piel 7 Véase Leopoldo Fornés, "La primera república (1899-1921)" en Cien años de historia de Cuba, op. cit., p. 167 8 Artículo 74 de la Constitución de 1940

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y la sociedad cubana absorbió elementos de la cultura negra, todo lo cual produjo una mayor identificación entre blancos y negros. Sin embargo, el proceso de integración y transculturación tropezó a medio camino con el escollo de la prédica comunista. El partido que sólo 17 personas fundaron en 1925 puso pronto sus ojos en la gran masa de la población negra. Sus líderes pensaron sin duda que no había mejor cantera de futuros afiliados que la de los que habían sido esclavos en el siglo anterior, tenían entonces una larga lista de agravios y representaban cerca de un tercio de la población cubana. La nueva estrategia tuvo éxito en formar dirigentes y activistas de color pero no así en captar las masas. En 1932 el Partido decidió entonces lanzar un proyecto mucho más dramático y audaz, capaz de atraer al grueso de la raza negra. El proyecto consistía en establecer un Estado aparte para la raza de color que inicialmente estaría constituido por esa faja de la costa sur de Oriente que va desde Baracoa a Manzanillo. Esa propuesta que vino a ser conocida como la de la famosa Franja Negra integrada por los municipios de Baracoa, Guantánamo, Santiago de Cuba, La Maya, Songo, Caney, El Cobre, San Luis, Palma Soriano, Niquero, Campechuela y Manzanillo fue oficialmente ratificada por el II Congreso Nacional del Partido Comunista celebrado en 1934 y secundada por las organizaciones colaterales que no se cansaban de referirse a "la bárbara explotación impuesta a la raza negra". 9 Junto a esa propuesta y como alternativa de ella el Partido Comunista reiteró su proyección racista manifestándose en favor de la derogación de la Ley Morúa. Ninguna de las dos propuestas fue bien acogida por la opinión pública. Al pueblo cubano le sonaba a traición la idea de dividir el territorio insular y le provocaba repulsa el propósito racista que inspiraba la idea de fragmentar la isla a la manera de Haití y Santo Domingo. La raza negra había a su vez evolucionado mucho en el medio siglo decursado desde la terminación de la esclavi-

9 Véase Bandera Roja (La Habana), 22 de febrero de 1934.

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tud. La escuela pública abierta a todos y el goce de los derechos civiles y políticos, habían ido operando cambios en la mentalidad de la gente de color. Blancos y negros habían fundido su sangre en la manigua redentora y una indudable armonía racial se había ido instalando tras el episodio de 1912.10 El Partido Comunista se dio cuenta del efecto negativo que había causado su propuesta y resolvió abandonarla poco después. Sin embargo, su política de convertir a la población negra en uno de sus principales aliados en la revolución antiimperialista y para la captura del poder político no se archivó por completo. El Partido siguió cortejando a la etnia de color; se manifestó por ejemplo en contra de la repatriación en 1934-1935, de los trabajadores de Haití y Jamaica y tras su acercamiento y alianza con el General Batista logró elegir seis delegados a la Convención Constituyente (de un total de 71), cinco de los cuales (Salvador García Agüero, Blas Roca, César Vilar, Romárico Cordero y Esperanza Sánchez Mastrapa) eran de color. La bomba de tiempo que España había dejado en Cuba (su incesante introducción de africanos y su resistencia a liberarlos de su vil cautiverio) no explotó en ese primer intento en que los comunistas quisieron hacerla detonar en su beneficio, pero el mecanismo quedó latente y la dirigencia comunista siguió trabajando. Aunque el Partido Comunista no hizo grandes progresos en seducir y controlar la gran masa de la población de color, sí tuvo éxito en preparar los cuadros sindicales de esa raza que habrían de alcanzar las más altas posiciones en la CTC y las tres federaciones obreras de mayor importancia en el país: la azucarera, la portuaria y la tabacalera.

LA POLÍTICA CASTRISTA DE CAPTACIÓN DE LA RAZA NEGRA Tras el triunfo de la revolución, Castro se propuso recoger y ampliar la política de seducir a la raza negra. El Partido Comunista se había precipitado en la manera de aplicarla pero empleada en forma más habilidosa y gradual la carta

10 Efrén Córdova, "La franja negra".

El Nuevo Herald. 29 de noviembre de 1993

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africana prometía grandes beneficios. Castro no atizó odios raciales, cosa que le hubiera sido fatal dada la preponderancia de los blancos en su gobierno. Procedió de manera más sutil a introducir primero el tema de la discriminación racial en sus interminables discursos lanzando al efecto acerbas críticas contra la Cuba republicana. (El primero que en tal sentido pronunció data del 22 de marzo de 1959). Acto seguido, su régimen se dedicó a ensalzar el papel de los cubanos de color en la gesta independentista, a recordar las crueldades de la esclavitud y a hacer hincapié en el supuesto menosprecio con que fueron tratados después. De los discursos se pasó a distorsionar la educación, la cultura y la propaganda; se revisaron los textos de historia y se estimuló a los escritores afines a la revolución a que pusieran de relieve en sus obras los horrores e injusticias sufridos por la raza negra.11 Libros de historia anteriores a 1959 fueron mutilados para ajustarlos al enfoque del régimen sobre el problema negro.12 Escritores al servicio de la dictadura llegaron al ridículo en su narración de los hechos heroicos atribuidos a gentes de la raza negra.13 Autores conocidos llegaron a afirmar que los únicos habitantes de Cuba que en el siglo XIX ejercían los oficios y funciones útiles al desarrollo del país eran los africanos y sus descendientes. Otros intelectuales revolucionarios de pronto se convirtieron, como dice Raúl Rivero en obcecados y rabiosos africanistas, en negros "honoris causa". Para estimular esos esfuerzos y cultivar el apoyo de la población negra el régimen fundó un Centro de Estudios Africanistas, reclutó investigadores, levantó monumentos a las sublevaciones de esclavos y puso a la disposición de los escritores revolucionarios, sus casas editoras, archivos y órganos de promoción cultural. Cuba produjo entonces una de las bibliografías más ricas sobre la esclavitud que se ha escrito en Hispanoamérica. Mas ya no se trataba del propósito científico que animó en el pasado las obras de Fernando Ortiz y Lydia Cabrera. Ahora latía en el fondo de esa literatura la intención sectaria de

11 Véase, por ejemplo, Temas acerca de la esclavitud (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales,

1985), passim. 12 El caso más elocuente fue el de la mutilación de la Historia de Cuba de Fernando Portuondo. 13 Véase, por ejemplo, Miguel Barnet, Biografía de un cimarrón (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1966).

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proselitizar a la raza negra y de mostrar que sólo la revolución castrista la había finalmente redimido. Nada se decía en esa literatura de los grandes progresos alcanzados por negros y mulatos en la sociedad republicana. Ni una palabra sobre la educación pública integrada, sobre el acceso de los negros en pie de igualdad a las universidades, sobre los innumerables afrocubanos que ejercían con distinción las profesiones liberales y mucho menos sobre el disfrute antes de la revolución de la plenitud de los derechos civiles y políticos. Batista era después de todo mestizo y negros de valía ocuparon altas posiciones en los gobiernos anteriores a 1959. Tampoco se quería recordar que la discriminación fue declarada ilegal y punible por la Constitución de 1940, ni que 10 años después se suprimió toda referencia al color de la piel en los datos de inscripción en el registro civil. El trato igual para blancos y negros en cuanto a derechos civiles y el acceso a todos los niveles de la educación datan en Cuba de la época colonial (1878). A ningún negro se le negó jamás admisión en un hospital, oficina de gobierno o establecimiento público de la Cuba republicana. Si hubo, es verdad, una cierta discriminación social en clubes y casinos, así como en los empleos mejor remunerados, la evolución del país apuntaba hacia su gradual eliminación.

POLÍTICA EXTERIOR AFRICANISTAY FOMENTO DEL SINCRETISMO Para granjearse aún más el favor del mayor número posible de la gente de color, Castro imprimió a su política exterior un giro africanista.14 Envió sus ejércitos a luchar en media docena de países de África y forjó después alianzas con varios países de la región incluyendo a algunos de los más grandes (Angola, Congo, África del Sur y Zimbabwe). Las tropas cubanas no fueron a eliminar los vestigios de esclavitud que aún existen en el Continente Negro sino a avanzar la causa del comunismo internacional y a satisfacer las ambiciones y vanidad de Castro.

14 Véase Enrique Ros, La aventura africana de Fidel Castro (Miami: Ediciones Universal, 1999)

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Dignatarios de países africanos y del Caribe son visita frecuente en La Habana y sus votos son siempre favorables a Castro en las Naciones Unidas. Es a esos países a los que Castro envía primordialmente sus misiones de asistencia médica. A los ojos de la población negra de Cuba, Castro fue así adquiriendo el carácter de un gran campeón de la "negritude". Esa reputación se fue además robusteciendo con la cordial acogida que su gobierno dispensa a líderes negros de los Estados Unidos, ya sean pastores, políticos o incluso prófugos perseguidos por causas criminales. Todavía hay más. A pesar de que el régimen de Castro se declaró oficialmente ateo en la Constitución de 1976, solapadamente ha fomentado las religiones afrocubanas. No solamente procuraba socavar la posición de la Iglesia Católica y las evangélicas, sino que mostraba también sus simpatías por las creencias que todavía profesaban una parte de los negros de Cuba. A ellos se les estimuló además a aprovechar las facilidades deportivas que el régimen ofrecía, incluyendo becas, instructores, instalaciones y viajes. Los éxitos que muchos cosecharon en competencias internacionales contribuían a fortalecer su autoestima y a estrechar sus lazos con el régimen. En señal de gratitud, varios atletas negros que han ganado medallas en Juegos Olímpicos y campeonatos mundiales se apresuraban a dedicar sus triunfos al Comandante en Jefe. Otras actividades de particular interés para los negros como la música y la danza fueron también objeto de especial atención.

CAMBIOS EN LA COMPOSICIÓN ÉTNICA DEL PUEBLO CUBANO A la campaña propagandística y al ocultamiento avieso siguió otra táctica de alcance mucho más profundo. Deliberadamente, Castro se propuso desde el comienzo mismo de la revolución alterar la composición étnica del pueblo cubano. Mientras se condenaba al destierro o se permitía el éxodo de cubanos blancos opuestos a su dictadura, el gobierno procuraba impedir a toda costa la salida de la población negra. No era sólo por medio del halago como se lograba ese objetivo sino también a través de restricciones a su salida y a la insistencia con que los medios de difusión se referían al maltrato y discriminación de que eran víctimas los negros en los Estados Unidos.15 Tan sombrío era el 15

Sirvan como ejemplos recientes los artículos "Racismo en Estados Unidos", Granma 28 de agosto de 2001, p. 5 , "La triste realidad de las grandes minorías en Estados Unidos", Granma, 24 de enero de 2002, p. 5 Y "Si Malcolm X viviera", Granma, 1 de septiembre del 2004, p. 3

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cuadro que el régimen pintaba de la situación del negro en Norteamérica que fueron pocos los cubanos de color que se acogieron al exilio no obstante su condición de oposicionistas o disidentes. La política racista de Castro ha producido los efectos deseados. La inmensa mayoría de la población negra ha permanecido en la isla; los que escapan en balsa o solicitan permiso para salir son casi todos blancos. Son asimismo contados los negros que se acogen al asilo político. En 1970 el Centro de Estudios de la Universidad de Miami fijaba en 2 por ciento el número de negros en el total de exiliados.16 Esa proporción se ha mantenido aproximadamente igual en años posteriores. Se ha ido operando de esa manera el cambio en la composición étnica del pueblo cubano que Castro había previsto. Los últimos censos anteriores a la revolución (1943 y 1953) mostraban que la población blanca representaba alrededor del 73 por ciento del total de habitantes. Ahora se ha invertido la composición racial. Ya en 1982 un informe de la Oficina Nacional del Censo señalaba que la raza blanca representaba el 65.9 por ciento de la población. Menos de 20 años después la Enciclopedia Británica fijaba en sólo 37 por ciento el total de los cubanos blancos.17 Esta estimación que convierte a la raza negra en mayoritaria aparece confirmada en el último informe del Bureau of Democracy, Human Rights and Labor del Departamento de Estado de los Estados Unidos.18

PAPEL DE LA RAZA NEGRA EN LA CUBA ACTUAL A la raza negra hoy preponderante Castro la ha utilizado para participar en competencias deportivas, actuar en eventos artísticos y robustecer su pretensión de apoyo popular.19 No se le ha dado, sin embargo, un papel importante

16 Véase José Ignacio Rasco, "Sociología del exilio" en Exilio. Revista de Humanidades, primavera 1970, pp. 33 y 34. 17 Britannica, Book of the Year 2000 (Chicago: Encyclopaedia Britannica Inc., 2000), p. 585 18 Véase Bureau of Democracy, Human Rights and Labor, US Department of State, Cuba Report (Washington: GPO, 2001), p.57 19 Véase John Clytus, Black Men and Red Cuba (Coral Gables: University of Miami Press), pp. 23-24. Véase también C. Mesa Lago, The Economy of Socialist Cuba (Albuquerque: University of New México Press, 1981), p. 14

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en la gobernación del país. Castro discrimina solapadamente a los afrocubanos en lo que hace al ejercicio del poder político. Aprovecha la coordinación muscular, el sentido musical y otras aptitudes de los negros pero los menosprecia en cuanto se refiere a sus capacidades intelectuales y les mantiene virtualmente marginados del gobierno de Cuba. Casi todas las altas posiciones político-administrativas de igual modo que los más importantes mandos militares, son ocupados por blancos.20 En 1999 sólo cinco ministros de un total de 74 y sólo 14 de las 146 personas que componían el sector dirigente del PCC eran afrocubanos. En el 2004 había sólo dos negros en un Consejo de Ministros de 52 miembros en tanto que el escalón superior del Partido Comunista se componía de 23 blancos y cinco negros. Según Enrique Ros el único sector oficial en que Castro ha utilizado más a los negros es el de las posiciones diplomáticas en países africanos en los que 15 de 21 embajadores eran negros.21 Una selección de los cuadros más destacados del año 1999 incluía sólo cuatro negros de una lista de 54 funcionarios. De los 89 generales del ejército únicamente ocho son negros. Otra lista de los investigadores más destacados en el campo de las ciencias publicada en Granma no incluía un solo cubano de color.22 Ni siquiera en la (CTC) Central de Trabajadores de Cuba, es significativa la presencia afrocubana; de los 15 miembros del Secretariado Nacional de esa Central solo uno es negro, tres mulatos y once blancos. Uno de los miembros, Ernesto Freire Cazañas, es por cierto militar de carrera y ostenta el grado de mayor. El nivel educacional es en cambio relativamente elevado. Para un país que al parecer ha alcanzado ya la meta fijada por Castro de convertir a la raza negra en la mayoritaria del país esas parcelas de poder parecen bastante mezquinas.23 Los patrones racistas de la dictadura se reflejan asimismo en la muy elevada proporción de negros en las cárceles y en el hecho de ser ellos los que desem-

20 Véase

Jorge Domínguez, Order and Revolution (1974), pp. 224-227

21 Enrique Ros, La aventura africana de Castro, op. cit., p. 153 22

Granma, 23 de marzo de 1998

23 Véase Enrique Patterson, "Discriminación racial en Cuba y Norteamérica (II)". El Nuevo

Herald, 30 de enero del 2002, p. 18A

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peñan los puestos peor remunerados y habitan las casas más pobres. Hubo asimismo selección racial en perjuicio del negro cuando se trataba de ir a las guerras de África, donde fueron de nuevo los negros los que dieron la mayor cuota de sangre. Es posible que la escasa participación de los negros en la gobernación del país se deba al disgusto de Castro por la nutrida presencia de cubanos de color en las filas de la oposición. Muchos son los negros que han sufrido cárcel, como Eusebio Peñalver (28 años en prisión) y no pocos fueron fusilados, como el juez Américo Navarro.24 En años recientes otros patriotas de esa raza, incluyendo a Leonel Morejón, Oscar Elías Biscet, Vladimiro Roca, Félix Bonne, Ramón H. Colás, Jorge Luis García Pérez (preso desde 1990), Enrique Patterson, Berta Mexidor, Jesús Yánes Pelletier (ya fallecido) y Berta Antúnez, han asumido posiciones de liderazgo en la lucha contra la dictadura. El ejemplo de los grandes adalides negros de la independencia se halla ciertamente vivo en las nuevas generaciones. Tras el fracaso de Playa Girón uno de los brigadistas que cayó prisionero era negro. Al ser interrogado por el propio Castro, éste le increpó diciéndole: ¿Qué hace usted aquí cuando antes de la revolución los negros no podían bañarse en las playas privadas de los blancos? El brigadista negro respondió: "Yo no he venido a bañarme en la playa sino a liberar a mi país". Castro había olvidado que el negro cubano es primero cubano y después negro. El gran error de los que aún son favorables a Castro o permanecen indiferentes es no haberse dado cuenta de que estaban siendo utilizados por el dictador para seguir imponiendo su dominación personal. A Castro en verdad no le interesaban las aspiraciones de los negros, ni se preocupó de modo especial por su bienestar. Tampoco le interesaba aplicar con rectitud el principio de igualdad ante la ley sino más bien manipularlo y tergiversarlo en su provecho.

24 También eran negros los tres jóvenes fusilados en abril del 2003

CAPÍTULO X ANGUSTIAS Y MISERIAS DE LA VIDA COTIDIANA

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AFRENTAS A LA DIGNIDAD El concepto de la dignidad aparece específicamente enunciado en el artículo primero de la Declaración; la necesidad de protegerla como derecho humano fundamental se halla además prescripta en otros artículos como el 5, el 12, el 22 y el 23. Concebida en el sentido de respeto a la estima y el decoro de las personas, la dignidad toca a lo más profundo de las fibras espirituales del ser humano. Guarda asimismo estrecha relación con otros dos derechos que la Declaración Universal protege de modo expreso y que son de especial valoración en la tradición latina e hispánica: la honra y la reputación de las personas. Que a uno le priven del aprecio que a los ojos de los demás y ante sí mismo tiene ganado por sus méritos y virtudes es ciertamente una desgracia. El honor no tiene, sin embargo, la misma estimación en la concepción materialista de la historia, parte integrante de la doctrina marxista. Según ésta, el honor como los ideales y los valores morales y jurídicos no pasan de ser formas de relación sujetas a los cambios reales de las fuerzas productivas. Quedan relegados a una especie de "espectro metafísico", a la condición de quimeras, ilusiones o "engañifas idealistas" (para usar la expresión de Engels) que imponen las clases dominantes.1 Son productos espirituales de cada época y sistema de producción y que en el caso del honor algún escrito de Marx y Engels asigna más a la aristocracia que a la burguesía. Castro que según su propia confesión abrazó el marxismo-leninismo antes de 1959, pronto compartió con esa doctrina el desprecio por el honor, la lealtad, la dignidad y el respeto al prójimo. Fue ya notable desde el inicio de su régimen la forma despectiva e injuriante como trataba a todos los que se opusieron a sus planes ya fueren adversarios o antiguos colaboradores. Apenas transcurridos unos meses de su acceso al poder ya estaba difamando públicamente al Presidente de la República Manuel Urrutia (a quien calificó de corrupto), al

1 Véase Carlos Marx, "Oposición entre las concepciones materialista e idealista" en Obras Escogidas, Tomo I, op. cit., p. 40 y F. Engels, "Sobre la contribución a la crítica de la economía política de Marx" en ídem, p. 523

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jefe de la aviación Pedro Díaz Lanz (traidor y desertor), al Ministro del Trabajo Manuel Fernández (anarcoloco), a los periodistas Jorge Zayas y G. Martínez Márquez (difamadores y estafadores), al líder sindical David Salvador (lacayo del imperialismo), al comentarista radial Luis Conte Agüero (divisionista felón), al oficial rebelde Manuel Artime (malversador) y a tantos otros que eran en realidad personas honorables. Con invectivas semejantes fue colocando en la picota a cuantos se apartaban de su decisión de desviar la revolución hacia el comunismo.2 A sus enemigos declarados no sólo les acosaba, perseguía y encarcelaba o eliminaba físicamente sino que les difamaba utilizando los peores epítetos. Quienes se opusieron al apoderamiento de la patria por Castro fueron sucesivamente catalogados como sicarios de Batista, malversadores, traidores, esbirros, gusanos, marionetas, lacayos del imperialismo, criminales de guerra, contrarrevolucionarios abyectos, gente mafiosa, lumpen y últimamente mafia narcoterrorista. El Máximo Líder manejaba con soltura la diatriba y no tenía escrúpulos en utilizarla para manchar la reputación de ciudadanos que tenían fama de rectitud e integridad. Sus afrentas a la dignidad personal alcanzaban incluso a los humildes que osaban expresar inconformidad con su régimen, como fue el caso del mecánico de televisión que manifestó su deseo de abandonar la revolución y fue obligado a arrodillarse frente a su centro de trabajo con un cartel colgado al cuello que decía "Yo soy un traidor", o el de los jóvenes que en marzo del 2002 trataron de asilarse en la Embajada de México en La Habana a los que calificó de "escoria marginal, delincuentes y pillos". A los trabajadores del sistema de turismo les prohíbe visitar las casas o embajadas de los extranjeros con quienes tengan relación, les obliga a mantener permanente vigilancia contra todo hecho o actitud lesiva a los intereses del Estado y les conmina a comunicar cualquier información que obtengan con relación a "la seguridad y los principios de nuestra revolución". A sus muchas obligaciones en el trabajo les añade así las de fisgonear y delatar. El vejamen se ha hecho extensivo también por sus colaboradores a los fami-

2 Véase, por ejemplo, Manuel Urrutia, Fidel Castro and Company (New York Praeger, 1964) y Rufo López Fresquet, My fourteen months with Castro (New York: The World Publishing Company, 1966)

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liares de presos políticos.3 Para ellos y para todos sus opositores, Castro utiliza sin reservas los medios de difusión controlados por el gobierno para orquestar campañas de descrédito; para las víctimas no hubo nunca desagravios ni reparaciones.4 Asimismo cayeron bajo su vituperio algunos intelectuales que luego de apoyar la revolución mostraron su decepción. René Dumont, por ejemplo, escribió un primer libro favorable a la revolución y no tuvo problemas pero ya en su segundo libro Cuba est -il Socialiste deslizó algunas críticas y pronto pasó a ser acusado de agente de la CIA. Escritores ilustres como Octavio Paz, Mario Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza fueron también blanco de sus insultos. Sus denuestos atraviesan las fronteras y alcanzan incluso a los Jefes de Estado. Los insultos a los Presidentes de Argentina por ejemplo, se remontan a la época de Arturo Frondizi a quien llamó "excrecencia humana" y llegan hasta Fernando de la Rúa caracterizado por Castro como "lamebotas". Al Presidente de Uruguay, Jorge Batlle lo colmó de tales invectivas ("lacayo, miserable y abyecto Judas") que la Cancillería uruguaya se vio obligada a romper relaciones diplomáticas con Cuba. Sobre los Presidentes de Estados Unidos han llovido por supuesto los peores improperios desde Eisenhower a quien la radio oficial de Cuba calificó de "viejo canceroso" y Kennedy al que tildó de "madman" y "criminal de guerra", hasta George W. Bush ("bruto, tonto, fascista y nazi"). El único que escapó fue Clinton de quien dijo que era "una persona decente", "y a mí me gusta tratar con personas decentes". Del Subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Otto Reich, afirmó que era "terrorista, mediocre y lerdo". Al Secretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge G. Castañeda, un editorial de Granma le llamó "cínico y diabólico". Al Ministro de Salubridad de Uruguay, Castro le tildó de "criminal". Hasta Nikita Khrushov (calificado de "mariquita") y Mao Tse Tung (viejo chocho) fueron denigrados cuando a su juicio no le prestaron la ayuda requerida. Vengativo en grado sumo, Castro no perdonó nunca la acusación de genocida que en la cum-

3 Véase

Ileana de la Guardia, Au nom de mon père (París, Editions du Noel, 2000) Véase José Buajasán y José Luis Méndez, La repúbica de Miami (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003) anexos 4

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bre de Panamá le hiciera el presidente de El Salvador, Francisco Flores y pocos años después, en noviembre del 2002, se refirió a la nación salvadoreña como "guarida miserable de asesinos mercenarios". En el 2003, Perú, Costa Rica y Nicaragua se unieron a Uruguay en ser llamados "repugnantes lacayos de EE.UU", por haber presentado el proyecto de resolución sobre los derechos humanos en Cuba. En 2005 calificó a la OEA de "ente putrefacto y maloliente". La mayor indignidad la cometió, sin embargo, con su propio país. Empeñado en hacer ver que fue sólo en 1959 que Cuba alcanzó su carácter soberano e inició el camino de la independencia, se dedicó a desfigurar su historia destacando sólo los aspectos negativos, ignorando los grandes logros de la república y difamando a genuinos próceres de la patria. A fin de dar una apariencia de verdad a los vejatorios términos de "pseudorepública" y "neocolonia" que gustaba utilizar, procuró tergiversar el sentido de la Enmienda Platt y ocultar el hecho de su abrogación en 1934. Tampoco reconoció las señales evidentes de política exterior independiente que Cuba dio al votar contra la creación del Estado de Israel (1947), rehusar el envío de tropas a Corea (1950) y otorgar grandes obras públicas de los años 50 (incluyendo el túnel de la bahía de La Habana) a empresas francesas y la propuesta de condena de agresión económica hecha en la Conferencia de Río de Janeiro. Lesionó asimismo la soberanía cubana al permitir por largos años el estacionamiento de una brigada soviética en la isla, la instalación de una base naval en Cienfuegos y la construcción de la central de espionaje electrónico de Lourdes. A Castro no le bastó, con el esfuerzo de reescribir la historia que los intelectuales marxistas cubanos estaban haciendo y procedió a importar historiadores soviéticos. Bastaría citar aquí los nombres de E. Valkiva, M. Okunieva, J. Opatrnuy y O. Darusenkov, a cada uno de los cuales se le confió la misión de reformular algún aspecto importante de la historia de Cuba. Y fue luego la Academia de Ciencias de la URSS la que intentó una síntesis preliminar de los aportes anteriores al publicar en 1981 una Historia de Cuba, que debidamente traducida se utilizó también con fines pedagógicos. En dicha obra se afirma entre otras cosas que antes de 1959 el 14 por ciento de la población sufría de tuberculosis y el 31 de por ciento de malaria. Es probable, sin embargo, que sea el propio Castro el que con mayor saña y

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mendacidad ha procurado deformar la historia de Cuba. Su informe al I Congreso del PCC en 1975 es una pieza antológica de cómo se puede distorsionar impunemente el pasado. Allí, en su largo discurso que le tomó más de diez horas leer, presentó un cuadro sombrío y degradante de la historia, sobre todo del pasado republicano; habló del hambre, la pobreza y la explotación como si se estuviera refiriendo al país más atrasado del mundo; describió un cuadro tétrico de discriminación, prostitución y juego; afirmó sin el menor escrúpulo que "la miseria, el analfabetismo y las enfermedades proliferaban a lo largo y ancho del país". En sus más recientes arrebatos de ira o perturbación mental ha llegado a decir que en la Cuba republicana, había un 90 ó 95% de desempleados y subempleados y que en la ciudad de Miami se acostumbra incitar a los perros para que muerdan a los negros. Lo más extraordinario es, sin embargo, que se haya empeñado en inducir a sus propios partidarios a actuar en forma indigna. Llevado de su vanidad patológica ha convertido en sicofantes irredentos a los que se hallan en el primer círculo de la adulación y el servilismo. Cualquier desfallecimiento en la alabanza, así como la menor discrepancia con la política del Máximo Líder, entraña una caída en desgracia, como le ocurrió en fechas recientes a Carlos Aldana, ideólogo del partido; al Ministro de Relaciones Exteriores Roberto Robaina, al jefe de planificación Humberto Pérez, al director del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, Manuel Limonta, al Ministro de Salud Pública Héctor Terry (que osó criticar la política oficial de abastecimiento) y a Alcibiades Hidalgo, ex embajador de Cuba ante las Naciones Unidas. Mención aparte merece el castigo humillante inflingido al Coronel Pedro Tortoló por no haber cumplido con su orden de resistir hasta el último hombre en Granada. Decidido a fomentar el odio a toda costa, Castro utiliza a miembros de la otrora gallarda clase obrera como integrantes de esas tropas de choque o gavillas de matones que son las Brigadas de Respuesta Rápida. ¿Habrá, por último, una conducta más abyecta e infame que la de los que al compás de sus incitaciones participan en los llamados actos de repudio o en las "reuniones relámpagos" dirigidas a lanzar piedras y gritar obscenidades frente a la casa de la víctima? Los actos de repudio son un triste remedo de los progroms que en su día sufriera el pueblo judío. Junto a las otras afrentas impunes producen un efecto disuasorio, atemorizador e inhibitorio con respecto a disiden-

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tes y opositores; y en tal sentido forman también parte de su plan de gobierno. En Cuba ningún tribunal se atrevería a disponer la llamada "prueba de la verdad" como eximente de responsabilidad. Castro ha sometido por último a la juventud a la más brutal pérdida de la dignidad: a la entrega de su cuerpo a cualquier extranjero por unos dólares. Jóvenes de uno y otro sexo se prostituyen por necesidad, aunque el dictador dijera en una ocasión, mancillando aún más su honra, que lo hacían por placer. Niñas en edad escolar son obligadas a prostituirse y son incluso objeto de un tráfico internacional reportado en detalle por la prensa inglesa.5

QUEBRANTOS A LA PRIVACIDAD Estrechamente ligado a la dignidad está el derecho a la privacidad, es decir el derecho a impedir que otras personas, o el Estado, se inmiscuyan en la vida personal y familiar de los ciudadanos. La vida íntima de ellos, lo que constituye el círculo particular y personal de cada uno, es un privilegio puesto fuera del alcance de los demás. Mucho antes de su plasmación en la Declaración Universal, el derecho a la privacidad había ya encontrado acogida en las Constituciones liberales de casi todos los países del mundo. Lo hizo por el camino de los derechos individuales y con particular referencia al secreto de la correspondencia y a la inviolabilidad del domicilio. Disposiciones más recientes incluyen también en la protección las comunicaciones telefónicas, telegráficas, radiofónicas y cibernéticas. En Cuba, sin embargo, la privacidad se viola con frecuencia, es decir, cada vez que así conviene al Estado Totalitario. Ello se hace posible además porque la propia disposición constitucional relativa al domicilio y la correspondencia supedita la protección a lo que diga la legislación ordinaria.6 Es de esa mane-

5 Véase el reportaje del Sunday Mirror citado en Alejandro Armengol, "Niñas en Cuba, prostitutas

en Londres", El Nuevo Herald, 18 de enero de 2002 6 Artículos 56 y 57

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ra que pierde todo su valor la norma constitucional sobre la que se superpone cualquier acuerdo o decreto gubernativo. La ley puede prever cualquier forma de violación de correspondencia o allanamiento de morada pues tiene para ello permisión constitucional. No le hizo falta por lo demás al régimen de Castro esa franquicia de la Constitución pues dentro o fuera de "los casos previstos en la ley" la privacidad ha estado sufriendo quebrantos repetidos. Es común por ejemplo poner a la disposición de la Seguridad del Estado los informes médicos que interese conocer por muy confidenciales que hayan podido ser en su origen. La violación se produce otras veces de modo subrepticio por medio de los vídeos que la Seguridad del Estado filma en casas protocolares, hoteles o residencias privadas y también por conducto de turbas aleccionadas al efecto. Fueron así grupos revolucionarios que supuestamente actuaban por su cuenta los que penetraron en la casa de la escritora María Elena Cruz Varela, la arrastraron por las escaleras y le hicieron tragar pedazos de cuartillas y volantes.7 Fueron en cambio investigadores de la Seguridad del Estado los que irrumpieron sin orden judicial en el domicilio de la disidente Esperanza Peña Fernández y con ensañamiento feroz registraron sus habitaciones, rompieron muebles y cojines y aterrorizaron sin escrúpulos a su madre y a su hijo. Esos propios agentes de la policía política fueron los que obligaron a Martha Beatriz Roque a desnudarse y asearse delante de ellos.8 De las violaciones del secreto de correspondencia pueden dar fe incontables familiares de oposicionistas y figuras conocidas del exilio cuyas comunicaciones telefónicas fueron interceptadas, sus cartas abiertas y su contenido utilizado a discreción por las autoridades. La instalación de aparatos de escucha telefónica es hecha subrepticiamente unas veces por la Seguridad del Estado o por técnicos de la empresa mixta italo-cubana ETECSA que se presta a cometer ese delito. Es una especie de aplicación perversa de la tecnología. El afán del régimen castrista por obtener la información más completa posible sobre la posición política, vida privada y pensamiento mismo de los ciudada7 Véase Efrén Córdova, ed., 40 años de revolución (Miami: Ediciones Universal, 1999), p. 274 8 Martha Beatriz Roque, "Camino de la cárcel", Encuentro, no. 20, primavera del 2001,

p. 234. El episodio se repitió a raíz de la entrevista del Presidente Vicente Fox con varios disidentes en febrero de 2002

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nos adquiere su máxima expresión con los expedientes acumulativos escolar y laboral. En el primero de ellos los maestros y demás responsables de la docencia no se limitan a registrar notas académicas sino que incluyen en el expediente del menor cuantos datos han podido extraer del mismo sobre las convicciones políticas, creencias religiosas, conducta y grado de confiabilidad de los padres y familiares del educando. En el segundo se deja constancia de cuantas averiguaciones sobre esos mismos asuntos ofrecen los trabajadores con respecto a sus compañeros de trabajo o le es posible al administrador recoger directamente sobre los empleados bajo su dependencia. Son antecedentes de orden personal y particular que pertenecen a la vida privada de cada cubano y que en Cuba sin embargo quedan plasmados en esos expedientes a fin de que el gobierno los pueda usar para sus propios fines y en favor o detrimento de los encartados. Esa misma penetración del gobierno en la vida personal y familiar se halla presente en las Orientaciones del Partido circuladas en septiembre de 1988 y sobre todo en la Guía del Informante que contiene 55 puntos referidos a los problemas sociales, laborales y políticos que las "fuentes" deben dar a conocer al gobierno. Es en fin de cuentas toda la vida cotidiana del cubano y también de los extranjeros la que está expuesta a toda clase de interferencias. Abortos, infidelidades y desviaciones, hasta las más íntimas ocurrencias, quedan registrados en los aparatos electrónicos de la SE. ¿Qué mayor invasión de su privacidad que la que hacen los Comités de Defensa de la Revolución vigilando todos los pasos de cada vecino, anotando quienes son sus visitantes, tomando nota de sus hábitos e informando de todo ello a la Seguridad del Estado?

SEGURIDAD El derecho a la seguridad de la persona que asiste a todos los individuos según el artículo 3 de la Declaración, está íntimamente relacionado con el derecho a la protección de la ley que consagra otro artículo de la Declaración Universal. Donde esa protección no se garantiza por igual a todos los ciudadanos y mucho más donde no existe un Estado de Derecho pierde toda validez el derecho a la seguridad. Y es precisamente esa premisa mayor la que falta en la

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Cuba de hoy. Las condiciones que allí se dan cita: el caudillismo exacerbado, el culto a la personalidad, la supuesta dictadura del proletariado y la supeditación de todos los derechos y libertades a la existencia y fines de la sociedad socialista niegan el Estado de Derecho y colocan a los no comunistas por debajo de los miembros del partido. En un trabajo presentado en 1988 ante la Comisión de Derechos Humanos, Juan Clark, Angel de Fana y Amaya Sánchez señalaban que en Cuba la seguridad del individuo se ve en constante peligro, al estar totalmente indefenso frente al poder avasallador de un Estado omnipotente ante el cual en la práctica el individuo carece de la posibilidad de oponerse legalmente o rebelarse y sólo tiene como alternativa plegarse, simular adhesión o tratar de escapar a cualquier precio.9 El peligro mayor para la seguridad del individuo proviene precisamente de la llamada Seguridad del Estado, que en marzo del 2006 celebró el 47º aniversario de su fundación. La SE es un organismo ubicuo y omnímodo que se identifica como departamento del Ministerio del Interior, cubre todas las actividades del pueblo cubano y se desdobla en aparato de inteligencia y contrainteligencia, instrumento encargado de velar por el orden interior y centro neurálgico del espionaje en el interior y el exterior. Para llevar adelante esas funciones el Minint-SE ha organizado una vasta red de agentes que abarca diversas categorías y en relación con la población representa uno de los porcentajes más elevados del mundo. La Seguridad del Estado aprovecha las debilidades personales, los rencores ocultos o las inclinaciones ideológicas de los individuos para extender las mallas de su incesante reclutamiento que según los conocedores ha puesto a unos 100.000 empleados en sus nóminas. Al margen de su propio personal fijo, la SE tiene una larga lista de colaboradores que según su terminología comienza con las "personas de interés y los vínculos útiles" y termina con los candidatos al reclutamiento. Esto último se lleva a cabo empleando métodos de seducción ideológica y también utilizando el chantaje. ¿Qué mayor angustia para el cubano que la de preguntarse cada día

9 Human

Rights in Cuba, op. cit., pp. 7 y 8

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cuáles son entre sus compañeros de trabajo, amigos, conocidos y hasta familiares los que trabajan como agentes, informantes o delatores para la Seguridad del Estado? El temor, la desconfianza y la inseguridad llegan hasta el seno mismo del hogar; no son pocos los niños que a instancias de las autoridades han denunciado a sus padres. En las escuelas se organizan sesiones en las que se incita a los alumnos a denunciar las faltas de sus compañeros. Son ejercicios de censura colectiva que inician el adiestramiento del niño en la práctica de la delación. Un vídeo del Ministerio de Educación ha difundido la escenificación correspondiente En su Informe contra mí mismo, el escritor Eliseo Alberto Diego relata cómo siendo adolescente tuvo que informar a la Seguridad del Estado sobre sus familiares y amigos. Otra amenaza para la seguridad del ciudadano se relaciona con el antes mencionado sistema de "vigilancia colectiva revolucionaria", concebido por Castro en septiembre de 1960 y representado por los 130.000 comités de defensa de la revolución esparcidos por toda la isla. La amenaza aquí se torna acecho constante y cercano. Los CDR se encargan de vigilar las entradas y salidas de los vecinos y de averiguar, en palabras de Castro, "a qué se dedican, con quién se juntan, en qué actividades andan". Cada Comité tiene su directiva cuyo cargo más importante es el de responsable de la vigilancia. La persona escogida para este cargo tiene que ser aprobada por la SE o instancias del Partido. El Big Brother se hace ubicuo y se instala en el mismo barrio y la misma manzana del vigilado. Aunque no enteramente originales, estos comités de Castro tienen un carácter más institucionalizado y ejercen funciones más invasivas que los creados por la Checa rusa en la época del comunismo de guerra. Junto a las Brigadas de Respuesta Rápida, los CDR son la espina dorsal del sistema de microterror que complementa el macroterror de la SE. Observadores y diplomáticos acreditados en La Habana coinciden en subrayar el miedo constante que experimentan los ciudadanos ante esa situación y añaden que ese temor puede llegar hasta el terror. A solas con un extranjero el cubano puede sentirse inclinado a contarle cuál es la realidad del país, pero si hay otra persona presente se abstendrá de todo comentario. La inseguridad y el espionaje tocan a los propios diplomáticos acreditados ante el Gobierno de La Habana, como hubo de revelar el Encargado de Negocios de Chile en Cuba.10 Sin remilgos ni reservas la

10 Véase Jorge Edwards, Persona non Grata (Barcelona: Barral Editores, 1973), passim

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Seguridad del Estado vigila, tiende celadas y acecha a cualquier hora del día o la noche. Sus instalaciones clandestinas de escucha usan la última tecnología. Un timbrazo en la madrugada, un seguimiento a la distancia, un registro sorpresivo, cualquier fisgoneo, crean inseguridad y pueden ocasionar un temor paralizante. Ese clima de zozobra e inquietud que se vive en Cuba es el reverso del derecho a la seguridad consagrado en el artículo 3 de la Declaración. Hasta los poderosos pueden convertirse en víctimas de la Seguridad del Estado. En 1989, por ejemplo, José Abrantes era Ministro del Interior y cabeza visible de la Seguridad del Estado. Un año más tarde Abrantes era arrestado y condenado a 20 años de privación de libertad. Desde las alturas de su encumbrada posición, Abrantes cayó en prisión en la purga que siguió al juicio del General Ochoa. Abrantes llegó a ocupar las más altas posiciones y conocía todos los secretos del jefe máximo y la élite gobernante. Era un hombre fuerte y dado a los ejercicios físicos pero un año y medio más tarde moría misteriosamente en la prisión. Según relata Norberto Fuentes en su libro Narcotráfico y tareas revolucionarias: el concepto cubano, los propios médicos del Ministerio del Interior le informaron que, por meses desde el inicio de su condena, Abrantes fue tratado por vía oral con digitálicos, bajo la excusa de que eran calmantes. Este tratamiento, combinado con una inyección de diuréticos, fue la causa de su muerte. La inyección se la dieron después de revelar Abrantes a Patricio de la Guardia, en una discusión en la prisión, que él informaba a Fidel de todo lo de la droga. Abrantes no murió de una muerte natural. El terror tocó a sus puertas y así desapareció el cubano que según el juicio de algunos autores había mantenido "tan brillante, permanente y ascendente carrera".11 Resta añadir que junto a Abrantes perdieron sus puestos o sus vidas otros integrantes del llamado Primer Nivel del Minint. Y recordar que la suya y la del también poderoso Manuel Barbarroja Piñeiro son sólo dos de las desapariciones misteriosas ocurridas desde que en octubre de 1959 se evaporó para siempre el avión en que viajaba Camilo Cienfuegos.

11 Véase J. A. Rodríguez Menier, Cuba por dentro: el Minint (Miami: Ediciones Universal,

1994), pp. 21 y 47

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LA PROPIEDAD El reconocimiento de la propiedad individual que hace la Declaración Universal en su artículo 17 marca el punto en que se hace patente la gran divisoria que ya existía en 1948 entre los países occidentales con economía de mercado y los países socialistas. Estos últimos se abstuvieron de votar en favor de la Declaración precisamente porque habían abolido la propiedad individual y establecido en su lugar el principio de la propiedad socialista de los medios de producción. Si previeron algunas excepciones, éstas no alteraban el hecho de ser la propiedad estatal la base y fundamento de todo el sistema económico. A los ojos de los marxistas otros artículos de la Declaración Universal resultaban también objetables, como excrecencias que a su juicio eran de una visión distinta de la economía, pero era la contraposición entre la propiedad privada y la propiedad estatal socialista la que en primer lugar impedía la aceptación de la Declaración en su conjunto. Esa constatación preliminar explica la anulación casi total del derecho de propiedad que se produjo en Cuba al instaurarse el sistema socialista. En realidad la expropiación de los bienes privados se llevó a cabo antes de proclamarse en 1961 el Estado Socialista y a un ritmo más acelerado que el seguido por otros países socialistas. Sin abonar indemnización y sin ajustarse a un procedimiento judicial previo, ya en 1960 se había iniciado la confiscación masiva de bienes. A fines de 1960 eran 11.287 las empresas financieras, agrícolas, comerciales, industriales y de servicio que habían pasado a manos del gobierno.12 En 1968 le llegó el turno a los pequeños negocios urbanos de índole familiar o individual (más de 58.000 expropiados) y en 1986 se completó con la eliminación de los mercados campesinos (parcialmente permitidos después en 1994 con el nombre de mercados agropecuarios). Quedaron es cierto algunos pequeños reductos de propiedad privada (los instrumentos de trabajo, la propiedad de los agricultores pequeños y la proveniente de los ingresos y ahorros del trabajo) cuando en 1992 una reforma de la

12 A. Sánchez Arango, "Situación de los obreros y campesinos dentro de la reforma agraria". Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura (París), marzo-abril 1961, passim

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Constitución reintrodujo una variante de propiedad privada que se confería no a los cubanos sino a las empresas mixtas y a las asociaciones económicas que se constituyan con extranjeros. El proceso de expropiación y nacionalización iniciado en junio de 1960 con referencia a empresas extranjeras daba ahora un extraño giro al otorgarle a esos mismos extranjeros un derecho de propiedad que no se reconocía a los cubanos. Para obtenerlo, sin embargo, los extranjeros tuvieron que hacerse cómplices del gran fraude que se hace a los trabajadores y del que se habla en el capítulo XIII. Castro arrasó con el derecho de propiedad de centenares de miles de cubanos y luego de retener la mejor parte para el Estado procedió a regalar casas y tierras a otros cubanos. Al realizar esa triple operación sentó las bases para la liquidación de ese motor del progreso que es la iniciativa privada. Algunos nuevos proletarios tal vez se deleitaron ante la expropiación de otros cubanos, pero ni para ellos ni para la clase obrera en general se abrió "la gran visión" ni tampoco "la gran perspectiva" avizorada por Marx.13 Se expandió eso sí la caterva de empleadillos, burócratas y adocenados que hoy componen una buena parte de la administración. Ni el proletariado se estableció permanentemente en el poder, ni se hizo cargo de los medios de producción, ni acabó con la miseria de los estratos más bajos, ni mucho menos llegó a la apoteosis anunciada por los padres del comunismo. La desaparición de la propiedad privada no significa que el gobierno se haya visto privado de métodos de represión que tocan otros derechos reales como por ejemplo la posesión de bienes inmuebles o muebles y las restricciones a los traspasos de las casas. Con respecto a los disidentes, y en particular a los que establecen bibliotecas independientes en sus casas, el gobierno usa el instrumento del desahucio como medio de opresión y castigo. Otros opositores o inconformes con el régimen en vigor sufren requisas y decomisos de libros, radios, televisores o computadoras. En el caso de los periodistas independien-

13 C. Marx, "El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte" en Obras escogidas, op. cit., p. 414

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tes la Comisión Interamericana de Derechos Humanos cita la interrupción de las líneas telefónicas como otra forma de hostigamiento que afecta la vivienda misma de dichos profesionales.14 Mucho más grave es el desalojo de las casas que algunas familias construyen con la ayuda económica de cubanos en el extranjero. Esas casas despiertan la envidia de funcionarios del gobierno que pronto encuentran una excusa para proceder al desalojo. De estas nuevas adiciones al abanico de medidas represivas ha dado cuenta también Amnesty International en varios de sus Reports.

VIVIENDA Y ALIMENTACIÓN Elementos esenciales del nivel de vida adecuado a que se refiere el artículo 25 de la Declaración son la vivienda y la alimentación, precisamente los dos aspectos de la actual vida cubana en que más deficiencias se advierten. Aun los más acérrimos defensores de la revolución reconocen que hay una aguda crisis habitacional y que ha descendido el nivel calórico de los alimentos que actualmente se consumen en el país. El propio vicepresidente de Cuba, Carlos Lage ha dicho más de una vez que el problema de la vivienda es el más serio y grave del país. La crisis habitacional se origina en una variedad de factores. Ocupado en propagar sus planes revolucionarios en otros países y sus otros muchos compromisos internacionales, el gobierno de Castro desatendió durante muchos años la construcción de nuevas viviendas dando lugar así "al mayor déficit de viviendas del hemisferio".15 Los urbanistas calculan que el país está hoy desprovisto de no menos de 1.500.000 unidades de vivienda requeridas por su población. No sólo desatendió su deber de reemplazar la desaparecida iniciativa privada en la edificación de nuevas casas sino que descuidó asimismo el mantenimiento y reparación de las que antes existían. Ni unas ni otras figuran en los planes estatales, siendo así que los ocupantes carecen del dinero y la motivación necesarios para llevar a cabo esas tareas. El deterioro general de 14 Interamerican Comisión on Human Rights, Human Rights Development in the Region, op. cit., pp. 16 y 17 15 Juan Clark, "El pueblo cubano como consumidor" en 40 años de revolución, op. cit., p. 200

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los edificios por falta de pintura y materiales o por simple desidia de las autoridades es tal que en La Habana, por ejemplo, se estima que el 70 por ciento de las viviendas necesitan reparación urgente y que el 21 por ciento de las 550.000 existentes se consideran inhabitables.16 Hasta el emblemático edificio FOCSA, "joya de la arquitectura latinoamericana en los años 50" ofrece hoy una imagen de abandono, destrucción y suciedad.17 Aun corriendo el riesgo de incomodidades y desplomes, los cubanos se ven forzados a procurarse a toda costa un techo bajo el que pernoctar, cosa que ha producido "un gran hacinamiento poblacional" y la cohabitación de varias familias en locales pequeños con sus consiguientes problemas de promiscuidad.18 A esas serias molestias han venido a añadirse en estos últimos años las causadas por las insuficiencias e interrupciones en el suministro de energía eléctrica, los fallos en el abastecimiento de agua y la falta de regularidad en la recogida de basuras. Según Juan Clark sólo el 55 por ciento de las viviendas de Ciudad de La Habana recibían agua potable directa, al tiempo que desperdicios y escombros se acumulan en las calles con el peligro sanitario que ello representa.19 Por encima de esas deficiencias surge el problema de la distribución de las insuficientes viviendas que en alguna medida construye el gobierno. La distribución corre principalmente a cargo de la CTC y ésta según dice la prensa oficial las distribuye no según las necesidades de la familia sino de conformidad con "la trayectoria política, laboral y social de cada trabajador".20 El derecho a una vivienda adecuada se viola además con la práctica de los desalojos forzosos de opositores, disidentes y candidatos a la emigración. Diversos organismos de las Naciones Unidas han declarado que los desalojos forzosos y los desalojos discriminatorios o improcedentes usados como medio de represión

16 Ibídem 17

Miriam Leiva, "Higienización de la capital cubana", Desafíos (Caracas) Año 9, No. 45, marzo de 2002, p. 3 18 Rafael Sánchez, Cuba. Realidad 2001, op. cit., p. 9 19 Clark, op. cit., en nota 13, pp. 201-203 20 Trabajadores, 22 de mayo de 1990, p. 3

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constituyen una violación de los derechos humanos.21 En Cuba esa acción ha sido suceso frecuente a todo lo largo de la revolución. Además de la vivienda han sido la alimentación y el vestido los que más penurias han sufrido bajo el régimen de Castro. Según los padres del comunismo, tanto la vivienda como la producción de alimentos y los medios de subsistencia en general se hallan condicionados por los medios de producción y el grado de desarrollo del trabajo. ¿Cómo explicar entonces que la Cuba republicana no sufriera nunca de hambrunas generalizadas y que sólo por un corto tiempo, durante la Segunda Guerra Mundial, tuviera que instituir un sistema de racionamiento, en tanto que bajo Castro se estableció en 1962 un estricto racionamiento de alimentos y otros productos esenciales que 44 años después aun se mantiene en vigor? El abastecimiento previsto fue desde su inicio deficiente o incompleto y las raciones asignadas más bien exiguas, pero fue sobre todo en la práctica donde pronto se advirtieron fallas y escaseces. La producción agrícola declinó y la calidad de los productos importados de otros países socialistas dejaba mucho que desear. Los consumidores tenían que hacer largas colas y en la mayor parte de los casos, no podían adquirir todos los artículos indicados en la libreta. Respecto a aquellos que sí estaban en existencia, su distribución se hacía en cantidades inferiores a las anunciadas. Si la vida no es más, según el propio Engels, que "la modalidad normal de existencia de los cuerpos albuminoides", es claro que en Cuba por alguna parte se estaban desvaneciendo las albúminas. La situación se hizo más crítica a partir de la instauración en 1990/1991 del período especial. Se llegó a padecer de hambre, se redujo el suministro de ropa y artículos de higiene y se generalizó la miseria. Los precios eran módicos pero las cuotas que se suponía bastaban para un mes apenas alcanzaban en realidad para 8 ó 9 días de consumo. Fue la época del bledo, la verdolaga, las cáscaras de toronja, los huertos en el patio, los cultivos hidropónicos y los sacrificios ilegales de ganado. De repente se advirtió

21 Véase la resolución 1993/77 de la Comisión de Derechos Humanos y la observación No.

2 de 1990 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales

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hasta qué punto el país había estado dependiendo de la Unión Soviética y cuan grande había sido el descuido del gobierno en proveer medios propios de subsistencia. En 1995 la prensa oficial informó que fueron sacrificadas ilegalmente 70.000 cabezas de ganado y que eran comunes los robos de productos industriales. El consumo de leche bajó de 160 kilogramos per cápita en 1989 a 56 kilogramos 7 años después. En 1997-99 la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señalaba la existencia de 1.9 millones de cubanos desnutridos. Estas dramáticas dificultades se atenuaron en parte cuando Castro encontró nuevos benefactores (los inversionistas extranjeros, los gobiernos amigos y los emigrantes de nuevo cuño) pero en ningún momento han alcanzado los niveles nutricionales adecuados. En 2001 el consumo de calorías había disminuido a 1.780 unidades, el número de recién nacidos bajos de peso aumentó en un 19 por ciento y seguían en pie los problemas que confronta el pueblo para adquirir alimentos.22 En el 2003 un estudio de la Universidad de Miami fijaba en 13 por ciento la proporción de la población clínicamente desnutrida. Lo mejor de la producción agropecuaria, la mayor parte de los cítricos, el pescado y los mariscos se exportan, a fin de obtener las divisas que se requieren para el ejército, la policía política y la Seguridad del Estado. Siguen notándose escaseces en las subsidiadas tiendas de abasto y son altos los precios de los productos que se venden en los mercados agropecuarios. Quien tenía dólares podía adquirir bienes de consumo en el mercado negro, las diplotiendas o en otros establecimientos habilitados al efecto, pero ésos eran los menos, siendo así que en noviembre del 2004 se puso fin a la dolarización de la economía. Es poco por otra parte el alivio que proveen los comedores colectivos que aún restan en los centros de trabajo. Debido a la mala alimentación siguen observándose casos de avitaminosis y han reaparecido enfermedades que se creían erradicadas. Son esas carencias y frustraciones las que contribuyen a impulsar el indetenible éxodo de los cubanos. En el Estado Socialista cubano ciertamente que no han "corrido a chorros

22 Cuba: Realidad 2002, op. cit., p. 8

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los manantiales de la riqueza colectiva" que Marx pronosticó en su "Crítica al Programa de Gotha". Tampoco se han alcanzado los éxitos que según Engels iban a eclipsar los obtenidos en otras sociedades. La libreta de abastecimientos, eufemismo de la libreta de racionamiento, ha experimentado frecuentes vicisitudes y obligado al pueblo a recurrir con frecuencia a medios alternativos de subsistencia. Aquellos que reciben dólares de sus familiares acuden primero al mercado paralelo y luego al mercado negro, a las diplotiendas o a los centros de captación de divisas. Los que sólo disponen de pesos se ven forzados a operar en la economía clandestina, a efectuar trueques con familiares o vecinos o a la sustracción de bienes del Estado. El resultado de esa forma irregular de proveer a la alimentación del núcleo familiar es la antes citada disminución del consumo de calorías y que el número de recién nacidos bajos de peso haya aumentado en los últimos años. La mala alimentación trae a su vez consigo nuevos tipos de enfermedades, como la neuritis óptica.

LA ATENCIÓN A LA SALUD Hay dos derechos fundamentales que el gobierno ha tratado de respetar e incluso cataloga como grandes logros de la revolución: la salud y la educación. Respecto a la primera es indudable que la asistencia médica aparentemente gratuita se ha hecho extensiva a casi toda la población, que se han construido nuevos hospitales y policlínicas y que se proveen también, sin costo o a un costo razonable, servicios sociales complementarios, como por ejemplo el de guarderías infantiles. El cuidado de la salud se halla centralizado en el MINSAP investido de poderes para decidir hasta las medicinas que se prescriben en los hospitales (a los pacientes ambulatorios no se les suministran gratis las medicinas). El régimen hace hincapié en el carácter gratuito del cuidado de la salud y es cierto que los cubanos no tienen que pagar médicos ni hospitales. ¿Cómo podrían hacerlo percibiendo, como se verá más adelante, un salario promedio mensual de ocho o nueve dólares y una pensión mensual media de tres o cuatro dólares? Lo que ha hecho el Estado, que es el empleador y proveedor

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único, es trasladar el costo de la atención médica y hospitalaria al gran ahorro que realiza en su nómina de personal abonando salarios de miseria. Es una simple transferencia presupuestaria o ardid de contabilidad; lo que el Estado economiza como patrón único le sirve para proveer servicios públicos que también son, por cierto, gratuitos en otros países que además pagan salarios decentes. Según la versión oficial (curiosamente incorporada a la reforma constitucional del 2002) Cuba cuenta con 590 médicos y 630 camas hospitalarias por cada 100.000 habitantes. Es un dato cuantitativo impresionante, aunque revelador también de un grave desajuste en la distribución de los oficios y profesiones. Que Cuba tenga 21 facultades de medicina, es decir más del triple de las que hay en Suecia o Suiza, es un desatino mayúsculo que se refleja en la penuria de agricultores y obreros calificados. Cualquier gobierno que opte por estimular y ofrecer facilidades para el estudio de una carrera universitaria causará al propio tiempo una disminución en los estudios de formación profesional no universitaria. Hay indudablemente una plétora de médicos (65.000) más o menos bien preparados, lo que ha dado lugar a varios fenómenos de importancia: 1) la exportación al por mayor de graduados en medicina convertidos en piezas de propaganda que el dictador utiliza para canjearlos por petróleo o divisas que otros países pagan. Castro los utiliza como artículos de comercio y siempre con la precaución de que al salir los médicos de Cuba tengan que dejar atrás a sus familias como rehenes; 2) la subutilización y pobre retribución de muchos médicos que hoy abandonan la carrera y se emplean como chóferes de taxi o en otras ocupaciones mejor remuneradas; y 3) la institución del médico de familia. La opción de salir al extranjero se explica fácilmente. Percibiendo una retribución de 10 a 30 dólares al mes, son incontables los médicos ansiosos de emigrar. Muchos son los jóvenes que estudian la carrera a fin de alcanzar una condición que les permita salir del país. Ello les faculta para rendir una misión profesional importante y obtener un ingreso superior al que percibían en Cuba. Su trabajo representa a su vez para el régimen divisas, así como la buena voluntad de gobiernos que tienen voto en la Comisión de Derechos Humanos y en otros organismos de las NU. El médico de familia es otra creación genial del Comandante en Jefe. En un

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discurso pronunciado en 1982 Castro anunció su propósito de convertir al médico general único en un especialista. La idea era disparatada y más aún la forma como iba a realizarse. El proyecto original iba a abarcar sólo 120 núcleos familiares de 600 personas, y así se creó el primero en el barrio de Lawton en La Habana. Pronto sin embargo el número de médicos desocupados y las inclinaciones hiperbólicas de Castro lo llevaron a la ampliación del proyecto a toda la isla y a reclutar 28.000 médicos. Uno de ellos ha resumido la situación actual de la siguiente forma: "El médico de familia se convierte de hecho en clínico, pediatra, ginecoobstetra, cumplidor de planes, perseguidor en la profilaxis de enfermedades, confidente de la familia, oficinista y por último trabajador de escaso reconocimiento en la comunidad, criticado en muchas ocasiones y mal remunerado". Esta sobrecarga que arrastra día a día el médico de la familia, actúa negativamente en su estabilidad física y emocional y termina convirtiendo su trabajo en una rutina desgastadora y a la especialidad en trampolín para saltar a una mejor ubicación profesional en cargos que le representan mejores dividendos y cierto status de comodidad". Abundan también los que opinan que el médico de familia o es un simple referente, o un enfermero bien calificado y que en uno u otro caso es un medio de adocenar profesionales. Carente además de los recursos y equipos necesarios para desempeñar sus funciones, el médico de familia termina brindando servicios menores a un número reducido de personas e identificándose como auxiliar de los CDR. Más hacían en Cuba republicana las Casas de Socorro, si bien había deficiencias de ellas en las zonas rurales. Serias dudas surgen en todo caso en relación con la calidad de los servicios de salud que en general se prestan a la población. Tres categorías de usuarios pueden distinguirse al respecto: 1) los miembros de la cúpula y los extranjeros que pagan con dólares, para los cuales la atención es excelente; 2) los "pinchos y mayimbes", es decir, el grado intermedio de la nueva clase, que reciben servicios satisfactorios; y 3) el nivel primario asistencial, que algunos conocedores de la situación califican de pésimo23, otros de "desastroso"24 y aun otros de "totalmente destruido".25 23 Véase Ramón H. Colás, "El futuro de Cuba", Ideal (Miami), no. 310, enero de 2002, p. 13. Véase también Virgilio Beato, "Medicina, higiene y salud", capítulo XI en 40 años de revolución, op. cit., p. 318 24 Martha Beatriz Roque, "La transición a la democracia en Cuba", Encuentro, no. 23, invierno de 2001-2002, p.150 25 Armando Floro García, "Charla sobre la medicina en Cuba". Libre (Miami, 16 de agosto de 2002), p. 62

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Fiel a su política de asignar la más alta prioridad a la recaudación de divisas necesarias para mantener su ejército y aparato de seguridad, Castro reserva sus mejores hospitales y su más completo "stock" de equipos y medicinas para los establecimientos que atienden sólo a apparatchiks y extranjeros que pagan con dólares. Ha ido difundiendo en el exterior la fama de ser Cuba una potencia médica, al tiempo que desatiende la calidad del servicio que se da a los cubanos. Tan notable es esa diferencia que frente al reclamo de potencia médica se ha acuñado también el término de apartheid médico con referencia a los nacionales. Estos últimos no se cansan de pedir toda clase de medicinas a sus familiares en Estados Unidos y se ven obligados a proveerse de sábanas, toallas, jabones y otros géneros cuando ingresan en un hospital. Es indudable en todo caso que una justa evaluación de la atención a la salud va más allá del número de médicos u hospitales de un país. Requiere ante todo tener en cuenta el estado en que se encuentran los servicios del gobierno dirigidos a preservar la salud e higiene de la población. Cuestiones tales como la recogida de basuras, la eliminación de las aguas estancadas, el estado de los acueductos y el alcantarillado, el suministro de agua potable y el saneamiento de las viviendas multifamiliares, son factores esenciales en la higiene de un país y en la determinación del grado de cuidado que se presta a la salud. Y es precisamente la acumulación a ojos vistas de basuras no recogidas a tiempo la responsable de la invasión de roedores visible en muchas ciudades y responsable de las epidemias de leptospirosis que Cuba ha padecido en los últimos años; es asimismo la existencia de innúmeros criaderos de mosquitos la causa del dengue hemorrágico que repetidas veces se ha hecho presente; y es al deterioro del acueducto y alcantarillado no renovados en absoluto durante más de 40 años al que pueden achacarse las dificultades en el abasto de agua y los episodios de fiebre tifoidea y otras enfermedades infecciosas registradas en estos últimos años. Ha habido también un número insólito de casos de beriberi, meningitis y de diarrea acompañada de fiebre y vómitos que no parece conciliarse bien con la propaganda de potencia médica. En 2002 la firma de recursos humanos Williams Mercer de Londres calificaba a La Habana como una de las ciudades más contaminadas del mundo ocupando el puesto 148. Según la propia firma, la capital cubana ofrece las peores condiciones de vida de América Latina.26

26 El Nuevo Herald, 11 de marzo de 2002, p. 21

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En realidad, la imagen de la medicina cubana se reviste de falsedades para sustentar este supuesto logro del socialismo. Uno de sus éxitos más sonados fue el tratamiento de desintoxicación dado a Diego Armando Maradona, el cual tuvo que ser interrumpido para recluirlo en un hospital psiquiátrico de Buenos Aires. Se omiten por otra parte las quejas de los médicos, se miente en los certificados de defunción, se adulteran las estadísticas relativas al peso de los recién nacidos, se ocultan casos de infección hospitalaria, se encubre la falta de medicinas. Todo vale con tal de presentar estadísticas mejores que las de otros países de América Latina. Mucho menos se conjuga con ese reclamo el estado deplorable en que se encuentran algunos hospitales. He aquí una descripción sucinta del Hospital de Maternidad de la ciudad de Pinar del Río: "...techos y paredes enmohecidos por las filtraciones de agua; baños ruinosos; falta de higiene; salas con más de 20 parturientas y sólo una ducha y un retrete a su disposición; los colores de los pisos desaparecidos bajo las costras de suciedad; las cucarachas saliendo de los destrozados registros eléctricos y las lámparas fluorescentes brillando por su ausencia; y un abandono general que sobrepasa la indolencia y crea un ambiente sórdido en el centro hospitalario".27 No se olvide por otra parte que la calidad salubre de un país no se limita en la actualidad a la atención médica sino que se relaciona con una concepción más amplia de la salud, definida por la Organización Mundial de la Salud como un completo estado de bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedades o achaques. A la luz de esa definición ¿se puede decir que Cuba ha hecho progresos bajo la revolución cuando tiene la tasa más alta de suicidios de América Latina y una de las más altas del mundo, según puede verse en la siguiente estadística?

27 Véase Víctor Orlando Arroyo, "Cándil de la calle..." en

Prensa Independiente de Cuba, Salud pública cubana, Otro perfil (Coral Gables: Cubanet, 2000) p. 75

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NÚMERO DE SUICIDIOS (1994 - 2000) Año 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 Número 2.279 2.223 2.015 2.029 2.056 2.051 1.831 1.649 1.594 Fuente: Anuario Estadístico de Cuba, 2003 Una comparación de estas cifras con las que aparecen en las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud de esos mismos años muestra que con excepción de México en 1994, Cuba ha tenido siempre el índice más alto de suicidios de América Latina. No hay que olvidar, por último, que el cuidado de la salud forma parte del más amplio "nivel adecuado de vida" de que habla el artículo 25 de la Declaración y que éste no es en Cuba en modo alguno adecuado ni en el sentido estricto de la salud ni en el más amplio del bienestar.

EL DERECHO A LA EDUCACIÓN El sistema educacional cubano se halla bajo el control exclusivo del Estado como corresponde a la naturaleza totalitaria del régimen. La enseñanza oficial, única y obligatoria, elimina por supuesto el derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a los hijos en franca violación del artículo 26, inciso 3, de la Declaración. El sistema así concebido existe desde 1961, año en que la Ley de Nacionalización de la Enseñanza legalizó la incautación de las escuelas privadas que de facto había tenido lugar antes. Puede afirmarse que desde entonces la educación ha sido parte integral de los mecanismos de control de la población. El Gobierno de Castro se jacta del carácter gratuito de la educación a todos los niveles pero en realidad desde que el niño comienza sus estudios en los círculos infantiles y sobre todo desde que ingresa en la Organización Nacional de Pioneros, el educando tiene que trabajar y muchos de esos trabajos son productivos. El beneficio para el Estado es particularmente apreciable en el programa de la Escuela al Campo en que los estudiantes son llevados durante ciertos períodos a centros de producción agrícola para laborar en tareas de siembra o recolección y lo es todavía más a partir del séptimo grado en el sis-

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tema la Escuela en el Campo, en el que los estudiantes tienen la obligación de realizar trabajos agrícolas diariamente durante la mitad de la jornada. Una vez en la secundaria básica, el estudiante tiene que ir, en efecto, al campo por 45 días y tiene que donar 15 días del período vacacional para trabajar en la agricultura. Los estudiantes no reciben remuneración alguna por el trabajo que realizan que se presume sea voluntario. En 1983 había cerca de 3.000 huertos escolares y parcelas productivas. Para unos durante 4 a 6 semanas, para otros durante las vacaciones escolares y para todos los que alcanzan cierta edad medias jornadas continuas, el gobierno se aprovecha del trabajo gratuito de cientos de miles de estudiantes. Estos se convierten en peones de la agricultura u obreros de la construcción, en mano de obra gratuita que en algunos casos han sido obligados a trabajar en tareas importantes como la reparación del Botánico de La Habana o la recogida del café en la provincia de Granma en el 2004. En lo que concierne a la instrucción elemental el sistema cubano actual se aparta pues del principio de la gratuidad consagrado en ese propio artículo 26. Además del trabajo estudiantil forzoso y gratuito, hay otro aspecto del sistema educacional cubano que contribuye a su financiación, a saber el sueldo miserable que se abona a los maestros apenas suficiente para su sustento. La razón principal es la misma ya apuntada antes, a saber el bajo nivel general de los salarios que permite al Estado aparentar dadivosidad en la educación cuando antes fue mezquino en la remuneración del trabajo. El sistema de la Escuela en el Campo, así como el que se aplica a los becados, adolece además de otro defecto relacionado con la moral y las buenas costumbres. Viviendo en régimen de internado, en lugares apartados y sin la supervisión de sus familias, los jóvenes libres de "ataduras" encuentran en el sistema una oportunidad para tener relaciones sexuales prematuras. Engels decía que las relaciones entre los sexos eran un asunto privado en el que no debía interferir la sociedad. En Cuba el sistema de la Escuela en el Campo es algo así como un curso introductorio sobre el amor libre. Se trata en general de un sistema educacional que confiere poco valor a las "exigencias de la moral" de que habla el artículo 29, segundo párrafo de la Declaración. Es sin embargo en sus objetivos donde el sistema educacional de Castro produce

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las más serias violaciones. En Cuba la educación no tiende al pleno desarrollo de la personalidad humana como quiere el inciso 2 del artículo 26 de la Declaración, sino a prepararlos para la vida en la sociedad socialista como dice el artículo 38 de la Constitución. Todo el proceso educativo está impregnado de un adoctrinamiento intensivo y sistemático dirigido a difundir la ideología marxista y a inculcar en los estudiantes la convicción de que es la única verdadera. Independientemente de la materia o profesión que se curse, el alumno debe intercalar en sus estudios las asignaturas de dialéctica marxista, materialismo histórico y socialismo científico.28 El currículum establecido busca así moldear o cambiar la mente del estudiante con vista a la formación del "hombre nuevo" destinado a vivir para siempre en una sociedad socialista. Dicho currículum se refuerza además con el sistema de becas dirigido a favorecer a aquellos estudiantes que muestren identificación con la doctrina marxista y animadversión a los Estados Unidos. Esa forma de conceder las becas es otra violación del principio de no discriminación consagrado en el artículo 7 de la Declaración. Las restricciones existen también del lado de las carreras universitarias: quienes han demostrado militancia a favor del castrismo gozan de preferencia en su admisión a los cursos superiores, en abierta contradicción con la DU, que proclama el acceso igual para todos en función de los méritos respectivos. (El propio Castro ha dicha más de una vez que "la universidad es para los revolucionarios). Solo aquellos que han demostrado no ya integración sino militancia o activismo revolucionario son admitidos a estudiar las carreras que habilitan a ejercer influencia social, como el periodismo, la psicología, el magisterio o el trabajo social. Los textos reflejan, por otra parte, el odio visceral de Castro a los Estados Unidos olvidando lo que la Declaración dice en cuanto al fomento de "la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones". Aquellos que tratan de las ciencias sociales hacen hincapié en el culto a la personalidad de Castro y la exaltación de los llamados logros de la revolución. Sobre estos puntos no se permite cuestionamiento alguno. Del plan educacional y de la filosofía toda del castrismo se halla asimismo

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Véase Rogelio de la Torre, "El sistema educacional", capítulo XIII de 40 años de revolución, op. cit.

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ausente el "comportamiento fraternal"de que habla el artículo I de la Declaración. No es posible decir que hay respeto para ese comportamiento cuando los niños en las escuelas están obligados a repetir consignas de enfrentamiento y en los entrenamientos con armas de fuego de los reclutas el blanco que a menudo se usa tiene el nombre y la imagen de un yanqui. Para los que en Cuba se rebelan contra la férula vitalicia de Castro y los que en el exterior son contrarios a su feroz antiamericanismo, los sentimientos fraternales ceden el paso a la enemistad, el odio y la aversión. Al plan de enseñanza, el programa de becas y las restricciones, hay que añadir el apoyo del aparato social (televisión, radio, música, artes plásticas, recreación, etc.) dirigido a robustecer el carácter sectario de la educación y moldear la mente de las nuevas generaciones. Es verdad que se han hecho progresos en la alfabetización, en la creación de escuelas para niños con necesidades especiales (ciegos, sordomudos, autistas, etc.) y en la tasa de escolarización. Es asimismo cierto que con la ayuda de profesores extranjeros de pensamiento afín al de Castro la enseñanza técnica se imparte de manera satisfactoria (Cientos de especialistas extranjeros se ocupaban en los años 80 de la Educación Superior).29 Sin embargo, tales reconocimientos no pueden borrar la distorsión completa del sistema educacional que hoy existe en Cuba, su incondicional puesta al servicio de una ideología y de la dominación de una persona. Si es cierto que cuantitativamente se ha mejorado el sistema dando posibilidad de educación primaria a todos los sectores de la población, no es menos cierto que cualitativamente la enseñanza se ha convertido en un medio propagandístico de las ideas marxistas y del culto a la personalidad de Castro. Desde el mismo instante en que el niño ingresa en el sistema educacional comienza el adoctrinamiento. Como apunta Jorge Sanguinetty, en Cuba no se educa para crear un productor eficiente ni para ser ciudadano libre, sino uno obediente y dócil.30

29 A. Badía, ed. La educación en Cuba, pasado, presente y futuro (Miami: FNCA, 1993) p, 111 30 Sanguinetty, Cuba: Realidad y Destino, op. cit., p, 66

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Los egresados del sistema educacional o son fanáticos a ultranza o son incapaces de exponer sus ideales y creencias. Aherrojado el pensamiento en el marco rígido de la ideología castrista el estudiante pierde aptitud para desarrollar un pensamiento creativo propio. Excluido de la educación castrista está el cuestionamiento y el desarrollo de una capacidad crítica. La enseñanza comunista tiene también sus defectos propios que hoy se mencionan sotto voce en Cuba y a veces se filtran en la prensa, como son el alto índice de deserción escolar, el deterioro físico de las escuelas, el fraude generalizado en la promoción de un grado a otro, una ostencible dislalia en amplios segmentos de la población, la sustitución de la enseñanza del inglés por el ruso siendo así que muchos textos estaban escritos en inglés y el hecho de ser el sueldo de un maestro cuatro veces menor que el de un policía. Esos datos son, sin embargo, de poca importancia en comparación con la mutilación del conocimiento, la privación del derecho del menor y del adolescente a desarrollar su pensamiento y su personalidad, el encerramiento de su mente en un rígido molde sectario. Instruir al menor a ser un buen comunista no es enseñar para la vida. Decirle que Castro y Guevara son los dos únicos paradigmas a imitar es una mezquina adulteración de la historia y la cultura. La esencia del plan educacional cubano es una castración del derecho del educando a desarrollar la comprensión, la tolerancia y la amistad y sobre todo de fortalecer su respeto a los derechos del hombre. Reducir la formación del ser humano a la prescripta por la ideología dominante (artículo 39 de la Constitución) equivale a ignorar todo el acervo de ideas y doctrinas acumulados a lo largo de siglos. Decir que su fundamento es también el ideario martiano es una burda tergiversación de la historia. Martí nunca aprobó la lucha de clases, ni el socialismo, ni la dictadura del proletariado. No solamente enfatiza pues el sistema educacional las supuestas bondades del pensamiento marxista e inculca la adhesión incondicional al Máximo Líder sino que se prohíbe la enseñanza o simple lectura de cuantas obras contradigan la validez de la doctrina oficial. Tampoco se permite el análisis ni la crítica libres. Si es cierto, comenta Jacobo Timerman, que cada cubano sabe leer y escribir, también es cierto que cada cubano poco tiene que leer y debe cuidarse muy bien de lo que escribe. La propaganda castrista ha logrado, no obstante, difundir el mito de un siste-

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ma educacional avanzado con el mismo vigor con que antes divulgó el de la potencia médica. Muchos fueron los predispuestos, los ingenuos y los ignorantes que asimilaron sin discusión el mito. Sin visitar una sola escuela, sin examinar los programas de enseñanza, ni indagar sobre el funcionamiento del sistema, los propagandistas de la izquierda prodigan sus elogios a la educación castrista. ¿Sabían ellos que en 2001 setenta y cinco maestros fueron expulsados y amenazados por la Seguridad del Estado por no ajustarse a las instrucciones del gobierno? ¿Se enteraron de que los niños son obligados a repetir consignas políticas en sus escuelas y que se castiga a los que se niegan a hacerlo? ¿Preguntaron sobre la obligación de los estudiantes de secundaria y preuniversitario de ver el programa televiso de propaganda llamado Mesa Redonda? ¿Se interesaron en saber por qué cientos de libros destinados a bibliotecas independientes que funcionan en hogares cubanos son confiscados por la policía política y que en el 2003 un profesor de la Escuela Mártires de Chile fue separado de su cargo por haber explicado en clase lo que era la Declaración Universal de Derechos Humanos? Parte de la educación es el acceso a los centros culturales y la conservación de los bienes que constituyen el patrimonio nacional. Es verdad que se han establecido escuelas de ballet y desarrollado la cinematografía pero no es menos cierto que se ejerce un control rígido sobre la producción artística y literaria, se utilizan el cine, el radio y la televisión con fines de propaganda y que para sostener gastos del gobierno se ha empobrecido el patrimonio nacional vendiéndose cuadros de grandes maestros del Museo Nacional, libros incunables de la Biblioteca Nacional y piezas arqueológicas de irremplazable valor. Ni enteramente gratuita, ni orientada hacia el respeto a los derechos del hombre, ni enderezada a fortalecer las libertades fundamentales, ni dedicada a promover la tolerancia y la amistad entre todas las naciones, la educación castrocomunista tan elogiada por algunos y ensalzada por su propia propaganda, viola todos y cada uno de los incisos del artículo 26 de la Declaración Universal.

LA FAMILIA ¿Ha protegido el régimen de Castro a la familia que es según la Declaración el "elemento natural y fundamental de la sociedad" (artículo 16)? Lejos de

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protegerla, el gobierno de Cuba ha seguido políticas que directa o indirectamente quebrantan las bases de la familia cubana. Lo fue haciendo primero de modo gradual a partir de su concepción marxista de ser la familia una relación secundaria basada en razones económicas. Marx había dicho que la familia moderna contiene en germen la esclavitud o la servidumbre y que refleja las cargas que imponía la agricultura. Engels pensaba que en la familia monogámica la mujer era entregada sin reservas al poder del hombre. Castro no podía atacar directamente a la familia que durante más de cuatro siglos había desempeñado un papel central en la sociedad cubana. De dientes afuera estampó así en las leyes el propósito de proteger a la familia y el matrimonio. Pero en alguna parte de la literatura marxista había leído que "si la mujer cumple con sus deberes en el servicio privado de la familia, queda excluida de la producción social", cosa que desde luego no convenía a sus intereses. Se imponía pues la adopción en forma cautelosa de algunas medidas en favor del aspecto productivo de la mujer cosa que llevó a cabo proclamando la igualdad de sexos y auspiciando la aspiración de la mujer a su equiparación laboral con el hombre. Se eliminaron restricciones y se llevó la equiparación a sus últimas consecuencias. En vez de reducir las horas de trabajo de las mujeres con familia para que pudieran cuidar a sus hijos, Castro las aumentó. Muchas mujeres invadieron oficios y profesiones que parecían extrañas a su condición. Otras hicieron su aparición como milicianas; se les integró después en las Fuerzas Armadas; muchas pelearon en África; otras realizaron misiones internacionales. Inevitablemente todo ello repercutió en menoscabo de su papel en el hogar. Conciliar la vida laboral y la familiar no ha entrado nunca en los planes de Castro. Para facilitar su acceso al mercado de trabajo se crearon guarderías infantiles y gradualmente se fueron transfiriendo a la organización pioneril y al Estado funciones que antes correspondían a la mujer. A largo plazo se proyectaba entregar a la colectividad el cuidado de la prole. Despojó enseguida al matrimonio y la familia de todo carácter espiritual y religioso definiéndolo como una unión voluntaria susceptible de fácil disolución. Algunos enlaces que se efectuaban al por mayor en el Palacio de los Matrimonios resultaban una patética parodia de lo que antes había sido una importante ceremonia nupcial. El número de familias constituidas con base en el matrimonio es cada vez menor. En el año 2000 sólo se celebraron 57.011 matrimonios en tanto que ese mismo

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año hubo 40.068 divorcios. Dos años más tarde el número de divorcios ascendió a 41.227. En la VI Conferencia Iberoamericana sobre la Familia, sociólogos y especialistas asistentes a la reunión coincidieron en que la familia cubana está en plena transformación con la cifra de divorcios y de uniones consensuales aumentando, el matrimonio en declive y un número creciente de hogares monoparentales.31 Quebrada en sus bases y asediada por el Estado la situación de la familia cubana es sin duda precaria. Aunque la revolución hizo bien en mantener la norma de la Constitución de 1940 que prohibía establecer distinciones entre los hijos habidos dentro o fuera del matrimonio, se excedió tal vez en el reconocimiento y virtual fomento de las uniones extramatrimoniales. El Máximo Líder "lui meme" daba ejemplo de su desprecio al casamiento tradicional con su buena cosecha de hijos ilegítimos y naturales y asignando la mera condición de pareja a la mujer con la que vive desde hace años. El quebranto mayor a la familia provenía de la filosofía materialista del régimen que condonaba prácticas nocivas o destructoras de la familia. Se legalizó el aborto y se dieron facilidades para que pudiera realizarse gratuitamente en los hospitales del Estado; según cálculos conservadores el 40 por ciento de los embarazos terminan hoy en aborto; particularmente notable es el incremento de su frecuencia en menores de 20 años, incluyendo niñas de 12 años. La interrupción del embarazo es usual también en el interior de la isla; en Ciego de Ávila, por ejemplo, en los nueve primeros meses de 2001 se practicaron 1.512 abortos, 411 más que en igual período del año anterior. El hecho de que las relaciones sexuales fueran frecuentes entre jóvenes y adolescentes en el sistema de la Escuela al Campo contribuía al aumento de los abortos y a socavar los principios morales que sirven de base al matrimonio. No es extraño tampoco a la irreligiosidad de estos últimos cuatro decenios el

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incremento de la homosexualidad y bisexualidad. Varios lugares de La Habana y en especial la antigua Plaza del Vapor, se han convertido en zonas de tolerancia en las que a partir de la media noche se reúnen los trasvestís y predominan las desviaciones de todo tipo. Gran número de turistas extranjeros son testigos y partícipes de esta situación. Dos datos estadísticos ponen de relieve la magnitud del problema social que de esos hechos se deriva. Según el Arzobispo de Santiago, Pedro Meurice, el 50 por ciento de los niños que nacen en la actualidad son hijos de padres desconocidos. El segundo: la tasa de fecundidad ha descendido vertiginosamente de 25.1 por mil en el último censo anterior a 1959 a 13.1 por mil en el año 2000. Los siguientes datos son ilustrativos del declive experimentado en las estadísticas vitales: Tasa de nacimiento por cada 1.000 personas Cuba: 13,1 Promedio mundial: 22,6 Tasa de crecimiento natural por cada 1.000 personas Cuba: 5,7 Promedio mundial: 13,7 Centenares de miles de non natos, tal vez más de un millón y medio han dejado de existir bajo el régimen de Castro, Cuba que en el primer año de la revolución tenía casi el doble de población que Ecuador y Guatemala, hoy tiene menos habitantes que esos países (11.177.743). No en vano la prensa oficial reconocía en 1999 que tanto los abortos, como el alcoholismo, los divorcios y el suicidio seguían mostrando índices elevados. Las señales de alarma relativas a los efectos que todo ello iba teniendo en el tejido social dieron lugar a que en la reforma constitucional de 1992 se añadiera un párrafo al capítulo sobre la familia diciendo que "el Estado reconoce en la familia la célula fundamental de la sociedad y le atribuye responsabilidades y funciones esenciales en la educación y formación de las nuevas generaciones". La adición ha sido sin embargo de efectos más bien cosméticos, pues si de una parte sigue siendo notorio el aumento desmedido de los divorcios (no obstante la disminución relativa de la cifra de matrimonios), por otra se fue sustrayendo al niño del hogar paterno debilitando así los lazos familiares y privando a los padres del derecho que otorga el artículo 26 de la

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Declaración de escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos. A lo anterior hay que agregar, por último, los casos de las familias divididas por disposición oficial. O bien son los padres los que para eludir la forzada educación comunista logran enviar los hijos fuera de Cuba (lo que ocurrió en los años 60 cuando 14.000 niños lograron salir en la llamada Operación Peter Pan). O bien es el padre el que escapa como balsero o de cualquier otro modo. Viene enseguida la orden que como castigo impide o demora indefinidamente los permisos de salida que permitirían la reunificación familiar. En 1994 la archidiócesis de La Habana lamentaba que la familia cubana estuviera marcada por la separación de sus miembros a causa de la salida del país de una parte de los mismos. Es probable que el poco aprecio de Castro por la familia tenga su origen en las circunstancias de su nacimiento y condición social. Nacido en Birán (1926) su partida de bautismo en la catedral de Santiago de Cuba lo identifica como hijo de Lina Ruz González sin referencia alguna a su padre. No fue sino en 1943 cuando Fidel tenía ya 17 años que su padre Ángel Castro Argiz reconoció su paternidad en el Juzgado Municipal de Cueto. Los antecedentes son conocidos: estando casado Ángel Castro con María Luisa Argote tuvo amores ilícitos con la sirvienta de su casa, Lina Ruz. De esta unión nacieron Fidel y dos de sus hermanas. Castro fue así expuesto en su niñez y juventud a los prejuicios y menosprecios que en esa época y en un pueblo pequeño afectaban a los hijos nacidos fuera del matrimonio. Aunque su padre lo envió a estudiar a los mejores colegios de Santiago de Cuba y La Habana, es posible que esa experiencia contribuyera a avivar sus resentimientos. Quienes aficionan indagar en los vericuetos de la psiquis, podrían tal vez encontrar en esos años primeros la causa del trauma que según algunos explica su rechazo del orden tradicional y sus acciones contrarias a la familia, el matrimonio y la propiedad. En 1999 cuando ocurrió el caso del niño Elián González, cuya madre dio su vida para que Elián viviera en un país libre, el exilio no supo manejar debida-

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mente la situación. En vez de discutir derechos familiares, el énfasis debió haberse puesto en el hecho de que los EU no estaban en realidad entregando el niño a su padre sino al Estado encarnado en la persona de Fidel Castro. En la Cuba de hoy se han menoscabado los lazos paterno-filiales sobre los cuales se imponen los del Estado. La niñez se halla según la Constitución bajo la "particular protección" del Estado32 el cual se encarga de adscribir al menor desde los cinco años a una organización de pioneros, de educarlo en sus escuelas, de hacerlo trabajar en sus proyectos y de someterlo al más rígido adoctrinamiento. El padre lo más que puede hacer, según la propia Constitución, es contribuir a preparar al niño para su vida en una sociedad socialista.33 Esa cuasi total absorción del niño por el poder público es precisamente lo que ha tenido lugar en el caso de Elián que ha sido utilizado como un trofeo por el dictador, cuyo padre ha sido nombrado diputado a la Asamblea Nacional y cuyo futuro previsible lo encamina hacia la UJC y demás organizaciones creadas por la dictadura. Elián es hoy "un instrumento propagandístico de la tiranía", un "dócil portavoz de la desinformación" y un "entusiasta apologista de un régimen que le obliga a participar en actos políticos.34

32 Artículo 40 33 Artículo 38 34 Vicente Echerri,

"El otro Elián", El Nuevo Herald, 6 de octubre de 2006, p. 24A

CAPÍTULO XI EL EJERCICIO DEL PODER PÚBLICO

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CAMBIOS EN LA RELACIÓN DEL INDIVIDUO CON EL ESTADO Las huellas de la dictadura y el totalitarismo aparecen desde temprano en la propia estructura constitucional y el modo de ejercicio del poder público. Son huellas que ponen al descubierto el pensamiento íntimo de Castro y su camarilla revolucionaria sobre puntos fundamentales de organización de la sociedad. ¿De qué manera, por ejemplo, concibió la llamada revolución cubana la relación del individuo con el Estado? ¿Hasta qué punto es dable insertar esa revolución y su Constitución Socialista de 1976 en el proceso histórico que condujo a la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos? El problema tuvo escaso relieve en los primeros años de la revolución cuando apenas si se tenía conciencia de que había un estatuto constitucional. La Constitución de 1940, que Batista había violado para gran desgracia del pueblo cubano, se sumió bajo Castro en un limbo del que salió mutilada cuando el Gobierno Revolucionario estimó oportuno adoptar una Ley Fundamental. Se suprimieron entonces más de 50 artículos, algunos de los cuales se referían a los derechos individuales.1 Aún más, entre enero y agosto de 1959 Castro invocó el poder constituyente de la revolución para modificar 22 veces la Constitución.2 El propio Consejo de Ministro se autoconfirió la potestad de modificarla a su discreción y así empezaron a aparecer las modificaciones que unas veces validaban y otras autorizaban alteraciones de sus principios. Las primeras modificaciones se refirieron a cuestiones tan fundamentales como la aplicación retroactiva de las leyes penales, la suspensión del hábeas corpus y la legalidad de la pena de muerte. Más tarde, la legislación secundaria se encargaría de triplicar los mínimos y máximos previstos para el delito de sedición, dar igual severo tratamiento para autores, cómplices y encubridores, ordenar la confiscación de bienes del condenado, así como equiparar los delitos consumados a los tentativos en los casos de terrorismo y tenencia de explosivos. La Ley Fundamental se convirtió en una especie de adorno incómodo que la élite revolucionaria se complacía en ignorar.

1

José Duarte Oropesa, Historiología cubana (Miami: Ediciones Universal, 1993), tomo IV, p. 30 2 Véase Eduardo Suárez Riva, Los días iguales (Miami: Graphics, 1974), p. 179

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La situación hubiera podido cambiar posteriormente si la preparación de la Constitución Socialista de 1976 se hubiera confiado a una asamblea constituyente en vez de a una comisión designada por Castro3 y supervisada por el líder comunista Blas Roca. Sometida en todo caso a referéndum, el texto final fue aprobado por 5.473.5344 cubanos que así reflejaban la ficticia unanimidad que es común obtener en las votaciones de los países totalitarios. En 1976 era ya evidente que la revolución había cambiado el curso de la lucha secular del hombre por asegurar su esfera propia de libertades. La vida política la llenaba un caudillo poseído por el afán de ejercer un poder absoluto y fue así que, en vez de crearse condiciones para limitar el poder del Estado, se marchó en un sentido distinto. Otras constituciones de la época se esmeraban en consagrar las garantías de la persona, los derechos del ciudadano y las salvaguardas de los grupos y asociaciones. ¿Hasta qué punto se apartó la Constitución Socialista de esa corriente? La más ligera lectura del texto en cuestión ofrece una pronta y categórica respuesta. De los 50 primeros artículos de la Constitución5 el 80 por ciento tratan en una forma u otra del Estado. "El Estado administra", "el Estado dirige y controla", "el Estado protege", "el Estado reafirma", "el Estado orienta y promueve", "el Estado garantiza", "el Estado organiza", "el Estado fomenta", "el Estado encauza", "el Estado asume", "el Estado reconoce", "el Estado condena" y "el Estado repudia", son algunas de las expresiones que se contienen en esos artículos. El Estado no se limita a organizar la sociedad, sino que se atribuye el derecho de dirigir y controlar la vida de hombres, mujeres y niños; se erige de esa manera en proveedor y también en poder dominante. Suponiendo al individuo esencialmente desvalido y permanentemente minusválido le reduce su capacidad de acción e impide que se baste a sí mismo. Hombres y mujeres caen, así, en situación de creciente dependencia y van, luego, sumiéndose en una virtual parálisis de la actividad autónoma y aun de la automotivación. No es que exista, por otra parte, una dictadura virtual o de facto ejercida por

3 La

redacción del texto estuvo a cargo de F. Álvarez Tabío, Héctor Garcini y François Varona

4 Granma, 21 de enero de 1976 5 Exceptuando los que se refieren

a la ciudadanía y extranjería

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Fidel Castro, sino que ella está entronizada en el mismo cuerpo de la Constitución. El Estado concebido por la revolución castrista no necesita de la sociedad civil; al contrario la margina y arrincona para lograr sus propios objetivos. Ese virulento estatismo significa un corte tajante con la tradición constitucional cubana y, en particular, con las constituciones separatistas y republicanas. Todas ellas intentaron organizar la sociedad política en función del individuo a fin de defenderlo del poder omnímodo del Estado y ello se hizo mediante una escrupulosa división de los poderes del Estado y una enumeración de los "derechos individuales anteriores y superiores al mismo"6 Ningún otro dato ilustra mejor la desproporción que existe entre la impotencia del individuo y la magnitud de los poderes de Fidel Castro que los títulos que ostenta: Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, Presidente del Consejo de Ministros, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Primer Secretario del Partido Comunista y Presidente del Consejo de Defensa Nacional.7 Es además diputado en la Asamblea Nacional del Poder Popular, cargo que ocupa no se sabe si para vigilar desde adentro el funcionamiento de esa Asamblea o para mostrar su menosprecio por el principio de separación de poderes. Su poder absoluto se reviste además de caracteres dinásticos al haber designado a su hermano Raúl como Primer Vicepresidente, Ministro de las Fuerzas Armadas, Vicesecretario General del Partido Comunista y sustituto suyo en caso de ausencia, enfermedad o muerte. El cambio, en la relación del individuo con el Estado tiene otras repercusiones. "Como el gobierno dispone absoluta e irrestrictamente de todos los recursos, la presión que se ejerce sobre el ciudadano reduce a éste materialmente a la mínima expresión existencial. La pérdida del empleo, la exclusión discriminativa de la participación en la vida pública, aun en sus más inofensivas manifestaciones culturales o recreativas, frustran hasta la desesperación a la persona. No es extraño que la psicología cubana actual se mueva entre el espasmo

6 Leonel A. de la Cuesta, "Patriotas y constituciones cubanas del siglo XIX", en Cien años de historia de Cuba (1898-1998), op. cit., p. 163 7 Véase los artículos 74 y 75 de la Constitución

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accional y la pérdida total de la esperanza, entre la descomposición y la compulsión de fuga, concebida prácticamente como un azar entre la ilusión y el suicidio".8 Vista en su conjunto, la Constitución de 1976 marca una ruptura no sólo con la tradición legal cubana,9 sino también con los principios predominantes en otros países de América Latina que hacen énfasis en los derechos del individuo. Ella sirvió para confirmar la destrucción de la infraestructura democrática que Castro estaba llevando a cabo desde los inicios de su acceso al poder absoluto.10 Las reformas de la Constitución Socialista que se hicieron en 1992 no tuvieron más propósito que el de abrir la puerta a las inversiones extranjeras que salvaron a Castro del colapso inminente. El carácter totalitario y centralizante del régimen se mantuvo intacto. El Partido Comunista sigue siendo la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado11 y el Presidente del Consejo de Estado y Jefe de Gobierno sigue desempeñando la jefatura suprema de todas las instituciones, dirige la política general y controla el desenvolvimiento de todas las actividades administrativas.12 La reforma del 2002 se limitó a declarar intocable el sistema socialista.

AUSENCIA DE OTRAS PROTECCIONES INSTITUCIONALES No solamente es omisa la Constitución Socialista en la protección de los derechos humanos sino que el aparato institucional entero está concebido para fortalecer al Estado y disminuir al ciudadano. El individuo se halla en realidad

8 Jorge Valls, "Americas Watch" en Comité de Cubanos Pro Derechos Humanos, Cuba ¿derechos humanos? (Caracas: Editorial El Viaje del Pez, 1992), p. 343 9 La invocación a Dios se suprimió ya en la primera Ley Fundamental; y después se dejó fuera de las Constituciones de 1976 y 1992 10 Véase Hugh S. Thomas, Georges A. Fauriol y Juan Carlos Weiss, La revolución cubana 25 años después (Madrid: Editorial Playor, 1985), pp. 35-39 11 Véase el artículo 5 12 Véase el artículo 93

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indefenso frente a las acechanzas del poder totalitario. Al contrario de lo que ocurre en otros países latinoamericanos, Cuba no ha establecido una Procuraduría de los Derechos Humanos ni tampoco una Comisión de Derechos Humanos encargadas de efectuar averiguaciones sobre posibles violaciones de esos derechos. A diferencia de los países europeos, en Cuba no existe la figura del Ombudsman o Defensor del Pueblo que pudiera ocuparse de proteger disidentes y opositores pacíficos. En 1960, el Consejo Económico y Social de las NU aprobó una resolución en la que reconoció la función fundamental que podrían desempeñar los institutos nacionales en la protección y promoción de los derechos humanos e invitó a los gobiernos a que estimulasen la creación y mantenimiento de esos organismos.13 El gobierno de Cuba, lejos de seguir esa recomendación, desconoce cuantos grupos de promoción o comités nacionales de derechos del hombre han tratado de constituirse en el país y se abstiene de crear órganos de efectiva protección. En Cuba las autoridades son parte integrante del entramado totalitario que rodea y controla a los habitantes del país. En ausencia de una democracia representativa, la existencia y razón de ser de esas autoridades no provienen de la voluntad popular ni de la existencia de un servicio civil basado en el principio del mérito, sino del querer de quienes, en nombre de una ideología, detentan todos los poderes. Y es para servir los intereses de esa clase gobernante y no de los gobernados que fueron creadas, actúan y ejercen sus facultades esas autoridades. Paso a paso y al unísono con las exhortaciones de los jefes de la revolución, las leyes fueron entretejiendo las mallas del sistema totalitario y autoritario que Castro había previsto para Cuba. Entre enero de 1959 y noviembre de 1961 el régimen revolucionario decretó la aplicación de la pena de muerte con respecto a 28 figuras supuestamente delictivas a las que incluyó en la denominación de delitos contrarrevolucionarios. En 1961 se prohibió la libre entrada

13

Véase Naciones Unidas, Instituciones nacionales de promoción y protección de los derechos humanos (Ginebra, 1994), p. 3

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y salida del territorio nacional y en fechas más recientes se dictaron normas para restringir los movimientos migratorios internos. En esos dos años críticos de 1960 y 1961 se fueron consolidando dos instituciones clave del sistema totalitario: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y el aparato de Seguridad del Estado (SE) encarnado en el Ministerio del Interior. Los CDR se crearon a nivel de los vecindarios con el fin de vigilar y, en su caso, delatar a los vecinos de cada manzana. La Seguridad del Estado llevó a sus últimos extremos las técnicas de espionaje y represión que habían sido antes elaboradas en la Europa del Este. Hacer del vigilado un vigilante y convertir a los reprimidos en represores fueron dos grandes realizaciones de Castro. Al propio tiempo se procedió en esos dos primeros años de la revolución a extinguir la propiedad privada, controlar el derecho al trabajo, barrer con la libertad sindical y poner en manos del Estado el abastecimiento de la población. En el campo de la educación, se eliminaron también desde temprano la enseñanza privada y, en sus planos más altos, la autonomía universitaria y la libertad de cátedra. Coincidente con esos cambios, se inició la represión religiosa ejemplificada por la expulsión masiva de sacerdotes y el hostigamiento de los creyentes. Para los que creen que el aborto es un crimen contra la humanidad es bueno también recordar que fue también al comienzo de la revolución que se legitimó el aborto (antes considerado como un delito) que luego sería incluso estimulado.

EL FIN DEL ESTADO DE DERECHO Y EL NUEVO SISTEMA POLÍTICO Los cambios e innovaciones antes citados iban sin duda a facilitar las acciones violatorias de cuantos derechos humanos se opusieran a lo que fue pronto el mito de la revolución. Mas, la preparación suprema y máxima no consistió en modificar las normas constitucionales y legales que hasta entonces habían regido, sino en desconocerlas. ¿De qué servía respetar la propiedad, la libertad y la seguridad de las personas si ello comprometía los fines de la revolución? ¿Y para qué gastar energía en adaptaciones y circunloquios jurídicos cuando para la revolución el derecho era parte de una superestructura caduca? Había que hacer tabla rasa con cuantos obstáculos podían entorpecer la

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labor mesiánica de los líderes revolucionarios. Enfrascarse en una tarea de enmiendas y derogaciones consumía tiempo y cortaba el "momentum" de la revolución. Caer en el legalismo y el preciosismo jurídico de otras épocas era impensable. En Cuba, la única función y el único valor de la Constitución es la de ser un soporte más del régimen autoritario de Fidel Castro. Tan trascendental resolución no se tomó en ningún acuerdo del Consejo de Ministros ni siquiera se formalizó en los conciliábulos de los que en la sombra estaban desviando el rumbo de la revolución. La solución final emergió de la propia dinámica de la revolución y de los impulsos de quien figuraba como su líder máximo. La fórmula era muy sencilla y no requería de grandes disquisiciones filosóficas o jurídicas. Bastaba con actuar bajo la hipótesis de que había muerto el Estado de Derecho. El principio de la legalidad fue esfumándose junto a la desaparición de los demás fundamentos del Estado democrático: ni judicatura independiente, ni separación de poderes, ni frenos y contrapesos, ni elecciones auténticas, ni renovación o alternancia en el poder. En sí mismo, el sistema político cubano concebido por Castro conduce al abuso estatal y hace posible la violación de los derechos humanos. Esos efectos se hicieron sentir ya en 1959 cuando el país cayó en el torbellino de una revolución que escondía en realidad un golpe de Estado que alguien llamó de ejecución progresiva.14 Además de abrogar el Estado de Derecho, Castro procedió a ignorar las promesas que en diversas ocasiones había hecho. Antes del triunfo de la revolución contra Batista, Fidel Castro había firmado dos documentos que estipulaban el carácter interino de su gobierno. En el Manifiesto de la Sierra (1957) propuso que el gobierno provisional celebraría elecciones generales "en el término de un año". Luego en el Pacto de Caracas (1958) aceptó que a la caída de Batista se establecería "un breve gobierno provisional". Ya instalado en el poder se habló primero de convocar elecciones en un plazo que oscilaba entre seis meses y dos años y más tarde el 4 de mayo de 1959 el entonces Primer

14 Véase Theodore Draper, Castrismo. Theory and Practice (New York: Praeger, 1965)

y Hugh Thomas, Cuba: The Pursuit of Freedom (New York: Harper and Row, 1971)

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Ministro anunció que las elecciones se efectuarían "dentro de cuatro años". No mucho después echó por la borda plazos y promesas; a su manera astuta y engañosa así fue evidenciando Castro su proyecto de ejercer un poder absoluto y vitalicio.

PARTICIPACIÓN EN EL GOBIERNO Ningún país de América Latina se acerca siquiera a la triste marca que ostenta el pueblo cubano de más de medio siglo sin haber podido ejercer el derecho al voto. Me refiero desde luego a votar en elecciones auténticas, como dice el artículo 21 de la Declaración. Los regímenes de fuerza, ya se sabe, son muy hábiles en organizar farsas electorales manipuladas a su gusto y cuyos resultados son previamente conocidos. En sus muchos años de opresión Castro ha ordenado varias elecciones que son una simulación y un fraude de la mayor envergadura. Aunque no es un requisito constitucional, en Cuba sólo pueden ser elegidos para ocupar cargos públicos los candidatos aprobados por las instancias oficiales, del partido o de las organizaciones de masas. Un artículo de la Constitución de 1992 dice que la Asamblea del Poder Popular es elegida "por el voto libre, directo y secreto de los electores", pero dicho precepto se subordina a otros dos de la misma Constitución: el que dispone que el Partido Comunista es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado (artículo 5) y el que advierte que ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra la existencia y fines del Estado Socialista ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo (artículo 62). Los candidatos no son postulados por los electores sino escogidos por una comisión de candidaturas integrada por representantes del gobierno, el PCC y las organizaciones de masas. En las elecciones de 1998, 601 candidatos se postularon para cubrir 601 cargos. En las de 2003 fueron 605 para 605 escaños. Ni en esas ni en las demás se ha permitido la postulación de candidatos independientes. La única organización política reconocida en la Constitución es el PCC. El de Cuba es pues un sistema de partido único y de exclusión de los que no son comunistas del supuesto poder legislativo del país. También se reservan

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para los comunistas la mayor parte de las funciones públicas ejecutivas. Cuantos esfuerzos han realizado cubanos no comunistas por romper ese monopolio han resultado infructuosos. Ni la propuesta de convocar un forum hecha por Gustavo Arcos en 1990, ni la solicitud de Eloy Gutiérrez Menoyo de abrir una oficina en La Habana, ni el Proyecto Varela lanzado en 1999 ni los otros proyectos de los disidentes han podido abrirse paso. Castro no solamente lleva más de 47 años negándose a celebrar elecciones auténticas y periódicas sino que no tiene reparos en expresar públicamente su desprecio por los principios consagrados en el artículo 21 de la Declaración. En 1993 afirmó categóricamente: "jamás impulsaremos en Cuba una apertura a la perestroika". Acosado unos años más tarde por un periodista mexicano para que explicara la razón por la cual no convocaba unas elecciones libres en Cuba, un Castro exasperado respondió: "Porque no me da la gana". En 1998 le dijo al Primer Ministro de Canadá Jean Chretien, que no iba a cambiar el sistema de partido único y liderazgo vitalicio que él mismo había establecido. Recientemente, en mayo de 2002, reiteró ante un complaciente Jimmy Carter que no le interesaba el modelo de las democracias occidentales ni sus libertades públicas fundamentales. Para él la voluntad del pueblo considerada en la Declaración como la base de la autoridad del poder nada tiene que decir al respecto. A pesar de todos los reclamos de igualdad, la participación de la mujer en la vida política es limitada. En 2001 sólo dos mujeres eran miembros del Buró Político del Partido que cuenta con 24 miembros, únicamente 18 lo eran del Comité Central que tiene 150 integrantes y 166 de los 605 diputados de la Asamblea Nacional eran de ese sexo. El régimen no se oculta por otra parte para mostrar su desprecio por la democracia representativa. En varias ocasiones el propio Castro se ha referido al pluripartidismo como "la pluriporquería". Su concepción cesarista de la vida política engendra el culto a su personalidad y ahoga cuantas manifestaciones de la sociedad civil pudieran generar atisbos de poder. En Cuba "el opositor no es un ciudadano con una opción política diferente, sino un enemigo del pueblo que debe ser aniquilado". En lugar de la democracia representativa que es la única consagrada en la

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Declaración, algunos círculos revolucionarios hablan de una "democracia participativa". Al parecer ignoran que no puede haber obstrucción mayor a la democracia participativa que la permanencia en el poder durante 47 años de un gobernante no elegido. El propio Castro se refirió también en más de una ocasión en los comienzos de su régimen a su preferencia por la "democracia directa". Más de cuatro decenios después del triunfo de su revolución sigue convocando al pueblo a participar en las grandes concentraciones e interminables desfiles que caracterizan su afición a las movilizaciones. Mas, aparte el hecho de que esa democracia directa es viable sólo para un gobierno local de pequeñas dimensiones, cabe preguntarse si las multitudes que a menudo se congregan en la Plaza de la Revolución imprimen legitimidad a su reclamo. Para responder a esta pregunta hace falta conocer ante todo cómo se halla estructurado y cómo funciona el sistema castrista de organización de la sociedad. En Cuba todas las personas, incluyendo niños y ancianos, hombres y mujeres, trabajadores, jubilados, estudiantes y vecinos tienen que pertenecer, como se vio en el capítulo V, a una de las organizaciones de masas y sociales que según la Constitución Socialista tienen la misión de "incorporar los distintos sectores de la población a las tareas de edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista". Estas organizaciones ejercen gran control sobre sus afiliados y dedican especial atención a la tarea de asegurar la presencia masiva de sus miembros en los actos, desfiles y ceremoniales que el gobierno convoque. Disponen para ello de un gran poder de persuasión, ya que otra característica de la sociedad castrocomunista es que todos sus integrantes dependen del Estado para su alimentación, cuidado de la salud, educación y empleo. Cada organización prepara sus listas y vela por la asistencia de sus miembros al acto de que se trate. ¿Cuántos de ellos se atreverían a perder su libreta de abastecimiento, comprometer la atención a su salud o arriesgar las posibilidades educacionales de sus hijos o sus oportunidades de encontrar trabajo con el único empleador que existe en el país, dejando de hacer acto de presencia en un desfile o negándose a agitar su banderita? Cierto que hay también su cuota de aduladores, oportunistas y de gente sumisa que sigue siendo atraída por la oratoria agresiva y desafiante de Castro, pero son los menos. La gran mayoría concurre a la celebración de turno porque no

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le queda otro remedio o porque se le ha prometido que se le pagará un día de haber o por el regalo de una camiseta o por simple servilismo. ¿Por qué no se les permite en todo caso pronunciarse francamente por medio del sufragio universal, secreto y libre previsto en la Declaración Universal? ¿Por qué el simple acto de firmar una petición de referendum dirigida a la Asamblea Nacional al amparo de un artículo de la Constitución da lugar a represalias y puede conducir al encarcelamiento del firmante? ¿En virtud de qué principio de la democracia participativa se privó de libertad a los autores del hermoso y pacifista documento La patria es de todos? En 1996 Castro se comprometió en Viña del Mar a respetar la democracia y el pluralismo político. Igual compromiso asumió en la Novena Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana en 1999 y en la Primera Cumbre de Jefes de Estado de la América Latina y la Unión Europea reunida en Río de Janeiro en el propio año de 1999. En los años transcurridos desde entonces no ha permitido la más ligera concesión en su régimen de partido único y mando absoluto, poniendo así de relieve dos cosas: primero, su desprecio infinito por el valor de esos pomposos documentos, y segundo, la total inutilidad de las reuniones en la Cumbre. Hay otra forma de participación ciudadana en la vida política del país que tampoco se ejerce en Cuba. Se trata de esa forma mínima de participación que consiste en saber cómo funciona el gobierno, dónde y cómo se toman las decisiones y cuáles son las razones que las sustentan. Para que este modo de involucrarse en la vida política funcione, para que el ciudadano tenga el derecho de ejercer al menos cierta medida de fiscalización en la vida pública, hace falta que haya transparencia en la forma como se conduce el gobierno y rija un sistema conocido de división y ejercicio del poder. Tales requisitos se hallan por completo ausentes de la praxis política cubana. El Estado de Derecho no ha existido nunca, no se observa una clara separación de poderes y la instancia final de todas las decisiones que es el Jefe del Estado se reserva el privilegio de explicar algunas y guardar silencio sobre otras, impidiendo así la formación de estados de opinión. Existe además un sistema dual de finanzas públicas, representado por la contabilidad oficial y la llamada cuenta secreta o reserva del Comandante en Jefe. La formación de esta cuenta secreta comenzó el 26

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de julio de 1959, cuando el Sr. Faustino Pérez, Ministro de Recuperación de Bienes Malversados, entregó a Castro un cheque a su orden por 20 millones de dólares. Al año siguiente el Banco de Seguros Sociales puso a la disposición de Castro la suma de 30 millones de pesos, de los que también dispuso el dictador a pesar de ser fondos intransferibles. Así, a intervalos más o menos cortos, una parte de los ingresos del país han ido a parar a las arcas de quien gobierna a Cuba de modo unipersonal y sin sujeción a control alguno. Soslayando de esa manera las reglas de "registro, contabilidad, control y transparencia" que los padres del comunismo habían previsto,15 Castro dispone a su gusto de una parte del patrimonio estatal que él mismo se encarga de invertir, transferir, utilizar o regalar según su voluntad. Un moderno central azucarero que Cuba dio al Movimiento Sandinista de Nicaragua fue un regalo personal suyo. Otro central, el Resulta, en la provincia de Las Villas, fue ofrecido al presidente de Haití. Sumas cuantiosas entregadas a movimientos de extrema izquierda de países latinoamericanos proceden también de ese fondo. De nada de eso se entera el pueblo o si se entera es a posteriori, en forma amañada y a medias. El pueblo vive en la sombra, conociendo sólo lo que el gobierno quiere que conozca e informándose sólo de lo que la prensa oficial tiene a bien divulgar. Es así que no le es posible ejercer siquiera esa forma mínima de participar en el gobierno de su país que garantiza el artículo 21 de la Declaración. Por último, parece apropiado destacar que el hombre que lleva más de 47 años en el poder sin elecciones es el mismo que el 2 de julio de 1959 decía: "De ninguna manera podrán suprimirse las elecciones porque tiene que haber un sistema de sustitución de los gobernantes". Fidel Castro que ha designado a su hermano Raúl como sucesor es el mismo que en esa misma ocasión afirmaba que "en Cuba el poder no podía ser hereditario como en las monarquías". El mismo que en carta dirigida al periódico Revolución en junio de 1959 aseguraba: "Yo personalmente no tengo ni me interesa tener nada". Y es, por último, la misma persona que el 17 de julio de 1959 declinaba ser designado presidente tras la renuncia de Urrutia porque según su propia afirmación "no servía para el cargo". 15 Lenin decía que para el funcionamiento adecuado de la sociedad comunista lo principal es que hubiera contabilidad y control, precisamente las dos cosas que Castro más detesta

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LA PROTECCIÓN CONTRA EL TERRORISMO Hacia el final de su articulado, la Declaración proclama el derecho de todos los seres humanos a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades que ella consagra se hagan plenamente efectivos (artículo 28). Otro artículo había enfatizado antes la necesidad de favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y de promover el desarrollo de las actividades de la Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz (artículo 26, inciso 2). Contra ese orden, contra el derecho a la vida y colateralmente contra los derechos a la libertad y la seguridad conspiran desde luego las guerras injustas y las actividades terroristas. Cuba, que según el Departamento de Estado de los Estados Unidos figura en la lista de los países terroristas, es sin duda digna de analizarse bajo este rubro. A Castro le ha caracterizado siempre un furioso antiamericanismo que le ha llevado a atacar de modo constante a los EE.UU y a fomentar actos de violencia y subversión dirigidos a lesionar, directa o indirectamente, los intereses de ese país. Es probable que esa animadversión tenga también raíces profundas. La formación del carácter, que para todos comienza en el hogar, tuvo en el caso de Castro otra importante influencia especial. Hijo de un soldado español que fue enviado a la isla para luchar a las órdenes de Valeriano Weyler y participar en la Guerra Hispanoamericana, Castro fue expuesto desde su niñez al sentimiento antinorteamericano que para muchos españoles y en especial para los militares significó la humillante derrota de 1898. El factor herenciaambiente puede así haber desempeñado un papel significativo en la formación del carácter de Castro. Según Mario Llerena, Castro heredó de su padre el profundo, mórbido y casi fisiológico antiamericanismo.16 Ya antes de llegar al poder dejó constancia de ello en su famosa carta a Celia Sánchez, escrita desde la cárcel el 5 de junio de 1958, en la que afirmaba: "Cuando esta guerra acabe empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos (los americanos). Me doy cuenta que ése va a ser mi destino verdadero".

16

Mario Llerena, Mito y espejismo en la revolución (Miami: Fondo de Estudios Cubaamericanos 1995), p. 29. Véase también Carlos Alberto Montaner, Journey to the Heart of Cuba (New York: Algora Publishing, 2000) p. 9-11

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Antes de 1959 Castro participó en actos terroristas realizados por la organización a que pertenecía, Unión Insurreccional Revolucionaria. Aunque no llegó a ser figura principal de UIR su pertenencia a un grupo de acción que creía en la violencia como método, unida a su presencia que fue algo más que la de un simple espectador en el Bogotazo17 y la expedición de Cayo Confites, son hechos significativos que arrojan luz sobre su posterior comportamiento como jefe de gobierno. Contra el pueblo cubano Castro utilizó después actos de violencia y apeló a las ejecuciones frecuentes para imponer su dominación e infundir terror. Mas ¿cuál ha sido su comportamiento en el orden internacional? ¿Qué indicios pueden invocarse para probar que ha habido en el plano internacional una sucesión de actos atentatorios a la paz? Son pocos los actos individuales de terrorismo que en este sentido se le imputan. En realidad lo que ha sucedido después de 1959 es que, dueño ya de grandes recursos, titular de todos los poderes y encendidas al máximo sus ambiciones, Castro trasladó sus actividades terroristas del plano individual al colectivo, de la eliminación física de individuos a la subversión de las masas y al terrorismo de Estado. Y es aquí, en esta otra actividad contraria a los derechos humanos, donde paradójicamente es posible hallar rastros más visibles de culpabilidad. En 1998 él mismo allanó el trabajo de sus acusadores cuando confesó que había dado protección y auxilio a los movimientos subversivos de casi todos los países de América Latina.18 La inaudita declaración de Castro dio lugar por cierto a la solitaria protesta del entonces Presidente del Uruguay, Julio Sanguinetti. Los demás jefes de Estado optaron por el silencio vergonzoso. Dos años después otro presidente, Francisco Flores de El Salvador, tuvo el valor de echarle en cara a Castro su responsabilidad en los innumerables crímenes cometidos en su país por las guerrillas subvencionadas por Cuba. En realidad, Castro nunca se ha ocultado ni en sus palabras ni en sus acciones para proclamar los fines expansionistas de la revolución y sus apelaciones a la rebeldía. Aplicó siempre la enseñanza de Lenin: "La dictadura del proletaria-

17

Gabriel García Márquez, Vivir para contarla (Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2002) 18 Daniel Alarcón Ramírez (Benigno), Vie et mort de la Révolution Cubaine (París: Fayart 1966) p. 8

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do es absolutamente insignificante si le falta el terror jacobino". Las dos Declaraciones de La Habana (1961 y 1962) son llamamientos de guerra contra el "imperialismo" de los Estados Unidos. La primera exhorta a los pueblos de América Latina a convertir los Andes en otra Sierra Maestra; la segunda preconiza la guerra de guerrillas como el método idóneo para alcanzar el poder. Aun antes de que se adoptaran esas Declaraciones, el régimen de Castro, ebrio de euforia y audacia luego del triunfo contra Batista, había dado su apoyo a los intentos de invasión que desde Cuba se lanzaron contra Panamá, Nicaragua, República Dominicana y Haití.19 Fue también en sus comienzos que se suministró ayuda económica y militar al movimiento subversivo de Douglas Bravo y Luben Petkoff en Venezuela. La ayuda fue tan notoria que en 1967 el hoy General Ulises Rosales del Toro y otros cuatro oficiales cubanos desembarcaron en las costas de Venezuela para impulsar la subversión en ese país.20 En el decenio de 1959 a 1969 el respaldo de Cuba a la subversión se llevó a cabo en dos planos: De una parte por medio de la celebración de conferencias de apoyo a los que entonces se llamaban movimientos de liberación: la Conferencia de Solidaridad Tricontinental (OSPAAL) (1966) y la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) (1967) ambas celebradas en La Habana y ambas favorables a la lucha armada. En la Tricontinental las sesiones abiertas al público se celebraban durante el día y las conspirativas de noche. A estas conferencias fueron invitados países árabes y grupos de extrema izquierda. Treinta años después 167 delegados de 41 países se congregaron en La Habana para celebrar el aniversario de la OSPAAL y reafirmar sus propósitos de lucha contra las bases norteamericanas y los bloques económicos y militares de los que EU fuere miembro. De otra parte, proporcionando ayuda financiera y militar a las guerrillas que al impulso de la revolución cubana estaban tratando de derrocar los gobiernos de varios países. Las cuatro primeras en organizarse bajo la égida directa o indirecta de Castro fueron la Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala, el

19 20

Véase J. Duarte Oropesa, op. cit. Vol. IV, p. 370 Enrique Ros, Cubanos combatientes (Miami: Ediciones Universal, 1998), pp. 170172

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Ejército de Liberación Nacional de Colombia, el Ejército Sandinista de Nicaragua y el Frente Revolucionario Farabundo Martí en El Salvador. En agosto de 1962 Castro ordenó la creación de las Tropas Especiales como cuerpo destinado a dar apoyo a las guerrillas que surgieran en otros países. Las Tropas Especiales dieron entrenamiento, suministraron dinero, transporte y equipos y participaron en acciones al lado de los insurrectos. Luego se abrieron dos campos de entrenamiento, uno en Guanabo y otro en Pinar del Río para enseñar tácticas de terrorismo, sabotaje y atentados. Centenares de revolucionarios latinoamericanos pasaron por esos centros.21 Estimulado por la impunidad como había podido apoyar a esas guerrillas, Castró envió al Che Guevara a las fracasadas acciones del Congo y Bolivia y más tarde en 1975 se lanzó de lleno a la aventura africana. Catorce años estuvo librando guerras injustificadas a ciencia y paciencia del mundo civilizado. Salvó al final al régimen comunista de Angola y cosechó otros aliados africanos. Se atrevió a instalar un satélite en Granada, estrechó lazos con Noriega en Panamá e incursionó en Siria, Guinea, Cabo Verde, Namibia, Congo, Yemen, Líbano y Vietnam. Tropas cubanas a las órdenes del dictador lucharon primero a favor de Somalia contra Etiopía y luego a favor de Etiopía contra Somalia. En mayo de 1984 y con el fin de ayudar a los sandinistas, se llevó a cabo en Nicaragua el atentado que hirió a Edén Pastora y mató a siete personas. Hasta en los propios Estados Unidos forjó alianzas con los Macheteros de Puerto Rico y acogió con entusiasmo a cuanto líder negro, puertorriqueño, etarra o de cualquier otra parte del mundo tenía necesidad de encubrimiento o refugio.22 Las actividades de espionaje preparatorias del terrorismo de Estado cobraron impulso hace unos 20 años, cuando la asociación de Cuba con la Unión Soviética dio lugar a la construcción del centro de espionaje electrónico de Lourdes. Un centro similar se inauguró en Bejucal en 1997 al precio de 700 millones de dólares. Paralelamente Castro abrió centros de Ingeniería Genética y Biotecnología con fines de eventual recurso al bioterrorismo. Cientos de ingenieros, médicos y científicos trabajan en esos centros. Cuba

21 Véase Jorge Massetti, El furor y el delirio (Barcelona: Ediciones Tusquets, 1999) 22 Véase María C. Werlau, “Cuba: Safe Heaven for Fugitives and Hotbed for Terrorists

en Adolfo Leyva de Varona, ed. Cuba: Assesing the Threat to US Security (Miami, The Endowment for Cuban American Studies. 2001), p.61

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dedica $400 millones anuales a gastos de inteligencia.23 En los últimos años el dictador invirtió cientos de millones de dólares en la construcción de dos reactores nucleares experimentales, la ampliación y equipamiento de centros de biotecnología y terrorismo cibernético en La Habana del Este, Santa Clara, Wajay y Cojímar y la dotación del 13º ejército más grande del mundo según la revista británica Jane. Además de todo ello Castro se dio el lujo de situar una espía (Ana Belén Montes) en uno de los puestos claves del Pentágono y de tener redes de agentes en el sur de la Florida. Otras conexiones de Castro con el terrorismo internacional cubren una amplia gama de organizaciones y personajes. Desde el Chacal, los Weathermen, las Panteras Negras, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las Brigadas Rojas Italianas, el Movimiento 17 de Noviembre de Grecia y los Macheteros hasta sus recientes contactos con el Irish Republican Army y su protección a la ETA, prácticamente todos los grupos que en el último medio siglo figuran en el elenco del terror, han recibido algún tipo de ayuda del régimen castrista. A veces se trata sólo de un respaldo moral, como fue el caso de la condecoración otorgada a Arafat en 1974 o la negativa a condenar el terrorismo de ETA en 1999. Otras veces se aporta dinero, se ofrecen facilidades para el entrenamiento, se brinda refugio o se envían agentes de Castro a realizar o dar apoyo a acciones terroristas. La amenaza a la paz mundial más conocida y escalofriante fue la instalación en 1962 en suelo cubano de ojivas nucleares, misiles listos a ser utilizados y alrededor de 90 cohetes dispuestos a ser lanzados contra la costa oriental de EU. En junio del 2001 hizo un recorrido por países que en una forma u otra han fomentado el terrorismo y en uno de ellos (Irán) tuvo la temeridad de afirmar que "juntos podemos poner de rodillas a los Estados Unidos". Recientemente, el ex - Vicepresidente del Gobierno de España Mariano Rajoy, reveló que ETA utilizaba sus empresas en Cuba para blanquear dineros procedentes de secuestros y adquirir armas.24 Otros funcionarios afirman que ETA exime del pago de su impuesto de guerra a los empresarios españoles que invierten en Cuba. En verdad la participación de Castro en apoyo del terrorismo y la subversión ha seguido un curso lineal ampliamente documentado incluso por quienes tomaron

23 Datos suministrados por el Ingeniero Manuel Cereijo. Véase ademós del propio autor: "Infraestructura, alta tecnología y energéticos", capítulo V, en 40 años de revolución, op. cit., p. 119 24 ABC (Madrid), 1 de mayo de 2002, p.11

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parte en esas actividades.25 "La revolución cubana -escribe Adolfo Rivero Caro- nació dedicada a una empresa de vasta subversión internacional a la que no ha renunciado nunca".26

CUATRO ESTALLIDOS Y UNA SORDA RESISTENCIA Separados por varios años de ocurrencia, ciertos acontecimientos mostraron al mundo el grado de malestar y descontento que sentía una población sometida al más fiero totalitarismo. Aunque de carácter local fueron estallidos de rebeldía popular que de no haber sido sofocados a tiempo hubieran sido la chispa provocadora de una insurgencia nacional. En todos estos casos se protestaba por la violación de los derechos humanos fundamentales. El primer estallido ocurrió en Cárdenas en 1962. Ya se había implantado la libreta de abastecimiento y aplicado las primeras medidas contra la libertad de trabajo. La libreta se reveló ser un racionamiento mal concebido y peor aplicado que ponía de manifiesto sus insuficiencias. Impuesta de modo inflexible la libreta se convirtió pronto en un símbolo de hambre y represión. Y fue contra esa situación que se lanzaron a la calle las amas de casa más pobres de la ciudad. No tenían más armas que las cacerolas vacías pero su protesta se convirtió pronto en una inmensa manifestación de rebeldía. Gente mal nutrida e inquieta la manifestación tomó las calles de Cárdenas. A ella se sumaron enseguida los numerosos pescadores de la región. Individualistas por naturaleza esta gente de mar resentían el decomiso de sus botes y avíos de pesca y la conversión de su oficio en función exclusiva del Estado. No les satisfacía la colectivización forzada de la industria e hicieron ver a gritos lo que otros trabajadores por cuenta propia no se atrevían a expresar. 25 Véanse las obras ya citadas de Massetti, Alarcón Ramírez y Juan Antonio Rodríguez

Menier, así como Américo Martín, América y Fidel Castro (Miami: Ediciones Universal, 2001); Norberto Fuentes, Narcotráfico y tareas revolucionarias (Miami: Ediciones Universal, 2002); Eugene Pons, Castro and Terrorism (Miami: Institute for Cuban American Studies, 2001); y María C. Werlau, Does Cuba have biochemical weapons? en Leyva, op. cit. p. 99 26 Adolfo Rivero Caro, "Las guerras secretas de Fidel Castro", El Nuevo Herald, 23 de agosto de 2002, p. 22 A

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Ya no fueron entonces las calles sino la ciudad entera la que se escapaba del control del régimen. El peligro era grande y Castro reaccionó con rapidez. Un testigo presencial describió los hechos: "Tropas, tanques militares, cañones y pesadas ametralladoras toman las calles de Cárdenas. Los aviones de la fuerza aérea toman el aire. Se traen tropas de afuera y vienen milicianos de otros lugares. Impresionante choque entre armas que representan el socialismo, mejor el terror rojo, y el pueblo acusado de contrarrevolucionario. Castro está detrás en la sombra ordenando todo"27 Amedrentada, la población va cediendo terreno. Y luego cuando las aguas vuelven a su nivel los dirigentes de la revolución reparten ron y cerveza. Pasa el tiempo. La Seguridad del Estado se hace cada vez más poderosa y eficaz. Se fusila menos y se hostiga más. El régimen parece haber consolidado su control de la población pero el 1 de abril de 1980 Héctor Sanyustiz, un conductor de ómnibus desempleado, de 31 años, arremetió en un autobús que llevaba a otras cinco personas contra la cerca de la Embajada del Perú en el barrio de Miramar en La Habana. Los guardias cubanos en la embajada abrieron fuego, hiriendo a Sanyustiz y a uno de sus amigos. Bajo la lluvia de balas uno de los guardias murió. El régimen culpó a quienes habían entrado por la fuerza en la embajada y le pidió al gobierno peruano que los entregara. Pero Sanyustiz y sus amigos fueron protegidos por el embajador peruano Ernesto Pinto-Bazurco.28 Así se inició la cadena de acontecimientos que condujeron primero a que en unas 36 horas 10.856 personas irrumpieran en la embajada y recibieran asilo político. Hacinados en los jardines y el interior de la residencia, los refugiados permanecieron allí varias semanas alimentándose de gatos, pasta de dientes y hojas de árboles. Castro ordenó también la interrupción del suministro de agua y electricidad pero los asilados persistieron en su propósito de abandonar el país. Algunos de ellos (88) siguen aún viviendo en Perú. Esos mismos días más de 400 cubanos buscaron refugio en la Sección de Intereses de los EU.

27 28

Carlos Franqui, Retrato de familia con Fidel (Barcelona: Seix Barral, 1982), p. 287 Mirta Ojito, "Los orígenes del Mariel" en Mariel, suplemento del Miami Herald, 3 de abril del 2005, p.8

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Del incidente de las embajadas se derivó también el éxodo del Mariel, es decir la fuga por ese puerto de más de 125.000 cubanos. La mayor parte de los que el decir popular llamó "marielitos" eran jóvenes entre 25 y 35 años. Atravesaron el Estrecho en embarcaciones pequeñas o medianas casi siempre sobrecargadas. "Fue el acto liberador de la primera generación del hombre nuevo creado por Castro que pese al adoctrinamiento marxista-leninista y el aislamiento absoluto cortó de una vez con su régimen"29 Cinco meses duró la evasión en masa, cuatro más que el éxodo de Camarioca en 1965. En septiembre 26 un Castro inquieto por la magnitud de la hemorragia detuvo el éxodo. Transcurrieron más años. El país sigue empobrecido y el Estado Policiaco es cada vez más hermético. Una sola esperanza anida aún en el corazón de gran número de cubanos sobre todo de los más jóvenes: emigrar, escapar. Muchos logran hacerlo valiéndose de las más ingeniosas argucias. Un barco de gran calado es efímeramente ocupado en el puerto de Cabañas. Embarcaciones más pequeñas son secuestradas, dos transbordadores son desviados. Corren rumores de un nuevo Mariel y el 5 de agosto de 1994 una muchedumbre de decenas de miles de personas se congregan en el Malecón habanero coreando consignas anticastristas. Dos policías son muertos y el régimen se ve obligado a apelar a las Brigadas de Respuesta Rápida y al Contingente Blas Roca así como a la presencia del mismo Castro para dispersar la muchedumbre y abatir la protesta. Lo que estaba aquí en juego era otro derecho humano fundamental: el derecho de los cubanos de entrar y salir de su país. Como en el caso anterior el régimen procuró después encontrar otra válvula de seguridad: el infame acuerdo migratorio de Clinton que otorga 20.000 visas y otras ventajas al régimen de Castro. A los incidentes locales siguió en julio de 2005 una serie de protestas escenificadas a todo lo largo del país. Todo ocurrió cuando a pesar de los grandes destrozos causados por el ciclón Dennis, Castro se negó a recibir ayuda de EU

29

Humberto Castelló, "La cultura de la supervivencia" en ibid, p.4

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y la Unión Europea. Disturbios, asonadas y manifestaciones de protesta tuvieron lugar en casi todas las provincias de Cuba. El dictador apeló a las brigadas de Respuesta Rápida y algunos contingentes para la represión violenta de la protesta. Al pueblo le disgustó en particular la indiferencia con que el jefe del Estado se refirió a la catástrofe calificando de "bajas" a los muertos y de "mercenario del imperio" al huracán. ¿Qué sucedía entretanto en todos estos años? En la República Socialista de Trabajadores la productividad se desplomó, la industria se fue languideciendo, la agricultura periclitó aún más, los campesinos descuidaron sus cultivos y una inmensa plaga de marabú invadió las tierras cultivables. Uno tras otro los congresos sindicales se ocupaban en vano de combatir la indisciplina laboral, el ausentismo, la alta rotatividad y la sustracción de bienes del Estado. La revolución socialista que tantos elogios suscitaba en la izquierda radical de otros países había creado en Cuba una cultura de apatía, desánimo y resistencia pasiva. Visto con la más rígida objetividad, el régimen de Castro representaba la antítesis de la sociedad comunista soñada por los socialistas utópicos y presentida por Marx y Engels. El caso más significativo es desde luego el de la industria azucarera, antes la primera de Cuba y reducida hoy a los niveles de producción que tenía hace un siglo. El régimen ha experimentado toda clase de recursos pero ni la emulación, ni la normación, ni la planificación, ni el nombramiento de un General del ejército como Ministro del Azúcar han podido superar la decepción, el descontento y la desidia de los trabajadores azucareros. Muchos empleados en el sector agrícola abandonan los campos mientras otros pertenecientes al área industrial disminuyen su rendimiento. En 2005 Castro se refirió a esa debacle diciendo que no le importaba porque esa industria era una actividad de esclavos. Su deficiente condición mental le había al parecer hecho olvidar que fue él mismo el que en 1969 ordenó la frustrada zafra récord de 10 millones de toneladas.

LOS JUICIOS DE ABRIL DE 2003 En el mes de abril de 2003 tuvieron lugar en varias ciudades de Cuba 27 juicios sumarísimos por delitos contra la seguridad del Estado. Aunque son

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incontables los juicios de esa naturaleza que se han celebrado antes en Cuba (a punto tal que la administración de justicia incluye ahora una sala especializada en ese tipo de delitos) éstos de abril de 2003 llamaron particularmente la atención por el rigor excesivo de las penas impuestas, por el prestigio de los inculpados y por haber recordado al mundo el carácter incorregiblemente despótico del régimen de Castro. Al dictador le resultaba, al parecer intolerable que estuvieran adquiriendo auge tres actividades de la oposición que estimaba peligrosas: el periodismo independiente, las bibliotecas independientes o sin censura y la promoción del Proyecto Varela contentivo de una serie más o menos importante de reformas. Echó mano entonces de su Código Penal y de la Ley No. 88 de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba y dispuso el inicio de procedimientos criminales contra los responsables de las tres actividades antes mencionadas.30 Fiscales diligentes se apresuraron a formular cargos contra 75 ciudadanos pacíficos que no tenían antecedentes penales pero que a juicio de los fiscales estaban atentando contra la independencia e integridad territorial del país al ejercer el periodismo, fundar bibliotecas o proponer cambios a partir del articulado de la propia Constitución Socialista. Tribunales populares de nueve provincias y de Nueva Gerona en Isla de Pinos pusieron de lado otros asuntos y siguiendo un procedimiento sumarísimo comenzaron a despachar sentencias condenatorias que para algunos acusados llegaban a 28 años de privación de libertad. Ninguno fue absuelto; en mayor o menor medida todos fueron declarados culpables de participar en un siniestro complot dirigido a socavar las bases del régimen, provocar inestabilidad y destruir las llamadas conquistas sociales de la revolución. ¿Qué pruebas se aportaron para fundamentar tales cargos? Algunos testigos declararon que partidarios del Proyecto Varela habían organizado ayunos y vigilias; otros dijeron que se habían dedicado a solicitar la suscripción de la petición y no faltaron los que hablaron de las actividades proselitistas y culturales que desarrollaba el Movimiento Cristiano de Liberación. Otros aludieron

30 Véase Frank Hernández Trujillo y Juan F. Benemelis, Juicios a opositores pacíficos en Cuba. Terrorismo de Estado (Miami: Grupo de Apoyo a la Democracia, 2004). Esta obra incluye una transcripción de las sentencias dictadas

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a los medicamentos que los acusados recibían para repartirlos entre sus amigos contrarrevolucionarios. Los tribunales tuvieron también en cuenta la gravedad de los documentos ocupados por la policía: folletos con el texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, libros infantiles, manuales de seguridad e higiene, libros y revistas no disponibles en las bibliotecas públicas, textos de historia o geografía, un libro sobre el sistema penitenciario sueco, otro sobre el legado de Martin Luther King, un ejemplar del Diario Las Américas, un folleto sobre Jimmy Carter, un texto sobre la situación del picadillo en Cuba, una cartulina de la Estatua de la Libertad y otros de similar naturaleza. Además de los documentos, las autoridades procedieron a decomisar numerosos objetos que también ejercieron influencia en las decisiones condenatorias. Copio textualmente de una de las sentencias la siguiente lista: un radio receptor, una fotocopiadora, una máquina de escribir, una computadora de fabricación china, un cesto de escritorio, una cámara fotográfica, un cargador de batería, una lámpara de buró, una calculadora, un juego de destornilladores, una presilladora, seis lápices, una goma azul, una plancha eléctrica, un ventilador, una lavadora, frascos de medicina, un paquete de palillos de dientes, tres albums fotográficos, dos banderas cubanas y un busto de Martí, más 315 pesos y tres dólares ocupados en las residencias de siete encausados.31 Transcribo de otra sentencia los principales materiales encontrados en el curso del registro efectuado por las autoridades: una oración a Félix Varela, un botiquín, una máquina de escribir de fabricación brasileña, 44 folletos con el texto de la DU, otro sobre el área de libre comercio, varios frascos de vitaminas, seis tabletas de analgésicos, ocho medicamentos para la digestión, un paquete de laxante, un tubo de crema dental, un frasco de gotas para los ojos, varias pastillas para la diarrea, un sobre con pastillas para los nervios, otro con tabletas antidepresivas, un frasco de vitamina C, cinco termómetros, dos frascos nasales anticongestionantes, un glucómetro y otros muchos artículos similares hallados en las casas de cinco acusados.32

31 32

Sentencia No. 1 de 2003 del Tribunal Popular de Pinar del Río (Sala 4ª. de lo Penal) Sentencia No. 8 de 2003 del Tribunal Provincial Popular de Las Tumas (Sala de lo Penal)

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Todos y cada uno de esos documentos y objetos fueron tenidos en cuenta como piezas de convicción para condenar a los acusados. Con un palillo de dientes, una pasta de dientes y unas cuantas vitaminas los tribunales populares estimaron al parecer posible afectar la integridad territorial de Cuba. Es verdad que para robustecer su decisión los susodichos tribunales tomaron también en consideración la prueba pericial, prueba que adquirió en estos juicios un carácter muy novedoso y singular. Un oficial del ejército dictaminó sobre el empleo de los radios (que eran todos receptores y ninguno transmisor), es decir sobre cómo oír los programas de radio. Un profesor universitario ilustró al tribunal sobre "el sentir verdadero" que a la luz de los textos encontrados tenían los acusados. Otros tres masters de ciencia, informaron al tribunal "de manera didáctica y de fácil acceso" que la bibliografía de la biblioteca independiente examinada tenía una índole sensacionalista y oportunista e incluía textos irrespetuosos de figuras cimeras de la historia como el Che Guevara por lo que debía ser objeto de sanción penal. Asimismo, técnicos del Laboratorio Central de Criminalística examinaron los equipos de facsímile y radio ocupados en el domicilio del Dr. Biscet e informaron que los primeros estaban en buen estado y que con el segundo se podían oír transmisiones desde el exterior: (en Cuba está prohibido poseer radios de onda corta). Fue así, con apoyo en esas pruebas, que se condenó a cubanos de valía a sufrir largas penas de prisión en cárceles alejadas de sus domicilios. No siendo posible mencionarlos todos me limito a citar al médico Oscar Elías Biscet (25 años), al escritor Raúl Rivero (20 años), al economista Oscar Espinosa Chepe (20 años), a la economista Martha Beatriz Roque Cabello (20 años) y al periodista Manuel Vázquez Portal (18 años). Para algunos encausados el fiscal solicitó privación perpetua de libertad. Ningún abogado de la defensa cuestionó la procedencia de los cargos. En el mejor de los casos pidieron una atenuación de las penas. Así funcionan los tribunales populares, así se ejerce el poder público en Cuba y así se ha ido prolongando la dictadura.

CAPÍTULO XII ¿BENEFICIÓ LA REVOLUCIÓN DE CASTRO AL TRABAJADOR CUBANO?

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TRASFONDO HISTÓRICO Cuando al inicio de su gobierno en enero de 1959 Castro comenzó a dar indicios de querer convertirse en gran campeón de la clase trabajadora, muchos fueron los cubanos pensantes sorprendidos. En ningún momento anterior a 1959 Castro había expresado su propósito de instaurar en Cuba una república socialista de trabajadores, ni siquiera había dado muestras de interesarse de modo especial por el bienestar de obreros y campesinos. Ni como activista estudiantil ni tampoco como abogado había mostrado la menor inclinación por defender trabajadores o hacer suyas sus causas. Jamás se involucró en las luchas campesinas, no obstante el conocimiento que debió tener de su justicia como hijo que era de un rico latifundista. Jamás se asoció con grupo sindical alguno dentro o fuera de la CTC. Cuando ingresó en la política lo hizo para denunciar los vicios de la política tradicional y enfrentarse a la dictadura de Batista. Búsquese en sus artículos de la revista Bohemia y el diario La Calle de los años 50 algún indicio de obrerismo, socialismo o adhesión al sindicalismo revolucionario y no se hallará constancia alguna. Su discurso "La historia me absolverá" (1953) contiene una referencia a tres leyes revolucionarias que su movimiento proyectaba promulgar y sólo una de ellas (la participación en las utilidades) concierne a los trabajadores (y nunca fue por cierto adoptada). Lo mismo sucede con la Tesis Económica del 26 de Julio, el Pacto de Caracas y el Manifiesto de la Sierra Maestra, cuyas aisladas referencias a los problemas sociales podían haber sido suscritas por cualquier líder político moderado. Castro desconocía, por otra parte, las necesidades, prioridades y aspiraciones de los obreros y campesinos pues él nunca trabajó ni como asalariado ni por cuenta propia. Antes de la revolución se mantenía gracias a las mesadas que recibía de su padre y de su padrino, el congresista Fidel Pino Santos.1 Cuando se casó con Mirta Díaz Balart (cuyo hermano fue Subsecretario de Gobernación) se sostenían gracias al sueldo que ella percibía por un “empleo de gracia”en ese Ministerio. Su hermano Raúl fue agraciado con una "botella" (sueldo que se recibía sin necesidad de trabajar) en el Ministerio de Agricultura. 1 Véase Fidel y la religión. Conversaciones con el Sacerdote Dominico Frei Betto (Santo Domingo, 1985)

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¿Qué le había hecho pues cambiar su orientación? ¿Por qué se dedicó desde el primer momento a hacer avanzar su proyecto de una república socialista de trabajadores? La respuesta es sencilla: por las grandes posibilidades que a su ambición ofrecía la idea de la dictadura del proletariado. Quien llegaba al poder en medio de un gran vacío político había abrazado el marxismo (según su propia confesión) desde 1953 y había sin duda fortalecido esa creencia a través de sus lecturas durante los 20 meses que pasó en prisión. El jefe guerrillero que aspiraba a ejercer un poder absoluto durante toda su vida encontró que era en el marxismo y en su etapa de la dictadura del proletariado donde podía encontrar el pretexto y la ocasión para hacer efectivos sus propósitos. La clase trabajadora y el sindicalismo serían los medios que iba a utilizar para prolongar indefinidamente los poderes que ya detentaba en 1959. Para ganarse el apoyo de la clase trabajadora iba a emplear a fondo sus aptitudes oratorias, adoptar medidas demagógicas y aplicar su habilidad para fomentar el odio. Desde los primeros días procuró halagar a la clase trabajadora atribuyéndole un gran papel en la lucha contra Batista cuando en realidad esa clase no había tomado partido en la insurrección antibatistiana. Para instrumentar sus planes tuvo necesidad de valerse de la robusta estructura sindical que largos años de movimiento obrero habían erigido y que él habría de dominar llevando a cabo las grandes purgas de 1960. Castro se hizo así líder del obrerismo organizado y adalid de la clase trabajadora porque ello le convenía, no porque fuera un líder natural de los humildes ni porque estuviera sinceramente identificado con sus demandas. Su táctica para granjearse el favor de la clase trabajadora consistió en aprovechar las grandes expectativas del pueblo a la caída de Batista para esbozar un futuro grandioso para obreros y campesinos. Se valió de su carisma e inteligencia y se sirvió de la credulidad de las capas bajas del pueblo para bosquejar planes fabulosos y manipular a los que fueron al comienzo sus más ardientes seguidores. Fue desviando en su provecho el curso de una revolución que en ningún momento antes de 1959 había propuesto cambios en la estructura social.

PROMESAS, RENUNCIAS Y EXHORTACIONES AL SACRIFICIO La manipulación comienza con las promesas hechas al comienzo de la revolución. Aunque en 1959 Castro las distribuyó al por mayor para todos los sec-

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tores de la población, aquellas dirigidas a los trabajadores fueron particularmente atractivas: nivel de vida más alto que el de los EE.UU, conversión de Cuba en el país más próspero de la Tierra, fin del desempleo, una casa y un teléfono para cada trabajador, transformación de la Ciénaga de Zapata en el Granero Nacional, utilización de los detritos de murciélagos como fertilizante, mil nuevas poblaciones en cinco años, devolución con intereses compuestos de la contribución del 4 por ciento para la industrialización que los trabajadores comenzaron a hacer en 1960, asignación de 500 millones de dólares para conferir aumentos a los trabajadores agrícolas y absoluta libertad sindical. Ni una sola de estas promesas llegó a hacerse realidad. Cuba no se convirtió en el país más próspero de la Tierra sino en uno de los más pobres; tampoco sobrepasó a los EE.UU en su nivel de vida sino que se situó muy por debajo del estado más pobre de la Unión. A los trabajadores nunca se les devolvió la contribución del 4 por ciento ni llegaron a percibir un solo centavo del interés prometido a pesar del anuncio que en tal sentido Castro hiciera el 16 de diciembre de 1959. Lejos de recibir los 500 millones de dólares prometidos, los trabajadores agrícolas vieron sus salarios descender por debajo de los vigentes antes de 1959. La Ciénaga de Zapata nunca fue drenada, nada se hizo con los detritos de murciélagos y fueron sólo algunos de los más adictos al régimen los que obtuvieron la casa prometida. Castro continuó, no obstante, haciendo uso de su capacidad para la fabulación y el engaño. Cada cierto tiempo volvía a alimentar la imaginación de sus seguidores ponderando sus imaginarios o frustrados proyectos mencionados en capítulos anteriores. Siguió aprovechando su carisma y la mezcla de masoquismo e ingenuidad de las masas para adelantar sus objetivos. Ya el 4 de enero de 1960 puso fin a la libertad de contratación entre patronos y trabajadores y dispuso que en caso de excedencia el personal tenía que ser solicitado al Ministerio del Trabajo; hacia el fin de ese año quedó virtualmente anulado el proceso de negociación colectiva. Y al calor de sus promesas el XI Congreso de la CTC acordó en 1961 la renuncia de una buena parte de los derechos y beneficios alcanzados a lo largo de muchos años de luchas obreras. En nombre de la revolución se reducía el costo social del trabajo mediante la "espontánea" renuncia de derechos que eran inalienables.

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Cuando años después, gracias a los subsidios soviéticos, se crearon nuevas industrias pretendió haber alcanzado el pleno empleo. Sin embargo, en el período de rectificación de errores y tendencias negativas, se supo que sus índices de ocupación obedecían al empleo de personal superfluo. Terminados los subsidios, se sumieron en el paro muchos miles de trabajadores. Antes y después de la desintegración del campo soviético estableció escalas austeras de salarios y prefirió el uso de los incentivos morales. En 1967 llegó a decir que a su juicio los estímulos materiales eran incompatibles con el socialismo. En ningún momento se ha mostrado dispuesto a corregir las violaciones de los derechos humanos y laborales que se discuten en este capítulo. No es sólo aquí la DU (que dedica cuatro artículos a los derechos laborales)2 lo que estaba en juego, sino también la Declaración de los Derechos Fundamentales en el Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptada en 1998 y toda la gama de normas internacionales del trabajo adoptada por esa organización. Respecto a todas ellas la óptica de Castro ha sido la de cumplir sólo con las disposiciones que no interfieran con sus planes.

EL GRAN RETO DEL MOVIMIENTO SINDICAL El reto mayor que hasta hoy ha enfrentado la dictadura ocurrió en los inicios de la revolución. Un movimiento sindical libremente elegido tras ser depurado por la dirigencia revolucionaria, rechazó las presiones de Castro dirigidas a incluir la minoría comunista en la dirección de la CTC. El X Congreso de esa central celebrado en noviembre de 1959 contempló el espectáculo insólito del abucheo y repudio del Líder Máximo que insistía en sus manejos favorables a la vieja guardia del Partido Socialista Popular.3 Vino enseguida un proceso de purgas dirigido a expulsar a cuantos disidentes sindicales independientes o anticomunistas se habían significado en el X Congreso. Decapitado de su liderazgo, el sindicalismo perdió su naturaleza propia y pasó a convertirse en una sumisa organización de masas. La clase obrera cubana siguió así el triste camino que parecía reservarle el destino. La historia de los regímenes 2 Artículos 22, 23, 24 y 25 3 Puede verse una exposición

detallada de lo ocurrido en el X Congreso de la CTC en Efrén Córdova, Castro and the Cuban LaborMovement (Lanham: University Press of América, 1987), capítulo VI

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totalitarios muestra que no es tan difícil manipularla. Hitler la alineó en el Frente del Trabajo, Musolini la anestesió con el corporativismo de igual manera que Franco con los sindicatos verticales y Stalin la explotó con el stajanovismo y los incentivos morales. Castro sabía de esos ejemplos y la ha sabido manejar a su antojo diciéndole que gozaban ya del poder y que le aguardaba un futuro grandioso aunque lo primero no ha sido nunca cierto y lo segundo jamás se hizo realidad. En el interín la ha expoliado a su antojo privándole de paso de derechos fundamentales proclamados por las NU y la OIT. A la dirigencia sindical de 1959 le cabe el honor de haber mostrado la clarividencia y el coraje que estuvo ausente en otros sectores. Surgieron otros muchos obstáculos pero el totalitarismo siguió poniendo de relieve cuan fuerte era su aleación y su jefe haciendo gala de su poder de persuasión y opresión. El tiempo fue poniendo al descubierto su doble condición de ser por un lado un líder al parecer inteligente y carismático y por otro un dictador duro e implacable, lo que lejos de poner trabas a su ejecutoria fortalecería su contribución a la durabilidad del régimen.

CAMBIOS EN LAS RELACIONES CON LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO Antes de la instauración del régimen castrocomunista no fueron muchos los señalamientos de infracciones (observaciones en el lenguaje diplomático) que los órganos supervisores de la OIT dirigieron al gobierno de Cuba.4 Esta parquedad relativa de la función de control de normas de la OIT en relación con Cuba experimentó un cambio sustancial a partir de 1960. Si hasta entonces el sistema político que existía se orientaba a pesar de sus defectos hacia la protección del individuo trabajador y el respeto al pluralismo sindical, el nuevo régimen de base colectivista y totalitaria que Castro impuso aprovechando el vacío político creado por la huida de Batista, iba a encaminar su ordenamiento laboral en un sentido muy distinto.

4

Véase E. A. Landy, The Effectiveness of International Standards (London: Stevens, 1966), pp. 98, 250, 251 y 253

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En la confrontación que inevitablemente iba a producirse entre el Gobierno de Cuba y la normativa internacional ha intervenido el control general de la OIT y ha habido reclamaciones de organizaciones de trabajadores. Al lado de esos dos procedimientos se han presentado también múltiples denuncias ante el Comité de Libertad Sindical. La primera denuncia sobre violación de la libertad sindical (Convenio 87 de 1948) fue formulada por el Partido COPEI de Venezuela en noviembre de 1960 y seguida al año siguiente por otra firmada por la Federación de Trabajadores de la Electricidad, Gas y Agua en el Exilio. Aunque esta última queja se refería al antes citado fusilamiento de tres sindicalistas (Guillermo Le Santé, Julio Casiellas y Orlirio Menéndez) y a la detención ilegal de otros muchos, sus planteamientos tocaban asimismo al problema de la independencia del movimiento obrero y sus posibilidades de subsistir frente a un Estado totalitario. Impuesta la OIT de esa grave denuncia solicitó de inmediato del gobierno de Cuba que le remitiera el texto de la sentencia que condenó a muerte a los tres sindicalistas, petición que fue ignorada por Castro; siguieron once recordatorios del Comité de Libertad Sindical que quedaron igualmente sin respuesta. Fue una primera demostración de la política evasiva que el gobierno revolucionario estaba dispuesto a seguir en los organismos internacionales. A la evasión siguieron las violaciones flagrantes y las argucias dirigidas a frustrar los propósitos de la OIT. A medida que fueron apareciendo las medidas revolucionarias inspiradas en la doctrina marxista y matizadas por el autoritarismo de Castro, era inevitable que cambiara de sesgo la acción supervisora y comenzaran a multiplicarse las observaciones. No las hubo en los tres primeros años porque el régimen de Castro, ocupado en desmantelar el aparato sindical preexistente e imponer el sistema comunista, ni siquiera se molestó en cumplir con la obligación de enviar un informe anual sobre la aplicación de los convenios ratificados. El vacío de esos años lo llena en el orden internacional la Comisión Internacional de Juristas, organización con sede en Ginebra que emitió un informe demoledor sobre la violación de los derechos sindicales en Cuba.5

5 Cuba and the Rule of Law, International Commission of Jurists (Ginebra: H. Studer, 1961), pp. 232 y 233

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Pasado el forzado silencio de los primeros años, la OIT pronto advirtió el carácter totalitario del nuevo régimen y empezó a tomar nota de su incompatibilidad con las normas internacionales del trabajo. En los 40 años transcurridos entre 1960 y 2000, solo la Comisión de Expertos en la Aplicación de Convenios y Recomendaciones (CEACR) ha formulado un total de 191 observaciones equivalentes a otras tantas violaciones de convenios ratificados por Cuba. Esa cifra, que probablemente constituye un récord, se fue integrando por decenios de la siguiente manera: VIOLACIONES DE CONVENIOS RATIFICADOS COMETIDAS POR EL GOBIERNO DE CUBA Años

1960-1965 1965-19701970-19801980-19901990-2000 Total

No hubo 26 85 41 39 191 informes Fuente: Informes de la Comisión de Expertos en la Aplicación de Convenios y Recomendaciones (CEACR)

Observaciones

Entre el 2000 y el 2004 la Comisión de Expertos presentó observaciones sobre trece convenimos y formuló solicitudes directas con respecto a más de 20. Tantas observaciones (204) y solicitudes directas revelan prácticas viciosas, las cuales siguen siempre en pie independientemente de lo que diga la OIT. En un libro publicado en 1992, el autor de esta obra denunciaba la infracción continuada de las normas internacionales y señalaba que muchas observaciones tocaban a la aplicación de los convenios fundamentales (1, 87, 105, 111, 122).6 Cronológicamente las violaciones de convenios internacionales cubren casi todo el período de la revolución. Cuantitativamente, 36 de los 72 convenios en vigor en Cuba han sido objeto de observaciones o solicitudes directas. Cualitativamente, se trata de normas de orden público internacional que deberían merecer mayor respeto por parte de una titulada República Socialista de Trabajadores.

6 Efrén Córdova, El mundo del trabajo en Cuba socialista (Caracas: Fondo Latinoamericano de Ediciones Sociales, 1992), p. 377

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A medida que los órganos de la OIT, y en especial el Comité de Libertad Sindical fueron exponiendo ante el mundo la verdad del ordenamiento laboral cubano, fue creciendo la hostilidad del régimen a esa organización. Los ataques llegaron a su clímax en 2004 cuando los representantes de Castro tacharon al Comité de extralimitarse en sus funciones, de cometer falsedades, de actuar con claros intereses políticos, de formular demandas descabelladas y políticamente espurias y de haber enlodado y desprestigiado a la OIT. A esta serie de acusaciones el CLS respondió subrayando primero la falta de cooperación del Gobierno de Castro incluyendo su renuencia a enviar las sentencias condenatorias de los sindicalistas independientes. Acto seguido el Comité le hizo saber al régimen "que sus decisiones son las decisiones de un órgano tripartito imparcial y especializado con más de 50 años de experiencia y que en el presente caso -como en todos los demás- había adoptado sus conclusiones por consenso".7 Le recordó asimismo que sus principios "han adquirido una autoridad ampliamente reconocida en el mundo tanto en las diferentes instancias internacionales como en un número considerable de países.8 Así se ha ido apartando del resto de la membresía el país que en 1917 formó parte del grupo de ocho naciones que había redactado la Constitución de la OIT y había sido sede de dos conferencias de países de América miembros de la OIT.

VIOLACIÓN DE DERECHOS FUNDAMENTALES UNA POLÍTICA LABORAL EXTORSIVA El título puede parecer exagerado pero es el único que resume adecuadamente la política laboral del régimen. Todos y cada uno de los derechos fundamentales en el trabajo proclamados por la OIT en 1998 han sido en efecto vulnerados de manera sistemática por la dictadura. Esta situación afecta a la inmensa mayoría de los 3.250.000 trabajadores automáticamente sindicalizados en

7 8

Párrafo 444 del Informe 334 del CLS Ibid

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las 101.700 secciones sindicales de base existentes en el país y en sus 19 sindicatos nacionales. En vez de eliminar, por ejemplo, el trabajo forzoso ha habido una multiplicidad de modalidades de ese trabajo. Dos de ellas (la que se aplica a los presos políticos y el trabajo pseudo-voluntario) aparecen ya en el primer año de la revolución y fueron seguidas por las que en otro lugar he denominado formas veladas y abiertas de trabajo forzoso.9 Cabe citar en la primera categoría el que se impone a los escolares, el trabajo no retribuido en horas extraordinarias y períodos de vacaciones, el trabajo no retribuido en beneficio de la sociedad, la guardia obrera y el trabajo en exceso de la jornada normal que se ejecuta en las unidades paramilitares. En el trabajo pseudo-voluntario predominan sus aspectos coercitivos y en las grandes movilizaciones el hombre se rebaja a la categoría de un guarismo y la multitud se hace rebaño. Todavía en el 2005, 150.000 trabajadores de Santiago de Cuba participaron en el trabajo voluntario del Domingo 21 de noviembre. Las formas abiertas incluyen el trabajo de los reclutas y el que realiza el Ejército Juvenil del Trabajo, el trabajo que se impone a los que incumplen las obligaciones de su cargo, la Ley contra la Vagancia, el trabajo forzoso como precio de la emigración y el trabajo para la recaudación de impuestos directos. Todas estas labores se imponen en forma dura e inflexible. En el caso de la extinta UMAP el trabajo forzoso entrañó la muerte de 72 personas. El derecho a la negociación colectiva no existe en Cuba pues los salarios y las principales condiciones de trabajo son fijados por el Estado. Éste se encarga también de regular esas modalidades de la ejecución del trabajo que son la normación y la emulación socialista. No habiendo margen para el mejoramiento de los derechos del trabajador el régimen creó los llamados compromisos colectivos que en lugar de consagrar beneficios ponen el acento en especificar los deberes relacionados con el cumplimiento de las metas de producción asignadas a cada colectivo obrero. De esa manera una institución concebida para el mejoramiento de la clase obrera se fue transformando por la revolución en un medio de obtener mayores esfuerzos de los trabajadores.

9

El trabajo forzoso en Cuba (Miami: Universal 2001), caps. XI y XII

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Aun suponiendo que algunos de los 10.000 convenios colectivos que se dice están en vigor contengan alguna o algunas cláusulas de beneficio para el trabajador es obvio que el proceso de negociación no es ni libre ni voluntario. Para iniciar, en efecto, las discusiones de los trabajadores con la administración de la empresa los primeros tienen que ajustarse a la metodología establecida a tal fin por la Central de Trabajadores,10 exigencia que en la práctica se traduce en llenar un modelo. Cumplido ese trámite la ley establece la obligación de las partes de solicitar la aprobación de la Oficina Nacional de Inspección del Trabajo. Y si por casualidad surgieren discrepancias entre las partes el asunto se somete al arbitraje de esa misma Oficina con la participación de la CTC.11 La última palabra la tienen pues el gobierno y su apéndice, la CTC. Apenas resulta necesario decir que no se reconoce el derecho de huelga; cualquier acción concertada dirigida a producir una cesación colectiva del trabajo sería tratada como un acto criminal susceptible de penalizarse con severas sanciones. En 2004 el régimen se atrevió a cuestionar ante el CLS la existencia en la normativa internacional del derecho de huelga y acusó a dicho órgano de la OIT de pretender imponer obligaciones a los Estados Miembros que no se encuentran expresamente consignadas en los convenios. El gran campeón de los humildes mostraba así su menosprecio por ese derecho primordial de los trabajadores de igual manera que antes había hecho el elogio de las jornadas de 16 horas, les había sustraído el importe de sus vacaciones y se había apoderado de la plusvalía generada por el trabajo. En lo que hace a la abolición del trabajo infantil el régimen de Castro siguió el ejemplo de otros regímenes totalitarios que convirtieron al menor en objeto de adoctrinamiento, militarización y trabajos obligatorios. Lo que en la Unión Soviética fueron los Octubristas, los Pioneros y los Komsomols, en la Alemania Nazi la Juventud Hitleriana y la Nueva Promoción y en la Italia fascista los Figli della Lupa, los Balillas y la Gioventu Italiana dell Littoria tuvieron en Cuba sus equivalentes en los Pioneros, la UJC, el Ejército Juvenil del

10 Decreto Ley No. 229 de 1º de abril de 11 Párrafo 453 del Informe 334 del CLS

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Trabajo y las Brigadas Estudiantiles de Trabajo. Cada una de estas organizaciones elevó al summun el adoctrinamiento e impuso sin contemplaciones el deber de trabajar a menores y adolescentes. En el verano del 2004 un millón de escolares fueron movilizados para trabajar en la reparación de escuelas y hospitales y otros miles en la recogida del café.12 Graves contratiempos aguardan a los padres que rehúsen permitir que sus hijos sean pioneros o realicen actividades productivas. De nada les valdría invocar la Convención de las NU sobre los Derechos del Niño, cuyos artículos 30 a 32 garantizan el derecho del niño a vivir en una sociedad libre, al descanso y la recreación y a ser protegido contra su explotación económica o la ejecución de trabajos que interfieran con su desarrollo físico, espiritual, moral o social. Un artículo de la Constitución Socialista (el 39, c) dice que es política del Estado combinar la educación con el trabajo, otro hace del trabajo un deber (el 45) y un tercero señala que es obligación de cada uno "acatar la disciplina del trabajo" (artículo 64). De esta posible contraposición de derechos y deberes del niño no se ha hasta ahora ocupado la OIT y mucho menos lo hará probablemente de las adolescentes ("jineteras") que se prostituyen en los hoteles con el beneplácito de un gobierno que promueve el turismo sexual, no obstante hallarse éste catalogado entre las peores formas de trabajo infantil por el Convenio 182. De algunas de estas situaciones se ocupó, sin embargo, la denuncia formulada por la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres en 1991 y que se transcribe a continuación: La organización indica que numerosos jóvenes son obligados a trabajar regular y masivamente con fines de desarrollo económico. Se refiere al trabajo obligatorio impuesto a numerosos jóvenes de 15 a 18 años en el marco de las escuelas secundarias rurales y a título de ejemplo cita un Programa de Estudio, instituido en 1989 para suministrar mano de obra al Programa de expansión de la producción de frutas para la exportación en el cual fueron movilizados 20.000 estudiantes menores.

12

Granma, 17 de octubre del 2004, p. 3

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Sobre la discriminación en el empleo puede decirse que el régimen la aplica abiertamente y sin tapujos contra adversarios de todo tipo. Los casos examinados por la OIT conciernen al acceso a la formación, al ingreso al trabajo, al control de ciertos cargos de la administración del Estado por el Partido Comunista, al despido de profesores universitarios por haber expresado sus opiniones políticas, a la evaluación de los resultados del trabajo de los periodistas y a la rehabilitación de los trabajadores separados de sus cargos. En todos estos casos se traslucía el propósito del régimen de premiar a sus incondicionales y castigar a sus opositores por medio de una abierta o solapada manipulación de las oportunidades de educación y trabajo. La OIT se ha opuesto a estas maniobras, unas veces censurándolas abiertamente, otras advirtiendo su incompatibilidad con el Convenio 111, otras limitándose a tomar nota de promesas y declaraciones que en muchos casos eran simples tácticas dilatorias. Siempre procuró mantener en alto el principio de igualdad de oportunidades y de trato en la formación profesional, la ocupación y las condiciones de empleo, independientemente de la postura política del interesado. En varias ocasiones, la Comisión de Expertos ha señalado que la inclusión en el expediente laboral de una referencia a la "actitud revolucionaria" o al "espíritu de colectivismo" del trabajador "es impropia" y podía dar lugar a prácticas discriminatorias. El tema de la ausencia de libertad sindical ha dado lugar a innumerables objeciones por parte de la OIT. Dichas objeciones se remontan al año 1960 y provienen de los dos órganos encargados de supervisar ese tipo de infracciones: el Comité de Libertad Sindical y la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones. Mas a pesar de las observaciones y exhortaciones de esos órganos la negación de ese derecho fundamental sigue en pie. En 2003 un informe preparado por el dirigente sindical Joel Brito Delgado muestra el siguiente cuadro de las violaciones cometidas en los tres años anteriores. • 35 acciones de abuso, golpizas y negación de prestación de servicios médicos contra sindicalistas independientes encarcelados. • 105 acciones de amenazas, detenciones y negación de empleo a sindicalistas independientes. • 318 trabajadores de diferentes sectores de la economía que han sido expulsados por sus opiniones políticas, su enfrentamiento a la

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administración o al partido comunista o por su raza. • 92 acciones reportadas de represalias contra trabajadores por cuenta propia. • 114 acciones de la policía política en la intercepción y desconexión de llamadas telefónicas, violación y decomiso de correspondencia, así como de literatura sobre el tema sindical y laboral. • Decomiso por la Aduana General de la República de 689 ejemplares de la Revista LUX, en los aeropuertos internacionales de Ciudad de la Habana y Santiago de Cuba. • Incautación de 60 Manuales para la Defensa de la Libertad Sindical, enviados al Centro Nacional de Capacitación Sindical y Laboral. Si no se permiten los sindicatos independientes ¿qué puede decirse de la actual Central de Trabajadores? Catalogada en los textos oficiales como simple organización de masas, la CTC es hoy un ente amorfo y burocrático que carece del espíritu y la militancia que en otras partes caracterizan al sindicalismo. No teniendo que organizar, ni afiliar, ni negociar, ni reivindicar, ni presionar, la CTC sería al presente una especie de cascarón vacío si no fuera por sus funciones de diseminar la doctrina oficial, disciplinar la fuerza de trabajo e incorporar sus miembros a las tareas de producción. Obligada a seguir ciegamente las indicaciones del Máximo Líder, la central de trabajadores se ha ido convirtiendo en un instrumento político subordinado al PCC13 y llamado a ejercer también las subalternas tareas de ayudar en la organización de desfiles, suministrar muchedumbres, cobrar cuotas y encargarse de ciertas inspecciones. Todo ello es ajeno al derecho a fundar sindicatos, concebidos en el Convenio 87 y la Declaración Universal como órganos dedicados a la defensa de los intereses de sus miembros. Del grado de descomposición social que hoy caracteriza a la CTC dan fe su mansedumbre ante las empresas extranjeras (jabas de alimentos y propinas en vez de reivindicaciones), la existencia de cuadros sindicales que se desdoblan en agentes de la SE u oficiales del ejército,14 la perpetuación en el mando de

13 CIT, 92 reunión, Aplicación de normas internacionales del trabajo, ( I ), pp. 14 Incluyendo al mayor Ernesto Freire, miembro del Secretariado Nacional de

71 y 72 la CTC

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quien como Pedro Ros Leal carecía de antecedentes sindicales y la disposición de los delegados a vestirse de milicianos cuando así lo ordena Castro. Con encomiable persistencia, la CIOSL presentó en abril del 2003 otra reclamación contra el Gobierno de Castro por la continuada violación del Convenio 87. Dicha reclamación ofrecía detalles de las detenciones, despidos y hostigamientos de que son víctimas los trabajadores que intentan constituir sindicatos independientes. Su gestión fue infructuosa pero al año siguiente la CIOSL volvió a la carga acompañada de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) apoyada a su vez por la Confederación Mundial de Trabajadores (CMT). Esta vez los alegatos de los querellantes comprendían otra amplia gama de violaciones graves empezando por la prohibición de sindicatos independientes y la condena de siete sindicalistas a penas de hasta 26 años de privación de libertad. El régimen respondió a la queja utilizando su gastado estribillo de no tratarse de sindicalistas sino de mercenarios al servicio de una potencia extranjera. El Comité calificó de demasiado vagos o generales los cargos formulados por el gobierno y lamentó que hubiera desatendido su petición de que se le enviaran las sentencias condenatorias. El Gobierno de Cuba alegó también que la cuestión de la libertad sindical estaba siendo considerada por la Comisión encargada de revisar el Código del Trabajo a lo que pudiera ripostarse que ese mismo alegato se había invocado en ocho oportunidades anteriores. En relación con una de las organizaciones independientes que aspiran a ser reconocidas oficialmente (la CUTC) el Comité señaló que los documentos aportados por el gobierno "no permiten descartar que la CUTC sea una organización sindical y sus dirigentes auténticos dirigentes sindicales, aunque no compartan el sistema económico y social del país y quieran transformarlo".15 Es importante destacar el hecho de que el régimen de Castro en una demostración más de soberbia se niega a aceptar las misiones de contactos directos que la OIT ofrece a sus Estados Miembros para concordar sus legislaciones con los

15

Caso número 2258, informe no. 334 del Comité de Libertad Sindical, inciso 439

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convenios ratificados. Y es asimismo curioso que en su respuesta a las denuncias presentadas el régimen llegue a admitir que no solamente se niega a reconocer los sindicatos independientes sino que los rodea de un ambiente hostil y llegue hasta a infiltrar en ellos a agentes de la Seguridad del Estado.

JORNADAS EXTENUANTES Y VACACIONES ILUSORIAS Al margen de los derechos fundamentales, el resto del cuadro laboral es igualmente desolador. Es frecuente imponer jornadas de hasta 14 horas diarias como por ejemplo en el sector del café en 1990 o en el de la construcción en 1991. Tales prolongaciones son contrarias a la ley y la Constitución, pero es claro que por encima de ellas está la voluntad del dictador. Hablando ante el IV Congreso del Partido Comunista, Castro mostró su complacencia por las jornadas de 12, 13 y 14 horas al día que se laboraban en algunos colectivos y ante el XVI Congreso de la CTC fustigó a los que decían que las jornadas de 16 horas al día podían ser dañinas a la salud.16 Es así como Castro convirtió a Cuba en el máximo violador del Convenio 1, símbolo histórico de las conquistas obreras y asimismo del precepto de la DU que habla del disfrute del tiempo libre y de la limitación de la duración del trabajo. Las exhortaciones que el Comandante en Jefe dirige a los cubanos para que aumenten sus horas de labor se hicieron más explícitas con respecto a la industria azucarera, sobre todo en tiempo de zafra. Año tras año los periódicos, el radio y la televisión difundían las palabras de Castro en favor de jornadas extraordinarias y sacrificios crecientes. Se trataba de preservar el volumen de divisas que esa industria proporcionaba, así como su posición dominante en los mercados mundiales. Todo fue en vano. De los 161 ingenios que existían antes de la revolución únicamente 56 pudieron moler en 2005 y su producción fue una de las más bajas de la historia, aproximadamente la misma que la de 1907. Aun retocadas para paliar la magnitud del desastre, las siguientes cifras muestran el declive de la producción azucarera de los últimos años:

16 Véase el discurso de Castro en XVI Congreso de la CTC, Memorias (La Habana: Editorial Orbe, 1990), p. 21

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VOLUMEN DE ZAFRAS (EN MILLONES DE TONELADAS ESPAÑOLAS) 1952¹ 1958¹ 1995/96² 1996/97² 97/98² 98/99² 99/00¹ 00/01² 01/02² 7,01 5,61 4,13 3,89 3,28 3,40 3,63 3,21 3,46 _____________________________________________________________ ¹ Anuario Azucarero de Cuba (1959) ² Anuario de Estadísticas de Cuba (2003) Es asimismo común la práctica de instar a los trabajadores a que renuncien a sus vacaciones o permitir que el descanso sea sustituido por una liquidación en efectivo. Tales prácticas, consagradas explícitamente en el Código del Trabajo, violan el Convenio No. 52 sobre vacaciones pagadas y el artículo 24 de la DU; ellas privan al trabajador de su irrenunciable derecho a disfrutar de un descanso real y efectivo. Conviene recordar que en 1979 el XIV Congreso de la CTC puso de relieve que se debían por ese concepto 110 millones de pesos, cantidad que en la actualidad sería inconmesurablemente superior. Más tarde, en el 2003, la propia CEACR tomó nota de que durante varios años el Comité Estatal de Trabajo y Seguridad Social no había ejercido su función de, excepcionalmente, autorizar la sustitución de las vacaciones por una remuneración suplementaria con el consentimiento del trabajador y por motivos de producción de bienes o para proporcionar servicios en ramas, actividades o lugares de trabajo específicos.17 Es decir, que el gobierno tenía la facultad para anular el derecho de los trabajadores a disfrutar del descanso físico inherente a las vacaciones retribuidas mediante resolución fundada del Ministerio del Trabajo pero, recordando que en Cuba no hay un Estado de Derecho, procedió a hacer ilusorio ese derecho cuantas veces lo tuvo a bien sin molestarse en ordenar que el ministro justificara la excepción.

17

CIT, 91ª reunión , op. cit., p. 445

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EL DESCENSO DE LA PRODUCTIVIDAD Y LA MILITARIZACIÓN DEL TRABAJO Entre abusos e incumplimientos la política laboral de Castro ha dado lugar a un serio descenso de la productividad, fenómeno que fue primero advertido por Ernesto Guevara en 1961 cuando siendo Ministro de Industria giró visita de inspección a varias fábricas y comprobó cuan alta era la tasa de ausentismo.18 El incumplimiento se convirtió pronto en fenómeno generalizado e incorregible. Bastaría leer las actas de los congresos sindicales que invariablemente discuten el problema de la rotatividad, el ausentismo y la indisciplina en el trabajo. En los seis primeros meses de aplicación de la ley de Justicia Laboral de 1992, más de 22.000 trabajadores fueron sancionados.19 Es una constante del régimen socialista cubano que se destaca por sus bajos rendimientos y altas tasas de ausentismo y rotatividad. El XV Congreso de la CTC dejó constancia de haberse detectado más de dos millones de violaciones de la disciplina laboral.20 Esa elevada incidencia pone de manifiesto que algo contrario a los derechos fundamentales del trabajador ha estado ocurriendo en Cuba. Es de reconocer, sin embargo, que la táctica de odio/halago fomentada por la revolución castrista había producido una profunda división en la clase trabajadora. Mientras algunos trabajadores incendiaban cañaverales y realizaban diversos actos de sabotaje, otros muchos obreros fanatizados llevaban a cabo proezas laborales sobre todo en los primeros años de la revolución cuando el fervor era grande y la creencia en las promesas de Castro no tenía límites. Mas a largo plazo el número de esos fanáticos fue decreciendo y muchos se hicieron apáticos. En 1970 existían 26 medallas y órdenes diferentes que premiaban a centenares de trabajadores; en 1998 el número de vanguardias y héroes del trabajo llegó a 88; el 1º de mayo de 2004 ocho cubanos recibieron el título de héroes y heroínas del trabajo, a 35 trabajadores se les otorgó la Orden de Lázaro Peña y a 13 la medalla Jesús Menéndez. La gran masa innominada de obreros y campesinos había perdido interés y trabajaba en rigor tres o cuatro

18 Véase Ricardo Rojo, Mi amigo el Che (Buenos Aires: Jorge Alvares S.A., 1968), p. 117 19 Véase E. Córdova, "Régimen laboral" en 40 años de revolución, op. cit., p. 166 20 Informe Central al XV Congreso presentado por el Secretario General de la CTC, p. 71

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horas al día. "Nosotros pretendemos trabajar y ellos pretenden pagarnos" es una broma a menudo escuchada en Cuba. Esa decadencia del trabajo genuinamente voluntario fue contrarrestada hace ya muchos años por medio de una forma de militarización del trabajo que es el sistema de brigadas y contingentes. El enganche en un contingente es voluntario pero una vez dentro el trabajador está obligado a permanecer en él por un período de cinco años. Catalogados por el régimen como una forma superior de organización y trabajo que reemplaza a la empresa como unidad básica de producción, los contingentes imponen condiciones de trabajo particularmente gravosas incluyendo 12 horas de labor diaria. Uno de ellos, el Contingente Blas Roca se hizo particularmente famoso por su tamaño (más de siete mil trabajadores) y por su utilización como tropa de choque en el terreno político. Aunque su número ha declinado, los contingentes llegaron a agrupar más de 100.000 trabajadores en todo el país. Todavía en el 2004 el Contingente Héroes de Playa Girón construyó el hotel Gran Lido de Varadero (434 habitaciones) para la empresa Gaviota en tanto que otro contingente formado para la roturación de tierras laboraba 12 horas y se alojaba en campamentos improvisados.21

LAS DEFICIENCIAS DE LA POLÍTICA SALARIAL Los sacrificios impuestos a los trabajadores en materia de horas de trabajo fueron acompañados por otros relativos a la remuneración. Invocando la concepción marxista del salario social, el régimen procedió en 1963 a fijar una tarifa única de salarios que quiso ser austera y rígidamente igualitaria. Los parámetros eran tan estrechos que dieron lugar a dos consecuencias inmediatas: 1) un achatamiento pronunciado de la pirámide salarial con efectos negativos sobre la productividad; y 2) el reconocimiento de los salarios históricos, es decir del derecho que asistía a muchos trabajadores de seguir percibiendo los salarios más elevados que devengaban antes de 1959. Sin embargo, con el transcurso de los años estos últimos desaparecieron y asimismo dejó de existir el sistema

21

Granma, 25 de octubre de 2004, p. 2

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único y en su lugar aparecieron varias escalas y sub-escalas para cada una de las cuales se previeron diversos niveles siempre exiguos. La política salarial siguió, no obstante, orientándose hacia la más rigurosa austeridad. Aduciendo la existencia de alimentos subsidiados y la gratuidad del cuidado de la salud, las escalas retributivas se mantuvieron en el grado más bajo, tan bajo que en ningún momento pudo hablarse de un salario mínimo vital al menos para los trabajadores no calificados. Las que pudieran considerarse escalas mínimas en vigor para ocupaciones modestas venían siendo diez o doce veces más bajas que los mínimos que se pagan en los países más pobres de AL. Y téngase en cuenta que según comprobó el Relator Especial de la CDH en 1996 los abastecimientos de la famosa libreta apenas alcanzan para ocho o diez días al mes. En 2005 el régimen en un supremo esfuerzo de generosidad decidió elevar el salario mínimo a 225 pesos cubanos (nueve dólares al mes) y a fin de fortalecer el salario social Castro dedicó varias horas de un programa televisivo a hablar de las ollas arroceras. El nuevo mínimo comprendería a 1.2 millones de cubanos, es decir que alrededor de un tercio de la fuerza de trabajo percibe solo el salario mínimo luego de 47 años de revolución. ¿Qué sucede entonces con los salarios que por encima de los mínimos prevalecen en el país? Según datos oficiales, el salario medio mensual del trabajador cubano ha sido en el período 1992-2002 el siguiente (en pesos cubanos): ______________________________________________________________ Año 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 Monto

182

182 185 194 202 206 206 222 234 Fuente:Anuario Estadístico de Cuba (2003)

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Al cambio de 26 pesos por un dólar los obreros y campesinos de Cuba estaban percibiendo en esos años el equivalente a nueve o diez dólares al mes. Los salarios más altos se pagaban en el sector de la construcción (274 pesos) y sobretodo en el aparato de seguridad (800 pesos). Para los cargos técnicos la escala salarial llegaba en 1998 a 325 pesos. Hay que añadir que los trabajadores tienen la obligación de pagar la cuota sindical y la contribución para el sostenimiento de las Milicias de Tropas Territoriales. En 1997 el Informe del Relator Especial sobre los derechos humanos en Cuba corroboraba los datos anteriores hablando de los "bajísimos salarios en prácti-

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

camente todos lo sectores de la economía, que obliga a muchos trabajadores, incluso los bien calificados, a abandonar su empleo regular y a buscar su medio de vida en el sector informal o en aquellos empleos por cuenta propia que están autorizados" o "a dedicarse a actividades ilegales". No en vano el trabajador cubano ha sido calificado como el más explotado y manipulado del mundo.22 En estos últimos años la evolución de los salarios ha experimentado un alza sobre todo con respecto a policías, administradores, ingenieros y técnicos de nivel superior en sectores priorizados. Dos observaciones pueden hacerse con respecto a esos aumentos: 1) El incremento visible en los salarios promedios ha sido acompañado de una fuerte subida de los precios, tan pronunciada que la libra de frijoles cuesta ahora $0.35, la de pan $0.39, la de azúcar $0.47 y el galón de leche $4.55; y 2) El régimen se ha visto forzado a quebrantar el principio de igualdad que inspiró las primeras regulaciones salariales: hoy los trabajadores de algunos sectores priorizados ganan mucho más que otros. Los elementos afines a la dictadura de Castro arguyen que la situación económica del país afectado por el embargo de los EE.UU no permite el abono de salarios más elevados. Olvidan que el fementido embargo de un país no impide el comercio con los demás países del mundo y que en el año 2002 Cuba tenía relaciones de colaboración económica con 163 países, y el total de las inversiones ascendía a unos seis mil millones de dólares.23 Aún más, el Gobierno de Castro entabló negociaciones con unas 150 empresas de EE.UU que entre 2001 y 2004 enviaron a Cuba productos diversos (alimentos y medicinas) por valor de 917 millones de dólares. El año anterior Cuba tuvo, según datos de la CEPAL, un ingreso bruto de 2.000 millones de dólares por concepto del turismo, unos 800 millones provenientes de las remesas de cubanos en el exilio, alrededor de 500 millones del azúcar y 600 millones de la explotación del níquel (beneficios brutos) y otras sumas considerables provenientes de los cítricos y el tabaco. A pesar de ello los trabajadores siguen viviendo en la misma precaria situación que antes. La razón de esta incongruencia es muy

22 Aldo M. Leiva, "Cuban Labor Law: Issues and Challenges" en Cuba in Transition (Washington D.C: Association for the Study of the Cuban Economy, 2000), vol. 10, p. 481 23 Granma, 21 de enero de 2002, p. 8. España, Canadá e Italia ocupan los primeros lugares en el número de entidades que operan en Cuba

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sencilla: el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de bienestar no goza de prioridad en la política del régimen. Sí gozan en cambio de prioridad el gasto militar y la proyección internacional Además de los ingresos precitados, el régimen de Castro ha recibido la ayuda económica de muchos países e instituciones. Algunos países como Suecia designaron a Cuba país asociado para el desarrollo ("development partner"), otros le han donado generosas sumas a título de ayuda humanitaria. Copiosos fondos de cooperación económica de la UE se canalizan hacia Cuba por medio de las ONGs. Algunos donantes han facilitado préstamos que Castro paga con atraso o simplemente deja de pagar. Cabe citar por vía de ejemplo a algunas de las ONGs españolas que junto a las comunidades regionales envían aportes a Cuba: Fundación Canaria para el Desarrollo y la Paz, CODESPA, Entrepueblos, Nuevo Futuro, Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, así como a las francesas Care, Handicap Inc y Oxfam. Cerca de 40 proyectos financiados por esas ONGs se están actualmente realizando en Cuba. Y luego viene el capítulo del préstamo. La deuda exterior de Cuba con la Unión Soviética asciende a 20.848 millones de dólares. La deuda en moneda fuerte contraída con países del mundo occidental, China y Japón era en 2004 la siguientes: CIFRAS DE LA DEUDA EXTERIOR DE CUBA Acreedores por países

Deuda en US $

Japón Argentina España Francia Venezuela China México Italia Reino Unido Alemania Holanda

2.331 millones 1.967 millones 1.765 millones 1.316 millones 992 millones 682 millones 480 millones 447 millones 371 millones 317 millones 295 millones

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

Rusia (deuda de la era post-soviética República Checa Bélgica Panamá Canadá Austria Brasil Trinidad y Tobago Uruguay Suecia

235 millones 226 millones 221 millones 200 millones 90 millones 79 millones 40 millones 30 millones 30 millones 22 millones

Para aumentar las divisas que Castro necesita para mantenerse en el poder, su gobierno ha acudido a dos medidas contrarias a las exigencias de la moral y el orden público de que habla el artículo 29 de la DU: el turismo sexual y la utilización de Cuba como centro internacional de lavado de dinero. La deuda externa más elevada es la contraída con la Unión Soviética y los otros países ex-comunistas. Junto al pretexto del embargo, para el régimen de Castro siempre hay un ciclón, una tormenta, una borrasca, una sequía o un régimen lluvioso al que atribuir el atraso de la economía. Entre 1989 y 1998 recibió 151 millones de dólares de las Naciones Unidas y 35 millones por concepto de indemnización y donativos. Estos datos conviene tenerlos en cuenta en relación con el derecho de los trabajadores, reconocido por la DU, a recibir una remuneración equitativa y satisfactoria. ¿En qué se han empleado los cuantiosos capitales y fabulosos ingresos que Castro ha recibido? En primer lugar en sus costosas aventuras de guerra y fomento de la subversión, en el mantenimiento de su aparato de seguridad y en la retribución de su poderoso y bien equipado ejército. También en los complejos electrónicos de Lourdes y Bejucal, en sus centros de biotecnología y en la inservible central nuclear de Juraguá. No quedó mucho para el trabajador cubano, al que se le abona un salario irrisorio y se halla hoy sumido en la mayor pobreza. Sospecho que ni un solo centavo de la cuenta secreta denominada "reserva del Comandante en Jefe" ha beneficiado a los obreros y campesinos en cuyo nombre se hizo la revolución.

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Para sobrevivir en la actual sociedad cubana el trabajador se ve obligado a sustraer productos agrícolas o manufacturados e incluso materia prima, como ocurre en el sector del tabaco con las hojas de habano, que son objeto de reventa o permuta. El sistema fallaba, por consiguiente, en garantizar el derecho de cada persona a gozar de un nivel de vida adecuado para la salud y el bienestar suyo y de su familia, como dice el artículo 25 de la Declaración Universal. Y fallaba también en el plano moral y espiritual por el irrespeto que muestra a la auténtica dignidad del trabajo.

El REGLAMENTO GENERAL DE RELACIONES LABORALES Más de cuatro decenios de tenaz presión oficial por imponer disciplina en el trabajo no han podido erradicar la apatía, falta de motivación y hasta resistencia pasiva que siguen impregnando la cultura del trabajo. No han podido superar esos problemas, los 56 artículos del código del trabajo dedicados a tratar de los deberes del trabajador, ni los antes citados preceptos de la Constitución que obligan a acatar la disciplina del trabajo ni los llamados reglamentos ramales, ni los centenares de acuerdos tomados en asambleas sindicales. Y fue por ello que en noviembre de 2005 el régimen decidió dictar un Reglamento General de Relaciones Laborales24 dirigido a endurecer aún más esas regulaciones. Lo dice el mismo texto al señalar ab initio que su propósito es "lograr un cambio de conducta y actuación en favor del orden, la disciplina y la eficiencia". Y lo enfatiza aún más otro párrafo del preámbulo según el cual el objetivo primario de las medidas disciplinarias es contribuir a la educación laboral de los trabajadores que han incurrido en infracciones. A fin de colmar esas llamadas "fisuras", el Nuevo Reglamento contiene dos medidas complementarias del riguroso esquema disciplinario en vigor. La primera prohíbe que se conceda la baja de los trabajadores culpables de indisci-

24

Puede verse un resumen del Reglamento en Granma del 5 de noviembre de 2005, p.3

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

plina o negligencias antes de la aplicación de las sanciones dispuestas en su contra. Ocurría al parecer con frecuencia que los trabajadores obtuvieran una "baja de complacencia" antes de que se hubieran hecho efectivos los castigos impuestos por la administración. Al régimen le interesaba en cambio que el trabajador expiara su pena y que sus compañeros se enteraran de ello, objetivos que se esperaba lograr con esas nuevas disposiciones. La segunda medida se relaciona con la posesión del expediente laboral que en el pasado algunas entidades permitían que se entregara al trabajador al rescindirse la relación de trabajo. Dicha permisión daba al trabajador la oportunidad de efectuar alteraciones en su texto con el propósito de no perjudicar sus posibilidades de reempleo. Ahora, la nueva regulación establece que el expediente quede en poder de la entidad empleadora a la cual se responsabiliza con su custodia hasta que sea solicitado por la nueva entidad contratante. Se trata en suma de añadir dos mecanismos indirectos de control enderezados a desalentar o quebrar la resistencia pasiva del trabajador. Pocos meses después, sin embargo se informó que se habían detectados infracciones de la disciplina en el 76 por ciento de las entidades visitadas. El Reglamento prefirió ignorar otros graves problemas, como los que se presentan en la seguridad e higiene en el trabajo (altos índices de siniestros mortales). Tampoco se refirió al tema de la política salarial, siendo así que una encuesta realizada en 2005 por investigadores españoles muestra que el 30,5 por ciento de la población estima que en el orden económico los salarios bajos y la falta de empleo de calidad son los principales problemas del país.

CAPÍTULO XIII EL GRAN MITO DEL PROGRESO SOCIAL

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EL GRAN FRAUDE URDIDO POR CASTRO Y LOS INVERSIONISTAS El mito del progreso social nació con el reclamo de Castro de haber logrado Cuba el pleno empleo. Dicho reclamo parecía corresponderse con la obligación de trabajar establecida en la Constitución y reflejada en las estadísticas que entre 1960 y 1985 divulgaba el gobierno revolucionario. Fue el mismo Castro, sin embargo, el que se encargó de desvirtuar ese reclamo cuando en el período de rectificación de errores y tendencias negativas reconoció que las altas tasas de empleo se habían alcanzado inflando artificialmente las plantillas de empresas y oficinas. Es decir que Castro aprovechó los generosos subsidios soviéticos para emplear personal superfluo (a veces doble y triple del necesario) en las empresas del Estado. Terminados los subsidios y en ascenso el paro el régimen acudió a las movilizaciones para mantener en alto el nivel de empleo y sostener que seguían existiendo oportunidades de trabajo para todos. Sin embargo, se olvidó de un detalle: según la OIT sólo puede hablarse de pleno empleo cuando el empleo es productivo, útil y libremente elegido, requisitos que no concurrían en las movilizaciones directa o indirectamente compulsorias. Otras circunstancias vinieron después a corroborar la falsía del progreso social. El colmo de la expoliación tuvo lugar a principios de la década de 1990-2000 cuando a expensas de ese mismo trabajador se consumó un arreglo vergonzoso con inversionistas extranjeros. Esta vez no se trataba de efectos derivados de la aplicación de la doctrina marxista sino de una artimaña concebida por el régimen precisamente para mantener a Castro en el poder. Tampoco se trataba de rigideces y sacrificios temporales que iban a ser compensados en el futuro sino de un perjuicio directo infligido al personal de las empresas extranjeras. El hecho ocurrió cuando tras la desintegración del imperio soviético la dictadura se hallaba la borde del colapso. Se esfumaron los subsidios de la Unión Soviética, se produjo una aguda escasez de combustible, muchas empresas estatales tuvieron que cerrar, se disparó el desempleo hasta alcanzar, según el informe del Relator Especial sobre los derechos humanos, un 40% de la fuerza laboral, el ingreso nacional bruto descendió en un 30 a 40% y la población experimentó una grave crisis alimentaria.

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Las señales de un derrumbe inminente se hacían cada vez más visibles. Aunque Castro apeló a la intensificación de las medidas de represión, hizo ejecutar al General Arnaldo Ochoa y a otros altos oficiales, creó las Brigadas de Respuesta Rápida, fortificó la Seguridad del Estado y estableció el llamado período especial, nada parecía atenuar la gravedad de la situación. Y fue entonces que entraron en escena los inversionistas extranjeros. Conscientes de las enormes y venturosas perspectivas que ofrecía en todas partes la industria del turismo y conocedores de los atractivos naturales del subarchipiélago cubano, comenzaron en 1990 a hacer ofrecimientos al Gobierno de Castro. Encabezados por la Agencia Meliá (también llamada Sol Meliá) les motivaba no sólo el propósito de ganancia inmediata, sino también el deseo de sentar base en el inédito mercado cubano. Castro, que mientras recibía la ayuda socialista había despreciado al turismo, advirtió entonces que su fomento en gran escala podía significar un camino de salvación para su régimen. Y comenzaron a afluir los capitales en tal medida que fueron alterando la base económica y la estructura de la ocupación en Cuba. Ello se fue reflejando en las estadísticas oficiales como puede verse en el siguiente cuadro: NÚMERO DE OCUPADOS POR FORMAS DE PROPIEDAD ______________________________________________________________ Año 1981 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 Entidades estatales

91,8

77,9

77,7

76,8

75,5

78,0

77,5

76,6

76,7

Empresas mixtas

2,2

3,0

3,6

4,1/05

0,6

0,7

0,7

0,7

0,7

Cooperativas

1,1

n/d

n/d

9,1

8,8

8,5

8,4

8,0

7,9

Por cuenta 1,6 3,4 3,3 3,5 3,0 4,1 4,0 3,8 3,8 propia ______________________________________________________________ Fuente: Anuario Estadístico de Cuba (2003)

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LAS NON SANCTA NEGOCIACIONES No tardaron en comenzar las negociaciones con los futuros nuevos empleadores. A los inversionistas extranjeros les interesaba ante todo obtener garantías para su capital. Iban a invertir grandes sumas de dinero en un país que no reconocía la propiedad privada y ello hacía necesario que el régimen socialista introdujera modificaciones sustanciales en su estructura legal e institucional. El dictador cubano accedió a las demandas de los inversionistas y en 1992 modificó la Constitución Socialista de 1976 (sin efectuar el referéndum que requería el Artículo 141) consagrando el derecho de propiedad de las empresas mixtas y de las asociaciones económicas que se constituyan conforme a la ley, así como equiparando los extranjeros a los cubanos en la protección de su persona y bienes. Los inversionistas siguieron pidiendo y en 1995 se les ratificó la autorización para remitir al exterior las utilidades netas que obtuvieran por la explotación de sus inversiones. La propia ley (No. 77), que confirió esas ventajas, dejó bien aclarado que las inversiones extranjeras no se limitaban a las empresas mixtas sino también a las de capital totalmente extranjero, como eran Meliá, Sherritt de Canadá, Domus, Total de Francia y otras muchas. De modo particular, los hoteleros españoles insistieron asimismo en que se extendiera a seis meses el período de prueba de los empleados, se les reconociera el derecho de terminar a su discreción cuantas relaciones de trabajo no consideraran satisfactorias y se les permitiera mano libre en la administración de personal. Castro también accedió a ello primero por la Resolución 14 de 1990, aplicable a las instalaciones turísticas y luego de modo más general por la Ley de Inversiones Extranjeras (Ley No. 77 de 5 de septiembre de 1995). Yendo aún más lejos, el régimen procedió a robustecer la posición de los hoteleros dictando uno de los reglamentos disciplinarios más rígidos de que se tienen noticias (Decreto-Ley No. 122 de 13 de agosto de 1990). Dirigidas también sus normas al turismo internacional, dicho reglamento prevé 22 obligaciones a cargo de los trabajadores a las que se añaden 46 prohibiciones. A esa increíble carga, que probablemente no tiene paralelo en el mundo, la dictadura le agregó el deber de delatar cualquier conversación o información contraria al régimen de que tuvieran conocimiento en sus contactos con extranjeros. Otras disposiciones aumentaron las horas normales de trabajo e hicieron posi-

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ble el más fácil recurso a las horas extraordinarias. Asimismo se previó un régimen laboral más flexible (con permiso, por ejemplo, para emplear trabajadores por tiempo determinado) para las zonas francas y los parques industriales. Añádase el hecho de no existir en Cuba verdaderos sindicatos y de no reconocerse los derechos de negociación colectiva y huelga y se tendrá un cuadro laboral cercano a la perfección para cualquier capitalista deseoso de obtener ganancias rápidas. Lo dijo el Presidente de Sherritt Internacional, Lan W. Delaney: "Cuba es la mejor oportunidad de inversión en el mundo".1 El gran campeón de la causa comunista había convertido a Cuba en el paraíso de los capitalistas extranjeros.

LUCRANDO A COSTA DE LOS TRABAJADORES Además de imprimirle dinamismo a una economía estancada o moribunda a Castro lo que más le interesaba en las negociaciones era que el importe total de la nómina de las empresas extranjeras le fuera entregado en dólares al gobierno, el cual se ocuparía de pagar en pesos los salarios de los trabajadores. En vez de ser así las nuevas industrias una fuente de riqueza para el país y un medio de elevar el nivel de vida de los trabajadores, Castro logró que los inversionistas accedieran a convertirse en una forma velada o indirecta de apuntalar su dictadura. No había que esperar a que el fisco cubano ingresara los impuestos sobre utilidades y demás que debían abonar los inversionistas extranjeros. Desde el momento mismo en que comenzaran a funcionar, esas empresas estaban ya obligadas a entregarle al gobierno el total en dólares de la nómina del personal. Castro procedería después a pagar al personal en pesos cubanos. Según datos de Pax Christi Países Bajos -tomados directamente en Cuba- el promedio de los pagos que hacen los inversionistas extranjeros a las agencias del gobierno por concepto de salarios de su personal fluctúa entre $800 y $1.500 al mes (por persona empleada).

1

"A touch of capitalism". Business Week, 17 de marzo de 1997, p. 35

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El cambio de dólar por pesos cubanos era a comienzos del decenio de 19902000 de uno por 50. Bajó después hasta fijarse en 2001 en 26 pesos y luego a oscilar entre 25 y 26 pesos llegando en el 2004 a 32 pesos por dólar. A esta expoliación, el régimen logró se añadieran dos cláusulas de seguridad: 1) que las empresas extranjeras incluyeran en su personal de dirección a tres agentes de la SE que tendrían derecho a residir permanentemente en el hotel; y 2) que se reservara el disfrute de los lujosos hoteles y sus áreas circundantes a los turistas canadienses, británicos, españoles, franceses, italianos, latinoamericanos y demás extranjeros que fueran a Cuba con sus dólares. A los cubanos que no fueran empleados se les vedaría el acceso a los centros turísticos. Los extranjeros pasarían así la mayor parte del tiempo encapsulados en los sitios más bellos de Cuba, lejos del subdesarrollo y la pobreza, privados por lo general de contactos con el pueblo cubano. A éste la colaboración de los inversionistas con las autoridades les colocaría en una versión robe nouvelle del apartheid sudafricano. Y adviértase que estas prácticas, que impiden el acceso de los cubanos a las playas reservadas para los turistas, violan el Artículo 42 de la Constitución en vigor. Fue así como la política castrista de inversiones extranjeras, tal como fue plasmada en la Ley 77 y concordantes, resultó discriminatoria, adulteradora de su pregonado socialismo, perjudicial para los trabajadores, contrapuesta al espíritu nacionalista y a lo dispuesto en la Constitución y negatoria de todo lo que Castro había prometido y predicado durante las primeras tres décadas de su gobierno. En el orden laboral incluso puede mostrarse como ejemplo de flexibilización y aplicación de las nuevas directrices neoliberales que tanto critican los comunistas en otras latitudes Es discriminatoria, porque ni siquiera puede calificarse simplemente de privatización; es más bien una extranjerización, un "regreso a la economía colonial" o si se quiere una privatización dispuesta a favor de inversionistas extranjeros y con exclusión de los cubanos. En tanto que privatización más o menos disimulada de recursos naturales, contradice el principio constitucional de propiedad estatal socialista, integridad territorial y planificación central de la economía. Para atraer inversiones, Castro echó a un lado la planificación y mermó el alcance de la propiedad socialista, haciendo que el nuevo texto de la Constitución (1992), se refiriera

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sólo a los medios fundamentales de producción. La política en cuestión es asimismo perjudicial para los trabajadores, porque les priva de varios derechos fundamentales, incluyendo el de integridad en la percepción del salario, protección contra el despido injusto, representación sindical y negociación colectiva.

UNA BURDA TRAPISONDA ¿De qué manera produce esos efectos la Ley de Inversiones Extranjeras? La fórmula empleada es más bien burda y antijurídica. Para burlar los derechos de los trabajadores se pretende que los empleados por los inversionistas extranjeros no tienen vinculación laboral con ellos, sino con una tercera entidad, ficticiamente creada por el gobierno, a la que se llama entidad empleadora. Ésta vendría a ser algo así como una agencia de trabajo temporal semejante a las que existen en los países capitalistas, sólo que los trabajos a realizar para las compañías extranjeras no son temporales sino por tiempo indefinido y los trabajadores que suministra la entidad en cuestión no son un personal auxiliar o suplementario, sino todo el personal. La supuesta entidad empleadora pudiera también asimilarse a una agencia de colocaciones, pero es lo cierto que tales agencias, cuando tienen fines de lucro, se hallan prohibidas por el Convenio 96 de la OIT y la legislación cubana. Castro ignora, sin embargo, esa prohibición y les permite obtener una ganancia desmesurada. Estimular a capitalistas extranjeros para que obtengan grandes lucros a expensas del pueblo trabajador es una curiosa manera de avanzar hacia el socialismo y el comunismo. Sometidos a un régimen totalitario y opresivo y viviendo en condiciones de gran penuria, los trabajadores no tenían más alternativa que aceptar la infame componenda. A ellos les quedaba además la eventual posibilidad de obtener propinas en moneda dura, de hacer una o dos comidas en la empresa y recibir a veces una sucinta jaba de víveres. Los inversionistas extranjeros que tomaron parte en esta infame operación pronto recuperaron su inversión y han seguido después aumentando sus

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lucros. Consintieron en aprovechar el trabajo de miles de cubanos que eran, según la ley, empleados de otra entidad. Reclamaron el dictado de un severo régimen disciplinario que no dudaban en aplicar a quienes conforme a ese mismo subterfugio eran personas ajenas a su empresa. En España esa misma operación hubiera constituido un delito. En Cuba constituía además una infracción del Artículo 124 del Código del Trabajo, que ordena al empleador abonar el salario en el lugar en que se ejecuten los trabajos. Castro y los inversores se confabularon de esa manera para privar a los trabajadores cubanos de la mayor parte de su salario. Lo hacían además en contravención de dos convenios (95 y 96) de la Organización Internacional del Trabajo, que habían sido ratificados por Cuba y por España, Francia, Italia, México y la mayor parte de los demás países participantes. El gobierno creó también zonas francas en La Habana y Cienfuegos. En ellas no hay derecho a la sindicación, ni a la negociación, ni a la huelga, además de ofrecer los otros privilegios que consagra el Decreto Ley 165. Sin embargo, a mediados del 2005 comenzaron a surgir tensiones entre los inversores y el gobierno. Algunas empresas se han retirado ya y a otras un gobierno que se siente capaz de insinuar un retorno a la centralización staliniana les ha sugerido que vayan liando sus bártulos.

OTRA MODALIDAD DE EXPLOTACIÓN Para mantenerse a toda costa en el poder Castro viola también otro principio básico de la Organización Internacional del Trabajo, aquel que proclama que el trabajo no es una mercancía ni un artículo de comercio. Lo viola al traficar con la mano de obra cubana, enviándola a trabajar por una pitanza a cualquier lugar del mundo, aun a los lugares más inhóspitos, mientras su régimen recibe la mayor parte de la remuneración pactada. Es una violación que lastima la dignidad del trabajo y remonta sus antecedentes a los préstamos que en otras épocas hacían entre sí los dueños de esclavos. En otros países estas operaciones serían una ignominia y aún más vergonzosas deberían serlo para una supuesta República Socialista de Trabajadores. Desgraciadamente muchos de esos llamados internacionalistas se han dócil-

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mente prestado para talar bosques en Siberia, cuidar pozos petroleros en Cabinda o introducirse barrio adentro en Venezuela. Salvo aquellos que aprovecharon la lejanía para escaparse, los demás se prestaron a cumplir un triste cometido.

EL ENGAÑO DE LA SEGURIDAD SOCIAL El régimen de Castro hizo al principio dos cosas positivas con respecto a la seguridad social: 1) le imprimió una cobertura virtualmente universal al sistema; 2) unificó su administración antes confiada a 43 diferentes cajas de retiro. En lugar de los directorios tripartitos de esas cajas, el gobierno revolucionario creó el Banco de Seguros Sociales previsto en la Constitución de 1940. Era la época presocialista en la que menudeaban las protestas de ideología humanista y de respeto a los principios democráticos. Pronto fue tomando cuerpo sin embargo la tendencia estatizadora al amparo de la cual se transfirieron al Ministerio del Trabajo las funciones del Bansescu. Los directores de éste tuvieron, no obstante, tiempo para transferir al Comandante en jefe fondos que eran intransferibles. Era también la época de las grandes promesas y así los primeros esbozos del sistema fijaron en 55 y 60 años la edad de jubilación para mujeres y hombres y establecieron montos generosos para las pensiones de vejez e incapacidad amén de proveer un servicio de salud pública gratuito y universal. No se prestó gran atención al problema del financiamiento y se llegó incluso a suprimir la contribución de los trabajadores. La seguridad social del castrismo no se concibió en base a modelos demográficos, cálculos actuariales o realidades sociopolíticas confiables, sino como parte de la urdimbre engañosa y utópica que la élite revolucionaria estaba ofreciendo al país. El ofrecimiento de un futuro próspero y apacible era parte del gran conjunto de medidas quiméricas con las que la revolución tentaba a sus seguidores. Atención médica, facilidades educacionales, provisión subsidiada de alimentos y una avanzada seguridad social, he ahí lo que Castro ofrecía a cambio de hacer suyos los derechos de la sociedad. El Gobierno Revolucionario siguió pagando las pensiones dispuestas por el

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régimen anterior a las que Castro calificó en varias ocasiones de ridículamente bajas. En el Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista, Castro aludió a algunas pensiones del sector agrícola anteriores a 1959 que eran de sólo seis dólares al mes. No podía entonces imaginarse que las suyas llegarían a ser aún más bajas. Pero en esos años de euforia el régimen elevó el mínimo de las pensiones a 40 pesos mensuales y concedió otros beneficios a grupos especiales. Castro se había ya apoderado de todas las riquezas que Cuba había ido creando a lo largo de 57 años de vida republicana y estaba además recibiendo generosos subsidios y préstamos de la Unión Soviética. Otras ayudas provenientes del campo socialista o incluso de países capitalistas fortalecieron aún más la economía de la isla. Al régimen castrista le fue posible entonces atribuir al Ministerio del Trabajo los servicios de seguridad social y a los órganos de poder local los de asistencia social. Obreros, campesinos y pueblo en general podían mirar con cierta confianza al futuro. En 1963 se dictó la ley 1.100 de Seguridad Social que confirmó la cobertura cercana al ciento por ciento de los asalariados y dispuso el reconocimiento de los años trabajados en cualquier sector o actividad laboral. Al ponderar sus alcances los voceros del régimen señalaron que era la primera vez que en Cuba se establecía también la protección por enfermedad, olvidándose de los nueve días de licencia pagada por enfermedad vigentes desde 1938 y la enorme cobertura que llegaron a tener las sociedades mutualistas. Como el dinero le afluía en gruesas sumas del exterior y los precios del azúcar eran altos, en 1968 la Revolución concedió el ciento por ciento de la jubilación a los obreros de los centros de trabajo que habían realizado una labor extraordinariamente meritoria. Era un aumento excepcional que tenía el propósito de premiar a los llamados vanguardias y héroes del trabajo y ganarse la simpatía de los que se ajustaban a la disciplina en el trabajo, pero la medida no especificó bien los requisitos de calificación y provocó una avalancha de solicitudes de jubilación. Se experimentó una merma de la fuerza de trabajo más productiva, se incrementaron los gastos de la seguridad social y no se logró contener los que eran ya entonces los graves problemas del ausentismo, la rotatividad y la indisciplina en el trabajo. Fue así que la medida tuvo que ser dejada sin efecto en 1974 a raíz de clausurarse el XIII Congreso de la CTC. No obstante, el plan de jubilaciones y prestaciones complementarias que

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Castro presentó a los trabajadores parecía en principio aceptable. Lo que los dirigentes de la CTC no pudieron o no quisieron ver (pues habían sido elegidos como incondicionales del régimen) era el defecto básico y el precio oculto del programa castrista. El defecto básico consiste en que no puede haber un buen sistema de seguridad social sin una buena política salarial que garantice un salario decente como preconiza ahora la OIT. Al llegar a la edad de retiro lo que el trabajador va a recibir está en razón directa con lo que hubiere ganado durante su vida activa. La pensión se relaciona con el salario, el ingreso del mañana con lo devengado ayer. Este principio es particularmente aplicable al caso de Cuba donde el monto de la jubilación corresponde simple y sencillamente al 50 por ciento del salario. Ahora bien, en Cuba el salario monetario (no el llamado en los países socialistas "salario social") se ha fijado siempre en escalas muy bajas, insuficientes para cubrir las necesidades del trabajador y su familia. Desde las rígidas tarifas de 1962 que establecieron uno de los abanicos salariales mas estrechos (1 a 5) de que se tienen noticias hasta la fijación en 2005 del salario mínimo en nueve dólares, el salario obrero ha sido siempre bajo. ¿Cómo extrañarse en esas condiciones de que abolidos los salarios históricos, es decir las remuneraciones más altas que se abonaban antes de 1959, comenzaran a aparecer las pensiones de un solo dígito? En 2001 la pensión promedio era de 104 pesos equivalente a 4.70 en dólares, en 2006 el monto se aumentó a 164-205 pesos. El precio oculto que trabajadores, campesinos, profesionales y pueblo en general iban a pagar consistía en la renuncia de buena parte de sus derechos civiles y políticos en favor de robustecer las prerrogativas del caudillo. Se había en efecto consumado una identificación de la imagen del caudillo con los conceptos de Estado y nación. La seguridad social y cuantas modificaciones se introdujeran en ella eran simples mercedes de quien asumía en su persona la incuestionable representación del país. Nadie tenía derecho a protestar si las pensiones descendían a niveles increíblemente bajos. El 28 de agosto de 1979 se adoptó la Ley No. 24 de Seguridad Social que se suponía iba a confirmar las líneas generales del sistema y a introducir ciertas correcciones. Aunque el régimen seguía proclamando el carácter universal e igualitario de su protección, lo primero que procede destacar es que quedaron excluidos de la Ley 24 los miembros de las Fuerzas Armadas y el personal del Minint los cuales iban a ser amparados por otras leyes que otorgaban benefi-

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cios superiores. El número exacto de estos privilegiados no se conoce con exactitud pero se calcula que está entre 250.000 y 300.000 personas. Siendo ellos el sostén principal del régimen se explica el trato de favor que se les confiere; se comprende por otra parte que no se hiciera público el tamaño de sus pensiones y prestaciones en especie a fin de no poner en evidencia el espejismo igualitario del régimen. Junto a ese favorecimiento conviene llamar la atención sobre varias omisiones de la Ley. La primera es que no trata del financiamiento del sistema ni de los estudios actuariales que según el Convenio 102 de la OIT deben hacerse periódicamente. En la práctica, las empresas pagan el 12% de la nómina al Estado y éste cubre con sus propios fondos el resto del costo de la seguridad. Una y otra contribución pueden variar de conformidad con las decisiones que se tomen sobre el Presupuesto del Estado. En 2004 estos gastos de la seguridad social representaban un 7 por ciento del producto nacional bruto; el cuadro de estos últimos años es el siguiente: GASTOS DEL SISTEMA DE SEGURIDAD SOCIAL (PESOS CUBANOS) ______________________________________________________________ Año

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

Gastos 1.741,2 1.735,7 1.864,4 1.900,8 1.877,5 1.873,4 1.942,4 2.200,8 ______________________________________________________________ Fuente: Anuario Estadístico de Cuba (2003) No es posible corroborar la certeza de esas cifras. Para el año 2004, por ejemplo la agencia oficial de noticias del régimen informaba que el importe de los gastos de seguridad social ascendía a 2.150 millones de pesos es decir una suma inferior a la de dos años antes. Por elevadas que parezcan en todo caso esas sumas dicho sistema de contribuciones a la seguridad social no satisface los requisitos básicos prescriptos por la OIT: su equilibrio financiero y la garantía de que no se causarán perjuicios a las personas de bajos ingresos. Visto el estancamiento o retroceso de la economía la seguridad social cubana muestra un déficit crónico que se refleja en el monto de las pensiones las cuales han descendido a niveles que pueden

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fijarse entre 2 y 8 dólares al mes, es decir, notoriamente insuficientes para mantener al trabajador y su familia en condiciones adecuadas de subsistencia. En alguna otra publicación he citado el caso de trabajadores ancianos e incapacitados que reciben pensiones inferiores a tres dólares al mes. Todo ello es muy distinto de la "protección adecuada" de que habla el artículo 47 de la Constitución Socialista y el artículo 22 de la DU. Se trata en suma de un sistema de reparto (pay as you go) que presupone una economía y una población activa en constante crecimiento frente al grupo de los retirados. Estos presupuestos están lejos de concurrir en Cuba. El crecimiento vegetativo de la población, es decir el índice de natalidad, está por debajo del 3.24 por ciento que se calculó en 1979 y a ello deben sumarse los nonnatos que se derivan de cuatro decenios de estímulo al aborto, de miles de jóvenes que cada año emigran y el marcado envejecimiento de la población en general. El futuro es sombrío; se calcula que no más de dos trabajadores en activo estarán financiando pronto las pensiones de cada beneficiario. Otra omisión de la Ley 24 es haber olvidado incluir mecanismos para el ajuste periódico del monto de las pensiones. Al parecer se pensaba que no iba a haber inflación o que se aceptaba la idea de un deterioro gradual de las pensiones. Se echa también de menos el que no se haya hecho esfuerzo alguno por acumular aportes, tener reservas e invertir en el mercado mundial parte de ellas complementando así con una cierta capitalización los fondos de la seguridad social. Si recientemente el Gobierno de Castro depositó 3.900 millones de dólares en bancos suizos, bien hubiera podido prever el fortalecimiento de la capacidad financiera de la seguridad social dedicando una parte de esas sumas a la previsión social. El sistema castrista de seguridad social cubre actualmente a 1.438.295 personas y el de asistencia social a 331.685, es decir, que o bien el primero no es realmente universal o bien sus irrisorias pensiones han sumido a muchos en la extrema pobreza. La pensión asciende como se dijo antes al 50 por ciento del promedio de los salarios devengados en los cinco mejores años de los últimos diez años más 1,5 por ciento del salario anual para los que han trabajado más de 25 años. A los efectos de los cálculos jubilatorios, el promedio del salario

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anual se reduce en un 50 por ciento para los que ganan más de 3.000 pesos. Teóricamente estas pensiones de vejez se corresponden con las normas internacionales pertinentes. En la realidad lo que el trabajador recibe difiere de esas normas y de las promesas hechas por Castro al comienzo de la revolución. Algo parecido puede decirse de las prestaciones monetarias de enfermedad, las prestaciones de invalidez, las de sobrevivientes, las prestaciones de accidentes del trabajo y de enfermedades de profesionales. El sueño que muchos trabajadores acariciaron en los primeros años de la revolución de una jubilación confortable a los 60 años se desvaneció por completo y hoy o bien tienen que seguir trabajando o bien se sumen en la miseria. Hay otro aspecto en el que la realidad se sitúa por debajo de los estandards más avanzados. La revolución se jactó de haber suprimido el flagelo del desempleo (cosa que se demostró ser incierta en el período de rectificación de errores y tendencias negativas), y de haber previsto compensaciones adecuadas para los que perdieron su empleo al comienzo del período especial. No fue esto último exacto tampoco pues el recurso a las movilizaciones agrícolas compulsorias sustituyó en muchos casos a la indemnización por desempleo al tiempo que las difusas categorías creadas por el gobierno de disponibles, sobrantes e interruptos, impedían a menudo el pago a los que se hallaban en verdad en situación de desempleo total, desempleo parcial, subempleo o suspensión provisional del trabajo. La compensación por desempleo se extinguía si el trabajador rechazaba una oferta de empleo que se le hubiere hecho al momento de ser citado para reubicación. A pesar de lo irrisorio de las prestaciones monetarias que se han estado pagando en los últimos años y de la pobre calidad de los servicios de hospitalización y asistencia médica, el costo de la seguridad social ha ido aumentando de modo inexorable. Ha ido también bajando la contribución de las empresas muchas de las cuales cerraron o disminuyeron su producción en el período especial, mientras se aumentaba la aportación del Estado. En 1993 se calculaba que el 75 por ciento de las empresas estaban paralizadas por falta de materia prima. Por esa época existían siete sistemas de organización laboral diferente (empresas del Estado, empresas turísticas, otras empresas mixtas, organizaciones paramilitares, empresas operadas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y otras cooperativas agropecuarias), lo cual trajo consigo fragmentación e irregularidades en el pago de las con-

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tribuciones. Más tarde se establecieron 26 sectores económicos privilegiados al frente de muchos de los cuales se designaron oficiales del ejército. El propio régimen fue así dando vida a una seguridad social compleja e improvisada que se hacía difícil controlar y generaba fenómenos de evasión. La crisis del sistema cubano de seguridad social no se resuelve con reformas parciales, ajustes periódicos o fiscalizaciones más o menos efectivas. El sistema nació al calor de las promesas que Castro había hecho a la clase trabajadora y se concibió sobre la base de cálculos simplistas y proyecciones del mayor optimismo. Fue en realidad parte del mito de la revolución y ese mito se esfumó al cabo de los años. Las grandes líneas del sistema pudieron mantenerse en pie con la ayuda de los subsidios soviéticos y luego de las inversiones extranjeras, pero la prueba de fuego del sistema -el pago o suministro de prestaciones adecuadas- puso al descubierto su más ostensible fracaso. En materia de condiciones de vida, Castro ha confundido la seguridad social con la asistencia pública y colocado a los pensionistas de hoy a la altura de las Leyes de Pobres del siglo XVIII y a los recipientarios de la asistencia social por debajo de los protegidos por Caritas o el Salvation Army.

CAPÍTULO XIV CASTRO, LA DICTADURA Y LOS DERECHOS HUMANOS EN LA PERSPECTIVA INTERNACIONAL

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LAS REACCIONES DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL A medida que se fue haciendo patente el lado oculto del régimen castrista -su agenda expansionista y su grado de opresión- se fue produciendo un cambio en el concepto primigenio de la revolución cubana. El cambio no afectó a la ultraizquierda revolucionaria, pero sí a cuantas personas de buena fe habían mostrado siquiera sea un mediano interés en el caso de Cuba. El tema de la asociación de la dictadura con la violación de los derechos humanos se fue percibiendo como el hilo conductor de las diversas etapas de la revolución. Otras dictaduras también violadoras de los derechos humanos que habían sido coetáneas de la de Castro merecieron enérgicas repulsas y fueron objeto de condenas. Desde la aplicación de sanciones económicas a África del Sur y la intervención militar en Kosovo a la radicación de procesos judiciales contra el General Augusto Pinochet, la comunidad internacional supo reaccionar eficazmente contra esas dictaduras. La política del apartheid y el misterio de los desaparecidos en Chile (y también en Argentina) quedaron para siempre marcados con el signo de lo execrable. ¿Y cuál ha sido la reacción de la comunidad internacional frente a los abusos y crímenes del régimen de Castro? Aunque Castro ha estado violando los derechos humanos desde el comienzo de su larga dictadura, la reacción de la comunidad internacional ha sido a veces indiferente o frívola y otras plagada de contradicciones. Ha habido condenas y también respaldos, críticas y elogios. El juicio ha estado siempre matizado por los prejuicios que genera la contraposición de Castro y los Estados Unidos y las opiniones encontradas que suscita la ideología marxista-leninista. Curiosamente, fueron los antiguos países comunistas de Europa del Este los que con más ardor han expresado su condena al castrismo. Con excepción de los casos específicos que se citan en capítulos anteriores, ningún país latinoamericano merece una mención honorífica en su política con respecto a Castro. Sí la merecen en cambio la República Checa y Polonia, sobre todo la primera. A continuación se tratará de hacer un balance de esas posturas, distinguiendo desde el comienzo los tres elementos que hoy más influyen en el juicio de esa comunidad: las organizaciones internacionales de proyección global, las orga-

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nizaciones regionales y las organizaciones no gubernamentales.1

LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES DE PROYECCIÓN GLOBAL Comenzando en 1990, el gobierno de Cuba se ha visto obligado a comparecer como acusado ante la Comisión de Derechos Humanos de las NU todos y cada uno de estos últimos años con excepción de 1998. Ningún otro país puede exhibir ese triste récord. Castro no se ha sometido mansamente al juicio de esa Comisión concebida para representar el papel de "conciencia de la humanidad". Su régimen despliega por el contrario inusitada actividad antes, durante y después de las reuniones de ese organismo. Cuba se ha hecho ante todo miembro cuasi permanente de la Comisión de manera a ser juez y parte en los procesos que le afectan. Ha impulsado a seguidas la formación en el seno de ella de un bloque afromusulmán que se ha prestado a darle sus votos y apoyarle en cuanto fuere necesario. Ciertos países de ese bloque afromusulmán que enfrentan también problemas de derechos humanos son aliados incondicionales de Castro. Algunos periodistas llaman por ello a la Comisión de Derechos Humanos el club de protección mutua de los regímenes más represivos del mundo. Una segunda actividad preparatoria de los debates consiste en acreditar falsas organizaciones no gubernamentales (ONGS) cuyas intervenciones en defensa de Castro sirven para sembrar dudas y confusiones. Que organizaciones de masas como la FMC2 y subversivas como la OSPAAL hayan sido aceptadas por el Secretariado de la NU es el colmo de la audacia de Castro y la ingenuidad de ese Secretariado. Ya acercándose la fecha de la reunión comienza la diplomacia castrista a ejercer presiones cerca de los países cuyo voto puede ir en un sentido u otro. Las

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Para un tratamiento más detallado de esta materia véase E. Córdova, Castro al descubierto, op cit, p 221 y siguientes 2 Las organizaciones de masas y sociales como la FMC y la CTC están reconocidas en el artículo 7 de la Constitución Socialista

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presiones llegan hasta el chantaje y a ofrecer en canje la conmutación de la pena de muerte impuesta a algunos de los nacionales del país de que se trate por el voto favorable de ese mismo país, como ocurrió por ejemplo con El Salvador. Lo común es, sin embargo, movilizar las organizaciones de izquierda de los países miembros de la comisión a fin de inclinar del lado de Castro el voto del gobierno, so pena de disturbios. A todo lo largo del proceso el régimen acude también a la obstrucción sistemática del trámite investigativo de las acusaciones. No se permite la entrada en el país del Relator Especial que se hubiere designado y se niega a cooperar con la Comisión en el suministro de informaciones. A pesar de todas estas maniobras, Cuba ha sido condenada en 15 de las 16 oportunidades en que ha ocupado el banquillo de los acusados. Las votaciones han sido más o menos reñidas pero en el 95 por ciento de los casos han sido contrarias al régimen de Castro que ha sido así estigmatizado como reincidente violador de los derechos humanos. El único año en que la Comisión se abstuvo de juzgar al dictador fue el de 1998 cuando la visita del Papa a Cuba se tradujo en grandes beneficios publicitarios para la dictadura. Juan Pablo II que tanto hizo para librar a su patria (Polonia) del comunismo no tuvo un comportamiento positivo en el caso de Cuba. Transcurridos varios años desde su visita jamás se interesó en saber porqué no se habían efectuado las reformas que él mismo había sugerido. Una vez emitido el fallo de la Comisión contrario a la dictadura se inicia otra fase de su tarea obstruccionista. Se hace constar ante todo que no se cumplirá ni una sola coma de la resolución adversa, se insiste en que ésta fue obtenida gracias a la influencia del imperialismo americano y se lanza una campaña de diatribas contra los que propusieron la resolución y los que votaron en su favor. En el seno de la Comisión el Gobierno de La Habana ha propuesto además que las resoluciones se adopten por consenso (cosa que nunca se lograría) y ha tratado de debilitar de otras manera los poderes de la Comisión.

ANÁLISIS DE LAS RESOLUCIONES DE LA CDH Atendiendo a su contenido las resoluciones adoptadas estos últimos años pue-

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den dividirse en dos grupos: las correspondientes a los años 1990-2001 (con excepción del paréntesis de inacción de 1998) que contienen censuras vigorosas del régimen de Castro; y 2) la de los años 2002-2005 que bajan el tono y resultan débiles en el enjuiciamiento de la situación de los derechos humanos en Cuba. Transcribo a continuación seis párrafos de la resolución de 16 de abril de 1997 que son ilustrativos del rumbo predominante en el primer período: Profundamente preocupada porque en Cuba continúan las violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humano, como las libertades de pensamiento, de conciencia y de religión, de opinión y de expresión, y de reunión y de asociación, y los derechos relacionados con la administración de justicia, 3. Expresa su especial preocupación porque el Gobierno de Cuba no ha cumplido su compromiso, común a todos los Estados Miembros, de cooperar con la Comisión de Derechos Humanos, de conformidad con los artículos 55 y 56 de la Carta de las Naciones Unidas. 4. Insta al Gobierno de Cuba a que considere la posibilidad de adherirse a los instrumentos de derechos humanos en los que aún no sea parte; 5. Deplora profundamente los numerosos informes de violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales que se describen en el informe del Relator Especial y exhorta al Gobierno de Cuba a que garantice las libertades de expresión, de reunión y de manifestación pacífica, incluso permitiendo que los partidos políticos y las organizaciones no gubernamentales funcionen libremente en el país y reformando la legislación aplicable en la materia; 6. Insta al Gobierno de Cuba a que aplique las recomendaciones que figuran en el informe del Relator Especial para que su observancia de los derechos humanos y las libertades fundamentales se ajuste al derecho internacional y a los instrumentos internacionales de derechos humanos aplicables, y a que ponga fin a todas las violaciones de los derechos humanos, en particular la detención y el encarcelamiento de los defensores de los derechos humanos

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y otras personas que se dedican a ejercer pacíficamente sus derechos, así como al hostigamiento y las amenazas contra esas personas, y a que permita que las organizaciones no gubernamentales humanitarias y los organismos internacionales humanitarios visiten las cárceles; 7. Exhorta especialmente al Gobierno de Cuba a que ponga en libertad a las numerosas personas detenidas por actividades de carácter político, incluidas las que se mencionan concretamente en el informe del Relator Especial porque reciben una atención médica deficiente durante su encarcelamiento o porque se coartan o niegan sus derechos como periodistas o juristas.3 Las resoluciones que de manera más enérgica condenaron al régimen de Castro fueron aquellas que contaban con un informe del Relator Especial. Hasta 1998 dicho cargo lo desempeñó el diplomático sueco Carl-Johan Groth cuyos sólidos y documentados informes hacen honor al sistema de las Naciones Unidas. Fueron esos documentos los que dieron a conocer al mundo los grandes abusos y crímenes del régimen castrista. Año tras año, de 1994 a 1998, Groth logró acumular pruebas suficientes para poner al descubierto las principales violaciones relacionadas con los abusos policíacos, el maltrato a los presos políticos, la supresión del derecho a la libre expresión del pensamiento, la discriminación por motivos políticos y la negación del derecho a entrar y salir del territorio nacional. Algunos informes tocan el tema de los derechos sociales y se refieren a la pérdida injustificada de puestos de trabajo, al deterioro de los niveles de vida y calidad del empleo, las prácticas que se prestan a la explotación de los trabajadores, la desaparición de los derechos de sindicación, negociación colectiva y huelga y las carencias en el suministro de alimentos y medicinas. Y hay por último informes que se contraen al derecho a la vida y dan cuenta por ejemplo del hundimiento del remolcador 13 de marzo y del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate. Ajustándose a criterios de imparcialidad e independencia y teniendo como puntos de referencia los valores establecidos por la Declaración Universal,

3 Comisión de Derechos Humanos, Informe sobre el 53 período de sesiones, Suplemento no. 3, pp 217 y 218. Esta resolución fue aprobada 19 votos contra 10 con 24 abstenciones

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puede decirse que Groth llevó a cabo una verdadera vivisección de la dictadura castrista. Sus informes fueron aceptados por la CDH, el Consejo Económico y Social y la Asamblea General de las Naciones Unidas. Varias constataciones forman el denominador común de las resoluciones de la CDH. Con distintas palabras, todas ellas ponen de relieve la ausencia de libertades públicas en Cuba, la violación de los derechos humanos y la política de aplicar penas excesivamente duras a los disidentes políticos. La cifra de 294 prisiones y centros correccionales figura en uno de los informes que documentó la resolución de 1996. "Los recluidos en esas prisiones, dice el informe, sufren de falta de higiene y atención médica, golpizas e internamiento en celdas de aislamiento por motivos triviales, pésima alimentación, impedimentos al normal desarrollo de las visitas familiares y el hecho de que los presos por motivos políticos se ven obligados a convivir con presos comunes de alta peligrosidad".4 Los informes y resoluciones de esta época ponen de relieve otros datos censurables: la sanción de cárcel que en otros países se límita a separar al reo de la sociedad, en Cuba se acompaña de otros elementos punitivos tales como las restricciones de las visitas de familiares (que en algunos casos se reducen a seis horas al año), el internamiento del condenado en cárceles alejadas, la suspensión del derecho a recibir correspondencia, el hostigamiento crónico y los castigos corporales. Otro tema importante, el de la violación del derecho a salir del país se repite en muchos informes y resoluciones. Una de ellas hace hincapié en las represalias de que son objeto los que desean salir y otra destaca el número elevado de personas que tratando de huir perecen en el mar. Abundan también las referencias a las restricciones a la libertad de trabajo y los casos de trabajadores por cuenta propia que son privados de sus licencias. Para los trabajadores de empresas estatales siguen en vigor rígidas escalas salariales que no son susceptibles de alteración por negociación colectiva y están sujetas a los requisitos de la normación y las vicisitudes de la emulación socialista. 4

Doc. E / CN. 4/1996/60

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UN LAPSO Y VARIAS INFLEXIONES Aunque el gobierno de Castro ha estado violando los derechos humanos de manera que pudiéramos llamar endémica y ello fue reconocido por la CDH hasta 1998, es a partir de esta fecha que ese organismo registra primero un lapso y después un cambio de inflexión en el contenido de sus resoluciones sobre Cuba. En 1998 la Comisión contaba con un informe acusatorio del Relator Especial Carl Johan Groth, no obstante lo cual se abstuvo de juzgar el caso de Cuba. Sin embargo para ese mismo año Amnistía Internacional pudo reseñar la situación de los derechos humanos en Cuba de la siguiente manera: "Centenares de personas arrestadas estos últimos años por razones políticas y condenadas en procesos inicuos se hallan aún tras las rejas. Muchos eran presos de conciencia ("prisioneros de opinión"). Numerosos disidentes han sido hostigados o detenidos por períodos cortos y otros han sido obligados a exiliarse. Casos de malos tratos y aun de torturas han sido denunciados, y por lo menos una persona murió a causa de las sevicias. En ciertas prisiones las condiciones de la detención se asemejan a las de un trato cruel, inhumano y degradante. No menos de cinco civiles desarmados fueron abatidos por agentes de la fuerza pública en circunstancias controvertidas. No se ha señalado ninguna ejecución, pero varios presos condenados a muerte se encontraban aún en capilla".5 A pesar de existir esas y otras pruebas incriminatorias, la CDH no incluyó el caso de Cuba en su agenda de ese año. Cabe notar que Cuba acreditó en 1998 dos nuevas organizaciones no gubernamentales: el Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos y la Unión Nacional de Juristas de Cuba.6 Los representantes de estas ONGS con status consultivo consumen turnos y forman parte del grupo de asistentes que corean consignas y aplauden al unísono.

5 6

AI, Rapport Annuel 1998, Cuba, p. 148 Documento E / CN 4/1998/6a

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La comisión retomó en 1999 el tono inicial de sus enjuiciamientos del régimen de Castro expresando en particular su "profunda preocupación por la continuada violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales en Cuba". Al hacer ese pronunciamiento hizo saber al gobierno que su obligación de promover y proteger los derechos humanos pasaba por encima de otros problemas bilaterales o regionales que afecten al país de que se trate.7 Esta orientación se mantuvo en las resoluciones adoptadas los dos años siguientes. En 2001 por ejemplo se hizo notar que ninguna mejoría había tenido lugar en Cuba. Sin embargo en 2002 la CDH comenzó a mitigar el tono de sus fallos adversos a Cuba; dicha resolución dice así: 1. Invita al Gobierno de Cuba, sin perjuicio de reconocer los esfuerzos hechos por la República de Cuba en la realización de los derechos sociales de la población pese a un entorno internacional adverso, a realizar esfuerzos para obtener similares avances en el campo de los derechos humanos, civiles y políticos, en consonancia con las disposiciones de la Declaración Universal de Derechos Humanos y atendiendo los principios y normas propios del estado de derecho; 2. Alienta al Gobierno de Cuba a adherirse al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; 3. Solicita a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que disponga el envío de un representante personal para que la Oficina del Alto Comisionado coopere con el Gobierno de Cuba en la aplicación de la presente resolución; 4. Exhorta al Gobierno de Cuba a tomar todas las medidas necesarias para la efectiva realización de dicha visita tan pronto como sea posible;

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Commission on Human Rights, Report of the 55th session, Supplement No. 3, pp 45 y 46

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5. Decide seguir examinando esta cuestión en su 59.º período de sesiones en relación con el mismo tema del programa, ocasión en la que el representante personal de la Alta Comisionada presentará su informe sobre la aplicación de la presente resolución. Esta resolución fue aprobada en votación registrada por 23 votos contra 21 y 9 abstenciones.8

LA RESOLUCIÓN DEL AÑO 2004 En abril 15 de 2004 cuando la Comisión de Derechos Humanos conoció por décima quinta vez del caso de Cuba, la decisión condenatoria parecía fuera de duda. La Comisión contaba con un informe incriminatorio del Relator Especial, la magistrado Christine Channet. Aunque Castro le impidió el acceso a Cuba, la jurista francesa reunió pruebas suficientes para mostrar una vez más que el régimen de Castro seguía siendo un violador contumaz de los derechos humanos. La Comisión tenía también ante sí un detallado informe sobre "Las sociedades más represivas" del año 2004 en el que Cuba figuraba con otros 15 países. El gobierno de Cuba era el único de América incluido en esa lista. Nada hacía presagiar pues una votación reñida. Sin embargo, fue sólo por un voto (en votación de 21 a 20 con nueve abstenciones) que con la mayor parquedad y en la misma forma escueta del año anterior se decidió instar al Gobierno de Cuba a que reciba a la Representante Personal del Alto Comisionado. Movilizando al máximo sus recursos y ejerciendo cuantas presiones le fue posible, Castro había logrado así poner en duda el resultado de la votación y debilitar al mínimo el contenido de la resolución. Es verdad que el caso de Cuba seguiría siendo examinado por la Comisión y que se deploró lo acontecido el pasado año con respecto a los juicios seguidos contra disidentes y periodistas, pero no es menos cierto que ni la palabra "condena" ni las frases "expresa su preocupación por la continua

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Comisión de Derechos Humanos, Informe sobre el 58 período de sesiones, pp 95 y 96

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violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales en Cuba", o "manifiesta consternación por la violación del derecho a la vida", incluidas en las resoluciones de los años 1997, 1999 y 2000 aparecen en las cinco últimas resoluciones de la CDH, o sea las adoptadas a partir del año 2001.9 Por el momento, sin embargo, es el propio Castro el que valoriza e imprime vigor a la decisión adoptada por la comisión. Hablando en el desfile del 1 de mayo del 2004 el Máximo Líder se refirió a la resolución de marras diciendo: "En Ginebra se reunieron en pandilla los dueños de la economía mundial, los bandidos, la manada de hipócritas" y añadió aludiendo a los países de AL: "esos Estados que votaron a favor de la resolución contraria a Cuba no son Estados independientes. Son hasta ahora una simple ficción".10 La resolución sometida a votación había sido presentada por Australia, la República Checa, El Salvador, Honduras y Nicaragua, y recibió el apoyo de siete países de AL. Sus votos reflejan la realidad de un régimen que siempre a lo largo de estos últimos 47 años ha sido consecuente con su doble condición de ser una dictadura regida por un caudillo básicamente amoral, probablemente paranoico (psicópata en todo caso) y seguramente megalómano y de ser un sistema totalitario que aplasta la sociedad civil y suprime las libertades públicas.

EL DÉCIMO QUINTO REVÉS Y fue con ese deplorable bagaje a cuestas que el régimen de Castro compareció una vez más en 2005 ante la Comisión de Derechos Humanos. Quien en su condición de máximo responsable de la política cubana iba a ser juzgado por la CDH, exhibía en verdad un historial tenebroso. Era en efecto la misma persona que en octubre de 1962 incitaba a la Unión Soviética a atacar a los EU y desencadenar un holocausto nuclear, el mismo sujeto que en sus contactos internacionales había inaugurado un estilo inaudito de soberbia e insolencia,

9 10

Comisión de Derechos Humanos, Informe sobre el 60 º período de sesiones, p 120 Granma, 4 de mayo del 2004, p. 3

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el mismo dictador que se solazaba en violar la Carta de las Naciones Unidas y la de la OEA, y se jactaba de proclamar que no cumpliría ni una coma de las resoluciones de la CDH, el mismo que prohibía la entrada en Cuba de los Relatores Especiales que no le convenían así como la de los enviados por la Cruz Roja Internacional, Amnesty International, el CIDH y cuantas más organizaciones se interesaran en saber cual era el estado de las prisiones en Cuba, el mismo gobernante que demanda ayuda del sistema de NU alegando supuestas o reales catástrofes al tiempo que arroja al cesto de la basura cuantos otros acuerdos, resoluciones y recomendaciones de ese sistema estime contrarias a sus intereses, el mismo en fin que con aspecto solemne e imperturbable asiste a reuniones en la cumbre de cualquier organización y firma cuantos documentos se acuerden a sabiendas de que no va a acatar ninguno de ellos. Aunque más de 47 años de desafueros pesaban fuertemente en su contra, el Gobierno castroestalinista se sentía esta vez curiosamente optimista e incluso llegó a estar convencido de su victoria. La ola izquierdizante que atravesaba la América Latina, unida a los millones de petrodólares que el Gobierno de Hugo Chávez derramaba por la región, le hacían pensar que ciertos gobiernos de América del Sur iban a votar en su favor. Tenía también a su lado a China y Rusia y el bloque afromusulmán. El régimen de La Habana decidió en consecuencia lanzar una ofensiva dirigida a asegurarse el triunfo. Se envió a Europa a quien funge como Ministro de Relaciones Exteriores para recabar el apoyo de cuantos países fuere necesario. La UNEAC obtuvo la firma de 4.000 escritores y artistas más o menos conocidos a los que se unieron cinco Premios Nobel para pedirle a la CDH que no condenara a Cuba y se inició el proceso de presiones que usualmente pone en práctica el gobierno de Castro. El problema era que el Ministro Pérez Roque además de inepto no conocía más forma de actuar que la del ataque soez y la amenaza ramplona. Reservó el calificativo de Caínes para los países de AL que votaran en contra de Castro y dijo que la Unión Europea había sido escogida por los EU para hacer "el trabajo sucio". El optimismo de Castro y su camarilla comenzó a esfumarse cuando la resolución presentada por los EU recibió el copatrocinio de la Unión Europea y de

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otros países hasta un total de 51. De nada habían servido la entrevista de Pérez Roque con el rey de España ni las estrechas relaciones de Castro con el Gobierno del PSOE. Castro comprendió que la resolución iba a ser aprobada y se apresuró a proferir su inefable "me importa un bledo". Era un caso obvio de "sour grapes" que a nadie engañaba. ¡Cuánto le hubiera gustado coronar su larga dictadura con una absolución de la CDH, cosa que no ocurrió ni siquiera en 1998. La Comisión tenía ante si el informe incriminatorio de la Relatora Especial Christine Chanet que destacaba en particular el maltrato a los presos de conciencia y las restricciones a la libertad de expresión que sufrían periodistas y académicos. Los miembros de la Comisión habían podido leer el informe "Cuba 1 de abril del 2003 al 20 de marzo del 2005" presentado por el Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Dicho informe llena 827 páginas y contiene 617 denuncias relativas a crímenes políticos tales como 19 hundimientos intencionales de embarcaciones con ciudadanos que huían de la isla, 39 grabaciones de audio con voces de prisioneros políticos denunciando atropellos, 43 fotografías que muestran las heridas, fracturas de huesos y otras lesiones de que fueron víctimas opositores y cintas de videos que revelan los progroms staliniano-facistas perpetrados contra ciudadanos pacíficos así como los actos de repudio y asaltos a los hogares de disidentes. Los temores de que algunos países de AL cedieran a la demagogia y cambiaran sus votos con la mayor indiferencia por el respeto a los derechos humanos se confirmaron en el caso de Perú y la República Dominicana. Perú había estado votando contra Castro desde el 2002 pero ahora el presidente más impopular de América se había dejado amedrentar por las amenazas indigenistas que Chávez alentaba. Más triste era el caso de la República Dominicana. Su anterior presidente Hipólito Mejías había votado en 2004 contra Castro pero ahora su sucesor Leonel Fernández se acordó que en su anterior período había otorgado a Castro la más alta condecoración y sin mayores averiguaciones dispuso la abstención de su gobierno. La evidencia se fue no obstante abriendo paso y un voto tajante selló una vez más el juicio reprobatorio de la Comisión. La resolución era lacónica pero su valor simbólico iba más allá de su texto. Su aprobación confirmaba la jurisprudencia de la CDH que había puesto de relieve el hecho de ser la violación

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de los derechos humanos el instrumento preferido de la dictadura. Fue un triunfo de los esforzados cubanos que en las condiciones más adversas acuden cada año a la cita de Ginebra. Las votaciones en la CDH han sido siempre reñidas y los debates cada vez más enconados. El Palais des Nations ha sido testigo de enfrentamientos, exabruptos y hasta agresiones físicas. Castro ha querido siempre imponer su conocido estilo pendenciero; sin embargo esta sesión del 2005 fue la última de la Comisión de Derechos Humanos en que pudo montar su espectáculo. La sustitución de la CDH por el Consejo de Derechos Humanos (aprobada por las NU) tuvo lugar el 19 de junio de 2006, lo que significa que la antigua Comisión aún tuvo oportunidad de celebrar su 62ª y última reunión sin que entrara a conocer de caso alguno. Cuba obtuvo ya un puesto en el Consejo, lo que hacía presumir que la situación seguiría siendo aproximadamente igual.

LAS ORGANIZACIONES REGIONALES En el orden regional hay también acuerdos reprobatorios de la política de derechos humanos del Gobierno de Cuba adoptados por la Organización de Estados de América. Los ha habido de sus órganos de competencia general (la Conferencia Internacional, las reuniones de ministros de relaciones exteriores y el Consejo) y en particular de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) con sede en Washington. Aunque unos y otros se han producido en diversos períodos, no hay duda que fueron particularmente enérgicos en los primeros años de la revolución. En 1963, por ejemplo, el informe de la CIDH indicaba que se habían recibido 112 quejas y 1.350 comunicaciones relativas a violaciones de los derechos humanos en Cuba.11 Otros informes de la Comisión señalan que el Gobierno de Cuba había respondido sólo a 12 de las 48 comunicaciones oficiales que le había dirigido la Comisión. A ésta

11 Véase Report on the Situation of Political Prisoners in Cuba aprobado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 2 de mayo de 1963 (OAS / Ser. L / VII, 7, Doc. 4).

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le fue posible no obstante poner de relieve numerosos casos de encarcelamientos indebidos, de destierros y ejecuciones que se remontaban a 1959 y habían continuado después.12 El 13 de abril de 2000 la Comisión Interamericana emitió su séptimo y más detallado informe anual sobre los derechos humanos en Cuba. El informe comienza haciendo referencia a la disminución del número de prisioneros políticos, a la oportunidad que tuvieron algunos disidentes de entrevistarse con jefes de Estado durante la Novena Cumbre Iberoamericana y al sistema implantado para tratar los casos de menores que sufren de problemas del comportamiento. Tras catalogar esas medidas como positivas, el informe pasa a analizar la larga lista de violaciones ocurridas en el último año. Empieza subrayando la preocupante tendencia del gobierno a endurecer cada vez que lo estime conveniente su política represiva contra cuantos individuos o grupos tratan de ejercer sus derechos de libre expresión, reunión y asociación. A seguidas da cuenta de una larga lista de violaciones, que agrupa en tres grandes categorías. En la primera, que trata de la discriminación en el ejercicio de los derechos civiles y políticos, el informe ofrece numerosas informaciones incriminatorias que unas veces provienen de sus propias comprobaciones y otras de las averiguaciones hechas por Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras organizaciones. Se hace particular énfasis en las grandes dificultades que encuentran los grupos de derechos humanos para llevar a cabo aun sus más pacíficas manifestaciones. La segunda categoría revisa en tono crítico las desviaciones e irregularidades que afectan a la administración de justicia en Cuba. El informe destaca su falta de independencia y apunta como una de sus manifestaciones al poder que tiene el Consejo de Estado para dar una interpretación general y obligatoria de las leyes. Ejemplos específicos de procesos irregulares y sentencias injustas figuran a continuación en esta parte del informe. La tercera categoría cuestiona el tratamiento que se da en las prisiones a los presos políticos a la luz de la DU y de la Declaración de los Derechos y

12 Véase también Report on the Situation of Human Rights in Cuba / OAS / Ser. LVIII-1, Doc. 30

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Deberes del Hombre de la OEA. Cita casos de inasistencia médica, maltratos físicos, confinamiento en celdas de castigo, falta de la más elemental higiene y mala alimentación. Llama la atención el permiso que en la Prisión de Boniato se da a los presos comunes para que golpeen, hostiguen y hasta roben las pertenencias de los presos políticos.13 Nombres de víctimas y victimarios aparecen en esta parte del informe, que concluye con varias conclusiones y recomendaciones. Hacia el final de sus 33 páginas, el informe afirma que las medidas positivas no representan una mejoría importante, en tanto que el aparato represivo continúa persiguiendo con la misma saña e intensidad a cuantos discrepan de la línea oficial. En octubre del 2004 la CIDH acordó abrir otra investigación sobre las nuevas violaciones de los derechos humanos en Cuba y calificó los juicios de abril del 2003 de "mascarada de la justicia". Son dignos también de notarse los diversos acuerdos de la Unión Europea solicitando mejoras en el respeto de los derechos humanos. El penúltimo de esos acuerdos data de diciembre de 2001 y como los anteriores resultó también infructuoso.14

INFORMES YRESOLUCIONES DE ORGANIZACIONES INTERNACIONALES NO GUBERNAMENTALES Los informes y las resoluciones adoptados por las precitadas organizaciones han sido corroborados por múltiples investigaciones y recomendaciones de organizaciones no gubernamentales. La primera en estudiar el desempeño del régimen de Castro fue la Comisión Internacional de Juristas, prestigiosa organización no gubernamental con sede en Ginebra que, en 1962, realizó un cuidadoso examen de la situación y emitió un dictamen demoledor sobre la forma cómo el régimen revolucionario vulneraba el estado de Derecho y privaba a sus habitantes de sus más elementales libertades.15

13 14 15

Párrafo 59 a Véase El Nuevo Herald, 11 de diciembre de 2001, p. 19 A. International Commission of Jurists, Cuba and the Rule of Law (Geneva: H. Studer, 1962).

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Aunque otras muchas organizaciones no gubernamentales siguieron ese ejemplo y han puesto de relieve las persistentes violaciones de los derechos humanos, ninguna supera a Amnistía Internacional en la continuidad, objetividad y precisión de sus enfoques. Año tras año, AI ha estado presentando al mundo la realidad de la situación cubana, analizando los antecedentes de la represión, los casos de imposición de la pena de muerte, el número de presos políticos retenidos en las cárceles y otros centros de detención, las condiciones de las prisiones, los malos tratos que se dan a los presos, las amenazas y hostigamientos a los disidentes, oposicionistas y defensores de los derechos humanos y las restricciones que impone el gobierno a la fiscalización de esos mismos derechos humanos. Los informes de AI cubren tanto los aspectos legislativos como los factuales y se destacan por su imparcialidad. Tan elocuentes y explícitos son estos informes que el Gobierno de Cuba prohíbe desde 1988 la entrada en Cuba de los representantes de AI. Amnistía Internacional ha mostrado también perseverancia en su empeño por defender a los que considera presos de conciencia y ha dirigido mensajes de protesta cada vez que tiene conocimiento de las olas de represión que el gobierno periódicamente desata. Una de sus últimas infructuosas comunicaciones data de enero de 2001 y en ella se informa de centenares de personas arbitrariamente detenidas por haber querido ejercer pacíficamente los derechos de libre expresión del pensamiento, de reunión y asociación. Los detenidos eran en su mayoría miembros del Movimiento Opción Alternativa y de la Asociación de Reconciliación y Recuperación de los Valores Humanos. Los informes anuales de AI siempre contienen secciones especialmente dedicadas a Cuba. El de 2001, por ejemplo, destaca la situación de "periodistas, opositores políticos y defensores de los derechos humanos que son hostigados con la mayor severidad. Cientos de personas acusadas de delitos políticos permanecen en prisión y los tribunales siguen aplicando la pena de muerte".16 Esa represión, continúa diciendo AI, se halla legitimada por la Constitución y el Código Penal. Algunas figuras delictivas como la difusión de propaganda enemiga, "falta de respeto al jefe de Estado", delito de opinión y estado de peligro están mal definidas y son ampliamente aplicadas. A veces, sigue

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AI, 2001 Report -Cuba, passim.

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diciendo el Informe, los disidentes son condenados por ofensas urdidas para desacreditar las organizaciones o en represalia por sus ideas. A esos mismos disidentes, añade el informe, se les retiene en prisión por largos períodos sin celebración de juicio. Muchos presos políticos excarcelados son después obligados a salir del país o retenidos bajo licencia extrapenal. AI se ha cansado de pedirle al gobierno que ofrezca garantías judiciales a los encausados por motivos políticos y cese de utilizar las medidas punitivas y de fuerza que acostumbra emplear contra los que simplemente reclaman respeto para los derechos humanos. En 1995, 1997 y 1998 reclamó también que se investigara el hundimiento del remolcador "13 de Marzo", pero el gobierno ni siquiera acusó recibo de su petición. Otra organización que se ha preocupado por investigar la situación de los derechos humanos en Cuba y dar a la publicidad sus informes es Pax Christi Netherlands. No se trata de publicaciones doctrinarias o propagandísticas sino de informes sólidos basados en entrevistas hechas dentro y fuera de Cuba con diplomáticos, periodistas, trabajadores, funcionarios del gobierno y empresarios extranjeros. Cinco informes han sido publicados ya desde su sede en Utrecht, Holanda. El quinto, publicado en el año 2000, enfoca la cuestión laboral y sus críticas se dirigen tanto a las autoridades cubanas como a los inversionistas extranjeros, principalmente europeos, que tanto han hecho por mantener y apoyar al régimen de Castro. Este informe señala que el cuadro de los derechos humanos ha seguido deteriorándose y hace hincapié en las condiciones de hostigamiento, persecución constante y arrestos en que tienen que vivir los grupos disidentes, los sindicatos independientes y otras organizaciones de la sociedad civil. Un anexo del informe presenta los casos de 28 trabajadores que fueron despedidos por no ser confiables como partidarios del gobierno o por haber querido abandonar el país. Es interesante observar a este último respecto que la expulsión del trabajo se produce tanto cuando se intentó salir ilegalmente como cuando se habían iniciado los trámites legales para obtener permiso de salida.17 17

Pax Christi Netherlands, The European Union and Cuba. Solidarity or Complicity (Utrecht, The Netherlands, September 2000), passim

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Se destaca también por la asiduidad y seriedad de sus investigaciones sobre los derechos humanos la organización Human Rights Watch, con sede en New York. HRW le ha dedicado muchos de sus informes anuales a Cuba, tomando nota tanto de las violaciones como de las señales positivas que puedan provenir del gobierno.. En 1991, por ejemplo, puso al descubierto la manera cómo la dictadura utiliza los deportes para distraer la atención y ocultar las violaciones de los derechos humanos.18 El informe del 2001 comienza reconociendo que el año anterior hubo algunas pocas indicaciones favorables y a continuación expresa: "Cientos de opositores permanecen en prisión y muchos más sufrieron cortas detenciones, arresto domiciliario, vigilancia, registros arbitrarios, desahucios, restricción de viajar, despidos por motivos políticos, amenazas y otras formas de hostigamiento".19 Aludiendo a continuación a las prácticas represivas del gobierno, el informe observa como ellas estaban en concordancia con la propia estructura institucional en vigor. Acto seguido identifica tres violaciones particularmente graves, a saber: 1) Las condiciones abusivas de las prisiones caracterizadas por la nutrición deficiente, la falta de atención médica y el hacinamiento. Aquellos presos políticos que denunciaron esas condiciones fueron castigados, recluidos en calabozo solitario o privados de atención médica. Algunos fueron víctimas de abusos físicos o sexuales; otros fueron confinados en celdas de castigo por largos períodos. La inasistencia de los presos a las sesiones de adoctrinamiento es severamente reprimida. 2) La condena de muerte impuesta en el 2000 a 24 presos y la ejecución en 1999 de otros 21. 3) La obligación de trabajar sin retribución en los talleres de confección de

18 Human Rights Watch, Cuba. Behind a Sporting Façade, Stepped Up Repression (New York: Agosto 1991) 19 Human Rights Watch, World Report 2001 - Cuba, passim.

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ropa o montaje de piezas que se establecen en las prisiones.20 Ha habido por otra parte, organizaciones que se han ocupado de velar por la observancia de derechos humanos específicos dentro del campo de sus respectivas esferas de competencia. En materia de libertad de expresión y de funcionamiento de los medios de difusión cabe mencionar los enjuiciamientos críticos del régimen castrista hechos por la Sociedad Interamericana de Prensa y Reporteros sin Fronteras. La primera ha incluido siempre a Cuba en la lista de países que impiden la libre emisión del pensamiento. En su reunión del 2002, el Presidente de la Sociedad afirmó que Cuba seguía siendo el caso emblemático de negación de todas las libertades y especialmente la de expresión del pensamiento. La segunda, cuya sede radica en Francia, dejó constancia en 2001 de su protesta por el hostigamiento que padecen los periodistas independientes y, en particular, los miembros de la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling que el gobierno se niega a reconocer.21 Otra organización no gubernamental, Judicial Watch, ha dedicado una buena parte de sus actividades a dar a conocer al mundo las violaciones de los derechos humanos que se cometen en Cuba y a impulsar procesos criminales contra Castro radicados en Bélgica, España y otros países europeos. La reciente creación de la Corte Penal Internacional abre un nuevo camino a este tipo de actividades, pero el régimen de Castro no figura entre los que han aceptado la jurisdicción de ese tribunal. Habrá que esperar a que un tribunal nacional invoque el principio de la jurisdicción universal cuando se trate de crímenes contra la humanidad para que Castro y su camarilla sean al fin juzgados. Se recordará que los crímenes de genocidio y contra la humanidad son imprescriptibles. Su comisión debe tener, sin embargo, la condición de flagrante. En lo que hace al área de los derechos laborales, tanto la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) como la Confederación Mundial del Trabajo (CMT) han adoptado en sus congresos internacionales acuerdos condenatorios del régimen de Castro y formulado

20 21

El Nuevo Herald, 18 de marzo del 2002, p. 4ª Las críticas de la SIP aparecen todos los años en la prensa latinoamericana. Sobre la protesta de Reporteros sin Fronteras, véase El Nuevo Herald (Miami), 3 de noviembre de 2001, p. 3

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ante la OIT las reclamaciones y quejas de que se habló en capítulos anteriores. Igualmente acusatorias han sido las organizaciones regionales ORIT y CLAT. Procede añadir, por último, que Cuba es el único país de América Latina que no permite el ingreso en el país de los delegados de la Cruz Roja Internacional.

CAPÍTULO XV DEL CARÁCTER CONTUMAZ, SISTEMÁTICO E INEXCUSABLE DE LAS VIOLACIONES

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AMPLITUD, ORIGEN Y GRAVEDAD DE LAS VIOLACIONES La gran mayoría de las huellas que en capítulos anteriores se han puesto de manifiesto corresponden a otras tantas violaciones de los derechos humanos. Aunque Castro ha dicho en más de una ocasión que a su juicio son más importantes los derechos económicos y sociales que los civiles y políticos, tanto unos como otros han sufrido los rigores del régimen instaurado en 1959. Más de 200 violaciones registradas por la Organización Internacional del Trabajo, una quincena de resoluciones condenatorias de la Comisión de Derechos Humanos y siete de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dan fe de esa dualidad de infracciones y ponen de relieve la indiferencia con que el régimen de Castro ha ido conculcando cuantos derechos humanos se atraviesan en su camino. En realidad, su régimen funciona y se mantiene en virtud de la constante violación de los derechos humanos. Tantas y tan variadas violaciones no son recuerdos borrosos que se pierden en la niebla de la historia. Muestran por el contrario un patrón de conducta contumaz y sistemático. "La dictadura de Castro y la Declaración Universal son categorías excluyentes".1 La contraposición se origina en el esquema de gobierno escogido por Castro para dar cabida a su ambición de poder. Como toda dominación totalitaria con aspiraciones de largo alcance su régimen necesitaba una construcción ideológica. Castro la encontró en el marxismo-leninismo, que le ofrecía su prédica de odio, una lucha a escala mundial, la rígida centralización del partido, la dictadura, el absolutismo y la postergación de los derechos individuales. La indumentaria política escogida resultó algo así como un traje a la medida. Esa obstinada política del dictador cubano responde a un diseño esbozado desde el comienzo de la revolución y mantenido incólume hasta el presente. Las violaciones comenzaron, en efecto, el 1 de enero de 1959 y sólo con variantes de grado o matices han seguido cometiéndose a todo lo largo del

1

Bragado Bretaña, op. cit., p. 59

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gobierno de Castro. En el orden político, por ejemplo, el régimen ha rechazado cuantas peticiones le han dirigido otros países u organizaciones internacionales en relación con la celebración de elecciones libres; en la esfera civil, se ha negado a conceder amnistías, permitir la entrada y salida de los cubanos, o poner término a la persecución de disidentes y opositores, y en el aspecto social, la prohibición de sindicatos independientes y el recurso a formas diversas de trabajo forzoso son cosas que datan de 1959 y se hallan aún presentes en la práctica y en las más recientes observaciones de la OIT. Han habido, es cierto, diferencias en la índole, grado de intensidad y esfera de aplicación de los métodos utilizados para violar los derechos humanos en Cuba. El régimen de Castro ha sabido modular el terror, pero el terror siempre ha existido, y en algunos momentos, sobre todo en los períodos de máxima represión, las violaciones de los derechos humanos alcanzan la categoría de crímenes contra la humanidad. Ninguna disposición del ordenamiento jurídico nacional o internacional autoriza o condona por otra parte la dictadura de tiempo indefinido y mucho menos cuando la dictadura se convierte en tiranía.

DURACIÓN DE LA DICTADURA EN EL CONTEXTO DE LA DOCTRINA MARXISTA-LENINISTA ¿Será entonces que la doctrina marxista confirió a Castro el derecho a ser dictador hasta el fin de su vida? ¿O fue Lenin quién le otorgó una patente de dictadura sine die? ¿De dónde provienen sus títulos de ser el único cubano autorizado a representar al proletariado y la nación por tiempo indefinido? Ningún pasaje del Manifiesto Comunista (1848) invistió de índole indefinida o permanente a la dictadura del proletariado. Las ideas que ese documento contiene sí hablan de la conquista del poder político por el proletariado y del uso de esa dominación para ir despojando a la burguesía de todos sus poderes, cosas estas que Castro realizó en Cuba en 1960 y 1961. Un párrafo del Manifiesto trata de atisbar el futuro diciendo que una vez que hayan desaparecido las diferencias de clases el poder público perderá su carácter político y el propio proletariado cesará en su dominación como clase.2 2 C. Marx y F. Engels, "Manifiesto del Partido Comunista" en Obras escogidas, Tomo I (Moscú: Progreso, 1974), p. 129

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¿Alteraron después los padres del comunismo el carácter temporal de la dictadura para hacerla un oficio vitalicio? Es sabido que ni Marx ni Engels fueron jamás explícitos con respecto al esquema de la sociedad comunista ni tampoco sobre la duración y características de la dictadura del proletariado. Sin embargo, algunas referencias incidentales parecen indicar que la dictadura en cuestión no debía ser ni de duración indefinida, ni permanente, ni vitalicia. En su Crítica del Programa de Gotha, Marx calificó a la dictadura del proletariado como un "período político de transición".3 Engels fue más específico pues en una de sus cartas escrita en 1890 señaló que la socialización podría realizarse "muy pronto" y en su obra sobre el Problema campesino en Francia y Alemania dijo que "la transformación del sistema de explotación capitalista en un sistema de explotación colectiva está ya plenamente preparada y puede llevarse a cabo de la noche a la mañana".4 Es cierto que Lenin procuró después aclarar que el Estado proletario subsistiría en el tránsito hacia el comunismo hasta que él -el Estado- fuera naturalmente extinguiéndose. Sin embargo, el razonamiento de Lenin es bastante ambiguo al respecto y posteriores escritos parecen contradecirlo. Un pasaje de El Estado y la Revolución dice que al avanzarse en la primera fase, el pueblo sería capaz de suprimir los últimos vestigios de resistencia sin necesidad de aparato opresivo alguno, es decir, sin dictadura.5 Otro pasaje reconoce no saber "a través de qué etapas o por medio de qué medidas prácticas llegará la humanidad a la etapa suprema del comunismo".6 Los ideólogos del comunismo tenían pues nociones claras sobre como hacer añicos y barrer de la faz de la tierra al Estado burgués, pero tenían pocas ideas sobre lo que iban a hacer después. Trotsky narra una anécdota de Lenin ya instalado en San Petersburgo en los inicios de la revolución cuando el nuevo líder declaró en una reunión del Partido: "La dictadura del proletariado existe pero nadie sabe qué hacer con ella".7 Supieron, no obstante, liquidar a la burguesía masacrando en el camino a 3 4

Marx, "Crítica del Programa de Gotha" en ibid,, Tomo III, p. 23 Engels, "El problema campesino en Francia y Alemania" en Obras escogidas, Tomo III, op. cit. pp. 500-501 5 V.I. Lenín. "The State and Revolution" en Marx, Engels, Lenin, On Historical Materialism (Moscow: Progress Publishers, 1972), p. 569 6 V.I. Lenin, Obras escogidas, op. cit., pp. 343-347 7 León Trotsky, The History of the Russian Revolution (New York: Pathfinder 1992), p. 306

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millones de Kulaks y llevando a cabo sangrientas purgas. Sin embargo, luego de la muerte de Stalin se cuidaron de tener largas dictaduras permitiendo en su lugar siete diferentes jefes de Estado. En Cuba Castro procedió a finiquitar los grandes capitales en 1960 y la pequeña burguesía en 1968 no obstante lo cual siguió aferrado a un poder que ya había cumplido con lo que según la teoría marxista era su única razón de ser.

DE LAS VIOLACIONES COMO REFLEJO DE LA ÍNDOLE DEL SISTEMA Si bien la doctrina comunista no autoriza ni impone la dictadura vitalicia sí puede darse por sentado que ella influyó en ciertas características importantes del régimen castrista. Es la naturaleza totalitaria del marxismo, por ejemplo, la que explica la incompatibilidad entre la manera de actuar de Castro y el respeto a los derechos humanos. Las violaciones no sólo son sistemáticas sino también sistémicas, no son desviaciones del curso normal de la gobernación del país ni episodios aislados, sino manifestaciones de un modo de actuar inherente a la índole del régimen establecido. Para Castro, el marxismo no es sólo una manera de organizar la sociedad sino también un medio de dominación de unos hombres por otros.8 Un régimen totalitario como el establecido en Cuba no admite brechas, dispensas ni excepciones Los poderes todos se concentran en manos de Castro y el PCC; ni se admite la actuación de otros grupos o partidos, ni se reconocen las limitaciones que en defensa del hombre establece la Declaración Universal. Todo el conjunto de libertades individuales y garantías sociales que se consagra en las modernas constituciones supone frenos al ejercicio pleno de los poderes estatales y es por ello rechazado. Los revolucionarios marxistas que con Castro a la cabeza asumieron el gobierno de Cuba en 1959 no han estado nunca dispuestos a escuchar llamados a la moderación ni aceptar restricciones.

8 Roberto Luque Escalona, Fidel: el juicio de la historia (Mérida: Producción Editorial Dante, 1990), p. 109

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Lo extraordinario es que, a sabiendas de esa incompatibilidad, Castro se empeñe todos los años en que lo absuelvan en la Comisión de Derechos Humanos. Tal vez ello tenga que ver con los rasgos de su carácter, que paradójicamente explican tanto su tendencia a violar los derechos humanos como su arrogante repulsa a que se le estime infractor de ellos. Aunque en el orden económico lo que hay ahora en Cuba es una mezcla de capitalismo extranjerizante investido de atributos neoliberales con un fracasado sistema socialista, en el terreno político el gobierno sigue siendo autoritario y en lo social sigue autodesignándose como dictadura del proletariado. El régimen no ha sido nunca en realidad del proletariado, pero de dictadura sí posee todas las características. Llámesele, pues, totalitarismo carismático o absolutismo personalista, lo cierto es que nadie que no pertenezca a la cohorte de seguidores incondicionales de Castro tiene la menor posibilidad de participar en el gobierno o de expresar un punto de vista independiente. El sistema castrocomunista adolece además de un defecto capital que repercute en la vulneración de los derechos humanos, a saber: su ausencia de valores morales. Respetar normas, principios o valores extraños al marxismo-leninismo o al interés personal de Castro, no es cosa que se acostumbre hacer en la fenomenología revolucionaria y mucho menos cuando se trata de grandes decisiones. Actuar con rectitud o mostrar compasión no son consideraciones importantes en la toma de decisiones del régimen. Frente al sentido ético y al espíritu de justicia que impregnan la evolución del mundo occidental, Castro fue entronizando en Cuba el materialismo ateo, la sumisión abyecta a la autoridad y la doctrina de que el fin justifica los medios. Ese vacío absoluto de la menor traza de preocupación ética"9 es parte esencial de la praxis comunista. Revísese la forma cómo el comunismo llegó al poder en Europa y Cuba y se verá que la falta de escrúpulos ha jugado siempre un papel destacado. En Europa estuvo presente en las maquinaciones de los bolcheviques y sus sucesores. En Cuba, Castro duplicó esa patrón de conducta

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Mario Llerena, Mito y espejismo de la revolución, op. cit., p. 219

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infundiendo el terror y empleando el engaño y la traición en sus dos primeros años en el poder. Recuérdese asimismo la manera cómo, después de instalado, el comunismo actúa para mantenerse en el poder. Si en la Unión Soviética se produjo el exterminio de los Kulaks, en Cuba Castro repetiría la matanza aniquilando a los campesinos del Escambray; si en la Unión Soviética hubo purgas sangrientas de los más rancios comunistas, en Cuba Castro ejecutó a antiguos compañeros de armas desde Sorí Marín hasta Arnaldo Ochoa. Si en Alemania del Este se erigió el Muro de Berlín, en Cuba Castro convirtió la isla en una gigantesca prisión; si la Unión Soviética apoyó a Castro en su fobia antiamericana, Castro le devolvió el favor aplaudiendo las invasiones de Checoslovaquia y Afganistán y permitiendo la presencia militar y la instalación de bases soviéticas en la isla. En algo, sin embargo, Castro superó en odio a los Estados Unidos al liderazgo soviético. Fue en 1962 cuando, en plena crisis de los cohetes, el Máximo Líder trató de inducir a Khrushov a que desatara una guerra atómica contra los Estados Unidos y el dirigente ruso se negó a ello.10 No es difícil admitir que quien es capaz de semejante sugerencia es también capaz de violar sistemáticamente los derechos humanos. En rigor no fue solamente Castro sino también su hermano Raúl, Ernesto Guevara y los demás integrantes del llamado gobierno paralelo de los dos primeros años los que compartieron esa misma "astucia extraordinaria para maniobrar con desdén de todo valor tradicional y consideración ética".11 Fueron ellos los que decidieron sustituir la moral cristiana, el estado de derecho y las concepciones democráticas por el mito de la revolución. Aprovecharon el vacío político creado por la huida de Batista y el hechizo que en Cuba ha tenido siempre la palabra revolución12 para imponer un régimen socialista en su más cruda fase dictatorial y tergiversar la educación, la historia y la cultura del pueblo cubano. Para los derechos humanos, el resultado final de esa terrible experiencia no ha

10 Véase en internet Frank Smitha, The 20th Century: Conflicts, Attitudes and Changing Religion, chapter 35 11 Llerena, op. cit., p. 138 12 Julián B. Sorel, Nacionalismo y revolución en Cuba (Madrid: Fundación Liberal José Martí, 1998), p. 23

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podido ser más desastroso: una sociedad regimentada en la que el ser humano ha sido privado de libertad individual, una existencia de indignidad y de privación con apenas lo necesario para subsistir y un Estado Policíaco en el que hombres y mujeres tienen que vivir según los dictados prescriptos por un poder que se ha designado a sí mismo de modo permanente e irrevocable.13 "Ese poder irrefrenado e irresponsable de un solo hombre sobre los demás corrompe a los mejores y convierte a los peores en bestias aborrecibles".14 En 1883, en una de sus Crónicas escritas desde New York, José Martí expresaba el temor que le infundía la doctrina de Marx: "De ser siervo de sí mismo (el hombre) pasaría a ser siervo del Estado, de ser esclavo de los capitalistas iría a ser esclavo de los funcionarios".15 Poco menos de un siglo después, Castro y su Constitución Socialista se encargarían de hacer válido el presagio de José Martí.

DE LAS VIOLACIONES COMO REFLEJO DE LA PERSONALIDAD DE CASTRO ¿Cómo es posible que un gobernante de un país occidental en pleno siglo XX y principios del XXI haya cometido tantas y tan graves violaciones? ¿Cómo explicar que una persona que tiene el título de abogado haya mostrado tanto desprecio por el derecho? ¿De qué manera sería dable comprender que un hombre educado en colegios religiosos haya perseguido tan brutalmente a creyentes, opositores y disidentes? No es posible establecer un nexo causal entre una determinada característica de su personalidad y un determinado tipo de violación. Sí es factible afirmar que quien desde 1959 se halla usufructuando todos los atributos y poderes de un Estado totalitario estaba predispuesto por su propia formación y contextura moral a imponer ese tipo de gobierno. Es el conjunto de su persona, tanto sus rasgos innatos como los adquiridos, los que deben tenerse en cuenta para juzgar su ejecutoria dictatorial.

13 14 15

Llerena, op. cit., p. 233 R. M. McIver, El monstruo del Estado (México, 1942), p. 90 Obras completas (La Habana, Lex 1954, tomo II, p. 854)

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En capítulos anteriores se ha hecho referencia a varias facetas y circunstancias de la vida de Castro que ejercieron influencia en su conducta. Bien hilvanadas esas facetas conforman una personalidad compleja dotada de una parte de inteligencia, ambición y determinación, y de otra, de oscuras fuerzas de prepotencia, resentimiento y absoluta falta de escrúpulos. Aplicadas su inteligencia y ambición sin freno moral alguno a sus propósitos de captura y mantenimiento del poder, el resultado está a la vista: la dictadura más larga de la historia, matizada de opresión, intolerancia y atrocidades. Castro convirtió el amanecer de libertad que tantas ilusiones había despertado en un baño de sangre combinado con el trauma de la cárcel y el destierro. Su prepotencia se manifiesta de dos maneras diferentes. Por un lado, él era el líder superdotado que habría de hacer de la isla el paraíso vislumbrado por los grandes utopistas del siglo XIX. En sus desvaríos más agudos, Castro llegó a pensar que él haría realidad el sueño de utopistas como Etienne Cabet, que pensaba suprimir el dinero en su sociedad Icariana, o como Charles Fourier, que soñaba despojar al trabajo de toda pesadumbre en sus falansterios. Por el otro, su prepotencia le llevaba a asesinar y encarcelar a quienes osaban discrepar de sus planes y amenazar con aplastar a cuantos no siguieran sus consignas. La sociedad perfecta, la isla feliz que él habría de crear, estaría poblada por "el hombre nuevo", el cubano perfecto que también sería de su creación. Ese prototipo ideal que trabajaría por altruismo sería igual o superior al supercampesino del fascio italiano, al superobrero ario de la Alemania nazi y al propio Stakhanov del imperio soviético. Ironías del destino: una cruel realidad impuso la subsistencia del dinero corruptor (encarnado en dólares para su mayor desventura), el abandono de campos y factorías, el deterioro de la productividad y la fuga en masa del hombre nuevo. El paisaje se iría desolando y la vida sería cada vez más sórdida, pero el auto designado dictador vitalicio seguiría adelante con su espurio diseño. En su prepotencia, Castro se niega a aceptar la realidad y trata entonces de romperla. ¿Qué tenía que ver con la tesis marxista la conversión de las seis provincias de Cuba en 14, las alteraciones efectuadas en el número y límites de los municipios, el cambio del nombre de Isla de Pinos y de los 161 centrales azucareros, la degradación u olvido de grandes próceres de la patria, y

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sobre todo el cambio en la composición étnica del pueblo? ¿Hasta qué punto era genuina su fabulación de grandezas o era ella parte del gran engaño concebido desde los inicios de la revolución? Me inclino a creer que el engaño se refirió sobre todo a los aspectos políticos, electorales y de respeto a las libertades cuyas violaciones pueden acreditarse a su voluntad de poder. Fueron en cambio sus ínfulas de grandeza y su vanidad patológica, alimentadas por la facilidad con que derrotó a la caricatura de ejército de Batista, las que le llevaron a creer que estaba llamado a llegar hasta donde nadie había podido llegar antes y a ocultar errores y desvaríos La retórica acomodaticia de Castro tuvo su ejemplo más elocuente en marzo de 2005 cuando al referirse al desplome de la industria azucarera (que ese año registró la zafra más pobre en un siglo) dijo que él personalmente no lamentaba ese descalabro porque se trataba en fin de cuentas de una industria de esclavos. Al parecer había olvidado que fue él mismo el que en 1969-70 había ordenado hacer la frustrada zafra récord de diez millones de toneladas. Aunque ostenta la jefatura de todas las instituciones básicas del Estado, Castro prescinde en la práctica de ellas para gobernar el país. Su llamado Grupo de Coordinación y Apoyo no es en modo alguno un supergabinete sino un equipo encargado de proporcionarle información y datos para sus discursos, comparecencias y viajes. Su función principal es la de preparar los "briefings" que permiten a Castro lucir su memoria y conocimientos. Es esa misma prepotencia mezclada con el resentimiento y el odio la que explica su antiamericanismo visceral. Hacer una revolución en una isla del Caribe era poca cosa para su ego desorbitado. Librar una contienda a escala mundial contra la primera potencia del mundo, eso era ya algo más gratificante. Puso a contribución su astucia y su tesón y no ha cesado en 47 años de causar daño a los Estados Unidos. Por todas partes ha fomentado la animadversión a ese país, ha financiado y adiestrado a casi todas las guerrillas de América Latina y -vale la pena repetirlo- en alguna ya lejana ocasión pidió a la Unión Soviética que lanzara un ataque nuclear contra el vecino del Norte. Léase la prensa cubana de cualquier día del año, revísense los textos escolares o examínense los discursos del Máximo Líder y siempre en alguna parte se

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

encontrará en ellos la ofensa o el desdén hacia los Estados Unidos. Ese constante martillear de la propaganda ha deformado la educación y envenenado las mentes de las nuevas generaciones. Cuantos males han afligido a Cuba: los apagones, los problemas del abastecimiento de agua, las deficiencias en la alimentación, la neuritis óptica, el dengue hemorrágico, la fiebre porcina, el declive económico, la paralización de la industria azucarera, la falta de insumos, las alzas y bajas del peso, si hay sequía o inundaciones, los ciclones, la alta tasa de suicidios, todo es atribuido al "país odioso del egoísmo y la inhumanidad".16 Y para sustanciar aun más el odio transformó el embargo en bloqueo y le endilgó unas veces la calificación de "genocidio"17 y otras de "gran demonio"18 Es asimismo la prepotencia enlazada con la soberbia y el engreimiento la causa de su férreo ejercicio del poder. Ya antes de ocuparlo había dado muestras de sus intenciones. Quien leía en su época estudiantil a Lenin, Hitler y José Antonio Primo de Rivera podía adherirse a cualquier movimiento totalitario con tal que entrañase un ejercicio absoluto del poder y una opción política viable. Con razón se ha dicho que hubiera podido ser fascista y sentirse igualmente cómodo de haber sido distinto el cuadro político mundial. El resentimiento y el odio son los dos grandes motores de su vida. Es dable presumir que se gestaron en algunas de las circunstancias de su nacimiento y formación que se mencionan en capítulos anteriores. Ellos forman en todo caso una costra de la que Castro no ha podido sacudirse. El odio lo ha proyectado en muchas direcciones y contra muy variados enemigos: los pertenecientes a grupos rivales en los años del "gatillo alegre" anteriores a la revolución, los batistianos, los contrarrevolucionarios, los miembros de la microfracción comunista, los que con Ochoa querían promover la perestroika y el glasnot, y cuantos más se han atrevido a enfrentársele. Despojado del lastre de los valores cristianos y carente de principios éticos, sus aversiones han podido manifestarse a plenitud, no sólo contra sus adversarios declarados sino también contra anti-

16 17 18

Informe Central, op. cit., p. 6 Granma, 9 de octubre del 2004, p. 2 Idem, 4 de octubre del 2004, p. 5

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guos colegas que se apartaron en algo de su trayectoria o se atrevieron a insinuar críticas. Los sentimientos hostiles toman en tales casos la forma del menosprecio; el desprecio, la descalificación y el abuso se reservan para opositores y disidentes. En sus diatribas, incurre a menudo en lo que psicólogos llaman proyección o implantación asociativa, es decir, que atribuye a terceros lo que él es. Del odio que él mismo calificó de "sombra maldita", se deriva la crueldad, si bien ésta se fortaleció aún más con su propia experiencia vital, que desde sus mocedades ha ido marcando una espiral de violencia que aún no ha terminado. Vale la pena recordar que en sus años formativos Castro había pasado por la ardiente escuela de los grupos de acción a la que siguieron el asalto al Cuartel Moncada, la lucha guerrillera, los fusilamientos de 1959, la aplicación irrestricta de la pena de muerte, las guerras de África y el estímulo a la subversión. Mezclada también con sus características precitadas se halla la mendacidad. Tantas y tan repetidas fueron sus mentiras que Castro pudiera ser incluido en la lista de los grandes mitómanos de la historia. Sólo que algunas fueron tan conscientes y deliberadas que más bien parecen producto de su total amoralidad. ¿Cómo explicar si no la seriedad con que aseguró a la angustiada madre de Humberto Sorí Marín que su hijo no sería fusilado? ¿O el rostro contrito con que anunció a los padres de Camilo Cienfuegos que el avión en que viajaba había desaparecido? Sus dotes histriónicas y su maestría en el juego de las máscaras trasmitían a sus interlocutores una impresión de sinceridad. Y por supuesto que a esas falsías en escala menor se fueron uniendo sus tergiversaciones deliberadas de la historia. ¿Acaso no obedeció a un plan premeditado el ocultamiento de hechos históricos de envergadura como la abrogación de la Enmienda Platt o los avances sociolaborales logrados por la revolución de 1933 y la Constitución de 1940? No en vano Cabrera Infante lo describe como un gran actor que lo mismo interpreta a Machiavello que a Mefistófeles.19

19

El País (Madrid) 20 de mayo del 2002, p. 16

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En el plano nacional la mentira le sirvió sobre todo en los inicios de la revolución. Recuérdese: el hombre que el 17 de abril de 1959 dijo que nunca mentía y que juró por su honor que no era comunista y que el marxismo no tenía perspectivas de éxito en Cuba, es el mismo que dos años después imponía el socialismo y se confesaba ser marxista-leninista. El Máximo Líder que el 9 de enero de ese año declaró que en "el plazo de 18 meses más o menos celebraremos elecciones generales" es el mismo que año y medio después exclamaría ¿Elecciones para qué? Y más tarde calificaría al pluripartidismo de pluriporquería. El gobernante que el 16 de abril de 1959 se declaraba humanista es el mismo que ha violado más derechos humanos. El Primer Ministro y hombre fuerte que el 8 de mayo de 1959 calificaba de sagradas las libertades públicas es el mismo que las ha estado conculcando por cuatro largos decenios. El Máximo Líder que el 16 de diciembre de 1959 dijo que "de cada peso de la contribución del cuatro por ciento que hagan los trabajadores, recibirán dos en diez años y cuatro en 20", es el mismo que se quedó con el principal y los intereses de ese préstamo. El Fidel Castro que el 12 de enero de 1959 afirmaba que no habría Servicio Militar Obligatorio es el mismo que tres años después lo implantaba. Esas mentiras dichas para capturar el poder fueron seguidas por otras dirigidas a mantenerse en el poder. El conjunto hace en efecto de Castro uno de los grandes mitómanos de la historia. El engaño y la mentira se extienden también al plano internacional. ¿Hasta cuándo seguirá Castro firmando del modo más imperturbable cuantas declaraciones, tratados, protocolos y convenios relativos a la democracia se le presentan, a sabiendas de que se burlará de todos y no cumplirá parte alguna de esos documentos? La prepotencia, el odio y la duplicidad generan consecuencias funestas. Y esos efectos son desde luego mayores cuando se agregan a otros rasgos del sujeto en cuestión. Sus biógrafos hablan de su capacidad para indignarse, encolerizarse y enfurecerse y añaden que puede ser particularmente despiadado y cruel con los que considera traidores y contrarrevolucionarios.20 Llerena afirma que

20

Véase, por ejemplo, Szulc, op. cit., p. 42

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el retrato de su carácter es un "collage" de crueldad, predisposición a la violencia, total carencia de sentido del humor e incapacidad de verdadero amor.21 Desprovisto de sentimientos afectuosos, ni siquiera con sus familiares más cercanos ha mostrado gestos de ternura.22 Poseído de una gran vanidad, Castro menosprecia a cuantos discrepan de su modo de pensar o se apartan de su línea de acción. Ya antes de tomar el poder, cuando encabezaba una de las facciones que luchaban contra Batista, un autor afirma que "se encaramó en un pedestal de arrogancia y desafío".23 Más tarde llegó a pretender que fue él mismo quien desde La Habana dirigió las operaciones militares en Angola. Y téngase presente que en 1992 dispuso la celebración de una Conferencia Científica Militar para discutir durante tres días su pensamiento político, táctico, pedagógico y militar. En su inmensa egolatría al dictador sólo le interesa lo que concierne a su destino y engrandecimiento personal. Lo demás, su entorno, su familia, su país, cuentan por muy poco. Ese envanecimiento, sea dicho en aras de la verdad encontró estímulo en el masoquismo de sus seguidores. Cuando en pleno período de rectificación, de errores y tendencias negativas, Castro fustigó al PCC y dispuso miles de expulsiones y sanciones, el Comité Central respondió refiriéndose al "esfuerzo titánico de orientación realizado por el Camarada Fidel en la plenitud de su madurez y maestría". Así se postraba la llamada "fuerza superior" de la sociedad ante quien era en realidad el único responsable de los errores cometidos. Y surge por último el problema de su sanidad mental. La historia ofrece muchos ejemplos de dictadores cuyo raciocinio se vio afectado por alguna perturbación de su psiquis. Desde siempre se ha hablado del caso de Castro como correspondiente a una psicopatía antisocial o a una psicopatía paranoide. A esos diagnósticos algunos expertos añaden ahora el de demencia vascular. Es una combinación temible que invita al espanto ante cualquier posible decisión irracional de Castro.

21 22

Op. cit., p. 219 Véase Alina Fernández, Alina, la hija rebelde de Fidel Castro (Barcelona: Plaza y Janés, 1997) 23 Duarte Oropesa, op. cit., Vol III, p. 374

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

Mas, cualesquiera que fueren sus desvaríos mentales es claro que ellos no parecen haber afectado su comprensión de los mecanismos que le condujeron a la captura y retención del poder: 1) el odio como factor de lucha; 2) el terror cambiante como factor de sometimiento; 3) la propaganda como instrumento de la estrategia del engaño; y 4) la amoralidad como presupuesto básico de sus acciones. Estas características le fueron de gran utilidad para llevar a cabo la gran traición de 1959-60 y su gobierno subsecuente. ¿Se puede dar una prueba mayor de la eficacia de su propaganda (o de la credulidad de sus destinatarios) que la condena del bloqueo adoptada por la XV Cumbre Iberoamericana en octubre de 2005 y aprobada en múltiples ocasiones por la Asamblea General de las NU?24. Salvo unos días durante la crisis de los cohetes en 1962 en Cuba no ha habido nunca bloqueo (que es cosa distinta del embargo). La suma de los atributos antes esbozada configura el retrato de un gobernante dispuesto a suprimir cuantos derechos humanos constituyeran obstáculos en su resolución de acceder al poder y mantenerse en el mismo a toda costa. En realidad, las mismas condiciones que han servido a Castro para ocupar la posición suprema durante 47 años son las que le han servido para violar los derechos humanos. El ejemplo es tenebroso: quien en el futuro aspire a ser dictador vitalicio, sabe que violar a discreción y masivamente los derechos humanos le ayudaría grandemente en su propósito.

24

Véase Granma 9 de noviembre de 2005, La última votación fue de 182 contra 4

EPÍLOGO

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Las huellas que la dictadura ha ido dejando a lo largo de 47 años son profundas e imborrables. Ellas muestran que la dictadura de Castro no solamente es la más larga de la historia moderna sino también una de las más abusivas y sangrientas. En proporción al número de habitantes Castro ha matado más seres humanos, encarcelado o desterrado más opositores, confiscado más bienes y violado más derechos humanos que cualquier otra dictadura de América Latina. Utilizando unas veces los métodos más violentos de su arsenal represivo, combinando otras las más diversas clases de castigos, haciendo que el Código Penal dispusiera la pena de muerte para numerosos delitos y aprovechando al máximo los bajos instintos que él mismo desató en una parte del pueblo, Castro ha estado imponiendo el terror durante 47 años. Un terror multiforme, proteico y a veces sordo pero siempre capaz de infundir aprensión o miedo. El cubano vive en un mundo de infracciones, acechanzas y castigos. Echar flores o pétalos de rosa al mar en conmemoración de la tragedia del remolcador 13 de marzo es un delito. Celebrar fiestas patrióticas no incluidas en el calendario castrista u organizar procesiones religiosas no aprobadas por la Oficina de Asuntos Religiosos son actividades objeto de represión. Mujeres vestidas de blanco que desfilan pacíficamente en protesta por la injusta prisión de sus esposos son agredidas. Escribir documentos del más alto contenido espiritual como El amor todo lo espera o La patria es de todos, guardar textos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos o estatuillas de la Libertad u oír estaciones de radio de los EU, son acciones vedadas cuya realización entraña serios riesgos. Esos desmanes los ha cometido Castro por su solo deseo de mantenerse a toda costa en el poder. Y es esa misma egolatría la que le ha movido a exportar su revolución y prohijar aprendices de dictador. Sintiéndose heredero universal de una ideología anacrónica y fracasada dedicó sus mayores esfuerzos a revivir por doquier el espectro del comunismo, ya sea librando guerras en África o fomentando la subversión en América Latina. Se ha valido para ello de un antiamericanismo patológico, de una hábil distorsión de la historia y de una feroz determinación para realizar sus objetivos. El saldo es pavoroso: miles de africanos y latinoamericanos muertos que se añaden a los más de cien mil cadáveres cubanos.

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

Es claro, sin embargo, que tamaña faena no era posible acreditarla solo a la acción de los hermanos Castro. Influyeron también los factores coadyuvantes mencionados en el capítulo II incluyendo la cooperación de una parte del pueblo cubano. No fue esto último un fenómeno insólito. Hitler, Mussolini y Stalin también tuvieron su cuota de respaldo popular. Las multitudes que Castro convoca en la Plaza de la Revolución no son muy distintas de las que se reunían para escuchar los discursos de Hitler o Mussolini. Gustave Le Bon hubiera experimentado gran satisfacción identificando las características comunes de unas y otras. También los viejos caudillos de la región contaron siempre con aduladores y seguidores. Y mucho más los que ya en el siglo XX matizaron su mando con tonos populistas. ¿Quién puede negar que las más modernas dictaduras poseen una innata capacidad para agitar la plebe, crear genízaros y producir sicofantes?. El totalitarismo elevó al máximo la utilización de los medios de difusión y fue por esa vía que acrecentó su porción de partidarios y hasta fanáticos. Los regímenes de esa laya no solo oprimen e intimidan sino también disponen de los medios para seducir, cohechar, corromper, sobornar, chantajear, pervertir y comprar sectores más o menos importantes de la ciudadanía. Hasta intelectuales de cierto nombre se plegaron a la dictadura y se convirtieron en sus corifeos. Barnet, Retamar y Vitier desempeñaron en Cuba el mismo papel que Heidegger, Schmitt y Kitrel jugaron en la Alemania de Hitler. Unos daban vivas al Fuhrer, otros aclamaban al Máximo Líder; unos rendían culto al Volks ario, otros al mito de la revolución; unos fomentaban el antisemitismo, otros se hacían eco del morboso antiamericanismo del jefe. Todos mostraron vocación de lacayos. Es probablemente a la vista de estos apologistas del castrismo que algunos autores extranjeros han llegado a hablar de una dictadura consensual sin parar mientes en la condición timorata o los fines de aprovechamiento personal que motivaban tales actitudes. Tampoco se detenían a considerar que mil veces más importante que lo que pudieran decir esos portavoces del castrismo han sido las acciones de la policía castrista y el clima de terror que caracteriza al régimen. Ni la cantidad ni la calidad de esos grupos pueden representar en todo caso el equivalente de unas elecciones libres o de un plebiscito debidamente organizado.

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¿Hubo otros factores que contribuyeron a la prolongación de la dictadura? De las tres hipótesis que se plantearon en el primer capítulo tal vez la única descartable sea la de la viabilidad y procedencia del sistema socialista. Se podrá argüir que un socialismo auténtico y cabal no se aplicó de veras en Cuba. Sin embargo, aquellos aspectos del socialismo que sí se aplicaron (la eliminación de la propiedad privada, el control estatal de la actividad económica nacional, el principio de distribución socialista, la obligación de trabajar, el salario social y la igualación por vía de la proletarización del pueblo) no fueron eficaces, jamás dieron vida al hombre nuevo y en modo alguno pueden explicar la durabilidad del régimen. Sí son responsables en cambio de la penuria y degradación del pueblo cubano, del deterioro de la industria y los campos cubiertos de marabú. Funcionó por otra parte a plenitud el sistema totalitario que alcanzó en Cuba una de sus más brutales manifestaciones: la represión sin tregua y la obliteración de los derechos humanos. En realidad, la conclusión que con más claridad emerge del recuento histórico precedente es que fue la violación de los derechos humanos la constante más visible y verificable del régimen castrista. A su lado la otra constante principal es que quien estuvo todo el tiempo al frente del totalitarismo resultó ser un personaje hábil para engañar y someter a un pueblo y también amoral,pérfido e implacable en la consecución de sus objetivos. Ahí, en la convergencia del sistema y el líder radica la clave de la larga duración del régimen. Gran creador de odios y fanatismos, Castro y su hermano Raúl cultivaron con esmero prácticas nefandas que inducen a dividir familias, lacerar seres indefensos e instigar a unos cubanos a proferir insultos, infligir golpizas o escupir en el rostro de vecinos que optan por la libertad. Sería difícil encontrar otro dictador que haya creado más discordias o causado más destrucción y ruina. Tras 47 años de imposición y exclusión el régimen ha forzado directa o indirectamente a más de dos millones de cubanos a vivir en la diáspora mientras otros cientos de miles yacen enterrados en suelos extraños. No es cierto en modo alguno que sus acciones y omisiones hayan sido dictadas por amor a la patria. Lejos de tratar con respetuosa adhesión al país que le vio nacer, Castro ha procurado tergiversar y denigrar la historia de la república, ocultar la abrogación de la Enmienda Platt, subrayar lo negativo, subesti-

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

mar lo positivo, desfigurar el pensamiento de Martí y borrar cuantos recuerdos contrarios al comunismo formaban el patrimonio cultural de la nación. Su objetivo (dirigido a las futuras generaciones) es hacer irreconocible a la Cuba de ayer, a la Cuba imperecedera y eterna como dicen Cabrera Infante y José Sánchez Boudy. A fin de lograr ese objetivo ha cambiado el mapa geopolítico de Cuba, su composición racial, el panteón de sus héroes, las efemérides patrióticas, las creencias religiosas, la manera de ser y las alianzas internacionales. En vez de consolidar su condición de país perteneciente a la cultura occidental y cristiana ha sumido a Cuba en el tercer mundo de sus aliados comunistas y afromusulmanes. En lugar de impulsar el ascenso de Cuba hacia los primeros planos del desarrollo, la ha hundido en el subdesarrollo y la miseria. La historia de Cuba comienza con el relato de las muy bochornosas y crueles cosas que causaron el exterminio de la población indígena. Cerca de cinco siglos después otras muy bochornosas y crueles cosas está empeñadas en destruir la nación que se fue forjando a lo largo de esos mismos años. En su odio a Cuba Castro desea convertirla en un país atrasado, devoto de deidades africanas, desprovisto de valores morales y cabeza de lanza de un revivido comunismo internacional. Su receta preferida para mantenerse en el poder y alcanzar ese objetivo es muy sencilla: hacer caso omiso de los derechos humanos y perseguir de modo implacable sus objetivos. Aunque como se vio en los capítulos anteriores las violaciones son de la más diversa índole; su carácter reiterado y sistemático muestra que ellas responden a un propósito preconcebido, a una idea central que cada vez se fue identificando más con la promoción del Máximo Líder y su mantenimiento en el poder. Es cierto que se invocaba a menudo la necesidad de defender la revolución, pero esa finalidad más bien difusa y mítica se fue disipando ante la realidad de una revolución que había agotado sus efectos y de un proletariado que no había mejorado sus condiciones de vida. Se fue así haciendo evidente que la supuesta dictadura del proletariado no era más que una fachada que escondía una autocracia de largo alcance y poderes ilimitados. La feroz determinación con que Castro puso en práctica su política de gobernar sin frenos ni ataduras ha demostrado su eficacia en cuanto a la prolongación de su poder. Implantar ese tipo de gobierno no requería una gran inventi-

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va pero sí una total ausencia de valores éticos. Se trataba simplemente de llevar el totalitarismo a sus últimas consecuencias, de vestir con nuevos ropajes las viejas ideas absolutistas del derecho divino de los reyes, del despotismo ilustrado, de la lex regia romana o de la ordenanza del Príncipe. En la práctica la versión castrista de la dictadura del proletariado desemboca en la más pedestre noción del dueño y señor de un país. Dicha política por anacrónica que fuera le iba a permitir actuar despiadadamente contra cualquier tendencia divergente, eliminar adversarios matándolos, encarcelándolos o desterrándolos, suprimir partidos políticos con excepción del suyo propio, impedir la formación de estados de opinión críticos prohibiendo la libertad de expresión, aplastar a la sociedad civil haciendo que el Estado se adjudicara todos los poderes, tergiversar el principio de igualdad, sofocar fuentes tradicionales de agitación acabando con la libertad sindical y la autonomía universitaria, anular todo indicio de democracia y republicanismo dando al traste con el principio de separación de poderes, la independencia del poder judicial y el respeto al principio del mérito en la administración pública, así como dejar sin efecto ese fundamento de la convivencia armónica que es el Estado de Derecho. Violar los derechos humanos a todo lo ancho y largo de la Declaración Universal ha sido así una constante del régimen castrista y probablemente una de las más plausibles explicaciones de su larga duración. El mensaje es ominoso y susceptible de imitarse. Dictadores en ciernes y tiranos en agraz ya saben cual es la fórmula para prolongar sus férulas. Las huellas que el régimen de Castro ha ido dejando fueron marcando el rumbo de la tiranía y la tragedia. Son huellas profundas e imborrables que van más allá de registrar un cambio de gobierno, la transformación de un Estado, la imposición de una ideología, la alteración de las alianzas internacionales o la anulación de los derechos individuales. Son marcas que exceden la perpetuación de un hombre en el poder y su exterminio de miles y miles de cubanos. Ellas apuntan hacia un fin aun más funesto y desgarrador: hacia la desaparición de la nación cubana tal como ella se fue forjando en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Esa destrucción del ethos cubano, del conjunto de personas que aun teniendo distinto origen étnico se sentían hermanados por una misma tradición, una misma base cultural y un destino común ha sido la obra máxima de quien se sirvió de su putativo país y procuró su ruina para hacer avanzar sus oscuras ambiciones personales.

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

Nunca fue más explícito el Cardenal Ortega que cuando señaló en su Carta Pastoral de febrero de 2003 que “Cuba ha sufrido un proceso de descristianización y devastación representado por el desmonte de las instituciones, el barrido de las tradiciones, el borrado de la memoria colectiva, es decir, la exclusión de todo cuanto posibilita una imprescindible continuidad cultural”1

1

“No hay Patria sin virtud”, p.5.

APÈNDICES

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LISTA DE ABREVIATURAS

AI

Amnesty International

ANAP

Asociación Nacional de Agricultores Pequeños

ANPP

Asamblea Nacional del Poder Popular

ANIR

Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores

BDHRL Bureau of Democracy, Human Rights and Labor BPD

Brigadas de Producción y Defensa

BTJ

Brigadas Técnicas Juveniles

BRR

Brigadas de Respuesta Rápida

CDH

Comisión de Derechos Humanos

CDR

Comités de Defensa de la Revolución

CEACR Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones CIADH Comisión Interamericana Derechos Humanos CIOSL Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres CLAT

Central Latinoamericana de Trabajadores

CMT

Confederación Mundial del Trabajo

CONIC Confederación Obrera Nacional Independiente de Cuba CTC

Central de Trabajadores de Cuba

CTDL

Confederación Trabajadores Democráticos de Cuba

CUTC

Congreso Unitario de Trabajadores Cubanos

DU

Declaración Universal de los Derechos Humanos

EJT

Ejército Juvenil del Trabajo

EU

Estados Unidos

FAR

Fuerzas Armadas Revolucionarias

FEEM

Federación de Estudiantes de Enseñanza Media

FEU

Federación Estudiantil Revolucionaria

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

FMC

Federación de Mujeres Cubanas

FNTA

Federación Nacional de Trabajadores Azucareros

FNCA

Fundación Nacional Cubano Americana

FSM

Federación Sindical Mundial

HRW

Human Rights Watch

JOC

Juventud Obrera Católica

MINFAR

Ministerio de las Fuerzas Armadas

MININT

Ministerio del Interior

MINJUST Ministerio de Justicia MINTRAB Ministerio del Trabajo PSP

Partido Socialista Popular

PCC

Partido Comunista de Cuba

MTT

Milicias de Tropas Territoriales

ONGS

Organizaciones No Gubernamentales

SE

Seguridad del Estado

SIP

Sociedad Interamericana de Prensa

STC

Solidaridad de Trabajadores Cubanos

UBPC

Unidades Básicas de Producción Cooperativa

UE

Unión Europea

UGTC

Unión General de Trabajadores de Cuba

UIR

Unión Insurreccional Revolucionaria

UJC

Unión de Jóvenes Comunistas

UMAP

Unidades Militares de Ayuda a la Producción

UPC

Unión de Pioneros de Cuba

URSS

Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

USC

Unión Sindical Cubana

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1 Declaración Universal de Derechos Humanos Adoptada y proclamada por la Asamblea General en su resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948 Preámbulo Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias, Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión, Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones, Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres; y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad, Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de

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Apuntes para una historia de la dictadura castrista

la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso, La Asamblea General Proclama la presente Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción. Artículo 1 Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Artículo 2 Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía. Artículo 3 Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

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Artículo 4 Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas. Artículo 5 Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Artículo 6 Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica. Artículo 7 Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación. Artículo 8 Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, antes los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley. Artículo 9 Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Artículo 10 Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier

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acusación contra ella en materia penal. Artículo 11 1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. 2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito. Artículo 12 Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques. Artículo 13 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país. Artículo 14 1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. 2. Este derecho no podrá ser invocado por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

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Artículo 15 1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. 2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad. Artículo 16 1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio. 2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio. 3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Artículo 17 1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. 2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad. Artículo 18 Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. Artículo 19 Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar

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y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. Artículo 20 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas. 2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación. Artículo 21 1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. 2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país. 3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto. Artículo 22 Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad. Artículo 23 1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

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2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual. 3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social. 4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses. Artículo 24 Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas. Artículo 25 1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. 2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social. Artículo 26 1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

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2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz. 3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos. Artículo 27 1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten. 2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora. Artículo 28 Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos. Artículo 29 1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad. 2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.

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3. Estos derechos y libertades no podrán en ningún caso ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas. Artículo 30 Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.